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lunes, 26 de noviembre de 2018

Maldeojos. Telediario de museo


TD de Museo
(Artículo publicado el jueves, 22 de noviembre, e diarios del grupo EPI PRESS)

     Allí estaba Carlos Franganillo ante Las meninas, de espaldas a la obra de Velázquez, y en directo, a las 9 de la noche, abriendo el Telediario –la otra noche, aunque desde el plató de Torrespaña, fue cazado por el realizador cuando no debía bebiendo un trago de agua de un botellín, fallos que a mí me gusta vivir en directo porque humanizan la, a  veces, necesaria imagen de estatua de este tipo de presentadores-. Me emociona como espectador que la televisión pública traslade al Museo del Prado, pinacoteca que celebra el próximo año su bicentenario, a todo un equipo para abrir el informativo desde una de sus salas más visitadas. Fue el lunes, y convirtió en primera noticia el cumpleaños del museo cantado por sus trabajadores. Esta novedosa visita de TVE a nuestro museo nacional más conocido mostró las obras más visitadas, entre las que está El jardín de las delicias, de El Bosco, obra ante la que, se dijo, la gente pasa más rato en su recorrido.
     También se aprovechó la ocasión para enseñarnos algo que apenas nadie ha visto, y que se conoce como “los peines”, paredes móviles en las que se cuelgan joyas que esperan a ser expuestas y que descansan en los sótanos del edificio, reportaje que firmó Carlos del Amor. A la emoción de convertir en plató de televisión el Museo del Prado en su 200 aniversario, elevando la cultura a la categoría e importancia que merece –más allá de la mera gestualidad, y desde luego como otro rasgo del nuevo aire que se vive en los informativos de TVE- hay que añadir uno de los momentos más vibrantes de la noche, el apagado de las luces del museo, tal como se hace a diario, para dejar en penumbra obras que tanta belleza y luz irradian. Fue un Telediario para enmarcar.



jueves, 23 de noviembre de 2017

Maldeojos. A la calle



A la calle
(Artículo publicado el martes, 21 de noviembre, en diarios de EPI PRESS)
      Hala, se acabó. A la calle. A la puta calle. No hablo de Nicolás Maduro, al que muchos venezolanos, y creo que más gentes del resto del mundo, quieren ver ahí, en la calle, es decir, fuera del poder. El domingo se pasó la segunda parte de la conversación que Jordi Évole, para gloria de Salvados y de La Sexta en cuanto a audiencia, mantuvo con él. Vi, y sobre todo escuché con interés, los disparates que soltaba por su boquita coronada de mostacho el señor Maduro, que pedía respeto para él, para su país, aunque escupía algo que no admite matices, desprecio, intolerancia y la creencia absoluta de que cualquiera que pueda discrepar es imbécil en sí mismo. A la calle. A la puta calle, pero no, no me refiero a este político que aquí parece tan estrambótico como nefasto. Me refiero a la patada que le ha dado la audiencia a otro botarate.
     Volvió a la tele como el mesías que baja del monte para salvarnos del mal gusto, de la hez, de la opresión, pero ha sido la audiencia la que ha señalado a Carlos Herrera la salida. TVE, que creyó ver en él la gota que colmaba el vaso de la excelencia, también se ha metido el rabo entre las patas y ha cancelado su programa basura  ¿Cómo lo ves? Desde el programa se pretendía que el público, España entera, participara mediante una aplicación con la que la audiencia podía votar, manifestarse, retratarse según lo que el espacio debatiera. Pero la gente no es gilipollas, y no siempre se deja tomar el pelo con cuestiones tan ridículas, necias, e impropias de una televisión pública como quién finge más en la cama, el hombre o la mujer. De los 13 programas previstos en esta tacada sólo se han emitido seis. Qué vergüenza, Herrera en la sombra. Venga, hombre, a tu casa.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Maldeojos. El horror



El horror
(Artículo publicado el martes, 7 de noviembre, en diarios de EPI PRESS)

     Podría hablar del horror y la rabia, de la impotencia y el asco que da tener que soportar como si tal cosa la presencia de un tarugo ilustrado como Salvador Sostres en TVE, un tipo que posó el sebo de su culo en un asiento del plató de ¿Cómo lo ves?, sahumerio de olores podridos que regenta Carlos Herrera, ese señor al que le pagamos un pastón para que cada semana nos insulte en un programa que no debe mantenerse ni una semana más en la televisión pública. Todo llegará. Si no los jefes, que hacen como si el desastre no fuera con ellos, la audiencia ha tomado cartas en el asunto, y si la noche del domingo, día en que se estrenó el truño, los datos fueron ridículos, ahora, que ha cambiado al sábado a ver si remonta, la audiencia ha arrinconado, ¿y hundido?, al arrogante presentador que lleva a tipejos como el mentado Sostres para que digan, con el desparpajo de los provocadores, que “un contacto físico y repetido en el trabajo no es acoso”. La madre que los parió.

     Podría, y lo he hecho, hablar de ese asco evitable, pero hace unas horas a La Sexta volvió Jordi Évole y otra nueva temporada de Salvados, y con la entrega, la palabra asco, horror, vileza, incredulidad, miedo, repulsa y lo que se quiera añadir se va acumulando en cada resquicio de tu cerebro porque el paseo que dio Évole por Mosul, bella ciudad iraquí reducida a polvos de talco, como se apuntó, ponía los pelos de punta. Ese es el legado del puto Dáesh y su delirio macabro, criminal, de un estado islámico global. Estos hijos de puta siembran el terror como único sistema de gobierno. Cuando la condición humana se reduce a escombro tan dañino el horror te estremece y paraliza.