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viernes, 10 de noviembre de 2017

Maldeojos. El horror



El horror
(Artículo publicado el martes, 7 de noviembre, en diarios de EPI PRESS)

     Podría hablar del horror y la rabia, de la impotencia y el asco que da tener que soportar como si tal cosa la presencia de un tarugo ilustrado como Salvador Sostres en TVE, un tipo que posó el sebo de su culo en un asiento del plató de ¿Cómo lo ves?, sahumerio de olores podridos que regenta Carlos Herrera, ese señor al que le pagamos un pastón para que cada semana nos insulte en un programa que no debe mantenerse ni una semana más en la televisión pública. Todo llegará. Si no los jefes, que hacen como si el desastre no fuera con ellos, la audiencia ha tomado cartas en el asunto, y si la noche del domingo, día en que se estrenó el truño, los datos fueron ridículos, ahora, que ha cambiado al sábado a ver si remonta, la audiencia ha arrinconado, ¿y hundido?, al arrogante presentador que lleva a tipejos como el mentado Sostres para que digan, con el desparpajo de los provocadores, que “un contacto físico y repetido en el trabajo no es acoso”. La madre que los parió.

     Podría, y lo he hecho, hablar de ese asco evitable, pero hace unas horas a La Sexta volvió Jordi Évole y otra nueva temporada de Salvados, y con la entrega, la palabra asco, horror, vileza, incredulidad, miedo, repulsa y lo que se quiera añadir se va acumulando en cada resquicio de tu cerebro porque el paseo que dio Évole por Mosul, bella ciudad iraquí reducida a polvos de talco, como se apuntó, ponía los pelos de punta. Ese es el legado del puto Dáesh y su delirio macabro, criminal, de un estado islámico global. Estos hijos de puta siembran el terror como único sistema de gobierno. Cuando la condición humana se reduce a escombro tan dañino el horror te estremece y paraliza.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Maldeojos. Otro rojo



Otro rojo
(Artículo publicado el jueves, 28 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)
     Ya hay otro color rojo en los titulares de programas de la tele. Además del clásico Al rojo vivo de Antonio García Ferreras, el hombre ventilador, el presentador de manos como aspas, el busto que hace periodismo moviendo la actualidad al ritmo del molinillo de la palma de sus manos, nos ha salido en Cuatro otro rojo, en este caso roja, La línea roja de Jesús Cintora, que vuelve a la cadena después del fiasco de Cintora a pie de calle, que duró lo que le dura un libro en la mano a un tronista de Telecinco. El martes se estrenó el eterno formato, revisado para parecer novedoso, de Moros y cristianos en versión dueto, es decir, en vez del gallinero típico, con voces disonantes y profesionales de la provocación más necia del tipo mierda pura de Salvador Sostres en un bando o de Pilar Rahola en el otro, aquí, en La línea roja, son sólo dos contendientes que miden sus gustos, por supuesto enfrentados y sin matices, sobre un tema.
      Los eternos están en el candelabro. La homosexualidad –más vieja que el aliento helado de la luna-, la tauromaquia –más trillada y cansina que la verborrea mitinera de Pablo Iglesias-, los okupas –y sus circunstancias- son motivo de enfrasque entre el que dice que el gay se puede curar, quizá con el salivazo de un dios o con el médico farsante que no tiene escrúpulos, y el que dice que aún no se ha conseguido ni la mitad de lo que se tiene que conquistar para igualar derechos entre homo y heteros. O el que defiende a muerte la muerte del astado y el que defiende a vida la vida del morlaco. Lo ya visto, lo ya escuchado, lo ya sabido pero con la pretensión de que una u otra postura crucen la línea roja del que está en sus antípodas. Ah, Jesús Cintora, elegante, como siempre.

miércoles, 26 de julio de 2017

Maldeojos. Chusma



Chusma
(Artículo publicado el martes, 25 de julio, en diarios de EPI PRESS)

     No tengo que ver algunas cosas para saber que sólo me producirán malestar, rabia, una cólera de mucho voltaje y, en definitiva, una indiferencia como espectador del tamaño de la trola que mañana les contará a los jueces Mariano Rajoy sobre un sopor llamado Gürtel. Si yo sé que un programa lo produce La fábrica de la tele, ya sé mucho, incluso sé demasiado. Y lo sé porque quien firma Sálvame, Sálvame de Luxe, Cámbiame, o La noria, entiende el entretenimiento en televisión desde el lado menos elegante, desde la cara más sucia y turbia, desde lo chabacano como tarjeta de presentación. Si yo sé que ese programa “nuevo” es de debate, y lo emite Telecinco, ya sé de qué puede ir Mad in Spain –prometo que se llama así, pero ni quiero saber por qué-. Si por si no supiera lo suficiente sé que ese mamarracho lo presenta Jordi González, el asunto es más claro que el cinismo adobado de desprecio por la verdad del presidente del PP.

     Pero hay más. Hay más datos para no tener que soportar horas de televisión humillante sólo sabiendo algunas cositas más de Mad in Spain –domingo-. Si te enteras de que en ese “debate” sobre actualidad, no política, se advierte, se va a debatir sobre si ser hijo de alguien con popularidad es una maldición o una bendición, es decir, sobre si a Andreíta Janeiro le espera una vida de rosas o una cruz en cada esquina, y en ese debate están la escritora Lucía Etxebarría y Cristina Fallarás, ambas feministas, y el provocador profesional Salvador Sostres, polemista a sueldo que se mete en la boca ideas que apenas caben en una cabeza de mosquito, el pescado televisivo está servido. Y podrido por añejo y visto. Lástima que no haya podido evitarle el mal trago con más antelación.