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martes, 22 de enero de 2019

Maldeojos. Concha y Paquirrín


Concha y Paquirrín
(Artículo publicado el martes, 15 de enero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Estoy seguro de que no tiene que ver una cosa con otra. Pero voy a intentar llevar a mi terreno el titular a ver qué pasa. Juntar Concha Velasco con Paquirrín, con el patán de Isabel Pantoja por muy pinchadiscos o cantante de discotecas que sea, de extrarradio y fiestas de pueblo donde alcaldes horteras dilapidan el dinero que no es suyo propalando el mal gusto a espuertas. Este pájaro se ha encerrado en Guadalix con una señora, no sé si es la suya, una que pasaba por allí, o algún apaño ocasional, para concursar junto a otras parejas amañadas o no en la última cagada de Telecinco, Gran hermano dúo, y allí estará hasta que le salga de las pelotas y se infle a ganar dinero. Digo bien. Se infle, más de lo que ya está aunque creo que ha reducido sus lorzas. Kiko Rivera gana a la semana, según he leído, cerca de 45.000 euros. Repito, 45.000 euros. Y la parienta 35.000. O así.

     De hecho aceptaron acudir al estercolero sin fin de la cadena de Mierdaset porque así no sólo estarían juntos sino que los dos llevarían dinerito a casa. Dinerito que serviría para que el popular juglar pague sus débitos a Hacienda. Coño, ya tengo el vínculo. Concha Velasco, la gran actriz, la gran artista, también le debe a Hacienda unos cuartos que ha de pagar, como es lógico. Por eso cuando le preguntan cómo se presenta su futuro ella no duda en responder que “no puedo retirarme, tengo que pagar a Hacienda”, es decir, como Paquirrín. Eso sí, hay una, enorme, dolorosa, clarificadora, definitiva diferencia. Concha Velasco conseguirá su dinero subida al escenario, con casi 80 años, dando vida a su personaje en El funeral, dirigida por su hijo Manuel Velasco. Paqurrín conseguirá 45.000 euros a la semana tocándose los cojones.

lunes, 7 de enero de 2019

Maldeojos. Los Torres dicen adiós


Los Torres dicen adiós
(Artículo publicado el domingo, 23 de diciembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Han anunciado que se van, que lo dejan, que ya no juegan a pelearse como chiquillos con los delantales puestos mientras cortan rabos de zanahoria. Sergio Torres y Javier Torres se despiden en La 1 de Torres en la cocina, el programa de ídem que con mucha discreción pero con divertidos y eficaces resultados ha estado en la televisión pública tres años y medio. No son Carlos Arguiñano, que está en otra dimensión. Ni peor ni mejor, es otra cosa. El cocinero vasco, a eso de la una y media del día se pone su careta de bufón, suelta el chiste, su particular monólogo de presentación como hacen los del Club de la comedia o Andréu Buenafuente en su show nocturno, se lava las manos, y empieza a cocinar. Los Torres tiran de calmada ironía, sin alharacas ni sermones, y se centran en sus recetas fáciles y asequibles como norma de la casa. Se van, pero no ya. Lo anunciaron hace unos días, pero es un anuncio de futuro. Que se van, si, pero hacia marzo del año que viene. Por proyectos que tienen entre manos. Torres en la cocina es como un teatro para cocinillas que hacen de público, un poco agobiado, es verdad. Si se despistan les salpica el aceite de freír los calamares. Ahora, como es lógico y hacen los cocineros de todas las cadenas, se ponen locos haciendo recetas navideñas. El otro día hicieron unos huevos rellenos de gambas que los prueba Quim Torra el esloveno y se le quita toda la tontería. Seguro que el malagueño Dani García –tres estrellas Michelín, es decir, que roza el cielo gastronómico-, muy conocido por sus visitas a Masterchef y por otros programas de televisión como Cocineros al volante, también en TVE, o Top chef, en Antena 3, nos enseña a cocinar para creernos que, ya que no podemos comer en los comedores del restaurante del hotel Puente Romano de Marbella donde elabora sus exquisiteces, en casa también podemos sentirnos gastrónomos de exquisito paladar y discreta cartera cuando sustituya en marzo a los Torres.

Paquirrín también
     También nos enteramos de otra lumbrera que se va. Siento mucho tener que anunciar esta triste, insospechada noticia. Prepárense. Agárrense a lo que tengan a mano porque se les puede venir el mundo encima. Advertidos quedan. Paquirrín, el de la Pantoja, el pinchadiscos y eminente cantante de letras de una altura que roza la gloria verbal de los más grandes poetas del firmamento –tu amor me lleva al cielo, y tú me haces volar, si me dices te quiero, no dejo de soñar, o esta otra quizá más sublime, vamos pa´la playa que hace calor a bañarnos en cuero, quiero ver tu cuerpo cómo se mueve que no me entero, vamos pa´la playa que hace calor a bañarnos en cuero, quiero ver tu cuerpo cómo se mueve que no me entero-. Ya se lo advertí. ¿Sin habla, no? Pues bien, el señor de tanta gloria musical y literaria, don Kiko Rivera, se retira de los escenarios porque  “tiene bajón anímico y le es imposible actuar”, se leía en un titular arrasador y temible en Sálvame. ¿Qué les dije? Espero no haberles causado mucho estropicio neuronal. Sin embargo al que no lo bajan ni con agua caliente de los escenarios es a Jorge Javier Vázquez –se quejaba hace poco de que la Academia de Televisión aún no le ha dado el premio que merece. No me ha premiado, dice, siendo uno de los mejores profesionales de este país-, aunque la gira con su última función teatral no ha sentado nada bien en el pueblo tinerfeño de Güímar, cuyo ayuntamiento del PP lo contrató por 31.000 euros, cantidad que a la versión isleña de Podemos le sabe a promoción personal de su alcaldesa, que tiene fascinación con la órbita Sálvame ya que no hay fiesta que no pregone o Lidia Lozano, o Carlota Corredera, el director del chiringuito, David Valdeperas, o el que hace los recados y le lleva el café a la abotagada Belén Esteban. ¿Qué sería de la enganchada audiencia de esta indigesta diversión si a los obreros cualificados del circo les diera un vahído general y tuvieran que dejar el tajo de Sálvame como los Torres la cocina de TVE, se dice ahora que por baja audiencia? Entonces sí sabría la derecha ultramontana e hipócrita lo que significa desestabilizar España.

Cordero de Vox
     Tonterías, clama sin apenas mover un músculo de la cara el líder vigoroso que, a pesar de ir como una bala por el mundo repartiendo sus sabios y caros consejos, descendió a la tierra y, entre otros mensajes, le dio varios, y muy sonoros, con trascendencia que aún colea en periódicos, radios, televisiones y redes sociales, a Vicente Vallés y Diario de Mallorca. Cordero de Vox que quitas el pecado del mundo, salmodió el cura Wyoming en una misa delirante del aznarismo con Dani Mateo de monaguillo, misa que echó mano de imágenes de la conversación con el líder que se bajó de los escenarios de la política para no irse jamás de ella mediante representantes de su religión en la tierra. Qué cansino este tipo. Es más arrogante que un carabinero fresco frente a un langostino congelado del ultramarinos de la esquina para la cena de mañana. El que sí se ha bajado de la escena ha sido Chiquetete, que ha dicho adiós para siempre a los 70 años, hecho que, como un Pablo Casado oportunista, deslenguado y cínico con la traumática muerte  de la chica Laura Luelmo, haciendo política con el cadáver de la zamorana, ha dado sentido a la presencia en Sálvame de la absurda Raquel Bollo, ex mujer del cantante de coplas aflamencadas acusado de maltratar a la colaboradora. Es verdad que la muerte de su ex le ha sobrevenido, pero también que le vale para justificar unos días su patética inanidad en su vuelta al plató del dramaturgo Jorgeja. La que sí me da penita es la gran Carmen Sevilla –cómo me mofaba de ella sin saber que ya empezaba a tener síntomas de esa corrosión de la memoria que la está destruyendo, ay-, que se está despidiendo del mundo, olvidándose de todos y de sí misma, puto Alzheimer. Los guionistas del tito Wyo podrían hacer chistes con el adiós de los Torres y con el cordero de Vox del PP aznariano, pero alguna lagrimilla soltarían con el irremediable de Carmen. Ay.

La guinda
Triunfitos
Si no ha habido cambios de última hora ayer los concursantes de Operación Triunfo, ganadores y perdedores, con la triunfadora de 2017 Amaia Romero y Famous, el de este año al frente, estarían grabado la gala especial de estas fiestas –sí, de estas fiestas, que así lo decía el que escribe antes de que la diputada del PP le afeara a Pedro Sánchez que dijera fiestas en vez de navidad- para el 26 en La 1. Ánimo, el olvido se acerca.

lunes, 6 de febrero de 2017

Maldeojos. Panto-mima



Panto-mima
(Artículo publicado el jueves, 2 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

     El paso de Isabel Pantoja por El hormiguero no sólo ha dejado al programa de Antena 3 con récord, cerca de 5 millones de espectadores, sino que ahora, pasados los días, es cuando empieza a analizarse como se analiza una fórmula secreta. La misma noche de la emisión, en las redes sociales, empezó el castillo a desmoronarse con los ataques al programa, a la tonadillera que se llevó dinero público a su saca, y por eso pasó por la cárcel –palabra innombrable durante el publirreportaje- y a Pablo Motos, por el servicio de limpieza anal que brindó a la Panto-mima. Sin embargo, un paréntesis antes de seguir. El hormiguero ha sido fiel a su espíritu. Allí va la gente a divertirse, la justicia ya habló, y la delincuente pagó por ello. Así que, ande yo caliente y…, dirán los del equipo. Éxito absoluto para programa y cadena –líder del mes-.

     En Espejo público, como es lógico, llevan algunos días sacando pringue al pozo al que tanta gana había de meterle mano. ¿Quién le regaló el perrito que hace llorar, o lo que quiera que sea el gesto de esta mujer estirada que ha borrado de su faz la expresión natural –dicen que la inflan en una clínica de no sé qué pueblo gaditano-? Pues otro que ya no se nombra, Jorge Javier Vázquez, cuando colaboraba con Ana Rosa en Sabor a ti, en la propia Antena 3. El perro se llama Sisi. Nunca hasta el lunes había visto a Francisco Rivera, hermano del disco de oro Paquirrín –en serio, este país está hecho mierda-, y torero, como colaborador de Espejo público. Soltó una de las ironías de la mañana que quizá resuma la locura y el desmadre. Oye, preguntó, ¿será posible tener declaraciones de la perrita, de Sisi? Insisto. Esto se nos va de las manos.

viernes, 9 de diciembre de 2016

Maldeojos. Cáncer



Cáncer
(Artículo publicado el martes, 6 de diciembre, en diarios de EPI PRESS)

     Ha saltado a los medios de comunicación, sobre todo los dedicados a la cosa de la tele, y a otros de información general, que Marta García, presentadora de un informativo en 7TV, la tele de Pedro Antonio Sánchez y su Gobierno en la Región de Murcia, después de luchar contra el cáncer de mama, reapareció en la pantalla con la cabeza rapada, fruto de la quimioterapia y radioterapia. La imagen es algo más que un gesto. Es el símbolo de que las cosas con relación a la enfermedad están cambiando. Marta García tiene una tribuna privilegiada, y la ha usado con valentía para normalizar lo que hasta hace nada era un estigma que había que ocultar. En paralelo, aunque nada que ver con el cáncer de la peleona Marta, la campaña que ha ido tomando forma en las redes para que la gente no vea la última película de Fernando Trueba, La reina de España.

     Copio, textual, la frase, que se las trae, escrita por @Paquirri74, hermano de sangre de Paquirrín. “Este hombre muy buen director pero un hipócrita (sic), devuelve las subvenciones sin vergüenza (sic)”, o fin de la cita, que le diría Rajoy al torerito. A ver, hermoso, ¿que devuelva las subvenciones sin vergüenza –de devolverlas-, o devuelve las subvenciones, sinvergüenza? No es lo mismo. Enseguida, un camionero ha cogido esa Tizona para guerrear junto a otros que se sienten ofendidos por lo que dijo Trueba cuando recogió el Nacional de Cinematografía –ni cinco minutos de mi vida me he sentido español-. Que se vaya a tomar por culo a Francia o Italia, pero vete nadando a ver si te ahogas en el mar, bizco de los cojones. Es lo más suave que le dice. El señor habla con rabia y bilis desbocadas. Hay cánceres con solución, como el de Marta. Otros…

miércoles, 1 de junio de 2016

Maldeojos. Sagas y retoños



Sagas y retoños
(Artículo publicado el domingo, 29 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

      A ver, ¿no les da vergüenza cobrar sin trabajar? La pregunta la hizo Paco Landaluce, vendedor de pescado, la semana pasada en el estreno de La familia pregunta, sección de La Sexta noche de cara al 26J. Yo estoy en el plató, me hacen esa pregunta, soy Albert Rivera, y rompo aguas encharcando los mocasines de Iñaki López y estropeándole la siguiente trola a Eduardo Inda. Pero el tipo no parió. Se movió tenso, miró con sus ojillos de ratón al plasma grande desde el que la familia vizcaína, sentada en el salón de casa, esperaba la respuesta, y apretándose una mano con otra, en ese tic que lo lleva a ajustarse los puños de la camisa mil veces por segundo, respondió que los suyos y el PSOE lo habían intentado y que, aunque entendía su enfado, algo habían hecho. Esta peña lleva ya mismo 6 meses tocándose la berenjena, pero ni un mes falló su nómina, ni siquiera la de Rajoy, al que ahora sacan mucho sin corbata, es decir, un tipo de la calle, un currante, un perroflauta del IBEX 35 como buen monigote de esa familia que nadie ha visto pero notamos su aliento en el cogote. Esta familia sabe lo que hace, y a quién mantener en la cúspide, cuanto más necio, mejor. Querido Jean-Claude, le escribía hace unos días nuestro presidente al presidente de la Comisión Europea recordándole que después del 26J el Gobierno que salga, si sale él, que ya sabe que sí, será fiable, de la familia, es decir, el mamporrero que sujetará con ardor la verga que volverá a follarse a España con nuevos recortes. El pardillo, calla. Olisqueando el vendaval provocado por el cabeza de familia, la naricilla de muñeca articulada de Soraya Sáez de Santamaría se enfrentó a los periodistas con aplomo de cínica experta capaz de negar la evidencia asegurando que Rajoy no quiso decir lo que dijo sino que, pandilla de gilipollas, lo que ha dicho es que está dispuesto a seguir trabajando para “fortalecer el crecimiento” y “crear empleo, gracias”. Ningún periodista se dio la vuelta y la dejó hablando sola como las locas defendiendo al cabecilla del clan, útil hasta que va por libre. Lo alucinante es que una mayoría de votantes no reprueba estas conductas de fulleros. Y los votará.

Que viene Las Campos
Ya sabemos que la familia unida jamás será vencida. Es la idea que, seguro, movió a la aventurera Samanta Villar cuando decidió hacernos partícipes de su embarazo en ese impúdico 9 semanas con Samanta que emitió Cuatro hasta que, la semana pasada, la señora parió doble. Fue conmovedor ver en el parto al maromo de la paya con su gorrito puesto, sus miradas de ternura catódica, y a ella, que fue puta, pobre, pornostart, minera, o bailarina de barra 21 días, en su papel estelar, el de madre, “el más difícil de mi vida”, decía mientras hacía caja sin decoro. Los gemelos nacidos en la tele seguro que tienen un futuro prometedor. Habrá que seguirles los pasos, y para eso nadie mejor que sus papis, aliados de excepción para que no perdamos ripio de sus logros y miserias, de sus triunfos y recaídas, tal vez en la droga, como esquineros, o como cantantes de polígono. Tipo Paquirrín o Andreíta, la de cómete el pollo, coño, ¿mentiendes? Si las sagas políticas ofenden, las de la tele son una pesadilla. Ahí está la de las Campos, Maritere y Terelu, las Martes y Trece del dolor, unas pupas que hacen caja con sus miserias. Creo que Telecinco, con el avispado Paolo Vasile a la cabeza, capaz de advertir la mierda como la naricilla de Soraya se adelanta a las tormentas –la penúltima es la guerra contra los jueces, a los que el PP acusa de ir en tromba contra el partido, que ha de pagar 1’2 millones de fianza por pagar la obra de su sede con dinero de la caja b-, pues eso, que Telecinco ha dado luz verde a La Fábrica de la Tele, productora de eminentes gargajos como Sálvame o Cazamariposas, para grabar el piloto de Las Campos, un Alaska y Mario, pero más mari -¿más?-. Estoy nerviosito perdido, no vivo desde que me enteré. Es lo que anhelo como espectador. No tengo bastante con ver a la mamá y a la hija en el plató de ¡Qué tiempo tan feliz!, con ese derroche de naturalidad que provocan, sino que necesito saber cuándo se levantan, qué desayunan, si eructan o se tiran cuescos, si dicen palabrotas o Bigote Arrocet está todo el rato contando chistes, que yo, con él, me pasa como con otra cumbre del humor, Arévalo, que me mondo, que me retuerzo, que me voy de vareta. Quiero saber si hay risas después del amor, que tiene que ser un número ver a la Campos madre tirada en la cheslón abierta de zancas mientas el bigardo se la trajina, eso, todo eso, quiero verlo en el programa de Las Campos.

Televisivos y élite
Y luego que hagan otros para otras sagas. La de los Matamoros estaría genial. Sería imprescindible la de Belén Esteban, y obligatoria la de Ana Blanco. La señora Anne Igartiburu se retira unos meses para parir. Pero no lo hará al estilo Samanta. No abrirá las piernas ni resoplará ante una cámara, ni le cogerá a su hombre la mano mientras la matrona le dice, así, empuja, empuja, así, lo estás haciendo muy bien, y ella, sudorosa, consigue expulsar al hijo ante la audiencia. ¿Traerá Igartiburillos para seguir otros 30 años con los líos de corazón, eso sí, ajenos, que ella no se expone, salvo cuando va a Canal Sur y habla en “andalú” por su marido granaíno? Lo que yo creo de las sagas es que cuanto más conocidas son, menos importancia tienen. Los clanes televisivos son rancho popular, adormidera de las masas, distracción. Mientras, la élite, las familias que parten el bacalao, se ocultan, nada sabemos de ellas, no se prestan al juego de exponerse en sus casas como una Preyler cualquiera con su Mario Vargas Llosa ocasional. Lo sabemos casi todo de la empresa Alaska & Mario, pero desconocemos casi todo de los Pujol, Botín, Koplowitz, Aznar, Ortega. Mientras la prole de los televisivos entretiene con vulgaridades y simplezas, y trabajan para ocupar su puesto en los platós, los hijos de la élite se preparan, off shore de miradas indiscretas, en colegios de alto rendimiento. Y piensan seguir ahí, en la cúspide, pero en la sombra. 

La guinda
Que renueve
Se despidió el lunes con un capítulo memorable, Cambio de tiempo, El ministerio del Tiempo que ha emitido La 1 en su segunda temporada. En el último capítulo, irónico como todos, atrevido, moderno y peleón, Felipe II, tras la derrota de la Armada en las costas inglesas, decide viajar al pasado para corregir los errores y hacer que sea, de verdad, invencible. TVE no debería dudarlo. Que renueve por una tercera temporada.

martes, 12 de mayo de 2015

Maldeojos. Qué duro es ser Belén Esteban



Qué duro es ser Belén Esteban
                         (Artículo publicado el domingo, 10 de mayo, en diarios de EPI PRESS)


      Toda una vida para llegar a ser el adefesio que es hoy. Tiene mérito. Tiene mérito luchar por la vida para conseguir no tenerla. Es tan admirable como risible su cazurra tenacidad. Belén Esteban ha peleado mucho para poder decirle con solvencia a su Andreíta que se como el pollo, coño. Los que tenemos memoria catódica la recordamos desde el comienzo de los días. Siempre ha estado ahí. Pero no, sólo lleva 16 años en activo, condenada por ella misma a ese cadalso de mugre y pus. Qué duro es ser Belén Esteban. Ha de ser duro, supongo, codearte por los pasillos de tu cadena con siliconadas mama pollas, siliconadas rasas, analfabetos cocainómanos, analfabetos a secas, cocainómanos sin atributos, putas, chulos, delincuentes, hormonados, espantajos, histéricos, zorrones, mariquitas ególatras, mentirosas, buscavidas, decenas de buscavidas, sabiendo que tú misma eres una pieza de ese puzle atroz, condenada a ser en público durante 24 horas como la ordinaria y vulgar señora que eres en privado, condenada a llorar porque al salir de tu encierro como gran hermana te enteras de que tu Migue te ha puesto los cuernos, condenada a poner esas caras de asco y hacer esos aspavientos ante tus compinches de salón, condenada a ser tu propio verdugo, a irte y a volver, a echar mano de Jesulín, tu mentor, para alimentar tu pobre vida de bufona del pueblo, a contar tus miserias sí o sí, lo único que tienes, a venderte ante el espejo como un mal paño, qué duro es ser Belén Esteban, coño, has ganado Supervivientes pero has tenido que oler los pedos de Kiko Rivera, un Paquirrín al que le tiene que oler el alma, qué tragedia, te organizaron tu vida como una diva chusca y perdiste la ocasión de ser una feliz ama de casa que veranea con los críos en Benidorm. Lo has perdido todo, Belén, por ganar tanto. 
Toda una vida para llegar a ser el adefesio que es hoy


La condesa pija
      
    Qué duro es ser Esperanza Aguirre y tener que abrazar a negras señoras inmigrantes un día y al siguiente acostarte con mala conciencia de “pija pata negra” y poner los sentimientos en su sitio colocando a los inmigrantes en el suyo, fuera de los parques y las calles, coño, que afean y asustan al personal, decía la pájara en una alocución de católica mala, de perra ultraconservadora en celo, de vende biblias a legos e ignorantes sin alma con nucas altivas perfumadas de Channel. Qué duro es ser Espe y tener que acudir a lo de Maritere Campos y echarte un chotis en mitad de la pista para divertir al populacho como una chabacana Esteban, el mundo al revés, una condesa arrastrada al lodo de ser una cualquiera para levantar la audiencia, convertida en viagra política para no ser menos que esos jovenzuelos que conectan con otros perroflautas sin tener que compartir plató con la pandilla amojamada de la Campos. Qué duro es ser Aguirre y decir hoy que no acudirá a La Sexta jamás de los jamases por manipuladora y sesgada y mañana, con la campaña electoral al cuello, agachar la estola y acudir a La Sexta Noche a someterse, ELLA, a las preguntas de una periodista avispa, Cristina Pardo, una pamplonica irónica, que no pierde la sonrisa ni deja escapar a su presa con facilidad, que no levanta la voz pero tampoco agacha la cabeza –no voy a hacer las preguntas que le gusten a usted, le decía Cristina a una Aguirre rabiosa, que se tragó los datos que desenmascaran sus mentiras, su cínica amnesia, su falta de escrúpulos, su populismo de mercadillo-. Qué duro es ser Esperanza Aguirre y tener que acudir a vender su moto entre hormigas, a reírle las gracias a Trancas y Barrancas, y empezar tu semana con Pablo Motos sabiendo que en ese río tal vez no haya peces que llevarse a la cesta. Qué duro es saberse la mejor y tener que vérselas con aprendices de chichinabo o con jefes de sección de grandes áreas como Antonio Miguel Carmona, que también bailó con la Campos como socialista en lucha por la alcaldía de Madrid. 
El polémico abrazo de Esperanza Aguirre a  una inmigrante negra
Un día se abraza a negras inmigrantes y al siguiente se recolocan los sentimientos poniendo a cada cual en su sitio, y desde luego los mendigos, inmigrantes y demás ralea no tienen sitio en las calles, en los parques porque, a todas luces, los afean y asustan a la gente de bien.



 Rus, el contador
      
     Qué duro es ser candidato a la alcaldía de Xàtiva y presidente de la diputación de Valencia y tener que agazaparte en un coche para contar dinero como un mafioso, con lo lindo que hubiera sido hacerlo en la barra del bar, joder, con tu puro entre los dientes, altivo y chuleta, con ese desparpajo del que se sabe impune porque así es el microclima político en el que se mueve, qué duro es ser Alfonso Rus y verte rodeado de cámaras cuando vas a ver a tu equipo en vaqueros, descamisado, con tu señora al lado, rubia como los trigos de Pantene, sonriente como princesa feliz en su ignorancia, y tener que soportar la impertinencia de una periodista que te pregunta sin rodeos, “¿usted ha metido la mano en algún momento”? y tú, rápido, al estilo ordinario de Sonia Castedo, también del PP, contestarle, “sí, en el bolsillo”. Qué duro es ser Alfonso Rus y tener que tener siempre un “como no votéis a Cañete os doy una paliza”, qué duro es tener siempre en la recámara la bala de una salida fallera para enmascarar al fullero que llevas dentro. Qué duro es tener que advertirle al jefe del PP que ojito, que se vaya preparando Alberto Fabra, que hoy no hablará de él y que, como dice José Mota, lo hará mañana, o sea, después de las elecciones. Qué duro, en fin, es ser Pablo Iglesias y no poder reírte como se ríen los mortales sino esbozar sonrisas con mensaje, nada de risa gratuita mientras esperas una pregunta que has de solventar en milésimas de segundo, momento en que la incipiente sonrisilla desaparece dejando en el rostro ese peso, esa gravedad, esa amenaza, ese plomo de verte ya dirigiendo un país en llamas, un pueblo necesitado de un salvadorcito que no puede dudar jamás, y Pablo jamás duda, qué canguelo. Quizá no vaya a echarse en brazos de Maritere, pero ha de acudir a La Sexta noche para levantarle el share a Iñaki López, que es joven y seguro que lo tiene siempre dispuesto. Es mucha responsabilidad, es muy duro actuar como presidente in pectore. Es durísimo ser Belén, Esperanza, Antonio, Alfonso, Pablo, tirarte al ruedo de la tele y que el dios catódico reparta suertes, o para salvarte o para condenarte. Qué dura es la vida de estos muñequitos.
Alfonso Rus, un alto representante de la política valenciana, simboliza en esta imagen la forma de dedicarse a ella, mero espectáculo, bochornoso y zafio, para ocultar sus trapacerías. Ah, ha dimitido como presidente de la Diputación -por motivos personales, dice el menda-, pero seguro que arrasa en las elecciones del 24 como alcalde de Xàtiva. Este país premia la corrupción. Duro, pero así es.




La guinda
Don Jesús
Todos lo han imitado, ninguno lo ha superado. Es Jesús Hermida, el hombre cuyo nombre, obra, palabra y omisión, va unido a la tele. Es la tele. Y se nos ha ido. Trajo a este país con telarañas en los platós la luz, el ritmo, lo malo y lo bueno de lo que hoy vemos. Qué pena que su última entrevista a un personaje de relumbrón, el rey Juan Carlos, fuera una pantomima, una burla al periodismo. Pero gracias, descanse en paz.