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domingo, 3 de septiembre de 2017

Maldeojos. Basura



Basura
(Artículo publicado el domingo, 27 de julio, en diarios de EPI PRESS)
      Tenía olvidada en el rincón de relax total a la chispeante Toñi Moreno. Por cierto, cada día me recuerda más en su alocada inanidad, simpleza, torpeza, viva la virgen, aquí no pasa nada, yo soy la tonta del bote y este programa mi profeta, a la solemne estulta, a la carismática necia, a la rimbombante petarda Mariló Montero. No sé por qué, pero hay cosas que sin saber, sabes. Hay comparaciones que te vienen a las mientes, las mientas, y te suenan bien. Esta es una de ellas. Toñi Moreno me recuerda mucho a Mariló, quizá porque ninguna se come mucho el coco para soltar lo primero que le sabe de la boca sin triturarlo antes por eso que llamamos reflexión. Total, que la tenía en un olvido médico, convaleciente, recetado por mi doctor. No la busques, me decía, total, la han aparcado en Telecinco haciendo cosas de Telecinco en el día y la hora en que Maritere Campos hacía lo mismo, tele para Telecinco.
      Pero una tarde me la encuentro liderando un corro de maris que chismorrean como maris que se juntan con manueles que hablan como maris. Es, creo recordar el nombre, Viva la vida. En verdad que esta cadena otra cosa no tiene, pero saber poner nombres a programas que nada tienen que ver con lo que ves, lo sabe, es una maestra. Viva la vida, creo. Madre mía. Y allí está la Toñi, con cara de me importa una mierda pero págame a fin de mes, manejando unas boñigas enormes sobre ridículos seres que sólo conoce quien ve esa cadena. Hablan mucho sobre una ordinaria que responde por Lucía Pariente. El rato que aguanto viendo esa basura sólo hablan de quien pasó por Sálvame hace unas horas. Demasiado para mí. Schopenhauer es más divertido.

domingo, 6 de agosto de 2017

Maldeojos. Trabajando



Trabajando
(Artículo publicado el martes, 1 de julio, en diarios de EPI PRESS)

     La otra mañana me llamó la atención lo obvio. Es decir, alguien, en julio, en su puesto de trabajo, esperando las vacaciones, supongo, en agosto. O sea, el mes raso, el mes de precepto legal –sin entrar en otras consideraciones-. Las estrellas de la mañana y de la noche hace algunos días que se apartaron de los focos dejando en su lugar a gente de su equipo, a “los segundones”. Ni está Susana Griso ni está Ana Rosa Quintana, ni por supuesto la otra dama de la mañana, don Antonio García Ferreras, ni las vedetes de las noches, ni el El Gran Wyoming ni Pablo Motos. Mientras desayunaba, en vez de pasar veloz por La 1, como suelo hacer porque apenas hay asuntos que me llamen la atención, algo me retuvo en La mañana. Secuestros virtuales, se leía en el titular, una frase que forma parte de un lío de compartimentos con imágenes del estudio, de la posible conexión en directo, y del que espera su turno para entrar en otra conexión. No me extraña que las personas mayores no sepan descifrar el galimatías visual.

     La policía acaba de detener a dos delincuentes que forman parte de una banda dedicada a la extorsión. Te llaman por teléfono, te dicen que tienen retenido a tu hijo, te piden una cantidad de dinero, te lían, y hay quien acaba enviando el dinero, en el caso tratado, a Chile. Lola y Carmen cuentan su dramática experiencia. La historia me atrapa. Pero lo que de verdad me llama la atención es ver en su puesto de trabajo a la presentadora de cabecera del programa, a María Casado. La hacía de vacaciones, de vacaciones largas, de un par de meses, como las que se tomaba la divina abstrusa Mariló Montero. Pero no, María Casado estaba en su sitio, trabajando, esperando que llegara agosto.


miércoles, 1 de marzo de 2017

Maldeojos. La cateta



La cateta
(Artículo publicado el sábado, 24 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

     Regresó a España, a la tele, y al plató de un programa estrella como invitada, como una luz cegadora, como el maná, como el mesías que sube al monte, escribe la ley, y baja a ver los mortales para echar un ratico con ellos. Después de unos meses fuera de España, qué bien se está en casa, dijo, tuvo a bien hacernos partícipe de su regreso, ella, Mariló Montero. Seguro que mucha gente no tenía ni idea de que esta señora se fue hace ocho meses a Nueva York porque en los mercados seguía habiendo lechugas, abrías el grifo y el agua manaba, el PP ha seguido haciendo de las suyas con la justicia, afilando la punta de su bota para sanear aquello que no se ajustara a su interés, y hasta el aire seguía ahí sin que el planeta entrara en implosión irreversible. Pero Pablo Motos, melifluo y sin garra, la recibió en El Hormiguero como una especie de tótem, de eminente pensadora.

     El resultado fue uno de los programas más necios, aburridos y cargantes de los que he visto. Eso de “viene a divertirse al hormiguero” quedó en “vamos a machacar a la peña con las payasadas solemnes de la navarrica”. Mariló quiso demostrar en todo momento que su paso por Nueva York le ha cambiado, que es otra, que tiene ideas revolucionarias para darle la vuelta a los programas de televisión, que no aceptará cualquier cosa, que su cabeza tiene dentro lo nunca visto, que allí se ha hecho una experta en análisis político, y para demostrar todo eso, como hacen los mediocres, se puso intensa, huera, petulante, sin sentido del humor, grave. Insisto, una petarda que arruinó la noche. Cuando contó su batallita para conseguir, por favor, por favor, una foto con Woody Allen y la forma de abordar a un espantado George Clooney, salió la verdadera señora, una cateta en NY.

viernes, 13 de enero de 2017

Maldeojos. Pulsaciones



Pulsaciones
(Artículo publicado el jueves, 12 de enero de 2017, en diarios de EPI PRESS)

     No me extrañaría que Mariló Montero, la denigrada, la de las salidas de tono, la loca que soltaba en el plató lo primero que pillaba a mano en su magín, esté ahora diciendo, qué, qué me decís, no estaba tan chiflada cuando reflexioné en voz alta al decir que no está comprobado que el alma no sea trasplantada con los órganos. ¿Y ahora qué? Yo que ella volaría de Nueva York a Madrid, con billete de vuelta, señora, tampoco se pase, me plantaría en el plató, echaría una mirada de fuego, y me iría dando un portazo a esta España burra que no la comprende. Ahora resulta que viene Antena 3 y Globomedia, y Emilio Aragón como director, estrenan la serie Pulsaciones, y basan la historia en la línea incipiente de investigación que lleva una científica franco-canadiense sobre que el corazón como órgano tiene memoria. Pero ojo, Mariló, no flipes, es sólo ficción.

     En Pulsaciones, un neurocirujano, Pablo Derqui, recibe el corazón de un periodista que ha sufrido un accidente, Juan Diego Botto, y empieza a notar vivencias que jamás notó antes. En el primer capítulo, al principio un poco lento, como si no acabara de centrarse en el ojo de la tormenta, vemos que el trasplantado acaba frente a la casa del periodista y reconoce a su viuda, Ingrid Rubio. Está claro que su vida ha cambiado porque siente que tiene que resolver lo que dejó pendiente su donante. La historia es interesante, y está narrada con una planificación y sintaxis atrevida, igual que la elección de actores, Leonor Watling entre ellos, o sea, apostando por caras que no son las de siempre. Que los escenarios exteriores tengan relevancia añaden vivacidad y grandeza a la producción de Globomedia, que parece, con Vis a vis, haberse quitado la caspa de encima. Véanla.

viernes, 26 de agosto de 2016

Maldeojos. Terrorífica



Terrorífica
(Artículo publicado el domingo, 14 de agosto, en diarios de EPI PRESS)

      A raíz del incendio en La Palma el martes pasado, con el fuego desbocado y en manos del tiempo, de la humedad, de los vientos, me paré un poquito en La mañana. Allí, en La 1, estaba una repeinada Silvia Jato. Al principio, su aspecto me pareció uno más, es decir, que respondía al capricho del equipo de maquillaje, que va cambiando la imagen de las presentadoras. Hoy, pelo lacio, mañana, rizado, al otro, en perifollo cardado. Pero descubrí que ese pelo engominado, hacia atrás, tirante, no era sólo un capricho sino un atinado retrato sicológico de la presentadora que ahora, por 1.200 euros al día, sustituye a Mariló Montero. Ha leído bien. 1.200 euros cada día se lleva la presentadora mejor pagada –sin duda- de la televisión pública, una auténtica provocación. ¿Qué tiene Silvia Jato que no tengan otras, qué aporta, qué imagen da?

      Me resulta dura, mandona, cortante, dejando claro que ella es la jefa de pista, usando palabras gruesas, sensacionalistas, para hablar del “terrorífico” incendio, al más puro estilo de Pedro Piqueras -que tiene la habilidad de hacer los informativos más vistos y los de menos credibilidad, los más irrelevantes-. También es terrorífica para Jato una reyerta entre clanes de la droga, y terrorífico el resultado del mismo. La presentadora tiene una vocecita afinada, nerviosa, inquieta, ese tipo de presentadores que hablan y hablan como si les diera miedo el silencio, rellenándolo de reflexiones al tuntún. Pero la que me mató, hablando del incendio mentado, fue la petición a la audiencia, y supongo que a todo bicho viviente, incluido su novio Alberto Fabra –ex presidente valenciano- de “rezar para que el incendio acabe”. ¿Rezar para controlar el fuego? Mariló, baja.