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martes, 14 de noviembre de 2017

Maldeojos. Qué miedo, tú



Qué miedo, tú
(Artículo publicado el sábado, 11 de moviembre, en diarios de EPI PRESS)

     El problema catalán, segunda preocupación de los españoles, según la encuesta del CIS. Condenan  a 48 años de cárcel a Sergio Morate por matar a Marina Okarinska, su ex pareja, y a Paula del Hoyo, amiga de ésta. Activistas de extrema derecha en Valencia han sido imputados por un juez –con imágenes de estos descerebrados exhibiendo una agresividad sin control-. Escrache ante la casa de Mónica Oltra en Valencia –y pasan también imágenes de tipos embozados sujetando banderas de España-. El sumario del informativo contiene algunas noticias más, pero enseguida, que es lo que interesa, se desarrollan los titulares y se entra en barrena en un mundo oscuro, sucio y peligroso que se convierte en espectáculo de consumo. El crimen de Sergio Morate se amplía con todo tipo de detalles, y con conexiones en directo.

      A partir de ese momento, cuando aún no ha pasado ni la mitad del tiempo del noticiario, la cascada de “noticias” elegidas espeluzna. En Vitoria han sido detenidos cinco jóvenes por abusar y robar en grupo a una joven en un portal –conexión incluida para matizar al detalle-. En Sabadell se busca al autor o autores de los incendios que carbonizaron a la veintena de coches aparcados en la calle –conexión en directo y llamaradas en la noche-. Hemos conocido nuevos detalles sobre la matanza en Tejas, EEUU –crónica, conexión y lenguaje apocalíptico-. Suicidio de un político británico a raíz de un escándalo sexual –marchando otra conexión-. Kevin Spacey y Harvey Weinstein, internados para curar su adicción al sexo. Camioneros drogados en Murcia. Mujeres atacadas por perros. En fin, Pedro Piqueras no da tregua. Retrata un mundo terrible donde el peligro te acecha.

domingo, 21 de mayo de 2017

Maldeojos. ¿Cómo?



¿Cómo?
(Artículo publicado el jueves, 18 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

     O flipa, o se monda de la audiencia, o es una cínica, o está zumbada, o todo junto, o es una redomada cachonda que en realidad dice eso pero quiere, como es natural, decir lo contrario. Hablo de Carme Chaparro. ¿Nada? Sí, querido lector, amada lectora. Es la señora que ha estado ahí dándonos –a quien se las haya dado- las noticias en Telecinco, algo así como la Ana Blanco de Mediaset. Que dice la cachonda dama que en factoría tan exquisita son muy pudorosos con los sucesos. Los ojos, y los huevos, perdónenme que lo suelte así, como si fuese un cómico de los monólogos que busca el fácil aplauso, se me cayeron al suelo hechos tirillas, o chiribitas, o encajes, o lo que sea que les pase a los ojos y a los huevos si se caen. Lo digo de nuevo. Carme Chaparro dice que son muy pudorosos con los sucesos en Mediaset. 

     El jefe del estercolero donde rebuscan las noticias en Telecinco –la señora está ahora en Cuatro-, don Pedro Piqueras, se partirá el culo leyendo estas barrabasadas. Ni el propio Piqueras se atrevería a tanto. Pero Carme, desatada, va más lejos y reta al público a que lo compruebe comparando la sección de sucesos de Mediaset con otras cadenas. Ole y ole. Chula como un ocho. Carme ha presentado los informativos de Telecinco los fines de semana durante 12 años. Pero no ha dejado de estar bajo mandato de Piqueras, ese que puede abrir un noticiario con una reata de adjetivos calificativos a cual más, cómo decirlo, ¿apocalípticos? Es el hombre de los incendios, de las persecuciones, del robo y de las violaciones, de la chirigota y la curiosidad, de la exageración y el drama, de hacer de la información un espectáculo regido por las leyes del entretenimiento. Así que…

lunes, 21 de noviembre de 2016

Maldeojos. Soy Laurel de Honor



Soy Laurel de Honor
(Artículo publicado el domingo, 20 de noviembre, en diarios de EPI PRESS)

     Verán, soy Laurel de Honor al Mejor Cronista de Televisión. Escribo todas las palabras con mayúscula para darle más empaque a la mentira. Todo empezó hace unas fechas. Y como suelen ser algunas cosas, de la forma más inesperada, tonta e imprevisible que se pueda imaginar. Una mañana encuentro en mi cuenta de Twitter el mensaje de un lector diciéndome, textual, “Confirmado. Acabas de obtener el laurel de Honor al mejor cronista de televisión. Enhorabuena”. Me lo escribió Juan Guillamón, diputado del PP en la Asamblea Regional de Murcia. Se ve que en un arrebato de lector agradecido, ese tipo de reacciones que tenernos cuando nos ha gustado algo, Juan decidió dirigirse a mí para dejar constancia de ese momento. A mí me pareció divertido y sin más, copiando el mensaje, me fui con el reciente “premio” a mi muro de Facebook donde subo artículos para mi blog. Así da gusto empezar el día, escribí. Y coloqué el tuit de Guillamón tal como él me lo envió. Para mí estaba claro que se entendería el guiño. Cerré el ordenador y me olvidé del asunto. Hasta que en grupos de Whatsapp, ya en las primeras horas de la noche, empiezan a felicitarme, incluso algunas primas van dejando claro su orgullo por “tener un primo tan famoso”. Casi al mismo tiempo, con los ojos como cacerolas, suena el timbre de casa. Me asomo a la terraza, y desde abajo vuelven a felicitarme “por el premio”. Me explican que es algo de la tele, y ahora sí, acabo de caer. Ya sé de qué se trata. Corro al ordenador y, en efecto, un montón de contactos me dan la enhorabuena. Me resulta todo tan tierno, tan bonito, tan emocionante, pero montado sobre una falacia, que no sé qué hacer. Decido escribir una entrada explicando la confusión, dejando claro que no he recibido más premio que el de un lector que acaba de leer el Maldeojos del domingo y expresa su satisfacción con un mensaje cachondo en el que me nombra nada menos que Laurel de Honor al mejor cronista de televisión. Me tranquiliza saber que se ha deshecho el entuerto. Ja.

García Márquez
     Esa explicación provoca un torrente aún mayor de apoyos. Prefiero callar las cosas que me dicen algunas personas porque me ruborizan. Está claro, resumo, que si no existe el Laurel de Honor al mejor cronista de televisión hay que crearlo, y me lo tienen que dar. El delirio es una bola de nieve que va rodando y haciéndose tan grande que salta, como anécdota, a una sección de La Opinión de Murcia, que se hace eco de la historia. Que a día de hoy, y a pesar de las explicaciones, todavía tiene vida. Cuento todo esto, con todo lujo de detalles, y me he convertido en protagonista de esta columna, para que el lector tenga todos los datos. Hasta aquí lo que ha dado de sí la ingenuidad de contar algo en internet, en las redes sociales, y no prever sus consecuencias. Hecho que, pasados los primeros momentos de sorpresa, me condujo a una reflexión más inquietante. ¿Cuántos bulos, bolas, mentiras, ideas, mensajes, y maldades se cocinan a conciencia desde eso que se llama el poder, o los partidos, o cualquier gilipollas al que se le ocurra inventarse lo que le venga en gana? Da miedo pensarlo. Todavía hay gente que sigue dando por verdadera cualquier cosa que venga de la pantalla. Hoy por hoy, de la que sea, de la que tenga a mano, ordenador, tableta, o móvil. Internet es un nido de mentiras, un territorio donde la primera víctima es la verdad. Hay todavía gente que de vez en cuando sube a la Red la “carta de despedida de García Márquez”, y gente que, como loca, le da al “me gusta”. Semejante patraña, un texto que jamás podría haber escrito el maestro, no sólo es algo ajeno al mundo de un escritor que construyó geografías únicas con un lenguaje y sintaxis prodigiosas sino que es un texto mal escrito que cuando el Nobel leyó sólo acertó a decir, “lo que me puede matar es que alguien crea que escribí algo tan cursi”.

El Maldeojos
     La verdad es tan flaca como el descaro con el que se manipula y pisotea. Insisto, el vago territorio de internet, tan poderoso, con sus redes sociales echando espumarajos cada segundo, abonado por perfiles reales o inventados que se agazapan en la oscuridad y se envalentonan porque nadie va a pedir explicaciones, es una huerta idónea para la insidia y la mentira. Contra eso, la apuesta sin descanso por la credibilidad. Decía hace poco el periodista Iñaki Gabilondo, en una visita a El intermedio, que no es de ningún partido, por más que le duela, y mucho, la situación del PSOE. Yo no soy de ninguna cadena, de ninguna tele, por más que me duela, y me duele como ciudadano y como comentarista, la situación de TVE, y por más que tenga mis cadenas preferidas. Lo digo porque, igual que hoy huyo de los informativos de Telecinco, a los que Pedro Piqueras ha llevado a cotas de basura tan abultada como la audiencia que tienen, hubo un tiempo, dirigidos por Juan Pedro Valentín, con nombres como  Ángels Barceló, Juan Ramón Lucas, o Monserrat Domínguez, que eran la salvación informativa, el oasis de la dignidad frente al fango y el descaro de Antena 3 y TVE, entregadas como zorritas al Gobierno de Aznar, incluyendo a Alfredo Urdaci, acusado, con sentencia firme, de manipulador. La misma cadena, Telecinco, que tuvo aquella época de esplendor informativo, está hoy entregada a un “periodismo” fatuo y de mero entretenimiento. En esta columna jamás, salvo pequeñeces, he recibido la llamada de mis directores para decirme que por ahí no. Jamás. He escrito con tino o no, pero lo que me ha salido de la flor, y así desde que a Ramón Ferrando, mi primer director –en 2018 hará 30 años- se le ocurriera pedirme una columnita comentando un programa de la tele. Gustó, y me pidió continuidad y nombre. Llamé a la cosa Maldeojos –todo junto, correctores, todo junto-. Y hasta hoy. Por cierto, mi familia me hizo una entrega sorpresa encasquetándome la otra noche una corona de laurel entre risas de hermanos, primos, sobrinos y chiquillería. Y hay fotos, créanselo. No miento. Soy Laurel de Honor. Por ustedes, queridas, queridos lectores. 


(Las fotos no engañan...)






La guinda
Al metro
En nuestra hambre y en nuestra dignidad mandamos nosotros. Lo dice Carlos Olalla –La embajada, El Príncipe, Cuéntame-, que junto a su madre, la escritora Cristina Maristany, 83 años, han bajado al metro para recitar poemas, pero porque no llegan a fin de mes. Vamos, que ponen la mano. No me asusta nada ser pobre, dice la madre. Cristina, cuidado, algunos pobres incluso arden en sus casas.

martes, 15 de noviembre de 2016

Maldeojos. En tanga y a lo loco



En tanga y a lo loco
(Artículo publicado el domingo, 13 de noviembre, en diarios de EPI PRESS)

     Esto va genial. Tenemos Gobierno, tenemos Rajoy el Invencible para la eternidad, el majara Donald Trump puede pulsar el botón nuclear, los magacines siguen buscando a Diana Quer, Ana Rosa Quintana aparece tan cardada como de costumbre, en Mar de plástico cuesta distinguir quién es Luis Fernández de su personaje, Salva Morales, el guardia civil más chulo al otro lado de los invernaderos, Ana Blanco no piensa cambiar jamás de peinado así pasen por su mesa las cabezas de todos los directores de TVE que fueron, son, y serán, pidiéndole que lo haga, Jorge Javier Vázquez prometió no respirar más hasta que Change.org revocara con otra petición pública la recogida de firmas que pide que lo larguen de GH, cosa que a mí me parece justo, así que firmo para que Jorgeja siga al frente del tinglado porque con él, según parece, al tinglado le quedan dos telediarios, sin duda terribles y aterradores, dicho como lo dice Pedro Piqueras. Los de Hazte un selfi, por muy blanca que tenga la sonrisa Uri Sabat, por mucha Adriana Abenia que hayan puesto al lado, no levanta cabeza, y es una cosa testimonial que hunde, más, la sobremesa de la cadena. Susana Griso cuelga sus arreos de periodista política y enseguida se echa en brazos de Nacho Abad y su cargamento de violadores del ascensor, del aparcamiento, del asesino de Pioz, el joven brasileño Patrick Noriega que se cargó de una tacada a sus tíos y a dos primitos, una tregua para alargar, más, los casi dos meses de culebrón en torno a la desaparición de Diana cuyo móvil fue encontrado por un mariscador que buscaba berberechos próximo a la autovía en Boiro, cerca del muelle de Neixón. Qué putada, qué gran putada, querida Ana Rosa, que la brigada judicial de la guardia civil le haya prohibido a este vecino hablar con los medios, con lo bonito que quedaría un reportaje justo en el lugar donde, oh, maravilla, encontró el iPhone 6 de la chica.

Todo en orden
     El país, al fin, funciona, todo va según lo previsto. TVE sigue manipulando, Antonio García Ferreras habla más que sus colaboradores, se ha abierto juicio oral a Manuel Chaves y a José Antonio Griñán, ex presidentes andaluces, que se sentarán en el banquillo con los ERES quemándoles el culo, y la segunda temporada de Víctor Ros volvió a La 1tan discreta como se fue, y eso que su protagonista, Carles Francino, lo está dando todo tal como vimos en el primer capítulo, que enseñó tetera y lomos como lo hacían alegres los chicos de Al salir de clase. Está todo tan en su sitio que hasta La generala, otra que nació para vencer las tempestades, mantenerse a flote, y ganar las batallas en directo o en diferido, es capaz de echarse al monte para tener conversaciones profundas con la puta cabra de la Legión, que Mariloli Cospedal es muy suya y sabe cómo empezar la casa por los cimientos. Está todo tan en orden que hasta el senador de Podemos, Ramón Espinar, otro revolucionario de guapura descuidada, el del pisito de protección oficial que al venderlo ganó 19.000 euros, ya sabe lo que es tener en su nuca el hedor del loco aliento de Eduardo Inda. Total, a lo que voy, que los de Super Shore están donde tienen que estar, en la casa marbellí de la Costa del Sol, en la pantalla de MTV, follando como locos, de fiesta hasta el amanecer, y bebiendo como si no hubiera un mañana. Super Shore es ese tipo de programas que no hace falta saber ni el antes ni el ahora, ni el nombre de unos ni de otras, ni sus cualidades ni sus manías, sólo hay que ponerse ante la pantalla y comprobar cómo la degradación humana puede alcanzar cotas tan elaboradas en esta parte de mundo con tan alegre desparpajo.

Semen y bíceps
     Es verdad que esta gente no engaña a nadie. No hay ni trampa ni cartón. En la casa que los acoge se muestran como se espera que se muestren, dando espectáculo, que el espectador elige agradecido o rechaza asqueado. O peor, aburrido. En esta especie de desenfadado burdel con cuerpos esculpidos y cabezas bañadas en ginebra, hay rutilantes estrellas que hacen su agosto por discotecas de polígono que nacieron en las cocinas de estos bárbaros productos que tienen la cualidad de retratar no sólo a quien los hace sino a quien los consume. En este contexto de mercadillo catódico oigo las conmovedoras declaraciones de un espécimen llamado Rafa Mora, de los fogones más inmundos de Mujeres y hombres de Emma García, que dice que no se dedica al porno, noble salida para estos verracos, porque “no calzo bien para esto”. No puede ser. Ahora resulta que este duro ejemplar la tiene chica. A Jorge Javier le conmueve tanta sinceridad, y yo, viendo la escena, sensible por demás, he de retirarme la lágrima que humedece mi mejilla, sniff. Políticos así necesita este país. No que tengan el rabo de críos, no, sino que digan la verdad como los gañanes de Super Shore, como una de las señoritas de esta camada, que asegura que “no necesito ir de cama en cama para destacar, no soy una guarrilla”. Dice Laura Abril, directora de MTV, que entienden que es un programa polémico, pero que hay que pensar que es sólo un entretenimiento que retrata la vida de unos jóvenes. No pretendemos ser referencia ni referente para nadie, concluye.  Pues esa es la putada, que sí, que son referentes y referencia para muchos jóvenes, querida Laura. Estos tipos, empapados en alcohol y con el trabuco siempre cargado, y esas tipas, que salen de casa de caza, arreglan sus problemas a voces, a puñetazo limpio, primates que marcan su territorio con orines, semen, y bíceps. Claro que son referentes de conducta,  de valores. Claro que Super Shore entroniza la vulgaridad, lo zafio, y propala la idea de que el joven, chica o chico, se levanta a las doce, se maquea, y su único problema es dilucidar si monta el pollo en casa o en la disco, vestido, o en tanga y a loco. No es lo peor. Los de Super Shore se ganan unos euros tocándose la flor. Su audiencia ni eso. Y otra cosa. ¿Sigue Ferreras encerrado en el plató conectando con Pastor? Qué familia, la hostia.

La guinda
Puta feliz
Lo dijo antes de morir. Cuando muera, que esparzan mis cenizas en el Parque del Oeste, en Madrid, donde fui una puta feliz. Así lo escribió La Veneno, estrella trágica de la tele que la parió, aunque nació como Joselito en Adra, Almería. Pepe Navarro la encumbró y ella sola se perdió. El otro día moría de un golpe en la cabeza que se dio en su propia casa. Tan inocente como ordinaria y vulgar, Cristina Ortiz no fue feliz. Se le notaba.