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martes, 17 de diciembre de 2019

Maldeojos. El apocalipsis


El apocalipsis
(artículo publicado el martes, 17 de diciembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Es martes. Europa se desintegra. Y a mí plin. Yo tengo problemas más graves que el apocalipsis, ¿sabes? No está mal para empezar. He tuneado lo anterior, que veo en el instagram del director de cine Félix Sabroso, con la idea de usar la idea aplicada no sólo a uno mismo sino sobre todo a grandes cínicos, a grandes pasotas. Verán, hay un debate que debería de ser estruendoso en torno  a esa marea negra que contamina el debate político con la presencia de cualquier señor o señora que lo haga en calidad de “periodista de OK diario”, la antítesis de ese oficio ya que su presencia es estrategia, es decir, si hay algo que enturbie la faz de la derecha más radical ahí está el equipo de espartanos respondiendo al líder, el gran cínico Eduardo Inda, que berrea, espartanos, ¿cuál es vuestro oficio? Provocar y mentir, provocar y mentir, responde la tropa.

     En paralelo, a las tertulias salta la noticia de que Marcos de Quinto, el del vino Meao a 300 pavos, ingresó en 2018 casi 6 milloncitos de euros, pero sólo contribuyó a la bolsa pública con 12.125 euros, todo legal, ¿todo inmoral? El de Ciudadanos lleva banderitas de España en la muñeca, y no sé si en las nalgas o en los testículos a modo de silicio. También el viernes pasado, en lo de Ferreras, habló de Rajoy un periodista mesurado como Zarzalejos, y habló de su vuelta triunfal con el aplomo del pasota, del gran cínico, como si no hubiera sido él el que dejó así Cataluña, el de la corrupción del PP, el que se metió en un restaurante el día que le hacían una moción de censura –no recuerdo nada de ese día, le dijo el menda a Pablo Motos, hay que tenerlos grandes, nene-. Es decir, Rajoy es otro que tiene problemas más grandes que el apocalipsis. Y por eso ríe.


lunes, 24 de julio de 2017

Maldeojos. Refrescante y tal



Refrescante y tal
(Artículo publicado el jueves, 6 de julio, en diarios de EPI PRESS)

     Ha dicho la gran Chiqui Fernández –flipé con ella en Mujeres, que emitió La 2 para gozo de una audiencia perpleja porque cada capítulo, de Felix Sabroso y Dunia Ayaso, era una celebración, una fanfarria de trompas, cascabeles y trinos de pajarillo mañanero- que La peluquería, donde hace de Nati, y que esta vez emite La 1 donde antes emitía Hora punta, tiene un humor muy refrescante y que hay pocas series así. Lo digo pronto y me lo quito de en medio. TVE ha cambiado una mierda por otra. Mira, querida, La Peluquería es una vergüenza más grande que la homofobia brutal, grotesca e ignorante de Miguel Temprano, un periodista de quinta que sienta sus hemorroides en la salmuera de Sálvame y ha dicho, refiriéndose al World Pride, al Orgullo Mundial que reivindica mediante la fiesta derechos planetarios para el colectivo LGTBI y que se celebró en Madrid hace unos días, que “ya se han emborrachado, drogado y follado”, y que Manuela Carmena no tiene ni puta idea y que reivindica su libertad como cristiano, católico, madrileño y español. Ahí queda eso. Con toda la libertad del mundo.

     Pues bien, La peluquería es otro despropósito. Si me apuran, Gym Toni hasta tiene su puntito, de tan lerda. En La pelu hay mogollón de personajes que sueltan sus paridas en el local, y como en casa no hay dios que pueda reír, la misma serie mete carcajadas enlatadas, como lo oyen. Es tanta la caspa, tanto el error, tanta incredulidad que ni el mejor champú elimina los restos de grasa. ¿Quién puede dar el visto bueno a semejante torpeza? De nuevo La 1 sigue demostrando que se dirige al precipicio. Qué error, La peluquería, qué inmenso error. No es refrescante, querida Chiqui, es urticante.