martes, 1 de octubre de 2019

Maldeojos. La cara de los coches


La cara de los coches
(Artículo publicado el domingo, 29 de setiembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Perdonen mi tozuda insistencia, mi pertinaz soplapollez, mi estúpida rebelión, perdonen que vuelva a lo mismo, pido disculpas por dejarme llevar por mis prejuicios, pero ciego de rabia y más tonto que un maíz, no puedo, no quiero hacer otra cosa. Me resisto a usar la palabreja, no me sale, no quiero acostumbrarme a escribir “coaches” y pronunciar con mucho bombo, solemnidad, y burricie “couch” como si fuera normal, y no, no lo es, no es normal llamar “couches” al jurado de un concurso de talentos canoros. Me da igual el tipo de concurso, de grandes, de pequeños, o de todos en la misma cama. Así que los “coaches” no pueden ser otra cosa que coches, dónde va a parar. De golpe, en apenas un par de elecciones, en apenas otra visita al monarca –papá, se ve en una foto manipulada a Felipe VI, me dijiste que cada cuatro años, pero cada dos por tres se me llena la casa con esta peña-, en apenas dos semanas la tele se ha llenado de coches diciendo sandeces de mucho calibre y haciendo unos gestos más repetidos que la letanía de Pedro Sánchez para no decir que en el fondo, con el inestimable apoyo de Pablo Iglesias, ha trabajado duro para hacer presidente a Pablo Casado, ayuda de escoba en Moncloa al guiñol  Albert Rivera, y bruja para noches de tormenta a los vaqueros de Abascal. Puestos a votar todos los años, se comenta también en redes, prefiero Eurovisión. Mientras sí es sí o no es no, Antena 3 se ha puesto hasta arriba de farsantes que se lo llevan crudo en ese tinglado comercial que lleva por nombre La voz kid. Menuda broma. No valoro a los que salen porque son niños, y no me da la gana entrar en el juego de esa loca oca, allá papá y mamá con su responsabilidad. Me quedo con los adultos y sus pantomimas, tan falsas como los nervios de David Bisbal con la mano detenida en el puto botón para elegir a los niños de su equipo, tan alucinantes como los “mi vida” de Rosarillo, la más petarda de las Flores, la más jipi de pacotilla, la de los piños encalados, en fin, que el huevón Melendi me deja hielo en la pantalla de la tele. ¿Es que alguien se cree a Eva González, que no es coche sino presentadora, en la escena detrás del cristal, con el papá y la mamá, y la abuela y quizá el hermano mayor del nene que canta por Lola Flores? Es, como dicen los políticos de los otros, un teatrillo.

Frío rencor
     La otra cadena puso el reló de la caza del distinto a la velocidad de la luz para conseguir que Got talent se estrenara el mismo día que La voz kid y hacer pupa, claro. Dice quien lo conoce que Paolo Vasile es un tipo sin piedad, un tipo frío y rencoroso, ese tipo de personas que si no te la dan a la entrada te la dan a la salida. No le va mal a Telecinco con él. Es más, le va de perlas. No hace ascos a nada, si ve que hay negocio. Como tiene que ser en una sociedad de capitalismo radical. A lo que voy. En Got talent no existe la figura del coche, en el sentido que se le da al coche en La voz kid, pero sí hay jurado tal como uno entiende que es un jurado, es decir, quien dictamina, quien decide si sigues o no sigues sobre la pista. Y también hay primeros planos con la cara de Risto Mejide, el candidato Mejide –ya se lo contaré otro día, pero así, resumida, la cosa consiste en que, tal como estoy diciendo, en Telecinco, y en La fábrica de la tele, cualquier cosa sirve para hacer caja, negocio, meter bulla, y rebajar la solemnidad de algunas cuestiones sin que les tiemble el pulso ridiculizando, parodiando, o descojonándose de las mismas sin complejos, y es cuando surgen ideas chocantes, como la de Todo es mentira, programa que  ha creado su propio partido político con intención de presentarse a las elecciones con un nombre que no deja lugar a la duda, Peor no lo haremos, o sea, el PNLH-, pues eso, que en Got talent también hay primeros planos con las cejas hirvientes de Risto, con su gesto de indiferencia o asco, con la dulce sosería de Edurne, con la cara de sardesca de Paz Padilla, con la de “pasmao” del nuevo, Dani Martínez, que no sé por qué se le relaciona con el humor cuando lo suyo siempre ha sido eso, ser “un tontaco” de libro, un sin gracia, un pesado.

El niño Errejón
     Seguro que lo saben, pero el niño del tambor ya no es el niño del tambor de hojalata de Günter Grass sino Hugo, Hugo Molina, nacido en las ascuas sin piedad de Mediaset y paseado como trofeo por la cadena después de hacer que Santi Millán, otro que pone unas caras muy estudiadas detrás de las cortinas de Got talent en planos como robados, dijera al tamborilear la criatura una pieza con olor a semana santa, “me cago en diez”, es decir, joder con el nene, no me lo puedo creer, vaya talento, o vaya “talent”, siguiendo con la nomenclatura de estos concursos, que arrinconan el español porque en inglés parece que el talento de los “kid” es menos rotundo que si dices “talent”, que es la releche. Total, que nació una estrella, otra para usar y tirar. De hecho, el chiquillo, con papá y mamá de su mano, ya se sentó junto a Emma García –aún no como hormonado de esa peste llamada Mujeres y hombres y viceversa- en Vida la vida, cita en Telecinco que recoge residuos que ella genera. Hablando de críos, y de talentos y habilidades, ha irrumpido en las últimas horas uno que lo está petando más que el Huguito del tambor en Telecinco, o que el otro chiquillo de la semana, Hugo Sánchez, esta vez en Antena 3 con una saeta. Mediaset y Atresmedia, en guerra con la pasión de Cristo. Una pone el tambor, la otra la saeta. Y Bisbal, de nuevo, el ridículo. ¿Qué virgen llevas colgada?, pregunta la Flores. Es mi Jesús Nazareno, dice el niño, ole, dice Rosario. El niño saca una estampa, la besa, mira al cielo, y empieza a hacer pucheros. Ay, corazón, mi vida, qué bonito, dice la que tiene un gato que hace ay, ay, ay. Todos corren a abrazar al chiquillo. Bisbal, inspirado, suelta un “qué bonito que te emociones con Jesús”. Es el momento en que mi cabeza explota. Del niño Íñigo Errejón, que irrumpió como un tornado, si eso, hablamos otro día y vemos a qué concurso va.

La chispa

Está viva
La tercera temporada de Estoy vivo –jueves, La 1- ha vuelto tan viva y adictiva como la primera. Una vuelta de tuerca, un apocalipsis en la trama, se llevó por delante a tres de los personajes más emblemáticos. Pero seguro que no es lo que parece. Javier Gutiérrez y el maravilloso Alejo Sauras como el Enlace entre la tierra y la realidad paralela de La Pasarela se han quedado como caras visibles de una serie emocionante y valiente.  

Maldeojos. Toy boy


Toy boy
(Artículo publicado el sábado, 28 de setiembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Málaga y provincia están en la ola de la ficción nacional. Los lunes en La 1 con Malaka –la audiencia decae, la calidad no-, Genius: Picasso, también los lunes, pero en La 2. Y los miércoles en Antena 3 con Toy boy, trama que se urde en la Costa del Sol, entre Málaga y Marbella, símbolo de lujo, despiporre, y todo tipo de excesos. Toy boy tiene muchos ingredientes para ser una serie potente. Tiene una idea buena –a un stripper le endilgan un muerto, marido de la esposa con la que trabaja como chico de compañía-, tiene unas localizaciones que te dejan lelo, hay mucho chico de gimnasio, o sea, carne fresca, sexo, hay actores eficaces y solventes, pero… Pero a pesar de esos ingredientes hay otros que lastran hasta la perplejidad el desarrollo de la idea. ¿Quién ha hecho la selección de actores y actrices? No quiero ni escudriñar en los créditos para no tener que señalar a nadie porque, lo resumo, la cagó.

     Los protagonistas son el ex futbolista Jesús Mosquera, un bombón, ese tipo de chicos que van de la dulzura a lo tórrido en cuatro milisegundos, pero como actor le falta un hervor, y María Pedraza, que es la bomba. De mala. Insisto, ¿a quién se le ocurre que esta criatura, con pinta de llevar aún la cartera del instituto plagada de fotos de artistas que admira, puede ser creíble como la abogada que defiende al acusado de asesinato? Y luego, su vocalización. También la resumo. Vocaliza con el culo. Hay escenas en las que ni dándole al botón una y otra vez consigo saber lo que dice la nena. Luego están Pedro Casablanc, infalible, pero su poli de aspecto descuidado es un tópico cansino. Y Cristina Castaño, que sabe de qué va esto. Total, Toy boy es sí pero no.  


Maldeojos. Antipática Letizia


Antipática Leticia
(Artículo publicado el jueves, 26 de setiembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     De entrada, los titulares que se han leído y luego llevados  a los programas de la tele son un pelín truculentos sin ser mentira. Hablo de la reina, de Leticia Ortiz. La reina ha vuelto a la radio, o la reina vuelve a ser periodista, se ha escrito. La historia no es falsa, pero tampoco verdad. La noticia era que la esposa de Felipe VI, en calidad de esposa del jefe de Estado, se fue a un instituto cacereño, el Vía Dalmacia, en Torrejoncillo, a inaugurar el curso y de paso interesarse por lo que hacen sus alumnos. Los chicos y chicas del centro tienen una radio escolar, y con ellos, tan campante, se sentó la señora para saber cómo es esa radio y qué programas tiene. La conversación, un regalo que los medios desearían, se emitió en directo, y sí, la reina, interesada, iba preguntando, de ahí que “la reina ha vuelto a la radio” o “la reina vuelve a ser periodista”.

    Hasta aquí todo normal. Lo que tocan los reyes, aunque sea una pavesa, una briznita de yerba, se convierte en algo sustancial. Es a donde quiero llegar. TVE tiene un programa que se llama Audiencia abierta, que es una crónica sobre la actividad de la Casa Real. Lo presenta Carmen Romero, que dio paso el sábado pasado a un reportaje que firmó Marisa Aeropagita, reportaje en el que la periodista preguntó a niños y niñas sobre lo que les había parecido la reina. ¿Cómo ha ido la visita, qué te ha parecido la reina?, le preguntó a una cría de apenas 3 o 4 añitos. Bien, dijo Amanda. Pero la periodista siguió y quiso saber más. ¿Ha sido simpática?, preguntó de nuevo. La respuesta de la niña no dejó lugar a la duda. No, contestó. ¿Qué titular saltó a programas de otras cadenas? El de arriba. La reina es antipática. Fin de la historia.


Maldeojos. Miguel Ángel Ibar


Miguel Ángel Ibar
(Artículo publicado el martes, 24 de setiembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Yo también creo que es el personaje, el mejor trabajo de su vida de actor hasta ahora. Hablo de Miguel Ángel Silvestre, trasmutado en un Pablo Ibar en la serie que cuenta la historia del preso En el corredor de la muerte, que se puede ver de un tirón, que es lo que pide el espectador, este espectador, si tiene la tentación de ver qué pasa con un material conocido y cuyo final también, hasta ahora, se conoce. Vayamos por partes. En el corredor de la muerte aborda la impotencia de un reo de raíces vascas condenado a la pena de muerte en EEUU por un crimen que, según todos los indicios, no pudo cometer. La condena se basa sobre todo en el supuesto parecido de Pablo con una foto de vídeo tomada la noche del crimen en casa de los asesinados –un hombre y dos mujeres-. En el corredor de la muerte está basado en el libro de Nacho Carretero.
     La miniserie es de cuatro capítulos, y en ella van quedando claras algunas cosas. Queda claro que la suerte es fundamental en la vida, que el tesón es fundamental, que la lucha te puede sacar del corredor de la muerte, que el sistema judicial norteamericano es una caca porque si no tienes dinero, apaga y vámonos, que una historia conocida si se trata como es debido puede ser llevada a la pantalla, que el “cubano” Miguel Ángel Silvestre es un cubano de pura cepa, que el amor lo puede todo, y que el de la novia y luego esposa Tanya –la inmensa actriz puertorriqueña Marisé Álvarez hace también un trabajo diez- es un amor por encima del mundo, que Bambú Producciones ha vuelto a firmar un trabajo impecable, que la ambientación es poderosa –entre Madrid y Colombia- y que Movistar, la plataforma que lo emite y produce, va almacenando tesoros.


Maldeojos. Diosas de ida y vuelta


Diosas de ida y vuelta
(Artículo publicado el domingo, 22 de setiembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Sin pedos, la vida no tiene sentido. Es una frase redonda, potente, definitoria de quien la dice y definitiva para quien la escucha en la tele, que a veces se pone fina y ciertas cosas no tienen cabida. ¿Quién hay detrás la frase? La misma mujer que dijo cuando hacía uno de los programas más sucios de la tele que a ella le gustaba mear en la ducha mientras se bañaba. Así es, Mercedes Milá. Cuando presentaba Gran Hermano era una leona que defendía su trabajo y defendía a las criaturas que iban criando como alimento de los programas de la casa. Me superaba. Se me cayó una grande. Para mí, Mercedes Milá simbolizaba el periodismo sin matices, la mujer que preguntaba y preguntaba antes de que Ana Pastor, con el tiempo, pareciera que inventaba la pólvora, dicho desde la  admiración por otra periodista que desde la televisión pública –Los desayunos de TVE- demostró que se podía y debía hacer un periodismo vibrante, independiente de partidos, y sin ataduras, aunque también es cierto que esta diosa –es una forma de hablar, que el que escribe apenas tiene santones en las hornacinas de la casa- empezó a desmoronarse con su llegada a La Sexta. No me pregunten por qué con exactitud. Son sensaciones. Empezó a resultarme cargante, repipi, marisabidilla, retorciendo hasta la inutilidad su empeño en repreguntar sin dejar responder, dando a entender –insisto, sensaciones muy particulares- que lo importante no es la respuesta sino sus preguntas, su indomable espíritu, su periodismo de trinchera. Siempre pongo el mismo ejemplo, pero es que me parece, como los pedos de la Milá, definitorio y definitivo. En una entrevista que Ana Pastor le hizo a Manuela Carmena, y ante la absurda batería de preguntas a la entonces alcaldesa de Madrid, absurda porque no podía ser respondida por la edil, Carmena le soltó el obvio reproche de quien no entiende qué cojones pinta allí. Una cosa te digo, Ana, vino a decir, “para que sean realmente útiles tus preguntas, hay que esperar a que te las pueda responder”. Impecable razonamiento.

Scott y Milá
     A diosa muerta, diosa repuesta. Pero no nos precipitemos. Vuelvo a Mercedes Milá. De la periodista correosa que era, de repente, y para alucine general, al menos yo aluciné al modo de Alberto Chicote, o sea, pepinillos, una noche me la encontré en las pocilgas de Gran Hermano. Y no entendí nada. Y mucho menos su vehemente defensa de algo que para ella era, nada menos, quizá para darle el empaque que ocultaba su abyección, “un experimento sociológico”. Hala, a darle leñazos. Hasta que me aburrí y me olvidé de Gran Hermano y de La Merche y sus tonterías. Luego, hace apenas unos años, la propia se cayó del burro, entró en una depresión de caballo, y dijo que lo de GH había sido demasiado. Sicólogos, expertos del alma, tratamiento farmacológico, pautas para sacar de nuevo la cabeza, entrevistas personales valientes reconociendo la situación y que, con esfuerzo y ayuda, se puede salir, llegada a su vida de Scott, su perro, y nueva Mercedes Milá, como una crisálida que poco a poco se desprende de su cárcel y mueve las alas para volver a volar. Lo ha hecho en su regreso a la tele con Scott y Milá –ya lo hizo aún en plena lucha consigo misma con Convénzeme, un programa de libros en la órbita de Mediaset, o sea, un sindiós-. Scott y Milá, cuya segunda temporada se estrenó en Movistar el jueves pasado, es un programa intimista, bien estructurado, educativo, de emociones, de ayuda, como destaca Milá . Vi su Renacer, nunca mejor dicho, la primera entrega, y me cautivó. He dicho que Scott y Milá es un programa intimista donde Mercedes es el hilo conductor, la protagonista de la historia, la que habla en primera persona con el científico que analiza su caca para ver carencias de otro tipo, o con Xevi Verdaguer, siconeuroimnunólogo –juro sobre un barril de petróleo saudí antes de ser volado que existe una especialidad que se llama así-, y juro que la Mercedes Milá de Scott y Milá no es, mucho menos, la estrambótica y ridícula Samanta Villar, que de diosa en 21 días pasó a la ególatra muñeca inflable del periodismo más prostibulario.

Abajo Sobera
     Si Scott y Milá para mí ha sido, como digo, la restitución de Mercedes Milá al lugar que le corresponde en el pedestal poco concurrido de mis preferencias televisivas, hay otros nombres que están haciendo el mismo viaje, del pedestal al suelo, como aquella imagen del sátrapa Sadam Husseim cayendo con estrépito al asfalto. ¿Qué decir de Carlos Sobera, el que dinamiza concursos con su natural simpatía o se pone amoroso como alcahuete de First dates o sensible en cada lamentable entrega de Volverte a ver? Es el mismo tipo que ha prestado su imagen, por dinero, claro, para fomentar la ludopatía en este país con un anuncio agresivo de juegos online. Hala, abajo el dios Sobera. Eh, me dirá alguien, echa del pedestal a Jorge Javier Vázquez por la misma razón. Tirado, y no repuesto quede el tal desde este momento. Al revés me ocurrió con Pilar García Muñiz, que hizo el camino contrario, del suelo al cielo. Presentaba España directo, y no la podía tragar, de nuevo por nada, por sinrazones de espectador retorcido. Hasta que la llamaron para presentar, sin salir de La 1, el Telediario. Después de 20 años en la tele pública se ha ido a la radio, con Herrera y los curas de la empresa. No puedo quitarle los atributos de diosa porque no tengo la tentación de pecar escuchando al vacuo y solemne cantamañanas. Por cierto, ¿son dioses Sánchez, Casado, Iglesias, o Rivera? No me toque los bemoles, como dice Rufián, el ex hooligan del Congreso, que inició su carrera como dios de los prudentes. Termino. Lo peor de Scott y Milá es el trato que Mercedes da al puto chucho. ¿Compartir con él una hamburguesa como si fuera tu hijo, dejar que te lama el morro, besarle la boca? Que no, que no, eso no hay dios que lo entienda, ni Scott ni pollinas.

La chispa
Letizia
Después de dos días de intenso trabajo recibiendo a políticos en discordia Felipe VI y su esposa, Letizia Ortiz, se fueron a la ópera atraídos por el “Don Carlo” de Verdi.  A ver si, como Pablo Ruiz, responsable de Emergencias en Murcia que se fue al teatro en plena gota fría, cesado ya, se pide que dimita el matrimonio. Qué va. En Espejo público, lo de Susanna Griso, destacaron que la reina pidió un imperdible para taparse el canalillo.

Maldeojos. Ópera y reguetón


Ópera y reguetón
(Artículo publicado el sábado, 21 de setiembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Me envía mi amigo Jordi Moltó, guionista de El hormiguero, un vídeo con el que esta temporada abrió la compuerta de una imaginación desbordante. Siempre acierta. Son pequeñas piezas narrativas que funcionan como un reló. Y siempre buscando el centro del corazón, emociones que maneja como un maestro. Viendo el vídeo recuerdo que la noche que se emitió en directo vi a un tipo que me sonaba de algo, de otros programas, en la órbita de Mediaset, pero que me chirriaba en El hormiguero. Al ver a un tal Omar Montes, no sé, cambié de canal por instinto. El mentado tiene carrerón. Fue el ganador de Supervivientes -200.000 cucos se llevó-, fue pareja de la hija de Isabel Pantoja, y es conocido en el mundo cani por vídeos con letra y música que te vuelan el cerebro a los tres segundos.

     Junto a él, otro tipo. Ahí va. RVFV. Sí, como lo leen, RVFV. Pregunten a sus jóvenes retoños porque quizá sí sepan quién es este ejemplar. Es otro perlita de chándal caro, gafitas oscuras, cadena de oro, deje sudaca, movimientos tontos de mano muerta que se toca el paquete, y vídeos vistos por millones de personas. El experimento del programa consistió en embridar el reguetón con la ópera, y nada menos que con Ainhoa Arteta. Los primeros decían no gastar un euro en su formación musical –Ainhoa invierte en su carrera lo que gana-, no ensayan nunca, y si hay que calentar la voz lo hacen sin piedad, dándole al trinque –decía RVFV-. Uno no se hace rico con esto, decía la soprano. A mí me dieron por una actuación, dijo Omar, 70.000 u 80.000 euros. Corrí a escuchar la música de estos canis de zapatillas y gorras carísimas. Aún estoy vomitando.

Maldeojos. Yemen


Yemen
(Artículo publicado el jueves, 19 de setiembre en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Coño, Yemen existe. Ha saltado a los informativos, al fin. Después de cinco años de sistemático machaque a su población, derruida Saná, después de cinco años matando a niños y adultos, arrasando escuelas y hospitales, dejando el hedor de la muerte en sus calles y el hambre en cualquier rincón del país, Yemen, al fin, se aupó como una de las primeras noticias del día. ¿Por eso, por la programada destrucción del país de la mano de Arabia Saudí, con el apoyo sonriente y naranja del volado Donald Trump, uno de los más peligrosos seres que en el mundo son? Ni mucho menos. Yemen ha saltado así de grande y de importante al salón de casa porque la loca peña rebelde hutí, próxima a los postulados chiíes de Irán, en conflicto con los dirigentes yemeníes, sunitas apoyados por Arabia, han volado con drones instalaciones petrolíferas. Acabáramos.

     Del conflicto que empezó en 2014 apenas sabemos nada, apenas hemos visto en la tele la hambruna provocada en la población por la familia real saudí, también tipos de turbante y barba sin el negro rigor chií, como el sonriente heredero Mohamed bin Salmán, aceptados por un occidente dependiente de su petróleo que mira a otro lado y hace tratos millonarios de forma que sus tropelías “son nuestras tropelías”. Yemen existe. Pero existe ahora por su posible implicación en la destrucción de los depósitos petrolíferos, que en seguida ha provocado que el petróleo de lánguidos precios suba hasta el punto de que el estruendo del dinero haciendo caja empiece a ser ensordecedor. ¿Qué tal si el chiflado de la Casa Blanca, al fin, tiene su guerra para empezar a lo grande su campaña por el segundo mandato? Yemen existe, pero sigue sin importar una mierda.




Maldeojos. Vaya crack


Vaya crack
(Artículo publicado el martes, 17 de setiembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Así se llama el nuevo programa de los viernes en La 1 de TVE y lo presenta Roberto Leal, ejemplo de crack. Así que ya está, política de hechos consumados. Vaya crack se ha popularizado, y se usa para eso, para destacar a alguien por sus habilidades no solo intelectuales sino de todo tipo, y cuando digo de todo tipo es de todo tipo. Tanto, que ya ha perdido la exclusividad del término. A estas alturas, cualquiera puede ser un crack. Incluso de pacotilla. Pero el concurso de La 1 es una vuelta al origen, un viaje al centro del término, a su verdadero significado. Con sus distintas pruebas, Vaya crack pretende descubrir al crack español, a esa persona que sea un lince en distintos campos, desde la música a la agudeza visual, desde el lenguaje a la habilidad matemática. Cada semana se va eliminando a quienes no son tan crack de forma que la criba nos deje al mejor.

     La noche del estreno empezaron seis concursantes, pero ganó Isabel Esain, joven de currículo asombroso –investigó en Harvard, Cambridge le ofreció hacer un doctorado, habla cinco idiomas y toca seis instrumentos musicales-. Una crack. Vaya crack es divertido, instructivo, dinámico, con un ritmo sin tiempo muerto, ideal para ser manejado por el presentador, que es una feria sin llegar al empacho. Además de Roberto Leal, Vaya crack cuenta con un tipo que acabo de descubrir aunque su trayectoria es impecable, Luis Quevedo –guionista del mítico Redes, colaborador de Tres14, y presentador, guionista y director de esa obra magna que se llama En busca del primer europeo- y Pablo Ibáñez, que del Hombre de negro en El hormiguero ha pasado a ser el Hombre de blanco nuclear. Es un buen programa. Véanlo el próximo viernes.

lunes, 16 de septiembre de 2019

Maldeojos. Silvio (y los otros)


Silvio (y los otros)
(Atículo publicado el domingo, 15 de setiembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     No vas a joder el futuro de mis hijos, no vas a destruir las libertades que mi abuelo defendió  en dos guerras mundiales, le escribe el actor británico Hugh Grant a Boris Johnson, el primer ministro británico, el tipo que prefiere estar en una zanja tieso como un ajo que salir de Europa con acuerdos. La feria de este loco forma parte del festival al que nos tiene acostumbrados la pantalla con parecidos fulanos que también son dueños de melenas anaranjadas. O no. ¿Qué le habrá hecho el mundo a los pelo mazorca para que estos lo den todo y sean capaces de organizar una desorganización mundial tan medida y perfecta? Hugh Grant se dirigió al político británico cuando éste suspendió en un arrebato de cojones el Parlamento. Cojones. Locos. Hooligan. Populistas. Canguelo. Poder. E implantados capilares. Y entonces llegamos a Silvio Berlusconi. Y llegamos a Paolo Sorrentino. Y llegamos a Silvio (y los otros), serie que se puede ver, íntegra, de un tirón, en Movistar. Serie que narra la situación de un tipo que atraviesa uno de los peores momentos de su carrera, recién salido del Gobierno y acusado de todo tipo y tamaño de corrupciones –es Silvio Berlusconi, al que da vida un histriónico, y a veces terrible por sus gestos de máscara, Toni Servillo- al que un empresario buscavidas, Sergio Morra, el actor Riccardo Scamarcio, adora como referente de negociante y triunfador, en lo económico y social, y por tanto su meta es conocerlo y hacer negocio con él, con el hombre más poderoso de Italia. Para conseguirlo usa los métodos que tanto adora su adorado, o sea, chanchullos, fiestas con señoritas muy, muy jóvenes, y sutiles reuniones donde fluye el dinero para conseguir el fin. Pero también, como la obra de Sorretino –La gran belleza, El joven papa-, es una reflexión sobre el poder, la decadencia, el ridículo, la belleza, y la futilidad de la vida convertida en motor y razón de ser. Silvio (y los otros) es barroca, feroz, patética, surrealista, trepidante, despiadada, clásica, moderna, depravada. Silvio es como los otros, entre payaso y peligroso, entre imbécil y una bomba, Silvio es como Trump y Salvini, como Jhonson y Bolsonaro.

Un par de tontos
     Pero rebajemos el nivel. Acerquemos el foco a la patria. Silvio el retocado no está solo. ¿Solo yo encuentro parecido de cara, pelo, cejas depiladas, y tirantez del pellejo entre el tintado Ortega Cano y Kim Jong-un? Vean fotos y comparen. La otra noche, en su casa, donde recibió a un forajido del tinto como Bertín, apenas me enteré de lo que decían porque no podía apartar mi mirada de las sienes de Ortega, tan norcoreanas. Algunos, además de retocados y simplones son tontos. ¿Saben que dos reporteros de Cazamariposas, otra estupidez de Mediaset –en Silvio (y los otros) se hace mención a la influencia tan nociva de ver las cadenas del emporio-, un tal Sergio Silva fue enviado a Cercedilla cuando las teles contenían la respiración antes de hallar el cuerpo de Blanca Fernández Ordóñez. ¿Qué pinta en un hecho que luego acabó como acabó un formato dedicado a la basura que genera esa empresa salida de programas como Supervivientes o Gran Hermano? Pues lo que pasó. Que el tarugo grabó un vídeo para su Instagram en el que decía, “el ambiente es tenso, los periodistas están serios, nosotros gritamos y nos partimos el culo, todo el mundo está muy triste con el tema, pero nosotros estamos muy bien, o sea, que nos da un poco igual, ¿somos malas personas o no?”. No, querido, le respondió Ángel Martín –Se lo que hicisteis, y ahora Dar cera, pulir #0 en Movistar-, podéis ser malas personas, pero sobre todo “sois tontos”. Son niñatos sin preparación, imbéciles soltados en un lugar sin saber qué hacer, cómo comportarse, qué es lo que se espera de ellos. La culpa no es de ellos. El hecho es otro caso Silvio (y los otros). Hay más. ¿Qué se puede esperar de Gloria Camila, la hija del torero y de Rocío Jurado, presente también en lo de Osborne, como reportera en Volverte a ver, lo de Carlos Sobera? Que cada semana insulte a periodistas preparados mientras especímenes de su calibre ocupan sus puestos no por lo que valen sino por lo que son. Así es el mercado.

Vuelve Roci-Hito
     Entre el mercado, y los otros, ella sola se mató. Viene muy bien esta frase si ahora llega como la gota fría más bestia que la que aún colea, el juicio contra Ana Julia Quezada por el asesinato del niño Gabriel Cruz el año pasado. Pues ya tenemos otro tonto. Este juicio se ha llevado por delante el interés por la muerte de Blanca. Ahora es Ana Julia aquí, Ana Julia allí. Y sin parar. Las cadenas hierven fabricando una basura muy poco elaborada. Un tal José Araque, reportero de Ya es mediodía, soltó en directo la otra mañana, al bajarse del coche policial la acusada, “hemos visto a la negra de blanco”. Hasta los padres del niño, sensatos, comedidos y prudentes, han pedido mesura a los medios, que no hagan espectáculo, que dejen trabajar a la justicia, que no hagan juicios paralelos en los platós.  El mundo al revés. El Silvio Berlusconi de la serie mentada le explicaba a su nieto que los jueces le tenían manía y que iban todos a por él, pero que algún día regresaría para poner orden. Es lo que hizo Antonio David Flores la otra noche entrando a la casa de Guadalix. Es mi regreso a la tele, y por la puerta grande de Gran Hermano, decía bañado en lágrimas, así que aprovecharé el regalo después de estos duros años de calumnias y denuncias falsas para que la gente sepa cómo soy de verdad. Entre patético y conmovedor esta gente cree en serio que la gente necesita saber cómo son. A quien no le ha dado tiempo de mostrarse, ni como es ni como quiere ser, es a Ana García Obregón, que entró por una puerta a Masterchef y salió por la otra con el delantal entre las patas. Como un Silvio con tetas, Anita vive una decadencia amarga, plastificada, desorientada. Pero atención, un animal herido es siempre una amenaza. Así que ojo, Roci-Hito Carrasco, cuidado. Te espera la del pulpo con tu ex en Guadalix, y con el apoyo de tu hija (y los otros) en el plató. Sorrentino, vente a España.

La chispa
Cristina Pedroche

    Se estrenó la noche del jueves en El hormiguero Cristina Pedroche como colaboradora semanal, como lo hace ya Nuria Roca, Pilar Rubio, Dani Rovira, o Antonio Resines, que también se estrena sección. Cristina es una chica simpática, desinhibida, y su cometido es representar escenas de películas muy conocidas. No es lo suyo. Su Misión imposible no tuvo gracia. Los chillidos y aspavientos cansan si no hay nada más.

Maldeojos. Lluvia y morbo


Lluvia y morbo
(Artículo publicado el sábado, 14 de setiembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)
     Mi programa no tiene morbo, tiene información, dice la reina de la basura matinal doña Ana Rosa Quintana en una revista digital. Es la misma señora que se repantinga, se remanga, se atusa un poco la parte del cardado que le queda suelto, y pone el foco en los detalles más escabrosos del suceso del día, el que toque. No es morbo, es información, dice la señora tan pancha. Seguro que hoy, es de esperar, ni Baleares, ni Comunidad Valenciana, ni Murcia, o parte de la Andalucía oriental que han sido batidas por la lluvia, el viento, el desbordamiento de ríos, ramblas y arroyos, las aguas van volviendo a su cauce, nunca mejor dicho. Pero también es cierto, y al archivo de imágenes remito, que los magacines de las cadenas, una vez más de todas, han hecho de la gota fría que ha destrozado vidas, cosechas, e infraestructuras, un género, es decir, un espectáculo.
     O sea, cuanto más morbo, mejor, o como diría AR, cuanto más morbo, más información. Escuché ayer en Espejo Público, hablando por teléfono con Susanna Grisso, a Fernando López Miras, el presidente murciano, desde el Mar Menor, que pedía a la gente que no saliera de casa. En la siguiente conexión, también por teléfono, mientras en pantalla  se emitía un bucle con coches apilados anegados por el agua, entró Ximo Puig, que desde Orihuela, como presidente valenciano, seguía la evolución del terrible temporal. En el mismo programa, y desde Molina de Segura, un camionero en conexión telefónica explicó el rescate de una mujer abrazada a un árbol arrastrada por la corriente. El señor fue presentado como un héroe. No es morbo, es información, teoría de la que se nutre también Espejo público. Supongo que será difícil deslindar una cosa de otra, pero…

Maldeojos. Málaga


Málaga
(Artículo publicado el jueves, 12 de setiembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     La Málaga que vemos en Malaka es sólo una parte de la ciudad. Si la Málaga real fuera como la Malaka de ficción sería, como dice un personaje de la serie, el puto Bronx. Y no es así. Hablemos por tanto de la ficción. Malaka es una ficción poderosa, atractiva, un trabajo de primera, literal, un orgullo para Málaga. Malaka, con doble entrega en su estreno el lunes, es un orgullo para la ciudad, para La 1 y para los espectadores. No creo que, como he leído por ahí, la serie empiece lenta –ya está bien de sobrevalorar lo veloz por el mero hecho de ir rápido-. Disfruté mucho, al contrario, con esa exposición tipo puzle, de narración sincopada, con sus poliédricos personajes, con la trama intuyéndose desde el primer segundo, y sabiendo, como se fue confirmando, que esas aguas serenas no hacían más que anunciar la tormenta.

     La historia no es nueva. Su atractivo, por tanto, está en otros aspectos. Va de dos polis –ella, una adictiva Maggie Civantos, y un enorme, pero enorme hasta la cúspide, Salva Reina- investigan la muerte de una chica. ¿Nada nuevo, verdad? Pues no. Lo nuevo está en la nula concesión por hacer agradables a los personajes, por el feroz retrato de barrios dominados por bandas de traficantes de poca monta pero despiadada reacción –cada vez que aparece Laura Baena, jefa de un clan, la pantalla se ilumina, quieres más-, lo nuevo está en los diálogos, vivos, de verdad, y dichos como hay que decirlos, con su acento sin folclore, con la ironía y doble sentido de un español pasado por el tamiz andaluz, lo nuevo está en que siendo Málaga el foco, como la poesía de Lorca, Malaka va de lo local a lo universal, y el casting de Luis San Narciso tiene mucho que ver.



miércoles, 11 de septiembre de 2019

Maldeojos. Camilo el Grande


Camilo el Grande
(Artículo publicado el martes, 10 de setiembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     A la velocidad del rayo, como un lince, La 2 de TVE reaccionó el domingo emitiendo un Imprescindibles dedicado a Camilo Sesto el mismo día de su muerte. Para eso está el archivo de la casa, para tirar de él, sobre todo si viene tan bien, si encaja tan bien, si gusta tanto en un día que dejó a la mayoría tan noqueada. Viendo el programa, viéndolo con la atención debida ya que sabías que ese Imprescindibles ya sería otra joyita que no podría retocarse con nuevas intervenciones del protagonista, te das cuenta de que detrás del personaje en que Camilo convirtió a Camilo Sexto, un personaje patético y deforme, obsesionado con una torpe lucha por el paso del tiempo, un hombre de expresión nula, de rostro plastificado, viendo el programa, digo, que no entró en ese aspecto, descubres una trayectoria impecable apuntalada por una seguridad que no necesitó abuela.

     Sus triunfos le dan la razón. Casi desde el principio de los tiempos Camilo Sesto, que cantaba, producía, y escribía sus canciones, llevó al número uno la mayoría de esa obra que, incluso hoy, pasadas las décadas, se ha convertido en auténticos himnos populares reconocidos y cantados por todo tipo de gente, desde gente con más edad a gente joven, tal como vimos en un reportaje que emitió Antena 3 Noticias. En el Imprescindibles de La 2, que se estrenó en mayo de este año como Camilo sinfónico. Vivir así, dirigido por Óscar García Blesa, participaron cantantes –Mónica Naranjo, Pasión Vega, Ruth Lorenzo o Sergio Dalma- que reconocieron la valía del artista de Alcoy. En la España del 1975, como Jesucristo Superstar, Camilo el Grande le tocó al agónico franquismo las pelotas. Esa gesta añadió, engrandeciéndola, matices heroicos a su carrera.



Maldeojos. El Cejas, en GH VIP


El Cejas, en GH VIP
(Artículo publicado el domingo, 8 de setiembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Hola, soy El Cejas –dice El Cejas con una insoportable voz de pito en un vídeo que podría ser el que vemos de algunos políticos pidiendo el voto de los ciudadanos- . Chavales, os voy a decir una cosita –dice El Cejas moviéndose con esa chulería del saco de hormigas, enseñando los piños- este año por fin en Gran Hermano ha entrado un concursante que vale. Chavales, este, el menda lerenda, el cejitas, ¿vale?, así que os quiero ver a todos apoyando a muerte aquí al menda por las redes sociales, por los teléfonos, por los SMS, que os gastáis más en el chino de abajo en cuatro chuches, ¿vale? –dice El Cejas retador, señalando con el dedo, apuntando con el dedo, sin dejar ese bailecito, ese cabeceo de perdonavidas de barrio- , así que más os vale estar ahí votándome porque, bueno, es que, es que, no sé qué más deciros, es que voy a entrar yo. Quitando a los cuatro “pangorines”  que hay dentro, no tenéis más votos que dar, así que, cuidadito, chavales, como no me apoyéis os lleváis dos placas, ¿eh?, ojito. –termina este repulsivo ejemplar su arenga pidiendo el voto cuando se vote en GH VIP-. Este tipo, conocido como El Cejas, tiene nombre de carné, Diego, un chico de familia humilde que hizo el ridículo en un programa de barraca de feria como Got  talent. Pero dio en la diana y como buen buscavidas, listo, con hambre de fama y dinero, sin el más mínimo pudor ni vergüenza –términos que no forman parte del vocabulario de estas manadas-, aprovechó su resuelta y provocadora ignorancia para medrar en el mundo de la fama del mediocre, de consumo tan rápido que sólo los muy fuertes son capaces de sobrevivir porque la selección natural en este zoo es dramática, dura, a muerte. Y ellos los saben. El Cejas lo sabe. Cuando la casa de Guadalix abra sus puertas y este chico se vea en ella sabrá que ha merecido la pena, que sus vídeos de mierda, con chicas que mueven culo y tetas mientras él canta al lado con la gorrita ladeada como está prescrito en la imagen de estos memos, y se agarra el paquete, y dice bárbaras ideas como que le roba la novia a quien sea metiéndole “un marmitaco en to los piños, que le tumbo”, cuando ocurra todo eso, este payaso también sabrá que la necedad, la estupidez, el mal gusto y la arrogante ignorancia tienen su premio en esta sociedad en descomposición. Da asco él, su música repulsiva, sus letras insoportables, lo que representa y por qué se premia a alguien como él en vez de mandarlo a la escuela y reiniciarlo.

Gallinas violadas
     Lo siento, no puedo, estoy incapacitado para tomarme a broma a este tipo de productos. Ni siquiera, como hace mucha gente y es legítimo, me justifico diciendo que después de un día complicado con los problemas de la vida lo que me pide el cuerpo es relajarme en casa ante la tele sin darle muchas vueltas a la cabeza viendo estas mamandurrias. Por lo pronto El Cejas ha dicho que le gustan mayores, “pero no tanto como Mila”. Esa Mila es Mila Jiménez, y lo dice porque la sardesca, que también pasó por el quirófano para quitarse mil arrugas con la idea estúpida de quitarse años, va a estar en la misma casa que el angelito –es la reina, la que más va a cobrar-. Lo malo de pavos como El Cejas es que crea opinión, fomenta valores sin alma, despista, resta dignidad, promueve el mal gusto, se burla de los artistas y universaliza lo chabacano como se esparce la grasa sobre el agua. Es todo tan parodiable, ese estilo de música con base infernal, que da igual que se llame reguetón, rap, o trap. Y que lo firme Lola Índigo, Rosalía, o C. Tangana. Hasta Arturo Valls y Silvia Abril, sustituta del primero durante el verano en Ahora caigo echaron mano de la ironía musical para pasar el testigo del programa a su dueño habitual y en un abrir y cerrar de chinda chinda armaron una copla que podría haber firmado cualquiera de los mentados, incluyendo al Cejas ese. Qué pena que el vídeo de las chicas que denuncian que las gallinas son violadas por gallos se haya conocido hace apenas unas horas, suficientes, en una tele de chichinabo, para alcanzar el podio. Seguro que en Gran Hermano VIP encajarían como el pepinillo que viola a la aceituna. Esto se nos va de las manos, en serio.

Mediocracia
     Como El Cejas, una tal Anabel Pantoja vive del cuento –literal- de contar cosillas de su tía la cantante, pero tiene que darse prisa para convertirse en una atracción en sí misma porque la chacha, en la órbita de Mediaset, agarrada por la coleta por el zorro Vasile, no necesita ya portavoces ni  exégetas que la interpreten. Isabel Pantoja, desde que descendió como mortal que defeca en la isla escondiendo los excrementos debajo de la arena dejó de ser diosa para convertirse en una mercancía más del zoco de Telecinco. Pues bien, la pantojilla Anabel también entra en Gran Hermano, como Dinio, el ex de Marujita Díaz, el hombre cuyo mérito es, según dicen, tener un badajo a la altura de su burricie. Dice el filósofo y profesor canadiense de la universidad de Montreal Alain Deneault en su libro Mediocracia -Ed. Turner- que la mediocracia es la antesala de una revolución. La guerra ya no es sangrienta –que también- sino anestésica, diseñada al milímetro para aupar a los mediocres a la cresta de la política –véanse algunos líderes fantoche, insulsos, gente joven y preparada, pero preparada para no ir más allá de lo que se espera de ella, véase a Pablo Casado, véase al veleta y sin sustancia Albert Rivera, véase a Isabel Díaz Ayuso y su sonrisa encajada como parte de un rostro con mirada de vaca, incluso véase a Pedro Sánchez, hoy aquí, y mañana en la cara opuesta de la luna-, para aupar y premiar a los más mediocres llevándolos al centro del foco de manera que su luz, que lo ocupa todo, deje en penumbra, o en la oscuridad total, a quienes sí tienen algo que decir. Todo el tiempo que el puto Cejas –traído aquí como símbolo, como parábola- salga en la tele es un tiempo robado a la dignidad. Y al futuro. Es un peldaño más que vamos subiendo antes de despeñarnos por el precipicio.


La chispa
Terelu se va
Se rumorea que Terelu Campos deja la órbita Mediaset y se abraza a la otra religión. Está a punto de firmar con Atresmedia un contratito para ir tirando como colaboradora en Espejo público, que Susanna Grisso también tiene su corazoncito, y en la temporada que comienza lo va a demostrar dando más cabida a temas del chichi. Seguro que “la hija de” lo agradece. En Mediaset los contratos se firman para ser pasto de hienas. 

Maldeojos. Lo de Blanca


Lo de Blanca
(Artículo publicado el sábado, 7 de setiembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Perdonen que despache la desaparición y luego encuentro, aunque ya sin vida en la alta montaña, de Blanca Fernández Ordóñez con un simple “lo de Blanca”. Pero creo que después de tantos días, con sus mañanas, tardes, y noches, entrando en casa desde la tele con una presencia machacona, lo de Blanca es eso, un tema, un género, una serie, y sin duda un atropello, un puñetazo, un exceso, un espectáculo. Podría, sin miedo a equivocarme, ir a mi archivo y hurgar, cortar, y pegar algunos textos escritos referidos a “temas” como el de hoy para decir más o menos lo mismo. En los coletazos del mes de agosto, como un milagro, la tele se iluminó con un asunto que la haría revivir de un letargo que daba vueltas al calor, a la inseguridad en Barcelona, a la barba de Casado, a los navajazos entre Sánchez e Iglesias, o a la listeriosis en la carne mechada.

     Nada de estos asuntos, por importantes que sean, se ponen al nivel de “lo de Blanca”, primero porque es quien es, la primera mujer española con medalla olímpica, y luego porque esa desaparición estaba destinada a lo que ha sido, a rellenar horas y horas de televisión de saldo. En el campamento base, desde donde se organizaban las batidas para dar con Blanca, había más reporteros y cadenas de televisión que policías. Hay que preguntarse de nuevo si tanta conexión en directo, tanto despliegue, tanto experto en el sitio o en el plató, está justificado. No. Sin duda, no. Las conexiones, la información ha sido durante estos días paja, humo, entretenimiento, marear la perdiz. ¿Estamos buscando a Blanca o buscando audiencia? La oportuna reflexión la hizo el humorista Alfonso Arús en Aruser@s –matinal de La Sexta-. Vale para cualquier cadena.



Maldeojos. Han vuelto


Han vuelto
(Artículo publicado el jueves, 5 de setiembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Ya están casi todos en sus puestos. Empieza la temporada otoño invierno. El PP, sin embargo, vive en su eterno infierno de corrupción cuyas brasas jamás se apagan. Ha sido empezar la nueva temporada de Todo es mentira en Cuatro –ya con Risto Mejide al frente de la nave-, empezar El intermedio, empezar Los desayunos en TVE después del parón veraniego, y con un Xavier Fortes impecable, empezar Zapeando en la Sexta con su nuevo timonel -¿tendrá Dani Mateo tiempo de ir a casa, de tomarse algo en un sitio que no sea la barra de Atresmedia, de amar, de tumbarse a la bartola, de ir al cine, de no hacer nada, tendrá tiempo de salir corriendo de Zapeando y llegar a tiempo a El intermedio, le merece la pena este nuevo trabajo teniendo que codearse con alguien tan repipi como Josie?-, y el PP, con sentido del espectáculo, no falla, ahí está.

     Siempre tiene un giro de guión que, aunque intuido, no deja de sorprender en su serie estrella, esa en la que todos los presidentes de la comunidad de Madrid, además de un puñado de segundones, están pillados, cazados, imputados, sospechados, o en vías de serlo. Desde Ignacio González a la gran rana Esperanza Aguirre, y por supuesto a la roba cremas de mercadillo Cristina Cifuentes, y por supuesto, para seguir con la manía de los guionistas del clan de Pablo Casado, la nueva, Isabel Díaz Ayuso, que apenas ha tocado sillón y ya hay sobre su mirada de vaca una sombra de sospecha sospechosa. Los programas y magacines, y los informativos y programas de investigación, que han puesto en marcha la nueva temporada, se frotan las manos. Habrá mucho juego, mucho que ver, mucha tralla. Espe ha vuelto. Y lo ha hecho como merece, con olor a  chorizo.  


Maldeojos. Erkenci kus


Erkenci kus
(Artículo publicado el martes, 3 de setiembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Si hablo de El pájaro soñador seguro que no le suena de nada. Si escribo Erkenci kus, tal vez tampoco. Pues bien, son la misma cosa. El pájaro soñador es la traducción del nombre turco Erkenci kus, una telenovela que está poniendo patas arriba las audiencias, yo creo que por mor de su protagonista, un maromo de aspecto fornido pero no en plan mole sino con mirada dulce de chico mimoso en una cara de una belleza equilibrada y varonil, una auténtica pasión turca, diría con su acentito arrastrado y pícaro Antonio Gala. El guapo actor se llama Can Yaman, protagonista, junto a Demet Özdemir, de la historia de amor, seguro que arrebatada. Con estas mimbres los de Viajeros Cuatro hicieron la maleta el domingo y se plantaron en el set de rodaje de la telenovela en Estambul, y además de hablar con los protagonistas, nos contaron cosas interesantes.

     La serie la emite Divinity –órbita Mediaset-. Nos contaron que Turquía es hoy algo así como el Hollywood o el Bollywood de las telenovelas no sólo para el ámbito árabe sino para el resto del planeta, y a la vista está. En cifras se destaca que se producen más de 100 historias al año y se distribuyen a 156 países. La reportera de Viajeros Cuatro habla con la profesora de español Ezgi Seçik, que traduce la charla con Can Yaman, rudo pero suave robinson que habla “un poquito de español” , y con Demet Özdemir, una muñequita “diseñada” para ese amor de suaves impulsos y contenidos deseos acaramelados. Dicen vaguedades en dos minutos –el resto del programa se centra en Estambul-. Por cierto, veo un poco de Erkenci kus. Alucino. Es un disparate. Las actuaciones, histriónicas, de telenovela, como tiene que ser. En fin, un buen Callejeros.



Maldeojos. Amar en tiempos de KOZ


Amar en tiempos de KOZ
(Artículo publicado el domingo, 1 de setiembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Que Amar es para siempre es un barco que flota en mitad de las tormentas más gordas e iracundas parece que no tiene discusión. El barco sigue ahí, en las tardes de Antena 3, y cada nueva temporada tiene su afán. Se renueva el barrio, el Asturiano, el interior de las casas, el hotel, las tramas. Y ahí me detengo. Desde principio de año los guionistas han metido una historia de amor entre mujeres, entre Luisita y Amelia, o sea, Paula Usero y Carol Rovira. Eso que se llama la comunidad LGTBI está encantada, y lo deja claro en las redes sociales, sobre todo por el empuje en dirección contraria a esa normalización y visibilidad sin tapujos que desde el partido ultraconservador del tío de la mula y fieles se lleva a cabo, como si amar a quien te salga del corazón y de la ingle necesitara el visto bueno de esta gente. Lo que pasa es que la realidad es un camión que pasa por encima y se lleva por delante a estos obsesos del amor si no encaja con sus valores. Pero no todo es idílico, romántico, y reivindicativo. Me pregunto si el amor en estos tiempos locos, de KOZ o de payasos en acción, es ir por el mundo enseñando algo para celebrar algo. Es hacerse un “paco león”, o sea, ponerte en bolas para celebrar que tienes un millón de seguidores en Instagram o en el viejo Twitter. Lo cierto es que Paco León ya se ha hecho su foto del verano con la manguera en la mano como antes se inauguraban las vacaciones con el posado de Ana Obregón al borde del mar. El otro día fue el guapo Adrián Lastra –el Pedro de Velvet- el que, escribía, se hacía #UnPacoLeonPorDetrás, es decir, enseñaba el culo. ¿Esto es amor? Sus seguidores creen que sí, y quieren más, quieren que lo enseñe todo, sobre todo la manguera. Rosa López, la de Eurovisión, sin enseñar, lo enseña todo. Forma parte de las nuevas entregas de Gourmet edition, lo más parecido a Supervivientes o a Gran Hermano que ahora tiene Telecinco como pasto de su audiencia. Conmueve ver a Rosa de España hablar de amor, de su falta, diciendo que hay chicos que lo confunden con su paquete. Que no será el de esa cosa repelente llamada Aless Gibaja, lo más opuesto a la sensualidad y el deseo que alguien pueda imaginar. Para completar el cuadro, Rosa tiene las paredes de su casa infestadas de corazones rojos atravesados con flechas. Eso sí, que nadie se confunda. Pese a mi apariencia, dice Rosa, soy una fiera en la cama. Oído.

Bertín zurró
     Resultaría raro, extraño, sesgado, increíble, insensato, inmoral y pecaminoso, además de inquietante, surrealista, troglodita, neandertal y cromañón, renacentista y pitiminí, cara de haba y dama de las camelias, revolucionario y fascista, resultaría todo eso y un carro de tonterías como las mentadas no mentar aquí hablando del amor en los tiempos de KOZ a un cabestro como Bertín Osborne, el donjuán ajamonado de la tele que cuando trata de salir del huerto con fango en el que se ha metido, de nuevo a vueltas con la cosa esa del feminismo, se hunde aún más en su propio esputo el jerezano que se echa mano de los huevos para hablar de mujeres. La gente, sobre todo de izquierdas, sobre todo si son Julia Otero o Gabriel Rufián, no sólo son iluminados sino mamarrachos, dice el chulo y arrogante presentador de una casa, que nunca sé si es la suya o la de otros. Los de Todo es mentira, en Cuatro, con Marta Flich –qué bien lo hace- hasta el regreso de Mejide, lo levantan a pulso, aunque el resto de Mediaset calla, y sólo otorga indecencia y bochorno. Además,  mucha gente anónima se ha enfadado con el machito. Y ha hurgado en los archivos. Y ha recuperado una joya en TVE. Se llama De la mano de, programa de 1985, con un encorsetado y fumador –alucina hoy ver eso- Jorge López Pedrol, que pregunta si nuestro patético caballero es machista, a lo que Bertín responde que “las machistas son ellas porque no quieren perder el estatus que les hemos dado los hombres”, En realidad, remata con una sonrisita condescendiente, “es el hombre el que está sometido”. Tanto, concluye, que “lo que debería de haber es un movimiento de liberación del hombre”. La cara de Pedrol es la de un gato escaldado con agua helada, pero se repone y sigue. ¿Te consideras muy moro en tus relaciones? No, qué va, dice con sonrisita tonta, pero es que a las mujeres les gusta que seamos machistas. Total, y ahí va la joya de la corona que retrata a este tipo de personajes, y así doy por finalizada la cosa, que la mano del machito que acarició la piel de tanta hembra también sirvió para zurrarles. Sí, contesta el sobrado personaje, alguna vez pegué a una mujer. Toma y toma, que lo sepáis, feminoides mamarrachas.

A por las Campos
     Enseguida, a raíz del fuego desatado, siempre hay un caballero dispuesto a inmolarse frente al batallón de perras con o sin flauta. El eurodiputado de VOX, Herman Tertsch, no cree que grabar las bragas de las mujeres en el metro colocándoles el móvil debajo sin que se den cuenta “sea un problema mundial”, se encara con Anabel Alonso. Sin comentarios, hijo de KOZ. Así que como a estas alturas lo que se dice el amor no sale bien parado, husmeo por los alrededores de María Teresa Campos y Edmundo Arrocet, el del bigote. La cosa está que arde, y como la veda contra las Campos se ha abierto en Mediaset, el pim pam pum es un no parar. Los de Sálvame no sueltan la presa. Enfrente, los de Viva la vida, la defienden y no ven en las fotos de mujeres saliendo “del pisito de soltero de Edmundo” prueba de infidelidad. O sí. Lo que es seguro es que Viva la vida se ha “salvamizado”. No es raro. Su nuevo director, Raúl Prieto, antes en Sálvame, con La fábrica de la tele, se abrazó a Cuarzo, la competencia, responsable del magacín. Se abrazó a Cuarzo y al arquitecto Joaquín Torres, que dejó a su mujer por su maromo. En resumen. La ficción –en Amar en Amar es para siempre y otras- y la realidad son un tren imparable, cuando de deseos y amores se trata, que se lleva por delante a los tarugos de KOZ.


La chispa
García Aguado
Que la tele no te cambie, le decía a una tal Dakota Pedro García Aguado. La chica es una problemática joven que empezó a enderezarse tras su paso por Hermano mayor, que presentaba en Cuatro Aguado, y que acabó, en carrera fulgurante, en Supervivientes. Al mismo tiempo el propio Pedro ha acabado tras su paso por la tele como director general de Juventud en el gobierno de Díaz Ayuso. Vaya si la tele cambia la vida, y mucho.


Maldeojos. Sandra Barneda


Sandra Barneda
(Artículo publicado el sábado, 31 de agosto, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     No es que esta señora, Sandra Barneda, la recuerde como el paradigma de televisión de primera, no es eso, pero tampoco la tengo ubicada en mi memoria como neto personaje de la televisión basura. Ahora no tengo duda. Ha aprendido rápido. Uno de los rasgos de esta especialidad, la de formar parte con brillo y magisterio de la televisión basura, es manejar los bodrios, los desechos, la sin sustancia, el humo y el invento, la nada, como si se tratara de una comida excelente, un bocado exquisito. Es la técnica de solemnizar el detritus con despliegue de gestos, silencios dramáticos y miradas teatrales para darle un empaque de profundidad y valor. Es lo que hacen los grandes maestros del género, lo que hace el gran Jorge Javier Vázquez, Carlota Corredera –otra que aprendió rápido-, el propio Carlos Sobera, o la mismísima Ana Rosa Quintana.

     La señora Barneda creo que dio el salto cualitativo en su carrera a la charca de purines en la que hoy se mueve presentando  De buena ley –una impostura que recreaba juicios reales y polémicos con actores, aunque “este detalle” no se decía, y sí, se manejaba con la soltura debida-. Luego saltó a La noria –de infausto recuerdo-, y se precipitó por los desagües más infestos hasta coronarse con las ediciones de los debates de la auténtica televisión basura en la órbita de los grandes hermanos y mamandurrias similares. La suya ha sido una carrera lenta, pasito a pasito, sin grandes codazos, sin ser una estrella del firmamento top, pero tampoco una don nadie que anda por los platós. Es un poco más que una de segunda fila. Confirmo que aprende con rapidez admirable. Véanla en Viva la vida. Su elegancia y hueca solemnidad trasegando mierda es pasmosa.