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viernes, 22 de diciembre de 2017

Maldeojos. La musiquilla



La musiquilla
(Artículo publicado el martes, 19 de diciembre, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Pillé tal rebote que pasé del debate sobre las elecciones de Cataluña de pasado mañana. Así te lo digo, Ferreras, así te lo digo, Pastor. Ya está bien, hombre. Una cosa es poner un fondo musical para subrayar momentos, para rellenar con notitas los minutos de bajo interés, para tensionar la escena, y otra, señores y señoras de La Sexta, enmarañar hasta el delirio el audio del programa. Hay que tener los nervios de acero o necesitar de urgencia una visita al otorrino porque no oigas ni un terremoto de escala 10 para estarte quieto delante de la pantalla desde las 9 de la noche del domingo hasta casi las 10 que empezó 17D, El Debat escuchando a Ferreras sobre una música avasalladora, de un volumen tan elevado que a veces ni se le entendía a él ni a José Miguel Contreras, que de pie, como dos teloneros profesionales, daban vueltas y vueltas sobre el interés de lo que estaba a punto de suceder.

     Como apenas había nada que decir antes de ese encuentro entre líderes de partidos en Cataluña con aspiraciones a gobernar la Generalitat, los dos mozos repetían una y otra vez los mismos argumentos –Contreras es tan lúcido que aunque no decía nada nuevo porque no lo había, parecía que sí lo hacía-. Total, que con los nervios como escarpias llegó un momento en que sólo estaba pendiente de la puta música con unos decibelios dislocados, y en vez de animarme a quedarme empezaba a sentir la urgencia, por salud, de salir cortando de La Sexta. Y así fue. Cuando la pizpireta Ana Pastor explicó otra vez que aquella guardería la dirigía ella en nombre del alto periodismo como le saliera de su hosco gesto, yo, por el foro, me fui. Bajad la música, coño.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Maldeojos. Otro rojo



Otro rojo
(Artículo publicado el jueves, 28 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)
     Ya hay otro color rojo en los titulares de programas de la tele. Además del clásico Al rojo vivo de Antonio García Ferreras, el hombre ventilador, el presentador de manos como aspas, el busto que hace periodismo moviendo la actualidad al ritmo del molinillo de la palma de sus manos, nos ha salido en Cuatro otro rojo, en este caso roja, La línea roja de Jesús Cintora, que vuelve a la cadena después del fiasco de Cintora a pie de calle, que duró lo que le dura un libro en la mano a un tronista de Telecinco. El martes se estrenó el eterno formato, revisado para parecer novedoso, de Moros y cristianos en versión dueto, es decir, en vez del gallinero típico, con voces disonantes y profesionales de la provocación más necia del tipo mierda pura de Salvador Sostres en un bando o de Pilar Rahola en el otro, aquí, en La línea roja, son sólo dos contendientes que miden sus gustos, por supuesto enfrentados y sin matices, sobre un tema.
      Los eternos están en el candelabro. La homosexualidad –más vieja que el aliento helado de la luna-, la tauromaquia –más trillada y cansina que la verborrea mitinera de Pablo Iglesias-, los okupas –y sus circunstancias- son motivo de enfrasque entre el que dice que el gay se puede curar, quizá con el salivazo de un dios o con el médico farsante que no tiene escrúpulos, y el que dice que aún no se ha conseguido ni la mitad de lo que se tiene que conquistar para igualar derechos entre homo y heteros. O el que defiende a muerte la muerte del astado y el que defiende a vida la vida del morlaco. Lo ya visto, lo ya escuchado, lo ya sabido pero con la pretensión de que una u otra postura crucen la línea roja del que está en sus antípodas. Ah, Jesús Cintora, elegante, como siempre.

domingo, 6 de agosto de 2017

Maldeojos. Trabajando



Trabajando
(Artículo publicado el martes, 1 de julio, en diarios de EPI PRESS)

     La otra mañana me llamó la atención lo obvio. Es decir, alguien, en julio, en su puesto de trabajo, esperando las vacaciones, supongo, en agosto. O sea, el mes raso, el mes de precepto legal –sin entrar en otras consideraciones-. Las estrellas de la mañana y de la noche hace algunos días que se apartaron de los focos dejando en su lugar a gente de su equipo, a “los segundones”. Ni está Susana Griso ni está Ana Rosa Quintana, ni por supuesto la otra dama de la mañana, don Antonio García Ferreras, ni las vedetes de las noches, ni el El Gran Wyoming ni Pablo Motos. Mientras desayunaba, en vez de pasar veloz por La 1, como suelo hacer porque apenas hay asuntos que me llamen la atención, algo me retuvo en La mañana. Secuestros virtuales, se leía en el titular, una frase que forma parte de un lío de compartimentos con imágenes del estudio, de la posible conexión en directo, y del que espera su turno para entrar en otra conexión. No me extraña que las personas mayores no sepan descifrar el galimatías visual.

     La policía acaba de detener a dos delincuentes que forman parte de una banda dedicada a la extorsión. Te llaman por teléfono, te dicen que tienen retenido a tu hijo, te piden una cantidad de dinero, te lían, y hay quien acaba enviando el dinero, en el caso tratado, a Chile. Lola y Carmen cuentan su dramática experiencia. La historia me atrapa. Pero lo que de verdad me llama la atención es ver en su puesto de trabajo a la presentadora de cabecera del programa, a María Casado. La hacía de vacaciones, de vacaciones largas, de un par de meses, como las que se tomaba la divina abstrusa Mariló Montero. Pero no, María Casado estaba en su sitio, trabajando, esperando que llegara agosto.


miércoles, 2 de agosto de 2017

Maldeojos. El salvador



El salvador
(Artículo publicado el domingo, 30 de julio, en diarios de EPI PRESS)

     Si no está él, nada funciona. Si él no se pone al frente, la nave naufraga. Ni él no vuelve de su retiro, el periodismo enferma, entra en colapso, se queda catatónico perdido, y el mundo sufre las consecuencias de su irresponsabilidad. Y por eso, llegado el momento, en los momentos difíciles, en los de verdad importantes, él, ÉL, deja sus quehaceres de mortal etcétera, abandona sus vacaciones, coge la bandera de la información, se planta su mono de trabajo, su camisa y chaqueta negras, se da unos retoques de maquillaje, se planta así, apoyando los brazos en la mesa, abiertos, como quien reta al de enfrente en un gesto de vaquero de saloon, y comienza el espectáculo de un ego desatado que ni él mismo controla. Hasta hace dos horas era Cristina Pardo la que sustituía al jefe en Al rojo vivo, y juro y perjuro, y prometo y soy capaz hasta de cantar el Despacito ese que tanto me exaspera, que Cristina lo hace requetebién.

     Pero la actualidad política, y la corrupción galopante, estructural, endémica, del PP, llevó el miércoles de esta semana al banquillo de la Audiencia Nacional a Mariano Rajoy, el mismísimo presidente del Gobierno y de su partido, como testigo en el caso Gürtel, esa trama delictiva que salpica a unos ciudadanos atónitos, y digo bien, digo que salpica a los ciudadanos porque a los encartados se la suda, eso sí, ayudados por gente como Ángel Hurtado, el presidente del tribunal, que hizo el papelón de su vida parando en seco algunas preguntas al testigo. Ante actualidad tan rutilante Él no podía quedarse en la sombra. Y volvió. Volvió unas horas en nombre del periodismo. Antonio García Ferreras no se fía de nadie que no sea él mismo.

lunes, 24 de julio de 2017

Maldeojos. El flequillo



El flequillo
(Artículo publicado el sábado, 22 de julio, en diarios de EPI PRESS)

     Veo a Cristina Pardo presentando Al rojo vivo ocupando el trono que hasta hace unos días ocupaba su colega Antonio García Ferreras. Es el mismo día en que encuentran en el garaje de una casa de campo en Córdoba al “banquero de Aznar” con un tiro en el pecho, quizá, como se dijo, fruto de un suicidio. El programa pasa imágenes exclusivas de la llegada al instituto de medicina legal de Córdoba del cadáver de Miguel Blesa en un ataúd de serie, aséptico, de plástico duro en color gris. Se convierte, como es lógico, en la noticia del día, que fue creciendo desde el primer rumor a la certeza del estupor de algunos detalles, como el que se cuenta en el programa. El banquero altivo, arrogante, con su puntito de chulería, una especie de matón de barrio caro que se cree amo del mundo, desayunaba con el dueño de la finca hasta que se levantó de la mesa, salió del comedor, y se oyó un disparo.

     Lo cuenta Chani –el periodista Antonio Pérez Henares- dando a entender que ha consultado fuentes de privilegio. Cristina da paso a una conexión que en esta cadena parece inevitable, una condena, un suplicio, la cuota de extravagancia que la presencia de Eduardo Inda aporta a La Sexta. Sí, contesta Inda, Blesa se lo debía todo a Aznar, que lo metió a dedo en Caja Madrid. También dice que Blesa estaba bajo de ánimo porque su horizonte judicial no era muy apetecible, y que apenas podía salir a la calle porque el “hijo de puta, ladrón, sinvergüenza, chorizo” que escuchaba a su paso era una música a la que nadie se acostumbra. Cristina Pardo no sólo iguala al jefe sino que hace un periodismo sin aspavientos ni poses. La única travesura es su flequillo manierista.