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martes, 21 de marzo de 2017

Maldeojos. Mejor se ateo



Mejor ser ateo
(Artículo publicado el domingo, 12 de marzo, en diarios de EPI PRESS)

    Lo digo de nuevo, lo escribo otra vez. Y lo haré cada vez que venga bien para reafirmar lo que escribo. No soy dado a seguidismos, ni ciegos ni a ojos vista, no tengo el don, o el castigo, o la falta o la virtud, de ser fácil presa de dioses, de estrellas rutilantes de la gran pantalla, de la pantalla chica, de la canción, mucho menos del fútbol. Vamos, no soy fan de nada, o de casi nada. Pero hay excepciones. Cada día, según abre la boca, soy más fan de Jorge Mario Bergoglio en su calidad de papa de Roma. Un fenómeno este Francisco, de 80 lúcidos años. Por el contrario, témome que cuanto más fan soy de este tipo con cara de bonachón pero un poco pillín, menos fan son una parte de los suyos, esa parte que no traga su atrevido pensamiento, sus ideas abiertas, tolerantes, su mano y su dedo no para condenar sino para acoger, su forma de entender el mundo que le rodea, su capacidad para hacer añicos la endeble fortaleza de la iglesia que representa cuando basaba su arrogada superioridad moral en condenas al otro, al diferente, por el simple hecho de tener unos deseos amorosos que no se corresponden con la moral establecida por esa institución. Hace unos días, durante una misa en su casa, en la residencia de las monjas donde vive, en Santa Marta, y como el que no quiere la cosa, Francisco soltó una bomba que, mucho me temo, restalló en los oídos de los no creyentes, de los ateos como el que firma esto, pero resbaló en la dura piel del cristiano, católico y romano de misa diaria y golpecito compungido al pecho pero… Pero mejor lo dice el propio Francisco. Yo lo vi y escuché en un corte de imágenes de mala calidad que me dejaron así de grandes y patidifusos los ojos. El papa denunció la doble vida de los que se dicen a boca llena cristianos de misa diaria y sin embargo dicen una cosa y hacen otra. “Yo soy muy católico, siguió el papa, yo voy siempre a misa, pertenezco a esta asociación y a esta otra, pero mi vida no es cristiana, no pago lo justo a mis empleados, exploto a la gente, soy sucio en los negocios, hago blanqueo de dinero... doble vida. Y tantos católicos son así. Y escandalizan”. No habla un demagogo de extrema izquierda, un perroflauta de andar por casa. Habla el papa.

Calabacines santos
     Embalado, siguió atizando. Tú llegarás al cielo, recordó Francisco, y llamarás a la puerta y dirás, soy yo, Señor, el que te hacía ofrendas y pertenecía a tal asociación. Sí, recuerdo, le dirá el Señor, todas sucias, todas robadas a los pobres, no te conozco. No sé por qué, pero mientras escuchaba al argentino, me venían imágenes de José María Ruiz Mateos Que Te Pego Leche, prohombre del Opus, con el pecho inflado recordando los millones que donaba con una mano a no sé qué asociación monjil mientras con la otra se quedaba con las perras de quien pillara por delante o estafaba a Hacienda y al lucero del alba. Eso sí, de misa diaria. Como el caporal de la Universidad Católica de Murcia, José Luis Mendoza, de misa diaria y óbolos más grandes que los paquetazos de los que hacían la barra en Tú sí que sí que tanto atraían al jurado Rafa Méndez. Francisco va y denuncia la doble vida del creyente de su rollo como plasmaba El Roto en una de sus lapidarias viñetas, lanzadas como puñetazos. Se ve a un tipo arrodillado, con sus manos entrelazadas. Es un recto ciudadano, con gesto severo de genuflexión permanente. Es tan fanático de la moral, dice la leyenda, que la tiene doble. Pues bien, concluye el papa que es mejor ser ateo que un católico hipócrita. ¿Conocen el documental brasileño que firmó Dener Giovanini, que tituló Amores santos, y desveló las prácticas de algunos curas cuya religión condena la homosexualidad pero ellos a puerta cerrada la practican? Pues eso. Unos 130 religiosos de 30 países pican ante el cebo de un actor bombón ante el que muchos de estos farsantes de doble moral que condenan desde el púlpito con voz amenazante se levantan la sotana, se tocan el calabacín, y se ofrecen al otro en la web cam que graba el momento.

Hazme reír
     Sobre esto, mientras veía en La 2 la gala para elegir en Las Palmas la mejor Drag Queen sabía que la cosa traería cola. Convengamos en que el número del chico que hace de virgen maquilladísima que luego deviene en Cristo con taconazos pudiera ofender a creyentes católicos, aunque haya que recordar que esa escena se vivió sobre un escenario y que se hizo en carnavales, es decir, tiempo de transgresiones, tiempo de provocaciones. El obispo de Canarias, Francisco Cases, sin tacto, para demostrar que fue ofendido, tiró por el camino de en medio y mezcló las churras con las merinas. Que le apenó más la gala de Drag Queen que el accidente de Spanair, ha dicho el clérigo sin que se le caiga el anillo de la vergüenza y la falta de empatía, caridad cristiana, y un poquitillo de sensibilidad -154 personas muertas en aquel accidente de nos conmocionó-. Me lo creo. Hay algunos ejemplares que anteponen su moral y creencias a cualquier dolor, drama o injusticia. Y si no, escuchemos aún el rugido del autobús pintado de naranja que se echó a las calles para que no nos dejáramos engañar por las soflamas del pecado que tratan de tumbar la obviedad de que los niños tienen pene y las niñas tienen vulva. Es verdad, como también que hay ultracatólicos con mala leche que pueden tener vulva y pene, pero no cerebro ni corazón. Así lo dijo Pablo Iglesias en Los desayunos de La 1 a un Sergio Martín que se quedó lelo, como al que le sale el tiro por la culata ya que el político recordó que Hazte oír, la organización de moral ultra conservadora, la creó un sobrino de Rodrigo Rato para apoyar al PP. En respuesta a tanta majadería, con pedagogía, El intermedio aparcó esta semana el bus que recorrió el país con lemas jocosos. Además, Gonzo habló con chicos y chicas transexuales. O sea que hay niños con vulva y niñas con pene, que los ultracatólicos nos perdonen, decía Wyoming. Yo, como dice el papa, con creyentes como estos, me reafirmo, mejor ser ateo.

La guinda
Pobre música
Si la apuesta por la música de TVE es con programas como El gran reto musical, que perpetra cada semana Eva González con un puñado de famosos, o con Fantastic Duo –qué perra con el inglés, qué tontería más tonta- , que presentará Nùria Roca con cuatro cantantes y unos cuantos anónimos que podrán soñar despiertos cantando a su lado, la cosa está peor de lo imaginado. En las otras cadenas, el desierto es idéntico.

viernes, 10 de febrero de 2017

Maldeojos. Otra tele fue posible



Otra tele fue posible
(Artículo publicado el domingo, 5 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

     Hace unos días, coincidiendo con la emisión de un nuevo capítulo de Cuéntame en La 1, la televisión pública emitió otra entrega de Ochéntame otra vez, un repaso nostálgico e informativo que va pegado al rastro de los contenidos de la serie madre hablando de la tele de aquellos años, de los ochenta. En Ochéntame otra vez se habla de programas, de invitados, de gente allegada a los equipos, y se echa mano de quien lo vivió para hablar de aquella forma de hacer televisión. Entre la gente que pasó por la entrega mentada esa noche está Mercedes Milá, que habló de su paso por TVE en una época en la que fue referente de televisión de calidad. Y salió el “tema Gran Hermano”. ¿Cómo es posible, le preguntaba la gente pasados los años, que hagas televisión basura, que se vuelque en Gran Hermano alguien que ha hecho una televisión de tanta calidad? Muy fácil, contestó, porque no veíais las entrevistas, cabrones. Es decir, que los distintos programas que luego haría Milá, incluso en otras cadenas, no alcanzaron la audiencia necesaria, había que seguir comiendo, y llegó Paolo Vasile con el cheque en la mano, se lo puso delante, y La Merche corrió tras el capo como un corderillo. Legítimo. O sea, cosa de dinero, como siempre pensé. Por cierto, Mercedes Milá es la nueva Torrente, o mejor, el nuevo Santiago Segura. ¿Recuerdan a este señor con sus camisetas, sus dedos en v, su sonrisa falsa, y su manera de promocionar los mojones de la saga de sus pelis? Pues doña Merche, igual. Programa al que la invitan, programa al que acude con la ropa de promocionar Convénzeme, su programa de animación a la lectura, sí, sí, como suena, o sea, lectura de libros, que emite B Mad, del emporio Mediaset, o promocionando su librería. La vi en Ochéntame con su camiseta blanca y el logo del programa, y la volvimos a ver hace unos días en su paso por El hormiguero hablando del programa y de su negocio. Mercedes Milá es como los chicos-cartel que vemos por las calles con pancartas colgadas donde se lee “compro oro”. Propaganda activa. Dio espectáculo en lo de Pablo Motos, que consigue trofeos muy llamativos.

Por el morro
    Lo que no consiga Pablo Motos no lo consigue nadie en este país. Hay que rendirse a sus encantos. Con el ji ji, ja ja, se lleva el gato al agua como el que mea, o como el que absorbe un litro y medio de agua por vía anal, como le dijera Camilo José Cela a Mercedes en una de sus entrevistas que ya son parte de la historia de la televisión, y que Ochéntame otra vez volvió a recordar. Claro que nadie traga por el culo agua, pero Cela era un escritor que llevó a la práctica la idea de que se tiene que hablar de ti, aunque sea para mal. La mirada no hay que ponerla, decía en Ochéntame, en el que escandaliza sino en el que se deja escandalizar. Otro eminente escritor que cultivó su personaje con tanto afán como sus columnas fue Francisco Umbral, cuyo “aquí he venido a hablar de mi libro” no sólo ha pasado a los momentos memorables de la tele sino que se ha instalado en el uso cotidiano para ir al grano, para centrar la conversación, para dejar claro que si alguien va a un plató a vender libro, película, teatro o música, hay que hablar de libro, película, teatro o música, o programa de tele, como dejó claro la propia Milá. O como puso de condición Isabel Pantoja para acudir al plató de las hormigas, que se hablara de su disco. Eso está hecho, dijo Pablo, incluso no hay problema en grabar el programa y emitirlo en diferido, otra condición de la mamá de Paquirrín. Lo que quiera Isabel, la más deseada después de Bárbara Rey. Fue tan rentable su presencia en El hormiguero que no sólo arrasó en audiencia sino que se llevó el mes. La cadena de Paolo Vasile es tan fétida, su desprestigio es tan monumental, y su apuesta por el mal gusto y la bronca barriobajera tan aburrida y tan esperpéntica que para llevar delincuentes a sus platós ha de sacar la billetera como saludo. Es una afrenta que Isabel hable con unas hormigas por el morro, sin cobrar un euro. Toma, Vasile.

Paloma Chamorro
    Contaba hace unos días el crítico de televisión Antonio Sempere, uno de los invitados de Ochéntame otra vez para recordar aquellos años de televisión, que el programa sólo quería desempolvar una forma de hacer las cosas y que marcaron una época, pero  con un matiz, una época en la que la televisión pública era el referente al que mirar, por su calidad, en general, y por estar a la vanguardia. Hoy sería impensable programas como el de Terenci Moix Más estrellas que en el cielo, que entrevistó a Lauren Bacall, Kirk Douglas, Gina Lollobrigida, Francisco Nieva, Torrente Ballester o Carmen Martín Gaite. Y en hora de máxima audiencia. O programas como Viaje con nosotros, un gran y sonado escupitajo, una provocación, la irreverencia personificada que encarnaba cada semana un histriónico e inspirado Javier Gurruchaga, que hacía de la tele pública un laboratorio de propuestas que elevaban el concepto de programa de entretenimiento a categoría de obra de arte. Hoy la tele pública, La 1, con esa estúpida premisa de la castrante corrección sin matices apuesta por cuchufletas de una estupidez insultante como Hora Punta, con un Javier Cárdenas sin fuste, o El gran reto musical, un sahumerio oficiado por la inane e impersonal aunque mona Eva González, ejemplo de lo que vengo diciendo, presentadora de tele ñoña, facilona, que no hace daño ni molesta –a mí, y seguro que a millones de callados espectadores, sí-, que se consume sin piar, que llega a casa y resbala sin más. Justo en el momento en que escribo esta pieza me entero de la muerte de Paloma Chamorro, mujer que simboliza esa época dorada donde otra televisión fue posible. Por algo La edad de oro se llamó así visto desde nuestros días y comparada con lo que hoy se entiende por apoyo a la música, la cultura, y la creación en general. Apoyo que lideran blasfemias como La voz, Got talent, Tú sí que sí, y parecidos engendros en hora de máxima audiencia.

La guinda
Dani y Goya
Otro año Dani Rovira presenta la gala de los Goya del cine español. TVE lleva días promocionando la cita con divertidos anuncios en los que el actor malagueño no sabe qué hacer. Llega a tener hasta pesadillas. Se ha convertido en la Rosa María Sardá del evento más importante de nuestro cine en su versión más festiva, y con el apoyo de la audiencia. Si Rajoy fuera a ver cine español ya sería la leche.

viernes, 20 de enero de 2017

Maldeojos. Tú sí que no



Tú sí que no
(Artículo publicado el jueves, 19 de enero, en diarios de EPI PRESS)

     Se les ha ido el perol. A los de La Sexta. He tenido que dejar varios días entre el estreno de Tú sí que sí y esta pieza para no despacharla con un solo calificativo sin matices, una mierda. De las gordas. La audiencia de La Sexta no se merece semejante despiporre con la maldita búsqueda de talentos como excusa. Ya está bien, maldita sea, ya está bien. Ya va siendo hora de parar. Entre cocineros, cantantes al por mayor, saltimbanquis de todo tipo, aspirantes a futbolista de relumbre, y jóvenes que sueñan con ocupar un asiento en Mujeres y hombres y viceversa, este país es una ruina. Y ahora llega La Sexta, la misma cadena de El intermedio o Más vale tarde, y monta un plató con muchos colorines para que Cristina Pedroche presente Tú sí que sí, otra antigualla de grupos de baile rítmico, tenores espeluznantes, gimnastas con paquetes gordos y apretados para echar unas risas con el jurado Rafa Méndez, que del joven sólo le importó lo que debía de importar, su “enorme paquete”.
     Hasta el jurado, del que también forma parte Silvia Abril, desprende el aroma fétido de quien está ahí interpretando un rol manido, y cuya única motivación es la pasta, cuanta más, mejor, y a correr. Gane quien gane este absurdo, añejo y patético concurso que se  queda en la estela de Tienes talento, en la mamarrachada de Insuperables, y en el Tú sí que vales que emitió en 2008 Telecinco, y hasta hoy. Nada cambiará, ni en la vida del ganador ni en la del país. Que levante la mano quien recuerde un solo ganador de este tipo de concursos a lo largo de los años. La Sexta se ha equivocado. La audiencia no. Mínima. El paquete de los gimnastas no justifica Tú sí que sí.  Así que Tú sí que no.