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domingo, 4 de noviembre de 2018

Maldeojos. Imprescindible Iñaki


Imprescindible Iñaki
(Artículo publicado el sábado, 3 de noviembre, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Lo es. Iñaki Gabilondo me parece que no tiene ninguna pega para estar, porque lo es, en una de las entregas que L, periodismoa 2 ofreció la noche del domingo de Imprescindibles. La otra noche se le dedicó el programa al periodista vasco, y la pantalla se iluminó con su tino, su calma, su reflexivo discurso. No hace mucho, quizá a principios de la semana pasada, vi a Gabilondo sentado como invitado en la mesa de Los desayunos que ahora sirve, y con plomo y voltaje de gran periodismo, Xabier Fortes, que ha hecho olvidar en menos que se santigua un cura loco el paso tremebundo de Sergio Martín, que doña oscuridad lo mantenga alejado de los focos y platós de TVE por su burda entrega a los dictados del PP. No, ahora, por mucho que las vocingleras digan lo contrario, se nota el cambio –-para bien- que la nueva dirección ha traído a RTVE.

     La mesura y el equilibrio de Iñaki Gabilondo estaban vetados en la anterior etapa, queda claro con su irrupción ahora en la tele pública. Escuchar el análisis político, la lectura que hace de nuestro tiempo, el vaticinio de lo que intuye por venir, su memoria de gran enciclopedia se ha ido gestado a lo largo de más de 50 años de periodismo vivo, de ser testigo de los hitos de nuestra historia reciente. En Imprescindibles se hizo un retrato que a modo de ciclorama se reflejó el perfil profesional y personal, con intervenciones de amigos como Mamen Mendizábal, Ana Belén, o Isaías Lafuente, además de sus hijos o el cocinero Martín Beresategui. El nombre del documental  producido por TVE para Imprescindibles, Afán por entender, puede resumir la actitud de este hombre que paseó por sus ciudades fundamentales, San Sebastián, Madrid y Sevilla. Qué gran tipo.


lunes, 26 de junio de 2017

Maldeojos. On/Off



On/Off
(Artículo publicado el jueves, 22 de junio, en diarios de EPI PRESS)

     Uñas de acero y piel de mantequilla, decía Iñaki Gabilondo hace unos meses sobre la relación con la prensa que tiene Podemos, el partido de Pablo Iglesias, ese político que a veces, según la cuestión, parece sacarse de su coleta un caramelito de regalo para el periodista que le hace “una buena pregunta” o un dardo de reproche por su atrevido interés en llegar al fondo. Al hilo de esa relación, el martes, huyendo como un jabato en celo de El hormiguero, a donde llevaron a las Nancis rubias, el grupo de pachanga de Mario Vaquerizo, me fui a El intermedio, que ni falla ni decae. Como informativo juguetón, después de hacer una especie de sorteo a ciegas entre partidos y sus posibles marrones, siempre cae algo en la cesta del interés que escapa a la lupa del resto de noticiarios. Al partido de Pablo Iglesias le tocó el marrón de su relación con los medios de comunicación, relación que sería otra si don Pablo pudiera manejar, más, el cotarro.

     Le pirra, le pirra un periódico, una radio, una tele. Pero si él decide lo que ha de hacer y decir, publicar y emitir. El último, increíble, nauseabundo y antidemocrático gesto, al estilo de un Donald Trump tarumba, es el veto a varios medios nacionales –El País, la Ser, El Periódico de Catalunya, pero ni con el delirante digital de Eduardo Inda puede estar justificado-. Los de Podemos organizaron un desayuno informativo para presentar a los portavoces estatales del partido, pero bajo el concepto de off, o sea, off de record, en la jerga periodística, o un encuentro privado, como lo definió Noelia Vera, portavoz de Podemos para defender esa invitación selectiva. Ay, ay, don Pablo. Cada vez asoma más una pata que me aterra. Algo sabemos. Para ustedes hay medios on y medios off.

miércoles, 26 de abril de 2017

Maldeojos. Yo, tampoco



Yo, tampoco
(Artículo publicado el sábado, 22 de abril, en diarios de EPI PRESS)

     Por una vez, por esta vez, estoy de acuerdo con doña María Teresa Campos. La veo en lo que parece una sección semanal en Sálvame, lidiado ese día por Paz Padilla, o sea, lo peor que le podía pasar a este espectador que huye de esta señora haga lo que haga. Pero justo cuando la malagueña, vestida de colorines, dando lecciones de no sé qué, pensaba irse, ayudada a levantarse por la directora de pista, se levantó rauda de su trona la gran Lidia Lozano para preguntarle, nerviosa como una colegiala, si por la noche, o sea, la del jueves, vería el estreno de la nueva entrega de Supervivientes. No, contestó seca la protagonista de Las Campos, a la que PaoloVasile le quitó sin contemplaciones ¡Qué tiempo tan feliz! ¿La Campos no vio Supervivientes con tal de fastidiar las audiencias y hacerle daño a Vasile? Mira que soy retorcido. Pero no, no fue por eso. Fue porque no quería sufrir una taquicardia viendo cómo se tiraba al mar desde el helicóptero su amado Edmundo, “que está estupendo, pero tiene su edad”.

     Yo no vi ese programa basura porque no me dio la gana, no lo vi esa noche ni lo veré ninguna otra, y por si fuera poco, esa noche, el jueves, estrenaba Iñaki Gabilondo la segunda temporada de Cuando ya no esté. El mundo dentro de 25 años en Cero, uno de los programas más interesantes, apasionantes, entretenidos y de calidad de la actual televisión. Gabilondo viajó a Singapur para hablar con Parag Khanna, estratega global de una lucidez asombrosa, con un discurso tan brillante sobre la conectividad entre las grandes magalópiolis que se me pasó ese tiempo de televisión en un suspiro. Al acabar, no hay ni que decir que en Telecinco aún seguían cayendo del cielo mojones al agua.

lunes, 27 de marzo de 2017

Maldeojos. Tu cuñao



Tu cuñao
(Artículo publicado el sábado, 18 de marzo, en diarios de EPI PRESS)

     Seguro que a mucha gente le resulta raro, incluso reprobable, que alguien como Iñaki Gabilondo, un tótem del periodismo cabal, un referente de la credibilidad en el análisis de la actualidad, se meta en jardines que no son de su competencia sino que tienen que ver con el entretenimiento más ligero. A otra mucha gente, entre la que me incluyo, les parecerá que Iñaki, incluso en ese registro, lo hace como el maestro que es y sin caer en el ridículo. Aclaro y sitúo al lector. Gabilondo hace un programa en Cero, Cuando ya no esté. El mundo dentro de 25 años, que es una rareza de calidad, interés y curiosidad en donde va planteando a expertos, de economistas a sociólogos, de astrónomos a biólogos, que se aventuren a reflexionar sobre lo que será el futuro en esa y otras materias. Es un programa adictivo y fascinante hecho con la mejor materia prima, el talento.

     Ya lo dijo en el FesTVal de Vitoria Jon Sistiaga cuando le entregó a Iñaki el pasado año el Joan Ramón Mainat. No sólo hace el mejor periodismo ahora sino que el tío va y hace el mejor periodismo del futuro. Pues en Likes, programa de Raquel Sánchez Silva en la misma cadena, Iñaki hizo una parodia brillante de su propio programa hablando con una figura de uso corriente, Tu cuñao, interesándose por cuestiones de primer nivel como “ese corpus doctrinal de su pensamiento, donde maneja con frecuencia una idea, la idea de ‘eso es como todo’”, o si algún día sabremos “el punto exacto donde nos pica la espalda porque entiendo que aún estamos lejos de saberlo”, pero sobre todo hay algo que me interesa, dice Iñaki, “¿habría manera de saber cómo se distingue un melón malo de uno bueno?”. Grande, Iñaki, grande.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Maldeojos. Soy Laurel de Honor



Soy Laurel de Honor
(Artículo publicado el domingo, 20 de noviembre, en diarios de EPI PRESS)

     Verán, soy Laurel de Honor al Mejor Cronista de Televisión. Escribo todas las palabras con mayúscula para darle más empaque a la mentira. Todo empezó hace unas fechas. Y como suelen ser algunas cosas, de la forma más inesperada, tonta e imprevisible que se pueda imaginar. Una mañana encuentro en mi cuenta de Twitter el mensaje de un lector diciéndome, textual, “Confirmado. Acabas de obtener el laurel de Honor al mejor cronista de televisión. Enhorabuena”. Me lo escribió Juan Guillamón, diputado del PP en la Asamblea Regional de Murcia. Se ve que en un arrebato de lector agradecido, ese tipo de reacciones que tenernos cuando nos ha gustado algo, Juan decidió dirigirse a mí para dejar constancia de ese momento. A mí me pareció divertido y sin más, copiando el mensaje, me fui con el reciente “premio” a mi muro de Facebook donde subo artículos para mi blog. Así da gusto empezar el día, escribí. Y coloqué el tuit de Guillamón tal como él me lo envió. Para mí estaba claro que se entendería el guiño. Cerré el ordenador y me olvidé del asunto. Hasta que en grupos de Whatsapp, ya en las primeras horas de la noche, empiezan a felicitarme, incluso algunas primas van dejando claro su orgullo por “tener un primo tan famoso”. Casi al mismo tiempo, con los ojos como cacerolas, suena el timbre de casa. Me asomo a la terraza, y desde abajo vuelven a felicitarme “por el premio”. Me explican que es algo de la tele, y ahora sí, acabo de caer. Ya sé de qué se trata. Corro al ordenador y, en efecto, un montón de contactos me dan la enhorabuena. Me resulta todo tan tierno, tan bonito, tan emocionante, pero montado sobre una falacia, que no sé qué hacer. Decido escribir una entrada explicando la confusión, dejando claro que no he recibido más premio que el de un lector que acaba de leer el Maldeojos del domingo y expresa su satisfacción con un mensaje cachondo en el que me nombra nada menos que Laurel de Honor al mejor cronista de televisión. Me tranquiliza saber que se ha deshecho el entuerto. Ja.

García Márquez
     Esa explicación provoca un torrente aún mayor de apoyos. Prefiero callar las cosas que me dicen algunas personas porque me ruborizan. Está claro, resumo, que si no existe el Laurel de Honor al mejor cronista de televisión hay que crearlo, y me lo tienen que dar. El delirio es una bola de nieve que va rodando y haciéndose tan grande que salta, como anécdota, a una sección de La Opinión de Murcia, que se hace eco de la historia. Que a día de hoy, y a pesar de las explicaciones, todavía tiene vida. Cuento todo esto, con todo lujo de detalles, y me he convertido en protagonista de esta columna, para que el lector tenga todos los datos. Hasta aquí lo que ha dado de sí la ingenuidad de contar algo en internet, en las redes sociales, y no prever sus consecuencias. Hecho que, pasados los primeros momentos de sorpresa, me condujo a una reflexión más inquietante. ¿Cuántos bulos, bolas, mentiras, ideas, mensajes, y maldades se cocinan a conciencia desde eso que se llama el poder, o los partidos, o cualquier gilipollas al que se le ocurra inventarse lo que le venga en gana? Da miedo pensarlo. Todavía hay gente que sigue dando por verdadera cualquier cosa que venga de la pantalla. Hoy por hoy, de la que sea, de la que tenga a mano, ordenador, tableta, o móvil. Internet es un nido de mentiras, un territorio donde la primera víctima es la verdad. Hay todavía gente que de vez en cuando sube a la Red la “carta de despedida de García Márquez”, y gente que, como loca, le da al “me gusta”. Semejante patraña, un texto que jamás podría haber escrito el maestro, no sólo es algo ajeno al mundo de un escritor que construyó geografías únicas con un lenguaje y sintaxis prodigiosas sino que es un texto mal escrito que cuando el Nobel leyó sólo acertó a decir, “lo que me puede matar es que alguien crea que escribí algo tan cursi”.

El Maldeojos
     La verdad es tan flaca como el descaro con el que se manipula y pisotea. Insisto, el vago territorio de internet, tan poderoso, con sus redes sociales echando espumarajos cada segundo, abonado por perfiles reales o inventados que se agazapan en la oscuridad y se envalentonan porque nadie va a pedir explicaciones, es una huerta idónea para la insidia y la mentira. Contra eso, la apuesta sin descanso por la credibilidad. Decía hace poco el periodista Iñaki Gabilondo, en una visita a El intermedio, que no es de ningún partido, por más que le duela, y mucho, la situación del PSOE. Yo no soy de ninguna cadena, de ninguna tele, por más que me duela, y me duele como ciudadano y como comentarista, la situación de TVE, y por más que tenga mis cadenas preferidas. Lo digo porque, igual que hoy huyo de los informativos de Telecinco, a los que Pedro Piqueras ha llevado a cotas de basura tan abultada como la audiencia que tienen, hubo un tiempo, dirigidos por Juan Pedro Valentín, con nombres como  Ángels Barceló, Juan Ramón Lucas, o Monserrat Domínguez, que eran la salvación informativa, el oasis de la dignidad frente al fango y el descaro de Antena 3 y TVE, entregadas como zorritas al Gobierno de Aznar, incluyendo a Alfredo Urdaci, acusado, con sentencia firme, de manipulador. La misma cadena, Telecinco, que tuvo aquella época de esplendor informativo, está hoy entregada a un “periodismo” fatuo y de mero entretenimiento. En esta columna jamás, salvo pequeñeces, he recibido la llamada de mis directores para decirme que por ahí no. Jamás. He escrito con tino o no, pero lo que me ha salido de la flor, y así desde que a Ramón Ferrando, mi primer director –en 2018 hará 30 años- se le ocurriera pedirme una columnita comentando un programa de la tele. Gustó, y me pidió continuidad y nombre. Llamé a la cosa Maldeojos –todo junto, correctores, todo junto-. Y hasta hoy. Por cierto, mi familia me hizo una entrega sorpresa encasquetándome la otra noche una corona de laurel entre risas de hermanos, primos, sobrinos y chiquillería. Y hay fotos, créanselo. No miento. Soy Laurel de Honor. Por ustedes, queridas, queridos lectores. 


(Las fotos no engañan...)






La guinda
Al metro
En nuestra hambre y en nuestra dignidad mandamos nosotros. Lo dice Carlos Olalla –La embajada, El Príncipe, Cuéntame-, que junto a su madre, la escritora Cristina Maristany, 83 años, han bajado al metro para recitar poemas, pero porque no llegan a fin de mes. Vamos, que ponen la mano. No me asusta nada ser pobre, dice la madre. Cristina, cuidado, algunos pobres incluso arden en sus casas.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Maldeojos. Ana y los otros



Ana y los otros
(Artículo publicado el domingo, 18 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)

     Llevo unos días, desde que llegué a casa después de haber estado casi una semana en el FesTVal de Vitoria, preguntándome la misma cosa de forma obsesiva. ¿Hay algo peor que ver a Ana Obregón así, sin esperarlo, cuando tú tratas de salir del ascensor y ella de entrar? Les aseguro que lo hay. ¿Hay algo peor que ver dos veces a Ana Obregón en el mismo día, tenerla a cuatro palmos, casi oler los litros de silicona, y advertir que el desastre es del tipo catástrofe sin vuelta atrás porque no tuviste ovarios de darle un manotazo al cirujano o al que te echó tanto botox en las mejillas que te dejó la naricilla atrás, entre los pómulos, como una gorrina que da entre escalofrío y carcajadas? Lo hay. Hay algo peor. Verla en el ascensor, y verla entrar al restaurante donde estás comiendo y quedarte con la merluza en el aire porque ha llegado ella buscando mesa, paseándose por el salón diciendo hola, hola a todo el mundo, y acercarse a la camarera para que, ay, a ver si pueden quitar el aire, que tengo mucho frío. ¿Dicho en susurros? No, ella es Ana Obregón. Que se oiga bien. Pues va a ser que no, guapa. Lo que puede hacer es ponerse allí, donde apenas se nota, le dice la camarera. ¿Hay algo peor que ver a la Obregón dos veces en el mismo día? Sí, verla en el ascensor, en el restaurante, y grabando Algo pasa con Ana, que emitirá DKISS, una de las últimas concesiones en la TDT que rellenan su programación con infames subproductos yanquis –El rey de las tartas, Enterrado en mi basura, o Los peores tatuajes, basura catódica sin paliativos- . Algo pasa con Ana es otro incomestible producto en la línea de Alaska y Mario o Las Campos. El problema de esta señora es no saber parar. No saber dónde termina su vida real y empieza la fingida, creyendo que lo que hace para la tele se lo tomará la gente como si fuera la real. Y sale falsa, sobreactuada, y vacía. Así que qué importa lo que le pase a Ana.

La fatuidad con tetas

     Hablo tanto de un producto que ni siquiera veré porque he tenido la suerte de ver sus tripas antes de que se emita, y porque frente a ese concepto de entretenimiento huero, sin pulso, por Vitoria, como es lógico, ha pasado otra forma de entretener, otros nombres y productos que hacen de la televisión un medio noble que no avergüenza. La última noche de mi estancia en la capital alavesa, cenando en el comedor del hotel Lakua, y en apenas unos metros, se consiguió un retrato casi fiel de la oferta televisiva. Como no hay cosa peor que ver a la Fantástica tres veces en un día sino verla cuatro, pues eso, en una mesa comía Ana Obregón, la fatuidad con tetas, con el equipo de Globomedia -¿qué hará Globomedia, la de Zapeando, El intermedio, El club de la comedia, El objetivo, apostando por este tipo de caquitas de perra emperifollada?-, y en otras algunos premiados de la noche como Iñaki Gabilondo, Andréu Buenafuente, o María Casado, además de José Sacristán. El contraste entre la inanidad de una y el peso humano, intelectual, o de mera dignidad de los otros era abismal. Iñaki Gabilondo firma hoy, para #0, la cadena de Movistar, tal vez la más atrevida y dinámica del panorama, uno de esos programas que nacen con el sello de clásicos y que algún día servirán para entender mejor, como lo hacen hoy, la sociedad que nos tocó vivir. Es Cuando ya no esté. El mundo dentro de 25 años, que va conformando una galería de eminentes físicos, biólogos, matemáticos, astrónomos, en fin, gente como el científico venezolano José Luis Cordeiro, que decía en la segunda entrega de la serie que dentro de 20 ó 30 años veremos la muerte de la muerte, que la muerte será opcional. Cuando el periodista Jon Sistiaga, sobre el escenario del teatro Principal de Vitoria, en la gala de clausura, que un año más elevó Luis Larrodera a los cielos de la emoción, entregó el premio Joan Ramón Mainat a Iñaki, le dijo en tono de admirado reproche que con este programa Gabilondo se lo comía todo porque hasta las preguntas del futuro ya las está haciendo en el presente. Frente a tanto talento, la fatua y vana actriz se paseaba por el comedor con las tetas en punta hablando por el móvil.

Fantasmas

    Lo llamativo es que nadie le hacía caso, nadie la saludó. Es como si no existiera, algo así como esos fantasmas pesados que se aburren de hacer aspavientos debajo de la sábana y ni el nene más ingenuo lo mira. Emoción y verdad. Ni una cosa ni la otra tiene la bióloga, que no pasará por Cuando yo no esté así descubra que Rita Barberá está hecha de una pasta única, exclusiva. Hay que tener jeta, y caquita, para apoltronarse en el Senado, y dejar el PP sin dignidad, cuando los del PP se acercaban a ella para darle una patada en el culo y tirarla al vacío, también ellos acorralados. Y desaparecidos. La imagen patética de Mariano Rajoy esquivando a los periodistas y las explicaciones delirantes de María Dolores de Cospedal justificando que la senadora valenciana ha hecho lo mejor “para los intereses generales” nos han devuelto de nuevo a la casilla de partida, esa en la que el PP se burla de todo el mundo. Y hace bien. Sus votantes no lo castigan. Puede pasar otra cosa aún más tremenda, y es, como en La mañana de La 1, que la audiencia, como el fantasma de la Obregón en el comedor del restaurante, ni siquiera se dé cuenta de que ha habido cambios. Han resucitado a Jesús Mariñas y han doblado el tiempo dedicado al chismorreo. Y por supuesto, como unas tablas de la ley, carcomidas pero inamovibles, no hay dios que se cargue Saber vivir, esa pesadez donde se sigue hablando de urea, tensión, sobrepeso, o colesterol. Da igual. La audiencia es la que es. Testimonial. No se lo merece María Casado. En el trayecto desde el teatro a la cena coincidimos en el bus, y hablamos del programa. Ella también tiene algunas ideas sobre el asunto, que por ahora me guardo. Por cierto, ¿saben que una decisión milagrosa evitó que este servidor acabara sentado, en el bus anterior, junto a Anita Obregón? De verdad, creo que, como se ha empeñado DKiss en hacernos ver, algo me pasa con Ana.

La guinda
Poliamor
Los de First Dates, género de ligues catódicos que presenta Carlos Sobera con discreta soltura en Cuatro, está que lo tira. La noche del jueves llegó al paroxismo. Pero viendo la evolución del programa de citas, seguro que se superan. Llevaron a Yami, Magnus, y Apuesta Princesa, una exhibición festiva de que en el amor no todo es macho, hembra. Puedes sentirte de género neutro, como Yami. ¿Lo malo? Que la tele lo frivoliza todo.