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lunes, 4 de diciembre de 2017

Maldeojos. El monólogo



El monólogo
(Artículo publicado el sábado, 25 de noviembre, en diarios de EPI PRESS)
     La audiencia de Aquí la tierra, que emite La 1 antes del Telediario de Ana Blanco, va subiendo por días. Es uno de esos productos redondos que con el tiempo se asentaron en la parrilla, que los espectadores han ido degustando, y que se ha convertido en una de las mejores ofertas de pedagogía medioambiental y amor a la naturaleza de la tele y sin grandes aspavientos, es más, en Aquí la tierra se respira, desde el minuto uno al treinta, que es lo que dura el programa, buen rollo, ironía, frescura, compromiso, y diversión. Y desde luego desde ese primer minuto se nota que ese equipo es un gran equipo. Antes de que acabe la sintonía aparece la cara de su director y presentador, el chispeante Jacob Pretus. Es increíble en un programa en directo lo bien ahormado que está todo, lo bien que funciona el ritmo casi eléctrico del sumario, el paso de una cosa a la siguiente.
     Me quedo con el principio. Es alucinante. Sí, he dicho bien, alucinante. Me deja la cara turulata. Jacob Petrus empieza su monólogo de arranque como lo haría un maestro de la escena, como lo hace al comienzo de su programa Andrêu Buenafuente, pero con una salvedad. Jacob no cuenta la actualidad política ni social en tono de humor como lo hace Andrêu sino si hace frío o calor, si el mar está revuelto o la bruma inundó el cielo de las ciudades, si los pantanos agonizan, si el frente frío dejará hielos de madrugada o si ese animal está en peligro. Mientras Jacob va contando todo eso vemos pasar imágenes en el plasma grande del plató con una sincronía milimétrica, como si estuviera grabado. Pero qué va. No hay truco. Aquí la tierra, con sus reporteros husmeando por el país, es una máquina casi perfecta. Disfruten de ella.

domingo, 5 de marzo de 2017

Maldeojos. Eurorrisión sí que puede



Eurorrisión sí que puede
(Artículo publicado el domingo, 26 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

     Lo que no consigue la manipulación, lo consigue Eurovisión. Ni el PSOE de la gestora más molona a este lado de la derecha, ni el Ciudadanos más de donde sople el viento de ese lado de la oportunidad, ni el Podemos más ladrador de ese perro de la unidad y de la humildad mientras sea yo el que mande y para rubricarlo pongo caras muy severas, han dicho esa televisión del PP es un insulto y debemos unirnos para terminar con la historia de una tele pública al servicio ciego de un Gobierno encantado de tener un artefacto tan molón. Nada. Al Consejo de Informativos le duele la lengua de gritar el sesgo y la falta de rigor y credibilidad que impera en TVE, y que un espectador no muy avezado huele hasta con máscara, pero como el apóstol que predicaba en el desierto, la oposición mira a otro lado como si ese atropello no fuera suyo. De ahí a la complicidad, un suspiro. Y ya van unos pocos. Lo descacharrante de lo que viene a continuación es lo que viene a continuación, que diría el alcalde de Bienvenido Míster Marshall, cualquiera de los hermanos Marx, o el mismísimo Mariano Rajoy, talento innato para frases marcianas de verborrea hueca, como la de los jurados que proliferan en los chiringuitos que cada cadena tiene a bien montarnos para castigar a una audiencia entontecida y alelada y a un arte machacado en vano, como los que nombran a un dios en ídem. Yo os maldigo y os recuerdo que un gatito muere cada vez que Eva Hache abre la boca sabiendo que está en plano para dar a entender que el etcétera que se comerá el olvido la está asombrando, o cada vez que Risto Mejide se pone intenso para justificar su sueldo, o cada vez que Javier Cárdenas, con su media lengua, decía muy serio no sé qué del concursante que aspiraba a ir a Kiev para la cita eurovisiva. Y aquí viene lo gordo, lo bueno, lo que nos llena de pasmo y perplejidad como a un monarca zumbado de la vieja escuela le llena de orgullo y satisfacción.

Falla bananera
     Ha tenido que ser el lío que se ha formado con la elección de un tal Manel Navarro para ir al festival de Eurovisión 2017 el que ha destapado una caja que atruena y apesta. Aquella noche, tal como aquí comenté hace unos días, hubo lío, ruido, furia, hooligans de unos y de otros, presiones, malos modos, se dice que golpes, amenazas, intereses y amistades entre un jurado, Xavi Martínez, y el ganador, cláusula que según las bases de RTVE hace incompatible a ese miembro con la función que de él se espera, corte de mangas con chulería del elegido a quienes gritaban tongo, tongo, tongo, y todo ello en el marco de una gala bochornosa. Qué pena que Virginia Díaz, la presentadora de 180 grados en RNE y de Cachitos en La 2 formara parte del sahumerio. De hecho ha dicho que se le han quitado las ganas de volver a participar en el jurado. Más. La hija de Toñi Prieto, directora de entretenimiento de TVE, y por tanto una de las responsables de Eurovisión, está vinculada al equipo de Manel Navarro ya que trabaja para Sony Music, la discográfica del cantante catalán. Vamos, un desatino de sur a norte y de este a oeste, y que la cara desencajada y la sonrisa como untada de gas nervioso del presentador que perpetró Objetivo Eurovisión, Jaime Cantizano, reveló en cada plano que le pinchaba el realizador. Dicho lo anterior, centrémonos en lo importante. Todos los partidos, todos los partidos, que se dice pronto, han pedido explicaciones para que la dirección de TVE explique qué ha pasado con la elección del representante español, porque el asunto es, cómo decirlo, de vital importancia. ¿En serio? ¿Es de vital importancia que todos los grupos políticos se unan para averiguar si hubo tongo, si no lo hubo, si el representante español es el mejor, o si TVE ha perdido credibilidad con esta falla bananera?

¿Protestar?
     Me parece un disparate de los gordos, de los sonados, de los que pasarán a la historia de la política como panocha podrida, como fiesta de amigotes, como perversión de la cosa pública con dinero de todos. Me recuerda a ese clamor que echa a la calle a miles, miles de ciudadanos que protestan porque la Seguridad Social o Hacienda o quien quiera que sea denuncia que algunos clubes de fútbol nos deben pasta a todos al no pagar lo que sí paga cada menda como usted y yo. Nunca entendí esas protestas callejeras apoyando al estafador, al que se burla de la gente, en vez de apoyar la investigación para pillarlos y, denunciados –clubes, instituciones, particulares, empresas- que paguen hasta el último euro. Pues con esto de Eurovisión, “Eurorrisión”, se dijo en Más vales tarde, igual. Los partidos, todos, se unen pidiendo explicaciones a TVE por el fiasco en la elección de un cantante, pero callan ante la descarada degradación de la tele pública. Javier Maroto, vicesecretario nacional del PP, declarado fan del festival, nombró cada mesa de su boda con Josema Rodríguez, boda gay a la que asistió Rajoy, con artistas que habían pasado por el festival. Raudo, en el colmo de la extravagancia y el delirio, ha movido ficha para interesarse por el tema. No de la manipulación e independencia de RTVE sino por el sistema de votación y las circunstancias de la elección de Manel Navarro. El diputado del PSOE José Manuel Camacho pregunta en el Congreso por el “tongo” del que usted habla, diría Mariano el fuerte. Y así todos los demás. Mientras, luchador, solo, el Consejo de Informativos lleva a esa plaza 2.225 firmas para protestar contra el descaro manipulador de la actual dirección de TVE y por tanto contra la falta de libertad con la que trabajan los periodistas que no tienen la lengua larga y sedosa, como los elegidos para masajear el culo del Gobierno y el PP. Así que es lógico pensar, como cada vez más se piensa, que hay connivencia y complicidad con la dirección de TVE, y que los partidos apoyan su rumbo y su línea. Es un asunto menor. Eso sí, que nadie toque el festival de Eurovisión. Los partidos se unen para pedir transparencia y rigor, coño, que nos jugamos mucho. Los directivos de TVE, retorcidos, se descojonan de la risa.

La guinda
Aquí la tierra
Hasta en fin de semana. Aquí la tierra no sólo se ha asentado de lunes a viernes en La 1,  con audiencias fenomenales, sino que ahora amplía su emisión al domingo. Excelente idea. Aquí la tierra es un programa que ha sabido hacer de la información del clima, del planeta, la naturaleza, la gastronomía, o las profesiones olvidadas un espacio atractivo. A Jacob Petrus lo sustituirá en domingo el risueño Quico Taronjí. Larga vida.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Maldeojos. Los pilarees de la tele



Los pilares de la tele
(Artículo publicado el domingo, 29 de enero, en diarios de EPI PRESS)

     Las tres grandes cadenas, por acotar la historia, nos tienen acostumbrados a darnos dos, cinco, o veinte tazas de caldo si por un casual probamos una y no la arrojamos con el mando a distancia al rincón más oscuro de la casa sino que la acogimos con gusto, sin saber que se nos revolvería hasta convertirse en una pesadilla. Por eso hemos llegado a este punto. La 1 se ha vuelto loca con todo lo que rodea a las recetas, a la cocina y los cocineros, a la comida y al fomento de ese mundo, que ya empieza a tocarnos la nuez. Hasta en el Telediario, con cara de Trump ha hecho una de las suyas, Ana Blanco, seria como una cazuela de gambas sin cayena, te suelta que en Masterchef no sé qué niño fue despedido entre lágrimas, o que “esta noche sabremos quién es el ganador de la edición de Masterchef Junior”. Ya se han soltado de manos. Los vaivenes internos de un espacio de entretenimiento han escalado el sumario del noticiario principal de la tele pública de forma tan natural como depredadora. Lo de Masterchef, da igual si es para escolares, para famosos, o adultos anónimos, le ha dado la vuelta a la paciencia. Por si fuera poco, por si no tuviéramos bastante con el programa, tenemos a Jordi Cruz anunciando yogures, a Pepe Rodríguez pastas, y a Samantha Vallejo tomate en lata, yo qué sé. ¿Estos no eran cocineros? ¿Cuándo cocinan, si no salen del plató? ¿Termina ahí el amor de TVE por los fogones? Al contrario, va en aumento. España directo, como sabemos, y a pesar de que ahora está loquito con el temporal, echando a sus reporteros y reporteras a los puertos de montaña, a las calles más ventosas y a las ciudades más gélidas para que nos cuenten que hay nieve, que hay viento, y que la sensación es gélida que te cagas, siempre tiene tiempo para meterse en el restaurante de turno y cocinar en un pis pas. ¿Falta algo? Pues sí, el programa de recetas clásico. Y para eso están los cocineros Sergio y Javier Torres, Torres en la cocina. Hasta en el informativo sobre medio ambiente, Aquí la tierra, hacen lo mismo.

Folclórica religión
     Finiquitado Masterchef, por ahora, La 1 no puede prescindir de la columna sobre la que ha montado a Eva González, su presentadora de cabecera, que empieza a brillar más que la clásica Anne Igartiburu. Muerto Masterchef, viva El gran reto musical –los lunes, como también anunció esta semana Ana Blanco en el Telediario principal de la cadena-. Sin contemplaciones. Una pavada. O sea, confirmación de lo que pensamos y venimos diciendo desde hace tiempo, que a este país lo están convirtiendo en territorio programado de cocineros, cantantes, futbolistas, o tronistas de polígono. Y con el moño bien alto para recibir a los de siempre en platós intercambiables que se desmontan en lo de Paolo Vasile y su Telecinco pimpante y al segundo se montan en la tele pública, con las caras de siempre y sus gestos de siempre y sus tontunas de siempre, y por eso se ha abierto un mercado en el que siempre trasiega Santiago Segura, Falete, o Pitingo, que en el nuevo programa de La 1 tratan de acertar quién canta la música que se oye. No hay mucho que decir. Entretenimiento de rancho militar trasnochado por mucho brillo y relumbre que tenga el “maravilloso plató”, según Eva, que ha dejado a los copleros de Canal Sur sin su juncal figura, pero también en esa tele lo tienen claro, no pueden bajar la guardia. Muerta un poquito Eva González en la tele andaluza, que viva María del Monte. Si antes era la copla, ahora son las sevillanas. La cuestión es no dejar de tocar las palmas, de abrir la boca, cerrar los ojos, darle a la guitarra, y hacer un bucle de la programación donde el cante, el baile, y la folclórica religión no paren un momento. Es una pesadilla, créanme. Igual que cuando pones Telecinco sólo ves a un Gran hermano despatarrado en el asiento y a un familiar en el plató gritando algo, o a una de Sálvame chillando como una mona, en Canal Sur siempre te sientes acorralado por alguien que te canta algo. Es su columna vertebral.

Los gritos de Manel
     El empacho de ver siempre lo mismo, con apenas variaciones sobre idéntico tema, como decía al principio, es cosa de todas las cadenas. Lo de Telecinco, o Cuatro, es fácil. Si te paras en el esqueleto de su parrilla, en los pilares que sujetan su programación, le das la vuelta con facilona burla y desgana si no formas parte de su feligresía porque en pocos segundos compruebas que el mundo Sálvame te es ajeno y la selva de Gran Hermano te pilla tan lejos que si alguna mañana recalas en el reino de Ana Rosa y certificas que allí también dedican tiempo a semejantes bolsas de basura te hundes y tardas en volver a esa geografía de la infamia y la abyección televisiva. Y si por casualidad abren la mano y se olvidan de esos pilares, acuden a la era trillada del cazatalentos. Y te sale el Got talent por la curcusilla del ojete. Y te rindes cuando ves, otra vez, una vez más, a Jorge Javier en su faceta de jurado al que le importa una breva lo que allí pasa, a una Eva Hache en caída libre, a un Risto Mejide que se pone la máscara del personaje pero está deseando de que termine de una vez la pasarela de los fenómenos de barraca. ¿Quién ganó el Got talent de la anterior temporada? Pues eso. Son programas clínex. Se usan, se tiran, nada cambia. Antena 3 ha diversificado más su sustento, es innegable. Sólo hay que ver la parrilla de la tarde, donde se suceden nada menos que dos series y dos concursos. Pero lo de Tu cara me suena está empezando a empachar porque está estirando su presencia más allá de lo aconsejable. De hecho cuando veo a Manel Fuentes gritar –Manel sólo grita, para todo, en todo momento- anunciando que ya se está seleccionando al grupo de anónimos que quieran concursar en Tu cara no me suena todavía, me echo a temblar. ¿Cuántos cocineros, cantantes, folclóricos y tronistas soporta un país razonable? No lo sé, dice Rajoy, que nunca sabe nada, aunque sí que la lluvia bajará el recibo de la luz, pero esa sí que es otra historia. 

La guinda
Bimba
La mugre de algunos corazones se ha revelado esta semana con la muerte de la modelo Bimba Bosé, de 41 años. Él exceso de veneno y odio gratuito se ha disparado no sólo contra ella sino contra su tío, Miguel Bosé –el columnista Antonio Burgos escribió suciedades que sólo pueden salir de una mala persona-. Se han escrito frases en la Red que avergüenzan y destapan una España atroz que pone los pelos de punta.



martes, 3 de mayo de 2016

Maldeojos. Sí, yo abrazo árboles



Sí, yo abrazo árboles
(Artículo publicado el domingo, 1 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

     Tengo un pino, mi pino, al que abrazo cada día. No es una broma. Tampoco creo que sea una locura. Es un desahogo, una necesidad, un impulso que acaba dándome mucha paz. A veces, abrazando el tronco rugoso, de corteza endurecida, áspera, he llorado al notar mi piel contra su piel. No me hagan mucho caso, pero tengo la sensación de que mi energía se funde con la suya y las dos juntas, en un río invisible de torrente delicado, viajan a un centro de la tierra del que parte otro cauce más grande y potente capaz de llegar a rincones lejanos y alcanzar tierras que quisieras besar pero tanta lejanía te lo impide. Mi pino, sus raíces vivas, me llevan a donde yo no podría llegar sin coger un avión. Esto lo hago a diario desde hace un par de meses. Y me consuela. Y me alivia. El otro día, antes de la cena, vi en Aquí la tierra que existe la moda de abrazar árboles. Ya sé que eso no es de ahora, pero estas cosas van y vienen, y ahora parece que vienen de nuevo. Lo mío no es una moda. Creo que es una necesidad momentánea que se diluirá con el tiempo. Dice su presentador, Jacob Petrus  –La 1, antes del Telediario de la noche- que lo de abrazar árboles lo ha puesto de moda Juan Hierbas, que colabora con el programa en una sección breve, intensa, en la que explica el poder curativo, corporal y mental, de algunas hierbas, pero sin majaderías ni come cocos. Sin embargo yo creo que esa moda no es moda porque Juan Hierbas hable de los beneficios de abrazar en tus paseos campestres a los árboles con los que te topas. Y como las casualidades existen, la misma tarde que el programa habló de eso, un sonido me avisa de la entrada de un nuevo Whatsapp. Una amiga me envía un cuadro de la pintora Catrin Welz Stein, una imagen quizá cursi, donde se ve a una mujer que ya no sólo abraza a un árbol sino que parece ser el árbol. Y no, mi amiga no estaba viendo el programa.

Sin monsergas
Creo que fue en el primer programa de Quiero ser monja cuando sacaron a la madre de una aspirante a colega de Teresa de Jesús diciendo que ella tenía mucha fe en el poder de las piedras, que veía en ellas reflejos de santidad, quizá como lugares donde se aloja el poder que la divinidad. No sé. Una cosa es una cosa y otra desbarrar. Aquí la tierra tiene muchas cosas buenas, entre otras que nos pone en el camino del amor a la naturaleza, a sus animales y plantas, a sus ríos, a la forma de comer de manera saludable y respetuosa, pero sin monsergas, sin amenazas, y desde luego sin literaturas baratas que mezclan churras y merinas, y sin dedos acusadores desde el púlpito de la pantalla, al contrario, Aquí la tierra es una celebración, una fiesta, una diversión, un estímulo para celebrar que formamos parte de este maravilloso tinglado. A ver si no lo jodemos más de lo que ya está. Cada reportaje de Juan Carlos Carpintero, el que lleva la furgoneta verde con el logo del programa –se inició en el Telecupón de Telecinco, cuando a la pobre Carmen Sevilla le daban el fin de semana libre-, es un homenaje a la vida, y por eso rastrea en nuestros pueblos y costumbres. Los que firma Lucía Mbomio tienen el aroma de la amante de las historias, historias que conmueven protagonizadas por gente que tienen el orgullo de vivir  con modestia, pero sin el sobresalto de que alguien, algún día, le saque la vergüenza, si la hubiere, de salir en los papeles de Panamá. Algo así le contaba a Thais Villas una señora de “barrio pobre” cuando era preguntada si conocía a alguien que tuviera cuentas en paraísos fiscales, o si ella misma las tenía, a lo que la buena mujer respondía, con una sonrisa que avisaba de la respuesta, con un “huy, no tengo cuentas ni aquí”. Todos los reporteros de Aquí la tierra, en poco más de dos minutos, nos hablan de curiosidades, de trabajos en extinción, de rarezas gastronómicas, de destinos de ensueño, de gente honrada que ama lo que hace amando lo que le rodea.

Merkel y los niños
En la otra parte de esa balanza está un tal Alexander Ivanov, Ivan, que quiere salir dentro de dos semanas en cueros, sí, sí, con el lingote al aire, y rodeado de lobos, al escenario de Eurovisión, que se celebra en Estocolmo. Ni de coña. Por mucho que su representante diga que la actuación del pelanas simboliza “el delicado equilibrio entre el hombre y la naturaleza”, la verdad es la gana de traca, de armar ruido con la negativa. Ni van a dejar que el abraza lobos de pacotilla salga con el kalashnikov de punta ni van a dejar que saquen canes a escena porque los animales están prohibidos por las normas del festival. Por su parte, el intrépido periodista Nacho Medina, saltimbanqui de la información más arriesgada, representante del periodismo de hoguera y artificio, en su afán por el rigor, viaja a Holanda para conocer a Ed, un tipo que se corre vivo en cuanto ve unas faldas. Vale, no seamos como Nacho, no seamos sensacionalistas ni amarillos, Ed no se corre vivo así como así, lo hace por afán de perpetuidad. La tierra está llena de su río de semen. Hasta ahora, 108 hijos. Para Medina es “Sperminator”. Gran titular. Lloro de emoción. Snif. Todos buscamos o damos energía. Yo, decía, me abrazo a un pino. Los de Aquí la tierra indagan en la madre común. Los de Gran Hermano, como saben quienes siguen la mamarrachada, unos en otros. Dan lugar a una de les escenas más hipócritas y hueras de la televisión, la de cogerse las manitas en la escena del sofá. Y Angela Merkel protagonizando una de las imágenes más nauseabundas de los últimos años, la de abrazar a niños refugiados sirios en una habitación de atrezzo, toda pulcra, bien ventilada e iluminada, con críos sonrientes dibujando el mundo feliz que les han preparado en el campamento turco para que la jefa, es decir, el símbolo de Europa, muestre por televisión la misma cara que, con todas los matices, fabricaban los nazis cuando querían vender al mundo la bondad de los campos de concentración. Esa visita de Europa a Turquía es fruto de su mala conciencia. Da asco y bochorno. Es un ejemplo de energía negativa. Lo contrario al espíritu de Aquí la tierra.

La guinda
Deporte en b
Original y fascinante repaso a la cara menos conocida del deporte que dedicó en La Sexta el Salvados del equipo de Jordi Évole. El futbolista Juan Mata –delantero del Manchester United- dijo que gana una burrada, que vive en una burbuja, y que la vida real está fuera. La ex triatleta Virginia Berasategui que se dopó por inseguridad. Y Carolina Pascual, ex gimnasta, que lloró y pasó hambre. Es la otra cara del deporte.