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jueves, 22 de agosto de 2019

Maldeojos. Paquita Salas


Paquita Salas
(Artículo publicado el sábado, 17 de agosto, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Charo –es el personaje terroso y limpio de la siempre formidable Gracia Olayo-, ya que estamos diciéndonos las verdades, que sepas que llevo años follándome a tu marido, dice Paquitas Salas –Paquita Salas es Brays Efe, no podría ser otro- a la vecina del pueblo de toda la vida y ante la madre de Paquita, de cuerpo presente. La frase forma parte de un capítulo de la tercera temporada de Paquita Salas, obra magna de Javier Ambrossi y Javier Calvo y que emite Netflix. Para mí, la mejor. Supongo que tiene que ver que la producción huele a dinero, a presupuesto generoso que permite florituras, rodaje fuera  de estudio, despliegue de caras de la pantalla de antes, de ahora, y de siempre, caras sobre todo femeninas, homenajes muy sentidos, continuos guiños, y ya les digo que a veces sin filtros, con descaro, descarnados y atrevidos, como el hilo de la trama donde Belinda Washington… en fin, no levanto ninguna alfombra.
      Sin complejos, eclécticos, Los Javis disfrutan con casi todo tipo de programas, sobre todo los considerados populares, o sea, rayando en la basura catódica, así que  la pareja más influyente del cine español convierte a especímenes de esa órbita como la conocida Terelu Campos en una estrella que da vida a Bárbara Valiente, que regenta una cosa que en el mundo moda se llama shworoom, o sea, un local para mostrar cosas, pero showroom es tan, tan petardo que resulta irresistible. En la nueva Paquita Salas hay de todo, ternura, ironía, buena fotografía, diversidad de personajes, nervio sintáctico y narrativo, un friso musical de alto nivel y sensibilidad, excelentes interpretaciones, o sea, un personaje potente sobre el que gira un mundo bien urdido y adictivo.


miércoles, 6 de junio de 2018

Maldeojos. Baile de estrellados


Baile de estrellados
(Artículo publicado el domingo, 3 de junio, en diarios del grupo EPI PRESS)


     Perdonen que no me mueva mucho, pero es que tengo el lomo hecho fosfato molido.  Lo de ser famoso, famosillo, popular, conocido, y otros matices de lo mismo conlleva riesgos que el común, el populacho, ese al que entretenemos y en nombre del que casi siempre se hacen las mayores tropelías, no se entera porque sólo ve lo que quiere ver o, lo que es peor, lo que quieren que vea. Que si la última ordinariez de la ordinaria y atroz Carmen Gaona –absurda entre absurdas, chabacana entre chabacanas- en el plató de Supervivientes, que si el populismo exacerbado del presidente cántabro Miguel Ángel Revilla, esclavo de sí mismo y de su fama indeclinable, y por eso no le hace ascos a nada, ni a él mismo, ni a La Sexta Noche con Iñaki López y la política ni a ¡Viva la vida! y Toñi Moreno con, bueno, con lo que haga Toñi Moreno los domingos en la empresa de Emma García, condenada desde hace un porrón de años a coger el pene inalámbrico de Mujeres y hombres y no soltarlo ni para ir a hacer un pis, ay, qué cosita da verla así, envejeciendo sin poder soltar ese duro sexo con el que se gana la vida. La vida del famoso, del famosillo, del conocido, o de una pringada que se hace llamar Soy una pringada, es durísima. Lo de esta chica es alucinante en sí mismo, y en sí misma, un chorreo de orín caído del cielo excretado por cualquier ángel negro. Detrás de ese Soy una pringada está la ciudadana Esty Quesada, que al llamarse pringada y tal y tal sabe que sube puntos porque el calificativo de pringada, que a uno le saldría de forma natural para llamarla, ya está cogido por ella misma. Lista que es la chica, demostrando que los caminos hacia la fama son muy duros. Pues bien, la tal, que no podría formar parte de Bailando con las estrellas –por sus inabarcables arrobas- que es de lo que trata la pieza de hoy, o sí, porque a nadie sano se le hubiera ocurrido contar con Falete para Mira quién salta –a la piscina- y se contó con él revelándose como la morsa ideal para echar unas risas, la tal, digo, no baila con las estrellas en La 1, aunque sí ha subido al cielo de Flooxer, plataforma digital de Atresmesdia, con una historia dirigida por ella, te cagas.

¿Amelia Bono?
     Si Paquita Salas, historia de Javier Ambrosi y Javier Calvo, fue una revelación en esa misma plataforma, un producto de alta concentración de talento mostrado en sus dos temporadas, Looser, lo de Esty Quesada, es una puta mierda. Soy una pringada será una reinona de Youtube, con seguidores hasta en el tanga, pero como directora y creadora de historias, si tu ego te lo permite, te queda mucho que aprender, bonita, y sí, seguirás así, pringada y haciéndote la mártir, pero de transgresora, provocadora, que es tu meta, tu aspiración, lo justito, encanto. Ay, estas “youtuber” de aluvión se creen que la fama es hacer el chota, pintarse labios negros, hacer como que se ríen de su gordura para escupir al mundo su rabia y sus complejos, y salir indemnes, pero no, la fama es otra cosa. Lo dijo a su manera una concursante de Factor X, Carmen, antes de salir a escena, “he estado cagando, vomitando, y orando a dios para que me quite esta fatiga”. Pues eso, he visto el primer capítulo de Looser, la historia de Soy una pringada, con producción nada menos que de Globomedia, y casi le hablo a dios de tú, además de vomitar y cagarme la pata abajo, pero no tengo necesidad de más. Se acabó. Para estrelladas, las de la pista auténtica. Me voy con Roberto Leal y su colega Rocío Muñoz, a la que visten como una pava con plumas negras hasta el filo de las tetas, a ver qué pasa ahí. Pero nada más ver en la web lo que dura la entrega de Bailando con las estrellas me vengo abajo y me falta el aire. ¿Quién puede estar más de dos horas y media ante la pantalla para ver un programa tan antiguo, tan casposo, tan revisto? Ni siquiera el morbillo de ver los mal llevados tocinos de David Bustamante restregándose con Yana Olina, su pareja de baile, justifica el atracón. Tampoco comprobar que sí pasan los años por la divina fea, la asimétrica Rossy de Palma, tomándose en serio el curro o, lo que es peor, mirar al vacío para no soltar la pota, o cagarse viva, mientras escucha con devota indiferencia las reflexiones de hueca solemnidad del jurado. Ya saben, eso de “el esfuerzo tiene su recompensa”, o “si trabajas, tendrás la satisfacción de sentirte útil”. Pues ni siquiera por ver a otro resucitado de entre los zombis del programa como jurado, el bailarín Joaquín Cortés, merece perder la madrugada ante oferta tan tontita. Lo único que parece digno de atención es el olfato de los productores para hacer la lista de aprendices de bailarín. El Hombre de Negro, –ex de El hormiguero-, Pelayo Díaz, Gemma Mengual, Manu Sánchez, Fernando Guillén, Manu Sánchez, o Amelia Bono. Perdón ¿He escrito Amelia Bono? ¿Quién es Amelia Bono?

Rajoy, cadáver
     Es una vergüenza. Esta señora sólo es hija del socialista José Bono y esposa del hijo de Raphael. Qué bochorno. Esta bailarina sí que es para quemar la pista y dar vueltas de campana. Es, como decía un trabajador de TVE ante la insostenible situación de la casa, un ejemplo de que, aunque no sea el caso, manipulación también es corrupción. Estas pequeñas corrupciones se hacen indigestas, nocivas. ¿Amelia Bono? ¿Quién coño es Amelia Bono? Pero para baile y bailongos, el del “Soy español” del inefable españolista José Manuel Soto, que ha encontrado su sitio en el mundo de la patria como negocio. El menda dice en ese vídeo que es don Juan, don Quijote, y hasta torero de pacotilla. Y por si faltara alguien en la orgía, otros españoles y mucho españoles, el torerito Fran Rivera y el cantamañanas Carlos Herrera. El inspiradísimo patriota de postal dedica su cachonda canción a “los pobres desgraciados que odian España”. Cuánto tonto anda suelto en la pista de baile enfangado en la que muchos han convertido a su España. Por cierto, hay que ir dejando sitio en Bailando con las estrellas, que el cadáver Rajoy pide paso. Como presidente fue nefasto, pero como bailarín no tiene precio.

La guinda
La gran dama
La 2 reaccionó el martes como se espera de una tele pública, homenajeando en el día de su último adiós, con los ojales de su vestido llenitos de jazmines, a la gran dama de la canción, a María Dolores Pradera, que deja un rastro del perfume de la elegancia, la fina ironía, un legado de canciones de un clasicismo siempre vivo, moderno. Repitió un programa ya emitido. Da igual. El corazón siempre agradece escuchar su voz.


domingo, 30 de octubre de 2016

Maldeojos. Paquitas Salas



Paquita Salas
(Artículo publicado el jueves, 27 de octubre, en diarios de EPI PRESS)

     Creo que el actor Brays Efe nació para ser –o encarnar, que diría su personaje, aunque no tuviera ni puta idea de lo que significa- a Paquita Salas, representante de actrices. Paquita Salas es una serie que emite Flooxer, la plataforma digital de Atresmedia con trabajos que se mueven en parámetros distintos a los de una cadena convencional. Vi el estreno de Paquita Salas en un cine de Madrid, justo cuando en el Hotel Prado Real de Soto del Real se celebraba su segundo Webfest, y desde el minuto uno me cautivó. La serie para internet ha ido emitiendo más capítulos. El martes se pasó el quinto, y último. La protagonista es Paquita, el actor Brays Efe, siempre acompañada por la malagueña Belén Cuesta como su secretaria, maravillosa, divertida, fresca, excelente actriz de una versatilidad admirable.
Creada, escrita y dirigida por los jóvenes Javier Calvo y Javier Ambrossi, Paquita Salas es un divertimento visual que ha ido creciendo desde el primer hasta el último capítulo. Pero no sólo eso. También es el lado oscuro, no siempre rutilante, del mundo del cine, el teatro y la televisión. Paquita Salas es la historia de un continuo fracaso, de un disparate, de una carrera que se quedó varada en un tiempo que ya no existe pero a la vez el intento patético de entender el nuevo luchando como una jabata, aunque sea con métodos hilarantes. Bien escrita, atrevida, con invitadas de postín –desde Ana Milán a Yolanda Ramos, o Andrés Pajares-, Paquita Salas es un descubrimiento que nació como divertimento entre colegas que sabe divertir, sin dejar de tener ese aire de complicidad amistosa, a mucha más gente. A por otra temporada, querida Paquita.

miércoles, 8 de junio de 2016

Maldeojos. Webseries



Webseries
(Artículo publicado el martes, 7 de junio, en diarios de EPI PRESS)

      La cosa ha dado el salto. Empieza a ser una industria. Puede ser negocio. Si empresas gordas como Atresmedia apuestan por las series pensadas para ser vistas en Internet es que ahí huele a dinero. Si no, de qué. De hecho el emporio presentó el viernes pasado en el cine Callao de Madrid su plataforma Flooxer dedicada a este tipo de creaciones y a ese tipo de creadores. En la sala del céntrico cine no se cabía, abarrotada  por un público juvenil, con algún que otro maromo con canas, como servidor. Quique Peinado fue el maestro de ceremonias que presentó el evento con su desparpajo e ironía y desapego habituales –colabora y es guionista de Zapeando, La Sexta-. Los equipos de las series, de las webseries presentadas –El partido, Entertaiment, Temporada baja o la  sorpresa de la noche, Paquita Salas- fueron explicando sus trabajos antes de la proyección.

      Por casualidad, o no tanto, en Soto del Real –a un par de kilómetros de la cárcel donde habita el quinqui Francisco Granados, ranita de la anfibia anura Esperanza Aguirre-, y organizado por el Hotel Prado Real, se celebra el fin de semana la segunda edición del Prado Real Web Fest. Entre las webseries nominadas, algunas de las que se verán en la plataforma Flooxer. En esta segunda edición, también dirigida por el director de cine valenciano Josevi García Herrero, y de cuyo jurado formo parte junto a los actores Jaime Pujol y Álvaro Morte, la directora Eva Lesmes, la productora Piluca Vaquero, y el compositor Josué Vergara, se han incorporado actividades de formación y algo parecido a un incipiente mercado de ideas, con ojeadores que las buscan y creadores que las tienen. Total, el mundo friqui lo es cada vez menos como definición de webserie.