Mostrando entradas con la etiqueta Fran Rivera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fran Rivera. Mostrar todas las entradas

jueves, 27 de abril de 2017

Maldeojos. El teatro vacío



El teatro vacío
(Artículo publicado el domingo, 23 de abril, emn diarios de EPI PRESS)

     Me entero con emoción creciente de que un actor italiano, Giovanni Mongiano, autor y experto en Pirandello y Tolstói, llegó al Teatro del Popolo en Gallarate, en la provincia de Varese, en la Lombardía, para representar su propia obra, Improvisaciones de un actor que lee. La taquillera, azorada, nerviosa, entró en el camerino para advertirle, “maestro, no sé cómo decírselo, pero en la sala no hay ni una sola persona”. Giovanni la miró y le contestó, “voy al escenario, el espectáculo se hace igualmente”. Y así fue. La sala fue testigo del milagro del homenaje de un hombre que convirtió la sala vacía en una potente arma de provocación y simbolismo. Hasta el técnico de luces, con años de experiencia, se quedó perplejo por lo que estaba viendo, por la irresistible atracción que ejercía aquel loco sobre la escena. ¿Cobraría algún tipo de simbolismo, un toque de compasiva grandeza, ese gesto de heroica resistencia, ese puñal de provocación, la cara de Jorge Javier Vázquez en el anuncio de un juego de azar aún sabiendo que no lo ve ni dios? Cuando salga en ese anuncio diseñado por el enemigo, atroz, paralizante como un espray anti violadores, fíjense en la torta de su jeta. No sabe uno si sonríe, si aprieta el culo, o caga sin más y viva la Pepa. ¿Sería lo mismo si ese disparate, seguro que pensado para un perfil de consumidor con el nivel de entendimiento intelectual a ras de aturdimiento social, no lo viera ni el Lolo el de la Conchi?  La tele no tiene la grandeza del teatro. Siempre hay alguien frente a la pantalla, siempre. La televisión no tiene ni componente poético ni heroico. Jamás ha saltado la noticia, que también sería una bomba de poesía activa y militante, que diga que este o aquel programa de televisión no lo ha visto nadie. Pero nadie es nadie, ni una persona. De lo más grotesco a lo más exquisito, de lo hediondo a lo vivificador, siempre hay un espectador, aunque sólo sea uno, que mira la pantalla. Y cuanto más pútrido y necio sea lo que se emita, más espectadores  -¿piensa en Supervivientes?-.

Viudas ofendidas
     ¿Cambiaría la gilipollez, lo bizco, ese olor a mugre craneal, a sobaco apestoso de llevar a mucha honra al cristo en angarillas, si el torerito Fran Rivera diera sus opiniones no en la tele, no en Espejo público, sino en el comedor de su casa, o incluso en la tele, o incluso sentado en la mesa del Telediario sustituyendo a Pedro Carreño en La 1, que cada día parece más un ave que mueve su cabecita para picotear este grano de trigo, aquel grano de maíz, pero que lo hiciera sin ese resabio de veneno, sin esa cara retadora, sin el gesto tan pecaminoso de mandar a que se duchen los antitaurinos –para el menda, todos olemos mal- vestido con terno azul y cordón dorado de no sé qué hermandad de Sevilla? ¿Es compatible la chulesca altanería, la beligerancia y el desprecio, con religión tan misericordiosa? No lo es. Una señora gallega, presidenta de la Asociación de Viudas de Lugo, Aurora Carro, puso una denuncia por un cartel donde se ve a un tipo con nariz de payaso, zapatillas de andar por casa, una copa en la mano, arreos como de papa de Roma, y el solideo en la coronilla. Anunciaba el carnaval 2017 de A Coruña. Pues bien, el concejal de Cultura acudió esta semana a declarar al juzgado a cuenta de ese papa cartelero y carnavalero que tanto ofendió a la viuda y a “otras cuantas amigas”. La que armó doña Aurora. El concejal acudió al juzgado apoyado por decenas de curas, monjas, obispos y cardenales de chirigota. Doña Aurora hasta ha salido en la tele para decir que “ya está bien de poner la otra mejilla, y que ya está bien de quedarse en la mesa camilla, que hay que salir a protestar”. Guerrera doña Aurora. Pero tiene la batalla perdida. Si a los carnavales les quitas, como ella quiere, que nadie se vista de cura barrigón, monja putilla, militar hitleriano, o policía morboso con pernil abultado, el carnaval se quedaría a un tris de estar como el teatro de Gallarate.

El risitas
     ¿Nos estamos volviendo locos con tanto ofendido? Ofende lo escrito, lo dicho, lo visto. A ver si detrás de todo esto no hay más que el burdo intento de volver a los bonitos tiempos de la mordaza. En El intermedio llevan días hablando de lo mismo, y el pico de la mesa se le va a acabar clavando en el culo al Gran Wyoming de tanto reflexionar. Don Pablo Iglesias, nacido para agarrar un micrófono y ponerse ante una cámara, no reflexiona como los demás. Él se sube a un autobús, coge el micrófono, espera a que el piloto rojo esté encendido, y hala, te monta un programa solito. Y además le da tiempo a decirle a Ana Rosa, fíjate tú, que tal vez le guste más el PP que escuchar cosas sobre tramas y políticos, y empresarios, y periodistas corruptos. O sea que como él sólo dice la verdad, y la verdad ofende, hay gente que se cabrea. La conexión en directo, como ha hecho antes con Al rojo vivo, Más vale tarde, y otros programas, no tiene desperdicio. La expresión del político es de una altanería, dogmatismo, y desprecio por el contrario que, por más razón que lleve, y la lleva señalando a los mafiosos, casi la invalida porque además se arroga la propiedad de la denuncia, como si ningún medio, político, partido, o juez español haya tenido nada que ver en desenmascarar parte de “la trama”. Mientras hablan los demás, ahí está la videoteca para comprobarlo, Pablo Iglesias sonríe como el que otorga y condesciende ante las gilipolleces del otro, gesto que se torna severo, duro, inclemente y arengador, en cuanto habla él. Compruébenlo. Pablo apenas necesita gente para la función. Se basta él solo. No así José Coronado, cuyo corazón infartado estos días vació el teatro suspendiendo la función esa noche, ya fuera de peligro. ¿Creíamos haberlo visto todo? Hay quien sueña con ver las últimas estrellas de la niebla de Orión. Hay quien no podrá soñar nunca más al ver el culo de Jorgeja mirando el mundo desde un rascacielos de NY. Se tapó las lorzas y la colita con una toalla, pero el mal ya estaba hecho. Ni ofensa hay. Sólo vacío y frío, como el teatro del Popolo de Gallarate. Pero sin poesía ni heroicidad.

La guinda
Cintora
En 2015 presentaba con desparpajo y conocimiento Las mañanas de Cuatro, pisándole los talones a Ferreras en Al rojo vivo. Mediaset, presionada por el Gobierno, incapaz de soportar el periodismo beligerante y libre, trató de meter a Jesús Cintora en cintura .Y lo consiguió. Lo expulsaron del programa. Ya no está en la órbita de Vasile. Ahora va por los platos –La Sexta Noche-, presentando su libro. ¿Terminará en Atresmedia?

martes, 10 de mayo de 2016

Maldeojos. Aquí mando yo



Aquí mando yo
(Artículo publicado el domingo, 8 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

     Qué clase de crítico es un crítico que habla de un programa que ya no se emite y que duró menos que una visita de Rajoy al Congreso para dar explicaciones de su gestión al frente de un Gobierno que pone el cazo para cobrar a fin de mes pero se tapa la boca por si entran moscas. Hablo de Aquí mando yo, del que Antena 3 sólo emitió un programa. Quien manda en el mando es el que manda. Eso lo sabe todo el mundo. Quien manda en el mando es quien maneja la barca. Dime quién tiene el mando y te diré quién manda. Y así todo el rato. Antena 3 estrenó Aquí mando yo hace unos viernes. Un fracaso que no llegó ni a la audiencia de Dos días y una noche, el programa de  los viernes por la noche de Susana Griso, que hacía una especie de En tu casa o en la mía –siempre era la del invitado-, con hospedaje incluido. Se fue sin mucha polvareda y Aquí mando yo llegó aún peor. ¿Quién quiere ver a gente viendo la tele? Esa era la propuesta. Tú, en casa, te metes en la de los otros para ver quién manda en el mando, qué comentarios hacen ante este u otro programa, o qué caras ponen. Quitado el factor sorpresa, lo demás es un aburrimiento. Es un programa sin tirón. No te lo crees. Tiene más interés la ida de olla de cualquier profesor de filosofía que los comentarios ante la tele. Claro que si nos ponemos filosóficos habría que estudiar por qué hay gente que mira a gente que se encierra en una casa y se tira en un sofá tocándose la flor en un bucle sin fin. Una de las elegidas por el programa para ver sus reacciones, Carolina Iglesias, joven llamémosla deslenguada, llamémosla avispada, o resumamos llamándola como ella quiere, o sea, youtuber, ironizó al enterarse de que Antena 3 suspendía la emisión diciendo que hubiera triunfado si se hubiera llamado Aquí manda mi coño. Es lo mismo, pequeña.

Ágatha, la pavipija
Antena 3, cuando vio el morrocotudo fracaso lo retiró con excusa real, enviaremos el programa, dijeron, a talleres después de no pasar la ITV, como dijo el rey que no es rey pero sigue colgado a la teta pública al salir del hospital en otro de sus comentarios tan, tan campechanos, época en la que aún hacía gracia el Borbón. Cuando una cadena dice que envía un producto al taller, quiere decir que se lo limpia sin piedad –lo ha hecho esta semana con Top Dance-. He dicho antes morrocotudo, y lo he dicho a conciencia. La palabra la usó la semana pasada la señora de la casa, casa de muñecas donde habitan Ágatha Ruiz de la Prada-Pavipija, y don Pedro José Ramírez, el de los tirantes, el periodista irreductible, el tipo que hizo de los atentados del 11M en Madrid un cuento miserable y llevó al periódico que dirigía a un abismo de desprestigio sin fondo. Aquí mando yo, dijo la audiencia. Y la audiencia se fue a ver La embajada en Antena 3. Toma castaña, y castañazo de Mi casa es la tuya, y eso que no tiene precio escuchar a la “diseñadora anti depresión” decir que “lo más guay es ser duquesa de Alba”. Tampoco fue manca la escena de disfrazar a Fabiola Martínez, señora del cantante de rancheras, con los adefesios de la pavipija, que ella llama “agathizar” a la peña. Pero la cumbre del primer programa se lo llevó la escena de la sirvienta. En el comedor, con mesitas de parvulario, los invitados y anfitriones son servidos por una sombra “agathizada” a la que la pavipija obliga a llevar sus horrendas vestimentas. Por mucho que gane la asistenta, no está pagada semejante humillación. ¿Se puede ser más hortera que enseñar a la criada -¿se dice todavía criada?- sirviendo con guantes blancos la comida a los señores, ellos con estricta corbata “porque Pedro J. jamás come sin corbata”? La basca de Telecinco los mandó a por madalenas.

Pepe y el amateur
En su primer asalto, La embajada pudo con Mi casa es la tuya. Por una noche Antena 3 pudo decir, aquí mando yo. Andréu Buenafuente invitó a Belén Rueda, protagonista de la serie, a Late Motiv, y echaron unas risas con el triunfo de la ficción que cuenta las andanzas del embajador español en Bangkok y su familia, en el punto de mira de la red de corrupción que anida en la embajada. De repente, el invencible Bertín Osborne, acostumbrado a mandar en el mando, se cayó del guindo y no alcanzó ni el 14%. Esta semana han tirado de rancio para remontar –Fran Rivera, y han dado en la diana, una entrega turbia, machista, aburrida, la de dos tipos que flipan en la cocina, territorio hostil, terreno de hembras-, pero si la cosa no sube como quieren, ya lo dejo escrito, echarán mano de Belén Esteban o de cualquier pelanas al grito de un Paolo Vasile desencajado que deja claro que sí, que ahí manda él. Igual que la fiscal que lleva el caso de Rita Maestre, que solicita la confirmación de la condena que se le impuso a la concejala de Ahora Madrid –por protestar en 2011 con las tetas al aire por la existencia de espacios religiosos en la universidad- argumentando que “las señoritas están en su derecho de alardear de ser putas, libres, bolleras, o lo que quieran ser, pero esa conducta ante el altar… implica un ánimo evidente de ofender”. Vaya con la fiscal. Pero el que esta semana ha mostrado una cara de perro que ladra en cuanto las críticas le alcanzan la papada –igual que el cínico Juan Luis Cebrián, que celebró el 40 aniversario de El País hablando de libertad de prensa, eso sí, hasta que un cantamañanas como Ignacio Escolar le relacione con petroleras y Panamá- fue Pepe Rodríguez, que dejó claro que en Masterchef es el amo, un aquí manda mi coño, que diría Rita Maestre ante un altar de frutas y verduras. Se lo dejó cristalino –como se dice en El secreto de Puente Viejo- al concursante valenciano David, que murmuró que los comentarios de Pepe eran humillantes y gratuitos, pero Pepe, sobrado, chuleta, dijo “no me voy a justificar ante un amateur”. Como vemos, a un lado y otro de la pantalla se libran guerritas para dejar claro quién manda en el mando –del concurso, de la prensa, de las audiencias, de la política-.

La guinda
Ángel de Andrés
Se ha ido joven, con 64 años. Las hagiografías ensalzan la carrera del actor Ángel de Andrés López, y en verdad se lo merece porque tuvo algunos trabajos memorables o, al menos, destacables, algunos de la mano de Pedro Almodóvar. Pero no, no me trago el que justo se destaque su terrible Manolo –y Benito, que hacía Carlos Iglesias- en ese bochorno llamado Manos a la obra, que emitió Antena 3 para tormento de inocentes.