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miércoles, 5 de febrero de 2020

Maldeojos. Porque lo manda el guión


Porque lo manda el guión
(Artículo publicado el domingo, 2 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Que levante la mano quien recuerde una sola vez, una, en la que Álex González – el de Un paso adelante, Los Serrano, Motivos personales, o El Príncipe- haya salido en una serie sin que a las pocas escenas no se haya descamisado para enseñar lo que hay que enseñar o, mejor, lo que se puede enseñar. Él, a golpe de botón, se quita la camisa y se queda en cueros de mitad para arriba. Es una ley que, sobre todo desde que está en líos con Mediaset, es decir, con Paolo Vasile, se cumple a rajatabla. Ocurría en la aclamada El Príncipe, donde era el poli Javier Morey. Y ocurre ahora en Vivir sin permiso, que estrenó hace unas semanas su segunda temporada en Telecinco. Tengo entendido que la producción de El Príncipe echó a andar cuando el propio Vasile, revisando los guiones, apuntó, es decir, obligó a meter carnaza en las escenas, y hacerlo cada diez o quince minutos, pero así, con el reló en la mano, viniera o no a cuento, que nunca venía, pero a quién le importa si como recompensa la pantalla se llenaba con el torso del actor, con su barriguita de mármol, con su cinturilla esculpida. Que llegaba a casa, zas, camisa fuera. Que se acostaba con una chica, zas, planos y planos, mogollón de planos, de sus brazos perlados por el sudor, de sus tetillas, de su ombligo jadeante. De verdad, sin fallo, una cosa matemática. Vean ahora Vivir sin permiso, la serie del capo Nemo, que interpreta, como en El Príncipe, José Coronado. Tampoco falla. Es la ley Vasile. Es la ley de las mamachicho prehistóricas. Sea lo que sea. ¿O es que no recuerdan la imagen de Paula Vázquez presentando Supervivientes con sus biquinis floridos y cascabeleros? Después de ella, todas en biquini, desde Eva González o Lara Álvarez a Raquel Sánchez Silva. Eso sí, el año que, nunca sabré por qué, presentó el programa de los que defecan detrás de los cocoteros Mario Picazo, el tío salió embutido en camisas como de fuerza, y eso que el ex presentador del tiempo en Telecinco, cuando dejó la cadena y se fue a correr mundo con Climas extremos –que estrenó La 2 en 2012 y de vez en cuando vuelve a emitir- se despelotó, pero se despelotó nivel total, tapándose el pajarito con las manos, para ducharse en una cabaña de madera en Oymyakon, el pueblo de Siberia más frío del mundo, se decía en la entrega.

Cristo gay
     No es malo ni bueno ni humillante ni honroso salir en bolas, lo es cuando se hace como cebo, cuando esa carne se enseña como reclamo, pero tampoco hay que ponerse locos ni ponerse tiquismiquis. De un buen jamón disfruta la mayoría. Además, chitón, lo manda el guión, punto pelota. Algo así debieron de pensar mientras trabajaba el equipo de La primera tentación de Cristo, una locura brasileña de Netflix en la que Jesús es homo y después de andar por el desierto y sus privaciones vuelve a casa, donde lo espera María, su madre, José, su padre, y el mismísimo Dios, su verdadero padre, con un maromo, con su novio, una especie de Priscilla, auténtica reina del desierto, aunque sin tanto tacón. El delirio es tan monumental que en una secuencia llevan José, María, y “el tío Vitorio” a Jesús a una habitación “porque tenemos que decirte algo muy importante”, Vale, no soy tu tío Vitorio, soy Dios, le suelta Dios a Jesús. Eres un padre ausente, dice rabioso José, que quería decírselo él de forma más suave. No es verdad, soy un padre omnipresente que hasta ve cuándo te la cascas. Ay, por dios, eres muy vulgar, le dice María a Dios, que tiene pinta de estibador con aires de hipster. Las escenas en que el novio de Jesús resulta ser Lucifer con poderes malignos, si eso, véanlas ustedes si quieren. Los actores son Gregorio Duvivier como Jesús, Fabio Porchat como Orlando, o Lucifer, el novio,  Antonio Tabet, como Dios, y así hasta el director, Rodrigo Van Der Put. Asociaciones cristianas brasileñas, tan sensibles que se han vuelto locas poniendo denuncias por hacer bromitas con la fe ajena, deberían de haber corrido a las asociaciones de cine, a las academias y por ahí para denunciar la estupidez de la sátira religiosa, un ejercicio de fin curso de niños bien de colegio de pago. Lo mandará el guión, pero La primera tentación de Cristo no es siquiera una afrenta religiosa, es una gilipollez gamberra. 

Pin anti Segura
     Una que no necesita guionistas porque su cerebro es su propio guión es Mariló Montero, que ahora ha puesto su quiosco en Canal Sur, y lo ha hecho con sus cinco punto ces, es decir, con 5.C El debate, así de lío mental lleva la señora. ¿Y qué narices, cáspita, coño, pimiento, qué quiere decir eso de las cinco ces? Ay, ignorante audiencia andaluza. Sólo una cabeza como la de esta eminente pensadora es capaz de caer en esas cosas. Ahí va. En apenas cinco conceptos resume la navarrica lo que ha de ser una buena tertulia, lo que ha de ser el periodismo de calidad –por cierto, hablando de periodismo de calidad y tal y tal, ¿sabe alguien si su ex maromo Carlos Herrera se ha marchado ya a Somalia tras pedir asilo como prometió si llegaban al Gobierno PSOE y Unidas Podemos?-. A las cinco ces, que me pierdo. La praxis periodística ha de regirse por conocer, corregir, contar, comprender y contrastar. Las cinco ces. Emocionante. Seguro que lo hace bien, pero no me tienta. Se llama prejuicios. Mis guionistas me colocan el pin Mariló y yo, como un corderillo, no la veo, aunque se me cuela en un vídeo de su paso por Todo es mentira donde monta la olla frente a Risto Mejide, que le afea que criticara que Pablo Iglesias, su obsesión, y Alberto Garzón, llevaran un pin antifascista el día que tomaron posesión como miembros del Gobierno. ¿No está bien que sean antifascistas?, preguntó Risto. Al día siguiente, parte del equipo apareció con su pin antifascista. Y una última cosita a los/las guionistas de los Premios Forqué. Sus colegas obligan a Álex González a enseñar carne, vale. ¿Era necesario contar para la gala con el maleducado y sin gracia Santiago Segura? Como Mariló, sólo tiene que enseñar su cerebro. Y sin guionistas. Servidor, ante ellos, siguiendo con la moda del pin que censura y veta, siempre lo lleva.

La chispa
Daniel Grao
No acabó de quitarse el polvo de los desiertos de Promesas de arena cuando ya vemos a Daniel Grao metido y apaleado en una cárcel de Colombia tratando de dar con el cabrón que secuestró a su hija en una playa de Valencia hace 10 años en Perdida, que emite los martes Antena 3. Es una creación de Natxo López, y sí, resulta una serie entretenida, con buen ritmo, bien ambientada, y aunque es un tema trillado, se ve con gusto. 

lunes, 8 de octubre de 2018

Maldeojos. El gran Coronado


El gran Coronado
(Artículo publicado el sábado, 29 de setiembre, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Una serie avalada por cierta expectativa se instaló en Telecinco la noche del lunes, sin duda a codazos contra Gran Hermano, que todo lo copa, lo inocula, lo contamina. Hablo de Vivir sin permiso, la única ficción, descontando el jolgorio macarra, ordinario y gamberro de La que se avecina, con que cuenta esta cadena estercolero. Me pongo a verla sin prejuicios, o con la mosca dominada detrás de la oreja, a ver qué pasa. Y pasa que veo a José Coronado como Nemo Bandeira – ex narco, sesentón, con Alzheimer a las puertas, y gallego aunque con un español de Valladolid que te trepa, nada que ver con los gallegos gallegos de Fariña, bendita ficción que emitió Antena 3 para gloria de la ficción española- y Álex González como el ambicioso hijo adoptado del capo. O sea, veo a los colegas de El príncipe, que también emitió la de Vasile, que dejó su sello en una y en otra a pesar de que el creador de ambas es Aitor Gabilondo.

     Es una serie para Telecinco, es decir, nada de aventuras narrativas, nada de vanguardia estética, nada de atrevimientos de guión. Vivir sin permiso se puede ver, pero en ella todo es previsible. La serie tiene un poco de todo lo visto, un producto sin sorpresa que casi seguro le va a funcionar bien a la empresa. Suspense, saga familiar con hijos ajenos al negocio, y un ahijado halcón que babea y rabia pensando que se va a quedar fuera del enorme pastel empresarial erigido por Nemo años antes al amparo de la droga. En el primer capítulo Álex González no se quitó la camisa para enseñar jamón, pero sí hubo escena relamida de sexo, una imposición del capo Paolo, seguro. En cada capítulo la veremos, también seguro. Por cierto, José Coronado, una vez más, está enorme.


martes, 26 de abril de 2016

Maldeojos. El Príncipe



El Príncipe
(Artículo publicado el sábado, 23 de abril, en diarios de EPI PRESS)

      Final apoteósico. Si se descuidan los creadores, César Benítez y Aitor Gabilondo, caen hasta ellos de un disparo mal salido de los muchos que escuchamos en el último capítulo de El Príncipe, que vieron la noche del miércoles más de 5 millones, un dato apabullante. De la escabechina destaca la muerte de Fran, inspector de policía al que da vida José Coronado, Khaled, el terrorista que pasaba por empresario, interpretado por Stany Coppet, y Fátima, Hiba Abouk, esposa de Khaled pero enamorada del inspector Morey, Álex González. Han sido, si no cuento mal, 31 capítulos, la misma cantidad de veces que el protagonista, Álex González, se ha quitado la camisa y ha enseñado lomo. Hasta en el último, agonizando Fátima en la playa, y tal como se dijo en el primero, en el Príncipe todo acaba en agua salada, en lágrimas o en el fondo del mar.

     Fue un capítulo intenso que la cadena supo coronar con esas entregas que ahora se han puesto de moda. Abrir boca con cebos sobre el capítulo a emitir, y cerrar la noche con el “cómo se hizo el capítulo”. Siempre me ha gustado esa parte de la ficción. Cuando me la he bebido quiero ver el otro lado de la magia. Es cuando hablan los actores sobre su trabajo, sobre las condiciones climáticas, cuando los decoradores nos muestran la pared de cartón y vemos en primer plano el lío de cámaras, monitores, maquilladores, sastres, iluminadores y los cromas con los que nos engañan convirtiendo la nada en un asombro. Con estos epílogos –Dentro de El Príncipe- disfruto como un niño. Vi fascinado cómo se hicieron las escenas de la playa, con la cámara acuática, con el croma simulando estar en el mar de Ceuta, y con el dron sobrevolando el drama de los amantes. Apoteósico.


lunes, 14 de marzo de 2016

Maldeojos. Tienes talento, colega




Tienes talento, colega
 (Artículo publicado el domingo, 6 de marzo, en diarios de EPI PRESS)


      Volvió El príncipe a Telecinco. No defraudó. La serie la ven cuatro millones como el que canta una nana. Es su última temporada, y la cosa está en ver si Khaled Ashour, el personaje del actor francés Stany Coopet, será cazado como terrorista. Y en ver si al fin los personajes de Hiba Abouk y Álex González foguean los pinchazos del amor como está mandado, no como adolescentes que se pellizcan o retozan a quemarropa, por si los pillan. Hasta ahora, en cada capítulo, los guionistas han encontrado una razón de risa para justificar que Álex González se quite la camisa y enseñe sus tetas, tan marcadas y gordas como las de un muñeco inflable. Sin embargo, Álex, además de tetas, posee otro talento. No es el que más destaca como actor, pero tampoco está a la cola. ¿Quién es el que tiene el incuestionable talento de ser el peor de la clase, el número uno por la cola? Si usted ve la serie convendrá conmigo que ni esos extras a los que hacen pasar una y otra vez como habitantes del barrio ceutí de el Príncipe son tan malos como el colega Jesús Castro, tío, qué horror, eres tan actor como Rita Barberá senadora o fiscal del Estado el fiscal Horrach, un gatito de terciopelo preguntando a Iñaki Urdangarín, el talentoso duque empalmado. Pues tú, Jesús, igual, tronco, qué malo eres, tío. La otra noche, viéndote en uno de los planos que eligió el director de ti, casi me atraganto, dios. ¿Conoces ese anuncio para Fiat de Ben Stiller que pone caritas, y mira a cámara una y otra vez con el morro apretado? Pues igual, colega, pero todo el rato. Cámara y acción, gritará el director, y tú, hala, morro apretado y mirada torva, la única que tienes. Una foto tuya en vez de tú sería un acierto, incluso se tomaría como algo humorístico. He llegado a la conclusión de que te llaman porque los directores saben que por muy malo que sea el elenco que te rodea siempre será mejor que tú. Te pones tan intenso, nene, como Gloria Serra narrando el guión de Equipo de investigación –5 años en antena, 200 programas en La Sexta, los viernes-.

El tío de la cabra
El jurado de Got talent es otro que se pone intenso, cardíaco, afrodisíaco, dionisíaco, juncal, pinturero, tontorrón, malote, pedorro, cursi, falso, compasivo, vamos, que hace lo que tenga que hacer un jurado que está ahí para lo que está, para hacer el paripé y elegir al tío de la cabra. Supongo que ese ritual, esa liturgia de la elección va en el guión, viene de fábrica. Como hemos visto en mil zapping conocemos la cara lela, la cara de asombro, los ojos abiertos o muy abiertos y brillantes, de los miembros del jurado del programa británico, los gestos de Simón Cowell, Amanda Holden, Alesha Dixón, y David Walliams, esas caras cuando encuentran diamantes en piedras brutas de apariencia ruda y desgarbada como Susan Boyle cantando hasta la lágrima “I drimed a dream” o a Paul Pott, el mofletudo, obeso, con pinta de camarero de chiringuito de playa, cantando como un ángel bajado de los cielos “Nessun Dorma”. Todo eso ya lo hemos visto. Por eso, ahora, cuando veo a Jorge Javier Vázquez con los ojos abiertos no puedo dejar de ver al Jorge Javier Vázquez que parodia con soberbio magisterio José Mota. No me lo creo. La verdad es que no me creo a ninguno de los miembros del jurado. Veo en Eva Hache, en Edurne y en Jesús Vázquez un jurado de pega, como si cada uno de ellos estuviera más pendiente de poner caritas para su cámara por si los pincha el realizador que de seguir a la mujer barbuda del escenario. Porque esa es otra característica del Got Talent español. ¿Tienen que ser los concursantes tan llamativos? ¿Por qué sacan a tanta chica rebozada en chicharrones, a niños en sillas de ruedas que hacen piruetas de ballet clásico, a tullidos simpáticos, a la tía que mueve las tetas como si tuvieran vida propia, ahora la izquierda, luego la derecha, ahora las dos, arriba, abajo, y vuelta a empezar? Y otra cosita. ¿Qué pinta ahí entre bambalinas Santi Millán? Ah, vale, nada, pero también pone caras raras y abre mucho los ojos mirando a cámara cuando huele el talento a distancia. Es un sabueso del talento.

A las urnas
Pero para talento natural, y sin pasar por Got talent ni puñetas, el de Nacho Villa. No es el tío de la picha con cabeza de serpiente ni canta por Antonio Molina como si fuera un eunuco. Es el ex director de la tele manchega, esa en la que Mariloli Cospedal vio la luz hecha carne y símbolo de la tele pública independiente. El amigo Nacho se fundió tirando de tarjeta unos 155.000 euros, según una auditoría , que dice que el menda se tiró a los puros caros, a la langosta, y al buen vino, como un pobre al comedor social. Para manipular hay que tener la barriga llena. Mientras esta gente se metía entre pecho y espalda un cochinillo, saboreaba las delicias de la langosta fresca, y bebía caldos de varios ceros, se esquilmaba la sanidad pública o se recortaba en educación. Hay que tener talento para hacer esas fechorías y decir lo contrario. Luego están los sindicalistas Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo, esa pareja tan mona, tan mayores pero tan bien avenidos, pareja que demuestra una vez más que la convivencia sincroniza ritmos, gustos, y prioridades. Monísimos los dos enganchados a sus teléfonos mientras Pedro Sánchez soltaba su discurso de investidura con una convicción que al presidente valenciano Ximo Puig le parecía menos interesante que lo que veía en su móvil. La escena del aburrimiento en el gallinero del Congreso, completa con Amparo Rubiales recostada mientras se mira la mano, y García Page dormitando, puede resumir estos últimos días de trasiego político. Ya lo dijo Shakespeare, mucho ruido y pocas nueces. Viendo las sesiones de investidura me preguntaba si los diputados creían estar ante el jurado de Got talent. Gritos, chulerías, desplantes, sorderas, autismo, egos inflamados, gallos de corral, colegas. Al jurado casero de este Got talent político se le ha quedado cara de Jorgeja viendo a las chicas “XL de la oda al michelín” mientras da su veredicto. Venga, troncos, nos vemos en las urnas.

La guinda
Qué pesadilla
Es una plaga. ¿Creíamos que los programas caza talentos habían tocado fondo? Ni lo sueñe. Esto sigue. Ahora es Antena 3 la que anuncia nuevo peñazo. La cosa va de buscar al mejor bailarín, y por eso se llama Top Dance. ¿Tiene jurado? Eso ni se duda. Mónica Cruz, Rafael Amargo y David Bustamante. Ah, los danzantes mostrarán su vida en la academia donde reciben clases. Sólo de contarlo me aburre. Qué pesadilla.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Maldeojos. Páquete básico



Paquete básico
(Artículo publicado el jueves, 3 de setiembre, en periódicos de EPI PRESS)

      Buenas tardes, ¿es el titular de la línea? A partir de ahí, después de apretar los dientes para respirar profundo y que el fuego de tu estómago no salga por la boca porque te han destrozado la siesta, te llueve una perorata con lo nunca visto. Internet y llamadas gratis, y series y fútbol, y películas clásicas y de estreno, y otra línea por si quieres añadir un nuevo terminal móvil, y todo por… Tú ya has colgado, pero la cantinela puede seguir hasta el día siguiente. Si no respondes también estás perdido. Van a por ti. Volverán a llamar a horas que ni imaginas. No tienes escapatoria. Y se adaptan a todo, y a todos, incluso a no querer nada. Para los que no queremos nada tienen el paquete básico. Ole. Lo del paquete básico da mucho juego. Verán. ¿Sabía usted que hay un mercado muy pujante en los polígonos discotequeros que trafica con la fauna televisiva?

      La carne más preciada es la de actores como Rubén Cortada, Jesús Castro o el príncipe Álex González, cuya tajada puede salirle al dueño del local por 15.000 euros para que el chico llegue al garito, firme autógrafos, y se haga fotos con la peña. Esos reclamos le reportan al negocio buenas ganancias. Los actores de series en emisión son los más deseados, los más prestigiosos y selectos. Pero la casquería también tiene su público. Y se paga por ella. El mundo choni, hormonado, y el reino de la silicona y el bisturí tiene sus estrellas surgidas de programas basura cuyas tarifas van de los 200 a los 1.800 euros. La competición entre estos cascajos sociales es feroz. Por eso Yola Berrocal, un tal Madrazo, y otro menda se han asociado y se ofrecen a los concejales de cultura y al mejor postor por 2.000 euros el lote. Es el paquete básico de detritos. 

No tengo ni idea si son los que son. Yo he puesto al Google Imágenes a funcionar diciéndole "Imágenes de Yola Berrocal y Madrazo" y me ha salido esto. A ella la conozo porque es una clásica de la televisión perruna de hace años. Al menda ese, ni idea. Sé que nació en las cochineras de Telecinco, pero no en cuál de ellas. Ahí están. Ofreciéndose al por mayor. Guano para chonis.



lunes, 1 de junio de 2015

Maldeojos. El pechito



El pechito
(Artículo publicado el jueves, 28 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

      Lo tiene duro. De eso no hay duda. Se ve, se nota, quieren que lo sepamos porque cada semana nos lo enseña. Al principio podía uno imaginar que era necesario para la trama, que ver el pecho sin camiseta de Álex González podría aportar datos imprescindibles a su personaje como agente del CNI, y que los guionistas no le harían descamisarse cada siete días sólo por capricho, para exhibirse, un cebo que se repite pasados unos minutos del comienzo de cada capítulo, hecho que ocurre con matemática puntualidad. Pero no, ya sabemos que cuando Álex González se desabrocha como agente Morey nada tiene que ver con su personaje sino con la estupidez. La otra semana fue de traca. Morey en un coche seguía a los malos, que iban en una furgoneta cargada de explosivos, pero el jefe de los terroristas descubrió el pastel e hizo explotar el vehículo.

      Total, Morey al hospital. Ni un rasguño, oiga, pero lo tumbaron en la cama desnudo de cintura para arriba con sus tetas así, duras, y su costillar así, duro, y sus tabletas así, tan duras que ni parecía enfermo ni ná de ná. El Príncipe es uno de los productos más dignos de Telecinco, una de las series con más tirón de la oferta nacional, una serie que acaba esta segunda temporada, es decir, que no han alargado porque sí, por el éxito, la historia de amor, tráfico de drogas, y terrorismo islamista que sucede en ese barrio ceutí, lo cual se agradece. Pero frente a esta seriedad, frente a actuaciones en general aceptables, uno se descubre siendo tratado como un gilipollas cuando ve, otra vez, sin venir a cuento, que Morey se queda en cueros para enseñar el lomo. Y, claro, detrás sólo puede estar el jefe supremo. O hay carnaza o no hay serie, diría Paolo Vasile. ¿Quién si no? 

¿Véis? Así, con las tetillas al aire, entendemos mejor el personaje de Álex González. ¿Qué agente del CNI no se quita la camiseta y enseña el pechito?