sábado, 10 de marzo de 2018

Maldeojos. No desfallece TCMS



No desfallece TCMS
(Artículo publicado el martes, 6 de marzo, en diarios del grupo EPI PRESS)

     No quiero dejar pasar la final de Tu cara me suena, que el viernes pasado culminó con éxito su sexta edición. Antena 3 dio con una piedra diamantina que ha sabido mantener gracias a un equipo en estado de gracia. Es uno de esos programas de entretenimiento que cumple con creces su función, y lo hace alcanzando a un espectro de audiencia amplio, eso que se conoce como programa para toda la familia. El día de emisión es otro de los aciertos porque la duración de este tipo de formatos es tan maratoniana que otro día de la semana podría causar estragos ya que habría que combinar trasnoche con trabajo y colegios al día siguiente. El jurado de Tu cara me suena, con Ángel Llacer, Lolita Flores, Chenoa y Carlos Latre, y a pesar de profesionalizar la banalidad y la laxitud crítica, hace su papel en el mismo tono de lo que se pretende, echar un rato de buen rollo ante la tele y sin tener que escupir veneno y fingida tensión como hacen otros colegas de la competencia.

     La sexta edición de Tu cara me suena la ganó, y según todas las opiniones con justicia, el cantante y actor Miquel Fernández –Mar de plástico, Amar en tiempos revueltos, y ahora en la adictiva Fariña, también en Antena3, donde interpreta al juez Garzón, con un nuevo capítulo mañana miércoles-, elevando el programa al cielo de los trabajos más que bien hechos. Vi la repetición el domingo por la mañana, y es verdad que después de seis temporadas no sólo ha perdido vigor sino que ha ganado potencia y emoción. Ver a Luz Casal diciéndole a Roko, que la imitó cantando Besaré el suelo, que lo había hecho mejor que ella misma es un momento para descubrir cómo se ilumina la pantalla.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Maldeojos. Centro de reciclaje



Centro de reciclaje
(Artículo publicado el domingo, 4 de marzo, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Supongo que por ahí, en las afueras de las grandes ciudades, en las naves que alquilan las grandes productoras, habrá un hueco, unos armarios gigantes, una especie de rincón al que van a para los actores y actrices que de un momento a otro, o sea, de una serie a otra, de una película a otra, pasan del todo al casi nada, es decir, de estar en la pantalla a estar en el olvido. Esta ley se hace extensiva a cualquier bicho viviente que un día no nos dejaba tranquilos y al otro, cosa de magas, se esfumó como se esfuma el vapor de un guiso cuando abres la olla. ¿Recuerdan al padre Apeles? Hablo de él porque me viene a las mientes como ejemplo de tipejo sabelotodo, de tragaldabas con alzacuellos relamido que te encontrabas en misa y repicando, un curilla de Trento que representó un personaje vomitivo y provocador que era llamado para aliñar las salsas de las tertulias, de los moros y cristianos de la época, vamos, el Paco Marhunda de los noventa. Y de golpe, desapareció de nuestras vidas, de nuestra tele. También de los noventa, como un personaje de su propio ¿Quién sabe dónde?, dejó de verse el bigote de Paco Lobatón como la estrella que fue en La 1, tan popular que en una encuesta de la época salió como el periodista al que la gente votaría para ser presidente del Gobierno –hoy se podría barajar la posibilidad de que se presentara a tan bajuna responsabilidad Belén Esteban, que lleva incrustada en nuestras vidas 17 años-. A Paco Lobatón lo resucitó la propia tele pública con Desaparecidos –ya se lo han limpiado- un remedo del clásico, pero se ve que en el taller de reciclaje algo ha fallado porque el programa que presenta Silvia Intxaurrondo no ha cuajado y el barco ha naufragado, con la de desaparecidos que dejan los naufragios.

Los Eloys
    Sin salir de La 1, la que se ha convertido en maestra de nombres recuperados para la pantalla es la serie Centro médico, un producto que dramatiza con actores casos que han ocurrido de verdad a gente de la calle. Hace unos días casi me llevé un chasco gordo viendo una de las entregas de este docudrama médico al comprobar que quien sujetaba a un bebé era Eloy Arenas, ¿lo recuerdan?, humorista de segunda que hacía monólogos o contaba chistes en programas de la cuerda de José Luis Moreno, papá de Eloy Azorín, el Sastre de Apaches, Antena 3, serie a la que le quedan cuatro capítulos para terminar. Es urgente que se ponga en marcha uno de esos programas basura donde se narra el día a día, más aliñado por los guionistas que una trifulca potajera en Sálvame, de familias como Las Campos –estoy convencido de que, cuando llegue el día, ojalá lejano, de la muerte de la madre Teresa, sus hijas contarán en directo el deceso, igual que se deben a la audiencia y les cuentan al minuto los detalles de la última visita al hospital-, pues eso, que si Alaska y Mario tienen su espacio para ventilar sus monadas, papá Eloy Arenas e hijo Eloy Azorín deberían registrar la marca Los Eloys y contarnos su vida de heteros para completar el puzle de la diversidad sexual, que arrancaría con ellos, pasaría por el aguachirle de Vaquerizo y Alaska, y acabaría en Javier Ambrosi y Javier Calvo, Los Javis, que participan en un documental sobre la historia en nuestro país de los derechos LGTB desde los años 70 y que se verá en Playz, la plataforma de contenidos digitales de rtve.es. A lo que voy, ¿qué tiene menos Eloy Arenas, rescatado de su casa por Centro médico, que la matriarca Campos? El docudrama de La 1 también ha desempolvado a Jorge Jurado. ¿Eh? Sí, Curro, el niño de Los Serrano. Ahora tiene 24 años, y estudia ingeniería informática, retirado de las cámaras desde que acabó la serie. Igual que hay granjas para recuperar animales, Centro médico, valga el símil tan poco afortunado, recupera actores en horas bajas, como al murciano Enrique Martínez –desde Olmos y Robles, 2015, no se le ha visto la mazorca naranja de su pelo-.

Defecar en Honduras
     Pero Centro médico es un aprendiz recuperando actores del olvido comparado con la maestría y la eficacia de Telecinco recuperando en sus talleres de reciclaje personajes de diverso pelaje y condición, todos en la casilla de salida de un prestigio caduco, de fila quinta, de una fama atrabiliaria, entre cutre y ordinaria, chabacana y pestosa, entre la fama del delincuente y la fama del choni o la meretriz de alcurnia. El último ejemplo lo estamos viendo en la composición de su equipo de señoras y señores que se han alistado para cagar detrás de las palmeras en la isla hondureña de Supervivientes. Baja estofa. Pura materia fecal. Detrito. Hasta a Francisco, cantante alicantino a la baja, le ha llegado su San Martín para concursar en este mojón, y eso que este señor decía hace un tiempo ser un caballero, español y mucho español, y tener una dignidad y bla, bla, bla. Lástima que no hayan convencido a Camilo Sesto para completar el tándem de las momias vitaminadas bajo el efecto de los focos. Para eso ya están, esa es la verdad, la bipolar Raquel Mosquera, la peluquera más recauchutada de las muñecas de la feria donde el ulular de Chochonas es atronador, y la quinqui Maite Zaldívar, la encarcelada de la Operación Malaya por blanqueo de dinero marbellí, con su trasiego de bolsas llenas de parné cuya polvareda manchó el bajo de los faralaes de Isabel Pantoja, con quien compartió maromo, que hay que tener gana de macho para restregarse con Julián Muñoz. Telecinco, experta en reciclar residuos tóxicos, sabiendo que la mierda flota, sabe hurgar en las tinieblas de la memoria y siempre da con algún fluido que no ha llegado del todo al estado de descomposición. Nos quedan aún sorpresas hasta acabar la lista de los Supervivientes. Me sentiría muy pagado viendo y escuchando a Francisco, mitad señor, mitad correcaminos, tumbado en las arenas de la isla, declarando otra vez que con Franco vivía muy bien y que jamás le faltó la libertad. Lo que demuestra que hay reciclajes imposibles que ni un centro médico puede solventar.

La guinda
Marea pensionista
Si los pensionistas se echan a la calle, el Gobierno tiembla. Los pensionistas están en la calle, y Mariano Rajoy, con su idiocia política, parece que está moviendo el culo y se ha puesto en marcha. ¿Para subir las pensiones? Por favor. Para hacer como que se lo toma en serio y en vez de hacerse el gallego acude a los magacines. Pero ojo, Rajoy, Paquita, pensionista octogenaria, no está dispuesta a claudicar. Sus colegas tampoco.

lunes, 5 de marzo de 2018

Maldeojos. Fariña



Fariña
(Artículo publicado el sábado, 3 de marzo, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Menudo bofetón ha dado Antena 3 con Fariña, serie cuyo primer capítulo, y aún sin el montaje definitivo, escaló la noche del miércoles a los hogares españoles como una red de camellos bien organizada manejada con zapato de hierro por el narco, de tan sonoro nombre, Sito Miñanco, que en la ficción de la productora Bambú interpreta un adictivo Javier Rey. Fariña demuestra algunas cositas. Demuestra que el primer capítulo te deja con ganas de más, de seguir la historia de una época de España poco tratada en nuestra ficción, y mira que hay donde escoger. Demuestra que Bambú, además de historias de amor pensadas para un público más bien femenino, firma productos de una calidad y de un interés que no envidia el de productos de factura internacional. ¿Habrá que comparar Fariña con Narcos, la aclamada serie de Netflix sobre la historia de Pablo Escobar?

     Hagámoslo. El pulso está tan igualado que sería un justo duelo de titanes. En Fariña se despliega un talento que va del trepidante guión a la ambientación, de unos actores con acento gallego en plenitud de forma a una factura con una potencia visual magnética ayudada por un montaje trepidante para ensalzar una trama sin recovecos superfluos, sin concesiones al gran público, centrándose en lo importante, en el retrato de una época en una Galicia que se convirtió en puerto de entrada de la droga sudamericana que luego se distribuía en el resto de Europa. Fariña, y cuesta escribirlo una vez más porque empieza a ser cansino, demuestra que nuestra ficción, esta forma de hacer y entender la ficción, no sólo echa por tierra los prejuicios, fruto de la ignorancia, sino que se codea en la liga de los grandes. Así que sólo queda esperar el resto de la historia.


viernes, 2 de marzo de 2018

Maldeojos. A cañonazos



A cañonazos
(Artículo publicado el jueves, 1 de marzo, en diarios del grupo EPI PRESS)

     El lunes por la noche tuvimos los primeros síntomas, las evidentes consecuencias de una guerra a cañonazos que usted, como espectador, no tiene ni por qué enterarse. Se trata de la contienda entre Telecinco y Antena 3 para ver quién se lleva febrero como cadena más vista. Aunque no sé quién va a ganar el duelo –esto lo escribí ayer-, les aseguro que la cadena victoriosa apenas lo hará por una décima sobre la derrotada. Volvamos al principio de esta pieza. El lunes por la noche, decía, tuvimos los primeros síntomas de esta guerra. ¿Recuerdan a qué hora terminó El hormiguero, con la visita de los triunfitos Amaia y Alfred al plató de Pablo Motos? Como mucho, a diario, lo de Trancas y Barrancas echa el cierre a las once menos cuarto de la noche, como mucho. Pues el lunes se prolongó la diversión hasta casi las once y media. ¿Y eso?

     La cadena sabía que la presencia de la pareja haría pupa a La voz kids, ñoñada que Rosarillo y un desatado Antonio Orozco convierten en un alucinógeno lacrimógeno. El resultado, magnífico. El hormiguero fue lo más visto de la noche con cuatro millones de espectadores. La contienda en este par de días de infarto, de infarto para los gerifaltes que hacen cuentas en sus despachos, supondría para Telecinco, si cae derrotada, perder febrero desde 2012. El martes se enfrentó el Cuerpo de élite a Marte, la peli de Scott. Y anoche Antena 3 se apresuró a estrenar, incluso sin el montaje definitivo, Fariña, serie sobre el narcotraficante gallego Sito Miñanco aprovechando la polémica del secuestro del libro. Los narcos gallegos contra Got talent, que premia otras habilidades. Hoy se saben los resultados de esta nueva contienda. Incluso empatando, gana Antena 3.


jueves, 1 de marzo de 2018

Maldeojos. Trabajar sin cobrar



Trabajar sin cobrar
(Artículo publicado el domingo, 25 de febrero, en diarios del grupo EPI PRESS)

     A ver, empresarios, que levante la mano el que no haya soñado alguna vez con esa idea, la de tener a un puñado de currantes doblando el lomo, llegar a fin de mes, y cada cual a su casa, tan contentos, trabajando sin cobrar un puto euro, diría el duro de la serie social mirando de soslayo al tiempo que escupe un resto de mondadientes, quizá, para marcar aún más que es un chico malote, recolocándose el paquete. De alguna forma, el quinqui Gerardo Díaz Ferrán, que fue nada menos jefe de la patronal de este país y condenado por apropiarse del dinero de los clientes del Grupo Marsans, lo dijo en frase que pasó a los anales de la desvergüenza, de la chulería del que se cree impune, y del agravio a los trabajadores machacados sin disimulo, aquello de trabajar más y ganar menos. Pero hay también currantes canallas, sinvergüenzas a gogó. Y hacen lo contrario, cobrar sin trabajar. ¿Cómo? Como lo leen, cobrar sin trabajar. Es lo que enfocaba hace unos días En el punto de mira, que emite Cuatro con Boro Barber, Mireia Linares, Verónica Dulanto, y Marta Losada, que se alternan los reportajes. Boro y el equipo se fue a Valencia, colocaron cámaras frente a los Juzgados, y las dejaron encendidas a ver qué cazaban, y pasó lo que, supongo, ya saben que pasó. Que hay un puñado de funcionarios que manchan el buen nombre del resto, que sin duda son mayoría. Aparcan los coches, entran por la puerta de los trabajadores, fichan en la maquinita, y se largan a hacer sus cosas, a comprar, a desayunar como si no hubiera un mañana enlazando con la comida, y por supuesto a eso, a cobrar a fin de mes sin trabajar. Otros curritos del sector privado se dan de baja por lesiones inventadas u otras estafas y resulta que tienen otro trabajo o se pasan la mañana en el gimnasio. En total, el absentismo laboral cuesta más de mil millones al año.

Silencio, se duerme
     Una que cobra sin trabajar, y que no cazó En el punto de mira porque está más cazada que una perdiz en tiempos de permiso cinegético, es la dicharachera Celia Villalobos, experta en Candi Crush y echar unas siestas bíblicas, torrenciales, pantagruélicas, venales, provocadoras y envidiables en su escaño de diputada. Qué señora. Vamos, coño, Celia, no eres más cínica porque no entrenas. Esta tipa es tan moderna y avanzada que dijo hace un suspiro que ella está dispuesta a trabajar hasta los 80 años. Yo, si me tocara la seta como ella cobrando lo que ella, también. Es tan liberal, tan guay, tan completa, que hasta el Círculo de Empresarios Españoles se le queda corto. Estos circunspectos señores han dicho que ese festival del asueto que supone la jubilación a los 67 años hay que ir cortándolo para currar hasta los 75, qué puñeta, dice Javier Vega, el presidente de ese círculo de amigotes, que también dijo en La Sexta noche que en las empresas privadas algunos políticos serían despedidos por inoperantes, vamos, por cobrar sin trabajar. Estos días, en una de esas olas que van y vienen, se ven en las redes sociales fotos de diputados con la baba caída y la cabeza recostada en el hombro durmiendo como plácidos bebés a los que sólo les falta el orinal al lado. No hay duda. Esta peña cobra sin trabajar. Como el rey emérito. Se me dirá que el ciudadano Borbón, como dice cualquier Pablo Iglesias que se precie, cobra su pensión como cualquier trabajador. Venga, venga. El rey Juan Carlos, que está al loro de todo, al escuchar el chiste se partirá el culo -¿los reyes tienen culo, eméritos o no?-. Ya sabemos que este señor es la mar de chistoso, y campechano. Y muy homófobo. No sabía que te vestías de maricón, le soltó a José María García un día que se lo encontró con un jersey rojo, le dijo a Jordi Évole en Salvados. ¿Por qué este funcionario real no da explicaciones, se deja entrevistar sin condiciones, y nos enteramos en qué líos está cuando dice que aún sigue trabajando por España?

El himno de Marta
     No sé si saberlo pondría los pelos de punta. Lo que sí sé es que Un mundo sin trabajo, que emitió Documentos TV, los martes, en La 2, aterra por lo que se nos viene encima. La ola tecnológica masiva y menos costosa aleja de los humanos el concepto de pleno empleo. El capitalismo digital podría hacer desaparecer millones de puestos de trabajo en cualquier sector. La cuarta revolución industrial puede crear fractura laboral y social o ayudar a crear un mundo mejor. Esta batería de titulares resume un reportaje que me bebí entre la ansiedad y la pachorra del que se cree que ese mundo no le pillará. Y si me pilla, que me pille con una copita de vino en la mano para seguir en la inopia. Aunque el trabajo de Philippe Borrell te lo pone difícil cuando oyes que frente a la lógica digital, los humanos empiezan a quedarse sin aliento. Quitar el trabajo a los humanos no es liberarlos sino condenarlos a la precariedad, es decir, hacer una clase trabajadora cada día más frágil e invisible. El mundo será manejado por algoritmos diabólicos. ¿No hay esperanza? Termina el documental preguntándose si no sería mejor para todos repartir de forma equitativa la riqueza generada por las máquinas. Claro que sería mejor, pero ya digo yo que no será así. Ninguna revolución industrial ha repartido la riqueza de forma equitativa. Pero terminemos a lo grande, vayámonos arriba. ¿Habrá que repartir de forma equitativa la riqueza generada por la letra de Marta Sánchez, de rojo y gualda, para el himno patrio? Creí morir la otra mañana escuchando esta última bocanada de cursilería, ñoñez y afrenta a mis sentimientos de español, pero no de español gilipollas. Los populistas Rajoy y Rivera se apresuraron a apoyar la ocurrencia idiota. También el eurodiputado del PP González Pons, con la hueca solemnidad que le caracteriza, le dijo a Sussana Griso en Espejo público que da su bendición a la afectada patochada, y que en Bruselas no para de trabajar y trabajar y trabajar. Seguro que por nuestro bien. Así que los de El punto de mira ya saben dónde tienen que dirigir el próximo foco.

La guinda
Cena indigesta
Esta semana, en una vuelta de tuerca terca, Cuatro se ha empeñado en darnos la cena de tanto reír y reír. Es difícil ver Ven a cenar conmigo VIPS sin desabrocharte el lomo. Es muy fuerte ver en la misma mesa a Víctor Janeiro, Ana Obregón, Rappel, y Lucía Etxebarría. Una cosa está clara. Los guionistas se lo curran. Y estos famosillos en hora baja están dispuestos a todo. Así que cuidado, espectadores, la cena puede ser indigesta.