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miércoles, 5 de junio de 2019

Maldeojos. La gran Concha


La gran Concha
(Artículo publicado el martes, 4 de mayo, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     En blanco y negro. El plano, tembloroso, se va abriendo desde la cruz en la pared hasta el rostro de una monja de clausura que reza, implora, titubea, y siente el cosquilleo aquí, justo aquí, ay, por dios, de la rosa que le entra y le sale, y otra vez, venga entrar y venga salir, y yo, ahogándome, hermana, qué sudores con la dichosa rosa. La monja parece que habla sola en su celda, pero al lado algo se mueve. Es otra sor, que le conmina, le incita, le ordena que siga, coño, contando lo de la rosa que entra y sale, entra y sale. Es una recreación petarda, gamberra, lúbrica, descacharrante, de Teresa de Jesús, la mítica serie que firmó para TVE Josefina Molina en la década del 80 del pasado siglo, una de las obras cumbres de Concha Velasco. La monja de la rosa –orgasmo socialdemócrata- era la actriz Emma Ozores, y la otra sor, Sor Gillete, el alucinógeno Bob Pop.

     Todo esto sucedía ante la propia Concha Velasco, sentada en el plató de Late Motiv, en #0, junto a Andréu Buenafuente y Silvia Abril, caracterizada como otro de los grandes personajes de la vallisoletana que desde chiquitilla lo tenía claro, y así lo decía, mamá, quiero ser artista. Fue un Late Motiv especial, todo un monográfico dedicado a esta gran señora -79 años, y en activo, lúcida y guerrera, trabajadora y maestra-. Por el programa pasaron actores, humoristas, imitadores, los guionistas lo dieron todo, se transformó el plató, la orquesta interpretó músicas de la actriz, y al final lo que el espectador vio fue una lección de alta televisión, de cómo un formato se convierte en una cita con el buen gusto, con el entretenimiento que te atrapa, o sea, para explicarme mejor, con el concepto que uno tiene de lo que es televisión de calidad. Enhorabuena.

jueves, 2 de mayo de 2019

Maldeojos. El otro debate


El otro debate
(Artículo publicado el jueves, 25 de abril , en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     La forma que proponía la otra noche Andréu Buenafuente para seguir el primer, el segundo y todos los debates políticos que en el mundo son es, quizá, la más divertida, o sea, alzando el codo como si no hubiera un mañana. La audiencia de Late Motiv se lo pasó pipa  chupito va, chuipito viene. Para no andar con tonterías. Lo que importaba era el lingotazo, no el debate. Se propuso a los espectadores una serie de claves para tirarse al vaso, para empinar el codo. Que Pablo Casado dice en sus primeras palabras, buenas noches, viva el rey, chupito. Que se mienta más a Venezuela que a Teruel, chupito. Que Pablo Iglesias mete cloacas, IBEX, y bancos en los primeros tres minutos, chupito. Que Albert Rivera resucita a ETA –también vale si lo hace Casado-, y saca cachivaches de su trastienda, chupito. Que Sánchez sonríe pero no sabe hacerlo, chupito.

     No me negarán que no es ingenioso y gamberro rebajar la intensidad de unos debates donde, fíjense, nadie debate sino que suelta el rollo, se pone teatral y sobreactuado –la patética escena de ver a Rivera con la fotito enmarcada sobre el atril, su mala educación, su nerviosismo, su falta de respeto fue de los momentos más terribles que uno recuerda como espectador de debates-, rebajar con humor estas chorradas de candidato con golpes de guión como el mentado en Late Motiv es sanísimo. En paralelo,  al mismo tiempo que los debates de RTVE y Atresmedia tenían lugar, las redes echaban chispas. Incluso las cadenas, de TVE a La Sexta, dedicaron tiempo en informativos y magacines a los memes que se creaban según se emitía el debate. No me resisto a este. Chopitos, espetos, choco, decía una voz sobre la imagen de Iglesias leyendo la Constitución.


lunes, 25 de febrero de 2019

Maldeojos. Malú y el otro


Malú y el otro
(Artículo publicado el sábado, 22 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Menudo cachondeo se ha liado con Manual de resistencia, el libro de Pedro Sánchez. Lo de cambiar el colchón de su cama en la Moncloa -primera medida del presidente- ha sido una risa. Hasta saltó al Congreso convertido en algo que pretendía ser un chiste por Pablo Casado, que no para de reír –por cierto, ¿de qué, y tanto?-. Pues bien, resulta que ese colchón no era, como todo el mundo pensó, de Mariano Rajoy porque el pachorras, intuyendo que iría a la basura, lo donó a una ONG. La mari de la política, mari Celia Villalobos, según se llama a sí misma en Espejo público, ha definido estos tiempos como de política líquida, es decir, política insustancial, política de titular, política de fogonazo, y así parece. Abre titulares y sumarios en los noticiarios la anécdota, la representación, el teatrillo, el espíritu de El club de la comedia, que lleva tiempo instalado en la vida parlamentaria.

     Así, regañando como una madre enfadada, recriminó Ana Pastor, la presidenta de sus señorías, al diputado valenciano de Ciudadanos Toni Cantó, que realizó su discurso con tono de performance con atrezo traído de casa en sus bolsillos portando naranjas y una castaña, frutos que enseñó al respetable para despedirse con un ¡Viva España! que no se salta un galgo. Política espectáculo, de teatreros, líquida, de maris, como dice la señá Celia. Y en estas llega la cosa de la relación entre la cantante Malú –por fin sé por qué nunca me gustó- y el veleta Albert Rivera. El gran Andreu Buenafuente dijo en su monólogo en Late motiv, ¿qué será lo siguiente, Rosa y Abascal? Habrá que ver.


lunes, 7 de enero de 2019

Maldeojos. Menos "influencer" y más referentes


Menos “influencer” y más referentes
(Artículo publicado el domingo, 30 de diciembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Lo dijo en directo un pensador moderno que tiene espíritu de bufón, y hasta sus maneras y su forma atrabiliaria de vestir, exagerada y divertida, con un gusto que apuesta por las mezclas más chocantes, parecen ir en esa dirección, incluso su nombre de guerra, Bop Pop, bajo el que Roberto Enríquez ha fabricado todo un personaje, es indicio de alma festivalera y cascabelera. Y al mismo tiempo, y ahí su grandeza, el brillante análisis que de la tele y la realidad y la cultura y la sociedad y la política, hace esta eminente figura de la televisión, casi siempre bajo el amparo de Andréu Buenafuente, con quien ahora comparte travesía en Late motiv. Fue ahí donde una noche soltó la verdad verdadera que leemos en el titular de esta página. En nuestra sociedad, dijo, sobran  “influencer” y faltan referentes. Hubo un silencio gélido, atroz, un zarpazo como de la ira de un dios noqueado, una hostia en la línea de flotación de tanto impostor, un bendito escupitajo sin despeinarse a tanta chuminada fruto de egos cuya megalomanía es sideral, torrencial y vertical, o sea, el tonto de arriba se mea en los tontos de abajo. Pues ahora resulta que muchos de esos “influencer” son un bluf, una estafa, una mentira gorda, es decir, los buscavidas de toda la vida. Lo decía la semana pasada La Sexta Noticias en un reportaje que daba datos escalofriantes, asoma la voz de Pedro Piqueras desde Telecinco dando a entender que hay calificativos que sólo a él le pertenecen. O sea, decía el reportaje que presentó  Helena Resano al mediodía, uno de cada cuatro seguidores de la tropa de “influencer” son falsos. Las casas comerciales, que se han gastado más de 35 millones de euros regalando productos e invirtiendo en publicidad en los perfiles de algunos de estos impostores con más jeta que los montajes de Sálvame han tirado por el retrete cerca de 12 millones porque detrás de esas abultadas filas de seguidores a los que el influyente de turno iba a influir era eso, nada, un hueco, un agujero negro, un perfil urdido por robots que multiplican los “followers” o se compran como se compra en la oscuridad el silencio entre Juan Manuel Moreno, PP, y Juan Marín, Cs, para subirse el sueldo como primera medida de Gobierno en Andalucía.

Menos desayunos
     Estos van a pasar una Nochevieja y entrada de Año Nuevo que flipas. Ni los escotes ni las transparencias de Cristina Pedroche, que apareció en Instagram en bolas –literal, porque se tapó con un montaje de bolas de navidad engarzadas, demostrando que su sentido del humor sigue intacto- los va a emocionar tanto como que sus votantes, perfectos “followers”, tragan lo que tengan que tragar. Resumiendo, y como dirá Risto Mejide en cuanto pasemos de este 2018 al 2019, todo es mentira. Así es. Todo es mentira es el nombre del nuevo intento de Cuatro para comerse un cachito de la tarta de la tarde que hasta ahora se tragan como leones, y auténticos reyes de la selva, los de Zapeando. La mayoría de los “influencer” son más falsos que las risas y los brindis que mañana se verán en el programa de Nochevieja –empacho de Roberto Leal en La 1, que por muy mono que sea el chico todo tiene un límite, que no nos dará tiempo de tragar la última uva desde la Puerta del Sol junto a la diosa y maestra Anne Igartiburu cuando nos esté pidiendo que soplemos el matasuegras para celebrar ¡Feliz 2019!, esa eterna y rancia gala con que las cadenas, todas las cadenas, meten sus ancas en el nuevo año-. En el mundo “influencer” hay mucho “postureo”. Pero indaguemos un poco más sobre lo mismo. Entre referente e influyente hay una delgadísima línea que une a las dos palabras por sus significados parentales, pero entre influyente e “influencer”, que parecen semejantes, hay un abismo. Más desayunos tenía el referente de Al rojo vivo, pero no ha conseguido ser influyente, y mucho menos “influencer”, así que Xabier Fortes se queda dentro de unos días sin esa cola rara que hasta ahora mantenía la dirección de TVE haciendo un puente entre Los desayunos, La mañana con María Casado, y vuelta a Más desayunos, tertulia política que ha enganchado menos que las Amigas y conocidas de Inés Ballester de la etapa anterior.

Pelo púbico
     Vuelvo a Andalucía, que esta semana ha estado en el candelabro de todas las teles que en el mundo son. Está claro que para la derecha más airosa, más vanagloriosa, y más por mis cojones, Andalucía se ha convertido en un espejo, en el norte, en el ejemplo de los ejemplos. Vamos, en una auténtica “influencer”. Si allí se han unido las derechas, se unen en el resto de España, sean elecciones municipales, europeas, o siderales. Es lo que deduje viendo y escuchando al líder del nuevo orden, un Pablo “Aznarín” Casado que se movía sobre una tarima como se mueven los charlatanes vendiendo el crecepelo de toda la vida, con despliegue de sonrisa triunfadora, y con el que conectó María Llapart en La Sexta para que la buena nueva que llegaba de “la gran tierra que es Andalucía” no se descarriara. Están felices. Ya sin caretas. No hay nada que ocultar. El “influencer” y el referente del PP es Vox. Si a mitad del siglo XX Carmen Martín Gaite escribía la vida provinciana de las chicas de Entre visillos, las reuniones de la derecha con la extrema derecha del vaquero Santi Abascal se hacen detrás de las cortinas, como decía Susana Díaz entre una nube de periodistas, confirmando La Sexta el comadreo. Qué pena que a José Mota, todo un referente del humor, no le haya dado tiempo a meter en su especial de Nochevieja Retratos salvajes para La 1 –Siete horas con Mariano, El inimitable, Okupas en la Moncloa, e Historia de la Munda, remedo de la película del argentino Damián Szifron- los pactos andaluces de PP, C´s y Vox, el auténtico macho alfa. Seguro que Mota sabría encontrar humor donde yo sólo veo preocupación. El vaquero Santi se ha convertido en el auténtico “influencer” de la derecha salvaje, un referente que me eriza el pelo del pubis, por lo menos. Bop Bop, ilumínanos.

La guinda
Spacey es Frank
En la nueva temporada de House of cards, y tras la acusación de acoso sexual a un chico, Kevin Spacey, el presidente de EEUU Frank Underwood, fue apartado de la serie. Ahora, en un vídeo colgado en redes sociales, el actor ha vuelto a usar el malvado y adictivo personaje para defenderse. Lo titula Let me be Frank, algo así como déjame ser Frank. Hablando a cámara, desafiante como Underwood, habla de su inocencia.

martes, 22 de mayo de 2018

Maldeojos. Modista aparte


Modista aparte
(Artículo publicado el sábado, 19 de mayo, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Volvió a tocar las barbas del dios de los imitadores, que como cualquier espectador sabe es de los más exigentes, que los dioses clásicos con sus amenazas, sus repartos de lo malo y lo peor, tienen bastante. El dios de los imitadores es implacable, y ni siquiera ha de señalar con su espada flamígera al condenado para expulsarlo del paraíso de algo tan serio como la credibilidad, como la imitación verdadera y no la chocarrería del simple y grotesco remedo. Es más, si me apuran, que tal vez lo hagan porque hay lectores muy exigentes, me atrevo a decir que Raúl Pérez está en el último año de carrera para ser lo que es, un dios en esto de la parodia, de la imitación, de no sólo parecer sino de ser el otro, el imitado. La otra noche, en su reino de Late Motiv, donde ha encontrado glorioso cobijo otro duende, don Andréu Buenafuente, instalado en #0, se enfrentó al modisto, redicho y para mí marciano, Lorenzo Caprile.

     Este señor seguro que no es así, digo como lo hemos visto, bueno, lo ha visto quien lo haya visto, en Maestros de la costura, donde era un señor repipi, enfurruñado, redicho, un señor para echarle de comer aparte. Aunque no me hagan mucho caso porque, quizá, he tenido mala suerte y he cogido del costurero de la reina -¿no le hizo algunos trapos a su majestad Letizia Ortiz?- los peores momentos como jurado del concurso del dedal. Da igual. Lo que sí es cierto es que Lorenzo pasó por el plató de Late Motiv, y demostró que lo de ser quisquilloso y puntilloso no es excepción sino estructura, cimiento, pero que cuando apareció Raúl Pérez imitándolo, todo cambió. De nuevo me quedo con la copia. Me sobra el original, modista aparte.  


lunes, 30 de octubre de 2017

Maldeojos. Gangosos en declive



Gangosos en declive
(Artículo publicado el domingo, 29 de octubre, en diarios de EPI PRESS)

     De nunca me ha gustado, y ahora tampoco, practicar lo que el refrán explica tan bien, hacer leña del árbol caído. Si puedo evitarlo, lo evito. Hablo del señor Francisco Rodríguez Iglesias. Detrás de ese nombre tan corrientito está el cómico Arévalo. Arévalo hace un humor, vamos a llamarlo así, a miles de kilómetros de lo que a mí me puede hacer gracia. Dicho de otra manera, que veo la gracia de Arévalo en el culo. No hay forma de que este señor me hiciera ni me haga reír. Su humor es paleto, garrulo, un humor que huele a país superado, a grasa revenida, a niños casi andrajosos que se sacan con la punta del dedo los mocos que enseguida se llevan a la boca llena de churretes, es un humor marciano que funcionó en una tele que aunque emitiera en color es una tele en blanco y negro, un humor que erige su esqueleto en el lomo del diferente, sea gangoso, paticorto, culibajo, moro, gitano, o mariquita de toda la vida con mucha pluma y mucho revuelo de manos, un humor que cierta España necesita para reafirmar valores que, no lo entenderé jamás, justifican el atropello y el agravio como baluartes necesarios de una identidad excluyente y necia, torpe y atroz. Arévalo es un artista mediocre que apela a un españolismo de farfolla que me avergüenza y cansa por excluyente y folclórico. Ya digo, no me interesa, no me conmueve, y sus gracias se vuelven insufribles, insultantes. Creo que ha ido llenando teatros a destajo, dejando un rastro de chascarrillos que ponían al respetable de pie, y que lo hacía con Bertín Osborne, otro ejemplar de la España más oscura y tétrica. Eran como hermanos “mellizos”, o “gemelos”, conceptos con los que jugaban para que el respetable se partiera la caja con la ocurrencia. Ni puta gracia, señores. Pero ahora, como saben porque lo habrán leído, visto, y escuchado, ya no se hablan. Oh. Una foto que Arévalo publicó en Twitter, fardando de rey Juan Carlos, de infanta Elena, de Osborne y de hijas de Osborne dándose un festín de paella, enfadó a la Casa Real y al propio “hermano”. ¿A quién se le ocurre,  criatura? El señor Paco Rodríguez justifica que subió la foto no sólo de forma inocente sino, atención a la sesera del cómico, “presumiendo de ser español”. Me gustaría saber cómo lo ve otro español de pro como Carlos Herrera.

El estigma Sálvame
     Pero yo voy al declive del cómico. Todo el que aparece para contar sus amarguras en Sálvame de luxe está de retirada, está en decadencia, sin remisión. No sé si el salario por acudir a tribuna tan podrida, tan desprestigiada y nefasta es un chusco de pan o unos cuantos cientos de euros, pero sé que otro “gangoso” del humor como Ángel Garó posó su culito en uno de los sillones donde Lidia Lozano y Terelu –en la cuerda floja de los guionistas del show-, se han tirado cuescos de calibre superior. Y lo hizo dejando claro que Ángel Garó era cosa pasada, agua oscura, aire viciado. Visitó el plató de esa cloaca para rubricar su imparable declive. Arévalo, igual. A ese plató se va a lo que se va, a llorar desgracias, a tirar carnuza a la parrilla humeante. Y por eso Arévalo se hundía más y más. Desde que se quedó viudo, la vida se le hundió entre los pies. Y aquí me paro. Sólo el dueño de su desgracia puede jugar con ella. No entro en el juego, el árbol caído siempre me ha dado mucho respeto y pudor. Pero mantengo mi teoría de que esta peña, famosillos al borde del olvido, con un pie en el precipicio de sus últimos fulgores, cuando acude de invitada a Sálvame, y se abre de patas ante La fábrica de la tele, productora experta en carroñas de variado pelaje, está firmando su propia sentencia de muerte, su patético declive. Arévalo lo ha sufrido hace nada. La cosa es tan chunga que hasta la enorme Maruja Torres, que pasó por Late Motiv –a Arévalo y a otros de su especie ni se les ha visto ni se les espera por allí- echó unas risas a costa de este par de gansos diciendo que para diálogos necesarios, urgentes y terapéuticos, el que este país necesita entre Bertín y Arévalo.

TV3 y TVE
     A la carreta de Sálvame  no sube gente de primera. Eso lo sabe hasta el que barre el plató. ¿Recuerdan a Álvaro de Marichalar, el hermano de? No sé si Arévalo fue al programa a buscar cariño o un plato de lentejas, pero menos aún entiendo a qué va un tipo como este Marichalar al plató de esa taberna de forajidos. Acudió a la cloaca con la chulería del señorito borde, pero al ser más chulo que Mila Jiménez y hablarle de tú al dueño del corral, el dios del cielo lo expulsó del paraíso, y la voz de Jorge Javier Vázquez, encolerizado, resonó firme y clara, “no aguanto tus gilipolleces porque no contestas a nada, así que se acabaron las patochadas”. Y Alvarito, emperrado en lo de Cataluña como el nuevo nazismo, salió de foco un poco más olvidado, diluido, en declive, que cuando entró. Y se fue corriendo, a los pocos días, a hacer el ridículo sentado en una calle de Barcelona con una pancarta –más vale pedir que robar- a seguir con sus patochadas. ¿Es que ha pasado Martínez Maíllo, coordinador general del PP, por Sálvame? No, pero los efectos son los mismos. Pérdida de dignidad, memoria, cinismo desmedido, considerar al de enfrente amnésico, estúpido, gilipollas integral y, en definitiva, hacer de la política un chiste de gangosos sinfín dejando claro que la impunidad de lo dicho, sea ante Jorgeja o un Telediario, no tiene consecuencias. Que dice el tarambana que TVE es una gran televisión y que ya quisiera TV3 –ante la posibilidad de que su dirección sea intervenida por el Gobierno central- hacer la tele que hace TVE, donde hay “bastante objetividad”, es decir, una tele plural que no conoce la manipulación. Ni Arévalo en sus mejores horas hacía chistes tan buenos. La Gürtel ha resucitado hace unas horas gracias a la fiscal anticorrupción, que dice que la caja B del PP está más que acreditada, pero TVE ha demostrado una vez más que lo suyo es el chiste, con gangosos o sin ellos, agitando la bandera española para tapar mierdas de partido.

La guinda
Jaime Pujol
Es inconcebible el maltrato que La 1 da a uno de sus productos más destacados, El ministerio del tiempo, a punto de emitir el último capítulo de su tercera ¿y última? temporada. De los lunes, a los miércoles, y así, de sopetón. Esta semana vimos el intento de asesinato de Adolfo Suárez, encarnado por el casi valenciano Jaime Pujol, y la pantalla se iluminó. No hay papel corto sino artista de relumbre.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Maldeojos. Qué delicia



Qué delicia
(Artículo publicado el sábado, 16 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)
     Qué delicia escuchar, y ver, la conversación que mantenían la otra noche en la vuelta de Late Motiv, en #0, Andréu Buenafuente y Gemma Nierga. Lo decía el presentador para recibir a la periodista catalana expulsada de la cadena Ser como se tira un plato de agua por la ventana –La ventana, programa que presentó durante 10 años con gusto, dulzura, corazón y cabeza-, decía que era un gusto recibir a Gemma para hablar un rato sin ataduras, sin prisas, con la complicidad de lo vivido juntos. Y se notaba. Fue un encuentro dulce que atravesó la pantalla y llegó a casa con el aroma de la conversación que huele a años de trabajo y conocimiento en común. Ya no se da en la tele ese tipo de encuentros, de entrevistas sosegadas, de charlas que no buscan la confrontación sino el disfrute de entrevistado, entrevistador y, sobre todo, espectador.
     Habló Gemma Nierga en un tono amable, aunque podría haber sido hiriente, agrio y mal encarado con su antigua empresa, pero qué va, fue una señora que demostró un talente y educación exquisitos. Ni asomo de cabreo y reproche en público. Y cuando dijo que sí, que escuchaba la radio, pero no la Ser, lo dijo dejando claro que era por cuestión de pura emoción, por no escuchar a sus antiguos colegas, que tanto quería. También dijo que ha aprendido a disfrutar de este nuevo tiempo y que sí, que le llegan propuestas de vuelta al trabajo aunque “algunas son surrealistas”.  Dice que es una superviviente emocional que ha aprendido a acercarse a lo que la anima y a descartar lo que la pone triste. Se habló de periodismo, de sus escasos medios, de los miedos del periodista, y de cómo un programa como Late Motiv hereda el espíritu de la mejor radio, una delicia.

lunes, 24 de julio de 2017

Maldeojos. Herminia



Herminia
(Artículo publicado el sábado, 8 de julio, en diarios de EPI PRESS)

     Como tal, Herminia no existe. Existen miles de Herminias en nuestras ciudades, pero la Herminia de la que hablo sólo existe en la ficción, en la pantalla, y recobra vida cada vez que Javier Coronas se pone la peluca, se planta sus gafas, e inventa unos diálogos que son, como ella misma diría, la leche. Es un humor burro, cerdo, un humor más que grueso y a la vez, y esa es su grandeza,  de una exquisitez que abruma. Las escenas de doña Herminia suceden frente a Andréu Buenafuente, y tienen lugar, cómo no, en Late motiv, que emite 0#, y convierte a cadena y programa, como ocurre con espacios de la misma factoría, en referentes de modernidad, atrevimiento, frescura e inteligencia. Perdonen que hable aquí de Javier Cárdenas, en las antípodas de lo que hablamos, pero el menda al que La 1 le da cuartelillo, se atrevió a aconsejar al maestro Andréu que cambiara, que se repetía mucho. ¿Se podrá ser más cretino?
  
     Al grano, centrando esta pieza en cosas importantes y no en baratijas. Que doña Herminia es una perita en dulce. Tiene 91 años, aunque en cada intervención se salta ese dato “como me sale del chocho”, y acaba de hacerse una operación de tetas por salud, que “me dijo el médico que no era bueno que me llegaran las tetas al suelo por temor a que me liara con ellas y me partiera la cadera”. Total, dice doña Herminia, que “ahora tengo las tetas como una quinceañera y puedo partir almendras con ellas”. Lo cierto, sigue contándole intimidades a Buenafuente, es que me caso, sí, sí, me caso, me caso con un jeque árabe que conocí en un local de intercambio de parejas, allí le hice unas carantoñas, le toqué la picha, y hala, palante. Busquen a doña Herminia por ahí.

lunes, 17 de abril de 2017

Maldeojos. Con humor



Con humor
(Artículo publicado el sábado, 8 de abril, en diarios de EPI PRESS)

     Se está hablando mucho del caso Cassandra –Cassandra Vera, condenada a un año de cárcel por unas frases en Twitter sobre Carrero Blanco- y de los límites del humor, un debate más que necesario en el que están opinando las mentes más claras de este país, incluso yo he leído opiniones de Bertín y Arévelo, ¿eh?, que completan un poco el arco del pensamiento en España. Así empezó Andréu Buenafuente la otra noche en Cero Late Motiv, que dijo que a esta hora “está al caer”, y en ese momento, zas, un coche se estampó en el plató y de él apareció Carrero Blanco, aunque quien saludó al presentador fue un tipo vestido de almirante, con impoluto traje blanco, pero negro de piel. Así que se quedó en Carrero Negro. A partir de ahí se inició un diálogo en el que no faltaron las referencias al atentado del almirante franquista en clave de humor desatado con frases con doble sentido como “cuando Carrero vuela bajo, hace un frío del carajo”·.

     Imparable, el actor negro que hace de Carrero Negro dice que ve ¡Boom! antes de Ahora caigo. Y así todo el rato. Que si el humor está en el cielo, que si el tiempo se me pasó volando, que me voy, o que si perdóname, que estaba en las nubes. Sin grandes debates, Late Motiv metió el dedo hasta el corvejón en la ridícula sentencia que aún genera tanta y tan enconadas opiniones, según vengan de un bando o de otro. Ustedes me entienden. Una vez más, Buenafuente está sembrado. Y sin apenas mover un músculo. Como otra noche reciente y de la mano de su humorista de cabecera, Raúl Pérez, que imitando a la “adivinadora”  Esperanza Gracia vuelve a reírse de Javier Cárdenas diciéndole que no la llame a ella sino a un logopeda. El buen humor lo explica todo, sin límites.