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jueves, 1 de marzo de 2018

Maldeojos. Trabajar sin cobrar



Trabajar sin cobrar
(Artículo publicado el domingo, 25 de febrero, en diarios del grupo EPI PRESS)

     A ver, empresarios, que levante la mano el que no haya soñado alguna vez con esa idea, la de tener a un puñado de currantes doblando el lomo, llegar a fin de mes, y cada cual a su casa, tan contentos, trabajando sin cobrar un puto euro, diría el duro de la serie social mirando de soslayo al tiempo que escupe un resto de mondadientes, quizá, para marcar aún más que es un chico malote, recolocándose el paquete. De alguna forma, el quinqui Gerardo Díaz Ferrán, que fue nada menos jefe de la patronal de este país y condenado por apropiarse del dinero de los clientes del Grupo Marsans, lo dijo en frase que pasó a los anales de la desvergüenza, de la chulería del que se cree impune, y del agravio a los trabajadores machacados sin disimulo, aquello de trabajar más y ganar menos. Pero hay también currantes canallas, sinvergüenzas a gogó. Y hacen lo contrario, cobrar sin trabajar. ¿Cómo? Como lo leen, cobrar sin trabajar. Es lo que enfocaba hace unos días En el punto de mira, que emite Cuatro con Boro Barber, Mireia Linares, Verónica Dulanto, y Marta Losada, que se alternan los reportajes. Boro y el equipo se fue a Valencia, colocaron cámaras frente a los Juzgados, y las dejaron encendidas a ver qué cazaban, y pasó lo que, supongo, ya saben que pasó. Que hay un puñado de funcionarios que manchan el buen nombre del resto, que sin duda son mayoría. Aparcan los coches, entran por la puerta de los trabajadores, fichan en la maquinita, y se largan a hacer sus cosas, a comprar, a desayunar como si no hubiera un mañana enlazando con la comida, y por supuesto a eso, a cobrar a fin de mes sin trabajar. Otros curritos del sector privado se dan de baja por lesiones inventadas u otras estafas y resulta que tienen otro trabajo o se pasan la mañana en el gimnasio. En total, el absentismo laboral cuesta más de mil millones al año.

Silencio, se duerme
     Una que cobra sin trabajar, y que no cazó En el punto de mira porque está más cazada que una perdiz en tiempos de permiso cinegético, es la dicharachera Celia Villalobos, experta en Candi Crush y echar unas siestas bíblicas, torrenciales, pantagruélicas, venales, provocadoras y envidiables en su escaño de diputada. Qué señora. Vamos, coño, Celia, no eres más cínica porque no entrenas. Esta tipa es tan moderna y avanzada que dijo hace un suspiro que ella está dispuesta a trabajar hasta los 80 años. Yo, si me tocara la seta como ella cobrando lo que ella, también. Es tan liberal, tan guay, tan completa, que hasta el Círculo de Empresarios Españoles se le queda corto. Estos circunspectos señores han dicho que ese festival del asueto que supone la jubilación a los 67 años hay que ir cortándolo para currar hasta los 75, qué puñeta, dice Javier Vega, el presidente de ese círculo de amigotes, que también dijo en La Sexta noche que en las empresas privadas algunos políticos serían despedidos por inoperantes, vamos, por cobrar sin trabajar. Estos días, en una de esas olas que van y vienen, se ven en las redes sociales fotos de diputados con la baba caída y la cabeza recostada en el hombro durmiendo como plácidos bebés a los que sólo les falta el orinal al lado. No hay duda. Esta peña cobra sin trabajar. Como el rey emérito. Se me dirá que el ciudadano Borbón, como dice cualquier Pablo Iglesias que se precie, cobra su pensión como cualquier trabajador. Venga, venga. El rey Juan Carlos, que está al loro de todo, al escuchar el chiste se partirá el culo -¿los reyes tienen culo, eméritos o no?-. Ya sabemos que este señor es la mar de chistoso, y campechano. Y muy homófobo. No sabía que te vestías de maricón, le soltó a José María García un día que se lo encontró con un jersey rojo, le dijo a Jordi Évole en Salvados. ¿Por qué este funcionario real no da explicaciones, se deja entrevistar sin condiciones, y nos enteramos en qué líos está cuando dice que aún sigue trabajando por España?

El himno de Marta
     No sé si saberlo pondría los pelos de punta. Lo que sí sé es que Un mundo sin trabajo, que emitió Documentos TV, los martes, en La 2, aterra por lo que se nos viene encima. La ola tecnológica masiva y menos costosa aleja de los humanos el concepto de pleno empleo. El capitalismo digital podría hacer desaparecer millones de puestos de trabajo en cualquier sector. La cuarta revolución industrial puede crear fractura laboral y social o ayudar a crear un mundo mejor. Esta batería de titulares resume un reportaje que me bebí entre la ansiedad y la pachorra del que se cree que ese mundo no le pillará. Y si me pilla, que me pille con una copita de vino en la mano para seguir en la inopia. Aunque el trabajo de Philippe Borrell te lo pone difícil cuando oyes que frente a la lógica digital, los humanos empiezan a quedarse sin aliento. Quitar el trabajo a los humanos no es liberarlos sino condenarlos a la precariedad, es decir, hacer una clase trabajadora cada día más frágil e invisible. El mundo será manejado por algoritmos diabólicos. ¿No hay esperanza? Termina el documental preguntándose si no sería mejor para todos repartir de forma equitativa la riqueza generada por las máquinas. Claro que sería mejor, pero ya digo yo que no será así. Ninguna revolución industrial ha repartido la riqueza de forma equitativa. Pero terminemos a lo grande, vayámonos arriba. ¿Habrá que repartir de forma equitativa la riqueza generada por la letra de Marta Sánchez, de rojo y gualda, para el himno patrio? Creí morir la otra mañana escuchando esta última bocanada de cursilería, ñoñez y afrenta a mis sentimientos de español, pero no de español gilipollas. Los populistas Rajoy y Rivera se apresuraron a apoyar la ocurrencia idiota. También el eurodiputado del PP González Pons, con la hueca solemnidad que le caracteriza, le dijo a Sussana Griso en Espejo público que da su bendición a la afectada patochada, y que en Bruselas no para de trabajar y trabajar y trabajar. Seguro que por nuestro bien. Así que los de El punto de mira ya saben dónde tienen que dirigir el próximo foco.

La guinda
Cena indigesta
Esta semana, en una vuelta de tuerca terca, Cuatro se ha empeñado en darnos la cena de tanto reír y reír. Es difícil ver Ven a cenar conmigo VIPS sin desabrocharte el lomo. Es muy fuerte ver en la misma mesa a Víctor Janeiro, Ana Obregón, Rappel, y Lucía Etxebarría. Una cosa está clara. Los guionistas se lo curran. Y estos famosillos en hora baja están dispuestos a todo. Así que cuidado, espectadores, la cena puede ser indigesta.


miércoles, 24 de enero de 2018

Maldeojos. No me llames zorra



No me llames zorra
(Artículo publicado el domingo, 21 de enero, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Se indigna mucho María Patiño, con la forma de indignarse que tiene ella, es decir, con los labios apretados, las cejas arqueadas para dibujar una mirada de furia que ni el furioso Donald Trump puede superar, cuando le dice a María Lapiedra que no la llame zorra por hacer su trabajo. Para los no iniciados, Lapiedra fue estrella del porno para adultos enganchados a las “guarreridas” –bendito Chiquito-  y ahora es estrella de otro porno ocupando una silla de Sálvame, una de las últimas salas X que aún quedan en este país. Junto a Gustavo González, periodista del mundo rosa, seminal y percudido, han vivido al margen de sus parejas y de su familia una historia de amor que ahora venden por entregas en Telecinco. Por lo pronto, para resumir, María Lapiedra, a la que siempre sacan como a una Lidia Lozano moqueando y lloriqueando, ha conseguido un contrato de colaboradora en la cama redonda que regenta Jorge Javier. Paréntesis. Ojo, Jorgeja. Que el listillo Carlos Sobera, ceja para aquí, ceja para allá, te está comiendo el terreno y ya acumula tantos encargos que acabarán poniéndole cama en los pasillos de la factoría porque no le dará tiempo de ir a su casa a cambiarse de calzoncillos, que entre First dates, lo de los nenes de Big Little Show, algunos especiales, y ahora Volverte a ver, la eterna Hay una carta para ti, don Carlos acaba comiéndote por patas. Cierro paréntesis. Vuelvo al enfado de Patiño, que aseguró que si hubiera sido al revés, o sea, llamar zorra a la otra, a la otrora estrella del porno, “se me hubiera machacado”. Y lleva razón. Es como hacer sangre del árbol caído si llamamos inepto al inepto director general de la DGT, don Gregorio Serrano, capillita, taurino y rancio sevillano que lame el piso que pisa su mentor, Juan Ignacio Zoido, el de Interior, otro sevillano de capilla y hermandad, según escucho a Dani Mateo en El intermedio. Serrano no tenía ni idea –ni puta idea, siendo justos- ni de carreteras ni de tráfico, y qué. Pero sabe cómo ponerse tieso y elegante ante un cristo ensartado y beber rebujitos  y hasta dar unos pasos de sevillanas sin mariconadas. Rojo, llámame meapilas, pero en la DGT se vive como dios, le dirá el alto mando a Dani Mateo y a toda su casta.

Ana Rosa y Oprah
     Es la versión menos agresiva, es decir, el dame pan y llámame tonto de toda la vida. Llámame imputada y dame prebendas, dice sin decir la senadora cartagenera del PP Pilar Barreiro, a la que el Tribunal Supremo abre causa por delitos de falsificación de documentos y fraude. Ella lo era todo como alcaldesa de Cartagena y mírala, en su silloncito de senadora tocándose el mango. Y tan feliz. Las Campos están en esa línea, llámame cateta y dame guita. Hacía tiempo que decadencia tan abultada no se veía en la tele viniendo de alguien que reinó como una de las grandes y hoy ahí está, hecha una madre coraje para sacar adelante a su parva, que si no fuera por la generala, a ver, a ver de qué. Yo creo, con la misma convicción que Jenaro Castro cree, Informe semanal, La 1, que lo está haciendo bien con el PP, que Maritere Campos es consciente del ridículo que hacen en su programa, de la innecesaria exposición de una intimidad que no es tal sino que está sometida al albur de unos guionistas despiadados que las humillan por un puñado de euros. Llámame de todo pero mantén a mis nenas, y a mí misma, en ese candelabro del que, en otra situación, yo misma echaría la pota. Ay, la papada sebosa de Carmen Borrego rebanada por la faca del cirujano, ay, el perrito caliente y el chulo de mentira que acosaba a Terelu Campos, ay, la casita de la faraona con sus alfombras caras y sus dorados horteras. Ay, cuánto drama en ese chisporroteo tan mariquita de Las Campos. Y ya puestos a reírnos hasta de la suegra, ¿se imaginan a Ana Rosa Quintana dispuesta a saltar del plató donde reina como una mari ilustrada a gobernarnos, imitando a Oprah Winfrey, que por mucho que haya desmentido que no quiere ser presidenta de EEUU el hecho de imaginar un mundo sin el Atila Trump despierta el entusiasmo planetario, igual que la nuestra despertaría los chascarrillos más crueles a pesar del rechazo a Rajoy, que actúa como el que dice llámame lelo, pero sigue votándome?

Y Celia, la loba
     Llámame alucinado y dame más horas de la nave del misterio, dice Íker Jíménez sin poder contener la carcajada. O, volviendo a Volverte a ver, lo de Sobera, llámame lo que quieras, incluso zorra, qué quieres que te diga, pero nómbrame reportero/a del programa. ¿Se imaginan a Rocío Jurado soñando a lo grande, como cuando cantaba, no cuando se ponía pava y cursi, que su hija Gloria Camila sería reportera sin pasar por universidad alguna? Pues lo ha conseguido. Gloria Camila, junto al terrible cuadro de nombres residuales nacidos en las perreras de la tele como Abraham García –uno de Gandía Shore, formato que abochorna sin matices-, Sofía Cristo, otra hija de, absurda y desechable, y el valenciano Guillermo Martín, que pelea y pelea para alcanzar la fama, aunque sea mediocre, devaluada y pasajera, son los reporteros de Volverte a ver. María Patiño decía no me llames zorra, que no me lo merezco. Hay gentecilla que ruega lo contrario. Llámame lo que quieras, aunque sea zorra, pero dame “argo”. ¿Quién es Gloria Camila, leche? A mi casa llega la Gloria Camila esta o el Abraham ese con una carta en la mano preguntándome si quiero acudir al plató con Carlos Sobera y les doy un portazo que se les quita la tontería. Venga hombre, ya está bien. Vamos, Manolo, coño, no eres más tonto porque no te entrenas, le decía Celia Villalobos a su chófer. La loba de Málaga pide paso para hablar de pensiones en Los desayunos de La 1, su casa. Que dice que hay pensionistas que llevan más tiempo cobrando que trabajando –la tipa se embolsa cerca de 6.000 euros al mes-. Seguro que usted sabe cómo llamarla. Le aseguro que yo también, pero me callo.

La guinda
Casados, o no
La semana pasada regresó a Antena 3 otra temporada de Casados a primera vista. La entrega de este jueves ha subido dos puntos, rozando casi el 14% de audiencia. No está mal para este formato de citas a ciegas que pueden, o no, acabar en matrimonio. Visto lo que hay que ver encajaría muy bien en Cuatro, especialista en este tipo de ofertas. Me sigo preguntando por qué hay gente dispuesta a exhibir su intimidad de esta forma.

lunes, 13 de febrero de 2017

Maldeojos. De cirrosis



De cirrosis
(Artículo publicado el martes, 7 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

     Ni la presión ni el estrés. La cirrosis que padecía fue la responsable de la muerte de Rita Barberá el 23 de noviembre del pasado año en un hotel madrileño, sola, después de una cena rara, un trozo de tortilla y un whisky. Así lo contó La Sexta en sus informativos del domingo. El problema en el hígado era tan importante y devastador que provocó en la senadora del PP “un fallo multiorgánico”. Es curioso saber esto porque en aquellos días, justo después de la muerte de la política valenciana, y cuando no había nada que perder, hubo declaraciones airadas de destacados miembros del Partido Popular que, sin más, y como había que quitarse al muerto de encima –del partido- y culpar a un alguien etéreo pero que nunca falla, se culpó a la prensa –que la presionó hasta estresarla de una forma tan inhumana que… bla, bla, bla-. El gran cínico Rafael Hernando, frío e indecente, el portavoz del PP en el Congreso, habló de un linchamiento mediático que era muy difícil de soportar. Blanco y en botella. 

     A ese coro de expertos en muertes por linchamiento mediático se sumó Celia Villalobos y Jesús Posada, también del PP. ¿Sólo ellos? Ni mucho menos. En el Informe Semanal de la televisión pública, que dirige y presenta Jenaro Castro, que ha llevado al clásico de los reportajes a un descrédito descomunal, también se defendió la teoría de la presión y el estrés culpando a la prensa de la fatalidad que se llevó a Barberá, imputada por blanqueo en la financiación del PP valenciano que presidía. De esto aún no han dicho nada, no han pedido perdón, no ha salido Hernando a reconocer su error, y estoy seguro de que el equipo que firmó aquel deleznable Informe Semanal no elaborará otro con los nuevos datos extraídos de la autopsia. Rita murió porque su hígado era papilla.

miércoles, 27 de enero de 2016

Maldeojos. Fantasmas



Fantasmas
(Artículo publicado el jueves, 21 de enero, en diarios de EPI PRESS)

      Te vas unos días, te retiras de informativos, titulares, dejas de picar en las redes, y cuando vuelves lo vives todo como si hubiera pasado un siglo. Por eso, cuando ves a Mariano Rajoy tratando de articular algo con sentido, común, diría el, te sorprendes no por lo que dice sino porque siga ahí, como el dinosaurio de Monterroso. ¿Pero no había muerto?, te preguntas de verdad sorprendido, y no es una pregunta retórica sino lo que sientes cuando lo ves hablando como si no hubiera existido unas elecciones hace justo un mes. Escucho a Pedro Sánchez y abro mucho los ojos porque sigue ahí, enseñando sus dientes con su divina sonrisa, sorteando las preguntas de los periodistas, y en manos de un cinismo sin complejos como si no hubiera habido elecciones hace justo un mes.

     Te vas unos días, le das de lado a la pachanga política, y cuando vuelves te encuentras al personal corriendo por los pasillos del Congreso, y si te descuidas hasta salta de la pantalla a casa la manada de piojos que ve bullir Celia Villalobos en las rastas ajenas, otra que uno creía como amortizada y amortajada, pero no, ahí sigue, fantasmal y ordinaria, como si no hubiera habido elecciones hace justo un mes. Lo curioso, lo que me alarma de verdad, es que escucho el ruido de “los nuevos” y cuando se mueve Pablo Iglesias sólo veo moverse un artilugio que suena a música antigua, a carreta conocida. Imagínense en este ambiente de regüeldos espectrales lo que sentí el martes cuando vi que Mamen Mendizábal sacaba del sarcófago en Más vale tarde el cardado y la voz de Rita Barberá farfullando algo. Querida Mamen, te sugiero, te imploro, que cuando juegues con fantasmas lo adviertas. La salud de tu audiencia está en juego.