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martes, 11 de febrero de 2020

Mladeojos. Mirad, soy vuestro futuro


Mirad, soy vuestro futuro
(Artículo publicado el domingo, 9 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Hoy están arriba, pero mañana pueden estar abajo, limpiando con sus lágrimas el suelo del olvido, haciendo el doloroso camino del descenso, de las alturas del éxito y del no poder ni salir a la calle porque la gente los agobia con peticiones de autógrafos o fotos, sin importar si es el momento, si la estrella tiene un buen día, a la nada, o sea, a darse cuenta de que no eres nadie, de que nadie se acuerda de ti y casi mendigas un poco del exceso de la antigua atención. De alguna forma, aunque suavizado el mensaje por el tamiz siempre higiénico del humor, la actriz Eva Santolaria resumió en su monólogo en la gala de los Premios Feroz la situación de quienes en su día eran artistas que apenas podían salir de casa a ser arrinconadas porque nadie las llama para seguir trabajando. Se dirigió, sobre todo, al equipo de La casa de papel. Eva participó en Compañeros, serie juvenil que marcó la tele de finales del siglo XX y que emitió Antena 3 hasta 2001. La actriz, en la gala citada, empezó presentándose. Malo. O bueno, siguiendo el espíritu de la columna de hoy. Cualquier cretino de Gran Hermano es más conocido que la actriz, que al dirigirse a los actores y actrices de la serie juvenil de éxito, Élite, que en marzo de este año estrenará su tercera temporada en Netflix, les advirtió con guasa, “antes de iros a otra orgía, escuchadme, soy vuestro futuro, disfrutad del hoy, haced contactos, y preparos para el fracaso”. Demoledor. Pero certero. Eva Santolaria, la real, la actriz que bajó de la montaña del brilli brilli al valle de la oscuridad, con una lucidez desconocida, y echando mano de ese olvido, aprovechando su propia historia, ha vuelto a remontar en Paquita Salas, la historia de Javier Ambrosi y Javier Calvo que también emite Netflix y que, de manera completa Lidia Sanjosé, otra olvidada de libro –A las once en casa, Farmacia de guardia, o la también prehistórica ¡Ala… Dina!- se toma con humor su propio olvido y se deja llevar por la corriente de Paquita Salas, que la ha devuelto a la orilla. Tampoco Belinda Whashington –estrella de la tele, en series y programas que se remontan a la década de finales del XX- escapa a esta ley, y ahí está, jovial y divertida de nuevo en formatos de tirón con audiencias millonarias como Tu cara me suena.

El cura Apeles
     Cada cual, cada espectador puede hacer listado de esas caras que estaban y de repente no están, de actores y actrices, de presentadores que no te dejaban ni un segundo y de golpe, como llevados por un huracán invisible, dejan de entrar a casa. ¿Recuerdan, al menos los más telecinqueros de la clase, el programa que emitía Telecinco tres años después de empezar el siglo XXI para arrancar sus tardes como merece una cadena que siempre apostó por un entretenimiento sin complejos? Era Aquí hay tomate, presentado por Jorge Javier Vázquez y Carmen Alcayde, dos soldados muy guerreros y muy preparados para defender con su vida la televisión basura que abría sus puertas a lo grande. Aquella guerra a corazón abierto contra el buen gusto duró hasta 2008, pero de los guerreros sólo quedó con la cabeza en su sitio Jorjeja, que sigue frente a Sálvame, que ascendió un paso más en la carrera para hacer de la televisión un lugar pringoso, tóxico, vulgar y tonto. La decadencia de Carmen es tan morrocotuda que hoy existe en la televisión madrileña en un programa cuyo nombre rememora al clásico del tomate con este nombre estúpido, Aquí hay madroño. Fin de la cita. Paso página. La otra noche me llevé un chasco de los gordos. Coño, el cura Apeles. Pensé que había muerto, que había reventado, que se lo había llevado el lobo, los papas de Roma, que lo habían quemado en la hoguera, yo qué sé, que había muerto de inanición porque una vez, creo que hace años, lo vi lloriquear en un plató cutre diciendo que apenas tenía dinero para comer –otra folclórica en apuros-. Y me olvidé de él, como España entera, y eso que el menda rigorista y del ala dogmática católica, nos daba las noches en Moros y cristianos, La noria, y formatos de tertulia a estacazos. Vamos, más famoso que Inda y sus trolas, un pringado frente a este curita de piel sonrosada, de aspecto grasiento y cerúleo de labia incendiaria. Creía que su muerte catódica era una realidad, pero hete aquí que ha sido peor verlo en el debate de esa gran perversión llamada La isla de las tentaciones -¿de verdad que a la princesa Leonor le deja la reina Letizia ver esa porquería?-.

Rey del pollo
     Mirando a los actores y actrices de Élite, en los pasados Premios Feroz, decía arriba que Eva Santolaria les pidió que la miraran porque “soy vuestro futuro, disfrutad del hoy y prepararos para el fracaso”. Tal vez, si no están al tanto de las llamadas series juveniles, no conozcan a Omar Ayuso, actor cuyo personaje es un chico homosexual de familia musulmana que ha resultado ser un bombón en la historia de amor que se trae con uno de los compis de Élite –serie creada por Carlos Montero, que también parió otro bombazo juvenil como Física y química-, otro joven cuya posición social, alta, no es la de Omar, baja. El joven actor ha trepado a una fama tan superior que hasta Rosalía, tra tra, ha contado con él para su último vídeo, Juro que. Paréntesis. Veo el vídeo. No lo resisto. La voz en falsete de esta mujer, sus repulsivas uñas, su diente de oro, todo, nada de lo que representa me llega. Sigo viéndola como una  choni de lujo que eleva lo chabacano a categoría estratosférica. Juro que apenas lo intentaré más a ver si. Cierro paréntesis. ¿Qué me dicen de Ramoncín, el Rey del pollo frito? Este menda es otro que ha vivido en carne propia “el futuro” que apuntaba Eva Santolaria. De joven díscolo acabó sentado cuando ya ni cantaba ni piaba en el mismo trono que Apeles, en Moros y cristianos y en Crónicas marcianas. Y en Intereconomía, la de extrema derecha. Ahora, resucitado, se sienta con Cristina Pardo en su programa de La Sexta, eso sí, conserva su pendiente de malote y redicho. Hablar de lo que les espera a concursantes de La voz, OT, Got talent, Masterchef o Maestros de la costura es para echarse a llorar. O a reír.

La chispa
Kirk Douglas
El listado de películas de Kirk Douglas, en una vida que ha durado 103 años y que se fue el jueves, es enorme. Entre ellas está Senderos de gloria, que Stanley Kubrick firmó en 1957. En ella se dice, “el patriotismo es el último refugio de los canallas”. Por cierto, esta semana, abucheado, el vaquero Santiago Abascal salió por patas cuando pretendió camelarse a los agricultores en su lucha apelando a baratos patrioterismos. Ya si eso…

jueves, 22 de agosto de 2019

Maldeojos. Paquita Salas


Paquita Salas
(Artículo publicado el sábado, 17 de agosto, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Charo –es el personaje terroso y limpio de la siempre formidable Gracia Olayo-, ya que estamos diciéndonos las verdades, que sepas que llevo años follándome a tu marido, dice Paquitas Salas –Paquita Salas es Brays Efe, no podría ser otro- a la vecina del pueblo de toda la vida y ante la madre de Paquita, de cuerpo presente. La frase forma parte de un capítulo de la tercera temporada de Paquita Salas, obra magna de Javier Ambrossi y Javier Calvo y que emite Netflix. Para mí, la mejor. Supongo que tiene que ver que la producción huele a dinero, a presupuesto generoso que permite florituras, rodaje fuera  de estudio, despliegue de caras de la pantalla de antes, de ahora, y de siempre, caras sobre todo femeninas, homenajes muy sentidos, continuos guiños, y ya les digo que a veces sin filtros, con descaro, descarnados y atrevidos, como el hilo de la trama donde Belinda Washington… en fin, no levanto ninguna alfombra.
      Sin complejos, eclécticos, Los Javis disfrutan con casi todo tipo de programas, sobre todo los considerados populares, o sea, rayando en la basura catódica, así que  la pareja más influyente del cine español convierte a especímenes de esa órbita como la conocida Terelu Campos en una estrella que da vida a Bárbara Valiente, que regenta una cosa que en el mundo moda se llama shworoom, o sea, un local para mostrar cosas, pero showroom es tan, tan petardo que resulta irresistible. En la nueva Paquita Salas hay de todo, ternura, ironía, buena fotografía, diversidad de personajes, nervio sintáctico y narrativo, un friso musical de alto nivel y sensibilidad, excelentes interpretaciones, o sea, un personaje potente sobre el que gira un mundo bien urdido y adictivo.


viernes, 30 de noviembre de 2018

Maldeojos. Los Javis S.A.


Los Javis S.A.
(Artículo publicado el domingo, 25 de noviembre, en diarios del grupo EPI PRESS)

     A ver, audiencia, a ver, público, a ver, teatreros, a ver, seguidores de la inefable Paquita Salas, a ver, Brays Efe –estaba cantado que una parada en la meteórica carrera de este canario era, tras el fulgurante y arrollador éxito de la serie que nació en Flooxer y saltó como un lince a Netflix sería Tu cara me suena, donde cada semana demuestra que el treintañero tiene una innata capacidad para el cameo, para la simulación, para ser uno y mil, un camaleón que es capaz de emocionar cuando canta como si fuera Manzanita el clásico La quiero a morir-, a ver, adolescentes que aún no tenéis claro si os va la carne o el pescado, a ver, señores y señoras, ¿no queréis una taza?, pues toma la olla entera con caldo de Javier Ambrossi y Javier Calvo, Los Javis, marido y marido, pareja in en la España que cree haberse quitado la pelusa del rechazo por cuestiones de gusto sexual. O sea, Los Javis Sociedad Anónima. Los Javis S.A. Este matrimonio es el puto amo de la tele, del cine y del teatro. Se rifan a la pareja. Son las Campos con pito, los Alaska y Mario con menos pluma, las Kardashian patrias con menos culo postizo, la fantasiosa Ana Obregón sin tanto cuento, la Tamara Falcó, otra Preysler S.A., sin el rosario a cuestas. Por cierto, una Campos, Carmen, se ha hecho un Cámbiame en Sálvame y después de pasar por el tren de lavado de nutricionistas, esteticistas, artistas, rollistas, y peluqueros en acción, zas, la nueva Carmen Borrego es como Terelu Campos, que “pasa por malos momentos de nuevo al tener que operarse de urgencia”. La putada es que no se viera la operación en directo, tal como merece la audiencia y Las Campos tendrían que haber previsto. Terelu entra y sale del quirófano como entra y sale del plató para vender que entra y sale del quirófano, entradas y salidas que son un negocio para la familia, que vive el drama de la mastectomía con una generosidad admirable, quizá tal vez recompensada por el sonido de la caja familiar haciendo caja. Digo yo, pero no me hagan mucho caso, que nunca se sabe cómo funcionan las empresas por dentro.

Tongo en OT
     Un Ondas para Paquita, y Los Javis, allí, en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, en plan señores y muy en su papel de abanderados de toda reivindicación que se precie, en esta ocasión recordando la importancia de todas las actrices, sobre todo de esas que se quedaron en las cunetas a pesar de tener un Goya o un pasado como protagonistas de series que en su día lo fueron todo y hoy nadie recuerda. Y cómo no, a las actrices transexuales, reducidas a “una mísera figuración”. Gestmusic está prendada con estos prendas, y se rumorea que prepara algo, que urde un no parar, una cinta sinfín, un continuo, una llama que no cesa, un canal 24 horas, un programa que retratara su día a día, y que dicen que podría emitirse en Cero, lo de Movistar. Dicen. Yo que TVE me tiraba al pescuezo de la idea y no la soltaba hasta tenerlos amarrados. ¿Cómo hacen el amor, cómo escriben sus guiones, dejan la puerta del baño abierta si uno está defecando, se tiran cuescos bajo las sábanas? Los actuales profes de Operación Triunfo –después del zapatazo a la actriz Itziar Castro, que la bajaron del barco porque no “alcanzó los objetivos previstos” como profesora de actores-, y puestos a reivindicar, han de aclarar si en OT hay o no tongo, pero tongo hasta el corvejón, como se vio en una gala en la que un plano pilló los papeles del jurado con las calificaciones de los triunfitos antes de que las criaturas cantaran. Ay, ingenuos. Si Los Javis S.A. preparan un Alaska y Mario y nos cuentan las veces que lo hacen, es de ley que pongan ley en la selva industrial de Operación Triunfo, pero ya intuyo que esa flecha no rozará ni el pericardio de los jefes. ¿Son los únicos en el carromato de la fama que forman una sociedad anónima? Qué va. Los León S.A. también van viento en popa, y tal vez en pompa. La matriz es Paco León, seguido de su hermana María –acaba de renovar para la quinta temporada de Allí abajo-, y como la mamá Carmina Barrios pedía a gritos un lugar en el altar de ese negocio lo consiguió convirtiéndose en un personaje, ordinario y previsible, y un poco chabacana, en Carmina o revienta, que luego prolongó en aquel anuncio para pagar calderilla con el móvil. Como no puede ser otra cosa, sólo es Carmina Barrios, igual que Santiago Segura, que sólo puede ser eso, Santiago Segura S.A.

Pierde pierde pierde
     Y ahora Carlos Sobera –comanda el restaurante del amor, del estrambote, lo grotesco, el despiporre y el friquismo sinfín que es First dates y el lacrimógeno y trasnochado Volverte a ver, uno en Cuatro, el otro en Telecinco-. Un Sociedad Anónima que salta a otras pantallas convertido en un animador de juego online en un anuncio insoportable. Insoportable por lo que anuncia, es decir, por estimular la ludopatía siendo ésta una de las últimas y más peligrosas adicciones de nuestra juventud y de la gente con menos recursos. E insoportable por el anuncio en sí. No soporto la voz machacona del narrador con un toque de secreción sexual de cuarto oscuro, maloliente y pervertido. Entra entra entra. Mira mira mira. Apuesta apuesta apuesta. Sufre sufre sufre. Ríe ríe ríe. Salta salta salta. Vive vive vive. Y en la pantalla diversos Carlos Sobera poniendo caras de mirar, apostar, sufrir, saltar o vivir. La corrida termina con lo que se pretende. Apuesta, apuesta, apuesta. O sea, déjate la guita animado por una explosión como de orgasmo final. Seguro que a Carlos Sobera S.A. le da igual si por su mor alguien pierde hasta la vergüenza jugando en ese casino virtual pero tan peligroso o más que uno real. A ver quién le pide luego explicaciones. Las redes sociales ya lo hacen, y lo ponen a caldo con lamentos durísimos. A don Carlos, ceja arriba, ceja abajo, le compensa por la pasta que gana haciendo que la pierda la gente. Ya mismo vemos a Los Javis S.A. al lado de los agraviados por Sobera en plan Ferreras&Pastor, otros S.A. versión más periodismo, enviando a Paquita Salas para darle bolsazos y que sea él quien sufra sufra sufra.

La guinda
Política y esputos
Lo vi. Lo vi en directo. Vi la intervención de Gabriel Rufián, el hooligan de ERC, puro serrín y estiércol, como dijo en el hemiciclo Josep Borrel con atino en su respuesta, y vi el saludo triunfal del histriónico político catalán con los brazos abiertos mirando con chulería y reto al respetable. Pero el respetable no estaba allí sino en casa. Convertir la política en un circo de payasos y testosterona da alas a la extrema derecha, niñato.

jueves, 11 de octubre de 2018

Maldeojos. Mamá, soy gay


Mamá, soy gay
(Artículo publicado el domingo, 7 de octubre, en diarios del grupo EPI PRESS)

     La frase bandera de Concha Velasco a su madre, “mamá, quiero ser artista”, ha dado mucho juego desde que se hizo viral antes de que viral alcanzara el podio de la victoria en una sociedad pegada a las pantallas que convierte en miles de visitas imágenes tanto de lo más necio como de lo más excelso. Hemos visto versiones del “mamá, quiero ser artista” en casi todos los campos. La semana pasada, en La 1, después del capítulo correspondiente de Cuéntame, y en una entrega apasionante, se emitió Ochéntame otra vez, que analizó la situación sociológica y mental y política y religiosa y costumbrista de una España que empezaba a dar pasitos muy cortos en derechos y libertades, eso que decía la famosa Yenka del dúo holandés Jhonny and Charles, de casi la mitad del siglo pasado en un baile cuyo virus eléctrico contaminó guateques, discotecas, fiestas privadas, radios, y bodas, comuniones y bautizos, un baile que siempre nos mandaba a la izquierda, izquierda, derecha, derecha, delante, detrás, un dos, tres, y así hasta el infinito, y vuelta a empezar. Hablar de homosexualidad, de lesbianas, de transexuales en la España que intentaba sacar la cabeza por el lado menos salvaje, aplastada por la bota franquista, no fue fácil. Y Ochéntame otra vez supo reflejar aquel dolor, aquella marginación sufrida por miles de personas por algo tan innato y poco elegido como la condición sexual, la atracción inapelable, por mandato biológico, por un sexo o por otro. El programa se convirtió en un viaje casi alucinante, visto con la mirada de hoy, que se inicia en el Sitges de los 60, un oasis de mariconeo y sensación de burlar las garras de la dictadura, de la policía, del siempre eficaz cretino delator, y del machito sociológico, y acaba en los esplendores de la algarabía y el orgullo de ser lo que se es sin pedir permiso y sin agachar la cabeza, incluso con juerga, risas, y diversión, en las manifestaciones del Orgullo Gay de finales del siglo XX, cuando ya, aunque algunas criaturas con cráneos de mármol como cerebro lo intentan con sermones tan iracundos como patéticos y delirantes, sin vuelta atrás, al son de una Yenka nueva que sólo da pasos adelante.

Las pamelas de Ocaña
     En la entrega del programa vimos al hoy ministro Fernando Grande-Marlaska, que contó cómo su madre rompió con él cuando le dijo que le gustaban los hombres, vimos a un reflexivo y sensato Nazario que habló de un libre y provocador y divino Ocaña, terror de las Ramblas que se paseaba con pamelas estentóreas, abanicándose su altiva desfachatez, y abriéndose el vestido vaporoso de señora loca para enseñar el pito peludo a unos transeúntes estupefactos en estado de shock. Un emocionado luchador como Jordi Petit, María Giralt o la diputada Carla Antonelli completaron la lista de gente conocida que sufrió el latigazo de una intransigencia política, religiosa, médica, social, y afectiva hasta el punto de que la ley hablaba de los homosexuales como “vagos y maleantes”, incluidos por la dictadura franquista en esa ley republicana de 1933, que no contemplaba a ese colectivo. Ochéntame otra vez volvió a dar en la tecla del servicio público aunando entretenimiento, rigor y compromiso social que apuntala, no desde la ficción sino desde el dato real, la época en la que se mueve la momia viva de la familia Alcántara en Cuéntame. De la nada de aquellos años de las primeras luces mariconiles, de cuartos oscuros que empezaban a iluminarse, de descaros y aquí estoy yo, sí, y si soy maricón, qué, como le dijo Miguel Bosé a Mercedes Milá en la prehistoria de casi todo, de la nada de aquellos años, a todos los días sopa. Te descuidas un poco y te encuentras en la comida, merienda o cena al matrimonio entre Javier Ambrossi y Javier Calvo, Los Javis, en el pisito que les ha puesto TVE, de donde apenas salen, ya sea como jurado de Operación Triunfo ya sea como invitados especiales de MasterChef.

Paca la Culona
     Un sindiós porque, ya me dirá usted, si a lo que le da la pareja –fue Zapatero, una vez más, quien “vino a romper los cimientos de la familia española”, mandándola a tomar por culo, con perdón, aprobando la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo en 2005, y cerrando un glorioso círculo de luchas para conseguir lo obvio como quedó claro en Ochéntame otra vez-, lo que pone la pareja a sus invitados es una retahíla de la latas de conserva, que es lo que hicieron cuando fueron a cenar con el matrimonio, otra pareja S.A, Mario Vaquerizo y Alaska. Está claro que la España que está viendo el puto caudillo en sus paseos amojamados desde el carricoche en el que pasea su momia de juguete por Madrid un tal Dani Mateo, especialista en tocar las pelotas a la feligresía franquista junto al jefe de la banda rosa Wyoming, nada tiene que ver con aquella España de machos que dejó el menda, se ve que no tan atada y bien atada como otras cosas, Paca la Culona –maldad del criminal Queipo de Llano-, dictador de los cojones. Queda dicho, el matrimonio de Los Javis no para. Que estén casados es una anécdota. A esa normalidad –con matices, que siempre hay abencerrajes que la lían con insultos, soflamas desde el púlpito, y rechazos de tarugos-, ha colaborado la televisión como medio potente para eso, para normalizar hasta la indiferencia anecdótica que ames a quien quieras –cuestión aparte, aún, es la transexualidad-. Y programas chorras como Fisrt dates o ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, o antiguallas como el chocarrero El diario de Patricia –a principios del presente siglo- con Patricia Gaztañaga, que incorporó historias de amor homosexual en testimonios no siempre dramáticos ni paródicos, hicieron que la carreta de la igualdad avanzaran un poquito porque esos amores, todavía “raros”, se colaron en los hogares de millones de personas de la España menos sofisticada y más conservadora con este tipo de “modas”. La madre de Concha Velasco no pudo contener el gusto de la niña. Mamá, soy gay, le dice un joven a su madre. ¿Y?, contesta la madre, algo impensable en el pasado Ochéntame otra vez.

La guinda
Hora musa
Noche de gloria el martes en La 2. Si con Cachitos de hierro y cromo ya hay suficientes razones para quedarte pegado a la pantalla, imaginémonos que detrás va otro programa de música dedicado a la música –digo música, no musiquillas dirigidas por productoras e intereses comerciales, y sólo comerciales-. Ese programa se llama Hora musa, y lo presenta Maika Makovski. Ya era hora de que algo así se viera en la tele pública.

miércoles, 18 de julio de 2018

Maldeojos. Paquita Salas


Paquita Salas
(Artículo publicado el martes, 17 de julio, en diarios del grupo EPI PRESS)

     No existe, pero Paquita Salas es reconocible, como si siempre hubiera estado ahí, como si Brays Efe, el actor que da vida a esta disparatada representante de artistas que bebe Larios con tónica acompañada con torreznos, llevara el alma de esta trasnochada mujer incrustada en su papada. Hay que recordar que los papás de la criatura, los afamados Javis, Javier Ambrossi y Javier Calvo, crearon a Paquita Salas fijándose en el espejo de otra mujer trasnochada capaz de aguantar su puesto en los platós sea como sea, y que se crece con sus propias miserias, narradas a lágrima pelada, es decir, se fijaron en la apariencia de Terelu Campos para ponerle cuerpo, peinado, cara y casi maneras a PS Management. De hecho, en el capítulo final de la extraordinaria segunda temporada de Paquita Salas, que ahora se puede ver enterita en Netflix, que la ha producido con un despliegue de medios que revierte en la calidad del producto, se cierra con un homenaje a la hija de la Campos.

     Recuerdo hace un par años el estreno en los cines Callao de Madrid de un capítulo de Paquita Salas, estreno que organizó la plataforma Flooxer, de Atresmedia, y la rápida fascinación que me produjo el personaje, como casi todos los antihéroes, los que luchan a contracorriente, los que ven que se les cae el mundo a sus pies, que no entienden el presente, pero se emperran en seguir usando sus métodos de una forma tan tozuda como patética y vivaracha. La segunda temporada de Paquita Salas es un homenaje sin fin a la tele de la década de los ochenta y noventa del siglo pasado, y por ella pasan desde Lidia San José a Andrés Pajares o la mismísima Ana Obregón de A las once en casa, donde aparecía la propia Lidia. Si pueden, vean Paquita Salas. Se lo pasarán bien. 

lunes, 4 de diciembre de 2017

Maldeojos. OT a negro



OT a negro
(Artículo publicado el jueves, 30 de noviembre, en diarios de EPI PRESS)

     En Operación Triunfo –no conozco a nadie, apenas vi el estreno, no quiero saber nada de esos aspirantes a famosos que se comerá el olvido como lo ha hecho ya con decenas de artistas que han pasado por programas churro del mismo corte-, en OT, que emite La 1, hay dos profesores, Javier Ambrossi y su pareja, Javier Calvo, conocidos como Los Javis, que en una de las clases para preparar la actuación de los concursantes, hablaron de la diversidad sexual, de lo que significan las siglas LGTBIQ, y de lo que supuso para este país la ley que sacó adelante el gobierno de Zapatero, que permitió el matrimonio entre personas del mismo sexo, ley que, dijeron, votó en contra el PP. Oh, por dios. La escena, el momento, lo emitía TVE por su canal de Youtube en directo. Pero hete aquí que, por arte de birlibirloque, la señal se fue al carajo. La pantalla se quedó en negro. 

     Está claro que pudo ser un fallo, un chispazo que dejó fuera de órbita la emisión durante dos minutos, está claro que la técnica la carga el diablo y éste mueve su rabo de azufre y es capaz de cualquier cosa, eso es verdad. Pero estamos en TVE, con una larga tradición de mamporrera del PP. Es lo que hay. Lo han demostrado una, dos, y cientos de veces. Todo lo malo que tenga que ver con el partido se esconde, se traviste o, algo igual de repugnante, se censura, no se emite. ¿Fue el comentario de estos profesores sobre el matrimonio homosexual, del que Rajoy y los suyos echaron pestes, lo que provocó el corte, el apagón, la censura en Youtube? Los seguidores del programa hablaron de tijeras. Los Javis y la directora de la academia, Noemí Galera, de fallo técnico. Puede ser, pero en TVE también puede ser lo otro. Por desgracia.