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martes, 1 de octubre de 2019

Maldeojos. Ópera y reguetón


Ópera y reguetón
(Artículo publicado el sábado, 21 de setiembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Me envía mi amigo Jordi Moltó, guionista de El hormiguero, un vídeo con el que esta temporada abrió la compuerta de una imaginación desbordante. Siempre acierta. Son pequeñas piezas narrativas que funcionan como un reló. Y siempre buscando el centro del corazón, emociones que maneja como un maestro. Viendo el vídeo recuerdo que la noche que se emitió en directo vi a un tipo que me sonaba de algo, de otros programas, en la órbita de Mediaset, pero que me chirriaba en El hormiguero. Al ver a un tal Omar Montes, no sé, cambié de canal por instinto. El mentado tiene carrerón. Fue el ganador de Supervivientes -200.000 cucos se llevó-, fue pareja de la hija de Isabel Pantoja, y es conocido en el mundo cani por vídeos con letra y música que te vuelan el cerebro a los tres segundos.

     Junto a él, otro tipo. Ahí va. RVFV. Sí, como lo leen, RVFV. Pregunten a sus jóvenes retoños porque quizá sí sepan quién es este ejemplar. Es otro perlita de chándal caro, gafitas oscuras, cadena de oro, deje sudaca, movimientos tontos de mano muerta que se toca el paquete, y vídeos vistos por millones de personas. El experimento del programa consistió en embridar el reguetón con la ópera, y nada menos que con Ainhoa Arteta. Los primeros decían no gastar un euro en su formación musical –Ainhoa invierte en su carrera lo que gana-, no ensayan nunca, y si hay que calentar la voz lo hacen sin piedad, dándole al trinque –decía RVFV-. Uno no se hace rico con esto, decía la soprano. A mí me dieron por una actuación, dijo Omar, 70.000 u 80.000 euros. Corrí a escuchar la música de estos canis de zapatillas y gorras carísimas. Aún estoy vomitando.

viernes, 15 de marzo de 2019

Maldeojos. Ultrasonidos


Ultrasonidos
(Artículo publicado el sábado, 9 de marzo, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Lo veo en El hormiguero, y Pablo Motos rubrica el final con una frase que resume no sólo la idea sino la sensata, justa y necesaria reivindicación. Viene a decir que en este mundo, en esta sociedad nuestra, parece que se destaca la trifulca, la parte mala, la cara más fea de la condición humana, y que apenas queda hueco para iluminar con el foco de nuestro interés, y por supuesto el de los medios de comunicación, la cara del esfuerzo, la cara callada de la ciencia, de médicos y médicas que hacen su trabajo casi en una opaca intimidad y silencio para hacer la vida de la gente más agradable, para hacerla más feliz. Viene esto a cuento por uno de los últimos trabajos que de vez en cuando firma para el programa Jordi Moltó –sabía que era un trabajo suyo-, que tiene una innata capacidad para llegar al alma humana y revolcarla en un mar de sensibilidad, que no de cursilería. El vídeo es también un homenaje a la investigación, claro, y a la carencia de apoyos.

     La historia es la de Alberto, que jamás pudo beberse un simple café sin que su mano temblara hasta hacerlo derramar, temblor esencial o derivado del Parkinson. La CUN, la Clínica Universidad de Navarra, privada, aplicó una técnica revolucionaria, la técnica de ultrasonidos de alta intensidad guiados por resonancia magnética, técnica no invasiva y de efectos inmediatos. El paciente, tumbado sobre una camilla, y tras un tratamiento de tres horas en una especie de túnel parecido al usado para hacer un TAC –perdonen mi absoluto desconocimiento científico y terminológico- salió de allí y se bebió como un niño asombrado y lloroso su primer vaso de agua sin temblores. Quede constancia aquí de la neuróloga Mari Cruz Rodríguez y del neurocirujano Jorge Guridi y su equipo.


miércoles, 4 de abril de 2018

Maldeojos. Hormigas en gloria


Hormigas en gloria
(Artículo publicado el domingo, 1 de abril, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Soy de los conversos, aunque no llego a radical de la nueva religión, pero sí, al final me he rendido y también yo me divierto algunas noches con Trancas y Barrancas, estrellas por delegación de Pablo Motos en El hormiguero, esa cruz, ese ostión en toda la jeta que perseguirá al capo Paolo Vasile durante toda su vida por haber dejado escapar un formato que nació en los fogones de Mediaset y se instaló en la competencia, en manos de Atresmedia y Antena 3. Todavía se oirá el rechinar y crujir de dientes por decisión tan errónea. El hormiguero y su tropa te hacen una audiencia media que no baja de los tres millones. O dicho de otro modo, tipo Rajoy y su don de verbo, El hormiguero te hace una audiencia que puede subir de los tres millones. Qué lince, el presi. Esta gente ha conseguido lo máximo. Ha conseguido que el espectador acuda a la cita al margen del invitado, que sí, que influye, pero el invitado forma parte del complejo mecanismo de un programa que parece un reló suizo. Se valora el formato, la dinámica, la propuesta y las medidísimas secciones que lo conforman, un puzle que asombra por su perfección. Creo que antes no entendía el programa, o lo entendía viéndolo desde una altura que tenía que ver con un sentido de la superioridad de espectador difícil de engañar, vamos, una especie de mentecato que no entendía nada. Hablaba de infantilismo premeditado, de producto que tenía que ver con una sociedad infantilizada a conciencia. Esa visión ha cambiado. El hormiguero lo veo ahora como miles, millones de espectadores lo vieron siempre, como un formato dinámico, vivo, electrizante, imaginativo, con un equipo que se lo curra y monta las piezas con obsesiva pero fresca meticulosidad para que ninguna no sólo no chirríe sino que fluya como el cauce de un arroyo limpio lleno de sorpresas. El hormiguero, desde que se lanza la cabecera y Pablo Motos y los colaboradores echan el bailecito que acaba con el beso al calvo, es una metralleta que dispara secciones a una velocidad calculadísima. No más de tres o cuatro minutos en cada una de ellas, desde la ciencia de Marron –el equipo científico del programa recibió un premio que reconocía su labor divulgativa- a los avances tecnológicos más llamativos, pero también la magia, la cámara oculta con críos, los monólogos, o los disparatados ingenios japoneses.

El abuelo Melquíades
     Me fascina Yibing y su sección sobre China, su país, de la que cada semana descubre algo que aquí siempre nos llama la atención –natalidad, arquitectura de cristal, fiestas, la muerte-, una joven de sonrisa cautivadora que a la vez resulta enigmática e inquietante. Me sorprende cuando Jandro se encierra con niños y se los lleva al antiguo Egipto de cartón piedra, las puertas de las tumbas con tesoros maravillosos se cierran, y hay que frotar lámparas mágicas para que salga el genio y los libere, eso sí, haciéndole ver al nene que se ha embolsado monedas de oro que las deje porque si no la puerta no se abre, o cuando se convierten en personajes vivientes de cuadros famosos y los peques reaccionan con complicidad llamativa y una madura responsabilidad. Me emociona, y mucho, cada joyita que sale del coco de Jordi Moltó inventando historias que van como una bala al centro del corazón, un tipo que maneja con maestría lo mejor de la condición humana para transformarla en piezas televisivas de una perfección conceptual, de guión, y narrativa que te dejan, siempre, con la lagrimilla al borde del colapso. Suyo es el gran Melquiades, ese abuelo que te enseña a componer reggaetón en treinta segundos, suyo es el jovenzuelo disfrazado de anciano que llega a las pistas donde otros jóvenes hacen virguerías subidos a sus patines y cuando ven que el abuelo está hecho un atleta subido al patín terminan aplaudiendo, quizá convencidos de que sí, que las apariencias pueden engañar. Los vídeos de Jordi Moltó para El hormiguero suelen dar saltos por las redes sociales hasta convertirse en auténticos fenómenos virales que le dan al programa uno de sus sellos característicos, el de la variedad y la heterodoxia del entretenimiento.

Procesión laica
     Y para los que crean que el ir y venir de cristos llagados, vírgenes lacrimógenas, últimas cenas, prendimientos entre olivos, capirotes y encapuchados, cirios, flores, y señoras y señores o muy engominados o muy encopetadas es un espectáculo caduco de la industria de la fe de una tradición anquilosada, se equivoca. El espectáculo turístico industrial que esta semana vuelve loca a Canal Sur tiende al conservadurismo –tiene cojones que una tele pública sea monotemática persiguiendo procesiones por las capitales andaluzas desde la mañana a la noche-, pero hete ahí a TVE y su afán por estar a la última, y por eso la otra noche, pasando del, según todos los indicios, no máster de Cristina Cifuentes, y engordando como un pez globo el alarde de Cristóbal Montoro de subir las pensiones como si sacara el dinero de su talega, anunció en el Telediario, como se investiga un adelanto científico, que tenía la exclusiva mundial de haber localizado al autor y ejecutor de la primera saeta cantada en vasco. ¿Qué, cómo se han quedado? Para que luego digan que La 1 no se toma en serio lo de ser una cadena al servicio del público. Pero si hasta Anne Igartiburu dedicó un puñado de minutos para informarnos con el debido rigor de lo bien que Antonio Banderas se lo pasa en Málaga viendo pasar penitentes mientras Stella del Carmen, como una boquerona más, ha de retirar de su mejilla la emoción, o cómo el costalero Fran Rivera lleva a hombros a un Cristo llamado de las tres caídas, pobre. En la procesión laica Wyoming, El intermedio, pasea por el plató a santos prestigiosos de la corrupción, evangelistas del PP como Luis Bárcenas, crápulas como El Bigotes o mártires batracios de Esperanza Aguirre, pero ninguno de los mentados ha conseguido lo que Juan Ibáñez y Damián Mollá, es decir, hacer que Trancas y Barrancas suban cada noche a la gloria de la televisión más pura, la que divierte, entretiene, y enseña.

La guinda
50 Principales
Lo que estrenó la noche del viernes Antena 3, Top 50: momentazos de humor, con la idea de recoger la audiencia de Tu cara me suena, es una castaña. Es un 40 principales del chiste, el gag y la humorada, una especie de recopilación de lo más gracioso que se ha visto en la tele. Vamos, una antigualla. Y por si no hubiera bastante, hasta Cristina Pedroche, su presentadora, iba vestida, quiero decir, sin transparencias. Fracaso.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Maldeojos. Guionistas



Guionistas
(Artículo publicado el martes, 10 de noviembre, en diarios de EPI PRESS)

      Un día sí y otro también se habla en los medios, y en la calle, de El hormiguero. Está haciendo unas audiencias que parecen no conocer el desánimo. Por su plató pasa gente conocida de todo tipo, actores, deportistas, cantantes y, cada vez con más tirón, políticos que se prestan al juego de ir “a divertirse al hormiguero”. La cara visible del tinglado es Pablo Motos, un currante que ha elevado el entretenimiento a una categoría de calidad que puede no encajar con tu sentido del entretenimiento, pero no abochorna. Yo formaba parte de la banda que veía el programa demasiado escorado a un infantilismo idiota, más, a una sociedad muy infantilizada. Poco a poco voy cambiando mi opinión. Si nos fijamos en el total, El hormiguero no es sólo lo que ocurre en el plató. Para que tenga el brío que tiene, detrás de las cámaras hay un equipo que no para.

      Son los guionistas. Apenas conocidos, pero imprescindibles. ¿Recuerdan que se pasó un vídeo con la reacción de la gente, el día que Pablo Iglesias visitó el programa, al ver en una gigantesca pantalla en Callao, en Madrid, la noticia de la unión entre Podemos y Ciudadanos, contada por Mónica Carrillo como si de verdad fuese cierta? ¿Vieron el vídeo de una chica futbolista, transformada en chico por un equipo de maquilladores, que deja boquiabiertos por su talento y habilidad a los tíos de ambos equipos cuando antes de tirar un penalti se quita el maquillaje, la barba postiza, se suelta el pelo, y lanza el balón como mujer? Bien, pues detrás de estos aciertos que se consumen en parecido fragor al de un castillo de fuegos de artificio, siempre hay un nombre. Y no es Pablo Motos. En los casos mentados, el autor es Jordi Moltó. Y es bueno saberlo.  

Aquí te dejo el enlace...

domingo, 10 de mayo de 2015

Maldeojos. Marca España



Marca España
(Artículo publicado el sábado, 9 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

      En la televisión también se manifiesta el ruido. Las tertulias televisivas son sólo aptas para tenores y vicetiples. Si tienes poca voz, los directores de programa no te contratan. Ahí tenemos a la Patiño tirando de vena. España tiene el dudoso título de ser el segundo país más ruidoso del mundo después de Japón. En términos de papeleo y burocracia es mucho más fácil traer a un futbolista extranjero a un equipo de Segunda B que a un investigador a nuestro sistema de I+D. Y esto dice bastante de cuáles son las prioridades de nuestro país. De hecho el diario más leído es el Marca. Las corridas de toros son en España como el hilo del tanga. Su principal función es separar dos universos. Hablar hoy de toros es abrir un abismo donde brotan trincheras. Ortega y Gasset se separaron por eso. Ortega era aficionado, y Gasset terminó como crítico de cine de TVE. 

      A estas alturas se preguntará de qué va la columna de hoy. De la marca España, como se lee en el titular. En este caso no es la ufana y huera palabrería con la que Rajoy y los suyos hablan un día del vertiginoso ascenso de la marca patria por los logros desde que llegaron al poder y de la vergüenza al día siguiente por un nuevo caso de corrupción o un nuevo dato de pobreza infantil sino de un libro, Marca España. Lo ha escrito Jordi Moltó y Juan Herrera. Forman parte del equipo de guionistas de El hormiguero. Así que podría ser de otra manera, que ambos se descolgaran con un texto sobre los graves problemas existenciales que se derivan del uso insensato de las flores silvestres en los platos de la cocina creativa, pero no, han ido picoteando en las estadísticas y han hecho de ellas un texto liviano, divertido y ocurrente. Esta marca España es más real que otras.