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miércoles, 4 de abril de 2018

Maldeojos. Hormigas en gloria


Hormigas en gloria
(Artículo publicado el domingo, 1 de abril, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Soy de los conversos, aunque no llego a radical de la nueva religión, pero sí, al final me he rendido y también yo me divierto algunas noches con Trancas y Barrancas, estrellas por delegación de Pablo Motos en El hormiguero, esa cruz, ese ostión en toda la jeta que perseguirá al capo Paolo Vasile durante toda su vida por haber dejado escapar un formato que nació en los fogones de Mediaset y se instaló en la competencia, en manos de Atresmedia y Antena 3. Todavía se oirá el rechinar y crujir de dientes por decisión tan errónea. El hormiguero y su tropa te hacen una audiencia media que no baja de los tres millones. O dicho de otro modo, tipo Rajoy y su don de verbo, El hormiguero te hace una audiencia que puede subir de los tres millones. Qué lince, el presi. Esta gente ha conseguido lo máximo. Ha conseguido que el espectador acuda a la cita al margen del invitado, que sí, que influye, pero el invitado forma parte del complejo mecanismo de un programa que parece un reló suizo. Se valora el formato, la dinámica, la propuesta y las medidísimas secciones que lo conforman, un puzle que asombra por su perfección. Creo que antes no entendía el programa, o lo entendía viéndolo desde una altura que tenía que ver con un sentido de la superioridad de espectador difícil de engañar, vamos, una especie de mentecato que no entendía nada. Hablaba de infantilismo premeditado, de producto que tenía que ver con una sociedad infantilizada a conciencia. Esa visión ha cambiado. El hormiguero lo veo ahora como miles, millones de espectadores lo vieron siempre, como un formato dinámico, vivo, electrizante, imaginativo, con un equipo que se lo curra y monta las piezas con obsesiva pero fresca meticulosidad para que ninguna no sólo no chirríe sino que fluya como el cauce de un arroyo limpio lleno de sorpresas. El hormiguero, desde que se lanza la cabecera y Pablo Motos y los colaboradores echan el bailecito que acaba con el beso al calvo, es una metralleta que dispara secciones a una velocidad calculadísima. No más de tres o cuatro minutos en cada una de ellas, desde la ciencia de Marron –el equipo científico del programa recibió un premio que reconocía su labor divulgativa- a los avances tecnológicos más llamativos, pero también la magia, la cámara oculta con críos, los monólogos, o los disparatados ingenios japoneses.

El abuelo Melquíades
     Me fascina Yibing y su sección sobre China, su país, de la que cada semana descubre algo que aquí siempre nos llama la atención –natalidad, arquitectura de cristal, fiestas, la muerte-, una joven de sonrisa cautivadora que a la vez resulta enigmática e inquietante. Me sorprende cuando Jandro se encierra con niños y se los lleva al antiguo Egipto de cartón piedra, las puertas de las tumbas con tesoros maravillosos se cierran, y hay que frotar lámparas mágicas para que salga el genio y los libere, eso sí, haciéndole ver al nene que se ha embolsado monedas de oro que las deje porque si no la puerta no se abre, o cuando se convierten en personajes vivientes de cuadros famosos y los peques reaccionan con complicidad llamativa y una madura responsabilidad. Me emociona, y mucho, cada joyita que sale del coco de Jordi Moltó inventando historias que van como una bala al centro del corazón, un tipo que maneja con maestría lo mejor de la condición humana para transformarla en piezas televisivas de una perfección conceptual, de guión, y narrativa que te dejan, siempre, con la lagrimilla al borde del colapso. Suyo es el gran Melquiades, ese abuelo que te enseña a componer reggaetón en treinta segundos, suyo es el jovenzuelo disfrazado de anciano que llega a las pistas donde otros jóvenes hacen virguerías subidos a sus patines y cuando ven que el abuelo está hecho un atleta subido al patín terminan aplaudiendo, quizá convencidos de que sí, que las apariencias pueden engañar. Los vídeos de Jordi Moltó para El hormiguero suelen dar saltos por las redes sociales hasta convertirse en auténticos fenómenos virales que le dan al programa uno de sus sellos característicos, el de la variedad y la heterodoxia del entretenimiento.

Procesión laica
     Y para los que crean que el ir y venir de cristos llagados, vírgenes lacrimógenas, últimas cenas, prendimientos entre olivos, capirotes y encapuchados, cirios, flores, y señoras y señores o muy engominados o muy encopetadas es un espectáculo caduco de la industria de la fe de una tradición anquilosada, se equivoca. El espectáculo turístico industrial que esta semana vuelve loca a Canal Sur tiende al conservadurismo –tiene cojones que una tele pública sea monotemática persiguiendo procesiones por las capitales andaluzas desde la mañana a la noche-, pero hete ahí a TVE y su afán por estar a la última, y por eso la otra noche, pasando del, según todos los indicios, no máster de Cristina Cifuentes, y engordando como un pez globo el alarde de Cristóbal Montoro de subir las pensiones como si sacara el dinero de su talega, anunció en el Telediario, como se investiga un adelanto científico, que tenía la exclusiva mundial de haber localizado al autor y ejecutor de la primera saeta cantada en vasco. ¿Qué, cómo se han quedado? Para que luego digan que La 1 no se toma en serio lo de ser una cadena al servicio del público. Pero si hasta Anne Igartiburu dedicó un puñado de minutos para informarnos con el debido rigor de lo bien que Antonio Banderas se lo pasa en Málaga viendo pasar penitentes mientras Stella del Carmen, como una boquerona más, ha de retirar de su mejilla la emoción, o cómo el costalero Fran Rivera lleva a hombros a un Cristo llamado de las tres caídas, pobre. En la procesión laica Wyoming, El intermedio, pasea por el plató a santos prestigiosos de la corrupción, evangelistas del PP como Luis Bárcenas, crápulas como El Bigotes o mártires batracios de Esperanza Aguirre, pero ninguno de los mentados ha conseguido lo que Juan Ibáñez y Damián Mollá, es decir, hacer que Trancas y Barrancas suban cada noche a la gloria de la televisión más pura, la que divierte, entretiene, y enseña.

La guinda
50 Principales
Lo que estrenó la noche del viernes Antena 3, Top 50: momentazos de humor, con la idea de recoger la audiencia de Tu cara me suena, es una castaña. Es un 40 principales del chiste, el gag y la humorada, una especie de recopilación de lo más gracioso que se ha visto en la tele. Vamos, una antigualla. Y por si no hubiera bastante, hasta Cristina Pedroche, su presentadora, iba vestida, quiero decir, sin transparencias. Fracaso.

lunes, 10 de octubre de 2016

Maldeojos. Canijo



Canijo
(Artícuklo publicado el sábado, 8 de octubre, en diarios de EPI PRESS)
     Me gusta la palabra canijo porque cuando la he usado casi siempre ha sido en sentido cariñoso, y no siempre porque alguien esté delgadito, tenga cuerpo juncal, o esté débil y enfermizo, como dice la RAE. Canijo también es un crío chico, un adolescente que aún no hirvió. La 1 emite los domingos por la tarde Poder canijo, seguro que con la idea de hablar del poder de los niños. En este caso del poder de los peques en edad escolar para dejarse enseñar por los docentes en sus colegios, docentes que, como la profesora Pilar López, vestida con una capa y hablando muy rara, de superheroina, enseña matemáticas a una clase de adolescentes que la miran como lo más normal del mundo, aunque creo que pensando que está flipada. El aula es de ensueño. Pocos niños, un plasma enorme, y unos niños modélicos.
     A lo largo del programa salen otros profesores con innovadores métodos pedagógicos. Hay que alabar su disposición, y ensalzar su tesón, y sus logros. Pero estamos hablando de un programa de televisión. ¿Quién lo presenta? Pues Juan y Medio, el presentador con más curro del mundo, casi parejo a Jorge Javier Vázquez. ¿Funciona el programa? Casi que no. La intención es buena, adecuada para la tele pública, pero el resultado es pobre. Pretende ser divertido –de la Letra con sangre entra, que pintaba Goya, se pasó a la letra con risa entra-, pero sólo es aburrido. La presencia de dos muñecos, Tikis y Mikis, como Trancas y Barrancas en El hormiguero, acentúan el batiburrillo. Dan ganas de matarlos. Sin remordimientos. Sus risas copian la de los peluches de Pablo Motos. En resumen, intento fallido de programa. Resultado canijo.

martes, 28 de junio de 2016

Maldeojos. Mariano, y Trancas y Barrancas



Mariano, y Trancas y Barracas
(Artículo publicado el domingo, 19 de junio, en diarios de EPI PRESS)

      Si no fue, malo. Y si va, también malo. Si manda a Soraya a que baile como una gogó un poco torpe, plomiza, graciosilla pero cortada, y hace la coreografía del pasito aquí y el pasito allí, si la vice se pone en plan colega que te cagas y termina besando la calva del calvo, mal, muy mal, porque el jefe la envió a ella con la misma indiferencia con la que la envió a la plaza del debate a cuatro del 20-D mientras él, repantigado en el mejor sofá de la Moncloa tal vez leyera el Marca o se fuera a la cama retirándose con desgana de la barba los restos de pan de la cena sin ver a su segunda, ni falta que le hizo. Y si es él el que acude al plató de El hormiguero, peor, mucho peor. Si Mariano Rajoy acude a la llamada de Trancas y Barrancas hay que echarse a temblar. Este país está peor de lo que nos dicen, y eso que Fátima Báñez predica la bajada del cielo de una época dorada como jamás hemos visto en esta España al borde del precipicio si, por un casual, el voto de la gente se va a donde no debe. La ministra salió de su cubil y se sentó una mañana en el plató de La 1 para desayunar con María Casado, donde soltó uno de sus mítines sin que pelo y cara de cemento se resquebrajaran. Pues no. España está mal, muy mal, si no a cuento de qué va a decir sí el señor de la Moncloa a Pablo Motos. Lo digo porque, si no recuerdo mal, y creo que no recuerdo mal, cuando en la pasada legislatura trató el equipo del programa de invitar al inquilino monclovita, una de las respuestas de peso para decir no fue la siguiente, “¿cómo va a hablar el presidente con dos hormigas?”. Es incontestable. Un presidente, ejerciente, en funciones, o que aspire a serlo, no puede acudir a un programa de entretenimiento donde la estrella, según la estrella Motos, son dos hormigas de peluche. Y si lo hace, este país se va al carajo.

Líder Profidén

      El presidente tiene que resultar cercano, tan familiar como la coleta del Coletas, tan de la casa como Albert Rivera, que aunque apagues la tele, coño, sigue ahí. Lo vimos el miércoles con Susana Griso, versión maletita rosa, en 2 días y 1 noche, y lo vimos con Ana Rosa, o sea, dispuesto a todo, es decir, que confirma mis temores, España se va al carajo. Cuando Jorge Moragas, jefe de campaña del PP, apareció ante los periodistas inflado, abotagado, brillante de sudor mantecoso, diciendo que les iba a presentar una “versión del himno del PP latina”, y que habían dudado entre reguetón y merengue, y que al final, los cerebritos, optaron por la versión merengue, me volvieron a temblar las piernas. Y la puso. Y sonó el himno del PP con ritmos latinos a lo merengue. La horda periodística, en planos demoledores, se quedó frita. Se miraba sin dar crédito. ¿Campaña inane que convierte la anécdota en categoría?, se preguntaba con inteligente ironía Javier Ruiz en Las mañanas de Cuatro, que veía cómo, mientras se habla de las hormigas, del merengue –música venezolana, válgame el cielo-, del color de los logotipos, o de payasadas muy bien orquestadas, no se habla de corrupción, de paro, de pobreza, de fraude fiscal, de evasión de capitales. Bingo. Por su parte, Pedro Sánchez, el Líder Profidén, no hace falta que vuelva al plató de Trancas y Barrancas ni juegue al baloncesto con Motos, aunque volvió el lunes. Este hombre vive en un permanente El club de la comedia, en su mundo, respondiendo a lo loco, contando cuentos de la señora que le cuenta en Ávila lo que le contó la misma en Córdoba, y lo que le contará Loli en Galapagar de Abajo. En el programa de Iñaki López, en su sección de las familias preguntando a los líderes, una chica de 23 años, Cristina Albadalejo, quiso saber por qué rechaza que le entreviste Ana Pastor en El objetivo de La Sexta. Sin cambiar el rictus, enseñando sus blanqueados piños, riendo como sonríe un lelo, respondió que tiene muchos compromisos, y  que no se preocupe porque será ella a quien le conceda “la primera entrevista como presidente”. Ah, no, eso sí que no, reaccionó rápido Iñaki, “esa promesa ya me la hizo a mí”. Bueno, se atragantó el Sonrisitas, lo que digo es que “ella será la primera vez que entreviste a un presidente de Gobierno”. ¿Cómorrrr? Supera eso, guionista de Trancas. Y siguió sonriendo y tal.

Como la BBC
      Es lo que le pasa a Santiago Segura, tenía que ser él, cuya presencia echa la persiana al fiasco de audiencia que ha resultado ser El hombre de tu vida, serie donde José Mota era un gigoló que trataba de conquistar a señoras con problemas sentimentales, que le proporcionaba  su cuñada, Malenia Alterio, para quedarse con su pasta. Segura, venga o no a cuento, sonríe como Pedro Sánchez, a piñón fijo, con la careta encasquetada, y no te crees a ninguno. TVE ha decidido quitarse la serie de en medio vomitando el jueves pasado los tres últimos capítulos. ¿Quién es el lumbreras en La 1 que decidió estrenar una serie cuya emisión se toparía con la Eurocopa y con del verano, que trastoca el consumo televisivo? Podría ser Trancas o Barrancas, y daría el mismo resultado. Es lo que le pasó a Rajoy en su visita el miércoles a El hormiguero. Tiene que superarse a sí mismo. Sin necesidad de ir a divertirse al hormiguero catódico el autor de “un vaso es un vaso y un plato es un plato” nos acaba de regalar una de las reflexiones más emotivas que hemos oído en la campaña, que ve una alcachofa, dice, y zas, no falla, se emociona, sniff, pásame un clínex, joder. Pero cuando más gracia me ha hecho, hasta revolcarme por los suelos, es cuando el autor de haber eliminado la elección de la dirección de RTVE por consenso político, tal como funcionó en la etapa de Zapatero, la mejor, la más premiada, la más independiente, el responsable del descrédito actual, con el Consejo de Informativos en pie de denuncia por manipulación, va y pide una tele y radio públicas “independiente, como la BBC”. Me mata. Este menda es un genio. Su jeta y cinismo son proverbiales. Para divertirnos no tiene ni que pasar por El hormiguero.