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viernes, 19 de octubre de 2018

Maldeojos. Estupidez en OT


Estupidez en OT
(Artículo publicado el jueves, 18 de octubre, en diarios del grupo EPI PRESS)
     El titular no es correcto, no responde al contenido de esta pieza. En Operación Triunfo hay de todo, incluso jóvenes que sueñan con ser algo en la música, quizá dar saltos de chota como David Bisbal, que nació en las mismas cocinas –lo siento, no me gusta ni el hombre ni el cantante, y desde luego jamás iría a un concierto pagando la entrada para escucharlo, o sea, que su música no es mi música-. Por no interesarme OT, ni siquiera veo el programa, y apenas sé nombrar a alguno de los concursantes, a sus profesores, al equipo que lo hace. Pero de repente Operación Triunfo ha saltado a este lado de la tele y lo ha hecho, supongo que estarán al corriente, debido a que María y Miki, que deberían de cantar Quédate en Madrid, de Mecano, que en su letra dice “siempre me han parecido los cariñitos una mariconez”, no se encontraban cómodos diciendo esa palabra.  
     Los aspirantes al premio de OT –en la gala de anoche se vio si optaron por la letra sin cambios, yo creo que sí- ven en “mariconez” una palabra homófoba, un insulto, y se posicionaron pidiendo cambiar el término por estupidez. La letra de José María Cano es de 1988, y no, en ella no advierto rastro de lo que la sensibilidad de estos jóvenes –sin duda admirable, en la onda de una sociedad tiquismiquis que se siente injuriada por casi todo- entiende como rechazo y ofensa por ser homosexual -¿maricón?, término a reivindicar para limpiarle la lacra del insulto-. Gente de la política, de la cultura, de la tele, desde Almudena Grandes a Jorge Javier Vázquez se han posicionado. ¿Estupidez? Ya digo, no acerté titulando. Pero si es mariconez, es mariconez. ¿Mecano, homófobo? Por favor. Escuchemos de nuevo Mujer contra mujer. Decir estupidez por mariconez sí que es una estupidez.

sábado, 3 de febrero de 2018

Maldeojos.



Impasible
(Artículo publicado el jueves, 1 de febrero, en diarios del grupo EPI PRESS)
     Creo que sólo me ha pasado, o me pasa, con el fútbol. Si no te engancha algo desde el inicio, malo. Después, todos los intentos serán vanos, y en vez de alegrías y contentos te llevarás hartura e indiferencia. Me ha pasado con la vuelta de Operación triunfo, uno de esos éxitos que tan bien le viene a la tele pública, tan depauperada, tan denostada, con razón, y con tanto descrédito encima. En audiencias ha barrido, se ha tragado al resto de cadenas sin misericordia, y eso me alegra. Pero a estas alturas de emisión, cuando sólo quedan los últimos estertores del programa, apenas sé algún nombre de concursantes. Sé que Amaia y Alfred representarán a TVE en Lisboa en Eurovisión este año, y que más de tres millones de espectadores vieron el final del concurso presentado por Roberto Leal, pero poco más. Eso sí, lo intenté. Me acerqué de vez en cuando al directo, pero…
 Pero cuando no estás en lo que estás sólo ves chicos jovencitos cantando cosas cursis, legitimando músicas banales con letritas facilonas, aspirantes a estrella amarraditos de la mano de una industria feroz y voraz, y no, lo que en el seguidor nato del concurso llega a emocionar a mí me deja no sólo indiferente sino frío como un témpano. Sé que es cosa mía, y no quito mérito a la cadena, que ha sabido enganchar a un público joven que apenas visitaba La 1, que las redes sociales, desde Twitter a Youtube han sido unos perfectos aliados muy bien manejados desde TVE, no quito mérito a la excelente producción, a la exuberante puesta en escena, a la gracia natural del presentador, incluso a los concursantes, pero no, cuando algo, y más un programa de televisión, no te seduce desde el inicio, malo, das la enhorabuena, pero te quedas impasible.

jueves, 26 de octubre de 2017

Maldeojos. OT 2017



OT 2017
(Artículo publicado el martes, 24 de octubre, en diarios de EPI PRESS)

    Lo mejor de la vuelta de Operación triunfo a la casa madre, TVE, no es que la directora de la academia, Noemí Galera, mantenga la llama del interés entre los seguidores de la emisión canora en El chat de OT, emisión que por pronto que termine sacará a los fieles unas ojeras de caballo, demacrados como Mario Casas en El fotógrafo de Mauthausen -12 kilos ha perdido el actor para hacer de Francesc Boix, que fotografió el horror nazi bajo cuerda en el campo de concentración-, tampoco lo mejor de la vuelta de OT a La 1 ha sido la espectacularidad de un plató monumental, luminoso y guay, ni siquiera lo mejor de la vuelta ha sido ver en otro registro al simpático Roberto Leal, que tenía la gran responsabilidad de hacer olvidar la forma de presentar, entre el paternalismo y un machismo social sutil y familiar, de Carlos Lozano.

     No sé si vieron el programa. Pero si fue así, además de conocer a la tropa de aspirantes al olvido –no hay país que aguante tanto artista suelto, sobre todo porque cada cadena se ha propuesto criar a una caterva que ya empieza a causar problemas medioambientales-, se darían cuenta de que esa noche, a pesar del insufrible olor a azufre revenido, a diablo de manipulación informativa de seguidismo gubernamental, familiar en el Telediario de la casa, parecía que el aire era más respirable. ¿Se dieron cuenta pero no aciertan a sacar el dedo índice y señalar la razón del hecho comprobable por la ciencia? Yo les ayudo. Lo mejor de la vuelta de Operación triunfo a TVE no fue la vuelta de Operación Triunfo sino la decisión de la casa de eliminar, como se elimina un furúnculo, la entrega de Hora punta. Fue solo este lunes, pero ay qué gusto da. Si fuera para siempre hasta vería OT.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Maldeojos. Retoquitos de orfebre



Retoquitos de orfebre
(Artículo publicado el domingo, 24 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)

     Soy el fuego que arde tu piel, soy el agua que mata tu sed, el castillo, la torre, yo soy la espada que guarda el caudal, tú el aire que respiro yo, y la luz de la luna en el mar, la garganta que ansío mojar, que temo ahogar de amor. Lo que acaban de leer –quizá hasta le suene- es la letra de la sintonía de una de las series más violentas y sanguinarias, con visos de realidad, que se han visto y se siguen viendo. Es Narcos. Una delicia de música y letra original de Rodrigo Amarante, cantante brasileño, con el que se abre el telón del infierno, de las despiadadas venganzas, de la muerte como moneda de cambio, del crimen como herramienta de gigantescas fortunas. No me canso de escuchar esa dulce melodía, ese compás lento, esa voz sugerente que habla de la pasión en susurros. Ni todas las nuevas voces, ni ese ciego apoyo a la música que pretende hacernos colar de nuevo TVE con la inminente apertura de la academia de Operación Triunfo, donde el galán de la testosterona a borbotones Carlos Lozano da paso a Roberto Leal, sabrán emocionar una milésima parte de lo que consigue la voz mecida de Amarante en la sintonía de Narcos. Todavía no ha comenzado OT y ya tengo empacho. Es lo que nos pasa a muchos con Francisco Marhuenda, que rechazamos el original y amamos la copia que ha creado el humorista Raúl Pérez. Nos lo encontramos a todas horas y en todas las cadenas, y aún así va el tipo y se cabrea porque lo han echado de 13tv. Si la música de Narcos te engatusa y engaña porque jamás imaginarías que abre las puertas del apocalipsis, saber que la nueva temporada de La mañana de La 1, cuyas novedades se presentaron la semana pasada, incluye “estar muy pendiente de los `realities´ de la casa, Masterchef y Operación Triunfo”, te da un bajón del quince por mucho que lo diga María Casado, o justo porque lo dice ella, que volvió el lunes. Al fin.

Periodismo de hienas
     Lo digo porque la imagen de Silvia Jato dominando la escena en el plató del programa ha sido tan dura como un balazo de los criminales. La señora presenta de pie, estricta, agria, con ese puntito de altivo desprecio y evidente arrogancia, con gesto de hacer ver que aquí mando yo, quizá ayudada por ese pelo trenzado en moño alto que deja la nuca al aire como una cigüeña malhumorada. No me gusta, ya lo he escrito otras veces, sigue sin gustarme cuando la vi el otro día hablando de pamplinas impropias de una tele pública malgastando un tiempo de oro con una solemnidad insultante. Me resulta más repelente que otras caras del universo de las estiradas, y las hay que me desestabilizan. Soy así de vulnerable, amores. Toc, toc, llama Ana Rosa Quintana. Ella sabrá si por estirada o fatua, solemne o doña de corral. No sé ustedes, si es que la ven por la mañana en Telecinco dejando que el broncas Eduardo Inda –periodismo de hienas-se apodere del tiempo excretando sonidos para impedir que se escuche la opinión ajena, no sé si ustedes se han dado cuenta de que algo ha pasado en la cara de Ana Rosa. Es como si vemos a la reina de verdad, a Letizia Ortiz. Parece la de antes, la que salía en TVE con el manipulador Alfredo Urdaci –fastidia, señora mía, que ni una reina pueda borrar vídeos, wikipedias, fotos, en fin, el pasado para que no quede constancia tan chunga-, pero no es la misma. La cara de hoy ha pasado por todos los talleres para que los orfebres hayan dado con la imagen actual. Pues con Ana Rosa, igual. Es la misma, pero con las mejillas infladas, el acordeón arrugado de su cuello como estirado, y sus ojeras como si no le diera vergüenza hablar de la nueva edición de Gran Hermano. Y sin dejar de hablar de caras, y de jetas, se confirma que Fátima Báñez está hasta su higo chumbo de que la confunda con Millán Salcedo, Martes y 13, hasta el iPhone nuevo, ese de reconocimiento facial, siendo ella la que posee melena con denominación de origen y la que de verdad agradece a las vírgenes lo bien que va su ministerio.

Grotesca homofobia
     En Mediaset apenas han pasado por el taller del orfebre no sólo la presente edición de Gran Marrano por mucho que hablen, también con pompa pero sin sustancia, de GH revolution sino a ¿Quién quiere casarse con mi hijo? En Gran Hermano no hay más revolución que la de saber cuándo se tirará el primer cuesco alguno de los exiliados del país de Rajoy o del país de Puigdemont. Lo demás, hastío, frío y sed, tele de abuela, inventos, guionistas en acción, cadena antigua. En ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, Cuatro, la novedad la pone el vestuario de la alcahueta Luján Argüelles. Lo demás, guionistas desatados, friquis de manual, ansia de foco, perfiles intercambiables con Firts dates, el propio GH, o los vecinos majaras de Ella es tu padre, donde por sacar cosa vista, leña quemada, pareja insoportable, sacan a Alaska y a su liendre, Mario Plomizo Vaquerizo. No veo la serie, y eso que Carlos Santos está inmenso como señora a lo Doubtfire, no porque Rubén Cortada apenas sirva como cosa decorativa  fruto de orfebrería cara sino por si, en un descuido, sale Vaquerizo con su boca torcida. Los que no tienen arreglo ni en el mejor de los atelier son los de Intereconomía, que no saben qué hacer para llamar la atención. El ridículo Eduardo García Serrano, el tipo que llamó zorra y guarra a una consejera catalana, participa en un gag que pretende ser cómico y sólo es patético haciendo el saludo fascista y dando pasos marciales por el plató para demostrar que es español porque no es marica y le gustan los toros, o algo así. Grotesco, de verdad. La vida, como la tele, iba en serio, venía a decir Jaime Gil de Biedma. Esta peña cutre, facha y delirante, vive en su mundo protegido por la libertad de expresión –Podemos los ha denunciado-. Que la tele va en serio, volviendo a Narcos, lo ha sabido muy bien Carlos Muñoz, que localizaba escenarios para la serie, al perder su vida a manos de sicarios en Méjico. Su cabeza agujereada por los disparos no podrá ser remendada por ningún orfebre aunque su vida sí podrá ser recordada cada vez que se oiga la dulce voz de Rodrigo Amarante en la sintonía de Narcos.

La guinda
Celebridades
Queda dicho en esta página. El martes se estrenaron dos bombazos. Gran hermano en la cadena añeja, Telecinco, y Masterchef celebrity, en La 1 –que ganó la noche-. Por allí andaba Bibiana Fernández. Qué putada. Qué pena, hablando de orfebres de la cara, lo que le han hecho a esta señora por el afán de la misma de luchar contra el tiempo, con lo guapa que era. Está claro que en esa lucha ha perdido. Qué fea la dejó el bisturí, coño.

jueves, 18 de mayo de 2017

Maldeojos. Obsolescencia meditada



Obsolescencia meditada
(Artículo publicado el domingo, 14 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

     De vez en cuando vuelven a emitir aquel impactante documental que analiza las bases del comercio y el consumo con el que muchos espectadores flipamos porque vimos en imágenes, demostrado con hechos, lo que intuíamos como consumidores. Es decir, que las cosas, los productos, los aparatos que teníamos en casa no duraban más de unos años y que si tratabas, tratas de arreglarlos, te cuesta tanto o más que si te compras un chisme nuevo, el que sea, un microondas, una lavadora, una tele, o una impresora, que fue el artilugio elegido en Obsolescencia programada, que emitió Documentos TV, para hacer ver que la industria basa su negocio en crear productos que llevan la caducidad en sus genes, es decir, nacidos para durar, de forma deliberada, un año, cinco, o seis meses. En los últimos tiempos TVE parece haberse vuelto majara y en vez de mirar al futuro y ser la máquina del tren de la producción audiovisual en este país, en vez de convertirse en el referente por la vanguardia de sus productos, por el riesgo de sus producciones, se ha dejado llevar por la cabeza de alguien que promueve programas que nacen obsoletos en el momento de emitirse. Hace unos días, para corroborar esta idea, lo que me pareció un rumor mal intencionado, se confirmaba. Y lo hacía por todo lo alto. Me enteré de que TVE preparaba la vuelta de Operación triunfo. No le di importancia. Pero hete aquí que llega Ana Blanco, sí, la esfinge -¿alguien ha visto, conoce, el perfil de Ana Blanco?- y en el Telediario, como leen, en el Telediario, es decir, haciendo no sólo oficial la cosa sino atribuyéndole una relevancia a la altura de la entrada en prisión de cualquiera de nuestros queridos chorizos, anuncia que TVE prepara la vuelta de Operación Triunfo 16 años después. ¿Un ataque aislado de nostalgia para contrarrestar productos de la misma familia como Got talent, La voz, o una ristra que ya cansa, aburre, y devalúa no sólo al concursante sino a quien gana esos programas, triunfadores que son olvidados en unas semanas arrastrados y triturados por el torrente de una excesiva oferta? Pues no, no es un ataque aislado de nostalgia la decisión de La 1.

Curas, imanes, rabinos
     Parece una cosa programada, diseñada, trazada a tiralíneas, formando parte de un plan que añade caspa a la grasa, que hace de la tele pública una pesada maquinaria de la que ni sabe ni quiere desprenderse. ¿Contarán con Carlos Lozano como maestro de filas? Espero que sí, para que sus maneras de donjuán trasnochado coronen el truño de abrir otra academia de cantantes y cantantas en un país colapsado de tenorios canoros, de niños y niñas que le ponen los pelos del cielo de la boca de punta a una espiritual y simplona Rosarillo Flores, tan cortita como el pelanas de los gestos en permanente éxtasis David Bisbal, maestro de una panoplia de caras, comentarios y reflexiones que no pasarían ni el más laxo tribunal, así lo presidiera cualquiera de los jueces con los que los chorizos del PP o del clan Pujol se sentirían más cómodos. Que TVE navega en un estilo de tele con gafas de cristal oscuro, en un mar estrecho, sin horizonte, lo vemos cada domingo cuando en la pantalla aparece el cura de las misas que endilga La 2 en El día del Señor. La misa, sea santa o casquivana, es un producto caducifolio, astringente, cosquilloso, reincidente, demente, patidifuso, obsolescente, detergente, asfixiante, decadente, oloroso, untuoso, manirroto, paticorto y culibajo que no pinta nada en la tele pública. Nada. Ni el rezo del imán ni las monsergas del rabino. Nada. Sólo forma parte de un tinglado orquestado ahora y siempre, ojo, no es patrimonio de la actual dirección de la casa, como si fuera un hecho inevitable, aceptado porque sí. Es como la presencia de Pedro Carreño en el Telediario del fin de semana. Le quitas el color a la tele y aparece un señor con maneras de locutor de antaño, no sé, esos movimientos de cabeza de ave picoteando, esos labios apretaditos, ese pelo medio bufado con laca para tapar la escasez de greñas, tintado para aparentar juventud, esa dicción más que regular, prima de otra presencia como la del presentador de Hora punta, en fin, una imagen de informativo pesado, sin fuste, y sólo quedándonos en las formas, que si entramos en el fondo dan ganas de meterse a monja, pero de clausura, donde la tele está prohibida.

Rabos y culos
      Y ya que andamos por estos andurriales del señor, ole y ole. No sé por qué, tonto de mí, creía que lo de los toros era sólo un dedo por el culo de los antitaurinos que metía TVE en cuanto olía a cajonadas, sangre, babas, banderillas y señores disfrazados con ropa de filigrana brillante y tan apretada que les señala el paquete y el culito añadiendo morbo a una tarde de mucha traca. Pero no, no es sólo que informen en el Telediario sobre esta o aquella masacre en la arena con la connivencia de la autoridad y destaquen la faena del que mata a espada a un herbívoro inocente, no, es que sigue existiendo una cosa llamada Tendido cero, como lo leen. Me topé el sábado con este programa del cuaternario y se me quedaron los ojos como bolas de jabón fuera de la órbita. Me entero, en la repentina clase, de que hay morantistas, curristas, julistas, o linaristas. Y me entero de que a una corrida le puede faltar o fondo o casta. Y de que hay analistas que se ponen intensos echando mano de un lenguaje almidonado, cursi, altisonante, ampuloso –sentimientos que esponjan los corazones, dice un señor muy atildado, con su gomina y todo, y su bigotito, que no falte de nada-. Tendido cero tiene hasta plató propio, luminoso, con mesa redonda en mitad de un ciclorama con motivos taurinos, y su director, Federico Arnás, arropado por Javier Hurtado, Belén Plaza, y Carlos Ruiz. El reportaje que veo sobre Sebastián Palomo Linares me deja loco. No sólo habla de rabos cortados en tardes de gloria sino que enseña a cámara esa basura embalsamada y tremebunda. Lo mejor del programa, aunque no enseña el rabo, el culo de José María Manzanares. Ni obsolescencia ni puñetas. A ver si los gerifaltes de TVE, picarones y lascivos, saben muy bien lo que hacen.

La guinda
Acorralados
No hay manera de escapar. Es una confabulación contra la audiencia en la que todas las cadenas olvidan sus diferencias y se ponen de acuerdo. Hala, a machacar al personal con programas de cantantitos. La última subida al carro ha sido La 1, sí, la pública. Y lo ha hecho con una cosa llamada Fantastic dúo. Lo de “fantastic” es enternecedor. La gran Nùria Roca presenta el formato rodeada de los de siempre. Seguiremos la pista.