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domingo, 13 de marzo de 2016

Maldeojos. El delantal



El delantal
(Artículo publicado el sábado, 5 de marzo, en diarios de EPI PRESS)

     Tal vez lo vieron, y tal vez ni se dieron cuenta. O tal vez lo vieron, y al darse cuenta dieron un respingo de asco, como el que sabe que por aquí hemos pasado ya, y vuelta a empezar. ¿Y esto para qué sirve?, se preguntaba un lacio Íker Casillas cogiendo con temor el delantal que le daba Bertín Osborne en su entrega de En la tuya o en la mía. Los chicarrones venían de la escena del sofá, pero esa escena apenas tiene gracia, y eso que el cantante melódico se parte el culo por cualquier chuminada, que con sus risotadas eleva a cosa insuperable, a anécdota tronchante, vamos, a descojone. Del sofá partieron bromeando a la cocina, adelantándose a la mundial que “vamos a organizar, porque tú de cocina, ¿qué tal?, preguntaba el señorito al portero adivinando lo que le diría, que nada, que ni idea, que la cocina es un reino lejano, ignoto, de otros.

     Mejor, de otras. ¿Y esto para qué sirve?, respondió el señor futbolista sabiendo que era un chiste, una broma. ¿Y esto para qué sirve?, dijo Íker. Vamos, no me jodas, creo que le respondió el campechano más campechano de los campechanos. En ese no me jodas, Norberto Juan Ortiz Osborne dejaba claro que eso era demasiado, que se puede ser un poquito machista, pero lelo y machista es como insoportable. Rieron la gracia y pasaron a otra cosa. ¿A otra cosa? Tú que eres la que sabe, ¿cómo ves esas patatas?, preguntó Norberto a la esposa del portero, Sara Carbonero, que entró a escena por no hacer el feo, sobrepasada por el hedor a macho. Sólo el que piensa que la mujer es “la que sabe de patatas” es capaz de preguntarlo. Tanto machismo en la tele pública da un asco inabarcable. Pero Bertín nos llamó hace unas horas gilipollas a quienes lo creemos así.

jueves, 28 de enero de 2016

Maldeojos. KO



KO
(Artículo publicado el sábado, 23 de enero, en diarios de EPI PRESS)

      No sé si vieron la última entrega de En la tuya o en la mía, donde Bertín Osborne hace de anfitrión recibiendo a sus amigos, y no tanto. El último, Paco León, es del apartado de no tanto. La entrega siguió el esquema conocido, pero… Llega el invitado, toca a la puerta, se le ve que trae bolsas, quizá con regalos, es recibido por el dueño de la casa, se saludan con exagerada efusión, y pasan al salón grande, a la clásica escena del sofá. Ahí es donde se charla sobre esto y lo otro, sobre la vida del invitado trufada con pequeñas confesiones del anfitrión, que suelen ser de contenido donjuanesco con las conquistas del gran macho. No vi el programa entero, porque me sobrepasa. Pero acerté a pillar uno de los momentos que definen no tanto al invitado como al anfitrión. Es la primera vez que el invitado se traga vivo, se come por las patas con patatas a Bertín, que enmudeció.

     Verás, decía Paco, cuando conocí a Ana, su actual pareja, con la que tiene a Manuela, su hija de cinco años, yo tenía novio, pero no Ana, el novio era mío. Es que yo tenía novias y novios, que alternaba, contaba con naturalidad el actor sevillano. El otro, sentado en el sofá, se quedó paralizado, sin reacción, no sé si pensando que tenía que levantarse de allí por si se le pegaba algo malo, como el que no sabe si salir corriendo o seguir como si tal cosa. Siguió como si tal cosa. Gran error. Dejó claro que eso de tener novios y novias lo dejó loco. ¿Bisexual, o sea, Paco León es maricón?, parecían decir sus ojos, se leía en su silencio de tarugo. Que alguien hable de “estos temas” sin hacer chistes, sin que su “hermano gemelo” Arévalo hable de mariquitas sobrepasa al señor Osborne. Paco León, con fresca naturalidad, dejó KO al dicharachero cantante de rancheras.
Un momento del encuentro. El agusanado anfitrión no está acostumbrado a que se hable de "estos temas" con naturalidad. Él los trata como hay que tratarlos, con el gracejo de Arévalo, que hace chistes de mariquitas como dios manda, coño, que estamos en Esss-paña.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Maldeojos. El ojo



El ojo
(Artículo publicado el sábado, 26 de diciembre, en periódicos de EPI PRESS)

     Sólo me faltó, con el morro apretado y la cabeza tiesa, persignarme como hace Isabel Pantoja ante sus fieles cada vez que sale de prisión. Cuando Pepe Gutiérrez, el tragón de MasterChef Junior, se zampó el ojo de besugo casi me salió la beata que llevo dentro. El besugo, el ojo, Pepe, MasterChef, y la persignación automática nada tienen que ver, del mismo modo que la salida de prisión de la delincuente primaria y sus supercherías nada tienen que ver con nada, ni siquiera con la religión. Pero estuve a punto de dibujar una cruz en el aire cuando la cocinera Carme Ruscadella arrancó del besugo uno de sus ojos, lió con primor los hilillos de gelatina que salían de las cuencas en una cuchara, y acercándosela a la boca del voraz jurado, Pepe abrió sus fauces y devoró el ojo del pez como un manjar exquisito. La presentadora, Eva González, dio una arcada.

     Los niños pusieron caras de asco y apartaron la vista de la mesa donde sucedió todo. Es cosa de costumbres gastronómicas, dijo Ruscadella. Para suavizar el impacto Pepe hizo un chiste diciendo que desde ese momento veía mejor. Los concursantes se echaron a reír, y el programa siguió. En la última entrega de En la tuya o en la mía ni Bertín se comió un ojo ni Fabiola, su delicada esposita que hacía de entrevistadora, se metió nada en la boca que pudiera repugnar. Pero mis ojos, y mis oídos, y mi sentido de la dignidad y el pudor me apartaron de la pantalla como si Pepe Gutiérrez se hubiera tragado una cagarruta calentita. ¿Pero esto qué es? La escena de la pareja junto a la chimenea, con el arbolito y el espumillón, es de lo más rancio que hayamos visto. Prefiero al salvaje Pepe tragándose el ojo del besugo que a dos besugos tratando de armar un diálogo de interés.
Pepe Roríguez en uno de sus gestos más conocidos, tragándose algo con esa forma suya de comer que parece que no comió en su vida.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Maldeojos. Macho, joder, coño



Macho, joder, coño
(Artículo publicado el sábado, 5 de diciembre, en periódicos de EPI PRESS)

      Había que dramatizar, enfatizar, exagerar, aprovechar los hilillos de chispeante sosería de Mariano Rajoy para dar la sensación de que es un tío la mar de chistoso y la mar de divertido, coño, macho, no me digas, jajajajaj. Pero nada. Bertín Osborne, ni puesto hasta el culo de albariño, le sacaba punta al presi, como acabó diciéndole en un alarde de insípida camaradería. El encuentro en la casa de Bertín, en el mismo sofá en el que habló con Pedro Sánchez –me sorprendió más Pedro, porque no me lo esperaba así, dijo el anfitrión cuando el invitado le preguntó que quién le caía mejor- fue tedioso, machista, antiguo, a la altura del presi. Bertín tenía que fingir que lo que decía el invitado le hacía una gracia descomunal hasta retorcerse de la risa. Literal.

      Como cuando un Mariano en campaña contaba que había recorrido España entera y daba cuenta de los nombres de los lugares visitados, desde Olula del Río a Motril, desde Huércal a Lucena, joder, joder, joder, como yo, se descoyuntaba el cantante melódico, abriendo la boca y moviendo la cabeza mientras se carcajeaba a lo loco. ¿En serio eso es chistoso? Más. El gallego cuenta que estudió en León, y que uno de sus hermanos llegó a estudiar en el mismo colegio que Zapatero, “y con muy buenas notas, que lo he visto yo, nadie me lo ha contado”. Joder, joder, joder. Bertín tirado por el sofá. De la risa. Y aún no había tenido lugar la delirante escena de la cocina ni habían probado el albariño. Los carcamales echaron su ratito. El deseo de Rajoy esperando que lo conociéramos mejor se cumplió. Joder, joder, joder, es peor de lo imaginado. 

Escena de la cocina. Interior. Noche. Dos amigotes en apuros. Ay, canalla, qué atrevido. ¿Pero esto qué es? A ver si explota, cari, y nos lleva por delante. Mira que tener que poner nosotros los mejillones a cocer habiendo mujeres por ahí que seguro se están tocando la flor.