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lunes, 30 de diciembre de 2019

Maldeojos. El discurso


El discurso
(Artículo publicado el jueves, 26 de diciembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     No te hinches de paté que luego no te comes el lomo, firmes, coño, que se oye el himno, dice alguien al fondo de la mesa, ya estamos, suelta otro, buenas noches, hace 5 años tuve el honor como rey, pásame el pan, ¿ya estás con el vino?, a ver, venga, le doy yo la sopa a la abuela, compromiso de vocación de servir a Espa…, cuidado, que el cuchillo corta mucho, ¿han llamado ya los que faltan?, esta mayonesa está buenísima, aunque sabe mucho a ajo, ¿quién la hizo?, me permitáis compartir con vosotros unos minutos en esta noche tan especial, esta cerveza es cabezona, pues claro, ¿no ves que el botellín es verde?, alárgame servilletas, la reina, la princesa Leonor y la infanta So…, a ver, los langostinos, las inundaciones y las riadas de los últimos días como lo fueron, mmmm, el queso de oveja me gusta así, ni muy curado ni muy blando.

     Mira qué árbol tiene el rey, cuidado, que te vas a manchar, come despacio, y no bebas tanto de eso, la Unión Europea, los movimientos migratorios, los niños que terminen ya y así comemos más tranquilos, no, los regalos no han llegado todavía, trae un poco de carne para la abuela, al candidato propuesto para la presidencia del Gobierno, ¿no queda vino blanco?, deterioro de la confianza en las instituciones, mira, mira cómo mueve las manos el hombre, condecorar a 41 ciudadanos de toda España, ¿ahora la carrillada?, yo estoy lleno, convivencia en libertad, más vino, país moderno, no, no, no me pongas más salsa, no debemos caer en los extremos, sí, es de tres chocolates, me enseñó la receta la vecina, respeto a nuestra Constitución, yo prefiero fruta, ¿dónde están las pastillas de mamá?, solidaridad y liber… ¿El discurso del rey? Pero si ese es Roberto Leal.


martes, 1 de octubre de 2019

Maldeojos. Vaya crack


Vaya crack
(Artículo publicado el martes, 17 de setiembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Así se llama el nuevo programa de los viernes en La 1 de TVE y lo presenta Roberto Leal, ejemplo de crack. Así que ya está, política de hechos consumados. Vaya crack se ha popularizado, y se usa para eso, para destacar a alguien por sus habilidades no solo intelectuales sino de todo tipo, y cuando digo de todo tipo es de todo tipo. Tanto, que ya ha perdido la exclusividad del término. A estas alturas, cualquiera puede ser un crack. Incluso de pacotilla. Pero el concurso de La 1 es una vuelta al origen, un viaje al centro del término, a su verdadero significado. Con sus distintas pruebas, Vaya crack pretende descubrir al crack español, a esa persona que sea un lince en distintos campos, desde la música a la agudeza visual, desde el lenguaje a la habilidad matemática. Cada semana se va eliminando a quienes no son tan crack de forma que la criba nos deje al mejor.

     La noche del estreno empezaron seis concursantes, pero ganó Isabel Esain, joven de currículo asombroso –investigó en Harvard, Cambridge le ofreció hacer un doctorado, habla cinco idiomas y toca seis instrumentos musicales-. Una crack. Vaya crack es divertido, instructivo, dinámico, con un ritmo sin tiempo muerto, ideal para ser manejado por el presentador, que es una feria sin llegar al empacho. Además de Roberto Leal, Vaya crack cuenta con un tipo que acabo de descubrir aunque su trayectoria es impecable, Luis Quevedo –guionista del mítico Redes, colaborador de Tres14, y presentador, guionista y director de esa obra magna que se llama En busca del primer europeo- y Pablo Ibáñez, que del Hombre de negro en El hormiguero ha pasado a ser el Hombre de blanco nuclear. Es un buen programa. Véanlo el próximo viernes.

sábado, 3 de febrero de 2018

Maldeojos.



Impasible
(Artículo publicado el jueves, 1 de febrero, en diarios del grupo EPI PRESS)
     Creo que sólo me ha pasado, o me pasa, con el fútbol. Si no te engancha algo desde el inicio, malo. Después, todos los intentos serán vanos, y en vez de alegrías y contentos te llevarás hartura e indiferencia. Me ha pasado con la vuelta de Operación triunfo, uno de esos éxitos que tan bien le viene a la tele pública, tan depauperada, tan denostada, con razón, y con tanto descrédito encima. En audiencias ha barrido, se ha tragado al resto de cadenas sin misericordia, y eso me alegra. Pero a estas alturas de emisión, cuando sólo quedan los últimos estertores del programa, apenas sé algún nombre de concursantes. Sé que Amaia y Alfred representarán a TVE en Lisboa en Eurovisión este año, y que más de tres millones de espectadores vieron el final del concurso presentado por Roberto Leal, pero poco más. Eso sí, lo intenté. Me acerqué de vez en cuando al directo, pero…
 Pero cuando no estás en lo que estás sólo ves chicos jovencitos cantando cosas cursis, legitimando músicas banales con letritas facilonas, aspirantes a estrella amarraditos de la mano de una industria feroz y voraz, y no, lo que en el seguidor nato del concurso llega a emocionar a mí me deja no sólo indiferente sino frío como un témpano. Sé que es cosa mía, y no quito mérito a la cadena, que ha sabido enganchar a un público joven que apenas visitaba La 1, que las redes sociales, desde Twitter a Youtube han sido unos perfectos aliados muy bien manejados desde TVE, no quito mérito a la excelente producción, a la exuberante puesta en escena, a la gracia natural del presentador, incluso a los concursantes, pero no, cuando algo, y más un programa de televisión, no te seduce desde el inicio, malo, das la enhorabuena, pero te quedas impasible.

jueves, 26 de octubre de 2017

Maldeojos. OT 2017



OT 2017
(Artículo publicado el martes, 24 de octubre, en diarios de EPI PRESS)

    Lo mejor de la vuelta de Operación triunfo a la casa madre, TVE, no es que la directora de la academia, Noemí Galera, mantenga la llama del interés entre los seguidores de la emisión canora en El chat de OT, emisión que por pronto que termine sacará a los fieles unas ojeras de caballo, demacrados como Mario Casas en El fotógrafo de Mauthausen -12 kilos ha perdido el actor para hacer de Francesc Boix, que fotografió el horror nazi bajo cuerda en el campo de concentración-, tampoco lo mejor de la vuelta de OT a La 1 ha sido la espectacularidad de un plató monumental, luminoso y guay, ni siquiera lo mejor de la vuelta ha sido ver en otro registro al simpático Roberto Leal, que tenía la gran responsabilidad de hacer olvidar la forma de presentar, entre el paternalismo y un machismo social sutil y familiar, de Carlos Lozano.

     No sé si vieron el programa. Pero si fue así, además de conocer a la tropa de aspirantes al olvido –no hay país que aguante tanto artista suelto, sobre todo porque cada cadena se ha propuesto criar a una caterva que ya empieza a causar problemas medioambientales-, se darían cuenta de que esa noche, a pesar del insufrible olor a azufre revenido, a diablo de manipulación informativa de seguidismo gubernamental, familiar en el Telediario de la casa, parecía que el aire era más respirable. ¿Se dieron cuenta pero no aciertan a sacar el dedo índice y señalar la razón del hecho comprobable por la ciencia? Yo les ayudo. Lo mejor de la vuelta de Operación triunfo a TVE no fue la vuelta de Operación Triunfo sino la decisión de la casa de eliminar, como se elimina un furúnculo, la entrega de Hora punta. Fue solo este lunes, pero ay qué gusto da. Si fuera para siempre hasta vería OT.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Maldeojos. Retoquitos de orfebre



Retoquitos de orfebre
(Artículo publicado el domingo, 24 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)

     Soy el fuego que arde tu piel, soy el agua que mata tu sed, el castillo, la torre, yo soy la espada que guarda el caudal, tú el aire que respiro yo, y la luz de la luna en el mar, la garganta que ansío mojar, que temo ahogar de amor. Lo que acaban de leer –quizá hasta le suene- es la letra de la sintonía de una de las series más violentas y sanguinarias, con visos de realidad, que se han visto y se siguen viendo. Es Narcos. Una delicia de música y letra original de Rodrigo Amarante, cantante brasileño, con el que se abre el telón del infierno, de las despiadadas venganzas, de la muerte como moneda de cambio, del crimen como herramienta de gigantescas fortunas. No me canso de escuchar esa dulce melodía, ese compás lento, esa voz sugerente que habla de la pasión en susurros. Ni todas las nuevas voces, ni ese ciego apoyo a la música que pretende hacernos colar de nuevo TVE con la inminente apertura de la academia de Operación Triunfo, donde el galán de la testosterona a borbotones Carlos Lozano da paso a Roberto Leal, sabrán emocionar una milésima parte de lo que consigue la voz mecida de Amarante en la sintonía de Narcos. Todavía no ha comenzado OT y ya tengo empacho. Es lo que nos pasa a muchos con Francisco Marhuenda, que rechazamos el original y amamos la copia que ha creado el humorista Raúl Pérez. Nos lo encontramos a todas horas y en todas las cadenas, y aún así va el tipo y se cabrea porque lo han echado de 13tv. Si la música de Narcos te engatusa y engaña porque jamás imaginarías que abre las puertas del apocalipsis, saber que la nueva temporada de La mañana de La 1, cuyas novedades se presentaron la semana pasada, incluye “estar muy pendiente de los `realities´ de la casa, Masterchef y Operación Triunfo”, te da un bajón del quince por mucho que lo diga María Casado, o justo porque lo dice ella, que volvió el lunes. Al fin.

Periodismo de hienas
     Lo digo porque la imagen de Silvia Jato dominando la escena en el plató del programa ha sido tan dura como un balazo de los criminales. La señora presenta de pie, estricta, agria, con ese puntito de altivo desprecio y evidente arrogancia, con gesto de hacer ver que aquí mando yo, quizá ayudada por ese pelo trenzado en moño alto que deja la nuca al aire como una cigüeña malhumorada. No me gusta, ya lo he escrito otras veces, sigue sin gustarme cuando la vi el otro día hablando de pamplinas impropias de una tele pública malgastando un tiempo de oro con una solemnidad insultante. Me resulta más repelente que otras caras del universo de las estiradas, y las hay que me desestabilizan. Soy así de vulnerable, amores. Toc, toc, llama Ana Rosa Quintana. Ella sabrá si por estirada o fatua, solemne o doña de corral. No sé ustedes, si es que la ven por la mañana en Telecinco dejando que el broncas Eduardo Inda –periodismo de hienas-se apodere del tiempo excretando sonidos para impedir que se escuche la opinión ajena, no sé si ustedes se han dado cuenta de que algo ha pasado en la cara de Ana Rosa. Es como si vemos a la reina de verdad, a Letizia Ortiz. Parece la de antes, la que salía en TVE con el manipulador Alfredo Urdaci –fastidia, señora mía, que ni una reina pueda borrar vídeos, wikipedias, fotos, en fin, el pasado para que no quede constancia tan chunga-, pero no es la misma. La cara de hoy ha pasado por todos los talleres para que los orfebres hayan dado con la imagen actual. Pues con Ana Rosa, igual. Es la misma, pero con las mejillas infladas, el acordeón arrugado de su cuello como estirado, y sus ojeras como si no le diera vergüenza hablar de la nueva edición de Gran Hermano. Y sin dejar de hablar de caras, y de jetas, se confirma que Fátima Báñez está hasta su higo chumbo de que la confunda con Millán Salcedo, Martes y 13, hasta el iPhone nuevo, ese de reconocimiento facial, siendo ella la que posee melena con denominación de origen y la que de verdad agradece a las vírgenes lo bien que va su ministerio.

Grotesca homofobia
     En Mediaset apenas han pasado por el taller del orfebre no sólo la presente edición de Gran Marrano por mucho que hablen, también con pompa pero sin sustancia, de GH revolution sino a ¿Quién quiere casarse con mi hijo? En Gran Hermano no hay más revolución que la de saber cuándo se tirará el primer cuesco alguno de los exiliados del país de Rajoy o del país de Puigdemont. Lo demás, hastío, frío y sed, tele de abuela, inventos, guionistas en acción, cadena antigua. En ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, Cuatro, la novedad la pone el vestuario de la alcahueta Luján Argüelles. Lo demás, guionistas desatados, friquis de manual, ansia de foco, perfiles intercambiables con Firts dates, el propio GH, o los vecinos majaras de Ella es tu padre, donde por sacar cosa vista, leña quemada, pareja insoportable, sacan a Alaska y a su liendre, Mario Plomizo Vaquerizo. No veo la serie, y eso que Carlos Santos está inmenso como señora a lo Doubtfire, no porque Rubén Cortada apenas sirva como cosa decorativa  fruto de orfebrería cara sino por si, en un descuido, sale Vaquerizo con su boca torcida. Los que no tienen arreglo ni en el mejor de los atelier son los de Intereconomía, que no saben qué hacer para llamar la atención. El ridículo Eduardo García Serrano, el tipo que llamó zorra y guarra a una consejera catalana, participa en un gag que pretende ser cómico y sólo es patético haciendo el saludo fascista y dando pasos marciales por el plató para demostrar que es español porque no es marica y le gustan los toros, o algo así. Grotesco, de verdad. La vida, como la tele, iba en serio, venía a decir Jaime Gil de Biedma. Esta peña cutre, facha y delirante, vive en su mundo protegido por la libertad de expresión –Podemos los ha denunciado-. Que la tele va en serio, volviendo a Narcos, lo ha sabido muy bien Carlos Muñoz, que localizaba escenarios para la serie, al perder su vida a manos de sicarios en Méjico. Su cabeza agujereada por los disparos no podrá ser remendada por ningún orfebre aunque su vida sí podrá ser recordada cada vez que se oiga la dulce voz de Rodrigo Amarante en la sintonía de Narcos.

La guinda
Celebridades
Queda dicho en esta página. El martes se estrenaron dos bombazos. Gran hermano en la cadena añeja, Telecinco, y Masterchef celebrity, en La 1 –que ganó la noche-. Por allí andaba Bibiana Fernández. Qué putada. Qué pena, hablando de orfebres de la cara, lo que le han hecho a esta señora por el afán de la misma de luchar contra el tiempo, con lo guapa que era. Está claro que en esa lucha ha perdido. Qué fea la dejó el bisturí, coño.

lunes, 31 de julio de 2017

Maldeojos. Cursilada



Cursilada
(Artículo publicado el sábado, 29 de julio, en diarios de EPI PRESS)

    Estoy convencido de que cuando sientan ante la cámara a Roberto Leal –La 1, España directo, y desde el viernes presentador de otro muermo-, y le dicen que tiene que ser divertido, el hombre hace lo que hace pretendiendo entretenernos lo mejor que puede. A mí, sin embargo, me da mucha grima cuando lo veo poner caritas, aparentar jovialidad, y marcarse unas tontunas junto a los “cupidos” Elías Torrecillas y Reichel Delgado. Todos forman parte de Hotel romántico, el nuevo fiasco de la tele pública. Se trata, en esta ola de programas de citas, de encontrar en la ciudad suiza de Davos el amor a partir de los cincuenta y pico. 12 hombres y 12 mujeres. Como dios manda, que TVE es muy suya y no quiere líos con Ignacio Arsuaga, el de Hazte Oír –el autobús se convertirá en helicóptero sobrevolando las playas españolas con un mensaje a lo pene y vulva-, que se le pone la bilis, el odio, y la mala leche de punta si oye hablar de LGTBI.

     Me pregunto si Toñi Prieto, directora de entretenimiento de TVE, da el visto bueno a estos delirios porque se entretiene de verdad, porque alguien le aprieta las clavijas para que aguante carros y carretas, o porque le sale del moño y como ella no tiene que pagar la barra libre, hala, quien venga detrás que arree. Es verdad que Hotel romántico no es un producto deleznable, pero tampoco propio de una televisión pública. Y por si fuera poco, escucho romántico en televisión y mi traductor saca el lado canalla y me redirige al único significado posible, cursi. Pero cursi con avaricia. Noche romántica, habitación romántica, cena romántica, casita romántica, música romántica, y así hasta el empacho. Hotel romántico es una castaña por donde el amor se escapa aturdido y avergonzado.