viernes, 10 de febrero de 2017

Maldeojos. Otra tele fue posible



Otra tele fue posible
(Artículo publicado el domingo, 5 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

     Hace unos días, coincidiendo con la emisión de un nuevo capítulo de Cuéntame en La 1, la televisión pública emitió otra entrega de Ochéntame otra vez, un repaso nostálgico e informativo que va pegado al rastro de los contenidos de la serie madre hablando de la tele de aquellos años, de los ochenta. En Ochéntame otra vez se habla de programas, de invitados, de gente allegada a los equipos, y se echa mano de quien lo vivió para hablar de aquella forma de hacer televisión. Entre la gente que pasó por la entrega mentada esa noche está Mercedes Milá, que habló de su paso por TVE en una época en la que fue referente de televisión de calidad. Y salió el “tema Gran Hermano”. ¿Cómo es posible, le preguntaba la gente pasados los años, que hagas televisión basura, que se vuelque en Gran Hermano alguien que ha hecho una televisión de tanta calidad? Muy fácil, contestó, porque no veíais las entrevistas, cabrones. Es decir, que los distintos programas que luego haría Milá, incluso en otras cadenas, no alcanzaron la audiencia necesaria, había que seguir comiendo, y llegó Paolo Vasile con el cheque en la mano, se lo puso delante, y La Merche corrió tras el capo como un corderillo. Legítimo. O sea, cosa de dinero, como siempre pensé. Por cierto, Mercedes Milá es la nueva Torrente, o mejor, el nuevo Santiago Segura. ¿Recuerdan a este señor con sus camisetas, sus dedos en v, su sonrisa falsa, y su manera de promocionar los mojones de la saga de sus pelis? Pues doña Merche, igual. Programa al que la invitan, programa al que acude con la ropa de promocionar Convénzeme, su programa de animación a la lectura, sí, sí, como suena, o sea, lectura de libros, que emite B Mad, del emporio Mediaset, o promocionando su librería. La vi en Ochéntame con su camiseta blanca y el logo del programa, y la volvimos a ver hace unos días en su paso por El hormiguero hablando del programa y de su negocio. Mercedes Milá es como los chicos-cartel que vemos por las calles con pancartas colgadas donde se lee “compro oro”. Propaganda activa. Dio espectáculo en lo de Pablo Motos, que consigue trofeos muy llamativos.

Por el morro
    Lo que no consiga Pablo Motos no lo consigue nadie en este país. Hay que rendirse a sus encantos. Con el ji ji, ja ja, se lleva el gato al agua como el que mea, o como el que absorbe un litro y medio de agua por vía anal, como le dijera Camilo José Cela a Mercedes en una de sus entrevistas que ya son parte de la historia de la televisión, y que Ochéntame otra vez volvió a recordar. Claro que nadie traga por el culo agua, pero Cela era un escritor que llevó a la práctica la idea de que se tiene que hablar de ti, aunque sea para mal. La mirada no hay que ponerla, decía en Ochéntame, en el que escandaliza sino en el que se deja escandalizar. Otro eminente escritor que cultivó su personaje con tanto afán como sus columnas fue Francisco Umbral, cuyo “aquí he venido a hablar de mi libro” no sólo ha pasado a los momentos memorables de la tele sino que se ha instalado en el uso cotidiano para ir al grano, para centrar la conversación, para dejar claro que si alguien va a un plató a vender libro, película, teatro o música, hay que hablar de libro, película, teatro o música, o programa de tele, como dejó claro la propia Milá. O como puso de condición Isabel Pantoja para acudir al plató de las hormigas, que se hablara de su disco. Eso está hecho, dijo Pablo, incluso no hay problema en grabar el programa y emitirlo en diferido, otra condición de la mamá de Paquirrín. Lo que quiera Isabel, la más deseada después de Bárbara Rey. Fue tan rentable su presencia en El hormiguero que no sólo arrasó en audiencia sino que se llevó el mes. La cadena de Paolo Vasile es tan fétida, su desprestigio es tan monumental, y su apuesta por el mal gusto y la bronca barriobajera tan aburrida y tan esperpéntica que para llevar delincuentes a sus platós ha de sacar la billetera como saludo. Es una afrenta que Isabel hable con unas hormigas por el morro, sin cobrar un euro. Toma, Vasile.

Paloma Chamorro
    Contaba hace unos días el crítico de televisión Antonio Sempere, uno de los invitados de Ochéntame otra vez para recordar aquellos años de televisión, que el programa sólo quería desempolvar una forma de hacer las cosas y que marcaron una época, pero  con un matiz, una época en la que la televisión pública era el referente al que mirar, por su calidad, en general, y por estar a la vanguardia. Hoy sería impensable programas como el de Terenci Moix Más estrellas que en el cielo, que entrevistó a Lauren Bacall, Kirk Douglas, Gina Lollobrigida, Francisco Nieva, Torrente Ballester o Carmen Martín Gaite. Y en hora de máxima audiencia. O programas como Viaje con nosotros, un gran y sonado escupitajo, una provocación, la irreverencia personificada que encarnaba cada semana un histriónico e inspirado Javier Gurruchaga, que hacía de la tele pública un laboratorio de propuestas que elevaban el concepto de programa de entretenimiento a categoría de obra de arte. Hoy la tele pública, La 1, con esa estúpida premisa de la castrante corrección sin matices apuesta por cuchufletas de una estupidez insultante como Hora Punta, con un Javier Cárdenas sin fuste, o El gran reto musical, un sahumerio oficiado por la inane e impersonal aunque mona Eva González, ejemplo de lo que vengo diciendo, presentadora de tele ñoña, facilona, que no hace daño ni molesta –a mí, y seguro que a millones de callados espectadores, sí-, que se consume sin piar, que llega a casa y resbala sin más. Justo en el momento en que escribo esta pieza me entero de la muerte de Paloma Chamorro, mujer que simboliza esa época dorada donde otra televisión fue posible. Por algo La edad de oro se llamó así visto desde nuestros días y comparada con lo que hoy se entiende por apoyo a la música, la cultura, y la creación en general. Apoyo que lideran blasfemias como La voz, Got talent, Tú sí que sí, y parecidos engendros en hora de máxima audiencia.

La guinda
Dani y Goya
Otro año Dani Rovira presenta la gala de los Goya del cine español. TVE lleva días promocionando la cita con divertidos anuncios en los que el actor malagueño no sabe qué hacer. Llega a tener hasta pesadillas. Se ha convertido en la Rosa María Sardá del evento más importante de nuestro cine en su versión más festiva, y con el apoyo de la audiencia. Si Rajoy fuera a ver cine español ya sería la leche.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Maldeojos. Pelele



Pelele
(Artículo publicado el sábado, 4 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

     Apenas lleva semana y pico en la Casa Blanca y el estrambótico presidente no para de hacer de las suyas. Es una criatura simple, y por eso sus acciones pueden ser terribles. Si hace unos días se decía en este rinconcillo que el papa de los católicos no ve la tele por hacerle caso a su dios, que se lo dijo en una especie de revelación, el menda que ocupa el Despacho Oval hace todo lo contrario. Ya ha empezado a circular la noticia de que Donald Trump se pasa las horas muertas delante de la tele. Me cuadra. Me lo creo. Supongo que no será muy exquisito a la hora de elegir. Basta con que no hablen mal de él. El ceporro, aunque esté al frente de un país que reparte carnés de demócratas por el mundo, no admite la discrepancia. Es más, la persigue. No su equipo, con sibilino tino, no, él mismo se pone al frente del batallón y calla, esquiva, o humilla a los periodistas y a los medios que hacen su labor, es decir, que se ponen frente al poder, el que sea.
     El presidente pasa las horas muertas delante de la tele, se dice ya sin tapujos. Lo que le faltaba a EEUU y al mundo. Otro majara, líder supremo se hace llamar en Corea del Norte, Kin Jong-un, mientras su país se cae a pedazos y la gente pasa necesidades de todo tipo, se atiborra de películas con personajes de la factoría Disney y se ceba como una vaca ante un monitor de vídeo juegos. El brillante camarada es otro simplón con un poder que aterra. Bien. Donald, el presidente, no el pato, sólo ve una cadena, FOX NEWS, algo así como si Rajoy se chutara en vena la tóxica programación de 13tv. Los de FOX le hacen la pelota, le ríen las gracias, y el tipo está encantado. El otro día llegaron al extremo de decir en un programa en directo que si estaba viendo la tele en la Casa Blanca que apagara y encendiera la luz de su habitación. Y lo hizo. Es el nivel.

lunes, 6 de febrero de 2017

Maldeojos. Panto-mima



Panto-mima
(Artículo publicado el jueves, 2 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

     El paso de Isabel Pantoja por El hormiguero no sólo ha dejado al programa de Antena 3 con récord, cerca de 5 millones de espectadores, sino que ahora, pasados los días, es cuando empieza a analizarse como se analiza una fórmula secreta. La misma noche de la emisión, en las redes sociales, empezó el castillo a desmoronarse con los ataques al programa, a la tonadillera que se llevó dinero público a su saca, y por eso pasó por la cárcel –palabra innombrable durante el publirreportaje- y a Pablo Motos, por el servicio de limpieza anal que brindó a la Panto-mima. Sin embargo, un paréntesis antes de seguir. El hormiguero ha sido fiel a su espíritu. Allí va la gente a divertirse, la justicia ya habló, y la delincuente pagó por ello. Así que, ande yo caliente y…, dirán los del equipo. Éxito absoluto para programa y cadena –líder del mes-.

     En Espejo público, como es lógico, llevan algunos días sacando pringue al pozo al que tanta gana había de meterle mano. ¿Quién le regaló el perrito que hace llorar, o lo que quiera que sea el gesto de esta mujer estirada que ha borrado de su faz la expresión natural –dicen que la inflan en una clínica de no sé qué pueblo gaditano-? Pues otro que ya no se nombra, Jorge Javier Vázquez, cuando colaboraba con Ana Rosa en Sabor a ti, en la propia Antena 3. El perro se llama Sisi. Nunca hasta el lunes había visto a Francisco Rivera, hermano del disco de oro Paquirrín –en serio, este país está hecho mierda-, y torero, como colaborador de Espejo público. Soltó una de las ironías de la mañana que quizá resuma la locura y el desmadre. Oye, preguntó, ¿será posible tener declaraciones de la perrita, de Sisi? Insisto. Esto se nos va de las manos.

viernes, 3 de febrero de 2017

Maldeojos. Ni así



Ni así
(Artículo publicado el martes, 31 de enero, en diarios de EPI PRESS)

     Telecinco le ha visto las orejas a la loba Antena 3. Vale que diciembre, después de 27 meses imbatible, le ganara el mes por unas décimas la de Atresmedia, pero ojo, se acabó la broma. Durante enero Antena 3 ha seguido chulita, unos pasos por delante de la otra. Pero todo tiene un límite. En la última semana Telecinco se ha vuelto loca y ha decidido plantar cara. Fíjense si se ha tomado en serio lo de ganar el mes, que sin pudor ni arrobo, sin vergüenza ni recato ha echado mano de una señora a la que había echado de su reino sin contemplaciones por si al entrar a Gran Hermano VIP la audiencia hacía palmas con las orejas y llevaba el programa a audiencias históricas. Y sí, lo consiguió. Pero al revés. La señora Aída Nízar consiguió bajar la audiencia del programa. Hala. Pero los cañonazos de esta guerra para llegar a fin de mes se han diversificado.

     El fin de semana se lo suele llevar Antena 3 con sus películas de saldo y mocos. Así que Telecinco ha decidido emitir un Pasapalabra sin descanso, de lunes a domingo, aunque suponga cortarle una horita a la madre Teresa Campos, que tendrá más tiempo para irse a casa y disfrutar del amor junto a Bigote Arrocet y de camino dar a la audiencia un respiro. ¿Terminan aquí las novedades, la reacción loca de Telecinco, que sabe que la visita de Isabel Pantoja a El hormiguero no es cosa menor? Qué va. Y por eso, de nuevo con el clan de las malagueñas, decidió estrenar el domingo ¡Mamá, qué bien te conservas!, otra entrega de ese horror llamado Las Campos. Y además volvió a emitir Ocho apellidos vascos. Conclusión. Telecinco ha ido tirando con cuatro gilipolleces. Ahora tiene que afinar la basura que echa al ganado. Pues bien, ni por esas.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Maldeojos. Los pilarees de la tele



Los pilares de la tele
(Artículo publicado el domingo, 29 de enero, en diarios de EPI PRESS)

     Las tres grandes cadenas, por acotar la historia, nos tienen acostumbrados a darnos dos, cinco, o veinte tazas de caldo si por un casual probamos una y no la arrojamos con el mando a distancia al rincón más oscuro de la casa sino que la acogimos con gusto, sin saber que se nos revolvería hasta convertirse en una pesadilla. Por eso hemos llegado a este punto. La 1 se ha vuelto loca con todo lo que rodea a las recetas, a la cocina y los cocineros, a la comida y al fomento de ese mundo, que ya empieza a tocarnos la nuez. Hasta en el Telediario, con cara de Trump ha hecho una de las suyas, Ana Blanco, seria como una cazuela de gambas sin cayena, te suelta que en Masterchef no sé qué niño fue despedido entre lágrimas, o que “esta noche sabremos quién es el ganador de la edición de Masterchef Junior”. Ya se han soltado de manos. Los vaivenes internos de un espacio de entretenimiento han escalado el sumario del noticiario principal de la tele pública de forma tan natural como depredadora. Lo de Masterchef, da igual si es para escolares, para famosos, o adultos anónimos, le ha dado la vuelta a la paciencia. Por si fuera poco, por si no tuviéramos bastante con el programa, tenemos a Jordi Cruz anunciando yogures, a Pepe Rodríguez pastas, y a Samantha Vallejo tomate en lata, yo qué sé. ¿Estos no eran cocineros? ¿Cuándo cocinan, si no salen del plató? ¿Termina ahí el amor de TVE por los fogones? Al contrario, va en aumento. España directo, como sabemos, y a pesar de que ahora está loquito con el temporal, echando a sus reporteros y reporteras a los puertos de montaña, a las calles más ventosas y a las ciudades más gélidas para que nos cuenten que hay nieve, que hay viento, y que la sensación es gélida que te cagas, siempre tiene tiempo para meterse en el restaurante de turno y cocinar en un pis pas. ¿Falta algo? Pues sí, el programa de recetas clásico. Y para eso están los cocineros Sergio y Javier Torres, Torres en la cocina. Hasta en el informativo sobre medio ambiente, Aquí la tierra, hacen lo mismo.

Folclórica religión
     Finiquitado Masterchef, por ahora, La 1 no puede prescindir de la columna sobre la que ha montado a Eva González, su presentadora de cabecera, que empieza a brillar más que la clásica Anne Igartiburu. Muerto Masterchef, viva El gran reto musical –los lunes, como también anunció esta semana Ana Blanco en el Telediario principal de la cadena-. Sin contemplaciones. Una pavada. O sea, confirmación de lo que pensamos y venimos diciendo desde hace tiempo, que a este país lo están convirtiendo en territorio programado de cocineros, cantantes, futbolistas, o tronistas de polígono. Y con el moño bien alto para recibir a los de siempre en platós intercambiables que se desmontan en lo de Paolo Vasile y su Telecinco pimpante y al segundo se montan en la tele pública, con las caras de siempre y sus gestos de siempre y sus tontunas de siempre, y por eso se ha abierto un mercado en el que siempre trasiega Santiago Segura, Falete, o Pitingo, que en el nuevo programa de La 1 tratan de acertar quién canta la música que se oye. No hay mucho que decir. Entretenimiento de rancho militar trasnochado por mucho brillo y relumbre que tenga el “maravilloso plató”, según Eva, que ha dejado a los copleros de Canal Sur sin su juncal figura, pero también en esa tele lo tienen claro, no pueden bajar la guardia. Muerta un poquito Eva González en la tele andaluza, que viva María del Monte. Si antes era la copla, ahora son las sevillanas. La cuestión es no dejar de tocar las palmas, de abrir la boca, cerrar los ojos, darle a la guitarra, y hacer un bucle de la programación donde el cante, el baile, y la folclórica religión no paren un momento. Es una pesadilla, créanme. Igual que cuando pones Telecinco sólo ves a un Gran hermano despatarrado en el asiento y a un familiar en el plató gritando algo, o a una de Sálvame chillando como una mona, en Canal Sur siempre te sientes acorralado por alguien que te canta algo. Es su columna vertebral.

Los gritos de Manel
     El empacho de ver siempre lo mismo, con apenas variaciones sobre idéntico tema, como decía al principio, es cosa de todas las cadenas. Lo de Telecinco, o Cuatro, es fácil. Si te paras en el esqueleto de su parrilla, en los pilares que sujetan su programación, le das la vuelta con facilona burla y desgana si no formas parte de su feligresía porque en pocos segundos compruebas que el mundo Sálvame te es ajeno y la selva de Gran Hermano te pilla tan lejos que si alguna mañana recalas en el reino de Ana Rosa y certificas que allí también dedican tiempo a semejantes bolsas de basura te hundes y tardas en volver a esa geografía de la infamia y la abyección televisiva. Y si por casualidad abren la mano y se olvidan de esos pilares, acuden a la era trillada del cazatalentos. Y te sale el Got talent por la curcusilla del ojete. Y te rindes cuando ves, otra vez, una vez más, a Jorge Javier en su faceta de jurado al que le importa una breva lo que allí pasa, a una Eva Hache en caída libre, a un Risto Mejide que se pone la máscara del personaje pero está deseando de que termine de una vez la pasarela de los fenómenos de barraca. ¿Quién ganó el Got talent de la anterior temporada? Pues eso. Son programas clínex. Se usan, se tiran, nada cambia. Antena 3 ha diversificado más su sustento, es innegable. Sólo hay que ver la parrilla de la tarde, donde se suceden nada menos que dos series y dos concursos. Pero lo de Tu cara me suena está empezando a empachar porque está estirando su presencia más allá de lo aconsejable. De hecho cuando veo a Manel Fuentes gritar –Manel sólo grita, para todo, en todo momento- anunciando que ya se está seleccionando al grupo de anónimos que quieran concursar en Tu cara no me suena todavía, me echo a temblar. ¿Cuántos cocineros, cantantes, folclóricos y tronistas soporta un país razonable? No lo sé, dice Rajoy, que nunca sabe nada, aunque sí que la lluvia bajará el recibo de la luz, pero esa sí que es otra historia. 

La guinda
Bimba
La mugre de algunos corazones se ha revelado esta semana con la muerte de la modelo Bimba Bosé, de 41 años. Él exceso de veneno y odio gratuito se ha disparado no sólo contra ella sino contra su tío, Miguel Bosé –el columnista Antonio Burgos escribió suciedades que sólo pueden salir de una mala persona-. Se han escrito frases en la Red que avergüenzan y destapan una España atroz que pone los pelos de punta.