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sábado, 18 de agosto de 2018

Maldeojos. Bayly y Maduro


Bayly y Maduro
(Artículo publicado el sábado, 11 de agosto, en diarios del grupo EPI PRESS)

     El sábado pasado hubo atentado contra el dictador Maduro. Lamentablemente fracasó. El plan era sobrevolar la tarima presidencial con dos drones cargados de explosivos, bajar con sigilo los drones, que podrían parecer cámaras de la televisión oficial venezolana, y despistar a la guardia presidencial y a sus francotiradores y hacerlos estallar bien cerca del dictador para eliminarlo, para darlo de baja, para así, tal vez, abrir una nueva etapa de libertad en Venezuela. El plan abortó, fracasó. Quien habla así de clarito, con calma y chicha, deleitándose en la posibilidad del magnicidio, es el escritor peruano, hace años más o menos conocido aquí por sus libros de temática homosexual no resuelta, Jaime Bayly, que lo hace en su monólogo nocturno con el que abre su programa de televisión en CNM Latinoamérica, grabado en Miami.

    Al principio, cuando me enviaron el enlace, pensé, por la frialdad, por el sádico placer de imaginar reventado en cachitos a Nicolás Maduro, por la zafia brutalidad y por el no disimulado llamamiento a otro nuevo atentado –como hace más tarde, donde pide a los terroristas que si necesitan un dron más, que cuenten con él-, pensé, digo, que se trataba de ese tipo de noticias manipuladas, eso de las “fake news”. Pero no. Parece que este zumbado sanguinario dijo lo que dijo, y tan pancho. No contento con el disparate, el terrible presentador hace chistes con la espantada de la guardia que, “como hormiguitas, escuchan un bombazo y en vez de plantarse como bravos venezolanos defensores de la dictadura, salen corriendo aterrados como hermanitas de la caridad”. Lo que viene después, llamando a un nuevo atentado, es cosa de la justicia, que tiene que meter mano.  

martes, 21 de febrero de 2017

Maldeojos. Cállate, CNN



Cállate, CNN
(Artículo publicado el sábado, 18 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

    En Venezuela, o mejor, en el Gobierno de Nicolás Maduro, la verdad no es la verdad sino la verdad establecida por su camarilla. Sin matices. Sin coladeros. Controlándola para que sea así sin rechistar. Vamos, la aspiración de otros tantísimos gobiernos. En el de Donald Trump, con el loco naranja al frente del país más potente del mundo, es él mismo el que da, retira, niega o ignora a los periodistas que le tocan el flequillo, con los que se enzarza en tensas diatribas para hacerles ver, a ellos y a sus medios, que se están pasando porque sólo publican “fake news”, noticias falsas que no tienen nada que ver con la realidad. Con la realidad impuesta desde su máquina de propaganda. Nicolás Maduro y sus secuaces van más allá. Cortan de raíz el problema, la disidencia. Matan al perro para acabar con la rabia.

    Lo último, hace unos días. La CNN en español que emite en el país publicó un reportaje en el que un ex funcionario acusaba al vicepresidente de vender pasaportes venezolanos a musulmanes sospechosos de relaciones con el terrorismo. Enseguida, moviendo la colita, la Comisión Nacional de Telecomunicaciones, un poco harta por este y otros atrevimientos, califica las informaciones como “una agresión contra la patria” que dan como resultado un “clima de intolerancia” que puede derivar en “agresiones externas contra la soberanía”. Hace unas semanas fue el propio Maduro el que descendió a otro tipo de minucias, dando combustible al fuego del malestar gubernamental, afirmando que un reportaje de la CNN sobre la precariedad de un colegio, es “asunto de nosotros, CNN, no metas sus narices en Venezuela”. Así ha sido. A CNN le han cortado la señal.

lunes, 1 de agosto de 2016

Maldeojos. ¿Y Venezuela?



¿Y Venezuela?
Artículo publicado el sábado, 16 de julio, en diarios de EPI PRESS)

Hace nada, apenas unas semanas, los días previos a las elecciones del 26 de junio, en el Telediario de La 1 teníamos la sensación de que Venezuela era cosa nuestra, un pegote añadido a la patria, una provincia española. Cada día se hablaba de la situación del país, del desabastecimiento de las tiendas, de la imposibilidad de encontrar papel higiénico, de las chifladuras de su patético presidente, un Nicolás Maduro al que sacaban cada día como un payaso estrambótico y fanfarrón que ocultaba con sus provocaciones políticas la realidad de un país en descomposición. Venezuela era, tanto en TVE como en el resto de cadenas, un tema, una sección, un recuadro, un tiempo sin falta. Todo interesaba, por supuesto si era malo, que es de lo que se trataba, de enfatizar aquel drama, de destacar las penurias de un país en manos de los malos que, ahí está la razón, resultan ser amigos del español Pablo Iglesias y sus huestes.

A por ellos. Se hablaba, mal, de Venezuela, para hablar, peor, de Podemos, que era el fin. TVE, de nuevo, para bochorno de periodistas y agravio de espectadores, al servicio del partido en el Gobierno. Era la consigna. A por ellos. La cosa fue tan indignante, tan marrullera, y tan atrevida, que, reló en mano, y según el Consejo de Informativos de la casa, en mayo se dedicaron 71 minutos a Venezuela y sus cosas frente a los 31 del paro, o los raquíticos dedicados a la corrupción. Toda elección para conformar la escaleta de un informativo ya implica tendencia. Dime qué eliges y te diré a quién proteges, o a quién atacas –perdonen la simpleza-. Pues bien, han pasado las elecciones, Podemos está donde está, pero Venezuela, que está como estaba, ya no es noticia. Milagro.