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viernes, 21 de febrero de 2020

Maldeojos. Luis Zahera


Luis Zahera
(Artículo publicado el jueves, 20 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Venga, es feo de cojones, aunque tiene su aquel. Su aquel es el de un tipo duro, de cara labrada por corrientes de agua arenosa, cauce de ríos profundos. Luis Zahera tiene un rostro que acojona y una voz como de navajas en guerra. Pero sobre toda esta mierda de palabras, Luis Zahera es un actor que te golpea el corazón si le da la real gana. Lo hemos visto en algunas historias, casi siempre de segundo, pero en cuanto aparece se come lo que pilla por delante. Y sin mover un músculo, o moviéndolos todos, porque esa es otra, este tío no parece que esté actuando, se hace con su personaje y te deja loco. Luis Zahera es Ferro en la serie que ideara Manuel Rivas, creara Aitor Gabilondo, protagoniza José Coronado, emite Telecinco –en Netflix se ve de un tirón- y se llama, con el narcotráfico gallego como motor, Vivir sin permiso.

     Lo de Luis Zahera, que es lo que me interesa en esta pieza, es milagroso. Vaya pájaro. Se come la pantalla. Es un grande. Le dieron el Goya como mejor actor de reparto el año pasado por El reino, de Rodrigo Sorogoyen. Lógico, justo. Como Ferro en Vivir sin permiso habría que ponerle un altar. Hasta el final, hasta el último plano, una de las escenas más desgarradoras de la trama y que por supuesto no desvelaré, el actor borda con la credibilidad que sólo tienen algunos creadores, un personaje al que vemos sufrir, emocionarse, caer, levantarse, siempre, siempre entregado a su “capitán”, el turbio y bien construido Nemo Bandeira, jefe gallego de los negocios más nauseabundos. Lloré viéndolo llorar y entendí sus gritos, su desconsuelo, su terrible fidelidad, leal hasta el último aliento. Grande Luis Zahera entre los grandes.

miércoles, 5 de febrero de 2020

Maldeojos. Porque lo manda el guión


Porque lo manda el guión
(Artículo publicado el domingo, 2 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Que levante la mano quien recuerde una sola vez, una, en la que Álex González – el de Un paso adelante, Los Serrano, Motivos personales, o El Príncipe- haya salido en una serie sin que a las pocas escenas no se haya descamisado para enseñar lo que hay que enseñar o, mejor, lo que se puede enseñar. Él, a golpe de botón, se quita la camisa y se queda en cueros de mitad para arriba. Es una ley que, sobre todo desde que está en líos con Mediaset, es decir, con Paolo Vasile, se cumple a rajatabla. Ocurría en la aclamada El Príncipe, donde era el poli Javier Morey. Y ocurre ahora en Vivir sin permiso, que estrenó hace unas semanas su segunda temporada en Telecinco. Tengo entendido que la producción de El Príncipe echó a andar cuando el propio Vasile, revisando los guiones, apuntó, es decir, obligó a meter carnaza en las escenas, y hacerlo cada diez o quince minutos, pero así, con el reló en la mano, viniera o no a cuento, que nunca venía, pero a quién le importa si como recompensa la pantalla se llenaba con el torso del actor, con su barriguita de mármol, con su cinturilla esculpida. Que llegaba a casa, zas, camisa fuera. Que se acostaba con una chica, zas, planos y planos, mogollón de planos, de sus brazos perlados por el sudor, de sus tetillas, de su ombligo jadeante. De verdad, sin fallo, una cosa matemática. Vean ahora Vivir sin permiso, la serie del capo Nemo, que interpreta, como en El Príncipe, José Coronado. Tampoco falla. Es la ley Vasile. Es la ley de las mamachicho prehistóricas. Sea lo que sea. ¿O es que no recuerdan la imagen de Paula Vázquez presentando Supervivientes con sus biquinis floridos y cascabeleros? Después de ella, todas en biquini, desde Eva González o Lara Álvarez a Raquel Sánchez Silva. Eso sí, el año que, nunca sabré por qué, presentó el programa de los que defecan detrás de los cocoteros Mario Picazo, el tío salió embutido en camisas como de fuerza, y eso que el ex presentador del tiempo en Telecinco, cuando dejó la cadena y se fue a correr mundo con Climas extremos –que estrenó La 2 en 2012 y de vez en cuando vuelve a emitir- se despelotó, pero se despelotó nivel total, tapándose el pajarito con las manos, para ducharse en una cabaña de madera en Oymyakon, el pueblo de Siberia más frío del mundo, se decía en la entrega.

Cristo gay
     No es malo ni bueno ni humillante ni honroso salir en bolas, lo es cuando se hace como cebo, cuando esa carne se enseña como reclamo, pero tampoco hay que ponerse locos ni ponerse tiquismiquis. De un buen jamón disfruta la mayoría. Además, chitón, lo manda el guión, punto pelota. Algo así debieron de pensar mientras trabajaba el equipo de La primera tentación de Cristo, una locura brasileña de Netflix en la que Jesús es homo y después de andar por el desierto y sus privaciones vuelve a casa, donde lo espera María, su madre, José, su padre, y el mismísimo Dios, su verdadero padre, con un maromo, con su novio, una especie de Priscilla, auténtica reina del desierto, aunque sin tanto tacón. El delirio es tan monumental que en una secuencia llevan José, María, y “el tío Vitorio” a Jesús a una habitación “porque tenemos que decirte algo muy importante”, Vale, no soy tu tío Vitorio, soy Dios, le suelta Dios a Jesús. Eres un padre ausente, dice rabioso José, que quería decírselo él de forma más suave. No es verdad, soy un padre omnipresente que hasta ve cuándo te la cascas. Ay, por dios, eres muy vulgar, le dice María a Dios, que tiene pinta de estibador con aires de hipster. Las escenas en que el novio de Jesús resulta ser Lucifer con poderes malignos, si eso, véanlas ustedes si quieren. Los actores son Gregorio Duvivier como Jesús, Fabio Porchat como Orlando, o Lucifer, el novio,  Antonio Tabet, como Dios, y así hasta el director, Rodrigo Van Der Put. Asociaciones cristianas brasileñas, tan sensibles que se han vuelto locas poniendo denuncias por hacer bromitas con la fe ajena, deberían de haber corrido a las asociaciones de cine, a las academias y por ahí para denunciar la estupidez de la sátira religiosa, un ejercicio de fin curso de niños bien de colegio de pago. Lo mandará el guión, pero La primera tentación de Cristo no es siquiera una afrenta religiosa, es una gilipollez gamberra. 

Pin anti Segura
     Una que no necesita guionistas porque su cerebro es su propio guión es Mariló Montero, que ahora ha puesto su quiosco en Canal Sur, y lo ha hecho con sus cinco punto ces, es decir, con 5.C El debate, así de lío mental lleva la señora. ¿Y qué narices, cáspita, coño, pimiento, qué quiere decir eso de las cinco ces? Ay, ignorante audiencia andaluza. Sólo una cabeza como la de esta eminente pensadora es capaz de caer en esas cosas. Ahí va. En apenas cinco conceptos resume la navarrica lo que ha de ser una buena tertulia, lo que ha de ser el periodismo de calidad –por cierto, hablando de periodismo de calidad y tal y tal, ¿sabe alguien si su ex maromo Carlos Herrera se ha marchado ya a Somalia tras pedir asilo como prometió si llegaban al Gobierno PSOE y Unidas Podemos?-. A las cinco ces, que me pierdo. La praxis periodística ha de regirse por conocer, corregir, contar, comprender y contrastar. Las cinco ces. Emocionante. Seguro que lo hace bien, pero no me tienta. Se llama prejuicios. Mis guionistas me colocan el pin Mariló y yo, como un corderillo, no la veo, aunque se me cuela en un vídeo de su paso por Todo es mentira donde monta la olla frente a Risto Mejide, que le afea que criticara que Pablo Iglesias, su obsesión, y Alberto Garzón, llevaran un pin antifascista el día que tomaron posesión como miembros del Gobierno. ¿No está bien que sean antifascistas?, preguntó Risto. Al día siguiente, parte del equipo apareció con su pin antifascista. Y una última cosita a los/las guionistas de los Premios Forqué. Sus colegas obligan a Álex González a enseñar carne, vale. ¿Era necesario contar para la gala con el maleducado y sin gracia Santiago Segura? Como Mariló, sólo tiene que enseñar su cerebro. Y sin guionistas. Servidor, ante ellos, siguiendo con la moda del pin que censura y veta, siempre lo lleva.

La chispa
Daniel Grao
No acabó de quitarse el polvo de los desiertos de Promesas de arena cuando ya vemos a Daniel Grao metido y apaleado en una cárcel de Colombia tratando de dar con el cabrón que secuestró a su hija en una playa de Valencia hace 10 años en Perdida, que emite los martes Antena 3. Es una creación de Natxo López, y sí, resulta una serie entretenida, con buen ritmo, bien ambientada, y aunque es un tema trillado, se ve con gusto. 

lunes, 8 de octubre de 2018

Maldeojos. El gran Coronado


El gran Coronado
(Artículo publicado el sábado, 29 de setiembre, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Una serie avalada por cierta expectativa se instaló en Telecinco la noche del lunes, sin duda a codazos contra Gran Hermano, que todo lo copa, lo inocula, lo contamina. Hablo de Vivir sin permiso, la única ficción, descontando el jolgorio macarra, ordinario y gamberro de La que se avecina, con que cuenta esta cadena estercolero. Me pongo a verla sin prejuicios, o con la mosca dominada detrás de la oreja, a ver qué pasa. Y pasa que veo a José Coronado como Nemo Bandeira – ex narco, sesentón, con Alzheimer a las puertas, y gallego aunque con un español de Valladolid que te trepa, nada que ver con los gallegos gallegos de Fariña, bendita ficción que emitió Antena 3 para gloria de la ficción española- y Álex González como el ambicioso hijo adoptado del capo. O sea, veo a los colegas de El príncipe, que también emitió la de Vasile, que dejó su sello en una y en otra a pesar de que el creador de ambas es Aitor Gabilondo.

     Es una serie para Telecinco, es decir, nada de aventuras narrativas, nada de vanguardia estética, nada de atrevimientos de guión. Vivir sin permiso se puede ver, pero en ella todo es previsible. La serie tiene un poco de todo lo visto, un producto sin sorpresa que casi seguro le va a funcionar bien a la empresa. Suspense, saga familiar con hijos ajenos al negocio, y un ahijado halcón que babea y rabia pensando que se va a quedar fuera del enorme pastel empresarial erigido por Nemo años antes al amparo de la droga. En el primer capítulo Álex González no se quitó la camisa para enseñar jamón, pero sí hubo escena relamida de sexo, una imposición del capo Paolo, seguro. En cada capítulo la veremos, también seguro. Por cierto, José Coronado, una vez más, está enorme.


jueves, 27 de abril de 2017

Maldeojos. El teatro vacío



El teatro vacío
(Artículo publicado el domingo, 23 de abril, emn diarios de EPI PRESS)

     Me entero con emoción creciente de que un actor italiano, Giovanni Mongiano, autor y experto en Pirandello y Tolstói, llegó al Teatro del Popolo en Gallarate, en la provincia de Varese, en la Lombardía, para representar su propia obra, Improvisaciones de un actor que lee. La taquillera, azorada, nerviosa, entró en el camerino para advertirle, “maestro, no sé cómo decírselo, pero en la sala no hay ni una sola persona”. Giovanni la miró y le contestó, “voy al escenario, el espectáculo se hace igualmente”. Y así fue. La sala fue testigo del milagro del homenaje de un hombre que convirtió la sala vacía en una potente arma de provocación y simbolismo. Hasta el técnico de luces, con años de experiencia, se quedó perplejo por lo que estaba viendo, por la irresistible atracción que ejercía aquel loco sobre la escena. ¿Cobraría algún tipo de simbolismo, un toque de compasiva grandeza, ese gesto de heroica resistencia, ese puñal de provocación, la cara de Jorge Javier Vázquez en el anuncio de un juego de azar aún sabiendo que no lo ve ni dios? Cuando salga en ese anuncio diseñado por el enemigo, atroz, paralizante como un espray anti violadores, fíjense en la torta de su jeta. No sabe uno si sonríe, si aprieta el culo, o caga sin más y viva la Pepa. ¿Sería lo mismo si ese disparate, seguro que pensado para un perfil de consumidor con el nivel de entendimiento intelectual a ras de aturdimiento social, no lo viera ni el Lolo el de la Conchi?  La tele no tiene la grandeza del teatro. Siempre hay alguien frente a la pantalla, siempre. La televisión no tiene ni componente poético ni heroico. Jamás ha saltado la noticia, que también sería una bomba de poesía activa y militante, que diga que este o aquel programa de televisión no lo ha visto nadie. Pero nadie es nadie, ni una persona. De lo más grotesco a lo más exquisito, de lo hediondo a lo vivificador, siempre hay un espectador, aunque sólo sea uno, que mira la pantalla. Y cuanto más pútrido y necio sea lo que se emita, más espectadores  -¿piensa en Supervivientes?-.

Viudas ofendidas
     ¿Cambiaría la gilipollez, lo bizco, ese olor a mugre craneal, a sobaco apestoso de llevar a mucha honra al cristo en angarillas, si el torerito Fran Rivera diera sus opiniones no en la tele, no en Espejo público, sino en el comedor de su casa, o incluso en la tele, o incluso sentado en la mesa del Telediario sustituyendo a Pedro Carreño en La 1, que cada día parece más un ave que mueve su cabecita para picotear este grano de trigo, aquel grano de maíz, pero que lo hiciera sin ese resabio de veneno, sin esa cara retadora, sin el gesto tan pecaminoso de mandar a que se duchen los antitaurinos –para el menda, todos olemos mal- vestido con terno azul y cordón dorado de no sé qué hermandad de Sevilla? ¿Es compatible la chulesca altanería, la beligerancia y el desprecio, con religión tan misericordiosa? No lo es. Una señora gallega, presidenta de la Asociación de Viudas de Lugo, Aurora Carro, puso una denuncia por un cartel donde se ve a un tipo con nariz de payaso, zapatillas de andar por casa, una copa en la mano, arreos como de papa de Roma, y el solideo en la coronilla. Anunciaba el carnaval 2017 de A Coruña. Pues bien, el concejal de Cultura acudió esta semana a declarar al juzgado a cuenta de ese papa cartelero y carnavalero que tanto ofendió a la viuda y a “otras cuantas amigas”. La que armó doña Aurora. El concejal acudió al juzgado apoyado por decenas de curas, monjas, obispos y cardenales de chirigota. Doña Aurora hasta ha salido en la tele para decir que “ya está bien de poner la otra mejilla, y que ya está bien de quedarse en la mesa camilla, que hay que salir a protestar”. Guerrera doña Aurora. Pero tiene la batalla perdida. Si a los carnavales les quitas, como ella quiere, que nadie se vista de cura barrigón, monja putilla, militar hitleriano, o policía morboso con pernil abultado, el carnaval se quedaría a un tris de estar como el teatro de Gallarate.

El risitas
     ¿Nos estamos volviendo locos con tanto ofendido? Ofende lo escrito, lo dicho, lo visto. A ver si detrás de todo esto no hay más que el burdo intento de volver a los bonitos tiempos de la mordaza. En El intermedio llevan días hablando de lo mismo, y el pico de la mesa se le va a acabar clavando en el culo al Gran Wyoming de tanto reflexionar. Don Pablo Iglesias, nacido para agarrar un micrófono y ponerse ante una cámara, no reflexiona como los demás. Él se sube a un autobús, coge el micrófono, espera a que el piloto rojo esté encendido, y hala, te monta un programa solito. Y además le da tiempo a decirle a Ana Rosa, fíjate tú, que tal vez le guste más el PP que escuchar cosas sobre tramas y políticos, y empresarios, y periodistas corruptos. O sea que como él sólo dice la verdad, y la verdad ofende, hay gente que se cabrea. La conexión en directo, como ha hecho antes con Al rojo vivo, Más vale tarde, y otros programas, no tiene desperdicio. La expresión del político es de una altanería, dogmatismo, y desprecio por el contrario que, por más razón que lleve, y la lleva señalando a los mafiosos, casi la invalida porque además se arroga la propiedad de la denuncia, como si ningún medio, político, partido, o juez español haya tenido nada que ver en desenmascarar parte de “la trama”. Mientras hablan los demás, ahí está la videoteca para comprobarlo, Pablo Iglesias sonríe como el que otorga y condesciende ante las gilipolleces del otro, gesto que se torna severo, duro, inclemente y arengador, en cuanto habla él. Compruébenlo. Pablo apenas necesita gente para la función. Se basta él solo. No así José Coronado, cuyo corazón infartado estos días vació el teatro suspendiendo la función esa noche, ya fuera de peligro. ¿Creíamos haberlo visto todo? Hay quien sueña con ver las últimas estrellas de la niebla de Orión. Hay quien no podrá soñar nunca más al ver el culo de Jorgeja mirando el mundo desde un rascacielos de NY. Se tapó las lorzas y la colita con una toalla, pero el mal ya estaba hecho. Ni ofensa hay. Sólo vacío y frío, como el teatro del Popolo de Gallarate. Pero sin poesía ni heroicidad.

La guinda
Cintora
En 2015 presentaba con desparpajo y conocimiento Las mañanas de Cuatro, pisándole los talones a Ferreras en Al rojo vivo. Mediaset, presionada por el Gobierno, incapaz de soportar el periodismo beligerante y libre, trató de meter a Jesús Cintora en cintura .Y lo consiguió. Lo expulsaron del programa. Ya no está en la órbita de Vasile. Ahora va por los platos –La Sexta Noche-, presentando su libro. ¿Terminará en Atresmedia?

martes, 26 de abril de 2016

Maldeojos. El Príncipe



El Príncipe
(Artículo publicado el sábado, 23 de abril, en diarios de EPI PRESS)

      Final apoteósico. Si se descuidan los creadores, César Benítez y Aitor Gabilondo, caen hasta ellos de un disparo mal salido de los muchos que escuchamos en el último capítulo de El Príncipe, que vieron la noche del miércoles más de 5 millones, un dato apabullante. De la escabechina destaca la muerte de Fran, inspector de policía al que da vida José Coronado, Khaled, el terrorista que pasaba por empresario, interpretado por Stany Coppet, y Fátima, Hiba Abouk, esposa de Khaled pero enamorada del inspector Morey, Álex González. Han sido, si no cuento mal, 31 capítulos, la misma cantidad de veces que el protagonista, Álex González, se ha quitado la camisa y ha enseñado lomo. Hasta en el último, agonizando Fátima en la playa, y tal como se dijo en el primero, en el Príncipe todo acaba en agua salada, en lágrimas o en el fondo del mar.

     Fue un capítulo intenso que la cadena supo coronar con esas entregas que ahora se han puesto de moda. Abrir boca con cebos sobre el capítulo a emitir, y cerrar la noche con el “cómo se hizo el capítulo”. Siempre me ha gustado esa parte de la ficción. Cuando me la he bebido quiero ver el otro lado de la magia. Es cuando hablan los actores sobre su trabajo, sobre las condiciones climáticas, cuando los decoradores nos muestran la pared de cartón y vemos en primer plano el lío de cámaras, monitores, maquilladores, sastres, iluminadores y los cromas con los que nos engañan convirtiendo la nada en un asombro. Con estos epílogos –Dentro de El Príncipe- disfruto como un niño. Vi fascinado cómo se hicieron las escenas de la playa, con la cámara acuática, con el croma simulando estar en el mar de Ceuta, y con el dron sobrevolando el drama de los amantes. Apoteósico.


jueves, 3 de septiembre de 2015

Maldeojos. Hormiguitas



Hormiguitas
(Artículo publicado el martes, 1 de setiembre, en periódicos de EPI PRESS)

      Pero bueno, ¿qué ha pasado? ¿Cómo hace El hormiguero una promoción de su nueva temporada donde no está Will Smith, tan de las hormiguitas como Pablo Motos? El programa estrella, que tan buenos resultados le da a Antena 3 –el lince Paolo Vasile seguirá tirándose pellizcos y cagándose en los guionistas de Gym Tony, porque esa mamarrachada es la que compite a la misma hora en Cuatro con Trancas y Barrancas, dejadas escapar por unos ceros en el cheque-, empezó anoche su nueva temporada, y para promocionarla han grabado un vídeo cargado de estrellas amigas. Desde Dani Rovira a Antonio Banderas o José Coronado, pero también políticos como Albert Rivera o Pedro Sánchez. Y Nicole Kidman, y Ricardo Darín y Ricky Martin. Y Susana Griso, y Jordi Évole. Hasta Isabel Preysler.

      ¿Quién da más por menos? El hormiguero no paga a sus invitados por muy estrellas que sean, y eso que Preysler no sale de su casa con el polvo de la eterna juventud echado si no le ponen en la mano algo más que una bandeja de bombones, por muy dorados que estén. Pero ella es lista, y huele lo que da prestigio y lo que quita. Ir al hormiguero “a divertirse” da prestigio. Que te nombren siquiera en Sálvame –a mí me nombraron cuando la muerte de Aquí hay tomate y aquí me tienen- te lo quita. Isabel Preysler lo sabe, y por eso ignora y se le pone el bótox de punta en cuanto huele el pestazo de los de Telecinco, pero adora y se presta al juego de las grandes estrellas de El hormiguero. Es un gran formato, un gran espectáculo, pura televisión. Eso sí, soy incapaz de verlo entero, pero el problema es mío. Me divierto en otros hormigueros.