viernes, 21 de febrero de 2020

Maldeojos. Luis Zahera


Luis Zahera
(Artículo publicado el jueves, 20 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Venga, es feo de cojones, aunque tiene su aquel. Su aquel es el de un tipo duro, de cara labrada por corrientes de agua arenosa, cauce de ríos profundos. Luis Zahera tiene un rostro que acojona y una voz como de navajas en guerra. Pero sobre toda esta mierda de palabras, Luis Zahera es un actor que te golpea el corazón si le da la real gana. Lo hemos visto en algunas historias, casi siempre de segundo, pero en cuanto aparece se come lo que pilla por delante. Y sin mover un músculo, o moviéndolos todos, porque esa es otra, este tío no parece que esté actuando, se hace con su personaje y te deja loco. Luis Zahera es Ferro en la serie que ideara Manuel Rivas, creara Aitor Gabilondo, protagoniza José Coronado, emite Telecinco –en Netflix se ve de un tirón- y se llama, con el narcotráfico gallego como motor, Vivir sin permiso.

     Lo de Luis Zahera, que es lo que me interesa en esta pieza, es milagroso. Vaya pájaro. Se come la pantalla. Es un grande. Le dieron el Goya como mejor actor de reparto el año pasado por El reino, de Rodrigo Sorogoyen. Lógico, justo. Como Ferro en Vivir sin permiso habría que ponerle un altar. Hasta el final, hasta el último plano, una de las escenas más desgarradoras de la trama y que por supuesto no desvelaré, el actor borda con la credibilidad que sólo tienen algunos creadores, un personaje al que vemos sufrir, emocionarse, caer, levantarse, siempre, siempre entregado a su “capitán”, el turbio y bien construido Nemo Bandeira, jefe gallego de los negocios más nauseabundos. Lloré viéndolo llorar y entendí sus gritos, su desconsuelo, su terrible fidelidad, leal hasta el último aliento. Grande Luis Zahera entre los grandes.

jueves, 20 de febrero de 2020

Maldeojos. Zaplana resucitó


Zaplana resucitó
(Artículo publicado el martes, 18 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Ha vuelto, ha vuelto a la vida el caballero de la mirada bovina, ha vuelto a su salsa don Eduardo Zaplana, ese hombre crecido hasta lo grotesco a la sombra del PP, la teta de la gran madre, la puta mansa que todo lo sabe esconder bajo sus ubres podridas. Era muy conmovedor escuchar a Teo García Egea, alias el Aceituno, don Teodoro para el vicepresidente Pablo Iglesias –filo etarra, separatista, comunista de los más malos, alto dirigente venezolano-, pedir la puesta en libertad de Zaplana cuando el caballero estaba en la cárcel por el caso Erial –malversación, blanqueo, soborno, tráfico de influencias, naderías tan caras al PP-. Lastimita de hombre. Era cuando se decía que Zaplana, con leucemia, era un cadáver andante que estaba en las últimas boqueadas y que “por humanidad” la justicia debería de ponerlo en la calle.

     Recuerdo que ante las cámaras agachaba la cabeza, miraba como mira el cordero antes del sacrificio, y hacía su papel. Hasta que salió del trullo. Las paellas, el mar, el buen marisco –que no falte la langosta ni la cerveza Cruzcampo en su dieta- obran milagros. Y ahí está nuevo, resucitado. Pero resucitado como esta gente sabe hacerlo. Ha sido una vuelta a la vida de la mano de la corrupción. Se ha levantado el secreto del sumario del citado caso y hemos sabido que “Mr. Eduardo”, en comandita con otro español y muy español como el santurrón Juan Cotino –director de la Guardia Civil con Aznar y alto cargo con Zaplana- pasearon por medio mundo 19 millones tratando de dejarlos limpios y santificados. Ahora, obrado el milagro, Mr. Eduardo volvió de nuevo a la vida de los telediarios, magacines y tertulias como lo hace el canalla y el delincuente. Larga vida.



Maldeojos. Maestros de la impostura


Maestros de la impostura
(Artículo publicado el domingo, 16 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     No aspiro a tanto, pero esta columna, cada cierto tiempo, es decir, cada vez que TVE  abre el taller, aspira a convertirse en el artículo anual contra Maestros de la costura igual que Manuel Vicent escribía su artículo anual contra la feria de toros de Madrid. No tengo el chichi para tanto farolillo, así que no tengo la paciencia y el humor para ver y escuchar las imposturas de los señores costureros, que se ponen divinos con sus redichas reprimendas y sus afectadas poses. No trago a Lorenzo Caprile, el caporal. Y no me creo al otro, al palomo de España, don Alejandro Gómez. Fíjense lo que les digo hablando de este señor. En Maestros de la costura me resulta intragable, pero lo vi desubicado en otro programa que no es el de Raquel Sánchez Silva, monísima, y hasta me moló. Lo vi sentado en el sofá de Sánchez y Carbonell en La 2, lo de Elena Sánchez y Pablo Carbonell la noche de los jueves, y me pareció hasta interesante, sin tanta tontería encima, sin tanta impostura, y así enlazo con el titular. Podrán decirme, y quizá con razón, que la tele tiene mucho de impostura, y sí, llevan razón, pero resulta que a estas alturas de mi vida de espectador estoy hasta un calentón racial y ultra de Cayetana Álvarez de Toledo, la que le dicta al oído de Casado que la verdad viene de la diestra más siniestra, y no aguanto tonterías. Ni pamemas. O mamandurrias, que puso en órbita Esperanza Aguirre, que no se anda con imposturas aunque lo suyo es fingir, hervir, mentir, huir con sus ranas y sus cositas. La tele es impostura o no es. Ahí dentro cada cual interpreta a un personaje, a su personaje. El conflicto llega cuando uno, la persona que se pone a consumir lo que echa la pantalla, se distancia, se desdobla y en vez de tragarse el cuento ve los entresijos, las bambalinas. Es como cuando estás sobre el escenario, eres la gran Lola Herrera, estás metida hasta el corvejón en el personaje de Carmen Sotillo en las Cincos horas con Mario de Delibes y suena en el patio de butacas un puto móvil. Claro que ese brutal y bárbaro sonido te saca del personaje, te lleva de la ficción a la realidad y mandas a tomar por caso al cadáver de tu marido, al teatro, y a la maleducada señora que no apagó el cacharro. Pues con la tele, igual. Creo que lo he dicho aquí alguna vez. Ya no puedo ver como si tal cosa a Antonio García Ferreras porque sólo estoy pendiente de las veces que dice la hora en un minuto. O sea, todo el andamiaje se me viene abajo y sólo veo impostura, tics, afectación.

El niño polla
    ¿Han visto el anuncio de no sé qué marca de telefonía donde se ve a una impostada y excitada Carmen Lomana diciendo no sé qué de gigas y cuotas, diciéndolo como sólo ella, y las que llevan los morros hasta el culo de potingues inyectados como ella, lo dice, es decir, sin que se le entienda una mierda? La momificada celebridad apenas mueve el pico –imposible hacerlo con tal cantidad de fango infiltrado-, pero ahí anda, incluso de opinante en Todo es mentira. Hay presencias que uno, por más que se relaje el esfínter, la sístole y la diástole, el alfa y el omega, la luz del día y la tiniebla de la noche, el coronavirus y el antídoto, por más que, pecador, lo mismo peca el Pablo Casado de la barba que el Pablo Casado rasurado, por más que Ciudadanos, con Inés Arrimadas y su vocecita de niña repelente, y el PP, sumen España, o resten Alemania, hay presencias en la tele que uno no sólo no entiende sino que uno, y trino, trina de coraje y se pregunta por qué, madre mía de mi vida, por qué está ahí, qué me importa y qué me aporta lo que pueda opinar la doña esta. Una sola Lomana es como tres vagones de bovinos, caninos, arácnidos, o como un empacho de Bertines con los huevos fuera recibiendo a destajo a todos los ultras de la derecha patria para zamparse unos torreznos haciendo chistes de mariquitas y de moros y de tías, eso sí, de tías medio nazis en su feminismo radical. Una sola Lomana tendría que nacer mil veces para alcanzar la descacharrante y provocadora naturalidad de Jordi, conocido como “El niño polla”, que se sienta de nuevo en La resistencia de Movistar, en #0, y cuando es preguntado por las veces que tiene sexo al mes responde que 30 o más. Lógico siendo actor porno. También cuenta que en España lo de mantener sexo en la calle no está tan perseguido como en otros países, y que una vez, grabando una peli, llegó un policía y “me pilló con todo dentro” y el hombre me dijo que me fuera un poco más allá y así, en el límite entre Barcelona y Hospitalet, al no ser jurisdicción suya, no tendría que multarme ni hacer nada. Hala, Carmen Lomana, ahora háblale de gigas y de cuotas sin pestañear al Niño polla.

El amiguete
     No sé si he contado alguna vez, tal vez sí, cómo Santiago Segura me resulta falso, un señor que tiene al menos dos caras. Una, cuando está solito, cuando no hay cámaras ni gente que reclame al personaje, y otra cuando está ante el público. Fue en Lorca, en su Primavera de Cine. El tipo venía como invitado, o ayudando como presentador. Da igual. Sentado aparte, con cara de malas pulgas, lo que viene siendo un malafollá en Granada y en el mundo mundial, creó una barrera no digo con los clientes del hotel donde nos alojábamos, que uno podía entender por aquello de no ser un mono de feria –que no era el caso pues la gente fue muy respetuosa-, digo con la organización. Sacó el cuello de jirafa que mira por encima del hombro con exigencias de estrella estúpida, con deseos de preñada fatua, y así hasta el día de “su actuación”. Con cara de acelga detrás de las cortinas, sin empatía, salió al escenario con sus dedos en uve y una sonrisa que ya, y para siempre, vi muerta, impostada, como un simple trabajador de la mentira, así que lo de amiguetes y otros hueros chistecitos, para quien se los crea. Sé de lo que hablo y no, no me lo creo cuando lo veo en El hormiguero haciéndose el graciosillo porque sé que, segundos antes, habrá abrillantado su gesto hosco y mala hostia cuando alguien del programa, por educación, y que no sea Pablo Motos, se haya dirigido a él. Cansinos, nen. 

La chispa
Carlos Areces
Si te pones a ver los miércoles en Telecinco El pueblo –aunque no se lo crean, la cadena a veces emite cosas que no sus porquerías habituales- notarás que no están ante la serie de tu vida, vale, pero tampoco lo pretende. Protagonizada por Carlos Areces, El pueblo, que lleva la firma reconocible de Alberto Caballero –La que se avecina, y por ahí- trata de retratar con humor el choque entre urbanitas y rurales. Se puede ver, o no, y no pasa nada.

Maldeojos. Sexo y clérigos


Sexo y clérigos
(Artículo publicado el sábado, 15 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Conforme avanza el reportaje –Documentos TV, La 2, “Irak, el turbio comercio del sexo”- se te forma una bola en la garganta que sabes que es de asco, impotencia, enorme y monumental perplejidad, una mezcla de todo eso y algo más, es como confirmar lo que en el fondo sabe uno, lo que sabemos de comportamientos nauseabundos de gente que amparada por la pátina de su dios es capaz de hacer con los más indefensos, con los más vulnerables. La reportera Nawalal Maghafi firma el reportaje para la BBC, y ella, con cámara oculta, y a veces ayudada por un colega masculino para poder contactar con los altos clérigos, se fue a Irak para investigar lo conocido como matrimonios de placer, es decir, la tapadera religiosa que legitima la prostitución en aquel país. El negocio es terrible. Y el descenso al infierno de las mujeres víctimas, un viaje sin retorno.

     Las niñas de 12 años son más caras –de 500 a 800 dólares- porque están sin estrenar, dice un clérigo mientras arregla los papeles para que un tipo, el cebo, “se case” con esas criaturas, con viudas de guerra, o con jóvenes divorciadas. Nada, sin problema, señala el hijo de puta, lo ampara el islam, te puedes casar media hora, separarte, y luego casarte con otra por una hora, una semana, un mes, lo que quieras, y al final la abandonas. Eso sí, precisa, con cuidado para que la chica no pierda la virginidad, o sea, no puede haber penetración –así se puede volver a vender para el matrimonio-, salvo que hagáis sexo anal. ¿Y si le hago daño?, inquiere el cebo. Bah, eso es cosa de ti y de ella, si aguanta el dolor no hay problema. Una víctima de este comercio –los clérigos católicos también son expertos en el abuso de niños- lo definió así, “se comen la carne y tiran los huesos”.

viernes, 14 de febrero de 2020

Maldeojos. Eutanasia


Eutanasia
(Artículo publicado el jueves, 13 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Cuando Pedro Almodóvar trató la vuelta a la vida del personaje de Carmen Maura en la bella y conmovedora Volver lo hizo en carne mortal, tan mortal que el personaje de Penélope Cruz, su hija, supo que su madre había resucitado porque al entrar a un cuarto de la casa lo tuvo claro, “aquí huele a pedo, como si acabara mamá de estar peyéndose a culo lleno”. En Corea del Sur, según veo en las noticias de La Sexta, idéntico reportaje en lo de Helena Resano que en lo de Cristina Saavedra, los avances tecnológicos de realidad virtual pretenden lo mismo, pero qué va, lo que consiguen es erizarme el pelo por su cruel zafiedad. Resulta que Nayeon, hija pequeña de Jang Ji-sung murió de una enfermedad rara a los siete años. La mamá accedió a participar en el documental I met you –Te conocí, o algo así-. Lo que no sabía es que le tenían preparada una bomba.

     Con sus gafas de realidad virtual puestas, la madre pudo ver enfrente a su hija, que le hablaba y preguntaba si pensaba en ella, a lo que la madre, descompuesta, en estado de shock, respondía que sí, que todo el tiempo. La niña de mentira era una modelo que reproducía movimientos, gestos y la voz de la original después de trabajar con miles de fotos de Nayeon. La producción del documental preparó la escena del “encuentro” en un bucólico parque, también irreal, y allí “se abrazaron”. Veo el reportaje y me da una pena infinita, me crea una ansiedad tremenda porque pienso en quienes se me han ido y lo último que quisiera es verlos para “abrazarlos” así. En paralelo, en el Congreso de los disputados –discutir con violencia sobre algo- se debate sobre eutanasia. Un tipo del PP y una tipa de COZ excretan disparates. Penélope volvería a decir, “aquí huele a pedo”.

jueves, 13 de febrero de 2020

Maldeojos. Hermanito mayor


Hermanito mayor
(Artículo publicado el martes, 11 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Que lo deja, que abandona, que se desengancha. No hablo del desenganche total con la vida que ha tenido uno de los ex maridos de Belén Esteban, un tal Fran Álvarez, al que se encontraron sin vida en su casa el domingo. Al parecer, según expertos en la vida loca, el pobre señor tenía un enganche mortífero con eso que en programas de temerosa sensibilidad contra las denuncias llaman “sus adicciones”, adicciones que también tuvo la mentada ex cajera de San Blas. Quien lo deja todo, incluso deja a la más grande, a la de ojos cautivadores, a la de risa tan empotrada como cínica, a la que cada vez que habla sube el pan, a Isabel Díaz Ayuso, la presi madrileña, quien lo deja todo, quien deja su dirección general de Juventud en Madrid es el televisivo Pedro García Aguado, otro que de medallista olímpico bajó al infierno de “las adicciones”, subió al cielo de la tele, siguió como un cohete al de la política, y de nuevo ha bajado a ras de tierra como movido por un impulso redentorista y salvador.

     Dimite de la política debido a “la enorme demanda de atención que requieren tantas familias en el país”.  Ha muerto el director general, pero ha revivido el Hermano mayor.  Empresario activo ha hecho de la rehabilitación de jóvenes problemáticos, por esta o mil causas, por el consumo de drogas o por formar parte de familias desestructuradas, su forma de vida, su negocio, dicho así, sin vaselina, sin preservativo, sin filtro. Pudiera ser que, y digo pudiera ser, que ganara más dinero fuera de la política que dentro, porque está feo que si tienes una empresa de rehabilitación, te llegue trabajo por mor de. Ahí lo dejo. Así que don Pedro está de nuevo en el mercado catódico. Para quien lo quiera. 

martes, 11 de febrero de 2020

Mladeojos. Mirad, soy vuestro futuro


Mirad, soy vuestro futuro
(Artículo publicado el domingo, 9 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Hoy están arriba, pero mañana pueden estar abajo, limpiando con sus lágrimas el suelo del olvido, haciendo el doloroso camino del descenso, de las alturas del éxito y del no poder ni salir a la calle porque la gente los agobia con peticiones de autógrafos o fotos, sin importar si es el momento, si la estrella tiene un buen día, a la nada, o sea, a darse cuenta de que no eres nadie, de que nadie se acuerda de ti y casi mendigas un poco del exceso de la antigua atención. De alguna forma, aunque suavizado el mensaje por el tamiz siempre higiénico del humor, la actriz Eva Santolaria resumió en su monólogo en la gala de los Premios Feroz la situación de quienes en su día eran artistas que apenas podían salir de casa a ser arrinconadas porque nadie las llama para seguir trabajando. Se dirigió, sobre todo, al equipo de La casa de papel. Eva participó en Compañeros, serie juvenil que marcó la tele de finales del siglo XX y que emitió Antena 3 hasta 2001. La actriz, en la gala citada, empezó presentándose. Malo. O bueno, siguiendo el espíritu de la columna de hoy. Cualquier cretino de Gran Hermano es más conocido que la actriz, que al dirigirse a los actores y actrices de la serie juvenil de éxito, Élite, que en marzo de este año estrenará su tercera temporada en Netflix, les advirtió con guasa, “antes de iros a otra orgía, escuchadme, soy vuestro futuro, disfrutad del hoy, haced contactos, y preparos para el fracaso”. Demoledor. Pero certero. Eva Santolaria, la real, la actriz que bajó de la montaña del brilli brilli al valle de la oscuridad, con una lucidez desconocida, y echando mano de ese olvido, aprovechando su propia historia, ha vuelto a remontar en Paquita Salas, la historia de Javier Ambrosi y Javier Calvo que también emite Netflix y que, de manera completa Lidia Sanjosé, otra olvidada de libro –A las once en casa, Farmacia de guardia, o la también prehistórica ¡Ala… Dina!- se toma con humor su propio olvido y se deja llevar por la corriente de Paquita Salas, que la ha devuelto a la orilla. Tampoco Belinda Whashington –estrella de la tele, en series y programas que se remontan a la década de finales del XX- escapa a esta ley, y ahí está, jovial y divertida de nuevo en formatos de tirón con audiencias millonarias como Tu cara me suena.

El cura Apeles
     Cada cual, cada espectador puede hacer listado de esas caras que estaban y de repente no están, de actores y actrices, de presentadores que no te dejaban ni un segundo y de golpe, como llevados por un huracán invisible, dejan de entrar a casa. ¿Recuerdan, al menos los más telecinqueros de la clase, el programa que emitía Telecinco tres años después de empezar el siglo XXI para arrancar sus tardes como merece una cadena que siempre apostó por un entretenimiento sin complejos? Era Aquí hay tomate, presentado por Jorge Javier Vázquez y Carmen Alcayde, dos soldados muy guerreros y muy preparados para defender con su vida la televisión basura que abría sus puertas a lo grande. Aquella guerra a corazón abierto contra el buen gusto duró hasta 2008, pero de los guerreros sólo quedó con la cabeza en su sitio Jorjeja, que sigue frente a Sálvame, que ascendió un paso más en la carrera para hacer de la televisión un lugar pringoso, tóxico, vulgar y tonto. La decadencia de Carmen es tan morrocotuda que hoy existe en la televisión madrileña en un programa cuyo nombre rememora al clásico del tomate con este nombre estúpido, Aquí hay madroño. Fin de la cita. Paso página. La otra noche me llevé un chasco de los gordos. Coño, el cura Apeles. Pensé que había muerto, que había reventado, que se lo había llevado el lobo, los papas de Roma, que lo habían quemado en la hoguera, yo qué sé, que había muerto de inanición porque una vez, creo que hace años, lo vi lloriquear en un plató cutre diciendo que apenas tenía dinero para comer –otra folclórica en apuros-. Y me olvidé de él, como España entera, y eso que el menda rigorista y del ala dogmática católica, nos daba las noches en Moros y cristianos, La noria, y formatos de tertulia a estacazos. Vamos, más famoso que Inda y sus trolas, un pringado frente a este curita de piel sonrosada, de aspecto grasiento y cerúleo de labia incendiaria. Creía que su muerte catódica era una realidad, pero hete aquí que ha sido peor verlo en el debate de esa gran perversión llamada La isla de las tentaciones -¿de verdad que a la princesa Leonor le deja la reina Letizia ver esa porquería?-.

Rey del pollo
     Mirando a los actores y actrices de Élite, en los pasados Premios Feroz, decía arriba que Eva Santolaria les pidió que la miraran porque “soy vuestro futuro, disfrutad del hoy y prepararos para el fracaso”. Tal vez, si no están al tanto de las llamadas series juveniles, no conozcan a Omar Ayuso, actor cuyo personaje es un chico homosexual de familia musulmana que ha resultado ser un bombón en la historia de amor que se trae con uno de los compis de Élite –serie creada por Carlos Montero, que también parió otro bombazo juvenil como Física y química-, otro joven cuya posición social, alta, no es la de Omar, baja. El joven actor ha trepado a una fama tan superior que hasta Rosalía, tra tra, ha contado con él para su último vídeo, Juro que. Paréntesis. Veo el vídeo. No lo resisto. La voz en falsete de esta mujer, sus repulsivas uñas, su diente de oro, todo, nada de lo que representa me llega. Sigo viéndola como una  choni de lujo que eleva lo chabacano a categoría estratosférica. Juro que apenas lo intentaré más a ver si. Cierro paréntesis. ¿Qué me dicen de Ramoncín, el Rey del pollo frito? Este menda es otro que ha vivido en carne propia “el futuro” que apuntaba Eva Santolaria. De joven díscolo acabó sentado cuando ya ni cantaba ni piaba en el mismo trono que Apeles, en Moros y cristianos y en Crónicas marcianas. Y en Intereconomía, la de extrema derecha. Ahora, resucitado, se sienta con Cristina Pardo en su programa de La Sexta, eso sí, conserva su pendiente de malote y redicho. Hablar de lo que les espera a concursantes de La voz, OT, Got talent, Masterchef o Maestros de la costura es para echarse a llorar. O a reír.

La chispa
Kirk Douglas
El listado de películas de Kirk Douglas, en una vida que ha durado 103 años y que se fue el jueves, es enorme. Entre ellas está Senderos de gloria, que Stanley Kubrick firmó en 1957. En ella se dice, “el patriotismo es el último refugio de los canallas”. Por cierto, esta semana, abucheado, el vaquero Santiago Abascal salió por patas cuando pretendió camelarse a los agricultores en su lucha apelando a baratos patrioterismos. Ya si eso…

Maldeojos. Aplausos


Aplausos
(Artículo publicado el sábado, 8 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Si la política lleva tiempo con el pescuezo salido, tratando de asomarse como sea por el balcón, tratando de llamar la atención con pirotecnias verbales, plantes de folclórica, con acciones que tienen más que ver con las performances teatrales que con la serenidad esperada, que tienen más de foto de consumo momentáneo cuyo brillo dura lo que dura un titular en el periódico o, peor, en un informativo, una especie de clínex que mientras se arruga ya empieza a destruirse en el olvido, si la política de nuestros partidos va por ahí dando codazos, pensando no en los problemas de la gente sino en llamar la atención de la gente para arañar, como un fatuo niñato con aspiraciones de fama, una atención que también es fungible, ni siquiera hay que ser muy espabilados, y de verdad que yo con esto de la política no lo soy, para ver cómo queda todo cuando se trata en la tele.

     En la tele la política se trata con apariencia de ser muy importante, dedicándole un tiempo a la altura de su trascendencia, y no hay programa, salvo excepciones, que no se acerque a la actividad parlamentaria, gubernamental y partidista, y por eso abundan las tertulias y los tertulianos, y en apariencia parece que se lo toman con seriedad, y sobre todo con rigor. Pero aquí es cuando servidor, perdonen la grosería, se orina vivo. Venga, me fijo sólo en algo que se arrastra desde el lunes de esta semana, es decir, desde el día en que echó a andar la XIV Legislatura con el discurso del Jefe de Estado, Felipe VI. Y hablo de los famosos aplausos de Podemos. Qué aburrimiento, de verdad. Llevan con el análisis de las palmitas, más suaves, menos suaves, cinco días. Lo del vestido de la reina e hijas, para otro día. Ah, y en todas las tertulias, sin excepción.



lunes, 10 de febrero de 2020

Maldeojos. Más Évole


Más Évole
(Artículo publicado el jueves, 6 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Este tipo es un fenómeno. Lo de Évole, programa al que aquí se le dedicó un espacio antes de su estreno hablando de la cataplexia de Jordi Évole no deja lugar a la duda. Es un programa tan personal que hasta lleva el apellido de papá en la criatura que emite el domingo por la noche La Sexta. Digo que este tipo es un fenómeno porque a pesar de esa aparente egolatría, no es un programa pastoso, centrado en la figura del presentador, no es un programa donde el ombligo del periodista se exhiba, no es, y así me explicaré mejor, como hace la insufrible Samanta Villar, convertida en el centro del mundo, y para que no haya duda de lo que digo recuerdo nombres de su trayectoria. Ahí van. Conexión Samanta, 9 meses con Samanta, Samanta y… o La vida con Samanta. Creo que se entiende. Lo de Évole no va sobre Évole, pero sí es su formato más personal.

     Viendo la primera entrega no me extrañé que tuviera como referencia al clásico Cuerda de presos que otro grande del periodismo personal como Jesús Quintero firmara para Antena 3 en la década de los noventa del pasado siglo. Y no sólo porque también en Lo de Évole se habla con presos en activo o con presos que pasaron por el trullo sino por lo mucho que el catalán admira y tiene del andaluz. Y deja claro. El guionista de Quintero para sus programas, Javier Salvago, poeta, alcohólico rehabilitado y hombre lúcido, le dijo a Évole, que habló con él escudriñando los entresijos de sus programas, que los tan icónicos silencios de Quintero ocurrían a veces porque el periodista se quedaba en blanco y no sabía qué decir. Jordi los ha incorporado, y así consigue que sea el entrevistado quien rompa el silencio y diga lo que no quiere decir. Lo de Évole promete.



miércoles, 5 de febrero de 2020

Maldeojos. Exterminio chino


Exterminio chino
(Artículo publicado el martes, 4 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Como el milenarismo, el coronavirus ya llegó. El bicho nos despierta, nos da el café, nos acompaña en el potaje, en la merienda, desde luego en la cena y nos lleva a la cama. El coronavirus ya llegó. Sería bueno que no para quedarse. Por mera supervivencia. Y por higiene catódica. Y por quitarnos de vista a un puñado de fantasmones que siempre asoman su pata en estos casos. En Granada, por ejemplo, hay un médico de urgencias salvapatrias que se hace llamar el “hombre espiritual” –él, patético, actúa en redes sociales con su nombre artístico en inglés-, y en vez de prudencia y calma fomenta la alarma. Dijo hace unos días en un vídeo que “tenemos ahora mismo la primera sospecha de coronavirus aquí en España”. Lo decía con sonrisita de, joder, qué suerte, voy a ser el primero en decirlo.

     Su egolatría está por encima de su irresponsabilidad e imprudencia. El chino no tenía coronavirus, pero el “hombre espiritual” consiguió el protagonismo deseado. Que yo sepa este menda no se ha cortado la lengua para vacunarse ante un impulso futuro. Lo peore s que estas alarmas calan en un público dispuesto a aceptar pulpo como animal de compañía –en política, igual-. Mientras, responsables sanitarios en el otro extremo como Fernando Simón, director del centro que coordina las emergencias de este tipo, no da abasto en saltar de un plató a otro para explicar la situación con datos. ¿Han escuchado la teoría de que el virus se “fabricó” para que, ya que la política del hijo único no dio resultado, los chinos mueran a cascoporro y su economía sea más competitiva? Me la acabo de inventar, pero lo mismo cuela. El coronavirus ya llegó.



Maldeojos. Porque lo manda el guión


Porque lo manda el guión
(Artículo publicado el domingo, 2 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Que levante la mano quien recuerde una sola vez, una, en la que Álex González – el de Un paso adelante, Los Serrano, Motivos personales, o El Príncipe- haya salido en una serie sin que a las pocas escenas no se haya descamisado para enseñar lo que hay que enseñar o, mejor, lo que se puede enseñar. Él, a golpe de botón, se quita la camisa y se queda en cueros de mitad para arriba. Es una ley que, sobre todo desde que está en líos con Mediaset, es decir, con Paolo Vasile, se cumple a rajatabla. Ocurría en la aclamada El Príncipe, donde era el poli Javier Morey. Y ocurre ahora en Vivir sin permiso, que estrenó hace unas semanas su segunda temporada en Telecinco. Tengo entendido que la producción de El Príncipe echó a andar cuando el propio Vasile, revisando los guiones, apuntó, es decir, obligó a meter carnaza en las escenas, y hacerlo cada diez o quince minutos, pero así, con el reló en la mano, viniera o no a cuento, que nunca venía, pero a quién le importa si como recompensa la pantalla se llenaba con el torso del actor, con su barriguita de mármol, con su cinturilla esculpida. Que llegaba a casa, zas, camisa fuera. Que se acostaba con una chica, zas, planos y planos, mogollón de planos, de sus brazos perlados por el sudor, de sus tetillas, de su ombligo jadeante. De verdad, sin fallo, una cosa matemática. Vean ahora Vivir sin permiso, la serie del capo Nemo, que interpreta, como en El Príncipe, José Coronado. Tampoco falla. Es la ley Vasile. Es la ley de las mamachicho prehistóricas. Sea lo que sea. ¿O es que no recuerdan la imagen de Paula Vázquez presentando Supervivientes con sus biquinis floridos y cascabeleros? Después de ella, todas en biquini, desde Eva González o Lara Álvarez a Raquel Sánchez Silva. Eso sí, el año que, nunca sabré por qué, presentó el programa de los que defecan detrás de los cocoteros Mario Picazo, el tío salió embutido en camisas como de fuerza, y eso que el ex presentador del tiempo en Telecinco, cuando dejó la cadena y se fue a correr mundo con Climas extremos –que estrenó La 2 en 2012 y de vez en cuando vuelve a emitir- se despelotó, pero se despelotó nivel total, tapándose el pajarito con las manos, para ducharse en una cabaña de madera en Oymyakon, el pueblo de Siberia más frío del mundo, se decía en la entrega.

Cristo gay
     No es malo ni bueno ni humillante ni honroso salir en bolas, lo es cuando se hace como cebo, cuando esa carne se enseña como reclamo, pero tampoco hay que ponerse locos ni ponerse tiquismiquis. De un buen jamón disfruta la mayoría. Además, chitón, lo manda el guión, punto pelota. Algo así debieron de pensar mientras trabajaba el equipo de La primera tentación de Cristo, una locura brasileña de Netflix en la que Jesús es homo y después de andar por el desierto y sus privaciones vuelve a casa, donde lo espera María, su madre, José, su padre, y el mismísimo Dios, su verdadero padre, con un maromo, con su novio, una especie de Priscilla, auténtica reina del desierto, aunque sin tanto tacón. El delirio es tan monumental que en una secuencia llevan José, María, y “el tío Vitorio” a Jesús a una habitación “porque tenemos que decirte algo muy importante”, Vale, no soy tu tío Vitorio, soy Dios, le suelta Dios a Jesús. Eres un padre ausente, dice rabioso José, que quería decírselo él de forma más suave. No es verdad, soy un padre omnipresente que hasta ve cuándo te la cascas. Ay, por dios, eres muy vulgar, le dice María a Dios, que tiene pinta de estibador con aires de hipster. Las escenas en que el novio de Jesús resulta ser Lucifer con poderes malignos, si eso, véanlas ustedes si quieren. Los actores son Gregorio Duvivier como Jesús, Fabio Porchat como Orlando, o Lucifer, el novio,  Antonio Tabet, como Dios, y así hasta el director, Rodrigo Van Der Put. Asociaciones cristianas brasileñas, tan sensibles que se han vuelto locas poniendo denuncias por hacer bromitas con la fe ajena, deberían de haber corrido a las asociaciones de cine, a las academias y por ahí para denunciar la estupidez de la sátira religiosa, un ejercicio de fin curso de niños bien de colegio de pago. Lo mandará el guión, pero La primera tentación de Cristo no es siquiera una afrenta religiosa, es una gilipollez gamberra. 

Pin anti Segura
     Una que no necesita guionistas porque su cerebro es su propio guión es Mariló Montero, que ahora ha puesto su quiosco en Canal Sur, y lo ha hecho con sus cinco punto ces, es decir, con 5.C El debate, así de lío mental lleva la señora. ¿Y qué narices, cáspita, coño, pimiento, qué quiere decir eso de las cinco ces? Ay, ignorante audiencia andaluza. Sólo una cabeza como la de esta eminente pensadora es capaz de caer en esas cosas. Ahí va. En apenas cinco conceptos resume la navarrica lo que ha de ser una buena tertulia, lo que ha de ser el periodismo de calidad –por cierto, hablando de periodismo de calidad y tal y tal, ¿sabe alguien si su ex maromo Carlos Herrera se ha marchado ya a Somalia tras pedir asilo como prometió si llegaban al Gobierno PSOE y Unidas Podemos?-. A las cinco ces, que me pierdo. La praxis periodística ha de regirse por conocer, corregir, contar, comprender y contrastar. Las cinco ces. Emocionante. Seguro que lo hace bien, pero no me tienta. Se llama prejuicios. Mis guionistas me colocan el pin Mariló y yo, como un corderillo, no la veo, aunque se me cuela en un vídeo de su paso por Todo es mentira donde monta la olla frente a Risto Mejide, que le afea que criticara que Pablo Iglesias, su obsesión, y Alberto Garzón, llevaran un pin antifascista el día que tomaron posesión como miembros del Gobierno. ¿No está bien que sean antifascistas?, preguntó Risto. Al día siguiente, parte del equipo apareció con su pin antifascista. Y una última cosita a los/las guionistas de los Premios Forqué. Sus colegas obligan a Álex González a enseñar carne, vale. ¿Era necesario contar para la gala con el maleducado y sin gracia Santiago Segura? Como Mariló, sólo tiene que enseñar su cerebro. Y sin guionistas. Servidor, ante ellos, siguiendo con la moda del pin que censura y veta, siempre lo lleva.

La chispa
Daniel Grao
No acabó de quitarse el polvo de los desiertos de Promesas de arena cuando ya vemos a Daniel Grao metido y apaleado en una cárcel de Colombia tratando de dar con el cabrón que secuestró a su hija en una playa de Valencia hace 10 años en Perdida, que emite los martes Antena 3. Es una creación de Natxo López, y sí, resulta una serie entretenida, con buen ritmo, bien ambientada, y aunque es un tema trillado, se ve con gusto. 

Maldeojos. Lo de Évole


Lo de Évole
(Artículo publicado el sábado, 1 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Si lee el titular, que como es lógico es lo primero que se lee en estas piezas, pensará que  si digo Lo de Évole me refiero al nuevo programa de Jordi Évole que se estrenará en La Sexta, y en el horario habitual de Salvados, que presenta, y con pulso firme, Fernando González, Gonzo. Si cree que Lo de Évole es el programa de mañana, que hará una especie de homenaje al clásico de Antena 3 Cuerda de presos que presentó en 1995 Jesús Quintero, formato en el que el periodista entraba en la cárcel para que los presos contaran su historia, si piensa eso, lleva razón, porque en efecto, mañana, Évole hablará no sólo con algunos ex presos –Sandro Rosell, ex presidente del Barcelona, o Francisco Granados, ex consejero con Esperanza Aguirre, encarcelado por el caso Púnica-, no sólo hablará con ellos sino que hablará “con el preso”.

     Es decir, con Oriol Junqueras, y con cámaras. La primera vez que se permite. Mañana se dará un adelanto. El domingo 9, el resto. Una curiosidad, en el programa de mañana se le pregunta al que fuera en la época de Cuerda de presos ministro de Interior en el Gobierno de Felipe González, que en algún momento de su vida fue de izquierdas, si abriría las cárceles a las cámaras ahora, a lo que Juan Alberto Belloch responde que   “no corren buenos tiempos para las políticas de derechos humanos”. Ahí deja eso. A lo que voy, a lo que me refiero con lo de Évole no es a su programa sino a la cataplexia que padece. Lo vi en directo, en El hormiguero, y no, no fue agradable ver al hombre con la cabeza apoyada en la mesa sin poder moverse por un ataque de risa. La cara de preocupación de Pablo Motos hizo el resto. Así que lo de Évole es una putada.


Maldeojos. Tele romántica


Tele romántica
(Artículo publicado el jueves, 30 de enero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Llamo a esta pieza tele romántica. También podría ser tele heroica, o tele alternativa o, sin más, La 2, para qué andar con rodeos. Por la mañana, desde La 1 a La Sexta, el suceso cuanto más sangriento y más llamativo da paso al gallinero de la política, o al revés, pero en La 2, a la misma hora, el espectador se mece con el aire suave de, por ejemplo, Écho-logis, o sea, construcciones ecológicas, formato que habla de ecología, de hoteles o casas sostenibles, de arte a la hora de vivir porque detrás hay un proyecto donde intervienen arquitectos, diseñadores, meteorólogos, ingenieros, interioristas y todo un equipo multidisciplinar para poner en marcha, por ejemplo, hoteles en zonas no turísticas de Tailandia donde el cliente vive rodeado de bosques y ríos gastando energía limpia que procede del aire y del sol.

     Y ahora, una reflexión. En el párrafo anterior hablo de ese programa de construcciones –cierto que repetido tarde y noche- como podría ser de historia o de viajes,  de músicas, de animales o de antropología, asuntos que cualquiera identifica con La 2. ¿Si hay una tele romántica, heroica, o alternativa, hay también espectadores románticos, resistentes, y tan heroicos y alternativos como esta cadena? Un  poco sí. Frente a la noticia viral del tío que entra a rezar a la iglesia con su coche, llevándose por delante lo que pilla, frente a la jeta de Aznar aleccionando al discípulo Casado sobre qué es ser de derechas para que los de Vox no tengan la fama mientras ellos, pobres, carden la lana, frente al festín del coronavirus, frente a las tertulias que “salvamizan” la política, ponerte una mañana a ver La 2 es ser un rebelde, un romántico, alguien raro, como esa cadena.


Maldeojos. Pepa no fue


Pepa no fue
(Artículo publicado el martes, 28 de enero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Me hubiera encantado que fuera, me hubiera encantado verla allí, brillando subida al escenario del Carpena malagueño, me hubiera emocionado verla subir los peldaños del plató y con ansia esperar sus palabras, ver de nuevo sus ojos tan marinos y su voz tan dulce como arenosa. Me hubiera encantado. Pero agradecí que la señora Pepa Flores no fuera. Es más, sabía que no iba a ir. Lo sabía yo, que apenas soy un admirador de esta mujer, y lo sabía la organización. Lo sabía España entera. Pepa Flores se fue para no volver. Colgó las vestiduras de Marisol hace muchos años, y no ha vuelto a su personaje desde entonces, coherente, firme y radical. Mariano Barroso, presidente de la Academia de las Ares y las Ciencias Cinematográficas de España, lo dijo así en la gala 34 de los Premios Goya, “encontró su éxito personal cuando renunció a la fama”.

     Es el camino inverso a las aspiraciones de mucho fantasma que aspira a una fama fatua en este mundo de posturitas, biografías inventadas, mediocres muy populares tan zafios como nocivos y concursos de medio pelo que alimentan al monstruo cuya única razón de ser es llegar a ser “famoso”. Las hijas de Pepa, Tamara Gades, Celia Flores, y María Esteve, como un retrato no sólo físico de la madre sino espiritual, con parecido talante y saber estar, imponentes en su humildad, llenaron el recinto malagueño de una emoción que traspasó aquel espacio y alcanzó la pantalla. Lo mejor de la noche. Frente a la fatuidad de una fama cutre, la coherencia de una mujer que agradeció su Goya de Honor pero ahora vive “desde ese lugar en calma” que tanto le costó conquistar. Me hubiera gustado verla, pero agradecí que no fuera a la gala. Como todo el mundo sabía.

lunes, 27 de enero de 2020

Maldeojos. Póngame lo mismo que a ella


Póngame lo mismo que a ella
(Artículo publicado el domingo, 26 de enero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Bueno, qué les decimos a los de los Goya, pregunta mientras come en un restaurante Andréu Buenafuente a Silvia Abril, que la emprende con una ensalada. Pero si ya los hicimos, ¿no?, responde ella indiferente. Sí, ¿pero no te hace ilusión repetir?, insiste él. Sí, pero es que tengo la ilusión contenida, pero si quieres la saco, mira, se toca el pelo y grita, ay, ay, y empieza a jadear como viviendo un orgasmo en público diciendo dame Goyas, dame Goyas, ahhh, y golpea la mesa, de forma que Buenafuente, mirando  a los comensales que hace rato dejaron de comer, pone cara de bobo sin saber qué decir. Él no sabe qué decir, pero una de las señoras que ha llamado al camarero sí, y lo hace con seguridad, sin vacilaciones, señalando para que no haya duda, “póngame lo mismo que a ella”. Es el anuncio oficial de los Premios Goya del cine español, y muy español, que ayer celebró su 34 edición. Ha leído bien. Ya van 34 años de Premios Goya. Creo que es una de las mejores promociones que recuerdo quizá porque no recuerdo otras, pero esta de TVE, que remeda a Cuando Harry encontró a Sally, me parece divertidísima y gamberra. Esta semana, invirtiendo los papeles, ha sido Buenafuente el del orgasmo en la promoción de La 1 y con idénticos resultados. No sé, porque la gala fue anoche, si resultó un muermo, o de las que, como sí recuerdo las que presentaba doña Rosa María Sardá, hay que colgar en la hornacina de las buenas. También da igual en relación a esta pieza porque de lo que trata es del cine español, de lo bien encarrilado que va, de la excelencia de la mayoría de lo que se rueda en España, y de la estúpida, pero estúpida nivel Isa P., nivel cualquier pelanas de reguetón, estupidez sin control como los incendios de Australia, de la derecha más cerril y ridícula, que cree que no ir a ver películas españolas es un acto de patriotismo. Todo es tan necio, grotesco y burro, que apenas merece el comentario. Este año me he visto casi todas las que entran en colisión concursando en los apartados más relevantes, lo de Mejor película o Mejor director.

Antonio Gasset
     Entré al cine con ciertos remilgos cuando fui a ver Mientras dure la guerra, pero a los pocos minutos la historia no sólo me atrapó sino que alcanzó fibras emocionales, fibras políticas, provocó deleites estéticos y me golpeó como ciudadano que rabió al mirarse al espejo y ver que aquellos días fieros y sacristanes, monolíticos y de trinchera, de odio y exclusión, de incivismo y burricie, de alegato de la ignorancia frente a la educación y la reflexión, vuelven a vislumbrarse en el cristal de hoy en día, como si la historia de nada hubiese servido. Creo que Alejandro Amenábar ha firmado uno de sus trabajos más potentes, y que Karra Elejalde, fuera de su zona de confort cómico, está en don Miguel de Unamuno desde su primera aparición, tierno, rabioso, enfadado, agotado, lúcido y desconcertado. Y qué decir de Dolor y gloria, donde Pedro Almodóvar hace una de las grandes. Y qué decir de La trinchera infinita, de Jon Garaño, Aitor Arregi, y José Mari Goenaga, un trío en estado de gracia que llevan la angustia y la reflexión en torno al miedo a la libertad, con un puntilloso y brillante ejercicio narrativo, a cotas sublimes. Y cómo no, a ese Antonio de la Torre que hace de su mirada otro personaje que casi tiene vida al margen de su dueño en una atmósfera de sofoco, dolor y claustrofobia. Lo tiene mal el jurado para elegir. Son obras que rozan lo magistral. Y son españolas, insisto. La 2, la tele pública, mantiene en antena un clásico de la promoción cinematográfica, Días de cine. Aunque también parezca que fue ayer, Días de cine nació en 1991, es decir, un formato longevo porque 28 años en antena con la misma temática son muchos años. Por él han pasado rostros muy conocidos, entre ellos Aitana Sánchez Gijón, su primera presentadora –no, no la recuerdo, la verdad-, pero es Antonio Gasset el que nos/me hizo buscar el programa, entre otras cosas a la caza de sus comentarios, de sus añadidos y su proverbial escepticismo. Aquí va alguna de sus perlas. Buenas noches, Días de cine es un programa dedicado a entretener a noctámbulos, parejas en crisis, politoxicómanos, e incluso algún aficionado al cine. Otra. Llega la publicidad, continuad gozando de las ventajas del hogar, es decir, violencia doméstica, desconfianza mutua, hijos con tatuaje, y salarios insuficientes. Y una última. Los imbéciles son siempre imbéciles proyectemos lo que proyectemos. Leído lo leído, está claro que en la pudibunda España de hoy que se la coge con el papel del escándalo fatuo no cabrían “las cosas” de Gasset.

Especímenes
     A la gala, que se celebró anoche en Málaga, y como decía más arriba, no acudió el señorito Santiago Abascal, el de Coz. Se trata de ser el más malo de la clase, de no caer en las trampas de los cómicos. Si el año pasado protestaba porque la Academia de Cine no lo invitó, este año, que sí ha sido invitado, el huevón se ha puesto el pin anticine en los testículos y ha dicho que no. ¿Y eso? Pues porque estas galas “se han convertido en mítines políticos que otorgan subvenciones a la izquierda”. Ese es mi hombre. La espantada “patriótica” salta a Cuatro al día, que ahora presenta el tío de los colchones Joaquín Prat, que tiene el cielo ganado juntándose con Paz Padilla, a la que, ni siquiera en un anuncio que pretende ser blando, dejo de ver con repulsa por su extraordinaria ordinariez. Es parecida, la repulsa, a la que me produce otro señor de barba rizada y suelta verborrea al que doña Ana Rosa Quintana sólo le falta meterlo en nómina. Hablo de Iván Espinosa de los Monteros, que llama especímenes a Echenique y a la gente de Podemos, especímenes “que dan miedo cuando vamos a la cafetería del Congreso y nos los encontramos allí”. Por su parte, su esposa, Rocío Monasterio, y tratando de demostrar su inocencia en la reforma de una propiedad de Arturo Valls, va y publica en redes su DNI y su domicilio. Dame Goyas, dame Goyas, decía Silvia Abril. Pues ya os lo digo, Iván y Rocío, de lo que tomáis, cari, no me pongáis ni chispita.


La chispa
Pedro Sánchez
El lunes abrió la veda de las entrevistas Pedro Sánchez no como presidente en funciones sino como titular, y lo hizo eligiendo bien el medio a visitar. Tenía que ser el que fue, RTVE. Fue en directo, y a la Moncloa se trasladó un equipo capitaneado por Ana Blanco y Carlos Franganillo. Es de agradecer la elección de la tele y radio públicas. Ya tendrá tiempo de visitar otras cadenas, como hacen sus ministros y ministras.

Maldeojos. Estoy harto


Estoy harto
(Artículo publicado el sábado, 25 de enero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Ya sabemos cómo va esto de la tele. Si te dicen que La voz es un programa de música y y bla bla bla, pues eso, ni de coña. Será un programa para comprobar cómo los coches envejecen en pantalla como uno más de la familia y sin embargo, a pesar de los años, tanto Rosarillo como el simplón Bisbal dicen las mismas tonterías en sus juicios, que si ay, mi vida, ay, mi corazón, ay, qué lindo, qué arte, pero de música, nada. Pamplinas. Si te anuncian que Masterchef es un programa de cocina, sabes que con él no aprenderás a cocinar. Será lo que sea, pero de cocina no. Será una exhibición de regañinas y de aspavientos cuarteleros, de simpáticas meteduras de pata en la olla del concursante cuya elección tiene ese perfil, el cómico, el chistoso, pero olvídate de aprender cómo se hace un potaje, sobre todo si no hay que liofilizarlo o esferificarlo, que es el copón de Bullas.

     Si te dicen que La isla de las tentaciones es un programa sobre el amor, échate a reír, y pega la vuelta. Cuanto más intensa se pone Mónica Naranjo en la isla y más seria y más ahueca la voz Sandra Barneda en el plató, más pisotean al amor, los sentimientos nobles, más destrozan la pureza de los corazones. El amor les importa una mierda. Esta gente habla de otra cosa, busca otros resultados. Y en estas irrumpe La 1. Lleva días con la monserga de que el lunes vuelve el programa de telas, hilos y dedales, Maestros de la costura. Así que olvidémonos. Lo que menos importa es eso, la costura. En los anuncios vemos la levedad del costurero Alejandro Gómez Palomo y sus posturitas para epatar, las plumas que sueltan algunos aprendices o las salidas de tono de la vieja cascarrabias Lorenzo Caprile, que grita, “estoy harto, estoy harto”. Como yo, y aún no empezó..


Maldeojos. 2017/2020


1917/2020
(Artículo publicado el jueves, 23 de enero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)
     A) Llego a casa con un pellizco emocional de los gordos porque durante las dos horas que estuve en el cine me hice la misma pregunta. ¿Es posible el disfrute estético viendo el horror de la guerra en la pantalla? 1917, la última película de Sam Mendes es eso, un bellísimo poema barroco narrado con un virtuosismo férreo y sobrecogedor que vuelve a los años de la I Guerra Mundial, al barro, la sangre, la muerte, el frío, la sinrazón. B) Pongo la tele. La 2. Está Documaster. Emite Juventudes hitlerianas. El ejército infantil nazi. Es un trabajo que firma David Korn-Brzoza. Las duras condiciones del armisticio de la Gran Guerra generaron en Alemania descontento. Hitler lo aprovechó con trolas como la superioridad de lo ario para diseñar su plan. En 1932 más de 70.000 críos lo recibían en Postdam dispuestos a dar su vida por él. El campo abonado daba sus frutos.
     C) 2020. La misma noche entro en Twitter. Antes te llevo por delante, le escribe un usuario -@Jess29774458- a la periodista murciana Rosa Roda -@RosaRodaNews-, que la llama “loca del coño”, y en otro tuit le dice, “me coméis el rabo tú y Rosa, los dos, con pin y sin él”. Rosa acaba una de sus entradas con esta etiqueta, #NoAlPinParental, y de ahí el exabrupto del tipo -¿tiene ya su denuncia?-. D) Bruno Bimbi, periodista, autor de El fin del armario, vivió 10 años en Brasil y asistió al nacimiento y auge del hoy presidente Jair Bolsonaro, que usó la expresión kit gay para crear el miedo sobre algo que no existía, todo un plan que se llevó a cabo en connivencia con la iglesia evangélica preparando el terreno para que cualquier trola se extendiera sin más. C) Me voy a la cama y veo a Abascal feliz, henchido. El campo abonado también empieza a dar frutos.


miércoles, 22 de enero de 2020

Maldeojos. Tocapelotas


Tocapelotas
(Artículo publicado el martes, 21 de enero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Cada programa, sea magacín de tarde o de mañana, tiene su reportero porculero –no lo busquen en la biblia del español, no existe el término, pero debería, porque es de esas palabras que se entienden a la primera-. El reportero porculero es el reportero follonero –este término sí existe-, y de ellos, la tele está llena. ¿Habrá que recordar que la cumbre que hoy habita Jordi Évole empezó a fraguarse como reportero cachondo, follonero? Son los reporteros y reporteras pesadas que, a veces, hasta en casa incomodan por su capacidad inagotable, por su sentido de la “inoportunidad” al preguntar lo que los políticos no quieren responder sobre todo en lugares desubicados que nada tienen que ver con “estas preguntas” –inauguraciones, conferencias, desayunos informales-.

     La gente profesional de la política tiene una habilidad extraordinaria para mirar en dos milésimas de segundo el logotipo que lleva el micro y así saber a qué atenerse, si la cosa va de coña, si lleva carga envenenada detrás de la sonrisa del reportero o si la pregunta el colmillo retorcido. El programa de Cristina Pardo en La Sexta la tarde del domingo  tiene su reportero tocapelotas, y se llama Luis Troya, y está, como decía, en la línea de lo que antes hicieron Marta Nebot –ahora en Todo es mentira como tertuliana- o Raúl Gómez –ahora como protagonista en #0 de Maraton man-. Que el PP da un desayuno para que la lideresa Isabel Díaz Ayuso exhiba su acreditada fama de pánfila, allá que llega Luis Troya con porras y churros a ver qué pesca, o se va a Teruel para dejar claro que no sólo existe sino que Ortega Smith hace el ridículo ante menos de 100 almas. No es extraño que los reporteros porculeros no sean bien recibidos por ningún partido.




Maldeojos. Sin tentaciones no hay paraíso


Sin tentaciones no hay paraíso
(Artículo publicado el domingo, 19 de enero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

      Telecinco, de nuevo, está en todo. Te pone la tentación -10 tíos, 10 tías que no son tu pareja-, y te pone el paraíso, que focaliza en Villa Playa y Villa Montaña, dos lujosas mansiones en República Dominicana donde se alojaron para ver si al ver al otro, a la otra, que no es el suyo o la suya, la relación salta por los aires y se encaman con “el otro o la otra”, todo muy Telecinco. Es decir, usted tiene una relación guay o nefasta con su amor, pero como la vida loca es así, la vida del espectáculo exige mucho esfuerzo, vas y le dices a tu amor, oyes, ¿y si nos vamos a una isla, dejamos de vernos unas semanas, entras en contacto con tíos y tías de almanaque, te dejas sobar o no, te dejas camelar o no, incluso te metes en la cama o no, y a ver qué pasa? Si vences la tentación, lo nuestro va en serio. Si caes en ella, que te den. Es La isla de las tentaciones, es lo más cercano al gilipollas integral que juega con fuego. La isla de las tentaciones es un programa de una perversión magistral. Todo está diseñado para que salten las costuras de la relación, o al menos para pasar unos malos ratos del copón, y sin necesidad. Presenta la cosa la cantante Mónica Naranjo, que también festonea con sus gritos parte de la banda sonora. Ella, en modo señora, en vez de hacer de alcahueta, de junta corazones, lo que viene siendo la Celestina de toda la vida, es una bruja mala que pone las condiciones –casa, piscinita, tumbonas, césped, arena blanca, cocoteros, bebidas, música, comentarios, observaciones- para que el amor salte en pedazos y las relaciones se vayan a la mierda. Telecinco, digo, está en todo. Carlos Sobera recibe con palabritas del niño Jesús y con la ceja levantada a los comensales de First dates por ver si además de comer se comen a besos y se hacen pareja. La isla de las tentaciones, en el otro lado del mundo, en la cara oculta de la luna, trabaja para todo lo contrario, trabaja para que salten las costuras, para que los celos incendien la relación, para que nadie crea que las cosas son para toda la vida, vamos, para mandar a tomar por culo una pareja. Sandra Barneda, que también tiene vela en este entierro, se encarga de los debates del programa –qué sería de estos estercoleros si no hubiera debates, encontronazos, gritos, lloros, insultos-, ella, digo, como en su día Mercedes Milá con su experimento de Gran Hermano, lo que desea es “abrir un debate social sobre el amor”. Enternecedor. Sobre todo viendo a las lagartas y a los chonis elegidos. Vamos con ellas y ellos.  

Pirotecnia programada
     Como suele pasar en las primeras entregas de estos concursos, es decir, plataformas de lanzamiento de buscadores de fama, de tocarse el tocomocho de plató en plató, de ir adquiriendo la categoría de eminentes prescindibles, de conocidos mediocres, hay un tiempo dedicado a presentar a los participantes. La noche del estreno, con las parejas a un lado y con “las tentaciones” al otro, tentaciones que estaban a oscuras para potenciar el efecto sorpresa hasta que se hizo la luz y un ohh invadió Villa Playa, estuve a punto de echar la pota escuchando las majaderías de unos y de otras. Una tal Katerina camina hacia el punto G del foco de cámara para decir, casi entre lametones, que es modelo rusa y que “mi cara ha salido en todas las revistas del mundo”. Un tal Julián dice tener 25 años, ser el empresario más conocido de Valencia, y que a pesar “de tener esta fachada irresistible, tengo un corazoncito con muchas ganas de enamorarse y convertir el Caribe en mi paraíso” y, como los toreros o las folclóricas, que viene a ser lo mismo, guiña un ojo al girarse, sin duda satisfecho por su ocurrencia. Otro es Joy, que señalando sus trabajados bíceps, dice ser “el toro de Paraguay”. Pero el que más me mató por lo trabajado de su presentación es un tal Lewis, 25 años, de Tenerife, sulfero. ¿Alguna se quiere subir en mi tabla? Y mirando al respetable en un silencio dramático, callose y largose con andares de potro. Las parejas enmudecieron. Yo, por poco muero con el ataque de risa. Además de Katerina en el apartado de jacas en exhibición está una tal Andreína, con las tetas a la altura de las amígdalas, que asegura que su chico ideal es, “por supuesto, uno que me atraiga en lo físico, pero sobre todo en lo intelectual”.  Con un par. ¿Ha dicho intelectual? Creo que es suficiente. Lo cierto es que con este material pirotécnico tanto las tentaciones con chichi como las tentaciones con rabo, todas hervidas a fuego lento bajo parámetros intelectuales, se encargarán de dinamitar la pareja que, insisto, para qué cojones ha ido a la puta isla. Un último apunte. Para afinar más en el sentido intelectual que tanto adora Andreína, la mayoría de participantes, sean parejas o tentaciones, provienen de ediciones pasadas de Gran Hermano, de First dates o, por dios no digas más, de Mujeres y hombres y viceversa.  

Supervivienta
     Son, para resumir, profesionales del submundo. Así es que cuando la médium del mal, la tonta útil del sarao, doña Mónica Naranjo, se pone intensa y asegura que todo lo que pasa en la isla es de verdad, se me descuelga la carne, y sé que tentaciones como estos programas basura no me tientan lo más mínimo, ni siquiera para reírme, única manera de ver a estos sujetos con ansia de cutre fama. En la entrega de esta semana en Cuatro las costuras de las relaciones ya han saltado por los aires, tal como estaba previsto en el guión gracias a los montadores del equipo que seleccionan escenas con que chinchar el corazón de la pareja. La que me ha decepcionado ha sido la ex presidenta mangui de Madrid, doña Cristina Cifuentes. Mira, Cristina, con cariño te lo digo, no entiendo tu rechazo a ir a Supervivientes. Si te sientas frente a Jorge Javier y te haces un Sábado de Luxe, a la mierda el orgullo, húndete en la tentación, tírate del helicóptero y conviértete en la Pantoja de la política. Lo dicho, La isla de las tentaciones, para quien tenga la tentación de creer que los paraísos no pueden ser artificiales, y lo son, vaya si lo son. A la propia Mónica Naranjo le pusieron la tentación y cayó en el fango y la niebla.

La chispa
Alberto Chicote
El cocinero con pinta de morlaco Alberto Chicote, que embiste como un miura al olor de los fogones más infames, ha vuelto a salir a la calle en su papel de benefactor del pueblo. Ya lo hizo en ¿Te lo vas a comer? denunciando los menús de residencias de ancianos y hospitales públicos. Ahora ayuda a personas con Síndrome de Down y otras discapacidades en Auténticos –miércoles, La Sexta- a realizar sus aspiraciones.