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sábado, 20 de septiembre de 2014

Maldeojos. ¿A las 12?



¿A las 12?
(Artículo publicado el martes,  16 de setiembre, de 2014)

      Como no sea fuerte, La otra red no librará del batacazo a Javier Ruiz, que se estrenó el viernes en Cuatro con programa propio. Digo que ha de ser una red bien urdida para que el viernes que viene, si hace la misma audiencia, no echen al programa al cubo de la basura. No porque el programa lo sea, que en Cuatro los hay más apestosos, sea la serie de Luján Argüelles sobre capullos que buscan novia, o madres que le buscan lagarta al prenda de sus hijos, sea la majadería de Íker Jiménez, que anda ahora con la majadería de las caras de Bélmez, aquella fantasía de los 70. La otra red no es basura en puridad catódica. Ni mucho menos. La presencia de Javier Ruiz, y más si hace de presentador, lo impediría. Este periodista es serio, sabe manejarse en el plató, y no considera imbécil al espectador, que ya muchísimo.

       ¿Qué pasó entonces para que hasta el teatrillo lacrimoso de un tal Julián Contreras, hermanastro de los bellos Rivera, Cayetano y Francisco, interesara en Sálvame de Luxe a más de 2 millones de criaturas y La otra red apenas superara los 400.000? Hay cosas que ni Íker Jiménez, de imaginación efervescente, explicaría. Dejémoslo. Otra explicación es que La otra red se emite en viernes, es decir, que cuando Javier Ruiz plantea como asunto a tratar el asunto de la familia de Jordi Pujol y doña Ferrusola, que menuda caporala es la Marta, la audiencia llega saturada. Pero yo apunto otra más. ¿Una tertulia política que empieza a las doce de la noche? Mira, Javier, salvo que Pilar Rahola enseñe sus tetas tatuadas con la cara del capo Pujol, nada es tan importante que no pueda esperar a mañana.

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Javier Ruiz ha presentado informativos, ha sido y es tertuliano, ha presentado magacines y explica la cosa económica con brío y sencillez. Ahora presenta en Cuatro, muy tarde, a las 12 de la noche, los viernes, La otra red.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Maldeojos. Adelina y Pujol



Adelina y Pujol
(Artículo publicado el jueves, 4 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)

       En perro flaco todo son pulgas. No soy muy de refranes, pero... Como sabemos, Jordi Pujol ha pasado de hombre de Estado a fullero que nos engañó a todos porque vemos en él a otro bribón que amasó tal cantidad de dinero que sólo puede ser por asuntos de corrupción, bueno, menos para Felipe González, dama retirada en su planeta dorado que sigue dando por saco en este. Pues bien, al perro Pujol le salió otra pulga que se llama Adelina, la bruja del huevo. Veo atónito la historia que cuenta Susana Griso –premio Joan Ramón Mainat, FesTVal, Vitoria- en Espejo público, e incluso consigue la exclusiva de hablar con la señora, una galleguiña que se codeó con el ex Honorable cuando éste se enganchó a sus predicciones, que la charlatana ve escritas en los huevos.

     Me explico. Llega el cliente, se sienta, Adelina coge un huevo –no el del cliente sino de sus gallinas- se lo pasa por el cuello, por los hombros, recorre otras partes del cuerpo al tiempo que dice, literal, romero, romero, saca lo malo y deja lo bueno. Después rompe el huevo. Si sale normal, el cliente no tiene nada. Si al romperlo el huevo sale negro, bendita sea Adelina, el mal de ojo y cualquier otro, hala, se esfumaron. Le gustó tanto la performance al ex President que se llevó a la bruja hasta Barna. Para hacer fortuna con ella, el muy catalán. A Adelina le daba 150 euros al día, pero el muy cabrón cobraba 300 por cliente. Cuando Adelina se enteró del chalaneo lo dejó plantado. Como dijo Susana, a Pujol le salían los huevos negros. ¿Se imaginan a Pujol sentado mientras la otra le pasa el huevo por el cuello? Novelistas, la realidad es insuperable. 

Un fotograma de 'Espejo Público'. Antena3
Adelina, la avispada que cautivó al ex President y al ex Honoroble Jordi Pujol con sus trucos de bruja loca que, armada de un huevo, predecía lo malo y lo bueno. Sólo de pensar que Pujol se ponía en manos de esta señora cuando, en paralelo, medio país le consideraba un hombre de Estado, dan ganas de gomitar.