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lunes, 10 de junio de 2019

Maldeojos. Brigadita


Brigadita
(Artículo publicado el sábado, 8 de mayo, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Va por el capítulo seis. Y me topé con la cosa por mera casualidad, sin buscarlo, y por aquello de tener sentido de la responsabilidad como otros tienen de estado, pues eso, que me quedé. No tuve que esperar mucho rato para darme cuenta de qué iba lo que veía. Y no, no me tengo por un lumbreras en esto de las series. Hablo de Brigada Costa del Sol, que tiene a bien emitir Telecinco los lunes, quizá con la higiénica intención de no llenar de caquitas hondureñas la programación de toda la semana, ya le vale. Lo primero que escucho me respinga la oreja porque los actores hablan un andaluz muy raro –no tendrían ni que intentarlo porque esa brigada puede ser de la Conchinchina aunque alunice en Torremolinos y, por tanto, esos polis que buscan a los malos no tienen que hablar como si fuesen de Cádiz, o de la misma Málaga-.

     Y lo primero que veo me deja con los ojos en plan tiro al plato. La cara de Hugo Silva, hasta las trancas de gestos tontos, de muecas de lerdo, me da pistas, y todas conducen al precipicio que, oh, confirma el colega Jesús Castro, que sí, es de la zona, del gaditano Vejer de la Frontera y habla un andaluz reconocible, pero tiene el mismo defecto que el maduro poli, que sus gestos son muecas, la misma mueca, la misma mirada, los mismos morritos, o sea, lo que viene siendo la máscara de Jesús Castro, que sirve para Brigada Costa del Sol o para La serpiente lunática. Esta brigadilla es enviada a Torremolinos en 1977 para luchar contra el incipiente narcotráfico, y no, no todo es regulero, hay buena ambientación, neones por un tubo, discotecas para el trapicheo, pero el olor a testículos en acción de los machos alfa deja rastros que llevan a Paolo Vasile, la eminencia gris.

martes, 30 de mayo de 2017

Maldeojos. Sin perdón



Sin perdón
(Artículo publicado el sábado, 27 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

     Helicópteros, drones, motos de rugido salvaje, playas maravillosas, barcas fuera borda, cielos de un azul que arrebata, Barbate, bello, elegante, blanco, drogas, ruina, pobreza, chamarilelos de la marihuana, paro, una monja en cuya juventud, o así, se quedó con un preñado importante, y nada menos que con el francés, un guapo que es hoy un capo del narcotráfico rodeado de guardaespaldas, pistolas, y putas que vive frente al mar en una mansión que te cagas. Así es, a lo basto, Perdóname, Señor, los miércoles en Telecinco. La cosa va de tráfico de drogas, droga que llega de Marruecos en pateras de lujo, y que recogen en la playa, mientras la gente honrada toma el sol, cuatro pringados, carne de trullo al servicio de un pez gordo al que la poli ni huele o no sabe o no quiere hincarle el diente. O sea, lo de siempre. Perdóname, Señor se puede ver. O se puede no ver para no perder el tiempo en algo que ya has visto como cien veces.
     ¿Ha visto El niño, la peli de Daniel Monzón? Pues eso. ¿Ha visto El príncipe, la serie de éxito que emitió la misma cadena? Pues eso. Está hasta el niño, o sea, Jesús Castro, que a pesar del tiempo transcurrido y de haber hecho otros trabajos, el puñetero es tan mal actor como el primer día. Sólo permanecen intactos sus faros guía, sus labios de jugo de seda y sus ojos de cristal azul. Y está Stany Coppet, que hizo de traficante en El príncipe y ahora repite personaje, que ignora que es el padre del hijo de la monja. Un culebrón que poco a poco irá tomando intensidad con el trasfondo de la droga, diluyendo conforme avance la trama. Por cierto, la monja es Paz Vega, que, lo digo así, bajito, no hace el papel de su vida. Si yo fuera el Señor ese, no sabría perdonarlos.


lunes, 14 de marzo de 2016

Maldeojos. Tienes talento, colega




Tienes talento, colega
 (Artículo publicado el domingo, 6 de marzo, en diarios de EPI PRESS)


      Volvió El príncipe a Telecinco. No defraudó. La serie la ven cuatro millones como el que canta una nana. Es su última temporada, y la cosa está en ver si Khaled Ashour, el personaje del actor francés Stany Coopet, será cazado como terrorista. Y en ver si al fin los personajes de Hiba Abouk y Álex González foguean los pinchazos del amor como está mandado, no como adolescentes que se pellizcan o retozan a quemarropa, por si los pillan. Hasta ahora, en cada capítulo, los guionistas han encontrado una razón de risa para justificar que Álex González se quite la camisa y enseñe sus tetas, tan marcadas y gordas como las de un muñeco inflable. Sin embargo, Álex, además de tetas, posee otro talento. No es el que más destaca como actor, pero tampoco está a la cola. ¿Quién es el que tiene el incuestionable talento de ser el peor de la clase, el número uno por la cola? Si usted ve la serie convendrá conmigo que ni esos extras a los que hacen pasar una y otra vez como habitantes del barrio ceutí de el Príncipe son tan malos como el colega Jesús Castro, tío, qué horror, eres tan actor como Rita Barberá senadora o fiscal del Estado el fiscal Horrach, un gatito de terciopelo preguntando a Iñaki Urdangarín, el talentoso duque empalmado. Pues tú, Jesús, igual, tronco, qué malo eres, tío. La otra noche, viéndote en uno de los planos que eligió el director de ti, casi me atraganto, dios. ¿Conoces ese anuncio para Fiat de Ben Stiller que pone caritas, y mira a cámara una y otra vez con el morro apretado? Pues igual, colega, pero todo el rato. Cámara y acción, gritará el director, y tú, hala, morro apretado y mirada torva, la única que tienes. Una foto tuya en vez de tú sería un acierto, incluso se tomaría como algo humorístico. He llegado a la conclusión de que te llaman porque los directores saben que por muy malo que sea el elenco que te rodea siempre será mejor que tú. Te pones tan intenso, nene, como Gloria Serra narrando el guión de Equipo de investigación –5 años en antena, 200 programas en La Sexta, los viernes-.

El tío de la cabra
El jurado de Got talent es otro que se pone intenso, cardíaco, afrodisíaco, dionisíaco, juncal, pinturero, tontorrón, malote, pedorro, cursi, falso, compasivo, vamos, que hace lo que tenga que hacer un jurado que está ahí para lo que está, para hacer el paripé y elegir al tío de la cabra. Supongo que ese ritual, esa liturgia de la elección va en el guión, viene de fábrica. Como hemos visto en mil zapping conocemos la cara lela, la cara de asombro, los ojos abiertos o muy abiertos y brillantes, de los miembros del jurado del programa británico, los gestos de Simón Cowell, Amanda Holden, Alesha Dixón, y David Walliams, esas caras cuando encuentran diamantes en piedras brutas de apariencia ruda y desgarbada como Susan Boyle cantando hasta la lágrima “I drimed a dream” o a Paul Pott, el mofletudo, obeso, con pinta de camarero de chiringuito de playa, cantando como un ángel bajado de los cielos “Nessun Dorma”. Todo eso ya lo hemos visto. Por eso, ahora, cuando veo a Jorge Javier Vázquez con los ojos abiertos no puedo dejar de ver al Jorge Javier Vázquez que parodia con soberbio magisterio José Mota. No me lo creo. La verdad es que no me creo a ninguno de los miembros del jurado. Veo en Eva Hache, en Edurne y en Jesús Vázquez un jurado de pega, como si cada uno de ellos estuviera más pendiente de poner caritas para su cámara por si los pincha el realizador que de seguir a la mujer barbuda del escenario. Porque esa es otra característica del Got Talent español. ¿Tienen que ser los concursantes tan llamativos? ¿Por qué sacan a tanta chica rebozada en chicharrones, a niños en sillas de ruedas que hacen piruetas de ballet clásico, a tullidos simpáticos, a la tía que mueve las tetas como si tuvieran vida propia, ahora la izquierda, luego la derecha, ahora las dos, arriba, abajo, y vuelta a empezar? Y otra cosita. ¿Qué pinta ahí entre bambalinas Santi Millán? Ah, vale, nada, pero también pone caras raras y abre mucho los ojos mirando a cámara cuando huele el talento a distancia. Es un sabueso del talento.

A las urnas
Pero para talento natural, y sin pasar por Got talent ni puñetas, el de Nacho Villa. No es el tío de la picha con cabeza de serpiente ni canta por Antonio Molina como si fuera un eunuco. Es el ex director de la tele manchega, esa en la que Mariloli Cospedal vio la luz hecha carne y símbolo de la tele pública independiente. El amigo Nacho se fundió tirando de tarjeta unos 155.000 euros, según una auditoría , que dice que el menda se tiró a los puros caros, a la langosta, y al buen vino, como un pobre al comedor social. Para manipular hay que tener la barriga llena. Mientras esta gente se metía entre pecho y espalda un cochinillo, saboreaba las delicias de la langosta fresca, y bebía caldos de varios ceros, se esquilmaba la sanidad pública o se recortaba en educación. Hay que tener talento para hacer esas fechorías y decir lo contrario. Luego están los sindicalistas Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo, esa pareja tan mona, tan mayores pero tan bien avenidos, pareja que demuestra una vez más que la convivencia sincroniza ritmos, gustos, y prioridades. Monísimos los dos enganchados a sus teléfonos mientras Pedro Sánchez soltaba su discurso de investidura con una convicción que al presidente valenciano Ximo Puig le parecía menos interesante que lo que veía en su móvil. La escena del aburrimiento en el gallinero del Congreso, completa con Amparo Rubiales recostada mientras se mira la mano, y García Page dormitando, puede resumir estos últimos días de trasiego político. Ya lo dijo Shakespeare, mucho ruido y pocas nueces. Viendo las sesiones de investidura me preguntaba si los diputados creían estar ante el jurado de Got talent. Gritos, chulerías, desplantes, sorderas, autismo, egos inflamados, gallos de corral, colegas. Al jurado casero de este Got talent político se le ha quedado cara de Jorgeja viendo a las chicas “XL de la oda al michelín” mientras da su veredicto. Venga, troncos, nos vemos en las urnas.

La guinda
Qué pesadilla
Es una plaga. ¿Creíamos que los programas caza talentos habían tocado fondo? Ni lo sueñe. Esto sigue. Ahora es Antena 3 la que anuncia nuevo peñazo. La cosa va de buscar al mejor bailarín, y por eso se llama Top Dance. ¿Tiene jurado? Eso ni se duda. Mónica Cruz, Rafael Amargo y David Bustamante. Ah, los danzantes mostrarán su vida en la academia donde reciben clases. Sólo de contarlo me aburre. Qué pesadilla.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Maldeojos. Flipo



Flipo
(Artículo publicado el sábado, 19 de diciembre, en diarios de EPI PRESS)

      El martes que viene termina la primera temporada de Mar de plástico, que ven cerca de cuatro millones de espectadores en Antena 3, otra de sus grandes ficciones. Se sabe que esa noche se resolverá el gran misterio que ha sido el motor de la trama. ¿Quién mató a Ainhoa, la hija que tuvo el terrateniente Juan Rueda –el acertado Pedro Casablanc, por encima de la media de los actores de la serie- con la alcaldesa de Campoamargo? Menos mal, porque el guión empezaba a dar vueltas, a estirarse como un chicle gastado. Desde el principio, la relación entre los personajes de Rodolfo Sancho –sargento de la guardia civil- y Belén López –ingeniera agrícola- ha sido un parche, y en los últimos capítulos empezaba a hacer aguas, pero de aluvión. Lo del rollo de Afganistán con el marido de la ingeniera liado con los talibanes puede dar mucho juego, pero hay que enderezar la cosa.

     Como saben quienes siguen la serie, entre los actores también están Luis Fernández, guardia civil raso, y Jesús Castro, el de ojos verdes, morros saliditos, y enamorado de Fara, inmigrante negra. A los dos, el día que Atresmedia presentaba su nuevo canal, Atreseries, les hacían una entrevista. Dicen “yo flipé” cuando les preguntaron qué sintieron al saber quién fue el asesino de Ainhoa. ¿Y qué te ha emocionado del rodaje?, preguntan al actor de “El niño”, al morritos. El calor, dice –¿cómorr?-, y trabajar con gente que es la hostia. ¿Qué pensáis de las críticas? Siempre va a haber críticas, dice Fernández moviendo el cuerpo y casi poniendo los dedos así, como los raperos. Si es para hacer daño, dice Jesús, me la suda, pero mucho, ¿eh? Aunque se la sude al chaval, sus actuaciones no difieren mucho de las contestaciones del macarra que llevan dentro.


Es lo más. Este gesto, esa mirada, esos ojos mirando como enfadados, y ese morrito apretado es la expresión comodín del niño. Sirve para un roto y un descosido. A lo largo de los capítulos se ha ido colocando en el lugar que le corresponde. Tiene mucho que aprender Jesús Castro, que dice que las críticas no constructivas -entiéndase las malas- se la sudan. Hijo, debes de tener los huevos y el pito encharcados.

viernes, 16 de octubre de 2015

Maldeojos. Y ahora, matices



Y ahora, matices
(Artículo publicado el sábado, 10 de octubre, en periódicos de EPI PRESS)

      El día del estreno hablé maravillas de Mar de plástico, la serie de los martes en Antena 3 con éxito asentado. No retiro ninguna. La fotografía, la ambientación influenciada por La isla mínima –nada que objetar, es uno de los atributos del arte, el de influir, y más que demérito es un detalle a destacar-, el guión, el brillante montaje, las actuaciones de algunos actores, de todo eso apenas hay nada que matizar. Pero en esta producción cabe el matiz, como en el resto. El alcalde de El Ejido, el pueblo almeriense conocido por sus mares de plástico bajo el que se crían las hortalizas, Francisco Góngora, del PP, vio la serie con otros ojos, y así lo ha dejado claro, “nula calidad, mala fe, sensacionalismo, la serie no es mala, es peor”. Dice que demuestra un profundo desconocimiento de la zona, de Almería. Lo dice porque la serie abre heridas por la convivencia entre “ellos” y “nosotros”. La inmigración es otro personaje en Mar de plástico, y ese asunto quema.

      Todavía es pronto para ver por dónde va de verdad la historia del crimen de la hija de la alcaldesa. Es un guión escrito de forma que se puede alargar como una comida de amigotes o cortar como una cena entre cuñados. Ya saben, depende de las audiencias. Otro matiz llega de la mano de algunos actores. Los reúno bajo la ineptitud contrastada de Jesús Castro, el de ojos verdes y mirada que trasmina. Punto. Tiene esa guapura del chico de barrio un poco macarra, pero su libro de gestos es más limitado que el de Jean-Claude Van Damme, “¿mesentiende?”. Por lo demás, ni un paso atrás. Ficción potente con resultados de premio. 

Ahí está, miradita. Pero abre la boca y la caga el chaval. Por ahora no da más de sí.