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jueves, 30 de agosto de 2018

Maldeojos. Franco, Franco


Franco, Franco
(Artículo publicado el martes, 28 de agosto, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Alucino pepinillos lo que traen con Franco. No digo lo que el gobierno de Pedro Sánchez pretende en el Valle de los Caídos llevándose los huesitos del pequeño sátrapa Francisco Franco, que esa decisión tendría que haberla ejecutado cualquiera de los gobiernos democráticos que precedieron a este. Hablo de lo que está formando la tele en torno al tema, con el tema de fondo, con el tema de lado, y con el tema sobre la mesa, un tema más caliente que el vacío sideral en el cerebro de los tronistas de Mujeres y hombres. La cosa, el tema, podía resolverse con un par de líneas, con un especial, con un apartado en el magacín de turno, incluso, si me apuran, con unas horas de Al rojo vivo, otro par de disparates en Sálvame, alguna blanda reflexión en Amigas y conocidas antes de que les cierren el patio, o alguna voz más alta que otra en Espejo público para que el indesmayable Paco Marhuenda diga, jo, vamos, vale, lo que queráis.

     Pero no, el tema Franco se está convirtiendo en televisión en un ¡¡Franco, Franco!! que ya es cansino. E irritante y doloroso para tanto español agraviado. Los programas hurgan y rascan. Han hablado con enterradores, embalsamadores, con historiadores, con religiosos, con familiares, con gente de aquí y gente de allí, y con esa clac franquista que al principio hizo gracia por los disparates que expelen negando la evidencia de un tiempo oscuro, sucio, peligroso y fiero bajo la manita del dictador, pero a estas alturas, con su incesante presencia en pantalla, atropellan a las víctimas de aquel hijoputa lavando su imagen y negando una época de infamia. Ya está bien. Estos friquis son ya mismo estrellas de la tele. Pero las víctimas siguen ahí.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Maldeojos. La 1, castigada



La 1, castigada
(ASrtículo publicado el jueves, 2 de noviembre, en diarios de EPI PRESS)

     Permíteme que insista, dice Matías Prats sin parpadear para acentuar el énfasis del mensaje. Pues permítanme que insista. La Sexta ha terminado octubre como el mejor de su historia en datos de audiencia y de rebote ha matado el pájaro que debería haber anidado en la televisión pública. No hay paños calientes. Es una vergüenza. De nuevo una cadena privada ha ocupado lo que en mandato estatutario debería de ser no sólo patrimonio sino obligación de una cadena pública. Y ese abandono de funciones termina pagándose. La audiencia, en un octubre convulso, con una actualidad política que mantiene en vilo al espectador, cuando esa política, en concreto “el lío” catalán se ha instalado en la barra de los bares ocupando el lugar del fútbol o el tiempo, ha huido de TVE en desbandada porque sabe no sólo que no está sino que cuando está lo hace no con criterios periodísticos sino propagandísticos y de protección descarada al Gobierno.

     El último desbarre, la última mascarada, el último descaro que se suma a tantos otros que no se podrían ni imaginar tuvo lugar el mismo día que este país estaba pendiente de lo que iba a hacer y decir desde Bruselas Carles Puigdemont, a donde cada vez más en su papel de jefe de pista de circo, tratando de internacionalizar su charlotada, huyó como el que se exilia de un país bananero. Todas las cadenas emitieron su intervención. Pero no La 1, que siguió con las Amigas y conocidas de Inés Ballester hablando de Don Juan Tenorio como si tal cosa. Insisto, eso se paga. Hasta al circunspecto Carlos Herrera, castigado por la audiencia, se lo han llevado del domingo al sábado porque se lo traga Ana Pastor y El objetivo.

domingo, 14 de agosto de 2016

Maldeojos. El nivel



El nivel
(Artículo publicado el martes, 2 de agosto, en diarios de EPI PRESS)

     Hasta el suave y a veces insulso Amigas y conocidas, esa tertulia en La 1 entre chicas que se interesan por asuntillos de baja potencia tiene un nivel, una cosa. El remedo que Telecinco se inventó hace algunas temporadas, con idas, venidas, quitadas, vuelta a poner y vuelta a quitar de Hable con ellas no llega ni a eso, a pesar de que lo anuncian y lo vive la cadena con la intensidad acostumbrada. De nuevo ha vuelto, como sabe el lector de esta pieza, y de nuevo con Sandra Barneda como única periodista. Detrás de  la castaña está La fábrica de la tele, la productora que mejor hace los truños que explota la cadena con excelentes resultados. Es difícil soportar tanta carroña televisiva, tanta mujer reunida sin otro cometido que revivir la enésima versión de Sálvame. Si un “pograma” lleva de invitada a Olvido Hormigos, la ex concejala que se hizo famosa con un vídeo en el que se vio masturbándose, todo está explicado, todo está dicho.

     Si para hablar con esta señora –se dice que estos meses, entre Hable con ellas, Sálvame, y su puesto fijo como “asesora del amor” en Mujeres y hombres y otros berzas, ganará unos 125.000 euros, deseando que no sea gracias a lectores como usted-, reúnen a una tropa de famosas de derribo, siendo la invitada otra petarda de mucho talento para este tipo de pachangas, no queda duda. Lo que ocurra en ese plató, lo que diga o calle la simplona Rocío Carrasco y lo que le puedan hacer decir a la lista ex política me pone el interés tan duro como saber que Mariano Rajoy se ha vuelto loco y quiere formar Gobierno –con lo bien que se vive de medio lado, en funciones, ni aquí ni allí-, piensa momificarse, o estudiar búlgaro. A este nivel de indiferencia y hastío he llegado.

martes, 2 de agosto de 2016

Maldeojos. Ellas



Ellas
(Artículo publicado el domingo, 17 de julio, en diarios de EPI PRESS)

      Hoy vuelve otra vez a Telecinco Hable con ellas, que sale y entra por la misma puerta, por la de atrás. Apenas sabes por qué vuelve y nunca sabes cuándo y por qué se va. Las “ellas” van y vienen, aunque Sandra Barneda y Rocío Carrasco parecen las más fuertes. También repiten esta vez. Es un Amigas y conocidas, pero en vez de en La 1 y con Inés Ballester, en Telecinco y con las mentadas, y con la Fábrica de la Tele como cabeza pensante –productora de Sálvame, De Luxe, La noria, o Cámbiame, programas de reconocido mal gusto, muy en la línea de lo que la audiencia de la casa le exige a la cadena-. En la nueva vuelta se incorpora Mónica Martínez, cuyo gran hito, hasta ahora, ha sido presentar Adán y Eva, Alba Carrillo, modelo y otras mil estupideces más cuya máxima proeza ha sido tocarle la raqueta al tenista Feliciano López, haberse separado, y estar en venta para contar sus cositas. 

     Y Josep Ferré, quizá la única “ella” que hará de su personaje, Soledad León de Salazar, un motivo, no sé si el único, para aguantar las opiniones del resto sobre una actualidad elegida como combustible de entretenimiento. El actor Josep Ferré ya dio a conocer a su Soledad, una señora de derechas, esas que llevan perlas, trajes de chaqueta, se colocan con litros de laca para que su pelo no se mueva así soplaran huracanes –tipo plasta a lo Fátima Báñez, la ministra que es más de hormigón, para jeta y melena-, y por supuesto católica, amante de las tradiciones, y de la España de toda la vida. El actor tiene tablas, y es rápido, como tiene que ser en este tipo de programas. Viene a ocupar, digo yo, el ala gamberra que ponía, en la otra esquina ideológica, la actriz Yolanda Ramos. 

martes, 29 de septiembre de 2015

Maldeojos. Viva el periodismo, cajones



Viva el periodismo, cajones
(Artículo publicado el domingo, 27 de setiembre, en periódicos de EPI PRESS)

      Estoy feliz con Colgate y mi disco. No es coña. Veamos. Plató estupendo de Amigas y conocidas. Puro nervio periodístico, tensión, la actualidad se cuela por cada rendija del estudio, el aire cargado de noticias de la calle invade cada centímetro de la mesa donde unas amigas comparten ese amor por el pulso al día a día. Alguien que jamás se haya fijado en el programa podría pensar, como ocurre en Cuatro o La Sexta a la misma hora, una enfrascada en Las mañanas de Cuatro, con Javier Ruiz, y otra con Al rojo vivo, con el vitaminado Antonio García Ferreras, el hombre que ejerce el periodismo a golpe de mano abierta, con la que explica, reflexiona, detiene, o da paso a una conexión, alguien que no haya visto Amigas y conocidas podría pensar, digo, que La 1 toma el pulso a esa hora a la actualidad. Ha terminado La mañana de La 1, Mariló Montero da paso a Inés Ballester después de haber soltado una decena de inconveniencias, cinco o seis sandeces, un hatillo de reflexiones que nadie le ha pedido, y la ya acostumbrada exhibición de un ego maltrecho y fuera de control. Inés Ballester, la presentadora del programa, hace un resumen de los contenidos a tratar. Abrirán la tertulia con la crisis. ¿Cómo? ¿Van a hablar con gente parada, con familias que cuentan que no pueden pagar los libros de sus hijos, con pensionistas a los que Cristóbal Montoro reclama ahora que devuelvan un pastizal aplicándoles con efecto retroactivo una normativa por la que, si antes no tenían que declarar, ahora sí han de hacerlo y ese cambio les burla un dinero que, tengan o no, han de pagar sí o sí? No. Hablan de la crisis pero para decir que se ha salido de ella, tanto, y tan bien, que hasta están repuntando las separaciones. Y hablarán de Isabel Preysler y Vargas Llosa, asunto capital del que ya habló Mariló y hablará Anne Igartiburu, la muñeca diabólica, y tal vez se cuele en el Telediario.

Así es, alto periodismo en la tele pública. Conexión en directo para que una cantante sonría y diga que está feliz con su nuevo disco y con Colgate. En la competencia, las tertulias le toman el pulso a la actualidad política, económica y social. Y qué, piensa la dirección de TVE. Lo importante no es lo que se habla sino lo que se calla.


Televisión vibrante

      Estamos en la televisión pública, cajones, que decía el inolvidable Marty Feldman como Igor en El pequeño Frankenstein. Y la televisión pública ama la excelencia por encima de cualquier veleidad periodística. Por eso, en rabioso directo, en conexión con la calle, Inés Ballester da paso a Edurne como sólo las grandes saben hacerlo, con preguntas sin escapatoria, olfateando la noticia allá donde esté, y Edurne sin duda la esconde en su sonrisa, patrocinada por la pasta de dientes cuyo nombre resalta en el plano. Hola, Edurne, dice la valenciana, que nos dicen que estás feliz y radiante, sí, sí, mira qué sonrisa, contesta la cantante. Pero la periodista no suelta a su presa así como así. ¿Y por qué estás tan contenta, Edurne? Estoy contenta, dice doña Ieie, ieie, ieieee,  porque estamos en la presentación de una nueva pasta dentífrica que… Ay, ay, salta la periodista repreguntando como un periodista de la BBC, como un Carlos Alsina a un Rajoy turulato y bobo, o sea, que sólo ríes cuando hay por medio un taloncito. Nooo, contestó ella enseñando los dientes patrocinados por la pasta que ha puesto la pasta. El tercer grado a Edurne siguió arrinconándola para que hablara de su novio futbolista, un tal Gea, pero ella, como una bicha escurridiza, responde que “estoy feliz con Colgate y mi disco”. Televisión pública vibrante, ejemplar, siempre husmeando debajo de las alfombras para sacar lo que el poder esconde. Ni de coña. ¿Saben cómo se ha hecho eco TVE del monumental ridículo de un presidente de Gobierno desinformado que no sabe cómo se pierde la nacionalidad española? Ocultando el origen, protegiendo la ineptitud del líder, acorralado con suaves formas por un periodista de radio, y sacando a ministros en tromba con la trompetería del apocalipsis que anuncia que los catalanes pueden dejar de ser españoles si equivocan su voto.

Resultado de imagen de imágenes de carlos alsina con rajoy
Ehhh, bueenoo, ¿y la europea?


Las dos taleguillas

      Que TVE apuesta por el periodismo de calidad lo encontramos de nuevo en uno de sus últimos estrenos, En la tuya o en la mía. Mientras en las televisiones serias, en cadenas de prestigio internacional, se dan codazos para invitar a personajes de incuestionable altura intelectual y ética con que exhibir en horario de máxima audiencia, aquí, en La 1, dos machos con sus taleguillas bien puestas se juntan para hablar de sus cosas –“tío, que yo he visto en el tendío pelearse por mí, mujeres”, dice Jesulín de Ubrique, que quiere saber los años de una parra de la casa de campo del anfitrión, Bertín Osborne, mira, macho, dice el cantante melódico, “había otra pero un tío más bruto que un arao se la cargó porque había que meté una tubería, y digo, cojone, no se podía haber metío por otro lao, era tan bruto que me metió estos dos olivos por el tejao”. “Anda cojone”, dice a modo de respuesta el ex de Belén Esteban-. Estos ejemplares avanzan sin remisión hacia un precipicio donde brilla lo chabacano, la simpleza mental, el discurso cerril, ensimismado y rancio, el chiste facilón, de machitos encelados, de colegas que se reconocen en sus cacerías, que no huelen el hedor de la sangre seca ni las cajonadas que pisan. Poner un género periodístico como la entrevista en manos de un señor como Bertín Osborne sólo se entiende por el desprecio que la actual dirección de la televisión pública tiene por el análisis serio de la realidad y su apego al fomento de la ignorancia de una sociedad dócil y bruta. Echando un vistazo al resto de invitados –esta semana se eligió a Lolita- se nos pone la bilis a mil. Carmen Martínez Bordiú y Mariló Montero son otras dos guindas para coronar este desfile de lustrosos representantes de la fatuidad social. En la tuya o en la mía la elección del presentador, y por supuesto la elección de invitados, no es baladí. Igual que no lo es el grosero intento de ocultar en el Telediario el estreno de B, la película de David Ilundain sobre Luis Bárcenas –Luis, sé fuerte-. Una redacción harta y ofendida se puso en pie de nuevo para evitarlo. El director, un pasota, seguro que se entretiene viendo lo de Bertín anotando en su diario ¡esto es periodismo, cajones¡

Ole, ole y ole. Dos machos hablando de toros, caballos, mujeres, y vino, como tiene que ser. Qué arte, coño. Y qué salero. La España de siempre, joé, qué cojonehhh.

La guinda
Ana Blanco
25 años presentando el Telediario. Un cuarto de siglo entrando en casa. Ana Blanco es de la familia. Nos ha contado de todo, como el cataclismo del 11S neoyorquino que cambió la historia. La periodista vasca ha visto pasar a presidentes de Gobierno de todas las banderías, a directores generales, a directores de informativos, y a todos sobrevivió. En pantalla parece fría y distante, neutral. Quizá ahí radique su enorme credibilidad.