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viernes, 8 de julio de 2016

Maldeojos. Chao, chao



Chao, chao
(Artículo publicado el martes, 5 de julio, en diarios de EPI PRESS)

      Sí, las buscan. A todas iguales. Partidas por la misma costilla, o como se diga. La señora Anne Igartiburu se prepara para parir, si no lo ha hecho ya, y dejó por un tiempo el set de Corazón, esa antigualla que La 1, aunque no se lo crea, sigue emitiendo. Cuando me paro algún día a ver y, sobre todo, escuchar las crónicas que narran los periodistas del programa, paso del cabreo a la hilaridad. ¿Cómo es posible que aún se use ese lenguaje y ese tonito al margen de la realidad? Todo es acaramelado, cursilón, estúpido, hueco. A veces creo que esos cronistas se toman la revancha escribiendo esas sandeces como el que escribe un manifiesto de protesta, una forma, la única, de mantener el trabajo pero aliviar su conciencia, su mala conciencia. Hace poco hablaban de que una pareja, la de un tal marqués Carlos Falcó y una tal Esther Doña, cómo no, modelo y ¿actriz?

     Se dice que son una pareja fuerte que mira al futuro con ganas, narraban los gamberros  cronistas de la noticia asegurando que la pareja está consolidada, que fue en una cata de vinos donde surgió el amor, y que el ex de Isabel Preysler tiene más de 80 años y ella, la modelo y ¿actriz?, no tiene ni 40. Vamos, un amor de toda la vida, el uno para el otro. La sustituta de Anne tampoco anda coja. Literal. Se encarama a unos tacones de vértigo, pone caritas, y ahí está Jose Toledo cruzando los pies, abriendo y cerrando los ojos con esa miel que se le supone al amor, yendo de esta punta del plasma a la otra, y vuelta a empezar. Igartiburu se despedía con su “hasta mañana, corazones”, que me tocaba la flor. Su sustituta despide el programa como cantando la entradilla de la noticia con la que “despedimos el programa hasta mañana, chao, chao”. Pues hala, chao, chao.



lunes, 4 de abril de 2016

Maldeojos. El poder



El poder
(Artículo publicado el sábado, 2 de abril, en diarios de EPI PRESS)

      Hace unos días los programas de crónica pálida nos contaron la crónica del cumpleaños del premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. Lo hicieron, claro, en clave rosa. Las amigas de Inés Ballester hasta elucubraron sobre ese amor renacido en la pareja, tanto por parte del octogenario –muy guapo, muy buena planta, decía Rosa Villacastín-, como por parte de la ex de Julio Iglesias, como si la vida les diera otra oportunidad, quizá la última, aunque con Isabel Preysler, apunto yo, nunca se sabe. La noticia de ese evento personal adquirió categoría de noticia de alcance que escaló hasta un cachito de los informativos, y por supuesto muchos minutos en los magacines. Aún colea la cosa, que se analizó desde el punto de vista de la frívola banalidad. Los invitados, cerca de 400, eran saludados por el anfitrión a la puerta del hotel de celebración.

     Dicen las crónicas que había presidentes de Gobierno, ex presidentes, políticos, artistas, gente del showbisnes, banqueros. Vi a Rajoy, Aznar, González, Rosa Díez, o Rivera, es decir, la derecha política, con sus ministros y sus cosas. Gente del Íbex. Ninguno de los 400 invitados tiene problemas para llegar a fin de mes, para pagar la luz, pero más de cuatro y más de veinte y más de cincuenta de los que andaban por el Villa Magna de Madrid han trabajado para que millones de españoles tengan dificultades para llegar a fin de mes y no puedan encender la calefacción. Nada que objetar a la felicidad que da el amor, nada que objetar a la celebración personal de tu 80 cumpleaños. Otra cosa es la exhibición del poder, su descarnada representación, tan pornográfica en lo económico, tan obscena en lo social.

martes, 29 de septiembre de 2015

Maldeojos. Viva el periodismo, cajones



Viva el periodismo, cajones
(Artículo publicado el domingo, 27 de setiembre, en periódicos de EPI PRESS)

      Estoy feliz con Colgate y mi disco. No es coña. Veamos. Plató estupendo de Amigas y conocidas. Puro nervio periodístico, tensión, la actualidad se cuela por cada rendija del estudio, el aire cargado de noticias de la calle invade cada centímetro de la mesa donde unas amigas comparten ese amor por el pulso al día a día. Alguien que jamás se haya fijado en el programa podría pensar, como ocurre en Cuatro o La Sexta a la misma hora, una enfrascada en Las mañanas de Cuatro, con Javier Ruiz, y otra con Al rojo vivo, con el vitaminado Antonio García Ferreras, el hombre que ejerce el periodismo a golpe de mano abierta, con la que explica, reflexiona, detiene, o da paso a una conexión, alguien que no haya visto Amigas y conocidas podría pensar, digo, que La 1 toma el pulso a esa hora a la actualidad. Ha terminado La mañana de La 1, Mariló Montero da paso a Inés Ballester después de haber soltado una decena de inconveniencias, cinco o seis sandeces, un hatillo de reflexiones que nadie le ha pedido, y la ya acostumbrada exhibición de un ego maltrecho y fuera de control. Inés Ballester, la presentadora del programa, hace un resumen de los contenidos a tratar. Abrirán la tertulia con la crisis. ¿Cómo? ¿Van a hablar con gente parada, con familias que cuentan que no pueden pagar los libros de sus hijos, con pensionistas a los que Cristóbal Montoro reclama ahora que devuelvan un pastizal aplicándoles con efecto retroactivo una normativa por la que, si antes no tenían que declarar, ahora sí han de hacerlo y ese cambio les burla un dinero que, tengan o no, han de pagar sí o sí? No. Hablan de la crisis pero para decir que se ha salido de ella, tanto, y tan bien, que hasta están repuntando las separaciones. Y hablarán de Isabel Preysler y Vargas Llosa, asunto capital del que ya habló Mariló y hablará Anne Igartiburu, la muñeca diabólica, y tal vez se cuele en el Telediario.

Así es, alto periodismo en la tele pública. Conexión en directo para que una cantante sonría y diga que está feliz con su nuevo disco y con Colgate. En la competencia, las tertulias le toman el pulso a la actualidad política, económica y social. Y qué, piensa la dirección de TVE. Lo importante no es lo que se habla sino lo que se calla.


Televisión vibrante

      Estamos en la televisión pública, cajones, que decía el inolvidable Marty Feldman como Igor en El pequeño Frankenstein. Y la televisión pública ama la excelencia por encima de cualquier veleidad periodística. Por eso, en rabioso directo, en conexión con la calle, Inés Ballester da paso a Edurne como sólo las grandes saben hacerlo, con preguntas sin escapatoria, olfateando la noticia allá donde esté, y Edurne sin duda la esconde en su sonrisa, patrocinada por la pasta de dientes cuyo nombre resalta en el plano. Hola, Edurne, dice la valenciana, que nos dicen que estás feliz y radiante, sí, sí, mira qué sonrisa, contesta la cantante. Pero la periodista no suelta a su presa así como así. ¿Y por qué estás tan contenta, Edurne? Estoy contenta, dice doña Ieie, ieie, ieieee,  porque estamos en la presentación de una nueva pasta dentífrica que… Ay, ay, salta la periodista repreguntando como un periodista de la BBC, como un Carlos Alsina a un Rajoy turulato y bobo, o sea, que sólo ríes cuando hay por medio un taloncito. Nooo, contestó ella enseñando los dientes patrocinados por la pasta que ha puesto la pasta. El tercer grado a Edurne siguió arrinconándola para que hablara de su novio futbolista, un tal Gea, pero ella, como una bicha escurridiza, responde que “estoy feliz con Colgate y mi disco”. Televisión pública vibrante, ejemplar, siempre husmeando debajo de las alfombras para sacar lo que el poder esconde. Ni de coña. ¿Saben cómo se ha hecho eco TVE del monumental ridículo de un presidente de Gobierno desinformado que no sabe cómo se pierde la nacionalidad española? Ocultando el origen, protegiendo la ineptitud del líder, acorralado con suaves formas por un periodista de radio, y sacando a ministros en tromba con la trompetería del apocalipsis que anuncia que los catalanes pueden dejar de ser españoles si equivocan su voto.

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Ehhh, bueenoo, ¿y la europea?


Las dos taleguillas

      Que TVE apuesta por el periodismo de calidad lo encontramos de nuevo en uno de sus últimos estrenos, En la tuya o en la mía. Mientras en las televisiones serias, en cadenas de prestigio internacional, se dan codazos para invitar a personajes de incuestionable altura intelectual y ética con que exhibir en horario de máxima audiencia, aquí, en La 1, dos machos con sus taleguillas bien puestas se juntan para hablar de sus cosas –“tío, que yo he visto en el tendío pelearse por mí, mujeres”, dice Jesulín de Ubrique, que quiere saber los años de una parra de la casa de campo del anfitrión, Bertín Osborne, mira, macho, dice el cantante melódico, “había otra pero un tío más bruto que un arao se la cargó porque había que meté una tubería, y digo, cojone, no se podía haber metío por otro lao, era tan bruto que me metió estos dos olivos por el tejao”. “Anda cojone”, dice a modo de respuesta el ex de Belén Esteban-. Estos ejemplares avanzan sin remisión hacia un precipicio donde brilla lo chabacano, la simpleza mental, el discurso cerril, ensimismado y rancio, el chiste facilón, de machitos encelados, de colegas que se reconocen en sus cacerías, que no huelen el hedor de la sangre seca ni las cajonadas que pisan. Poner un género periodístico como la entrevista en manos de un señor como Bertín Osborne sólo se entiende por el desprecio que la actual dirección de la televisión pública tiene por el análisis serio de la realidad y su apego al fomento de la ignorancia de una sociedad dócil y bruta. Echando un vistazo al resto de invitados –esta semana se eligió a Lolita- se nos pone la bilis a mil. Carmen Martínez Bordiú y Mariló Montero son otras dos guindas para coronar este desfile de lustrosos representantes de la fatuidad social. En la tuya o en la mía la elección del presentador, y por supuesto la elección de invitados, no es baladí. Igual que no lo es el grosero intento de ocultar en el Telediario el estreno de B, la película de David Ilundain sobre Luis Bárcenas –Luis, sé fuerte-. Una redacción harta y ofendida se puso en pie de nuevo para evitarlo. El director, un pasota, seguro que se entretiene viendo lo de Bertín anotando en su diario ¡esto es periodismo, cajones¡

Ole, ole y ole. Dos machos hablando de toros, caballos, mujeres, y vino, como tiene que ser. Qué arte, coño. Y qué salero. La España de siempre, joé, qué cojonehhh.

La guinda
Ana Blanco
25 años presentando el Telediario. Un cuarto de siglo entrando en casa. Ana Blanco es de la familia. Nos ha contado de todo, como el cataclismo del 11S neoyorquino que cambió la historia. La periodista vasca ha visto pasar a presidentes de Gobierno de todas las banderías, a directores generales, a directores de informativos, y a todos sobrevivió. En pantalla parece fría y distante, neutral. Quizá ahí radique su enorme credibilidad.

sábado, 11 de julio de 2015

Maldeojos. 5.000 corazones



5.000 corazones
(Artículo publicado el jueves, 9 de julio, en diarios de EPI PRESS)

      Llegar a 5.000 programas es llegar a muchos programas. Fíjense si es así que la semana pasada celebraron los de Zapeando un programa especial para celebrar sus 400 días en antena. 400 días, diría descojonándose, pero sin perder  la compostura de sus rizos o sin marcar arrugas al sonreír y enseñar sus pulquérrimos dientes, Anne Igartiburu, el Jordi Hurtado de los programas banales. 5.000 programas de televisión son muchos días de televisión. 5.000 programas de Corazón son demasiados para una televisión pública. Lo digo porque eso supone que Corazón ha sobrevivido a directores generales, directores a secas, presidentes de corporación y presidentes de Gobierno, vamos, lo que se dice un superviviente. Su línea ya la conocen, porque no hay nadie en España que no conozca el programa de chismes de La 1. Nadie.

      Menos la gentuza que consiguió una fama de calderilla en programas de mierda, efímera en función de las veces que se preñen o desnuden, en Corazón sólo aparece la crema de las vanidades patrias. Actores, cantantes, modelos –que suelen ser presentadas con un currículo que ya quisiera para sí el nobel de Literatura Vargas Llosa, aunque tiene toda la pinta de poder unir a su apabullante galardón el de pareja de Isabel Preysler, que eso en este país es como ser reina consorte-, toreros, vedettes, o futbolistas. Algún día habrá que estudiar el lenguaje que usan los redactores del equipo de Corazón, incluyendo las memorables entradillas de su presentadora. Es todo tan cursi, tan alucinante y pedorro, tan empalagoso y hueco, tan amañado y estrambótico que más que crónica social es la crónica diaria de una descomposición por cagalera de pasteles.     
Fresca y natural. Asín es ella.