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martes, 17 de diciembre de 2019

Maldeojos. Rajoy es Rajoy


Rajoy es Rajoy
(Artículo publicado el jueves, 12 de diciembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Que sí, que ha vuelto. Por interés, pero Mariano Rajoy ha vuelto. Ha vuelto  como vendedor de memorias, de sus memorias. Claro que tampoco hay que volverse loquitos, que las memorias en este país están sobrevaloradas. ¿Quién no tiene un libro de memorias? Sí, hasta Belén Esteban, para qué obviarlo. Fue Thais Villas, que estuvo sembrada, quien gastó un broma con perfiles de crueldad lacerante, como las que a veces gasta El intermedio, a Rafael Hernando y a Javier Maroto, a los que leyó para su juicio un párrafo de Rajoy con pega. Alabaron la reflexión del ex jefe, pero en realidad era un párrafo de la ex cajera, diva de Telecinco. Ferrán Monegal, que actúa en La Sexta noche, sentenció sin flaqueza. No sé si en el fondo son iguales, quizá no haya tanta diferencia, soltó el comentarista televisivo.

     Tampoco entiende el crítico que a don Rajoy se le trate “con un buenismo en los medios que no entiendo”. Recordemos, dijo Monegal, que cuando llegó al Gobierno en 2011 había sólo un 22% de independentistas en Cataluña, y cuando se fue, un 44%, ahí lo dejo. El martes, en ese forzado recorrido “buenista”, es decir, blanqueador, sentó su culo en el sillón de El hormiguero, y San Pablo Motos lo acogió en su seno. Y echaron unas trisas, como es de rigor. En este tipo de formato el invitado va a explayarse, sabe que no va a ser sometido a un tercer grado como ex gobernante porque prevalecerá “el lado humano”. Sin embargo, Rajoy dotó de “cero euros” a la Memoria Histórica, logró que te despidan por baja laboral aunque esté justificada, y vació la hucha de las pensiones que Zapatero llevó a los 64.000 millones. Eso sí, simpatiquísimo el señor. Rajoy es Rajoy.



lunes, 28 de octubre de 2019

Maldeojos. Santi el facha


Santi el facha
(Artículo publicado el martes, 8 de octubre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)
Los socialistas son unos criminales, gritó San Abascal el facha en la plaza de toros de Vistalegre, en Madrid, sacando a sus líderes ante el gentío venido de toda España en autobuses que cruzaron la patria en peregrinación para poder cantar a coro, jaleado el personal por los teloneros Iván el montero, Rocío la monástica y sonrisa de carámbano, y Javi el intelectual deslenguado y trolero, yo soy español, español, español. Ay, en serio, miren qué nudo se pone aquí. Digo aquí, sin más, sin entrar en detalles. La sacada de huesos del dictador Franco de su tumba ha dado munición a esta tropa, y fue en ese contexto cuando el líder acusó al PSOE de criminal. Rugió la grada, versión plus ultra. Se lo pasan pipa. Los dirigentes del club extremo se juegan su futuro, eso de seguir en el lío y chupar del bote que tanto critican. Hay que echar carnaza a los fieles.
El partido del tío de la mula o exagera, escupe barbaridades, miente a sabiendas, crispa, lanza fuego, sangre y bilis, divide, odia, enfatiza y eleva el humo y la nada a categoría de programa político –donde no hay referencias a educación, sanidad o economía-, o no se come un colín. Está inventado. Es como el perrito chico, que ante el grande se pone chillón y da por culo. Las imágenes de un recinto a rebosar han saltado a los telediarios, y ayer las tertulias matinales trataban de digerir el pastelazo. Pero ellos, los jefes del club, saben, y muy bien, que el sueldo les va en sacar leones a la pista. En este contexto Pablo Motos y sus hormigas han invitado a Santi a divertirse en el plató. ¿Operación blanqueo del fascismo? No, operación decadencia de san Abascal. Tiene cojones que, viendo las orejas al lobo, un caballero español tenga que rebajarse a hablar con insectos.


martes, 1 de octubre de 2019

Maldeojos. Ópera y reguetón


Ópera y reguetón
(Artículo publicado el sábado, 21 de setiembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Me envía mi amigo Jordi Moltó, guionista de El hormiguero, un vídeo con el que esta temporada abrió la compuerta de una imaginación desbordante. Siempre acierta. Son pequeñas piezas narrativas que funcionan como un reló. Y siempre buscando el centro del corazón, emociones que maneja como un maestro. Viendo el vídeo recuerdo que la noche que se emitió en directo vi a un tipo que me sonaba de algo, de otros programas, en la órbita de Mediaset, pero que me chirriaba en El hormiguero. Al ver a un tal Omar Montes, no sé, cambié de canal por instinto. El mentado tiene carrerón. Fue el ganador de Supervivientes -200.000 cucos se llevó-, fue pareja de la hija de Isabel Pantoja, y es conocido en el mundo cani por vídeos con letra y música que te vuelan el cerebro a los tres segundos.

     Junto a él, otro tipo. Ahí va. RVFV. Sí, como lo leen, RVFV. Pregunten a sus jóvenes retoños porque quizá sí sepan quién es este ejemplar. Es otro perlita de chándal caro, gafitas oscuras, cadena de oro, deje sudaca, movimientos tontos de mano muerta que se toca el paquete, y vídeos vistos por millones de personas. El experimento del programa consistió en embridar el reguetón con la ópera, y nada menos que con Ainhoa Arteta. Los primeros decían no gastar un euro en su formación musical –Ainhoa invierte en su carrera lo que gana-, no ensayan nunca, y si hay que calentar la voz lo hacen sin piedad, dándole al trinque –decía RVFV-. Uno no se hace rico con esto, decía la soprano. A mí me dieron por una actuación, dijo Omar, 70.000 u 80.000 euros. Corrí a escuchar la música de estos canis de zapatillas y gorras carísimas. Aún estoy vomitando.

lunes, 1 de abril de 2019

Maldeojos. Pablo y Pablo


Pablo y Pablo
(Artículo publicado el jueves, 28 de marzo, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Al aventurero Jesús Calleja, que hace programas que resultan de lo mejor de Cuatro, le da un mal pie y cae redondo de su bicicleta por la provincia de León. El terreno, para no desdecir a este jovial tipo, sólo podía ser escarpado, difícil, sí, peligroso para caerse de ese burro metálico y salir por patas. Tuvo que salir en helicóptero derechito al hospital. Que nadie se alarme. Ya está en casa, y bien, recuperándose. Una petarda y sardesca Paz Padilla lo llamó en directo para interesarse por su salud. Calleja, por supuesto, no cobró nada. Otra que ha pasado por el quirófano pero porque le salió de la papada es la señora Carmen Borrego, hija de la Campos, que le ha tomado gustillo a eso de rebanar grasa y luego vender lo que llaman “la nueva imagen de”. Al mismo tiempo don Jorge Javier Vázquez también ha conocido el hospital, y a vida o muerte. Como suena.

     Ahora el dueño del cortijo de Sálvame y otras sandeces se recupera de su ictus a paso tranquilo paseando a sus perros cerca de su casa, y lo hace recibiendo a gente amiga como Raquel Sánchez Silva, con quien echó la otra tarde unas risas. Y ahora Pablo, Pablo Iglesias, que de la nada ha pasado al todo, hasta en la sopa. El coletas no ha pasado por ningún hospital, pero ha limpiado culos y cambiado pañales, y por tanto, con esas piruetas y diarrea verbal que le caracteriza, dice que ya está preparado para ser presidente. A lo que voy. Que Pablo Motos, y en contra de todo pronóstico, y sin salir de El hormiguero, le hizo el martes la entrevista más incisiva, caústica, y fresca de todas las que le han hecho desde su mesiánica reaparición. Con mucho ji ji ja ja lo puso entre las cuerdas, descolocó al que jamás duda, y resultó brillante. Motos se tragó a Iglesias.


viernes, 15 de marzo de 2019

Maldeojos. Ultrasonidos


Ultrasonidos
(Artículo publicado el sábado, 9 de marzo, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Lo veo en El hormiguero, y Pablo Motos rubrica el final con una frase que resume no sólo la idea sino la sensata, justa y necesaria reivindicación. Viene a decir que en este mundo, en esta sociedad nuestra, parece que se destaca la trifulca, la parte mala, la cara más fea de la condición humana, y que apenas queda hueco para iluminar con el foco de nuestro interés, y por supuesto el de los medios de comunicación, la cara del esfuerzo, la cara callada de la ciencia, de médicos y médicas que hacen su trabajo casi en una opaca intimidad y silencio para hacer la vida de la gente más agradable, para hacerla más feliz. Viene esto a cuento por uno de los últimos trabajos que de vez en cuando firma para el programa Jordi Moltó –sabía que era un trabajo suyo-, que tiene una innata capacidad para llegar al alma humana y revolcarla en un mar de sensibilidad, que no de cursilería. El vídeo es también un homenaje a la investigación, claro, y a la carencia de apoyos.

     La historia es la de Alberto, que jamás pudo beberse un simple café sin que su mano temblara hasta hacerlo derramar, temblor esencial o derivado del Parkinson. La CUN, la Clínica Universidad de Navarra, privada, aplicó una técnica revolucionaria, la técnica de ultrasonidos de alta intensidad guiados por resonancia magnética, técnica no invasiva y de efectos inmediatos. El paciente, tumbado sobre una camilla, y tras un tratamiento de tres horas en una especie de túnel parecido al usado para hacer un TAC –perdonen mi absoluto desconocimiento científico y terminológico- salió de allí y se bebió como un niño asombrado y lloroso su primer vaso de agua sin temblores. Quede constancia aquí de la neuróloga Mari Cruz Rodríguez y del neurocirujano Jorge Guridi y su equipo.


lunes, 7 de enero de 2019


Fabián Marcel
(Artículo publicado el martes, 1 de enero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     El pintor de los dedos de Málaga, titulaba La Opinión de Málaga hace unos días para referirse a Fabián Marcel, pasó por El hormiguero. Y sorprendió con su habilidad y su arte, decía el periódico. Y así fue. Pablo Motos dio paso al artista callejero para que en el plató demostrara que es capaz de hacer un cuadro en menos que dice misa un cura loco. Y lo hizo. Y fascinó. Sobre un cristal, con los dedos embadurnados de óleo, hace sus garabatos, restriega fondos por aquí y por allí, y cuando aún no ha pasado ni un minuto, zas, el artista te está enseñando una marina, un atardecer melancólico, una escena planetaria, una cascada con espumas de nieve y reflejos coralinos. Antes de eso, el habilidoso y audaz creador de paisajes en el cristal contó el accidente que tuvo a los diez años y que lo paralizó como un mueble. No le daban esperanzas, pero la esperanza es lo que nunca perdió.

     Recuperarse se convirtió en su reto, y la pintura en un desafío al que hacer frente. El pájaro con el que firma su obra habla de eso, de poder sentirse libre gracias a la pintura. Bien. Hasta aquí la historia y la hazaña del chileno que vive en Málaga. Pero yo me pregunto qué pasa, cómo llegan estos personajes al sumario de El hormiguero. Seguro que las redes del programa son inmensas, y que el equipo de guionistas o allegados, o alguien con olfato que ve espectáculo en las cosas cotidianas, lo pone en conocimiento de la dirección, y que todo, o casi, se tiene en cuenta, y que al fin, tras decenas de filtros, la máquina se pone en marcha para contactar e invitar a ese alguien que sorprenda a la audiencia. El “malagueño” lo consiguió. Y El hormiguero también.



miércoles, 19 de diciembre de 2018

Maldeojos. La mamá de Motos


La mamá de Motos
(Artículo publicado el jueves, 13 de diciembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     No vi el programa en directo. No vi la noche del martes El hormiguero. Me enteré ayer, al día siguiente de la gesta, de esa leyenda real que dice que el espectáculo ha de seguir pase lo que pase. Lo hemos escuchado mil veces a una actriz, a un actor, a un cantante. Da igual lo que pase en tu vida, da igual lo que le pase a quien quieres. Por la noche, por la tarde, el telón sube, y tú has de ir a trabajar y poner en práctica la ley que dice que  “aquí se viene llorado”, o “follado”, como decía deslenguado y por otras cosas el hoy desaparecido de la pantalla José Manuel Parada. La gente que siguió en directo el programa de Pablo Motos no se enteró hasta el final. Todo empezó como siempre, con el baile a modo de saludo del presentador y su equipo hasta el beso final en la frente del calvo. Luego Pablo salió a la pista y dijo “ha venido a divertirse al hormiguero mi amor platónico, Paula Pausini”, que fue la invitada del día.

     La noche del martes fue un programa más. La cantante italiana conoce el espíritu del formato, su ritmo, las claves, y dio el juego esperado –más de dos millones y medio de espectadores, el tercer programa más visto del día-. La magia, el concurso, la ciencia, en fin, el despliegue acostumbrado en este show nocturno para consumir sin sobresaltos. Hasta que, apenas en los últimos segundos, Pablo Motos soltó, “voy a ver si soy capaz de decirlo, hoy le quiero dedicar el programa a mi mamá, que ha fallecido esta mañana”. Si viendo en directo esa despedida la audiencia se quedó helada, verlo en diferido, y sabiendo que su madre, Amelia Burgos, se había ido apenas unas horas antes, te deja sin resuello porque nada en el hijo lo advirtió. En la despedida sí lloró, y yo también.


miércoles, 4 de abril de 2018

Maldeojos. Hormigas en gloria


Hormigas en gloria
(Artículo publicado el domingo, 1 de abril, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Soy de los conversos, aunque no llego a radical de la nueva religión, pero sí, al final me he rendido y también yo me divierto algunas noches con Trancas y Barrancas, estrellas por delegación de Pablo Motos en El hormiguero, esa cruz, ese ostión en toda la jeta que perseguirá al capo Paolo Vasile durante toda su vida por haber dejado escapar un formato que nació en los fogones de Mediaset y se instaló en la competencia, en manos de Atresmedia y Antena 3. Todavía se oirá el rechinar y crujir de dientes por decisión tan errónea. El hormiguero y su tropa te hacen una audiencia media que no baja de los tres millones. O dicho de otro modo, tipo Rajoy y su don de verbo, El hormiguero te hace una audiencia que puede subir de los tres millones. Qué lince, el presi. Esta gente ha conseguido lo máximo. Ha conseguido que el espectador acuda a la cita al margen del invitado, que sí, que influye, pero el invitado forma parte del complejo mecanismo de un programa que parece un reló suizo. Se valora el formato, la dinámica, la propuesta y las medidísimas secciones que lo conforman, un puzle que asombra por su perfección. Creo que antes no entendía el programa, o lo entendía viéndolo desde una altura que tenía que ver con un sentido de la superioridad de espectador difícil de engañar, vamos, una especie de mentecato que no entendía nada. Hablaba de infantilismo premeditado, de producto que tenía que ver con una sociedad infantilizada a conciencia. Esa visión ha cambiado. El hormiguero lo veo ahora como miles, millones de espectadores lo vieron siempre, como un formato dinámico, vivo, electrizante, imaginativo, con un equipo que se lo curra y monta las piezas con obsesiva pero fresca meticulosidad para que ninguna no sólo no chirríe sino que fluya como el cauce de un arroyo limpio lleno de sorpresas. El hormiguero, desde que se lanza la cabecera y Pablo Motos y los colaboradores echan el bailecito que acaba con el beso al calvo, es una metralleta que dispara secciones a una velocidad calculadísima. No más de tres o cuatro minutos en cada una de ellas, desde la ciencia de Marron –el equipo científico del programa recibió un premio que reconocía su labor divulgativa- a los avances tecnológicos más llamativos, pero también la magia, la cámara oculta con críos, los monólogos, o los disparatados ingenios japoneses.

El abuelo Melquíades
     Me fascina Yibing y su sección sobre China, su país, de la que cada semana descubre algo que aquí siempre nos llama la atención –natalidad, arquitectura de cristal, fiestas, la muerte-, una joven de sonrisa cautivadora que a la vez resulta enigmática e inquietante. Me sorprende cuando Jandro se encierra con niños y se los lleva al antiguo Egipto de cartón piedra, las puertas de las tumbas con tesoros maravillosos se cierran, y hay que frotar lámparas mágicas para que salga el genio y los libere, eso sí, haciéndole ver al nene que se ha embolsado monedas de oro que las deje porque si no la puerta no se abre, o cuando se convierten en personajes vivientes de cuadros famosos y los peques reaccionan con complicidad llamativa y una madura responsabilidad. Me emociona, y mucho, cada joyita que sale del coco de Jordi Moltó inventando historias que van como una bala al centro del corazón, un tipo que maneja con maestría lo mejor de la condición humana para transformarla en piezas televisivas de una perfección conceptual, de guión, y narrativa que te dejan, siempre, con la lagrimilla al borde del colapso. Suyo es el gran Melquiades, ese abuelo que te enseña a componer reggaetón en treinta segundos, suyo es el jovenzuelo disfrazado de anciano que llega a las pistas donde otros jóvenes hacen virguerías subidos a sus patines y cuando ven que el abuelo está hecho un atleta subido al patín terminan aplaudiendo, quizá convencidos de que sí, que las apariencias pueden engañar. Los vídeos de Jordi Moltó para El hormiguero suelen dar saltos por las redes sociales hasta convertirse en auténticos fenómenos virales que le dan al programa uno de sus sellos característicos, el de la variedad y la heterodoxia del entretenimiento.

Procesión laica
     Y para los que crean que el ir y venir de cristos llagados, vírgenes lacrimógenas, últimas cenas, prendimientos entre olivos, capirotes y encapuchados, cirios, flores, y señoras y señores o muy engominados o muy encopetadas es un espectáculo caduco de la industria de la fe de una tradición anquilosada, se equivoca. El espectáculo turístico industrial que esta semana vuelve loca a Canal Sur tiende al conservadurismo –tiene cojones que una tele pública sea monotemática persiguiendo procesiones por las capitales andaluzas desde la mañana a la noche-, pero hete ahí a TVE y su afán por estar a la última, y por eso la otra noche, pasando del, según todos los indicios, no máster de Cristina Cifuentes, y engordando como un pez globo el alarde de Cristóbal Montoro de subir las pensiones como si sacara el dinero de su talega, anunció en el Telediario, como se investiga un adelanto científico, que tenía la exclusiva mundial de haber localizado al autor y ejecutor de la primera saeta cantada en vasco. ¿Qué, cómo se han quedado? Para que luego digan que La 1 no se toma en serio lo de ser una cadena al servicio del público. Pero si hasta Anne Igartiburu dedicó un puñado de minutos para informarnos con el debido rigor de lo bien que Antonio Banderas se lo pasa en Málaga viendo pasar penitentes mientras Stella del Carmen, como una boquerona más, ha de retirar de su mejilla la emoción, o cómo el costalero Fran Rivera lleva a hombros a un Cristo llamado de las tres caídas, pobre. En la procesión laica Wyoming, El intermedio, pasea por el plató a santos prestigiosos de la corrupción, evangelistas del PP como Luis Bárcenas, crápulas como El Bigotes o mártires batracios de Esperanza Aguirre, pero ninguno de los mentados ha conseguido lo que Juan Ibáñez y Damián Mollá, es decir, hacer que Trancas y Barrancas suban cada noche a la gloria de la televisión más pura, la que divierte, entretiene, y enseña.

La guinda
50 Principales
Lo que estrenó la noche del viernes Antena 3, Top 50: momentazos de humor, con la idea de recoger la audiencia de Tu cara me suena, es una castaña. Es un 40 principales del chiste, el gag y la humorada, una especie de recopilación de lo más gracioso que se ha visto en la tele. Vamos, una antigualla. Y por si no hubiera bastante, hasta Cristina Pedroche, su presentadora, iba vestida, quiero decir, sin transparencias. Fracaso.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Maldeojos. La cateta



La cateta
(Artículo publicado el sábado, 24 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

     Regresó a España, a la tele, y al plató de un programa estrella como invitada, como una luz cegadora, como el maná, como el mesías que sube al monte, escribe la ley, y baja a ver los mortales para echar un ratico con ellos. Después de unos meses fuera de España, qué bien se está en casa, dijo, tuvo a bien hacernos partícipe de su regreso, ella, Mariló Montero. Seguro que mucha gente no tenía ni idea de que esta señora se fue hace ocho meses a Nueva York porque en los mercados seguía habiendo lechugas, abrías el grifo y el agua manaba, el PP ha seguido haciendo de las suyas con la justicia, afilando la punta de su bota para sanear aquello que no se ajustara a su interés, y hasta el aire seguía ahí sin que el planeta entrara en implosión irreversible. Pero Pablo Motos, melifluo y sin garra, la recibió en El Hormiguero como una especie de tótem, de eminente pensadora.

     El resultado fue uno de los programas más necios, aburridos y cargantes de los que he visto. Eso de “viene a divertirse al hormiguero” quedó en “vamos a machacar a la peña con las payasadas solemnes de la navarrica”. Mariló quiso demostrar en todo momento que su paso por Nueva York le ha cambiado, que es otra, que tiene ideas revolucionarias para darle la vuelta a los programas de televisión, que no aceptará cualquier cosa, que su cabeza tiene dentro lo nunca visto, que allí se ha hecho una experta en análisis político, y para demostrar todo eso, como hacen los mediocres, se puso intensa, huera, petulante, sin sentido del humor, grave. Insisto, una petarda que arruinó la noche. Cuando contó su batallita para conseguir, por favor, por favor, una foto con Woody Allen y la forma de abordar a un espantado George Clooney, salió la verdadera señora, una cateta en NY.

viernes, 10 de febrero de 2017

Maldeojos. Otra tele fue posible



Otra tele fue posible
(Artículo publicado el domingo, 5 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

     Hace unos días, coincidiendo con la emisión de un nuevo capítulo de Cuéntame en La 1, la televisión pública emitió otra entrega de Ochéntame otra vez, un repaso nostálgico e informativo que va pegado al rastro de los contenidos de la serie madre hablando de la tele de aquellos años, de los ochenta. En Ochéntame otra vez se habla de programas, de invitados, de gente allegada a los equipos, y se echa mano de quien lo vivió para hablar de aquella forma de hacer televisión. Entre la gente que pasó por la entrega mentada esa noche está Mercedes Milá, que habló de su paso por TVE en una época en la que fue referente de televisión de calidad. Y salió el “tema Gran Hermano”. ¿Cómo es posible, le preguntaba la gente pasados los años, que hagas televisión basura, que se vuelque en Gran Hermano alguien que ha hecho una televisión de tanta calidad? Muy fácil, contestó, porque no veíais las entrevistas, cabrones. Es decir, que los distintos programas que luego haría Milá, incluso en otras cadenas, no alcanzaron la audiencia necesaria, había que seguir comiendo, y llegó Paolo Vasile con el cheque en la mano, se lo puso delante, y La Merche corrió tras el capo como un corderillo. Legítimo. O sea, cosa de dinero, como siempre pensé. Por cierto, Mercedes Milá es la nueva Torrente, o mejor, el nuevo Santiago Segura. ¿Recuerdan a este señor con sus camisetas, sus dedos en v, su sonrisa falsa, y su manera de promocionar los mojones de la saga de sus pelis? Pues doña Merche, igual. Programa al que la invitan, programa al que acude con la ropa de promocionar Convénzeme, su programa de animación a la lectura, sí, sí, como suena, o sea, lectura de libros, que emite B Mad, del emporio Mediaset, o promocionando su librería. La vi en Ochéntame con su camiseta blanca y el logo del programa, y la volvimos a ver hace unos días en su paso por El hormiguero hablando del programa y de su negocio. Mercedes Milá es como los chicos-cartel que vemos por las calles con pancartas colgadas donde se lee “compro oro”. Propaganda activa. Dio espectáculo en lo de Pablo Motos, que consigue trofeos muy llamativos.

Por el morro
    Lo que no consiga Pablo Motos no lo consigue nadie en este país. Hay que rendirse a sus encantos. Con el ji ji, ja ja, se lleva el gato al agua como el que mea, o como el que absorbe un litro y medio de agua por vía anal, como le dijera Camilo José Cela a Mercedes en una de sus entrevistas que ya son parte de la historia de la televisión, y que Ochéntame otra vez volvió a recordar. Claro que nadie traga por el culo agua, pero Cela era un escritor que llevó a la práctica la idea de que se tiene que hablar de ti, aunque sea para mal. La mirada no hay que ponerla, decía en Ochéntame, en el que escandaliza sino en el que se deja escandalizar. Otro eminente escritor que cultivó su personaje con tanto afán como sus columnas fue Francisco Umbral, cuyo “aquí he venido a hablar de mi libro” no sólo ha pasado a los momentos memorables de la tele sino que se ha instalado en el uso cotidiano para ir al grano, para centrar la conversación, para dejar claro que si alguien va a un plató a vender libro, película, teatro o música, hay que hablar de libro, película, teatro o música, o programa de tele, como dejó claro la propia Milá. O como puso de condición Isabel Pantoja para acudir al plató de las hormigas, que se hablara de su disco. Eso está hecho, dijo Pablo, incluso no hay problema en grabar el programa y emitirlo en diferido, otra condición de la mamá de Paquirrín. Lo que quiera Isabel, la más deseada después de Bárbara Rey. Fue tan rentable su presencia en El hormiguero que no sólo arrasó en audiencia sino que se llevó el mes. La cadena de Paolo Vasile es tan fétida, su desprestigio es tan monumental, y su apuesta por el mal gusto y la bronca barriobajera tan aburrida y tan esperpéntica que para llevar delincuentes a sus platós ha de sacar la billetera como saludo. Es una afrenta que Isabel hable con unas hormigas por el morro, sin cobrar un euro. Toma, Vasile.

Paloma Chamorro
    Contaba hace unos días el crítico de televisión Antonio Sempere, uno de los invitados de Ochéntame otra vez para recordar aquellos años de televisión, que el programa sólo quería desempolvar una forma de hacer las cosas y que marcaron una época, pero  con un matiz, una época en la que la televisión pública era el referente al que mirar, por su calidad, en general, y por estar a la vanguardia. Hoy sería impensable programas como el de Terenci Moix Más estrellas que en el cielo, que entrevistó a Lauren Bacall, Kirk Douglas, Gina Lollobrigida, Francisco Nieva, Torrente Ballester o Carmen Martín Gaite. Y en hora de máxima audiencia. O programas como Viaje con nosotros, un gran y sonado escupitajo, una provocación, la irreverencia personificada que encarnaba cada semana un histriónico e inspirado Javier Gurruchaga, que hacía de la tele pública un laboratorio de propuestas que elevaban el concepto de programa de entretenimiento a categoría de obra de arte. Hoy la tele pública, La 1, con esa estúpida premisa de la castrante corrección sin matices apuesta por cuchufletas de una estupidez insultante como Hora Punta, con un Javier Cárdenas sin fuste, o El gran reto musical, un sahumerio oficiado por la inane e impersonal aunque mona Eva González, ejemplo de lo que vengo diciendo, presentadora de tele ñoña, facilona, que no hace daño ni molesta –a mí, y seguro que a millones de callados espectadores, sí-, que se consume sin piar, que llega a casa y resbala sin más. Justo en el momento en que escribo esta pieza me entero de la muerte de Paloma Chamorro, mujer que simboliza esa época dorada donde otra televisión fue posible. Por algo La edad de oro se llamó así visto desde nuestros días y comparada con lo que hoy se entiende por apoyo a la música, la cultura, y la creación en general. Apoyo que lideran blasfemias como La voz, Got talent, Tú sí que sí, y parecidos engendros en hora de máxima audiencia.

La guinda
Dani y Goya
Otro año Dani Rovira presenta la gala de los Goya del cine español. TVE lleva días promocionando la cita con divertidos anuncios en los que el actor malagueño no sabe qué hacer. Llega a tener hasta pesadillas. Se ha convertido en la Rosa María Sardá del evento más importante de nuestro cine en su versión más festiva, y con el apoyo de la audiencia. Si Rajoy fuera a ver cine español ya sería la leche.

lunes, 6 de febrero de 2017

Maldeojos. Panto-mima



Panto-mima
(Artículo publicado el jueves, 2 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

     El paso de Isabel Pantoja por El hormiguero no sólo ha dejado al programa de Antena 3 con récord, cerca de 5 millones de espectadores, sino que ahora, pasados los días, es cuando empieza a analizarse como se analiza una fórmula secreta. La misma noche de la emisión, en las redes sociales, empezó el castillo a desmoronarse con los ataques al programa, a la tonadillera que se llevó dinero público a su saca, y por eso pasó por la cárcel –palabra innombrable durante el publirreportaje- y a Pablo Motos, por el servicio de limpieza anal que brindó a la Panto-mima. Sin embargo, un paréntesis antes de seguir. El hormiguero ha sido fiel a su espíritu. Allí va la gente a divertirse, la justicia ya habló, y la delincuente pagó por ello. Así que, ande yo caliente y…, dirán los del equipo. Éxito absoluto para programa y cadena –líder del mes-.

     En Espejo público, como es lógico, llevan algunos días sacando pringue al pozo al que tanta gana había de meterle mano. ¿Quién le regaló el perrito que hace llorar, o lo que quiera que sea el gesto de esta mujer estirada que ha borrado de su faz la expresión natural –dicen que la inflan en una clínica de no sé qué pueblo gaditano-? Pues otro que ya no se nombra, Jorge Javier Vázquez, cuando colaboraba con Ana Rosa en Sabor a ti, en la propia Antena 3. El perro se llama Sisi. Nunca hasta el lunes había visto a Francisco Rivera, hermano del disco de oro Paquirrín –en serio, este país está hecho mierda-, y torero, como colaborador de Espejo público. Soltó una de las ironías de la mañana que quizá resuma la locura y el desmadre. Oye, preguntó, ¿será posible tener declaraciones de la perrita, de Sisi? Insisto. Esto se nos va de las manos.