lunes, 24 de julio de 2017

Maldeojos. Herminia



Herminia
(Artículo publicado el sábado, 8 de julio, en diarios de EPI PRESS)

     Como tal, Herminia no existe. Existen miles de Herminias en nuestras ciudades, pero la Herminia de la que hablo sólo existe en la ficción, en la pantalla, y recobra vida cada vez que Javier Coronas se pone la peluca, se planta sus gafas, e inventa unos diálogos que son, como ella misma diría, la leche. Es un humor burro, cerdo, un humor más que grueso y a la vez, y esa es su grandeza,  de una exquisitez que abruma. Las escenas de doña Herminia suceden frente a Andréu Buenafuente, y tienen lugar, cómo no, en Late motiv, que emite 0#, y convierte a cadena y programa, como ocurre con espacios de la misma factoría, en referentes de modernidad, atrevimiento, frescura e inteligencia. Perdonen que hable aquí de Javier Cárdenas, en las antípodas de lo que hablamos, pero el menda al que La 1 le da cuartelillo, se atrevió a aconsejar al maestro Andréu que cambiara, que se repetía mucho. ¿Se podrá ser más cretino?
  
     Al grano, centrando esta pieza en cosas importantes y no en baratijas. Que doña Herminia es una perita en dulce. Tiene 91 años, aunque en cada intervención se salta ese dato “como me sale del chocho”, y acaba de hacerse una operación de tetas por salud, que “me dijo el médico que no era bueno que me llegaran las tetas al suelo por temor a que me liara con ellas y me partiera la cadera”. Total, dice doña Herminia, que “ahora tengo las tetas como una quinceañera y puedo partir almendras con ellas”. Lo cierto, sigue contándole intimidades a Buenafuente, es que me caso, sí, sí, me caso, me caso con un jeque árabe que conocí en un local de intercambio de parejas, allí le hice unas carantoñas, le toqué la picha, y hala, palante. Busquen a doña Herminia por ahí.

Maldeojos. Refrescante y tal



Refrescante y tal
(Artículo publicado el jueves, 6 de julio, en diarios de EPI PRESS)

     Ha dicho la gran Chiqui Fernández –flipé con ella en Mujeres, que emitió La 2 para gozo de una audiencia perpleja porque cada capítulo, de Felix Sabroso y Dunia Ayaso, era una celebración, una fanfarria de trompas, cascabeles y trinos de pajarillo mañanero- que La peluquería, donde hace de Nati, y que esta vez emite La 1 donde antes emitía Hora punta, tiene un humor muy refrescante y que hay pocas series así. Lo digo pronto y me lo quito de en medio. TVE ha cambiado una mierda por otra. Mira, querida, La Peluquería es una vergüenza más grande que la homofobia brutal, grotesca e ignorante de Miguel Temprano, un periodista de quinta que sienta sus hemorroides en la salmuera de Sálvame y ha dicho, refiriéndose al World Pride, al Orgullo Mundial que reivindica mediante la fiesta derechos planetarios para el colectivo LGTBI y que se celebró en Madrid hace unos días, que “ya se han emborrachado, drogado y follado”, y que Manuela Carmena no tiene ni puta idea y que reivindica su libertad como cristiano, católico, madrileño y español. Ahí queda eso. Con toda la libertad del mundo.

     Pues bien, La peluquería es otro despropósito. Si me apuran, Gym Toni hasta tiene su puntito, de tan lerda. En La pelu hay mogollón de personajes que sueltan sus paridas en el local, y como en casa no hay dios que pueda reír, la misma serie mete carcajadas enlatadas, como lo oyen. Es tanta la caspa, tanto el error, tanta incredulidad que ni el mejor champú elimina los restos de grasa. ¿Quién puede dar el visto bueno a semejante torpeza? De nuevo La 1 sigue demostrando que se dirige al precipicio. Qué error, La peluquería, qué inmenso error. No es refrescante, querida Chiqui, es urticante.

Maldeojos. Sublime



Sublime
(Artículo publicado el martes, 4 de julio, en diarios de EPI PRESS)

     Engancha. Es tan alucinante, tan increíble, tan asombroso y sorprendente, tan refinado en su burricie, tan avaro en su mal gusto y en su puesta en escena, que te paraliza lo que ves y acabas levitando y con los ojos como platos, rendido al talento diabólico de quien está detrás de una cosa que se emite por internet, llega de EEUU, y protagoniza, como lo leen, la española, la cuentacuentos, la fantástica, Sonia Monroy. Inenarrable. La cosa se llama, atención, El hogar es donde está la casa. Han leído bien. Repitamos. El hogar es donde está la casa. Con un par. Desde el inspiradísimo nombre de la telenovela, el asunto promete. El asunto no se queda ahí. Esta astracanada llegó lejos –les pido que la busquen por internet, me lo agradecerán-. Ha hecho historia. Es la primera telenovela, firmada por Super Deluxe y emitida en internet, que se hace en directo, como suena, con la idea de que la audiencia vote a la velocidad de la luz y decida si el muerto lo está de verdad o por la puerta que ha de abrirse entrará la sirvienta o el abogado de la familia.

     Es decir, los actores representan la escena que toque, pero de repente, como la bocina de las tómbolas, se oye un silbato, se detienen los gestos, la pantalla se va a negro para enfatizar el parón, y cuando el público ha votado sigue la trama por el rumbo que marcó la audiencia. Ya digo, muy loco todo. Tanto, que hasta Los Ángeles Time dedica un cachito de sus páginas a alucinación tan exquisita por lo bruta y ruda. Ni que comentar hay, que el resultado –iluminación, actuaciones, encuadres, guión y ese tipo de tonterías de las ficciones elaboradas, aquí es un hazmerreir, una broma-. Por muy inspirado que uno esté comentando esta maravillosa chifladura, lo sublime no puede explicarse.

martes, 4 de julio de 2017

Maldeojos. Misterchef



Misterchef
(Artículo publicado el domingo, 2 de julio, en diarios de EPI PRESS)

     No, no hay error. Han leído bien. Es Misterchef, el joven granadino, Jorge Brazalez, de 28 años, salido de las cocinas relucientes de Masterchef. No he seguido de cerca esta edición del concurso culinario de La1, como no seguí la edición actual de Top chef, la misma cosa pero en Antena 3. Soy un espectador veleta. Me canso pronto de comer el mismo plato. Es ver a un cocinero como jurado en la pantalla y se me pone el colesterol por las nubes. Me cansan. Lo de Alberto Chicote ha entrado en una dimensión rara. A ver si alguien lo desconecta un poco y nos deja descansar. Por salud. Y eso que el hombre se lo curra, y va de aquí para allá con su cabeza inclinada, andando como si embistiera. A mí me embiste como embiste un torito de lidia. Pero Chicote no es el nuevo Misterchef. Ni siquiera el guapito Jordi Cruz, por muy mono que sea, tiene la potencia visual que tiene este nene que iba para jugador de fútbol.

    No sé si llegará lejos haciendo virguerías con los huevos –no hay doble sentido-, con las habichuelas o con el salmón, no lo sé, aunque algo habrá visto el jurado de Masterchef para darle el premio, pero está claro que además de ese reconocimiento, 100.000 euros en metálico y prebendas de todo tipo, y no es poca la de empezar a hacer bolos como un astro, Jorge Brazalez es un tío guapo, de sonrisa cautivadora, un hombre que ha saltado a las redes sociales y las ha incendiado de comentarios, algunos con brochazos de deseo sin filtrar. Vamos, que tiene que carrera en las pasarelas. Además del premio, dicen, el chico sale con novia, Miri. Estoy seguro de que comerán, ahora sí, los mejores huevos.

lunes, 3 de julio de 2017

Maldeojos. Pobre Rosa



Pobre Rosa
(Artículo publicado el jueves, 29 de junio, en diarios de EPI PRESS)

     Pobre Rosa. Es lo que me sale decir, porque así lo siento, cuando veo a Rosa López, a Rosa de España, a Rosa. No es la que era. Y aunque en algunos aspectos la nueva Rosa haya evolucionado, o crecido, o cambiado a mejor, en otros no, en otros se equivocó y aún paga, y seguirá pagando, las consecuencias de no ser ella. Rosa ya no es Rosa de España. Es un producto. Sin personalidad. Ni siquiera su prodigiosa voz, aquella que nos ponía los pelos de punta, aquella que parecía haber nacido para el soul, es la misma. Debe de ser complicado asimilar el camino que va del asador de pollos en Armilla a tener para sí misma un programa al estilo de las Campos, las Kardashian, o los insufribles Alaska y Mario. Toda una carrera hecha en 15 años. Pero sin fuste, como una plumilla que va y viene. Errática. No sé si muñeca rota o por romper. Pero algo no va. Sólo hay que ver lo que vemos en Soy Rosa, que emite TEN.

     Rosa es una mujer manejable que se ha dejado manejar, una especie de agradecimiento planetario por haber tenido la suerte de dejar de canturrear cortando muslos de pollo en la tienda de la familia y haber cambiado su obesidad por una figura esbelta. Pero algo no va. En Soy Rosa, el documental sobre la artista granadina, cuidado, mimado y lleno de aciertos de realización, y aunque parezca mentira, la peor parada es ella, la propia Rosa. Detrás de ese tratamiento exquisito nada parece verdad. Todo queda impostado. Y Rosa, de nuevo, se deja llevar por “el mundo”. Detrás, sin duda, la discográfica, que ve en el programa una oportunidad, otra, de relanzar a Rosa. Pero hasta que la propia Rosa no se relance a sí misma y diga hasta aquí, tocadme la seta, será eso, la pobre Rosa.