sábado, 7 de noviembre de 2015

Maldeojos. ¿Centro médico?



¿Centro médico?
(Artículo publicado el jueves, 5 de noviembre, en periódicos de EPI PRESS)

      El médico es guapísimo. Moreno, pelo rizado, ojos lánguidos, brillantes, sombra de barba desganada, y labios de un perfil dibujado. Es el doctor Hamman Decaret –o sea, el actor Jordi Mestre-, galeno de Centro médico, que La 1 emite por la tarde. No es una telenovela, no, es una recreación de casos clínicos interpretada por actores. Es decir, todos interpretan la historia que alguien vivió de verdad y que un equipo de guionistas ha escrito para la tele. El doctor Hamman atiende a un paciente mayor con dolor agudo en el pecho. La doctora Natalia Romero –Marina Lozano- atiende a una joven con síntomas de gripe. Paracetamol, reposo, y agua, mucha agua, ¿de acuerdo?, recomienda la doctora a la paciente después de auscultarla. Por su parte, el paciente mayor parece tener peor suerte. Tiene una manchita en el pulmón.

      Dígame la verdad, doctor, sin rodeos, quiere saber el paciente. Es demasiado pronto para sacar conclusiones, no podemos decir que sea cáncer de pulmón, acaba diciendo el médico. Como las historias se solapan, la joven aparece de nuevo. Una gripe no se cura con antibióticos, la gripe es un virus, no una bacteria, dice una enfermera. Por su parte, la doctora Natalia le echa una reprimenda a la paciente por no “curarse cuando hay que curarse”. Es una recreación rara, poco creíble. Los diálogos resultan envarados. Y otra cosita. ¿Dónde están grabadas las historias? Eso no es un hospital público. ¿Un paciente llega con un problema y al plano siguiente, sin estar tres o cuatro horas esperando en urgencias, está tumbado en una camilla y le están haciendo un TAC? Ni de coña. Lo que Rajoy le arrebató a la sanidad pública no lo puede suplir con ensoñaciones TVE.

Así es, este el perfil de médico que te atiende en un hospital público según la docuficción de La 1 que, por cierto, para que no haya dudas de lo que en TVE entienden por sanidad pública, lo llaman Centro médico. ¿Dónde coño está eso?

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Maldeojos. El ministro



El ministro
(Artículo publicado el martes, 3 de noviembre, publicado en periódicos de EPI PRESS)

      Le reto a que me diga, o piense para sí, el nombre del ministro de Cultura. Aunque no se lo crea, Rajoy tuvo a bien no sólo premiar a Juan Ignacio Wert, aquella wertgüenza cuyo hallazgo corrió por las redes sociales, enviándolo a París como un tortolito junto a su amor –10.000 euros al mes, piso de lujo en el centro de París, asistentes, chófer, un sindiós, vamos-, sino nombrar a otro en su lugar. Insisto, aunque no se lo crea, hay ministro de Cultura, además de Educación y Deporte. ¿Se rinde? Lo entiendo. ¿Quién conoce al ministro, quién sabe su nombre? Se lo digo –vale, lo he mirado en internet-. Íñigo Méndez de Vigo. Lo máximo que ha hecho este buen hombre es acudir a charlar a Cine de barrio junto a Concha Velasco. Así se las gasta el ministro. Dice que le gusta mucho nuestro cine –“las películas antiguas, las actuales”-, y además el programa ya es mayor. Cumple estas fechas 20 años.

      El sábado pasado pasó por el plató del programa. La película fue Esa voz es una mina, de 1955, con Antonio Molina, dirigida por Luis Lucia. Es la primera vez, que yo sepa, que el ministro acude a un programa popular. ¿Para qué?, dirá el hombre. La herencia recibida es indefendible, quedan cuatro minutos para las elecciones, seguro que no sigo de ministro, ¿qué necesidad tengo, pensará, de bailar con hormigas, escalar montañas con Jesús Calleja, o pasar un mal rato contestando a tertulianos incómodos? Acudo a lo de Concha, echo la tarde, veo una peli, y me hacen la foto junto a la actriz, que no me va a preguntar por el legado de Wert. Y así fue. A otra que habría que invitar al programa es a… ¿Cómo se llama la ministra de Agricultura, Alimentación, y Medio Ambiente? 

Ahí está, el ministro con Concha Velasco. Está genial que al de Cultura le guste el cine español de otras epocas, cine donde hay joyas y donde hay truños que, a pesar de serlo, retratan muy bien la sociedad en la que se hicieron aquellas películas. Pero es curioso que Íñigo Méndez de Vigo haya elegido este programa "rancio" para decir que ama el cine español y no haga lo propio con la gente de la industra de hoy. 



martes, 3 de noviembre de 2015

Maldeojos. Noche de ánimas



Noche de ánimas
(Artículo publicado el domingo, 1 de noviembre, en periódicos de EP PRESS)

      No es que me vuelva loca como Belén Esteban escuchando a su primer novio. No es que esté todo el rato dándole a la neurona como Fátima Báñez “para sacar a España de la crisis”, que otros crearon, rica, que otros crearon, dice desde el otro mundo Mariloli de Cospedal moviendo sus manitas así, en paralelo, de arriba abajo y de abajo arriba, como una muñeca articulada, enseñando sus dientecillos de ratita y su sonrisilla de creernos gilipollas, usted ya me entiende, en fin, no es que esté todo el rato fuera de mí como Mariano Rajoy, mi querido presidente, lo está buscando como un sabueso algo o alguien para debatir –los debates son mi medio natural, dijo a principio de semana en La Moncloa a modo de despedida, y prometo que es así o me infligiré el horrendo castigo de ver dos o tres capítulos de Gym Toni sin diazepam ni hostias, a palo seco, como si no hubiera más dios que sus guionistas y más profeta que Paolo Vasile-. ¿El debate es el medio natural del hombre plasmado? ¿El tío que responde “joder, es increíble” a las preguntas de la prensa es el mismo que asegura que su medio natural es el debate, es decir, la confrontación verbal, el intercambio de ideas, el escuchar al otro por muy lejos que esté de tu opinión? Venga ya, se contesta el propio Rajoy dejando una coletilla en el aire “¿y la europea?”. En resumen, no es que esté noche y día liado al fantasma de esta semana, el fantasma de imaginarme a Íker Jiménez mirándose al espejo dando un respingo al verse antes de retorcerse de la risa diciéndose “pero qué cojones tienes, cabrón, pero qué tío más listo, mira que sueltas gilipolleces cada domingo y nada, ahí sigues, con tus misterios y tus trolas”. No estoy noche y día pensando en eso, pero tiene su aquél, y de vez en cuando lo pienso. ¿Qué pensará Íker Jiménez del tío que sale en la tele y cuenta historias de misterio misterioso llamado Íker Jiménez?
Que nada, que no hay manera. Que ni puta gracia. Cuantas más caritas ponen de "uy, qué divertido", más cara de regugnancia me sale.

 Refugiados misteriosos

      Decía el domingo pasado en una de sus reflexiones, rodeado de legajos, papiros, libros, papeles y notas de sabio, en un escenario de sapiencia, tan alejado de las patas sobre las que descansa su negocio en Cuatro, ese Cuarto milenio hilarante, que hoy en día nada dura nada, y lleva razón, la prueba está en su propio teatro, un misterio se carga al de la semana pasada, una superchería sustituye a la anterior, una mamandurria limpia la última patochada. Pero a veces te da la risa. El equipo de Cuarto Milenio es capaz de sacarle punta a una viga de hormigón. Los hermanos David y José Manuel Muñoz, los de Estopa, pasaron por el plató del programa para presentar su videoclip. El vídeo es una cagada. Al final, montados en una lavadora, literal, son lanzados al espacio como si viajaran en una nave espacial. La carcajada que solté fue paranormal. También hablaron de que en alguna ocasión han visto un fantasma. Me vale, dijo Íker, que vengan y lo cuenten. Y lo contaron, hecho que para el humorista de las tinieblas fue una historia increíble, maravillosa, y que convierte a sus protagonistas en valientes por decirlo. Este tío defiende su negocio como una leona. ¿Pueden ser los refugiados sirios objeto de la voraz nave del misterio? Pueden. Pasan un reportaje con imágenes de sirios atravesando países, imágenes conocidas porque las vemos en informativos y programas. ¿Cómo las cuenta el narrador de Cuarto Milenio? Con voz impostada, grave, oscura, como si nos contara una de sus truculentas historias. Después, el debate. Empieza Jaime Garrido, un arquitecto con asiento fijo en el cuadro de colaboradores, que habla de la capital Siria como Dramasco. ¿Qué me dicen? Drama y asco, corre a explicar su hallazgo por si no lo hubiéramos entendido. Luego habla Eric Frattini, que desempolva la “hipocresía de los occidentales”. ¿Y? ¿Dónde está el misterio? No lo hay, pero ellos lo analizan todo desde su cedazo fantasmagórico, paranormal, oculto, misterioso. Si alguna vez se han subido a esta nave tronchante, no se pierdan a su señora, a la de Íker, a Carmen Porter. Tal para cual. Sólo un necio puede despreciar eso –sus visiones, su rollo, sus trolas-, dice solemne Íker Jiménez. 
No sé vosotros, pero yo veo en la imagen un fantasma.


Ken y Rajoy

      Esta misma semana estrenaba La Sexta Luces rojas, la película de Rodrigo Cortés en la que Robert De Niro hace de vidente. Pero un joven investigador, descreído como los  necios de Íker, descubre los engaños del adorado cantamañanas que a pesar de hacerse el ciego para acentuar sus poderes adivinatorios, coge al vuelo la moneda que el joven le lanza en mitad de un espectáculo. La gente, atónita, descubre la farsa. Pues eso, Íker, pues eso. Yo que él sacaría punta a la nave del misterio con hechos útiles del tipo ¿por qué Justin Bieber acude el miércoles al programa de radio de Dani Mateo, a los ocho minutos de entrevista dice que va al baño, se levanta del asiento, y no vuelve nunca más? Desaparece, Íker, desaparece, coño, di algo, pon a tu equipo a tope, estimúlalos, averigua qué tiene en la cabeza ese gilipollas. Haz algo útil, Íker, y averigua por qué Los Morancos, y Ken, el marido de Jorge Cadaval, interesan más en La 1 con el señorito Bertín que el presidente del Gobierno con Ana Blanco, que hizo un patético 12% de audiencia el lunes. Y hablando de Ana Blanco y Rajoy, Íker, es imprescindible que en Cuarto Milenio dediquéis un tiempo prudencial a A) comprobar si Ana y Mariano llevan el mismo tinte de pelo, y B) sacar a vuestros expertos, incluido el forense de la tele José Cabrera, esa estrella, y derribar con sus análisis el mito de que la periodista vasca sólo tiene cabeza y tronco, como las estatuas griegas mutiladas, es decir, es un ser real que hasta usa tacones, como vimos en algunos planos. Explicadlo, malandrines, y dejad tranquilos estos días, y los anteriores, y los que vengan, a los muertos, a las ánimas, a los fantasmas –salvo que indaguéis en los que devoran el cerebro de Christine Lagarde, la del FMI, o los del BCE, e incluso los que pueblan la cabeza de algunos obispos-, pero haced algo útil, aunque sigáis sin perder el sentido del humor. 
Jorge Cadaval y su marido, Ken Appledorn.



La guinda
Que hable Mariló
Que nadie se mueva. Es urgente, preceptivo. Que callen los ministros, los expertos, y se le dé voz a Mariló Montero para que nos saque de dudas. Hasta que la pensadora no se pronuncie sobre la relación entre el cáncer y el consumo de carne roja seguiremos dando palos de tertulia en tertulia, seguiremos en el reino de la tiniebla, tan caro a Íker. Los ganaderos y médicos han hablado, pero qué es ese ruido sin la sabia opinión de ELLA.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Maldeojos. La decadencia



La decadencia
(Artículo publicado el sábado, 31 de octubre, en periódicos de EPI PRESS)

     Ya está. La audiencia no está por la labor. La audiencia no es tan cretina como alguna cabeza cree. Hablo de Un tiempo nuevo, programa que aunque usted no lo sepa sigue empeñado en mantenerse en la noche del sábado en Cuatro. Como saben, Un tiempo nuevo empezó en Telecinco tratando de quitarle la audiencia a La sexta noche, y lo hizo con similares contenidos, con la actualidad y el debate político como único plato. Fue tanto el parecido, que la audiencia se quedó con el original y rechazó la copia, y eso que Telecinco se llevó, con cheques, a la directora de La sexta noche, Sandra Fernández. Fracaso rotundo. Trató de paliarlo echando mano del periodismo más truculento, ese de los fuegos fatuos, ese que roza la zona oscura del suceso y el amarillismo. Más fracaso. El programa acabó en Cuatro.

     Parecía una buena idea ya que el perfil de espectadores que Telecinco ha ido fabricando nada tenía que ver con los contenidos de Un tiempo nuevo, pegado a la realidad y no al teatrillo basura de los programas de la cadena. Su presentadora en Cuatro, de lo mejor de la copia, Silvia Intxaurrondo, lo hace muy bien, pero ya ha claudicado. Viendo que en la audiencia de Cuatro tampoco encajan los contenidos del programa, una audiencia de perfil friki, Silvia Intxaurrondo ha puesto su talento al servicio de una revista cada vez más alejada de sus orígenes y más cerca del concepto de periodismo que tiene el gurú de la información espectáculo, del rey de la mascarada informativa, el señor don Pedro Piqueras, que hace de los informativos un coladero que abochorna y duele. Un tiempo nuevo ha entrado en schok. Su decadencia apesta a chisme, sangre y semen. 
Claudicó. Silvia Intxaurrondo ha puesto su talento al servicio del periodismo basura que maneja Pedro Piqueras en Mediaset.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Maldeojos. Pezqueñines



Pezqueñines
(Artículo publicado el jueves, 29 de octubre, en periódicos de EPI PRESS)

      Es todo un clásico. Supongo que lo recordarán. Es cuando en la tele nos hacían una afirmación que cuajó en la sociedad. Pezqueñines ¡No, gracias!, respondía una voz tratando de proteger a los pescados que no debían de comerse pequeños, tipo chanquete, porque jamás comeríamos boquerones. Era una campaña para evitar la pesca y luego consumo de frutos del mar que no tuviera su tamaño adecuado. De esto hace más de 20 años, pero aún se recuerda. La campaña que estos días ha presentado Greenpeace con un acierto indudable no habla de peces sino de humanos. Que el niño que fuiste no se avergüence del adulto que eres, dijo en El principito Antoine De Saint-Exupery –visité su museo en Tarfaya, uno de esos lugares remotos en los que jamás puedes imaginar que exista un museo, ni de Exupery ni de nadie-. La frase es el lema de la campaña.

      Cinco niños de nueve años clonados como los cinco políticos con posibilidades de gobernar este país dentro de unos meses simulan ser Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera, Pablo Iglesias y Alberto Garzón. Da yuyu. Son iguales, coño. Es una mezcla de repelús y ternura porque viendo al Rajoy niño –esa carita, esa barbilla rala, esos ojos aún sin espasmos al mentir, esa expresión de pezqueñín tristón- uno piensa que aquel niño no tiene culpa de nada. Los programas, y la mayoría de informativos, han pasado imágenes de esos críos y del cómo se hizo. Es como si se prepararan  para una emisión especial de Tu cara me suena y se hubieran puesto en manos de excelentes estilistas y maquilladores. Visto lo visto, y sabiendo el mensaje –que los políticos no se olviden de proteger el medio ambiente- hay que decir, ¿Pezqueñines? Sí, gracias.  

A mí me da un poco de telele. Es una mezcla de repelús y ternura... Son iguales, coño...