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miércoles, 20 de febrero de 2019

Maldeojos. Testicular Reverte


Testicular Reverte
(Artículo publicado el sábado, 9 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Crece, y bien, Ese programa del que usted me habla –La 2-. Es un formato que ha conseguido tener sello propio a una hora, la de los programas que se emiten antes del plato fuerte, película o concurso,  en que la competencia es dura ya que se codea con El intermedio, El hormiguero, o el cachondo First dates. Es verdad que la audiencia no acompaña –apenas el 2%, sobre los 250.000 espectadores-, pero en este caso es lo de menos. Lo de más es que es una oferta divertida, fresca, haciendo de la actualidad, incluida la política, objeto de chanza, política y políticos que al fin dejan de ser el tabú que eran en la pública por aquello de la equidistancia, por aquello de no molestar, por aquello de que cada vez es más difícil hacer humor sin que algún capullo no sólo se sienta ofendido sino que corra al juzgado a denunciar el agravio.

     Entre los colaboradores, el gran Raúl Pérez –presenta María Gómez junto a Alberto Casado y Eva Soriano-. El imitador va incorporando personajes, y de verdad que logra niveles de hilaridad, perfección, y semejanza con el original que hay veces que lo supera ya que, si se trata de un antipático como Aznar o un fatuo como Carlos Herrera, él lo hace cercano, chispeante, atractivo. El último imitado que hemos visto en Ese programa del que usted me habla es el escritor Arturo Pérez Reverte, que convierte la compra en el supermercado en una guerra contra el turco, el moro, o vaya usted a saber, y sin dejar de contestar a sus “haters” como sólo lo hacen los muy machos, con el desparpajo que le caracteriza. A uno de ellos le dice, tecleando con potencia una máquina de escribir, que “puedes comerme los huevos por detrás”, y se queda tan pancho. A seguir.


lunes, 3 de diciembre de 2018

Maldeojos. Chicote trucu trucu


Chicote trucu trucu
(Artículo publicado el domingo, 2 de diciembre, en diarios del grupo EPI PRESS)

      Dijo Andréu Buenafuente, que de tele entiende un rato, un rato más grande que el arrogante y melindroso Javier Cárdenas, que anda en líos judiciales con un portal de información televisiva para que no pueda informar sobre él, que uno de los grandes descubrimientos de la tele de los últimos años es Alberto Chicote. Tal vez sea así. En el fondo yo también lo creo, lo que me ocurre es que tantos años mirando la pantalla para ver qué hacen, qué dicen, y cómo lo hacen y cómo lo dicen los que a ella se asoman me ha creado un callo más grande que la boca de Pablo Aznarín Pasado, que ni con lejía es capaz de enjuagar sus comentarios llenos de odio –los inmigrantes matan carneros en casa, dijo en Granada sin que temblara la Alhambra y ésta, abatida, cayera hasta amontonarse en el Paseo de los Tristes, tratando de estigmatizar a los musulmanes por el mero hecho de serlo, insensato, loco, trepidante escalador de la montaña donde anida la derecha más extrema y zafia-. Es verdad que Alberto Chicote ha llegado a la tele para quedarse porque lo que toca lo convierte en oro, en polvillo de éxito, y ha hecho del comer y sus alrededores un referente del entretenimiento con ambiciones de espectáculo o denuncia, o ambas cosas, desde Pesadilla en la cocina al último y buen producto de La Sexta, ¿Te lo vas a comer?, echándole el guante a menús de residencias para ancianos, hospitales públicos, empresa de comidas para llevar, o fiestas populares. Es verdad que Alberto Chicote llegó sin los tics del resabiado presentador que se las sabe todas, y quizá eso, su frescura, sus maneras de pequeño salvaje –un poco al estilo del primer Frank Cuesta, antes de que se le volara el coco y se convirtiera en un chulito de barrio, engreído y maleducado-, su naturalidad, a veces un poco forzada, es verdad, lo han convertido en el personaje que es hoy, entrañable e imitable.

España directo
     Lo sabe bien el inefable Raúl Pérez, que en el plató de Late Motiv, en 0#, erigió, junto al original, un monumento, otro, a la hilaridad, al despiporre, a la excelente televisión, al humor más disparatado, cantando a dúo el Pim pam, trucu trucu, un montaje realizado con expresiones del cocinero como reacción a algún desastre en fogones visitados. No sé si Alberto Chicote será uno de los grandes descubrimientos de la tele de los últimos años, tal vez sí, pero de lo que sí estoy seguro es de que Alberto Chicote ha encajado en el espíritu de La Sexta como lo ha hecho, desde que se fue de Cuatro, Jesús Cintora, que el miércoles estrenaba Carretera y manta dispuesto a hablar, como hizo con su camión-plató en Vigo, de los trabajos de mierda, de los “mierda jobs”, donde las llamadas trabajadoras del frío, que arreglan pescado para congelar en ambientes que superan los 13 grados bajo cero, sufren no sólo sueldos de miseria sino trato degradante con jefes de empresas de un sector que acaba el año con más de 4.000 millones de beneficios. Ante las cámaras, estas mujeres, que viven su día laboral como si fuesen esclavas, sacaron una tarjeta roja con la que hicieron un sonoro pim pam, trucu trucu. Esta semana, además, se ha salpimentado con la ya tradicional mala educación del diputado del PP Ramón Moreno a cuenta de su incontenible rabia por el cambio en RTVE –el menda no ha aceptado las civilizadas disculpas de la administradora de la casa, a la que ha comparado en su tercera comparecencia en el Congreso con Gabriel Rufián, el hooligan de ERC-. ¿Y si Rosa María Mateo fuese la Alberto Chicote de RTVE y con su mirada de afear conductas de políticos bocazas estuviera trucu trucu sin cesar y en los meses que lleva su real culo sentado en el despacho estuviera a punto de darle la vuelta al calcetín del área pestosa, manoseada, manipulada, descocada, servil adiestrada y autodestructiva de informativos? Lo digo porque no sólo en las evidencias–Telediario, Desayunos con Xabier Fortes- se ha notado el nuevo aire sino que la ola está alcanzando espacios anquilosados en su ridícula torpeza como España directo, al que han llegado Diego Losada y Ana Ibáñez dándole un aire que mira más a Más vale tarde que a Andalucía directo, Madrid directo, Murcia directo, o Baleares directo, se llamen así o no este tipo de formatos autonómicos.

Duque consorte
     Y sin salir de La 1, y según intuyo, mucho pim pam y poco trucu trucu hay en esta tercera edición de Masterchef, que cerró la cocina hace una semana y ganó la nadadora Ona Carbonell, que dicen que practicó “esferificaciones”, licuaciones, reducciones, humidificaciones y deconstrucciones de todo tipo en los talleres de Ferrán Adriá para saber más que sus colegas, edición que ha perdido fuelle con respecto a las anteriores. Es lógico. Es cierto que Masterchef aún genera interés, y que junto a OT se enfrenta sin bajar la cabeza a Gran Marrano, pero llega un momento, como a mí me llegó, que veo a un concursante sudar, cortarse, trasegar una carne, y a Jordi Cruz poner cara de pocos amigos, y repetir una y otra vez lo que tenga que repetir, que les digo, les dije hace ya algunas ediciones, anda y que os den pim pam trucu trucu. En palabras de la cantante Mónica Naranjo, aunque referidas a lo que ella conoce –jurada de la anterior edición de Operación Triunfo- Masterchef es un coñazo. La cantante ha dicho que esta edición de triunfitos resulta un programa “rancio, y un coñazo”. Ahora entiendo por qué no sigo ni a uno ni a otro. Supongo que la duquesita Cayetana Martínez de Irujo, retirada de la tele hace años, podría ser una cocinera “celebrity” de primera, pero no, ha preferido volver a la pantalla de la mano de Jesús Calleja en Volando voy, cosa discreta, pero  al final la ha liado en las esferas aristocráticas diciendo que el marido de su madre, el ex cura, y un poquito gay, según comentarios de época, don Jesús Aguirre, era más malo que el sebo, “lo peor, podría ser muy culto, pero era cero humano, muy malo”. Esto sí que es un pim pam, trucu trucu en toda la cara, duque consorte. Amén.

La guinda

Carlitos dice adiós
Decir Carlitos en España es decir Carlos Alcántara, el niño de Cuéntame cómo pasó que el jueves dijo adiós a la serie. Diego Gómez se puso con 7 años ante las cámaras de una de las mejores ficciones españolas y se marchó con 24 esta semana. Él y su personaje nos han llevado durante 348 entregas por la España que arrancó en blanco y negro a la de nuestros días, o casi. Diego Gómez ha crecido como uno más de la familia. Suerte.

martes, 22 de mayo de 2018

Maldeojos. Modista aparte


Modista aparte
(Artículo publicado el sábado, 19 de mayo, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Volvió a tocar las barbas del dios de los imitadores, que como cualquier espectador sabe es de los más exigentes, que los dioses clásicos con sus amenazas, sus repartos de lo malo y lo peor, tienen bastante. El dios de los imitadores es implacable, y ni siquiera ha de señalar con su espada flamígera al condenado para expulsarlo del paraíso de algo tan serio como la credibilidad, como la imitación verdadera y no la chocarrería del simple y grotesco remedo. Es más, si me apuran, que tal vez lo hagan porque hay lectores muy exigentes, me atrevo a decir que Raúl Pérez está en el último año de carrera para ser lo que es, un dios en esto de la parodia, de la imitación, de no sólo parecer sino de ser el otro, el imitado. La otra noche, en su reino de Late Motiv, donde ha encontrado glorioso cobijo otro duende, don Andréu Buenafuente, instalado en #0, se enfrentó al modisto, redicho y para mí marciano, Lorenzo Caprile.

     Este señor seguro que no es así, digo como lo hemos visto, bueno, lo ha visto quien lo haya visto, en Maestros de la costura, donde era un señor repipi, enfurruñado, redicho, un señor para echarle de comer aparte. Aunque no me hagan mucho caso porque, quizá, he tenido mala suerte y he cogido del costurero de la reina -¿no le hizo algunos trapos a su majestad Letizia Ortiz?- los peores momentos como jurado del concurso del dedal. Da igual. Lo que sí es cierto es que Lorenzo pasó por el plató de Late Motiv, y demostró que lo de ser quisquilloso y puntilloso no es excepción sino estructura, cimiento, pero que cuando apareció Raúl Pérez imitándolo, todo cambió. De nuevo me quedo con la copia. Me sobra el original, modista aparte.  


miércoles, 8 de noviembre de 2017

Maldeojos. Vivos y muertos



Vivos y muertos
(Artículo publicado el domingo, 5 de noviembre, en diarios de EPI PRESS)

     Empezó el mes recordando a quienes se fueron para nunca más volver. Qué fuerte suena eso. Sí, hay veces en una pérdida que por doler nos duele hasta el aliento, como te dolió a ti, Miguel, y eso se nota en la elegía a tu amigo Ramón Sijé. Pero ya sabemos que los vivos, para poder soportar el drama, tiramos hacia arriba aunque nos llueva el meado. La Sexta lo hace en su parcela. Desde que empezó el lío no ha parado de endilgarnos un especial detrás de otro, y con acierto, tal como hemos visto el pasado mes con los datos de audiencia, que casi se codean con los de La 1, a la que le roza el flequillo y le habla de tú, qué barbaridad. De ese machaque, conscientes de la matraca, han sacado punta. De ahí el anuncio de la nueva temporada de Salvados en el que se ve al director de la casa, Antonio García Ferreras, pidiéndole paciencia a Évole porque el periodismo manda, y que si hay hueco, pues eso, Salvados volverá, y que mientras tanto siga de niñero entreteniendo a los críos de Ferreras. Pobre niño, se dice con sorna en la redes. Sólo ve a papá y a mamá Ana Pastor en la tele, como si estuvieran pajaritos, fiambres, mártires del periodismo que nos asola. De verdad que empieza a dar miedo encender la tele y saber que, sea la hora que sea, verás la mano abierta de Ferreras frente a la cámara o su cara con grave expresión, paralizada en uno de sus teatrales y dramáticos silencios. ¿Está vivo o muerto? Tengo mis dudas. Pero no como el cadavérico ¿Cómo lo ves? que emite La 1. El zombi Carlos Herrera alucina pepinillos –dice Alberto Chicote por la esquina de la pantalla, incapaz de seguir descansando en su ataúd para descanso nuestro-  cada vez que asegura que se van sumando seguidores al programa. Pobre. Los pierde en cada entrega. Cada entrega pierde fuelle y camina de la vida arrogante del engreído a la fría muerte de la indiferencia catódica. Carlos Herrera es un muerto que aún cree estar entre los vivos de la tele.

También hay zombis
     Ni que decir tengo que está más viva la copia de Raúl Pérez que el original que anda por el plató de La 1. Verán. El magnífico imitador –ahora también en Antena 3 como concursante de Tu cara me suena- pasó por el Late motiv de Buenafuente en #0 y me dejó boquiabierto. Si el original Carlos Herrera me da grima y saca de mí lo peor como espectador, la copia hace que me descojone porque el tío no sólo borda sino que, de paso, como toda buena imitación, saca a flote las miserias de señor tan afectado. Vayan a Youtube y busquen el vídeo. Verán cómo la copia está vivísima y el original se queda oscuro, deslucido y marchito, muertecito en su engolado histrionismo. No salgamos de La 1, a donde ha llegado en su ataúd de lujo Operación Triunfo, nacida muerta desde que alguien le dio sus bendiciones. Es un cadáver que se cree en plenitud de forma, y por eso, como los pavos reales, despliega su plumaje tan vistoso. Sólo hay que ver el rastro hediondo de daños colaterales, y no me refiero sólo a la insufrible exhibición de cantantes con un corral de gallos en la garganta. ¿Han visto la imagen terrible de una señora como Rosario Mohedano, la tal Chayo, sentada junto a María Casado en el plató de La mañana hablando como experta de OT? ¿Quién es Chayo Mohedano? Su único mérito es ser sobrina de Rocío Jurado e hija de la absurda Rosa Benito. No, por favor, no insulte TVE alegando que esta muerta es cantante porque, de ser así, servidor es el cirujano que destrozó la cara de Bibiana Fernández, qué pena, expulsada esta semana de los humos de Masterchef. Otra divina, Ana Rosa Quintana, no está muerta, pero Susanna Griso le ha ido comiendo el calcañar y en audiencias la ha puesto en el sitio de los zombis, a un paso de los personajes de The walking dead, y quizá por ello cuando quería decir DUI catalán se le escapó un DIU intrauterino que por poco la deja a un tris de El club de la comedia, ay, en qué estaría pensando.

Soy un miserable
     Es lo que me pregunto cuando veo Dani y Flo. ¿En qué estarán pensando en Cuatro? He visto algunas tardes a Dani Martínez empezar el programa con un estruendoso “hoy tenemos un programón”, dicho con algarabía y contento seguido a ciegas por la chica de al lado, Lara Álvarez, que remacha la misma idea, “programón, Dani, programón”. No contentos con dos muertos que lo saben sacan a otro en Dani&Flo, sacan a Flo, la pata del nombre, a Florentino Fernández, que estos días hace el peor Puigdemont que imaginarse puedan, y eso que los tres se ríen a rabiar. No pillo las gracias de Dani&Flo, no las pillo. La audiencia tampoco. Apenas un tres por ciento escueto. Escuchar al trío de presentadores exagerar su contento con risas de lata produce un desasosiego en el espectador que te bloquea, o unos retortijones similares a la grima de ver al siguiente fiambre. Pillan a Ana Obregón inflada de silicona como una pepona con bultos en las mejillas que le llegan a la bolsa de los ojos, como esos cadáveres a los que arreglan como si en vez del último viaje estuvieran invitados a un baile de disfraces, y le tiran de la lengua para que suelte inventos, paridas, para que dé juego en los programas que se nutren de miserias y basura, y ella entra al trapo diciendo que “tengo proyectos para televisión, pero no los quiero y los voy dejando de lado”. No se lo cree ni ella, que es lista y sabe que a las muertas nadie las llama. Es la misma estrategia que tienen en Dani&Flo, que ellos mismos se jalean porque saben que al otro lado sólo hay vacío, indiferencia, y frío. Así que cuando Dani Martínez vocea “hoy tenemos un programón”, él sabe que vive en el reino del olvido y el espectador invisible se pregunta “¿un qué, bonico?”. Por cierto, y perdonen que termine hablando de mí y de otro extinto, finado, momia, occiso, don Arévalo. El martes volvió a Sálvame de pus. Y dijo que “Cipriano Torres es un miserable porque dice que yo vine aquí a vender la muerte de mi mujer”.  Qué cosas tienen los muertos. Normal, no saben ni leer.

La guinda
Acosos
Llevamos una racha de denuncias de acosos sexuales que no se las salta un galgo. Hay de todos los tamaños, en todos los campos, y a todo tipo de famosos, incluso a famosos de medio pelo. Vamos a acoso por día. El prescindible Rafa Mora, nacido en el purín de Mujeres y hombres se suma al relato de haber sido acosado que ya conocemos de otro zoquete como Antonio Tejado, ex de otra lerda mentada en esta página.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Maldeojos. Retoquitos de orfebre



Retoquitos de orfebre
(Artículo publicado el domingo, 24 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)

     Soy el fuego que arde tu piel, soy el agua que mata tu sed, el castillo, la torre, yo soy la espada que guarda el caudal, tú el aire que respiro yo, y la luz de la luna en el mar, la garganta que ansío mojar, que temo ahogar de amor. Lo que acaban de leer –quizá hasta le suene- es la letra de la sintonía de una de las series más violentas y sanguinarias, con visos de realidad, que se han visto y se siguen viendo. Es Narcos. Una delicia de música y letra original de Rodrigo Amarante, cantante brasileño, con el que se abre el telón del infierno, de las despiadadas venganzas, de la muerte como moneda de cambio, del crimen como herramienta de gigantescas fortunas. No me canso de escuchar esa dulce melodía, ese compás lento, esa voz sugerente que habla de la pasión en susurros. Ni todas las nuevas voces, ni ese ciego apoyo a la música que pretende hacernos colar de nuevo TVE con la inminente apertura de la academia de Operación Triunfo, donde el galán de la testosterona a borbotones Carlos Lozano da paso a Roberto Leal, sabrán emocionar una milésima parte de lo que consigue la voz mecida de Amarante en la sintonía de Narcos. Todavía no ha comenzado OT y ya tengo empacho. Es lo que nos pasa a muchos con Francisco Marhuenda, que rechazamos el original y amamos la copia que ha creado el humorista Raúl Pérez. Nos lo encontramos a todas horas y en todas las cadenas, y aún así va el tipo y se cabrea porque lo han echado de 13tv. Si la música de Narcos te engatusa y engaña porque jamás imaginarías que abre las puertas del apocalipsis, saber que la nueva temporada de La mañana de La 1, cuyas novedades se presentaron la semana pasada, incluye “estar muy pendiente de los `realities´ de la casa, Masterchef y Operación Triunfo”, te da un bajón del quince por mucho que lo diga María Casado, o justo porque lo dice ella, que volvió el lunes. Al fin.

Periodismo de hienas
     Lo digo porque la imagen de Silvia Jato dominando la escena en el plató del programa ha sido tan dura como un balazo de los criminales. La señora presenta de pie, estricta, agria, con ese puntito de altivo desprecio y evidente arrogancia, con gesto de hacer ver que aquí mando yo, quizá ayudada por ese pelo trenzado en moño alto que deja la nuca al aire como una cigüeña malhumorada. No me gusta, ya lo he escrito otras veces, sigue sin gustarme cuando la vi el otro día hablando de pamplinas impropias de una tele pública malgastando un tiempo de oro con una solemnidad insultante. Me resulta más repelente que otras caras del universo de las estiradas, y las hay que me desestabilizan. Soy así de vulnerable, amores. Toc, toc, llama Ana Rosa Quintana. Ella sabrá si por estirada o fatua, solemne o doña de corral. No sé ustedes, si es que la ven por la mañana en Telecinco dejando que el broncas Eduardo Inda –periodismo de hienas-se apodere del tiempo excretando sonidos para impedir que se escuche la opinión ajena, no sé si ustedes se han dado cuenta de que algo ha pasado en la cara de Ana Rosa. Es como si vemos a la reina de verdad, a Letizia Ortiz. Parece la de antes, la que salía en TVE con el manipulador Alfredo Urdaci –fastidia, señora mía, que ni una reina pueda borrar vídeos, wikipedias, fotos, en fin, el pasado para que no quede constancia tan chunga-, pero no es la misma. La cara de hoy ha pasado por todos los talleres para que los orfebres hayan dado con la imagen actual. Pues con Ana Rosa, igual. Es la misma, pero con las mejillas infladas, el acordeón arrugado de su cuello como estirado, y sus ojeras como si no le diera vergüenza hablar de la nueva edición de Gran Hermano. Y sin dejar de hablar de caras, y de jetas, se confirma que Fátima Báñez está hasta su higo chumbo de que la confunda con Millán Salcedo, Martes y 13, hasta el iPhone nuevo, ese de reconocimiento facial, siendo ella la que posee melena con denominación de origen y la que de verdad agradece a las vírgenes lo bien que va su ministerio.

Grotesca homofobia
     En Mediaset apenas han pasado por el taller del orfebre no sólo la presente edición de Gran Marrano por mucho que hablen, también con pompa pero sin sustancia, de GH revolution sino a ¿Quién quiere casarse con mi hijo? En Gran Hermano no hay más revolución que la de saber cuándo se tirará el primer cuesco alguno de los exiliados del país de Rajoy o del país de Puigdemont. Lo demás, hastío, frío y sed, tele de abuela, inventos, guionistas en acción, cadena antigua. En ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, Cuatro, la novedad la pone el vestuario de la alcahueta Luján Argüelles. Lo demás, guionistas desatados, friquis de manual, ansia de foco, perfiles intercambiables con Firts dates, el propio GH, o los vecinos majaras de Ella es tu padre, donde por sacar cosa vista, leña quemada, pareja insoportable, sacan a Alaska y a su liendre, Mario Plomizo Vaquerizo. No veo la serie, y eso que Carlos Santos está inmenso como señora a lo Doubtfire, no porque Rubén Cortada apenas sirva como cosa decorativa  fruto de orfebrería cara sino por si, en un descuido, sale Vaquerizo con su boca torcida. Los que no tienen arreglo ni en el mejor de los atelier son los de Intereconomía, que no saben qué hacer para llamar la atención. El ridículo Eduardo García Serrano, el tipo que llamó zorra y guarra a una consejera catalana, participa en un gag que pretende ser cómico y sólo es patético haciendo el saludo fascista y dando pasos marciales por el plató para demostrar que es español porque no es marica y le gustan los toros, o algo así. Grotesco, de verdad. La vida, como la tele, iba en serio, venía a decir Jaime Gil de Biedma. Esta peña cutre, facha y delirante, vive en su mundo protegido por la libertad de expresión –Podemos los ha denunciado-. Que la tele va en serio, volviendo a Narcos, lo ha sabido muy bien Carlos Muñoz, que localizaba escenarios para la serie, al perder su vida a manos de sicarios en Méjico. Su cabeza agujereada por los disparos no podrá ser remendada por ningún orfebre aunque su vida sí podrá ser recordada cada vez que se oiga la dulce voz de Rodrigo Amarante en la sintonía de Narcos.

La guinda
Celebridades
Queda dicho en esta página. El martes se estrenaron dos bombazos. Gran hermano en la cadena añeja, Telecinco, y Masterchef celebrity, en La 1 –que ganó la noche-. Por allí andaba Bibiana Fernández. Qué putada. Qué pena, hablando de orfebres de la cara, lo que le han hecho a esta señora por el afán de la misma de luchar contra el tiempo, con lo guapa que era. Está claro que en esa lucha ha perdido. Qué fea la dejó el bisturí, coño.

lunes, 17 de abril de 2017

Maldeojos. Con humor



Con humor
(Artículo publicado el sábado, 8 de abril, en diarios de EPI PRESS)

     Se está hablando mucho del caso Cassandra –Cassandra Vera, condenada a un año de cárcel por unas frases en Twitter sobre Carrero Blanco- y de los límites del humor, un debate más que necesario en el que están opinando las mentes más claras de este país, incluso yo he leído opiniones de Bertín y Arévelo, ¿eh?, que completan un poco el arco del pensamiento en España. Así empezó Andréu Buenafuente la otra noche en Cero Late Motiv, que dijo que a esta hora “está al caer”, y en ese momento, zas, un coche se estampó en el plató y de él apareció Carrero Blanco, aunque quien saludó al presentador fue un tipo vestido de almirante, con impoluto traje blanco, pero negro de piel. Así que se quedó en Carrero Negro. A partir de ahí se inició un diálogo en el que no faltaron las referencias al atentado del almirante franquista en clave de humor desatado con frases con doble sentido como “cuando Carrero vuela bajo, hace un frío del carajo”·.

     Imparable, el actor negro que hace de Carrero Negro dice que ve ¡Boom! antes de Ahora caigo. Y así todo el rato. Que si el humor está en el cielo, que si el tiempo se me pasó volando, que me voy, o que si perdóname, que estaba en las nubes. Sin grandes debates, Late Motiv metió el dedo hasta el corvejón en la ridícula sentencia que aún genera tanta y tan enconadas opiniones, según vengan de un bando o de otro. Ustedes me entienden. Una vez más, Buenafuente está sembrado. Y sin apenas mover un músculo. Como otra noche reciente y de la mano de su humorista de cabecera, Raúl Pérez, que imitando a la “adivinadora”  Esperanza Gracia vuelve a reírse de Javier Cárdenas diciéndole que no la llame a ella sino a un logopeda. El buen humor lo explica todo, sin límites.