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jueves, 13 de febrero de 2020

Maldeojos. Hermanito mayor


Hermanito mayor
(Artículo publicado el martes, 11 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Que lo deja, que abandona, que se desengancha. No hablo del desenganche total con la vida que ha tenido uno de los ex maridos de Belén Esteban, un tal Fran Álvarez, al que se encontraron sin vida en su casa el domingo. Al parecer, según expertos en la vida loca, el pobre señor tenía un enganche mortífero con eso que en programas de temerosa sensibilidad contra las denuncias llaman “sus adicciones”, adicciones que también tuvo la mentada ex cajera de San Blas. Quien lo deja todo, incluso deja a la más grande, a la de ojos cautivadores, a la de risa tan empotrada como cínica, a la que cada vez que habla sube el pan, a Isabel Díaz Ayuso, la presi madrileña, quien lo deja todo, quien deja su dirección general de Juventud en Madrid es el televisivo Pedro García Aguado, otro que de medallista olímpico bajó al infierno de “las adicciones”, subió al cielo de la tele, siguió como un cohete al de la política, y de nuevo ha bajado a ras de tierra como movido por un impulso redentorista y salvador.

     Dimite de la política debido a “la enorme demanda de atención que requieren tantas familias en el país”.  Ha muerto el director general, pero ha revivido el Hermano mayor.  Empresario activo ha hecho de la rehabilitación de jóvenes problemáticos, por esta o mil causas, por el consumo de drogas o por formar parte de familias desestructuradas, su forma de vida, su negocio, dicho así, sin vaselina, sin preservativo, sin filtro. Pudiera ser que, y digo pudiera ser, que ganara más dinero fuera de la política que dentro, porque está feo que si tienes una empresa de rehabilitación, te llegue trabajo por mor de. Ahí lo dejo. Así que don Pedro está de nuevo en el mercado catódico. Para quien lo quiera. 

martes, 23 de mayo de 2017

Maldeojos. La isla



La isla
(Artículo publicado el sábado, 20 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

     Son 14 hombres, sí, hombres, como se hace en el formato original británico con Bear Grylls, aventurero que ha hecho de la supervivencia ante las cámaras su forma de vida y un espacio dedicado al entretenimiento, 14 tipos anónimos que son soltados en una de las islas del archipiélago panameño Las Perlas como se suelta un paquete a la orilla de la playa. Es lógico pensar en programas hermanos como Supervivientes, pero no, no son iguales. El formato adaptado por La Sexta y presentado por Pedro García Aguado, que no va de hermano mayor sino de testigo y narrador de lo que sucede en un lugar en que la vida hay que ganársela, es mil veces más interesante que el necio Supervivientes. ¿Y cuál es la recompensa? Demostrarte a ti mismo que en un mes has sobrevivido a las calamidades de no tener ni abundante agua ni comida, de estar rodeado de animales peligrosos, de poder enfermar. En fin, hay que estar majaras para ir a un lugar así por nada. ¿Por nada? Cada uno de los participantes sabe por qué. 
     En La isla no hay premio económico, ni glamur de platós iluminados, ni nominados, ni expulsados, ni broncas fomentadas por los guionistas, ni famosillos en apuros en busca de dinero y publicidad, ni chismes ni vida íntima del superviviente. El formato no es un espectáculo, pero sí espectacular, ha dicho del programa el presentador. Hasta lo que se ve en casa son imágenes que graban los propios participantes. Cuando lograron hacer fuego el día del estreno se generó una emoción que traspasó la pantalla. La isla promete eso, grandes emociones, las que genera el ser humano que, porque sí, se pone al límite. Yo no sé si lo haría, pero entiendo que alguien lo haga. Bueno, sí, qué puñeta, lo haría.

domingo, 16 de abril de 2017

Maldeojos. El trol



El trol
(Artículo publicado el jueves, 6 de abril, en diarios de EPI PRESS)

     Otra vez una palabra ajena a nuestro idioma habla de algo que el nuestro ya señala con precisión. La batalla la tengo perdida, pero mantendré la guerra activa. Así que seguiré disparando. Al grano. El grano lo trae los martes La Sexta, Pedro García Aguado, y Cazadores de Trolls. El programa indaga en el acoso cibernético, en su efecto, en la impunidad de quien se escuda en un perfil falso para hacerle la vida imposible a la persona acosada, humillada y perseguida desde internet. Estos acosadores, troyanos que se apropian de tus datos electrónicos y tienen acceso a fotos, correos, y todo tipo de intimidades en la red, te suplantan y te hacen vivir un calvario colosal. A partir de ahí tu otro tú puede ofrecerte como reclamo sexual, como una zorra, el caso de Vanesa esta semana, que desea que “me folle un grupo de árabes con fuerza y por todos los lados”.

     Luego, el experto informático, Enrique Serrano, rastrea pistas, teléfonos, redes sociales, correos, y al final, con trampas más o menos ingeniosas, localizan al canalla y tratan de enfrentarlo a su víctima. Las reacciones varían, pero casi siempre el delincuente niega los hechos. Este es el esquema del programa. Pero me quedo con el presentador, con Pedro García Aguado, el ex Hermano Mayor. Se ha convertido en un experto ante las cámaras. Pone caras cuando la víctima cuenta desgarrada su situación invivible, la anima a que no se calle, a que lo suelte todo, y cuando la víctima se derrumba, zas, ahí entra él pidiéndole que sea fuerte. Coño, Pedro, si lo has provocando tú. El presentador aprendió las claves teatrales del drama y hacer de él un producto de entretenimiento con final feliz. Cazadores de Troll cambia de protagonistas, pero es siempre lo mismo. Por cierto, el mejor amigo de Vanesa era el que la acosaba. Tenga usté amnigos.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Maldeojos. Basurilla



Basurilla
(Artículo publicado el sábado, 3 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)

     Ha terminado. Bueno, terminó la semana pasada. Y nadie lo ha echado de menos. Ya forma parte del paisaje de Cuatro, de sus excesos, de esa marca de fábrica que ha ido creando a la sombra de Telecinco. Hablo de Hermano mayor, ¿recuerdan? Es ese donde sacan a un sujeto con cara de pocos amigos, ese que tal vez camine por la calle con esa chulería del que pisotea los jardines, da patadas a las papeleras, y en casa, acobardando a la madre, acorralándola contra la pared, golpea el mueble de cocina, tira el frutero de cristal, o vuelca la mesa con la comida puesta. Hermano mayor tuvo su gracia y su tirón en su primera época, cuando lo presentaba Pedro García Aguado. Viéndolo, además de pillar unos berrinches como espectador porque siempre pensé que la culpa de esas actuaciones de potro desbocado es de los padres, consentidores, acomplejados, padres que jamás le dieron un cachete al nene ni le hicieron ver que existe la palabra no.

     Al principio de los tiempos es posible que colara la parte pedagógica del programa, esa que apelaba al fin educativo y de ayuda a otros padres que también tenían en casa a un ser al que reconocían como propio porque estos monstruos domésticos son clones que se mueven en las mismas coordenadas, agresividad, adicciones, violencia, egolatría, irresponsabilidad, vagancia, y otra serie de conductas que hacen de la vida de quienes tienen alrededor una auténtica pesadilla. Desde hace un par de temporadas el testigo de Hermano mayor, con la salida de Aguado, lo recogió el boxeador Jerónimo García. Y aunque el esquema del programa es férreo, idéntico a lo conocido, el programa decayó. Es tan previsible que el factor sorpresa no existe. Es lo mismo desde que empezó en el año 2009. Aunque con el tufo a basurilla de Mediaset más acusado.

martes, 8 de diciembre de 2015

Maldeojos. Rajoy, hermano mayor



Rajoy, hermano mayor
(Artículo publicado el domingo, 6 de diciembre, en periódicos de EPI PRESS)

      Perdonen que empiece estas letras hablando de mí. Es verdad que quienes escribimos, de alguna forma hablamos de nosotros mismos. Unos lo exageran más convirtiendo lo que escriben en un homenaje permanente a un ego siempre insatisfecho y voraz, pero el resto quizá no necesitemos tanta referencia ególatra. A mí mi padre jamás me puso una mano encima. Quiero decir que jamás me dio un zurriagazo, jamás me pegó. Mi padre ejercía una autoridad sutil que no necesitaba manifestarse con ningún tipo de evidencia –tortazo que te crió, castigos monumentales, reprimendas recurrentes-. No así mi madre, que nos corría por la calle con la zapatilla en la mano dando voces, y cuando nos pillaba nos llenaba de cardenales el brazo con sus pellizcos de monja viciosa. Cuántas veces lo hemos recordado en casa y cómo nos hemos reído, aunque mamá, amnésica de repente, dice no recordar nada de “esos inventos”. Recuerdo un día en que mi hermano y yo, en la calle, nos peleábamos dándonos guantazos. Mi padre apareció al fondo de la cuesta. Se nos cortó el rollo. Al llegar a casa, con la mirada nos dijo que entráramos. No tuvo que decirme nada. Me apretó un poco el brazo y me dijo que fuera la última vez que viera a dos hermanos pelearse. Punto. Me meé. Qué va, mi padre era un bendito, no crean que le temíamos como se teme a esos padres oscuros, agresivos y distantes. Con él también recordamos con ternura aquellos días de infancia y primeras marcas, es decir, educación en los límites, teniendo al lado a alguien que te dice hasta aquí puedes llegar pero hasta allí no, el respeto al otro es ley y la bondad no es debilidad sino fortaleza. La semana pasada vimos al presidente del Gobierno ejercer de padre por encima del cargo. Es una escena de apenas 20 segundos, pero encierra toda una lección para la vida en un tiempo en que la educación de los críos pasa por momentos de extrema tontería.

 Medicina baratísima

      A los críos no se les puede regañar mucho porque se traumatizan, ni dar un cachete porque pillan una depresión que te cagas. No se les puede decir no porque se les corta su espíritu libre y castraríamos su futuro. Muy bien. Y entonces llega el presidente y a su hijo Juan Rajoy, de 10 años, le da unas collejas en un estudio de radio por decir en directo que los comentarios del periodista Manolo Lama a un videojuego eran no sólo mejorables sino basura. Esas imágenes recogen una escena que para mí se ha convertido en reveladora. Es de las pocas veces que he visto a Mariano Rajoy sincronizado consigo mismo. Es decir, que el que piensa es igual que el que actúa. Le salió el padre que es por encima del presidente que lo domina. Fueron dos segundos apenas, los justos que no pudo controlar, lo que va de su mano al cogote del hijo, lo que tarda una colleja en inclinar la cabeza del otro. Se ha dicho que es la primera vez que un Rajoy dice la verdad, refiriéndose a que el niño acertó en su análisis sobre los comentarios de Lama al videojuego. No sé ni de qué videojuego hablan, pero eso no me importa. Hago otra lectura del cogotazo. Ese niño, Juan Rayoy, de unos diez años, recibió el aplauso de los presentes en el estudio de radio y le rieron la gracia, que la tenía, porque el crío habló con naturalidad, alentado por el buen ambiente del momento, pero allí estaba el padre, que cortó en seco la gloria del pequeño impertinente. No sólo le dio las famosas collejas sino que por lo bajini, como se hacen estas cosas, le reprendió y le sugirió que pidiera disculpas. Perfecto. Ejemplar. Ese crío podría confundirse en el futuro creyendo que ser hijo del presidente es un carné que le permite hacer y decir lo que le venga en gana, donde le venga en gana, y cuando le venga en gana caiga quien caiga porque está protegido por su padre, el mandamás.
Toma, nene, así aprendes


Las collejas del PP

      Pero el presidente, insisto, actuó como padre. Seguro, salvo que se les tuerza el nene, Juan Rajoy no será uno de los energúmenos que saca Cuatro en Hermano mayor, ahora en manos del boxeador Jero Martínez. Todo un fracaso televisivo, otro más en una cadena que Nuria Roca dice no reconocer porque no es la que era. Cuando el hermano mayor era Pedro García Aguado el programa conseguía audiencias razonables. Con Jero Martínez no. Pero no es culpa del nuevo consejero. El programa no ha variado nada. Las primeras imágenes muestran al hijo. La voz del narrador lo presenta más o menos así. Es Jose. 18 años. Soberbio, conflictivo, rabioso, le gusta el dinero fácil, presume de cerrar negocios ganando mucho dinero en internet, su comportamiento está destruyendo a los que más quiere. Y ahí pasa a la acción. Vemos al menda golpear puertas con el puño hasta romperlas, destrozar el jarrón que la madre tiene en la mesa con sus flores de plástico, llamarla zorra porque sale con un hombre que no es su padre, del que se separó hace años, tirar la comida al suelo y destrozar el espejo del baño, retar al mundo con miradas asesinas. El esquema es siempre el mismo. Pasan imágenes de una agresividad insoportable. Te dan ganas de retorcerle el pescuezo. El nene de mofletes de azúcar y sonrisa sanadora se ha convertido en un violento hijo, en un dictador desmedido, en un tipo que da miedo, y asco, en un perfecto gilipollas. Luego vienen los tratamientos de choque para encauzar su agresividad, y al final, cuando es consciente del daño que ha hecho, le pasan imágenes de sus escenas más salvajes. Besos, abrazos, lágrimas, y un imbécil arrepentido. Como programa, Hermano mayor cansa ya. Aunque sigue dejando claro que una colleja a tiempo, un no, evitaría la proliferación de niñatos malcriados y crueles. Rajoy puede castigar a su hijo para enderezarlo. Lo malo es que ha confundido a los ciudadanos con sus nenes. Y desde que llegó no ha dejado de darnos guantazos, recortarnos lo conseguido, culparnos de tarambanas por dilapidar la bolsa, y salir corriendo si le pedimos explicaciones. Eso sí, el arrogado padre castiga a la mayoría de sus hijos y premia a sus preferidos. Y eso no está bien, papi. Con amor te lo digo. 
Una cola de gente. ¿Al fútbol, al concierto de su estrella? Quiá. Hacen cola para comer porque "hay mucha gente que no sabe cocinar" -Maripuri Cospedal dixit-. Por nuestra culpa, por nuestra grandísima culpa.


La guinda
Lo de Piqueras
Esto es un vasco que entra en un bar y se encuentra a un amigo. Oye, Iñaki, me he enterado de que te has comprado un Seiscientos. La hostia, ¿cómo lo sabes? Me lo compré hace dos meses. Porque lo llevas de mochila. Hostia, que se me ha olvidado quitarme el cinturón. Fin del chiste. Lo cuenta Dani Rovira. No en El hormiguero sino en lo que sea que haga Pedro Piqueras que llama informativos. Qué nos quedará por ver.

martes, 18 de noviembre de 2014

Maldeojos. Pedro, ayúdanos



Pedro, ayúdanos
(Artículo publicado el domingo, 16 de noviembre, de 2014)

      Alfonso sólo vive para conseguir sus deseos, dice la voz un poco engolada de Pedro. Pedro es Pedro García Aguado, aunque a él le gusta presentarse como el Hermano Mayor de Cuatro. Ha vuelto el programa una nueva temporada. El esquema es el mismo con el que empezó. Es decir, en los primeros minutos presentan a los protagonistas, o sea, al nene o la nena en su salsa. Es la parte en que sacan al hijo dando golpes a la mesa, rompiendo el cristal de la foto de la comunión, del cuadrito que tanto le gusta a la madre, es el momento en que lo vemos escupir, el momento en que, con los ojos en blanco, da un manotazo y arrambla con el jarrón que adorna el centro de la mesa del comedor, el momento en que el vándalo da una coz a la puerta de su cuarto, saca la ropa de los cajones y, ya sin freno llama a la mamá, aterrada, encogida en un rincón, puta, que eres una zorra que te gusta abrirte de patas, así que o me das el puto dinero o tiro la ropa por la ventana, es el momento en que la tira, el momento en que entra el padre en acción pidiendo explicaciones y el momento en que ese energúmeno lo empuja, lo tira al suelo, se le echa encima, y empieza a darle puñetazos mientras la madre, que ve la escena arrasada por el llanto, con chorretones de rímel resbalando por las mejillas, mira a cámara y dice, Pedro, ayúdanos. Cuando pasa esto yo, como espectador, si aguanto, estoy que no aguanto. Me ponen muy nervioso estos cretinos. Me echan a bombear el corazón a una velocidad que para un infartado es peligroso, pero como todo lo que da asco al mismo tiempo tiene un poder adictivo y tentador, vamos, que te quedas pillado, cuando me doy cuenta estoy enganchado a esa mierda sin ver el momento de arrancarme la jeringuilla de la heroína de ese delincuente golpeando a la madre. Lo tremendo de esto es que, quizá, en algún momento ese papá y esa mamá alimentaron al monstruo confundiendo cariño con dejadez de funciones.  
Resultado de imagen de imágenes de pedro garcía aguado y alfonso en hermano mayor
Este pájaro se llama Alfonso, pero podría ser Yeray, Sebas, Yasira, o la Macu. Da igual Todos los que salen en Hermano myor tienen el mismo perfil social. Escoria. Eso sí, en su degeneración, creo, tiene mucho que ver ese papá y esa mamá que no le cantó eu su momento al pequeño dictador que ya apuntaba maneras el precio de las peras. Vamos, lo de toda la vida. Una buena hostia a tiempo, un cogotazo, un pellizco retorcido y un no sin matices ayudan mucho a un crío.



Reconocer errores
Lo siguiente a la llamada de auxilio sigue el esquema conocido. Llega Pedro, que al parecer impresiona mucho a estos grandes cabronazos por ser ex toxicómano y tener la autoridad moral del que sale del barro, los padres agradecen al cielo su presencia, y el imbécil del hijo o la hija actúa con el Hermano mayor como lo hace con sus padres. Y llega el encontronazo. Pero Pedro tiene tablas y sabe calmar a las bestias. Las bestias se carcajean cuando el programa las somete a pruebas que pretenden  ponerles en lugar del otro. Por ejemplo, el otro día, y como uno de los quinquis del programa le había robado las joyas a la pobre abuela –que no se lo perdonará en la vida-, y toda la familia, tíos, primos, abuela, allegados, le dio de lado, decidieron que cada miembro de esa familia colgara al pescuezo o en los brazos del tal Alfonso una cadena pesada. Estoy hasta la polla, dijo el rufián, esto pesa un huevo, esto es una tontería. No, decía el hermano mayor, es para que veas la vida tan pesada que le has dado a tu familia. Bueno, bueno, yo también me descojoné, la verdad. Otras veces los ponen a todos a echarse en cara sus cosas mientras tiran a una diana toda clase de objetos, en vez de tirárselas a la cabeza de la madre o el padre, con lo que duele eso. Y luego llega el arrepentimiento. Es cuando el capullo ve en vídeo el dolor que ha causado. Es cuando, al verse en ese espejo de la pantalla actuar como un basilisco, destrozando muebles, rebuznando como un asno sin domar, e insultando a los padres, el miserable malcriado parece entrar en razones y reconoce que así no puede seguir.
El menda en un momento de su actuación amenazando a la madre que, aterrada, sin saber qué hacer, llama a Pedro García Aguado a ver si les echa una mano.



Políticos inaceptables
Y aquí es cuando esta columna da la trecha. Supongo que lo verían, supongo que verían a Alfonso Grau, el número dos de la fallera valenciana Rita Barberá, supongo que lo verían en la rueda de prensa. Digo rueda de prensa y sé que saben que me refiero a la del otro día, cuando convocó a los medios al ser imputado en el caso Noós. Lo sacaron en los informativos, no en todos, claro, y en multitud de programas, entre ellos Más vale tarde, el de Mamen Mendizábal –premio Ondas 2014-, y luego en los magacines de mañana, tarde y noche. Una vergüenza. Es el tipo de políticos, como los cabestros que saca Pedro García, que te ponen el corazón a reventar. Como recordarán, la entrada a la sala ya apuntaba maneras. Llegaba el menda con paso lento, degustado, con su mano metida en el bolsillo y con la parsimonia del que llega para triunfar. Y triunfó. Cuando se lió con la periodista de Telecinco Lorena Tortosa, a la que no dejaba preguntar, lo hizo con chulesco desprecio, con la petulante mirada del macarra playero. Luego, como ocurre con los enfermos de egolatría del Hermano Mayor, alguien le pondría el vídeo y el vicealcalde debió de sentir algo parecido a la vergüenza. Lo digo porque el miércoles, en Espejo público, hablando con Susana Griso, pidió disculpas por su actitud. Y lo mismo hizo con Gonzo para El intermedio. El caso de José Antonio Monago también es curioso. Este es de perfil distinto. Va de enrollado, de buena gente, de esos que te sueltan la letanía de la decencia y que sus viajes se los paga él de su bolsillo, y que está dispuesto a devolver hasta el último céntimo del costo de esos viajes. Y así fue, según demostró en rueda de prensa el viernes. Así que ahora tendrían que ser los medios de comunicación los que pasen por los métodos del Hermano mayor para reconducir su conducta. Mira que le han dado al hombre, hasta debajo de las orejas. En las tertulias lo han llamado de todo, y los espectadores, felices, disfrutando del festival. ¿Y ahora qué? Pues a ver si aprendemos la lección. Todos. Sin embargo yo, por si acaso, y hasta que haya transparencia máxima, lo digo así, señores diputados, senadores, vividores, el follar se va a acabar con cargo a los ciudadanos, que cada uno se sufrague sus polvos. Y ahora, ayúdame, Pedro, límpiame esta boca tan sucia que tengo y méteme por la vereda antes de que me líe a ostias.

El farsante José Antonio Monago con lagrimitas en los ojos flanqueado por los cínicos profesionales Carlos Floriano, izquierda, y Javier Arenas. Ahí, en la convención del PP en Extremadura para hablar del buen gobierno -vaya casualidades-, el presidente extremeño se hizo la víctima, prometiendo que devolvería el dinero, luego cambió la versión, luego la volvió a cambiar, luego engañó diciendo que sus viajes los pagaba él -según Público.es pagó con su Visa los de su novia-, y así hasta el vómito... Fuera, esta chusma, fuera...



La guinda
Cocinero bocazas
Faltones hay en todas partes. Carlos Medina, el concursante valenciano expulsado el miércoles de la segunda temporada de Top Chef -17’3% de audiencia con el cambio de día- es uno de ellos. No sólo tuvo mal perder sino que, en un exceso de patética soberbia a la hora de la despedida, mostró su cara más desagradable. Dio un portazo con el lema de los niñatos que se creen divinos, nunca cambiaré, dijo. Pues muy bien. Y a mí qué.