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jueves, 26 de mayo de 2016

Maldeojos. Documental, género variable



Documental, género variable
(Artículo publicado el domingo, 22 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

      A veces me dan ganas de reír, y eso que el programa –atención, se llama docurreality, o docuserie, o docudrama- es de una seriedad que pretende ser pedagógica, aleccionadora. Pero a mí me da la risa. O una pena penita muy grande, tan grande como el ridículo de la satisfecha Barei, la señora que dijo en Estocolmo, segundos después de quedarse en el puesto 22, a cuatro puestos de la última, que era la enviada de dios y que sentía “el calorcito de la gente”. Si yo fuera ese dios la metía en el horno del infierno para saber lo que es el calorcito. En el plató, apoyando el fracaso, como quien ve un cosa que nadie ha visto, Anne Igartiburu la saludaba como habría que saludar a los médicos del Hospital General de Massachusetts, que le han trasplantado a Thomas Manning, de 64 años, el pene de otro varón ya que perdió el suyo por enfermedad. Pero no, saludaron a la perdedora Barei echando al suelo la alfombra de una adulación patética, como esos jurados que animan a la niñería a seguir así, “siendo como eres, no cambies”, que te espera un futuro brutal, decía Edurne, la que perdió el pasado año, o “no te preocupes, el futuro empieza ahora”, remachaba Ruth Lorenzo, que tampoco salió a hombros en Eurovisión. Hasta Chikilicuatre, sin el juego de pies a lo Lina Morgan de Barei, logró mejor puesto. Estas escenitas patrioteras me recuerdan, por lo falsas, al programa que me refería, Centro médico. Lo emite La 1 a diario ante unos 650.000 espectadores. No importa, si el producto tuviera un mínimo de calidad. No lo tiene. Al Centro médico lo llaman docuficción, pero no es ni documental ni ficción. Eso sí, te enteras de lo que es un antavirus –provocado por el virus del antas, transmitida por los ratones de campo a través de las heces, saliva y orina-. En España se han dado sólo un par de casos, dice el actor que hace de médico, cogido del mercadillo de los jueves de los actores en formación. ¿Sólo dos casos y ya tiene su docuficción el puto virus?

El perfecto facha
Sobreactuado, con textos dichos de carrerilla a ver quién termina antes, con producción penosa, recreando un ambiente hospitalario que es puro invento, Centro médico va a ser renovado por otra temporada. La idea es recrear casos médicos reales, pero el resultado es tan estrambótico que uno no sabe si es un centro médico o una fábrica de longanizas. Cuantas más, mejor. Si los médicos y enfermeras ejecutan su papel sin credibilidad, el apartado de los que llegan tosiendo, con dolores, o con la tez demudada es para echarse a reír. ¿Malos? Sólo falta que se oiga por lo bajini la banda sonora de risas enlatadas. Al contrario, uno que va perdiéndole el respeto a la cámara, y cada vez es más natural, es don Julio Anguita, que dice que no está para mítines, que no es el baúl de la Piquer, de doña Concha Piquer, dice él, que tanto viaje y tanta plaza le vienen grandes, pero que sí está dispuesto a apoyar “la confluencia”, y por eso hará pequeños vídeos –¿Anguita Yotouber?-, concederá entrevistas, o aparecerá junto a Pablo Iglesias, el artista, joder, me has emocionado, le decía el Coletas al Califa apretando los ojos para contener las lágrimas, pero cuidando de no salirse de plano, rodeado de cámaras y flashes, su medio natural, cuando hace unos días coincidieron en Córdoba calentando el 26J. Los de La Sexta no quieren perder comba en este nuevo docudrama al que España está abocada, una cadena, y programas como Al rojo vivo, El objetivo, o La Sexta noche, culpables de la vuelta a la política de Esperanza Aguirre. Lo dijo en el documental sobre el perfecto facha, sobre el cinismo y la hipocresía, que vomitó Telecinco gracias al encuentro sideral en Tu casa es la mía entre Bertín Osborne, el amojamado campechano, y la ultraliberal, que no cree que la política tenga que ser una profesión, ole su flor, dicho por quien lleva en política desde que echó los dientes de leche, dicho por quien lleva en política más de una plaga bíblica, la mentirosa compulsiva, la que vive de lo público desde que echó el primer polvo con su marido –un tío cañón que conocí en un campeonato de golf y con quien acabé jugando yo, le dijo a Bertín, mirando desde sus ojillos chiquititos, esos ojos suyos de picarona de derechas, que son las mejores-.

Panecillo consagrado
Tampoco sé en qué tipo de documental colocar la actuación de Paco Camps, el dolido, el apesadumbrado, el compungido. Llegó con corbata negra como una víctima más del accidente del metro de Valencia a la comisión de investigación de Les Corts que trata de esclarecer lo que pasó hace 10 años. Y dijo, sin abrir los brazos como el mártir que es, que desde el minuto uno estuvo al lado de los familiares. El cielorraso no se hundió, pero dejó claro que podría ser un actor del carajo en Centro médico haciéndonos creer que es un doctor de toda la vida. Jamás recibió como presidente del gobierno valenciano a los familiares de ese terrible accidente a los que despreció, a los que se quitó de encima por la vía expeditiva de ignorarlos con un aliado incontestable, Juan Cotino, su conseller de Agricultura, un tipo siniestro al que imagino mirar con arrobo morboso al crucifijo y escupir con asco al semejante que se interpone en su santa carrera, un menda con cara de panecillo consagrado cuya sonrisa es frío veneno. Ambos celebraron ante la comisión un sainete nauseabundo, la vieja táctica política de añadir dolor al dolor bajo el género de la docuprovocación, que tan bien supo manejar Canal 9 en sus años de oprobio. Veo a Laura Ballester, colega de Levante EMV, entrar en directo en La Sexta, para recordar que el periódico, además de la gota que puso Jordi Évole y su mítico Salvados, no dejó que la llama de la justicia se apagara del todo. Como queda claro en Las primeras 48 horas, docuficción policial que recrea casos criminales, las primeras 48 horas son fundamentales. En lo del metro han pasado 10 años. A ver si al menos, de haberla, a alguien se le cae la cara de vergüenza. Eso sí que sería un caso clínico para ver en Centro médico.

La guinda
Sublime rareza
Carlos López Otín, bioquímico, catedrático en la universidad de Oviedo, eminencia en el estudio del cáncer, habla con Iñaki Gabilondo en #0, la cadena de Movistar, en una de esas sublimes rarezas de la televisión llamada Cuando yo no esté. Es una tribuna para el sosiego y la reflexión, para quedarte embobado escuchando a estas eminencias apenas conocidas fuera de su mundo que retratan el futuro de la mano de Gabilondo.

jueves, 19 de mayo de 2016

Maldeojos. Say no, no, no



Say no, no, no
(Artículo poublicado el martes, 17 demayo, en diarios de EPI PRESS)

De nuevo, esquinado. De nuevo me asomo a algunas ventanas, husmeo en algunas redes sociales, y me detengo en algunas pantallas a ver si me salpica algún furor, algún eco, un poco de la pasión que advierto en mis semejantes, en algunos, es verdad, en algunos, pero no lo consigo. El sábado fue un día grande, de los gordos. Para la gente del fútbol y para la gente que sigue con algo más que interés Eurovisión. No vi ni una cosa ni la otra pero sé de ambas por terceros. El Barcelona jugó aquí, cerca de mi casa, ganándole al Granada, pero me enteré porque pregunté qué pasaba al escuchar cohetes reventando en el cielo del pueblo. Me quedé como estaba. Es que el Barça ha ganado la Liga, dijeron, esperando que mostrara algún entusiasmo. Nada, frío, como un tempano. Luego vi las imágenes de gente gritando de alegría, agitando las camisas, abrazándose, y a los del equipo campeón formando un corro dando saltitos en el césped del estadio granadino.
Con lo de Barei, igual. Que perdiera y se quedara en un ridículo puesto 22 de 26 no me pilló de sorpresa. Necia copla cantada en un idioma ajeno, infantil baile de pies, patético intento de dramatizar fingiendo una caída, baile de coros y danzas, en fin, un disloque en un festival que en nombre de la música da la espalda a la música, como los que usan el nombre de dios en vano. El festival de Eurovisión lleva años dejándome en la orilla. Las exageradas expectativas anuales, la machacona maquinaria de TVE espabilando a los fieles, los augurios de que “este año será nuestro año” forman parte de un circo del que nada me atrae. Vi el vídeo de la actuación de la señora Bárbara en mi ordenador. Y frío, como un témpano, lo tuve claro. Say no, no, no, no

viernes, 5 de febrero de 2016

Maldeojos. Música clínex



Música clínex
(Artículo publicado el jueves, 4 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

      Recibamos con un fuerte aplauso al esperadísimo Jorge González, pero no dejen de palmear porque la cosa se pone de un nivel acojonante con la llegada al plató, nada más y nada menos, de Coral Segovia, pero no crean que acabamos, que esto es como una ascensión hacia la gloria porque aún nos queda por recibir a Brequette. Imaginen que, más o menos, Anne Igartiburu anunciara el lunes a esta peña como ganchos de la gala que organizó TVE para emprender la loca carrera a Eurovisión. Se elegía representante español de la tele pública. En esa gala –sin chispa, cansina, vergonzosa, mala- había otros ilustres desconocidos con idéntico tirón, o sea, nulo. Es verdad que soy un ignaro que cultiva con mimo su inopia en estos asuntos que chocan en mi coco impermeable, resbalando como el aceite. Es verdad que hace años, salvo piruetas extra musicales, lo de Eurovisión me pilla con el diente de mi sensibilidad musical retorcido, pero…

     Pero si La 1, con una desatada Igartiburu, echa mano de un jurado donde hay un tipo que se llama Carlos Martín, que es miembro de un grupo llamado Il Divo, que es a la música lo que las hamburguesas a la comida, apenas necesito más información. Loreen es otra del jurado –no me pongan caritas raras, por dios se lo pido, ¿o no saben quién es Loreen? Pues no seré yo quien les saque de su plácida ignorancia-. Para completar, TVE contó con Edurne, ie, ieee. Después del tedioso espectáculo, hay representante. Ganó Barei –inaudito que TVE acepte letra en inglés, justo el año de Cervantes, qué triste todo- pero créanme que eso es lo de menos. Son músicas horrorosas, vulgares. Músicas clínex. Innecesarias. Olvidables. 
Barei, a Eurovisión 2016
Esta señora representará a TVE en el festival de Eurovisión. Pero eso es lo de menos. Las músicas que se escucharon en la bochornosa gala eran intercambiables. Tipo chunda chunda, vulgares, olvidables.