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viernes, 26 de febrero de 2016

Maldeojos. Tiempos de "streaming"



Tiempos de “streaming”
(Artículo publicado el domingo, 21 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

      Yo digo como decía en Más vale tarde Miguel Ángel Aguilar. Yo quiero “streaming”, yo quiero “streaming”. El periodista de melenita blanca, ondulada, es un cachondo, y su sonrisa, a estas alturas del análisis, es un editorial. Cuando escucha a los políticos, el realizador del programa abre una ventana al lado con la cara y los gestos de Aguilar, y si al final de la perorata del político Miguel Ángel se sonríe como un conejillo, malo, pinta mal la cosa. Si él quiere streaming –ya sin comillas-, yo también quiero streaming. Es la nueva ola. Contra el presidente plasmado, los aspirantes transparentes. Contra la política de las grutas tenebrosas, la política del ventanal. Se reúnen, y a los dos segundos ya están ahí, en casa, ante los micrófonos y las cámaras. Es lo último. Nada de reuniones secretas en tugurios de tiniebla y sofoco de humaredas. Ahora se vive la política como Cristina Pedroche vivió la Nochevieja, con el chotillo al aire. Nuestros políticos más jóvenes le han cogido el gusto a ir corriendo al confesionario, como concursantes de Gran Hermano, para ser los primeros y chivarlo todo. En el Congreso de los Diputados hay un set en cualquier rincón, y da la sensación de que hay colas esperando a que Susana Griso termine con Pablo Iglesias para que entre al programa de Ana Rosa antes de que se lo lleve Antonio García Ferreras, que habla con Albert Rivera porque luego no puede ya que Javier Ruiz lo tiene en el sumario de Las mañanas de Cuatro, a donde veo como tertuliano, por cierto, al sin par Alfonso Merlos, un crack que hace del periodismo un karaoke donde importa un truño el rigor porque lo que se busca es la francachela con los amigotes. Hoy, el periodismo en televisión es el periodismo del minuto y resultado. Está pasando, se está contando. Está pasando, se está viendo. Como ha escrito mi colega Rosa Palo, el destape era esto.

El pelucón
Pero a mí me mosquea tanto tul informativo, tanta aparición de políticos en pelotas con el corazón en la mano sólo envuelto en gasas, organza, o muselinas. ¿Qué hay detrás? No hay mejor forma de ocultar algo que dar la sensación de que vas en bolas. A algunos les pilla esta racha con el pie cambiado, y por eso ahora vemos a Mariano Rajoy con el ojo perdido, desbocado, sacado a la arena a empujones, sabiendo, como dijera Ortega Cano en su hit “Estamos tan agustito”, que repantigado en el sofá vería caer de la parra a estos jovenzuelos de la transparencia y otras bobadas, que él es perro viejo y en los últimos meses ha criado costra de gran cínico. Y por eso se pasa las ruedas de prensa por el sobaco, casca como una cotilla de José Mota, pierde el tiempo disparando el primero y atontando con sus soflamas a la jauría de noqueados informadores, da voz al periodista pijo Pablo Montesinos, onda PP, corazón de gaviota, y así se quita de golpe las preguntitas toca pelotas sobre la corrupción, y en cuanto la cosa se pone fea, hala, con cara de debate, o con amago de abrocharse la chaqueta para no saludar a Pedro Sánchez, dice adiós o, usando sus propias palabras, ha sido un encuentro notable, pero hasta aquí hemos llegado. Y se va con viento fresco. Rajoy entiende la transparencia informativa como un intrusismo en su intimidad, al estilo, menos rabalero, de Marta Ferrusola, que la entiende mandando a la mierda a la reportera que le pregunta. O callando ante el juez, puñetas, qué se habrán creído estos españoles. Vuelvo al principio. Quiero streaming, sí, pero para saber cómo consigue ese pelucón la esposa de Alfonso Rus. Notable. ¿Esconderá 10.000, 11.000, 12. 000 euros, dos millones de peles? Ya ven, me conformo con pocas cosas como espectador televisivo.

Eres el mejor
Pero no todo va a ser exhibición. Frente a la transparencia y el escaparate, la huida y el escondite. Memorable la actitud de Pepa Flores, que enterró para siempre a Marisol y jamás la sacó del sarcófago. Tiró la llave al mar de Málaga. Hace unos días le otorgaban la Medalla de Oro del Círculo de Escritores Cinematográficos, pero la tía, coherente, no apareció. Ese mundo ya no es su mundo. Decidió ser anónima. Pepa, hermosa en su silencio, es una estrella de Neruda que titila a lo lejos. No así Fátima Báñez, perdón, lector, por susto tan morrocotudo. A esta señora le pagamos entre todos el sueldo, está a nuestro servicio, pero jamás ha concedido una entrevista en la tele para explicar su trabajo más allá de un aquí te pillo aquí te pregunto en una rueda de prensa ventilada en unos minutos. A la colega no hay hurón mediático que la saque de su madriguera. Miento. Ha salido dos veces para pasárselo pipa en su plató favorito. Siempre el mismo. Siempre en 13tv. Siempre para hablar con Antonio Jimenez, el que le pone el cascabel al gato de la izquierda. La primera visita fue en junio del pasado año. La segunda, hace dos semanas. Ella no se mueve si no se lo pide o este gatero amante de las gaviotas o la virgen del Rocío. Así que nada de streaming, ¿Dijo algo vital para este país? Sí, basura de mitin. Bravuconadas de fantasma en un partido que desde el domingo, después de misa de 12, se deshilacha, ahora sí en directo, ante la atónita audiencia. Got Talent, pareció murmurar de sí misma Esperanza Aguirre en su oración de despedida. La pecadora enviaba recados a un Rajoy catatónico manejando un PP a la deriva. La lideresa sí tuvo corazón de streaming mucho antes de los tiempos del streaming. Se va como presidenta del PP madrileño, hasta nueva dimisión, guiñándole sus ojillos a Mariano Mariano, señalándole la puerta de salida, ay, qué hombre. Mira que si nos da el chasco y, en un alarde de modernidad, va y dimite rodeado de cámaras y micros en hora de máxima audiencia. Si se da prisa incluso puede hacer bolos en Gran Hermano VIP. Ah, hace unos días pasó por Murcia el hombre plasmado. Me imagino a Ramón Luis Válcárcel, ex presidente autonómico, rezar por lo bajini para que el Gran Lider no le dijera, “Ramón, eres el mejor”, palmadita que se ha convertido en la antesala de la sospecha, el banquillo, o la cárcel.

La guinda
Cambalaches
No es que esté a la deriva, pero se parece mucho a ese concepto. Cuatro no sabe qué hacer, con qué puñetas rellenar la conocida como hora de acceso a la hora de máxima audiencia. La hora que ocupa El Intermedio en La Sexta y El hormiguero en Antena 3, o Gym Toni en Cuatro. Pero desde el lunes Cuatro cambia de rollo y saca a Miguel Ángel Oliver al grito de Toma partido. Si lo que mola es el churro, se venden churros. Punto.


lunes, 1 de febrero de 2016

Maldeojos. Hostias



Hostias
(Artículo publicado el jueves, 28 de enero, en diarios de EPI PRESS)

      Hace unos días vimos con triste y cada vez más frecuente estupor a Donald Trump, aspirante a candidato republicano para conseguir la Casa Blanca, poniendo esas caras que me repugnan tanto como sus ideas voladas, haciendo como que disparaba a los transeúntes de la Quinta Avenida, y diciendo que sus votantes son tan fieles que ni siquiera de esa forma bárbara le restarían votos. Estoy seguro de que eso sería así. Lo que pasa por esas cabezas, por el aspirante, y por sus votantes, es un misterio para mí. En España tenemos que lamentar tipos de ese cariz. La zafia popularidad de Jesús Gil olía a lo que hieden tipos como el temible payaso Trump. Cada época tiene a los suyos. De Valencia surgen algunos de probada excelencia. Alfonso Rus es uno de ellos, y con nota alta. Hasta hace nada levantaba al auditorio como vulgar chistoso de burdel.

      Trump está seguro de que aunque dispare al personal en la calle sus votantes seguirán votándolo. El de Xátiva dijo que prometió llevar al pueblo la playa y que la gente se lo creyó, llamando burros a sus votantes. Es el tipo que iba a darle una paliza a los que no votaran a Miguel Arias Cañete en las municipales y autonómicas de 2015, el que prometía un Ferrari, o celebrar la victoria con champán y mujeres. Asco. Mucho asco es lo que siento por estos oscuros payasos que se burlan de la gente con una impunidad recompensada con los votos. Rus daba coces de tarugo con una pata y con la otra amasaba el dinero contándolo como los jugadores de una timba. Hace unas horas lo veíamos en la tele tapándose mientras la policía se lo llevaba detenido por corrupción y blanqueo. Todo encaja. Es el perfil de estos gánsteres populistas, hostias.

PD. Y como la mierda, al final, sale, el caloret ha empezado a derribar el castillo pepero sobre el que erigía sus chanchullos valencianos esa banda a los que Mariano Rajoy, agudo, uno a uno, ensalzaba. Rita está absolutamente limpia, dijo el otro día. Yo que Rita me echaba al monte. Y me ponía un güiscazo que te cagas antes de que la policía tocara en mi puerta. 
El prenda y su esposa. No me canso de mirarla. Esta tía tiene una imagen adictiva. ¿O no?

martes, 19 de mayo de 2015

Contra la corrupción, calladitos



Contra la corrupción, calladitos.
(Artículo publicado el domingo, 17 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

      ¿Sabe quién es Rafael Catalá? Ya se lo digo. No es un aspirante de los que tiemblan mientras el jurado de La Voz decide o no darle una patada en el culo y mandarlo con una mano delante y otra detrás al pueblo, no es el papá del artista que se come las uñas detrás del escenario mientras Laura Pausini le da un porrazo al botón para quedarse con el churumbel. Es el último mohicano que ha llegado al Gobierno de Rajoy no con flores a María como corresponde a mes tan mariano sino con flechas a porfía, a porfía y a todo el que se mueva, sobre todo contra los medios que denuncian lo que no interesa que se denuncie. Este menda, que ocupó el sitio de Gallardón, llegó como llegan las mosquitas muertas, sin hacer ruido, sin darse a conocer, medio gris y medio a su bola. Hasta que, harto de prudencia, dijo aquí estoy yo. Lo demás ya lo saben. Que quiere multar, cerrar, amordazar, lo que haga falta para que los medios no publiquen casos de corrupción. ¿Y eso? Pues para luchar contra la corrupción. Si no se publica, el corrupto y sus corruptelas no existen. Es un razonamiento impecable. Veamos. ¿A qué viene ahora saber que en los tiempos en que Rosendo Naseiro era tesorero del PP, cuando José María Aznar ya apuntaba maneras pero aún no tenía la cara de mala hostia que se ha ido fabricando él solito, el PP ya tenía una contabilidad B? Ese dato que ahora se sabe con papeles en la mano, como los papeles de Bárcenas, pero de Naseiro, no habría visto la luz con una ley adecuada. TVE, sin que exista todavía ley escrita, sabe lo que tiene que hacer. Y lo hace. Silenciando cualquier asunto que le haga pupa al PP.


Llegó suave, guardando las formas, pero viendo que se puede acabar el pastel ha sacado sus verdaderas ideas. Hay corrupción, la gente está harta, casi todo el mundo señala al mismo sitio, esto no puede ser, esto es una vergüenza, hay que pararlo. Señor ministro, ¿para la corrupción, combatirla, agilizar las instrucciones, dotar de medios a la Justicia? No, cojones, dice Rafael Catalá hecho un basilisco, controlando los medios de comunicación para que no publiquen esas porquerías que tanto mal hacen a España. Joder.

Es una vergüenza

       En una televisión pública que ni se burle ni ningunee a su audiencia, que no crea que esa audiencia no tiene otras ventanas de información, La 1 no urdiría el día en que el resto de medios hablaban del valenciano Alfonso Rus y de los papeles del PP de Naseiro, unos telediarios que levantarían de su asiento al tronista más lerdo, al más gañán de Emma García. Sacaron a Mariano Rajoy en su visita a Valencia para decir que el paro está bajando a velocidad sideral y que sí, que cometen “errores”, pero qué le vamos a hacer, “somosshss como somosshss”. Y ya está. Como son como son, a joderse. ¿Habló de Rus? ¿De quién? Yo no sé si los presentadores del Telediario hacen ejercicios de relajación antes de salir a escena para decir lo que les hacen decir o nunca como ahora son muñecos que ni sienten ni padecen –he contado, y no exagero, telediarios con más de 15 minutos de información sobre lo bien que va la economía desde distintos ángulos, desde los datos más peregrinos a los reportajes más rebuscados-. A TVE, a esta TVE no le hace falta ley mordaza alguna. Corazón que no ve, corazón que  no siente. Cuando el ministro Catalá se dio cuenta de que había abierto demasiado su cerebro reculó como lo hacen los fulleros, diciendo que sólo era una reflexión, que se le había entendido mal, y bla, bla, bla. Antonio García Ferreras, como un lince enjaulado, soltó en Al rojo vivo uno de sus editoriales incendiarios. Mirando a cámara, con ese particular movimiento de su mano izquierda abierta como una panoja de pescado, le dijo al ministro de Justicia que su matización era una trampa, una mentira, todo es, dijo, lo que parece, un ministro que quiere cargarse la libertad de información, quieren todo el control mediático para ocultar la corrupción, el periodismo les molesta. De no existir libertad de información no habría Filesa, ni Gal, ni caso Urdangarín, ni caso Matas, ni Gürtel, Rato, Trillo, Rus, ERES, Bárcenas. Este ministro, concluyó, tendría que dimitir, es una vergüenza. 

Esta chusca historia ha estado presente en la mayoría de cadenas. ¿Has visto, has escuchado algo así en TVE? Ni de coña. El "caso Rus" es una sombra en la tele pública. Eso sí, cualquier cosita que tenga que ver con tropiezos y corruptelas de otros partidos se tira el sumario por la ventana y se destroza la equidad. Ejemplo. La presencia de Podemos en los telediarios o no existía o era testimonial. Pablo Iglesias era una realidad ausente. ¿Sabéis, sin embargo, lo que dedicó el Telediario de Ana Blanco a la dimisión de Juan Carlos Monedero? Cinco minutos. Había que destacar la ruptura, la pelea, el galimatías, la falta de seguridad, el CAOS... ¿Se han visto los abucheos de los ciudadanos en la calle llamando ladrón a Rajoy, y a la gente de los mercados en Valencia despreciando los sobres -con papeletas- que entregaba Rita Barbará? Por favor...


Arguiñano y los chorizos

     También llamó mucho la atención la sección “Así lo vemos, así lo vimos” dentro de Antena 3 Noticias que firmó Vicente Vallés hace unos días cargando contra los corruptos diciendo que cuando los pillan, “o culpan a un subordinado, a un superior, o a alguien que ya ha muerto”, es decir, es la constatación de que, de ser cierto, muchos de los que ocupan altos cargos políticos son incapaces de gobernarlos reconociendo su torpeza en la elección de equipos. Muchos de estos dignatarios que se enfrentan a la justicia por corrupción prefieren ser tomados por tontos antes que por ladrones, quizá porque el robo está penado por la ley y la inutilidad sólo la castigan los medios de comunicación, de hecho, dice Vallés, la mayoría de los que han preferido pasar por incompetentes antes que por corruptos han renovado su cargo en las urnas. Cuánta razón lleva Vicente Vallés. Y qué bien lo hace, y cómo ha mejorado el informativo diario sin Matías Prats, cuyo rancio estilo recuerda al relamido Jesús Hermida. Ver y escuchar estas opiniones en un informativo es lógico, incluso necesario si a la celebración del periodismo se une desde el humor y la ironía un noticiario como El intermedio, donde El Gran Wyoming ejerce de capataz frente a un equipo de primera, pero que salte al ruedo de la denuncia un cocinero como Arguiñano resulta heterodoxo. Heterodoxo y estimulante porque cuando Arguiñano dice, con su sorna, que este país es excelente en chorizos, tú, en casa, sabes de qué habla. Memorable fue su desahogo de hace un tiempo cuando dijo que le parecía fatal que se recorte en sanidad y educación y que “se inyecte dinero a unos bancos sospechosos de todo”, y que se culpe al ciudadano de la crisis cuando “han sido los gánster los culpables de esta situación”, apoyados por el Gobierno con desvergüenza. ¿Simplezas, reflexiones de carbonero? Son las que más duelen porque las entiende todo el mundo, no se dan en una reunión de expertos que hablan para sus ombligos, y hacen mucha pupa. Cuando el otro día, en los pasillos, cogido a regañadientes, decía Rafael Hernando, portavoz del PP en el Congreso, que la libertad de expresión y la libertad de los medios es lo primero yo me lo creí, en serio, pero cuando creen que para luchar contra la corrupción lo mejor es callarse, también. 

Hay quien no ve con buenos ojos que gente como Carlos Arguiñano opine de cuestiones que no le competen. ¿Que no le competen? Sus diatribas contra el choriceo nacional, los mangantes de la política, y los profesionales de la corrupción son memorables. Y a quien le pique, que se rasque.


La guinda
La lucha de Frank
A El hormiguero se va, como dice Pablo Motos, a divertirse. Es un programa de entretenimiento para echar un rato, y lo consigue, y ese es su éxito. Pero también sirve de plataforma para denunciar situaciones. Lo hizo el aficionado herpetólogo Frank Cuesta, que de forma teatral reprodujo la celda donde Yuyee, madre de sus hijos, sigue en Tailandia acusada de traficar con más droga, dice Frank, de la que llevaba.

martes, 12 de mayo de 2015

Maldeojos. Qué duro es ser Belén Esteban



Qué duro es ser Belén Esteban
                         (Artículo publicado el domingo, 10 de mayo, en diarios de EPI PRESS)


      Toda una vida para llegar a ser el adefesio que es hoy. Tiene mérito. Tiene mérito luchar por la vida para conseguir no tenerla. Es tan admirable como risible su cazurra tenacidad. Belén Esteban ha peleado mucho para poder decirle con solvencia a su Andreíta que se como el pollo, coño. Los que tenemos memoria catódica la recordamos desde el comienzo de los días. Siempre ha estado ahí. Pero no, sólo lleva 16 años en activo, condenada por ella misma a ese cadalso de mugre y pus. Qué duro es ser Belén Esteban. Ha de ser duro, supongo, codearte por los pasillos de tu cadena con siliconadas mama pollas, siliconadas rasas, analfabetos cocainómanos, analfabetos a secas, cocainómanos sin atributos, putas, chulos, delincuentes, hormonados, espantajos, histéricos, zorrones, mariquitas ególatras, mentirosas, buscavidas, decenas de buscavidas, sabiendo que tú misma eres una pieza de ese puzle atroz, condenada a ser en público durante 24 horas como la ordinaria y vulgar señora que eres en privado, condenada a llorar porque al salir de tu encierro como gran hermana te enteras de que tu Migue te ha puesto los cuernos, condenada a poner esas caras de asco y hacer esos aspavientos ante tus compinches de salón, condenada a ser tu propio verdugo, a irte y a volver, a echar mano de Jesulín, tu mentor, para alimentar tu pobre vida de bufona del pueblo, a contar tus miserias sí o sí, lo único que tienes, a venderte ante el espejo como un mal paño, qué duro es ser Belén Esteban, coño, has ganado Supervivientes pero has tenido que oler los pedos de Kiko Rivera, un Paquirrín al que le tiene que oler el alma, qué tragedia, te organizaron tu vida como una diva chusca y perdiste la ocasión de ser una feliz ama de casa que veranea con los críos en Benidorm. Lo has perdido todo, Belén, por ganar tanto. 
Toda una vida para llegar a ser el adefesio que es hoy


La condesa pija
      
    Qué duro es ser Esperanza Aguirre y tener que abrazar a negras señoras inmigrantes un día y al siguiente acostarte con mala conciencia de “pija pata negra” y poner los sentimientos en su sitio colocando a los inmigrantes en el suyo, fuera de los parques y las calles, coño, que afean y asustan al personal, decía la pájara en una alocución de católica mala, de perra ultraconservadora en celo, de vende biblias a legos e ignorantes sin alma con nucas altivas perfumadas de Channel. Qué duro es ser Espe y tener que acudir a lo de Maritere Campos y echarte un chotis en mitad de la pista para divertir al populacho como una chabacana Esteban, el mundo al revés, una condesa arrastrada al lodo de ser una cualquiera para levantar la audiencia, convertida en viagra política para no ser menos que esos jovenzuelos que conectan con otros perroflautas sin tener que compartir plató con la pandilla amojamada de la Campos. Qué duro es ser Aguirre y decir hoy que no acudirá a La Sexta jamás de los jamases por manipuladora y sesgada y mañana, con la campaña electoral al cuello, agachar la estola y acudir a La Sexta Noche a someterse, ELLA, a las preguntas de una periodista avispa, Cristina Pardo, una pamplonica irónica, que no pierde la sonrisa ni deja escapar a su presa con facilidad, que no levanta la voz pero tampoco agacha la cabeza –no voy a hacer las preguntas que le gusten a usted, le decía Cristina a una Aguirre rabiosa, que se tragó los datos que desenmascaran sus mentiras, su cínica amnesia, su falta de escrúpulos, su populismo de mercadillo-. Qué duro es ser Esperanza Aguirre y tener que acudir a vender su moto entre hormigas, a reírle las gracias a Trancas y Barrancas, y empezar tu semana con Pablo Motos sabiendo que en ese río tal vez no haya peces que llevarse a la cesta. Qué duro es saberse la mejor y tener que vérselas con aprendices de chichinabo o con jefes de sección de grandes áreas como Antonio Miguel Carmona, que también bailó con la Campos como socialista en lucha por la alcaldía de Madrid. 
El polémico abrazo de Esperanza Aguirre a  una inmigrante negra
Un día se abraza a negras inmigrantes y al siguiente se recolocan los sentimientos poniendo a cada cual en su sitio, y desde luego los mendigos, inmigrantes y demás ralea no tienen sitio en las calles, en los parques porque, a todas luces, los afean y asustan a la gente de bien.



 Rus, el contador
      
     Qué duro es ser candidato a la alcaldía de Xàtiva y presidente de la diputación de Valencia y tener que agazaparte en un coche para contar dinero como un mafioso, con lo lindo que hubiera sido hacerlo en la barra del bar, joder, con tu puro entre los dientes, altivo y chuleta, con ese desparpajo del que se sabe impune porque así es el microclima político en el que se mueve, qué duro es ser Alfonso Rus y verte rodeado de cámaras cuando vas a ver a tu equipo en vaqueros, descamisado, con tu señora al lado, rubia como los trigos de Pantene, sonriente como princesa feliz en su ignorancia, y tener que soportar la impertinencia de una periodista que te pregunta sin rodeos, “¿usted ha metido la mano en algún momento”? y tú, rápido, al estilo ordinario de Sonia Castedo, también del PP, contestarle, “sí, en el bolsillo”. Qué duro es ser Alfonso Rus y tener que tener siempre un “como no votéis a Cañete os doy una paliza”, qué duro es tener siempre en la recámara la bala de una salida fallera para enmascarar al fullero que llevas dentro. Qué duro es tener que advertirle al jefe del PP que ojito, que se vaya preparando Alberto Fabra, que hoy no hablará de él y que, como dice José Mota, lo hará mañana, o sea, después de las elecciones. Qué duro, en fin, es ser Pablo Iglesias y no poder reírte como se ríen los mortales sino esbozar sonrisas con mensaje, nada de risa gratuita mientras esperas una pregunta que has de solventar en milésimas de segundo, momento en que la incipiente sonrisilla desaparece dejando en el rostro ese peso, esa gravedad, esa amenaza, ese plomo de verte ya dirigiendo un país en llamas, un pueblo necesitado de un salvadorcito que no puede dudar jamás, y Pablo jamás duda, qué canguelo. Quizá no vaya a echarse en brazos de Maritere, pero ha de acudir a La Sexta noche para levantarle el share a Iñaki López, que es joven y seguro que lo tiene siempre dispuesto. Es mucha responsabilidad, es muy duro actuar como presidente in pectore. Es durísimo ser Belén, Esperanza, Antonio, Alfonso, Pablo, tirarte al ruedo de la tele y que el dios catódico reparta suertes, o para salvarte o para condenarte. Qué dura es la vida de estos muñequitos.
Alfonso Rus, un alto representante de la política valenciana, simboliza en esta imagen la forma de dedicarse a ella, mero espectáculo, bochornoso y zafio, para ocultar sus trapacerías. Ah, ha dimitido como presidente de la Diputación -por motivos personales, dice el menda-, pero seguro que arrasa en las elecciones del 24 como alcalde de Xàtiva. Este país premia la corrupción. Duro, pero así es.




La guinda
Don Jesús
Todos lo han imitado, ninguno lo ha superado. Es Jesús Hermida, el hombre cuyo nombre, obra, palabra y omisión, va unido a la tele. Es la tele. Y se nos ha ido. Trajo a este país con telarañas en los platós la luz, el ritmo, lo malo y lo bueno de lo que hoy vemos. Qué pena que su última entrevista a un personaje de relumbrón, el rey Juan Carlos, fuera una pantomima, una burla al periodismo. Pero gracias, descanse en paz.