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martes, 17 de diciembre de 2019

Maldeojos. Rajoy es Rajoy


Rajoy es Rajoy
(Artículo publicado el jueves, 12 de diciembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Que sí, que ha vuelto. Por interés, pero Mariano Rajoy ha vuelto. Ha vuelto  como vendedor de memorias, de sus memorias. Claro que tampoco hay que volverse loquitos, que las memorias en este país están sobrevaloradas. ¿Quién no tiene un libro de memorias? Sí, hasta Belén Esteban, para qué obviarlo. Fue Thais Villas, que estuvo sembrada, quien gastó un broma con perfiles de crueldad lacerante, como las que a veces gasta El intermedio, a Rafael Hernando y a Javier Maroto, a los que leyó para su juicio un párrafo de Rajoy con pega. Alabaron la reflexión del ex jefe, pero en realidad era un párrafo de la ex cajera, diva de Telecinco. Ferrán Monegal, que actúa en La Sexta noche, sentenció sin flaqueza. No sé si en el fondo son iguales, quizá no haya tanta diferencia, soltó el comentarista televisivo.

     Tampoco entiende el crítico que a don Rajoy se le trate “con un buenismo en los medios que no entiendo”. Recordemos, dijo Monegal, que cuando llegó al Gobierno en 2011 había sólo un 22% de independentistas en Cataluña, y cuando se fue, un 44%, ahí lo dejo. El martes, en ese forzado recorrido “buenista”, es decir, blanqueador, sentó su culo en el sillón de El hormiguero, y San Pablo Motos lo acogió en su seno. Y echaron unas trisas, como es de rigor. En este tipo de formato el invitado va a explayarse, sabe que no va a ser sometido a un tercer grado como ex gobernante porque prevalecerá “el lado humano”. Sin embargo, Rajoy dotó de “cero euros” a la Memoria Histórica, logró que te despidan por baja laboral aunque esté justificada, y vació la hucha de las pensiones que Zapatero llevó a los 64.000 millones. Eso sí, simpatiquísimo el señor. Rajoy es Rajoy.



jueves, 8 de septiembre de 2016

Maldeojos. Rajoy y la BBC



Rajoy y la BBC
(Artículo punblicado el domingo, 4 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)

     La imagen del verano, en el apartado gañán de la elección, es el braceador que más me tiene pillado. Yo creo que no hay nadie en el país, quizá en el mundo, que camine así, que mueva los brazos así, que ponga la cara y los labios así, que de tanta grima, coño, y acabe uno torciendo el gesto cuando ve a Mariano Rajoy en una de sus caminatas. No tengo que extenderme mucho en la descripción porque este verano, mientras el tío iba y venía por los andurriales gallegos pidiéndole a san Santiago apóstol que ni de coña se forme Gobierno, que se está como dios en funciones, que haces lo que te sale de la bola y no das explicaciones ni a María Patiño que te las pidiera, por mucha vena que inflara apelando al verdadero periodismo, pues eso, que este verano hemos visto al gallego más de una vez braceando como sólo él bracea en el mundo, doblando los brazos a la altura de las lorzas en un estricto ángulo de 45 grados, es decir, el braceo va del hombro a la raya del ombligo dando la imagen atroz de un muñeco articulado que provoca hilaridad y angustia. ¿No hay nadie que le diga que así no se echa uno al monte, que así no hay quien te tome en serio, que así hasta los perros de la Moncloa se parten la mandíbula a espaldas del presidente cada vez que por la mañana sale el huevón con esos andares de estrambótico militar de circo? Bien, pues siendo esto grande –notable diría mi hombre-, no es nada comparado con lo que sale por su boca. En campaña electoral los políticos dicen que bajarán la luna para que los enamorados se la rifen, que habrá langosta para todos, y que por desear, tus deseos son órdenes, incauto votante. Cada cual se queda con lo que le interesa. Los del fútbol con que será gratis. Los profesores con que volverán a ser prestigiosos. Los pensionistas con que subirán las pensiones, y que si votan al otro no sólo no subirán sino que peligran. Yo me quedé con el ojo torcido con el braceador Mariano Rajoy. Dijo don Mariano que lo que deseaba, soñaba, y le excitaba era tener una tele en España como la BBC. Tuvo cuatro años para conseguirlo, pero hay que ser canalla y un cínico de manual para decir eso con un brazo y dar mamporros con el otro para derribar RTVE, para desprestigiar el tinglado público, para desmantelar una tele hasta hacerla irrelevante, y el hazmerreir del resto.

Tú serás mi esbirro

     Ya me imagino a Rajoy renegando de sus palabras en cuanto le pusieran delante al Stephen Sackur español en su media hora de Hardtalk, una entrevista para BBC World News en donde el periodista no pide permiso para preguntar sino que, tranquilo, sin alzar la voz, acorrala con educada maestría al invitado, que se puede retorcer como una alimaña, pero acaba de nuevo frente a la pregunta del principio. Rajoy quiere una TVE como la BBC como yo un cuadro en mi salón pintado por Humberto Janeiro, como yo ver juntos a Bertín Osborne y a Paz Padilla, como yo creerme los arrumacos por el cambio entre el maduro Rajoy y el bombón Albert Rivera. Abramos un apartado para este tipo, ese joven eléctrico que transmite un nerviosismo de adolescente pajillero que sólo piensa en meter. Nunca sabe si reír o ponerse serio, así que siempre aparece en la tele como inquieto, como si le picara algo por dentro, y no sabe si sacarse el puño de la camisa, abrocharse la chaqueta o mandar a la mierda la corbata. No para. Tiene azogue. Es lógico, en ese sinvivir interno de ríos revueltos y demonios cojoneros, que hoy diga que a Rajoy ni agua y mañana le llene palanganas de almíbar y néctares exquisitos. Es lógico que se haga la foto con el Consejo de Informativos de TVE el 14 de octubre de 2015 para garantizarles que si tocaba poder exigiría que la elección de la dirección de RTVE se haría si era aprobada por, al menos, dos tercios del Congreso, es decir, volver a ley que aprobó Zapatero y que llevó a TVE a su etapa más brillante, respetada, y con mejores informativos, premiados y reconocidos dentro y fuera del país, y al tiempo, en la escena de la firma con Rajoy para la no investidura, el acuerdo entre Ciudadanos y PP hable de que se nombrará a la dirección del emporio público “en base a criterios de profesionalidad y excelencia”. O sea, que volverá a ser el Gobierno quien saque su dedo y nombre a su esbirro.

Murcia, qué dócil eres

     Carlos Alsina, el hoy renombrado y reconocido periodista, ese que sin levantar la voz, pero sin soltar la presa, puso en ridículo varias veces a Mariano Rajoy no porque fuese su intención sino porque su interlocutor se mostró noqueado ante preguntas tan fáciles de responder pero tan difíciles de asumir por alguien acostumbrado al escapismo, ese, preguntado por la relación entre periodistas y poder dice que el poder quiere muñecos de ventrílocuo, y a ser posible que no se note que maneja el muñeco. Vaya. Según la famosa grabación que circula por redacciones, redes, diarios digitales, despachos, y saltado de un amigo a otro, Juan de Dios Martínez, responsable de RTVE en Murcia, ha descorchado el champán y ha dejado salir al ventrílocuo que lleva dentro al servicio del PP. Qué vergüenza. Cuando doña Cospedal I de Castilla se encocoraba contra la tele pública de Zapatero reclamaba en realidad un modelo de televisión como el que ahora dice representar el murciano Juan de Dios, es decir, tener a mano un ventrílocuo eficaz, a tope con la causa, dispuesto a todo, y que no se note, joder, y mucho menos que lo reconozcas –la información la doy como yo quiero darla, dice el murcianico, o sea, que la manipula a su antojo-, aunque sea en un corte robado. Ya puede el amante súbito de la BBC, mi Cid braceador, mi braceador campeador preferido, poner en práctica su amor, llegar con la escoba, el recogedor, la fregona y el amoniaco, y hacer limpieza profunda. Y que baje a Murcia, qué dócil eres. Por cierto, ¿ha dimitido ya Juande?

La guinda
Misterio zoom
Lo de Íker Jiménez sí que es un misterio. No sólo se sube cada domingo a la nave de Cuarto Milenio, esa en donde pone caras muy serias para no descojonarse echando por tierra su mascarada sino que ahora, Cuatro, y va por la 12 temporada, le regala otro tiempo al que llama Cuarto Milenio Zoom que se emite antes del original. ¿Qué hay detrás de la histeria de Pokemon Go? Íker lo cuenta el domingo. Aguantando la risa.

miércoles, 29 de junio de 2016

Maldeojos. Ganadores, otra vez



Ganadores, otra vez
(Artículo publicado el martes, 28 de junio, en diarios de EPI PRESS)

      En España ha ganado las elecciones un partido que alza su poder sobre una base podrida de fango, un partido que según la justicia se financia de forma ilegal, un partido del que ya ni sorprenden sus fechorías, ha esquilmado el estado de bienestar, y ha hecho del engaño y el miedo su motor -¿sólo yo sentí vergüenza de un Rajoy catatónico, entre excitado y estupefacto, en el balcón del PP?-. En Reino Unido ha ganado la opción troglodita del nacionalismo ramplón y xenófobo de abandonar la Unión Europea como el cateto que mira de soslayo al forastero con una mezcla de temor y arrogancia, y el miedo a un terremoto político, que lleve a otros países de los llamados euroescépticos a referendos parecidos, recorre desde el viernes un club que ha despertado de su inopia.

     La Bolsas, acojonadas, parecían cabritas de monte en pánico, y el Ibex-35 alcanzaba la bonita cifra del 12’35% de pérdidas, una cosa jamás vista. En EEUU soltaba su rebuzno Donald Trump diciendo que la salida de Reino Unido de la UE era algo “grandioso para que los británicos recuperen su país”. El mismo viernes, cuando los votantes echaban a las urnas su decisión, se iba forjando otra tragedia en forma de pregunta angustiosa. ¿Podrá seguir participando Reino Unido en el festival de Eurovisión? Esta sí que no se la salta el galgo Trump ni el payaso Boris Johnson, ex alcalde de Londres y aspirante a primer ministro, unido al yanqui por sus ideas de hooligan y, sobre todo, por su irresistible cabello naranja. Bien, el mundo se hunde. Pero Sálvame de Luxe fue líder el viernes con la visita de Víctor Sándoval, y el fútbol fue líder el domingo. Lo entiendo todo. Todo encaja.  

lunes, 27 de junio de 2016

Maldeojos. Las víctimas



Las víctimas
(Artículo publicado el sábado, 25 de junio, en diarios de EPI PRESS)

     La Ley del Menor tiene unas líneas rojas, y cuando ha dicho no es que el programa las ha traspasado, y al traspasarlas, por mucho “ánimo social y de ayuda que haya” –lo de las comillas es mío por ver si se entiende la ironía-, y hay un huevo, como lo hay en el negocio de la tele, la Fiscalía del Menor –de Madrid, Cádiz y Segovia- ha dicho no, no se puede emitir Proyecto Bulling. Mediaset, abanderada del rigor, de los informativos que son ejemplo de credibilidad, con programas de calidad contrastada, preparó la cosa para Cuatro –Supernanny, Hermano mayor, ejemplos de lo que la cadena entiende por ayuda a niños y jóvenes, o Granjero busca esposa, pensando ya en carlancones-. El jueves escribía una columna sin haber visto el programa, aunque me temía lo peor, y dejé escrito que si cambiaba de opinión al verlo el miércoles, escribiría el desagravio.

     No va a ser necesario. Me reafirmo. Proyecto Bulling es una buena ideaque intenta ayudar a escolares, niños o adolescentes a superar el insoportable acoso escolar que viven en sus aulas, algo que nuestra sociedad, desde padres, colegios, o fiscalías del menor han de erradicar educando desde la base, tomándose en serio las denuncias al menor atisbo. Desde la base, digo. Educando. Proyecto Bulling es una buena idea pero hay un pero. Es un programa de televisión. Ni siquiera se justifica el uso de niños, y digo uso en todo su significado, aunque lo presente Jesús Vázquez –acosado cuando crío por ser gordo, con gafas, y con pluma, un tipo sensato y razonable, coño, parezco Rajoy- . Claro que hay que abrir un debate sobre el acoso escolar. Pero que Cuatro no se convierta en víctima. Las víctimas, en manos de una cadena, vuelven a ser los niños.

sábado, 26 de diciembre de 2015

Maldeojos. Lío



Lío
(Artículo publicado el martes, 22 de diciembre, en diarios de EPI PRESS)

     Tenía que haber estado Alejandra Avenia en la sede del PP detrás de las bambalinas para contarnos qué ocurría allí, igual que hace en los concursos de Telecinco. Pasadas las doce de la noche me temí lo peor. O le estaban dando collejas al líder para que saliera de una vez o sopesaron la posibilidad de sacar un plasma con muelles para que saltara de alegría por haber ganado las elecciones. Al final, por no soportar los pellizcos en la curcusilla que Esperanza Aguirre le daba a Rajoy éste salió derrochando alegría, tal como vimos en su cara. Estaba radiante. Tanto que dio dos saltos. Uno, y dos. Y ahí paró en seco la celebración del triunfo. Su mirada perdida y su risa lela parecían decirle a Visi, cielo, qué coño hacemos aquí, vámonos a casa. Fin de la cita.

     La noche electoral dio más de sí. Es la primera vez que España cierra los colegios, hace recuento de votos, y se va a la cama sin presidente seguro. No es la primera vez en estos últimos años que de nuevo La Sexta demuestra su poderío informativo para vergüenza de la televisión pública, que fue vapuleada por la privada. A Ana Pastor la premiaron con un plató la mar de divertido. Daba vueltas, el canalla. A veces, mientras Ferreras le daba paso, pensé que se le iba la olla al que manejaba el columpio, apretaba el botón, y convertía en un tiovivo perverso el absurdo juguete esturreando a los analistas por el suelo. Me fui a la cama refunfuñando. No es senadora Carmen Lomana, por todos los dioses. Este país no tiene remedio. Menos mal que Pablo Iglesias me alegró la noche. Entendí todo lo que dijo en su “speech” a los medios anglosajones. O su nivel de inglés es tipo Paco Martínez Soria o en enero le digo a mi profe que sí, que sí se puede.
Han ganado las elecciones. Y eso se nota por dentro y por fuera. ¿O es que no se ve en sus miradas desbordadas de alegría?

martes, 8 de diciembre de 2015

Maldeojos. Rajoy, hermano mayor



Rajoy, hermano mayor
(Artículo publicado el domingo, 6 de diciembre, en periódicos de EPI PRESS)

      Perdonen que empiece estas letras hablando de mí. Es verdad que quienes escribimos, de alguna forma hablamos de nosotros mismos. Unos lo exageran más convirtiendo lo que escriben en un homenaje permanente a un ego siempre insatisfecho y voraz, pero el resto quizá no necesitemos tanta referencia ególatra. A mí mi padre jamás me puso una mano encima. Quiero decir que jamás me dio un zurriagazo, jamás me pegó. Mi padre ejercía una autoridad sutil que no necesitaba manifestarse con ningún tipo de evidencia –tortazo que te crió, castigos monumentales, reprimendas recurrentes-. No así mi madre, que nos corría por la calle con la zapatilla en la mano dando voces, y cuando nos pillaba nos llenaba de cardenales el brazo con sus pellizcos de monja viciosa. Cuántas veces lo hemos recordado en casa y cómo nos hemos reído, aunque mamá, amnésica de repente, dice no recordar nada de “esos inventos”. Recuerdo un día en que mi hermano y yo, en la calle, nos peleábamos dándonos guantazos. Mi padre apareció al fondo de la cuesta. Se nos cortó el rollo. Al llegar a casa, con la mirada nos dijo que entráramos. No tuvo que decirme nada. Me apretó un poco el brazo y me dijo que fuera la última vez que viera a dos hermanos pelearse. Punto. Me meé. Qué va, mi padre era un bendito, no crean que le temíamos como se teme a esos padres oscuros, agresivos y distantes. Con él también recordamos con ternura aquellos días de infancia y primeras marcas, es decir, educación en los límites, teniendo al lado a alguien que te dice hasta aquí puedes llegar pero hasta allí no, el respeto al otro es ley y la bondad no es debilidad sino fortaleza. La semana pasada vimos al presidente del Gobierno ejercer de padre por encima del cargo. Es una escena de apenas 20 segundos, pero encierra toda una lección para la vida en un tiempo en que la educación de los críos pasa por momentos de extrema tontería.

 Medicina baratísima

      A los críos no se les puede regañar mucho porque se traumatizan, ni dar un cachete porque pillan una depresión que te cagas. No se les puede decir no porque se les corta su espíritu libre y castraríamos su futuro. Muy bien. Y entonces llega el presidente y a su hijo Juan Rajoy, de 10 años, le da unas collejas en un estudio de radio por decir en directo que los comentarios del periodista Manolo Lama a un videojuego eran no sólo mejorables sino basura. Esas imágenes recogen una escena que para mí se ha convertido en reveladora. Es de las pocas veces que he visto a Mariano Rajoy sincronizado consigo mismo. Es decir, que el que piensa es igual que el que actúa. Le salió el padre que es por encima del presidente que lo domina. Fueron dos segundos apenas, los justos que no pudo controlar, lo que va de su mano al cogote del hijo, lo que tarda una colleja en inclinar la cabeza del otro. Se ha dicho que es la primera vez que un Rajoy dice la verdad, refiriéndose a que el niño acertó en su análisis sobre los comentarios de Lama al videojuego. No sé ni de qué videojuego hablan, pero eso no me importa. Hago otra lectura del cogotazo. Ese niño, Juan Rayoy, de unos diez años, recibió el aplauso de los presentes en el estudio de radio y le rieron la gracia, que la tenía, porque el crío habló con naturalidad, alentado por el buen ambiente del momento, pero allí estaba el padre, que cortó en seco la gloria del pequeño impertinente. No sólo le dio las famosas collejas sino que por lo bajini, como se hacen estas cosas, le reprendió y le sugirió que pidiera disculpas. Perfecto. Ejemplar. Ese crío podría confundirse en el futuro creyendo que ser hijo del presidente es un carné que le permite hacer y decir lo que le venga en gana, donde le venga en gana, y cuando le venga en gana caiga quien caiga porque está protegido por su padre, el mandamás.
Toma, nene, así aprendes


Las collejas del PP

      Pero el presidente, insisto, actuó como padre. Seguro, salvo que se les tuerza el nene, Juan Rajoy no será uno de los energúmenos que saca Cuatro en Hermano mayor, ahora en manos del boxeador Jero Martínez. Todo un fracaso televisivo, otro más en una cadena que Nuria Roca dice no reconocer porque no es la que era. Cuando el hermano mayor era Pedro García Aguado el programa conseguía audiencias razonables. Con Jero Martínez no. Pero no es culpa del nuevo consejero. El programa no ha variado nada. Las primeras imágenes muestran al hijo. La voz del narrador lo presenta más o menos así. Es Jose. 18 años. Soberbio, conflictivo, rabioso, le gusta el dinero fácil, presume de cerrar negocios ganando mucho dinero en internet, su comportamiento está destruyendo a los que más quiere. Y ahí pasa a la acción. Vemos al menda golpear puertas con el puño hasta romperlas, destrozar el jarrón que la madre tiene en la mesa con sus flores de plástico, llamarla zorra porque sale con un hombre que no es su padre, del que se separó hace años, tirar la comida al suelo y destrozar el espejo del baño, retar al mundo con miradas asesinas. El esquema es siempre el mismo. Pasan imágenes de una agresividad insoportable. Te dan ganas de retorcerle el pescuezo. El nene de mofletes de azúcar y sonrisa sanadora se ha convertido en un violento hijo, en un dictador desmedido, en un tipo que da miedo, y asco, en un perfecto gilipollas. Luego vienen los tratamientos de choque para encauzar su agresividad, y al final, cuando es consciente del daño que ha hecho, le pasan imágenes de sus escenas más salvajes. Besos, abrazos, lágrimas, y un imbécil arrepentido. Como programa, Hermano mayor cansa ya. Aunque sigue dejando claro que una colleja a tiempo, un no, evitaría la proliferación de niñatos malcriados y crueles. Rajoy puede castigar a su hijo para enderezarlo. Lo malo es que ha confundido a los ciudadanos con sus nenes. Y desde que llegó no ha dejado de darnos guantazos, recortarnos lo conseguido, culparnos de tarambanas por dilapidar la bolsa, y salir corriendo si le pedimos explicaciones. Eso sí, el arrogado padre castiga a la mayoría de sus hijos y premia a sus preferidos. Y eso no está bien, papi. Con amor te lo digo. 
Una cola de gente. ¿Al fútbol, al concierto de su estrella? Quiá. Hacen cola para comer porque "hay mucha gente que no sabe cocinar" -Maripuri Cospedal dixit-. Por nuestra culpa, por nuestra grandísima culpa.


La guinda
Lo de Piqueras
Esto es un vasco que entra en un bar y se encuentra a un amigo. Oye, Iñaki, me he enterado de que te has comprado un Seiscientos. La hostia, ¿cómo lo sabes? Me lo compré hace dos meses. Porque lo llevas de mochila. Hostia, que se me ha olvidado quitarme el cinturón. Fin del chiste. Lo cuenta Dani Rovira. No en El hormiguero sino en lo que sea que haga Pedro Piqueras que llama informativos. Qué nos quedará por ver.