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domingo, 12 de enero de 2020

Maldeojos. Lágrimas en el Congreso


Lágrimas en el Congreso
(Artículo publicado el jueves, 9 de enero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Decía el diputado de Compromís Joan Baldoví el martes en el Congreso que se había equivocado, y que la derecha tan faltona y hooligan no necesita tila para tragarse el sapo del gobierno de coalición sino educación. Tampoco es moco de pava no menstruada la performance de Adolfo Suárez Illana girando su sillón en la tribuna cuando sube al estrado alguien con quien no está de acuerdo –como un jurado de La voz, decía Oskar Matute, de Bildu-. Pero el martes, además del nuevo Gobierno, que ya es en sí mismo motivo de emoción, se vivieron momentos de máxima sensibilidad que traspasaron la pantalla. Uno fue cuando parte del Congreso, de pie, aplaudía a Aina Vidal, En Comú Podem, que pese al cáncer agresivo que sufre acudió a votar, y entre lágrimas agradeció el gesto y abrazó el ramo de flores que le regaló Pablo Iglesias.

     Tampoco el líder de Podemos pudo aguantar, y cuando abrazó a su colega Echenique después de la votación lloró, pero lloró nivel Bustamante, le dijo luego por la noche, en su visita a El intermedio, Wyoming, con quien echó unas risas para rebajar la tensión del día. Ayer por la mañana fue El Sevilla, en su análisis diario sobre la actualidad en el programa matinal de Alfonso Arús en La Sexta, el que volvió a las lágrimas del día de la investidura de Pedro Sánchez. Destacó lo emotivo del aplauso a Aina, y sobre las de Iglesias dijo, “no sé si empezó a llorar por el ojo izquierdo o por el derecho”, dato que es muy importante.  Si empieza el derecho es felicidad, si es el izquierdo es como el cocodrilo, que mientras se come a su víctima -¿Sánchez?- no para de llorar. Yo lloré con los dos. De alegría. Ya habrá tiempo de decepciones, si llegan, para llorar de rabia.


lunes, 1 de abril de 2019

Maldeojos. Pablo y Pablo


Pablo y Pablo
(Artículo publicado el jueves, 28 de marzo, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Al aventurero Jesús Calleja, que hace programas que resultan de lo mejor de Cuatro, le da un mal pie y cae redondo de su bicicleta por la provincia de León. El terreno, para no desdecir a este jovial tipo, sólo podía ser escarpado, difícil, sí, peligroso para caerse de ese burro metálico y salir por patas. Tuvo que salir en helicóptero derechito al hospital. Que nadie se alarme. Ya está en casa, y bien, recuperándose. Una petarda y sardesca Paz Padilla lo llamó en directo para interesarse por su salud. Calleja, por supuesto, no cobró nada. Otra que ha pasado por el quirófano pero porque le salió de la papada es la señora Carmen Borrego, hija de la Campos, que le ha tomado gustillo a eso de rebanar grasa y luego vender lo que llaman “la nueva imagen de”. Al mismo tiempo don Jorge Javier Vázquez también ha conocido el hospital, y a vida o muerte. Como suena.

     Ahora el dueño del cortijo de Sálvame y otras sandeces se recupera de su ictus a paso tranquilo paseando a sus perros cerca de su casa, y lo hace recibiendo a gente amiga como Raquel Sánchez Silva, con quien echó la otra tarde unas risas. Y ahora Pablo, Pablo Iglesias, que de la nada ha pasado al todo, hasta en la sopa. El coletas no ha pasado por ningún hospital, pero ha limpiado culos y cambiado pañales, y por tanto, con esas piruetas y diarrea verbal que le caracteriza, dice que ya está preparado para ser presidente. A lo que voy. Que Pablo Motos, y en contra de todo pronóstico, y sin salir de El hormiguero, le hizo el martes la entrevista más incisiva, caústica, y fresca de todas las que le han hecho desde su mesiánica reaparición. Con mucho ji ji ja ja lo puso entre las cuerdas, descolocó al que jamás duda, y resultó brillante. Motos se tragó a Iglesias.


lunes, 26 de junio de 2017

Maldeojos. On/Off



On/Off
(Artículo publicado el jueves, 22 de junio, en diarios de EPI PRESS)

     Uñas de acero y piel de mantequilla, decía Iñaki Gabilondo hace unos meses sobre la relación con la prensa que tiene Podemos, el partido de Pablo Iglesias, ese político que a veces, según la cuestión, parece sacarse de su coleta un caramelito de regalo para el periodista que le hace “una buena pregunta” o un dardo de reproche por su atrevido interés en llegar al fondo. Al hilo de esa relación, el martes, huyendo como un jabato en celo de El hormiguero, a donde llevaron a las Nancis rubias, el grupo de pachanga de Mario Vaquerizo, me fui a El intermedio, que ni falla ni decae. Como informativo juguetón, después de hacer una especie de sorteo a ciegas entre partidos y sus posibles marrones, siempre cae algo en la cesta del interés que escapa a la lupa del resto de noticiarios. Al partido de Pablo Iglesias le tocó el marrón de su relación con los medios de comunicación, relación que sería otra si don Pablo pudiera manejar, más, el cotarro.

     Le pirra, le pirra un periódico, una radio, una tele. Pero si él decide lo que ha de hacer y decir, publicar y emitir. El último, increíble, nauseabundo y antidemocrático gesto, al estilo de un Donald Trump tarumba, es el veto a varios medios nacionales –El País, la Ser, El Periódico de Catalunya, pero ni con el delirante digital de Eduardo Inda puede estar justificado-. Los de Podemos organizaron un desayuno informativo para presentar a los portavoces estatales del partido, pero bajo el concepto de off, o sea, off de record, en la jerga periodística, o un encuentro privado, como lo definió Noelia Vera, portavoz de Podemos para defender esa invitación selectiva. Ay, ay, don Pablo. Cada vez asoma más una pata que me aterra. Algo sabemos. Para ustedes hay medios on y medios off.

martes, 17 de enero de 2017

Maldeojos. La tele que los unió



La tele que los unió
(Artículo publicado el domingo, 15 de enero, en diarios de EPI PRESS)

     Proliferan en la tele los programas de citas como prolifera el mal rollo entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, que cada día dan un pasito más para que no decaiga el “reallity show” que se han montado para demostrar que la política es gloriosa y soñadora cuando no te dedicas a ella pero tramposa y fullera en cuanto alcanzas poder. Cada cadena tiene uno, o dos, o cinco. Los relamidos y acomplejados, o creyendo que están en la cresta de la ola de la vanguardia terminológica que copian de las cadenas que hablan inglés, los llaman programas “dating show”, o sea, programas de citas. Pero no los llaman así porque programa de citas es anodino y vulgar, y también para enturbiar el nombre y, con el inglés, pretender elevarlo a una categoría más elevada.  Paletos. Bien. Pues como el Fisrt dates de Cuatro, a espuertas, se llame como se llame el invento. Ya desde los tiempos de Jesús Puente, en la prehistoria televisiva de nuestras pantallas, se emitió Su media naranja, que estuvo en antena seis años. Se trataba de averiguar la compenetración entre las parejas, que unas veces era alta y otras parecía que ni vivían juntas. Memorable, y relamido, como todo lo que tocaba la señora, fue Lo que necesitas es amor, formato que emitió Antena 3 y presentó en su primera etapa la divina ególatra Isabel Gemio, que trataba de que personas anónimas consiguieran el amor o recuperar el que habían perdido. Era la década de 1990 del siglo pasado. La cosa no ha cambiado mucho. O sí. Tiene un matiz. En los programas de citas ya no es prioridad sacar de la cita una pareja. Es más, puede ser lo último que se busque. Se busca, ante todo, brillo social, que te conozcan, quizá impulsar tu carrera, hacer bolos por las discotecas del extrarradio, tener los putos famosos quince minutos de gloria de los que habló un hacha para esto de la fama, don Andy Warhol, o por mera necesidad, que hay que tener lentejas en la despensa para poder comer.  

¿Eso es amor?
     Una tal Yurena, antes Ámbar, antes Tamara, y antes, al principio del tiempo, cuando su madre la parió en setiembre de 1966, María del Mar Cuena Seisdedos, pasó por First Dates y al conocer al pretendiente que le tocó dijo que “hacía tiempo que no sentía tanta química”. Le moló el chorbo que le había tocado en suerte en el especial que el programa hizo el sábado pasado con famosos de talla monumental como Yola Berrocal, otra imprescindible con las tetas bien puestas, a reventar. Ninguna ha tenido suerte en el amor, pero Carlos Sobera está dispuesto a remediarlo. Se ve que hay tanta necesidad de emparejarse, tanta hambre de amor catódico, y fama esquinera y fungible, que la semana nos deja dos estrenos que se unen a formatos de amor bajo los focos ya existentes, y en distintas cadenas. Cuatro es la reina, es la Celestina coronada, la alcahueta postinera, la niña del exorcista que expele sus vomitonas por la pantalla, la más friki, la friki entre las frikis. No tiene bastante con Granjero busca esposa, donde rudos señores han de pelear desde el establo o con el arado por señoritas finísimas, algunas como si salieran de la barra del puticlub, relaciones de chichinabo bendecidas ahora por Carlos Lozano, él mismo con olor a naftalina, caduco y machista, sino que la cadena ha recuperado a la gran Luján Argüelles para presentar un revolucionario sistema de conquista, así lo dice la cadena en sus promociones, con Tú, yo y mi avatar. Enamórate a ciegas, pretende el programa. Deja a un lado las apariencias y busca el amor de tu vida sin ver el cuerpo del otro. El pretendiente permanece en el anonimato y tendrá que conquistar al candidato a través de su avatar. Es la mecánica, lo que da lugar a confusiones, dobles sentidos, lío, o sea, todo un circo en nombre del amor pero donde el amor es lo de menos.

Trump y el gitano
     Sí, vi la primera entrega. Me aburrí a la cuarta chorrada. Muy bien montado, muy buena postproducción, muy colorista, y Luján, como siempre, con su toque irónico, pretendían que Tú, yo y mi avatar entrara en casa para quedarse. No se quedó. Nada de lo que veía me concernía. Me resbalaba. La selección de candidatos y pretendientes, la selección de avatares, con Patricia Conde como avatar conocido, y las cosas que les hacían hacer, me resultaban de una estupidez cansina. Tiene el toque que da Cuatro a estos formatos, el toque de ¿Quién quiere casarse con mi hijo? o Un príncipe para… Cansa. El surrealismo choni, poligonero y fabricado, que banaliza los sentimientos en nombre del espectáculo, está fenomenal, pero que no lo llamen amor cuando quieren decir circo. El mismo día, pero en Antena 3, irrumpió de nuevo la tercera temporada de Casados a primera vista. Otro cachondeo. Un equipo de sicólogos, sexólogos, y otras disciplinas, estudian cada caso, cada aspirante a casarse, hasta dar con su media naranja. Se conocerán cuando la “lisensiada” mejicana, dentro del hotel, con ofertas todo incluido, se acerque para leer el acta matrimonial. En la primera entrega destacó la boda entre un gitano de 24 años y un peluquero de 36. A la boda gitana gay en Méjico sólo le faltó, como esturreaban las redes, que la organización hubiera invitado a Donald Trump. Es verdad que Casados a primera vista es mero entretenimiento, pero hay un matiz. Quienes van ahí es gente de la calle, no son ni aspirantes a modelos, ni cantantes frustrados, ni putillas o putitos con gana de promoción, ni hormonados no admitidos en Mujeres y hombres y otras berzas –otro de citas donde el amor es de coña-. Pero el clásico de los programas de citas es La tarde, en Canal Sur, donde Juan y Medio y su bigote son la alcahueta de toda la vida, nada de Fisrt dates ni puñetas. Aquí la Rosi, aquí el Manolo. Sin mariconadas. Señor con señora. Lo de siempre, sin “modernuras”. Y sin avatares ni chuminadas. Sin efectos ni posproducción de vídeo clip. Que ningún andaluz o andaluza, ningún amigo o amiga, dice Susana Díaz, ningún novio o novia, ningún marido o marida, se quede sin amor, calla, coño, Susi, que se te va la olla. En fin, que lo que la tele una no lo separe la tele.

La guinda
Raíces
El guapísimo Malachi Kirby es Kunta Quite en la nueva e impresionante versión de Raíces, la mítica serie de los 70, que enfrentó al espectador a la tragedia de la esclavitud más descarnada gracias a la durísima historia de este esclavo que luchó por su libertad. La historia es la misma, pero la narración es arrebatadora, cargada de un poderío visual que te deja pegado al asiento.  En cuatro entregas, Raíces vuelve a hacer historia.

lunes, 1 de agosto de 2016

Maldeojos. ¿Y Venezuela?



¿Y Venezuela?
Artículo publicado el sábado, 16 de julio, en diarios de EPI PRESS)

Hace nada, apenas unas semanas, los días previos a las elecciones del 26 de junio, en el Telediario de La 1 teníamos la sensación de que Venezuela era cosa nuestra, un pegote añadido a la patria, una provincia española. Cada día se hablaba de la situación del país, del desabastecimiento de las tiendas, de la imposibilidad de encontrar papel higiénico, de las chifladuras de su patético presidente, un Nicolás Maduro al que sacaban cada día como un payaso estrambótico y fanfarrón que ocultaba con sus provocaciones políticas la realidad de un país en descomposición. Venezuela era, tanto en TVE como en el resto de cadenas, un tema, una sección, un recuadro, un tiempo sin falta. Todo interesaba, por supuesto si era malo, que es de lo que se trataba, de enfatizar aquel drama, de destacar las penurias de un país en manos de los malos que, ahí está la razón, resultan ser amigos del español Pablo Iglesias y sus huestes.

A por ellos. Se hablaba, mal, de Venezuela, para hablar, peor, de Podemos, que era el fin. TVE, de nuevo, para bochorno de periodistas y agravio de espectadores, al servicio del partido en el Gobierno. Era la consigna. A por ellos. La cosa fue tan indignante, tan marrullera, y tan atrevida, que, reló en mano, y según el Consejo de Informativos de la casa, en mayo se dedicaron 71 minutos a Venezuela y sus cosas frente a los 31 del paro, o los raquíticos dedicados a la corrupción. Toda elección para conformar la escaleta de un informativo ya implica tendencia. Dime qué eliges y te diré a quién proteges, o a quién atacas –perdonen la simpleza-. Pues bien, han pasado las elecciones, Podemos está donde está, pero Venezuela, que está como estaba, ya no es noticia. Milagro.

lunes, 21 de marzo de 2016

Maldeojos. Cagaditas



Cagaditas
(Artículo publicado el sábado, 12 de marzo, en diarios de EPI PRESS)

      En los encuentros menos formales es donde los invitados se relajan, y al no tener el chip de la defensa encendido se sueltan de manos y, a veces, la cagan. Literal. Le pasa al señor Coletas. Mucho. Don Pablo Iglesias va suelto, muy a lo loco, muy chistoso. Tan loco va, tan sobrado, que confunde el piloto rojo del micro del Congreso con el piloto rojo de la cámara de un plató, y por eso, como Dinio, confundido perdido, la caga. Hace unos meses, cuanto más salía en televisión, más crecía su poderío político y mediático. Ahora, cuanto más ejerce de diputado, más se le tambalea el sombrajo. Se ha relajado. Y dice cosas de apariencia banal que retratan con fiera descarnadura un interior que te deja, me deja, cada vez más perplejo. La tele es una jodida maga que te hipnotiza, pero también una estricta gobernanta que recoge hasta lo que no quieres que se vea.

     Hace unas noches, en distintos días, en El Hormiguero, acudieron como invitados la presidenta de Madrid, Cristina Cifuentes, y Antonio Velázquez, protagonista de la serie Buscando el norte, en Antena 3. Estaba Cifuentes tan relajada, tan divertida, tan suelta, que dijo que el nombramiento caciquil del nuevo director de TVE, don Eladio Jareño, responde a la tendencia de politización de las televisiones públicas porque los gobiernos han considerado que sus directores eran altos cargos. ¿Eran? No, guapa, son. Y en TVE, hasta el bochorno. Sin complejos, coño, sin complejos, dice altivo desde la esquina de la pantalla el dúo Pimpinella Aznar-Cospedal. Por su parte el joven actor, entre risa y risa, aseguró que una vez “hice mis cosas en un váter de mentira, era parte del decorado, y no había agua, claro”. O sea, que también la cagó.