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miércoles, 7 de marzo de 2018

Maldeojos. Centro de reciclaje



Centro de reciclaje
(Artículo publicado el domingo, 4 de marzo, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Supongo que por ahí, en las afueras de las grandes ciudades, en las naves que alquilan las grandes productoras, habrá un hueco, unos armarios gigantes, una especie de rincón al que van a para los actores y actrices que de un momento a otro, o sea, de una serie a otra, de una película a otra, pasan del todo al casi nada, es decir, de estar en la pantalla a estar en el olvido. Esta ley se hace extensiva a cualquier bicho viviente que un día no nos dejaba tranquilos y al otro, cosa de magas, se esfumó como se esfuma el vapor de un guiso cuando abres la olla. ¿Recuerdan al padre Apeles? Hablo de él porque me viene a las mientes como ejemplo de tipejo sabelotodo, de tragaldabas con alzacuellos relamido que te encontrabas en misa y repicando, un curilla de Trento que representó un personaje vomitivo y provocador que era llamado para aliñar las salsas de las tertulias, de los moros y cristianos de la época, vamos, el Paco Marhunda de los noventa. Y de golpe, desapareció de nuestras vidas, de nuestra tele. También de los noventa, como un personaje de su propio ¿Quién sabe dónde?, dejó de verse el bigote de Paco Lobatón como la estrella que fue en La 1, tan popular que en una encuesta de la época salió como el periodista al que la gente votaría para ser presidente del Gobierno –hoy se podría barajar la posibilidad de que se presentara a tan bajuna responsabilidad Belén Esteban, que lleva incrustada en nuestras vidas 17 años-. A Paco Lobatón lo resucitó la propia tele pública con Desaparecidos –ya se lo han limpiado- un remedo del clásico, pero se ve que en el taller de reciclaje algo ha fallado porque el programa que presenta Silvia Intxaurrondo no ha cuajado y el barco ha naufragado, con la de desaparecidos que dejan los naufragios.

Los Eloys
    Sin salir de La 1, la que se ha convertido en maestra de nombres recuperados para la pantalla es la serie Centro médico, un producto que dramatiza con actores casos que han ocurrido de verdad a gente de la calle. Hace unos días casi me llevé un chasco gordo viendo una de las entregas de este docudrama médico al comprobar que quien sujetaba a un bebé era Eloy Arenas, ¿lo recuerdan?, humorista de segunda que hacía monólogos o contaba chistes en programas de la cuerda de José Luis Moreno, papá de Eloy Azorín, el Sastre de Apaches, Antena 3, serie a la que le quedan cuatro capítulos para terminar. Es urgente que se ponga en marcha uno de esos programas basura donde se narra el día a día, más aliñado por los guionistas que una trifulca potajera en Sálvame, de familias como Las Campos –estoy convencido de que, cuando llegue el día, ojalá lejano, de la muerte de la madre Teresa, sus hijas contarán en directo el deceso, igual que se deben a la audiencia y les cuentan al minuto los detalles de la última visita al hospital-, pues eso, que si Alaska y Mario tienen su espacio para ventilar sus monadas, papá Eloy Arenas e hijo Eloy Azorín deberían registrar la marca Los Eloys y contarnos su vida de heteros para completar el puzle de la diversidad sexual, que arrancaría con ellos, pasaría por el aguachirle de Vaquerizo y Alaska, y acabaría en Javier Ambrosi y Javier Calvo, Los Javis, que participan en un documental sobre la historia en nuestro país de los derechos LGTB desde los años 70 y que se verá en Playz, la plataforma de contenidos digitales de rtve.es. A lo que voy, ¿qué tiene menos Eloy Arenas, rescatado de su casa por Centro médico, que la matriarca Campos? El docudrama de La 1 también ha desempolvado a Jorge Jurado. ¿Eh? Sí, Curro, el niño de Los Serrano. Ahora tiene 24 años, y estudia ingeniería informática, retirado de las cámaras desde que acabó la serie. Igual que hay granjas para recuperar animales, Centro médico, valga el símil tan poco afortunado, recupera actores en horas bajas, como al murciano Enrique Martínez –desde Olmos y Robles, 2015, no se le ha visto la mazorca naranja de su pelo-.

Defecar en Honduras
     Pero Centro médico es un aprendiz recuperando actores del olvido comparado con la maestría y la eficacia de Telecinco recuperando en sus talleres de reciclaje personajes de diverso pelaje y condición, todos en la casilla de salida de un prestigio caduco, de fila quinta, de una fama atrabiliaria, entre cutre y ordinaria, chabacana y pestosa, entre la fama del delincuente y la fama del choni o la meretriz de alcurnia. El último ejemplo lo estamos viendo en la composición de su equipo de señoras y señores que se han alistado para cagar detrás de las palmeras en la isla hondureña de Supervivientes. Baja estofa. Pura materia fecal. Detrito. Hasta a Francisco, cantante alicantino a la baja, le ha llegado su San Martín para concursar en este mojón, y eso que este señor decía hace un tiempo ser un caballero, español y mucho español, y tener una dignidad y bla, bla, bla. Lástima que no hayan convencido a Camilo Sesto para completar el tándem de las momias vitaminadas bajo el efecto de los focos. Para eso ya están, esa es la verdad, la bipolar Raquel Mosquera, la peluquera más recauchutada de las muñecas de la feria donde el ulular de Chochonas es atronador, y la quinqui Maite Zaldívar, la encarcelada de la Operación Malaya por blanqueo de dinero marbellí, con su trasiego de bolsas llenas de parné cuya polvareda manchó el bajo de los faralaes de Isabel Pantoja, con quien compartió maromo, que hay que tener gana de macho para restregarse con Julián Muñoz. Telecinco, experta en reciclar residuos tóxicos, sabiendo que la mierda flota, sabe hurgar en las tinieblas de la memoria y siempre da con algún fluido que no ha llegado del todo al estado de descomposición. Nos quedan aún sorpresas hasta acabar la lista de los Supervivientes. Me sentiría muy pagado viendo y escuchando a Francisco, mitad señor, mitad correcaminos, tumbado en las arenas de la isla, declarando otra vez que con Franco vivía muy bien y que jamás le faltó la libertad. Lo que demuestra que hay reciclajes imposibles que ni un centro médico puede solventar.

La guinda
Marea pensionista
Si los pensionistas se echan a la calle, el Gobierno tiembla. Los pensionistas están en la calle, y Mariano Rajoy, con su idiocia política, parece que está moviendo el culo y se ha puesto en marcha. ¿Para subir las pensiones? Por favor. Para hacer como que se lo toma en serio y en vez de hacerse el gallego acude a los magacines. Pero ojo, Rajoy, Paquita, pensionista octogenaria, no está dispuesta a claudicar. Sus colegas tampoco.

jueves, 26 de mayo de 2016

Maldeojos. Documental, género variable



Documental, género variable
(Artículo publicado el domingo, 22 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

      A veces me dan ganas de reír, y eso que el programa –atención, se llama docurreality, o docuserie, o docudrama- es de una seriedad que pretende ser pedagógica, aleccionadora. Pero a mí me da la risa. O una pena penita muy grande, tan grande como el ridículo de la satisfecha Barei, la señora que dijo en Estocolmo, segundos después de quedarse en el puesto 22, a cuatro puestos de la última, que era la enviada de dios y que sentía “el calorcito de la gente”. Si yo fuera ese dios la metía en el horno del infierno para saber lo que es el calorcito. En el plató, apoyando el fracaso, como quien ve un cosa que nadie ha visto, Anne Igartiburu la saludaba como habría que saludar a los médicos del Hospital General de Massachusetts, que le han trasplantado a Thomas Manning, de 64 años, el pene de otro varón ya que perdió el suyo por enfermedad. Pero no, saludaron a la perdedora Barei echando al suelo la alfombra de una adulación patética, como esos jurados que animan a la niñería a seguir así, “siendo como eres, no cambies”, que te espera un futuro brutal, decía Edurne, la que perdió el pasado año, o “no te preocupes, el futuro empieza ahora”, remachaba Ruth Lorenzo, que tampoco salió a hombros en Eurovisión. Hasta Chikilicuatre, sin el juego de pies a lo Lina Morgan de Barei, logró mejor puesto. Estas escenitas patrioteras me recuerdan, por lo falsas, al programa que me refería, Centro médico. Lo emite La 1 a diario ante unos 650.000 espectadores. No importa, si el producto tuviera un mínimo de calidad. No lo tiene. Al Centro médico lo llaman docuficción, pero no es ni documental ni ficción. Eso sí, te enteras de lo que es un antavirus –provocado por el virus del antas, transmitida por los ratones de campo a través de las heces, saliva y orina-. En España se han dado sólo un par de casos, dice el actor que hace de médico, cogido del mercadillo de los jueves de los actores en formación. ¿Sólo dos casos y ya tiene su docuficción el puto virus?

El perfecto facha
Sobreactuado, con textos dichos de carrerilla a ver quién termina antes, con producción penosa, recreando un ambiente hospitalario que es puro invento, Centro médico va a ser renovado por otra temporada. La idea es recrear casos médicos reales, pero el resultado es tan estrambótico que uno no sabe si es un centro médico o una fábrica de longanizas. Cuantas más, mejor. Si los médicos y enfermeras ejecutan su papel sin credibilidad, el apartado de los que llegan tosiendo, con dolores, o con la tez demudada es para echarse a reír. ¿Malos? Sólo falta que se oiga por lo bajini la banda sonora de risas enlatadas. Al contrario, uno que va perdiéndole el respeto a la cámara, y cada vez es más natural, es don Julio Anguita, que dice que no está para mítines, que no es el baúl de la Piquer, de doña Concha Piquer, dice él, que tanto viaje y tanta plaza le vienen grandes, pero que sí está dispuesto a apoyar “la confluencia”, y por eso hará pequeños vídeos –¿Anguita Yotouber?-, concederá entrevistas, o aparecerá junto a Pablo Iglesias, el artista, joder, me has emocionado, le decía el Coletas al Califa apretando los ojos para contener las lágrimas, pero cuidando de no salirse de plano, rodeado de cámaras y flashes, su medio natural, cuando hace unos días coincidieron en Córdoba calentando el 26J. Los de La Sexta no quieren perder comba en este nuevo docudrama al que España está abocada, una cadena, y programas como Al rojo vivo, El objetivo, o La Sexta noche, culpables de la vuelta a la política de Esperanza Aguirre. Lo dijo en el documental sobre el perfecto facha, sobre el cinismo y la hipocresía, que vomitó Telecinco gracias al encuentro sideral en Tu casa es la mía entre Bertín Osborne, el amojamado campechano, y la ultraliberal, que no cree que la política tenga que ser una profesión, ole su flor, dicho por quien lleva en política desde que echó los dientes de leche, dicho por quien lleva en política más de una plaga bíblica, la mentirosa compulsiva, la que vive de lo público desde que echó el primer polvo con su marido –un tío cañón que conocí en un campeonato de golf y con quien acabé jugando yo, le dijo a Bertín, mirando desde sus ojillos chiquititos, esos ojos suyos de picarona de derechas, que son las mejores-.

Panecillo consagrado
Tampoco sé en qué tipo de documental colocar la actuación de Paco Camps, el dolido, el apesadumbrado, el compungido. Llegó con corbata negra como una víctima más del accidente del metro de Valencia a la comisión de investigación de Les Corts que trata de esclarecer lo que pasó hace 10 años. Y dijo, sin abrir los brazos como el mártir que es, que desde el minuto uno estuvo al lado de los familiares. El cielorraso no se hundió, pero dejó claro que podría ser un actor del carajo en Centro médico haciéndonos creer que es un doctor de toda la vida. Jamás recibió como presidente del gobierno valenciano a los familiares de ese terrible accidente a los que despreció, a los que se quitó de encima por la vía expeditiva de ignorarlos con un aliado incontestable, Juan Cotino, su conseller de Agricultura, un tipo siniestro al que imagino mirar con arrobo morboso al crucifijo y escupir con asco al semejante que se interpone en su santa carrera, un menda con cara de panecillo consagrado cuya sonrisa es frío veneno. Ambos celebraron ante la comisión un sainete nauseabundo, la vieja táctica política de añadir dolor al dolor bajo el género de la docuprovocación, que tan bien supo manejar Canal 9 en sus años de oprobio. Veo a Laura Ballester, colega de Levante EMV, entrar en directo en La Sexta, para recordar que el periódico, además de la gota que puso Jordi Évole y su mítico Salvados, no dejó que la llama de la justicia se apagara del todo. Como queda claro en Las primeras 48 horas, docuficción policial que recrea casos criminales, las primeras 48 horas son fundamentales. En lo del metro han pasado 10 años. A ver si al menos, de haberla, a alguien se le cae la cara de vergüenza. Eso sí que sería un caso clínico para ver en Centro médico.

La guinda
Sublime rareza
Carlos López Otín, bioquímico, catedrático en la universidad de Oviedo, eminencia en el estudio del cáncer, habla con Iñaki Gabilondo en #0, la cadena de Movistar, en una de esas sublimes rarezas de la televisión llamada Cuando yo no esté. Es una tribuna para el sosiego y la reflexión, para quedarte embobado escuchando a estas eminencias apenas conocidas fuera de su mundo que retratan el futuro de la mano de Gabilondo.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Maldeojos. ¿Centro médico?



¿Centro médico?
(Artículo publicado el jueves, 5 de noviembre, en periódicos de EPI PRESS)

      El médico es guapísimo. Moreno, pelo rizado, ojos lánguidos, brillantes, sombra de barba desganada, y labios de un perfil dibujado. Es el doctor Hamman Decaret –o sea, el actor Jordi Mestre-, galeno de Centro médico, que La 1 emite por la tarde. No es una telenovela, no, es una recreación de casos clínicos interpretada por actores. Es decir, todos interpretan la historia que alguien vivió de verdad y que un equipo de guionistas ha escrito para la tele. El doctor Hamman atiende a un paciente mayor con dolor agudo en el pecho. La doctora Natalia Romero –Marina Lozano- atiende a una joven con síntomas de gripe. Paracetamol, reposo, y agua, mucha agua, ¿de acuerdo?, recomienda la doctora a la paciente después de auscultarla. Por su parte, el paciente mayor parece tener peor suerte. Tiene una manchita en el pulmón.

      Dígame la verdad, doctor, sin rodeos, quiere saber el paciente. Es demasiado pronto para sacar conclusiones, no podemos decir que sea cáncer de pulmón, acaba diciendo el médico. Como las historias se solapan, la joven aparece de nuevo. Una gripe no se cura con antibióticos, la gripe es un virus, no una bacteria, dice una enfermera. Por su parte, la doctora Natalia le echa una reprimenda a la paciente por no “curarse cuando hay que curarse”. Es una recreación rara, poco creíble. Los diálogos resultan envarados. Y otra cosita. ¿Dónde están grabadas las historias? Eso no es un hospital público. ¿Un paciente llega con un problema y al plano siguiente, sin estar tres o cuatro horas esperando en urgencias, está tumbado en una camilla y le están haciendo un TAC? Ni de coña. Lo que Rajoy le arrebató a la sanidad pública no lo puede suplir con ensoñaciones TVE.

Así es, este el perfil de médico que te atiende en un hospital público según la docuficción de La 1 que, por cierto, para que no haya dudas de lo que en TVE entienden por sanidad pública, lo llaman Centro médico. ¿Dónde coño está eso?