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martes, 9 de julio de 2019

Maldeojos. Chatín


Chatín
(Artículo publicado el sábado, 6 de julio, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     A Javier Cárdenas, el insoportable por arrogante, petulante y desfasado presentador y director de la extinta, menos mal, Hora punta de La 1, le dicen sus seguidores al ver una foto en su cuenta de Instagram que la tableta de sus abdominales es más falsa que la de la barriga operada de la ordinaria Leticia Sabater. El señor está de vacaciones en Ibiza, y quiso compartir momento de relax en un barquito con el torso desnudo. Le han llovido las críticas, y hasta hay quien dice, con mucha sorna, que no se tire al agua si no quiere que desaparezca el rotulador con el que se dibujó los musculitos. Me extiendo tanto en esta tontería porque se trata de un tipo al que no soporto. Ojo, en la pantalla. En su vida privada, como diría Mila Jiménez con su desparpajo de señora del (h)ampa del plató, me la pela. Así aprovecho mi rinconcillo en este medio para darle collejas cada vez que viene a cuento, y a veces sin venir. Sé que haga lo que haga no me convencerá.

     Se llama prejuicios. Y yo los tengo con él. Como saben, moría el otro día en Madrid el patético Arturo Fernández, otro señor al que no sólo no veneraba sino que era verlo y escucharlo y me salían ronchas. Ni muerto ha cambiado mi sentimiento hacia él. Igual me pasó, me sigue pasando, con el cabestro Jesús Gil, un sinvergüenza que ni la muerte lavó la repugnancia que siempre me produjo. Arturo Fernández, el sobrado, el galán con más bótox y operaciones que cualquier Carmen Lomana de andar por casa, para mí es el que él quiso ser, un señor añejo, un caballero rancio, un ultra de la banda de Abascal, un empalagoso conquistador que desde La casa de los líos del 1996 para Antena 3 se parodió.  Cuando el chatín decía chatina me hervía la sangre. Descanse en paz.


martes, 15 de diciembre de 2015

Maldeojos. Que viene el coco




Que viene el coco
(Artículo publicado el domingo, 13 de diciembre, en diarios de EPI PRESS)

      Supongo que lo habrán leído, o escuchado. Surgió en Twitter, y ya no ha parado. Creo que resume una sensación. A ver si están de acuerdo con lo que dijo Dani Bordas en su cuenta. Tengo la tele apagada y está saliendo Albert Rivera. No me digan que no es de lo mejor que se ha escrito sobre la presencia de los candidatos en la tele. Incluso con la tele apagada puede asomar Pedro Sánchez –qué gritos en A Coruña, qué patético- sonriendo como un actor de dentífricos. Con la tele apagada podemos ver a Pablo Iglesias con su cuello adelantado, sus brazos extendidos haciendo palmas, sus dientes desparejos y su coleta cayendo como una pesada cruz sobre el hombro. Hasta con la tele apagada sale Mariano Rajoy, ahora que se ha soltado la lengua, salió del plasma, y ha descubierto que los ciudadanos preguntan –en La Sexta Noche-, pero no se comen a nadie, además, que a él le da igual lo que pregunten porque responde cantando por verdiales. La imagen de Pablo Iglesias tocándole la guitarra a Maritere Campos, perfumada de naftalina, resume este tiempo de chichinabo político. Mi adorada Mariloli Cospedal, siempre fina, esquiva, lianta, estricta, biliosa, vestida de luto aunque lleve leotardos de lentejuelas, lo ha dicho, “los políticos no somos ni artistas ni tertulianos”. Toma, Soraya. Los programas de la tele han sustituido al programa político. Una carrera con Jesús Calleja suple el plomo repipi de Rivera. Una visita a la cocina de Bertín Osborne, el vendedor de charcutería, desenmascara al Rajoy que sigue gritando, haga lo que haga y diga lo que diga, ¡Viva el vino! Los políticos se han convertido en el coco con el que asustar a los nenes. Cállate, o te siento delante de la tele. Cómete las acelgas, o pongo la cinta sinfín con el debate de Atresmedia.
Desde el minuto uno este yogurín -de nunca me gustó la leche cortada- sabía lo que quería. Y cómo conseguirlo. Las chonis de Mujeres y hombres y viceversa hacen lo mismo en Interviú. A día de hoy el señor Albert lo ha conseguido. Pones la tele, y está él. Y la quitas, y sigue ahí.


Pitingo no, por favor
No sé si algo así pensaron en el estreno de la tercera temporada de Masterchef Junior. Ay, que me da. Y eso que uno ya tiene los colmillos retorcidos. Pues no que van y sacan a Pitingo cuando los nenes cocinaban en la explanada de un parque temático. Qué miedo. Sus dientes de cal restañaban en su rostro maqueado casi a lo Antonio Machín. Anda, canta, le pidió Jordi Cruz en un momento de locura. Y cantó. Los críos, atónitos y paralizados por la visión, se miraban unos a otros como diciendo, “los mayores están zumbados, qué pinta aquí este tío”. Y el tío se echó a cantar y a hacer palmas, ole y ole, entornando sus ojillos de reptil en trance, demostrando que el flamenquito es una de las invenciones más dañinas y pedorras de las últimas décadas. Pitingo tiene un arte que no se puede aguantar. Literal. Es insoportable. No sé si antes, o después, vimos que a  Pablo, 12 años, de Madrid, se le resbaló un enorme cuenco donde su grupo preparaba la crema catalana del postre formando un berenjenal que apagó de su cara, y de golpe, las cinco estrellas Michelín de Jordi. Pablito, el niño manazas, lo dijo menos poético. “La he cagao”. Así que, padres, ya saben, de ahora en adelante, además de amenazar con dejar a los nenes encerrados en una habitación con la cara de los políticos en campaña, díganles que Pitingo puede aparecer cantando flamenquito en cualquier momento. Yo creo que funcionará. La cosa se está poniendo fea. No enciendas la tele, que aparecen. Lo de Bertín es un ejemplo. Antes se conformaba con llevar a casa a sus invitados de uno en uno, incluso se metía en la cama con algunos, como con Arturo Fernández, pero sin mariconadas, joder. Ahora hace tríos. La visita esta semana del jurado al completo de Masterchef a la cocina de Fabiola, más machista que el marido, es la demostración de que En la tuya o en la mía va sin control, es una factoría, una fábrica de churros, una fórmula, un esquema repetido que empieza haciendo el paripé de la llegada inesperada, oh, ¿cómo tú por aquí?, pasan a la escena del sofá, luego a la cocina, más tarde al epílogo del futbolín, y luego tú a tu casa y yo me quedo en la mía con la pasta, joder, joder, joder, qué chollo. 
Qué arte, ojú. Tiene un arte este menda que no se puede aguantar. De verdad. Vamos, que es insoportable. Ay, esos pelos, si es que..

Papilla homogénea
Algo así pensará Emma García, la señora espatarrada, la de las gradas de Mujeres y hombres y otros berzas, esa que no lleva micrófono de solapa sino micrófono de mano, como los de antes, esa que se ha hecho fuerte asustando no a los nenes sino a los padres. Mujeres y hombres y otros berzas es el coco, el terror de los papás con tres dedos de responsabilidad. Mira que si mi hijo me sale tronista de discoteca, mira que si mi hija es una choni encubierta que aspira a enseñar el chumino en una revista para camioneros. A Emma García le da igual. Lo que le echen. No es moco de pavo escuchar a la reina divina del amor de garrafa haciendo campaña por los niños pobres. La tía levanta una caja de cartón a modo de hucha y mirando a los berzas que la rodean les dice que todos están comprometidos con la pobreza infantil. El esturreo de risas va por dentro. Esta tropa está comprometida, sí, pero con el gimnasio y sus ombligos. Pones Antena 3 y te sale Albert Rivera, pones La Sexta y te sale Pablo Iglesias, pones La 1 y te sacan a Rajoy, pones Telecinco y te sale un choto pastoreado por Mercedes Milá o similar, pones Cuatro y te sale una ordinaria con el guacamole al aire. El otro día vi un vídeo de Adán y Eva en el que la Eva garrula hacía un examen de cultura a los adanes que la pretendían. “Pa mear y no echar gota”, diría Belén Esteban, otra que sale con la tele apagada. Dime el nombre de un escritor, inquiere la señorita. Antonio Machado, dice muy seguro un Adán con el grifo arrugado, que es “poeta y literatura”. Como suena. Poeta y literatura. Suficiente. Sólo falta que apagues la tele y siga ahí Rosa Benito, que ha vuelto al redil de Mediaset por la puerta de Sálvame. El coco tiene múltiples caras hoy en día, que homogeneizadas por la misma pantalla hace una papilla con políticos, tertulianos, cuentistas, concursantes, aspirantes, chulos, putos, y vedetes de burdel. 
Ojo, que esta absurda también aparece en cuento te descuides.


La guinda
Saben que…
Fue usted uno de los pocos espectadores que vio el miércoles por la noche, en La 1, el debate a 9? Dos cosas. La tele pública pensaba emitirlo como el que se quita un muerto de encima, hacia la 1 de la madrugada. Pero la Junta Electoral obligó a emitirlo en horario de máxima audiencia –qué vergüenza, qué sindiós-. ¿Saben que cuando Antonio Hernando, PSOE, habló de Bárcenas se fue el sonido?  Es tanta la humillación…

martes, 1 de diciembre de 2015

Maldeojos. Los huevos de Bertín



Los huevos de Bertín
(Artículo publicado el domingo, 29 de noviembre, en periódicos de EPI PRESS)

      Es el hombre de los huevos de oro. Lo que toca, lo convierte en mayúsculo. Creo que llena teatros con un carromato al que sube a un chistoso de los de toda la vida, ese de los chistes de mariquitas y gangosos, un tipo moliente al que bautizaron Francisco Rodríguez Iglesias –nada que ver, ¡arriba España!, con el de Podemos- pero conocido en el mundo de la pachanga como Arévalo.  Busquen, busquen en Youtube a Rafael Álvarez El Brujo y la pildorita de 3 minutos llamada “La diferencia entre ‘Yo nací’ y ‘Yo nasí’, el acento de Lucena” y busquen, busquen “chistes de Arévalo” para ver de qué tipo de humor hablamos. Con Arévalo recorre el país a teatro lleno. Creo que no hay ni que decir que el donjuán de los huevos de oro es el señor Bertín Osborne. Además de teatros en fin de semana, llena audiencias. Pasó por El hormiguero y a Pablo Motos se le cayó a cachos el maíz de su barba cuando al día siguiente vio la cuota de pantalla. Y cada semana, como se sabe, le pone unos miles de espectadores más a la cifra de la pasada de En la tuya o en la mía. El mediocre y edulcorado cantante de rancheras nunca se fue del todo, pero ahora vive un nuevo esplendor que le sabe a gloria a una TVE casi irrelevante. ¿Qué tiene Bertín Osborne para hacer de un programa banal, cortito de miras, un éxito tan sonado de audiencia?  No lo sé, y lo digo más serio que Rosa María Sardá cuando se entera en “Ocho apellidos catalanes” de que lo de la independencia es un invento de su nieto happy flower Berto Romero. Como diría el propio Bertín, a mí también me enseñaron a no pelearme con personas que no conozco. Y tampoco con las que conozco porque siempre habrá algo bueno en ellas, en unas y en otras. Así que Bertín, en carne mortal, me trae sin cuidado. O, como diría él, me la suda.



 Si quieres, busca los chistes de Arévalo. Pero no seré yo quien te guíe a semejante mal trago.


El machismo que no se ve

     Bertín se abre de patas en su casa o en la del otro y enseña el paquete como sólo los tíos muy machos lo enseñan, como sin querer, de forma natural, así, echando una mano por el respaldo del sofá y la otra a la copa de vino, charlando con otro machote que puede ser el más macho de los machos de la tierra, un torero, coño, un tío con cojones, un chaval que las pasó canutas y hoy tiene una casa que te cagas, maestro, un español que lleva la sangre de la fiesta en sus venas, qué alegría de verte Manuel, vamos a ver qué hacen las chicas. Manuel es Manuel Díaz el Cordobés, y las chicas son las señoras de ambos. Ellos hablan de sus cosas, de sus trabajos, de sus esfuerzos, de sus triunfos, y ellas… Paréntesis. La 2 emitió este lunes un Documentos TV que habría que pasar por las escuelas para educar a nuestros niños como ciudadanos íntegros y sin prejuicios, para evitar en el futuro que las estadísticas siguieran enfrentándonos a un espejo turbio y vergonzante, inadmisible –una media de 70 mujeres al año son asesinadas por su pareja y casi un 13 % de las mujeres mayores de 16 años sufre violencia física o sexual-. Fue uno de esos Documentos TV -El machismo que no se ve-, imprescindible. En él se dijo que la mayoría de jóvenes de instituto no identifica las conductas machistas y que el estereotipo de género sigue teniendo un peso desmedido. También se preguntaba ¿quién está asumiendo el trabajo de las tareas domésticas, qué tipo de machismo nos queda? ¿Es un machismo que no se ve, o que quizá no queremos ver? El médico forense, autor del libro “Mi marido me pega lo normal”, Miguel Lorente, dijo que el machismo se da en cada esquina, pero son conductas tan asumidas que no las vemos como machistas. Se cierra paréntesis. Volvemos a la casa del torero, y con el guasón y campechano Bertín. Vamos a ver qué hacen las chicas, dicen los señores.
Oh, qué bien se lo pasan. La cocina no es su reino por eso sus travesuras les divierten tanto. Las mujeres, que sí se encuentran en su medio, saben dónde está todo, un dato que a los machotes se la suda porque ellos no entran ahí... salvo que haya unas cámaras de televisión, y entonces dejan claro que ese no es su ambiente.


 El abuelito dulce

     Las chicas, oh, esa bendición, estaban en la cocina. Joder, donde tienen que estar, les faltó decir. Fabiola, la del cantante melódico, vendedor a tiempo parcial de jamones, vinos, y quesos, y Virginia, la del Cordobés, estaban haciendo la comida. Pero hete aquí que llegan los chicos, se ponen el delantal, y deciden freír huevos para pasmo de las señoras. Los huevos de Bertín están de rechupete, y tienen tan buena pinta que hasta Fabiola hace una foto para no olvidarlo. Habrá quien me diga, incluso quizá Bertín diga que se la suda –si nos gusta o no el programa, lo que pensemos del pastizal que gana-, que saco los pies fuera de la parva. Creo que no. Lo de los huevos de Bertín es una parte por el todo, es un ejemplo que señala que En la tuya o en la mía, con el inestimable apoyo de TVE, difunde unos valores que no deberían consentirse. No es porque sí la elección de invitados –que este miércoles sacaran a Pedro Sánchez y el que viene a Rajoy es un parche, cosa de elecciones, políticos en campaña, televisión pública en horas bajas-. Hagamos un somero repaso a sus nombres. Carlos Herrera, Mariló Montero, Jesulín de Ubrique, el chatín Arturo Fernández, el tipo que dice que no hay que votar a IU porque son comunistas, el patético donjuán que jamás hizo papeles de mendigo porque “eso se pega”, o la señora Carmen Martínez Bordiú, la nieta de Franco. Esta absurda señora jamás hizo nada en su vida, pero la televisión pública le cedió un tiempo inmoral al servicio de un franquismo resistente. Bertín, el machote, no sólo no sacó su lengua para frenar a la nieta sino que se bajó el pantalón y se retrató con los huevos al aire. Claro que es lógico que una nieta hable bien de su abuelo, pero no que una tele pública le preste la tribuna para que el tipo que llenó las cunetas de muertos que aún siguen ignorados sólo sea un entrañable, cariñoso, y dulce abuelito. No, Bertín. No, TVE, no toquéis los huevos a la audiencia escudándoos en cifras envidiables. Detrás de la cuidada realización se agazapa una visión del mundo rancia, trasnochada, machista, y muy, muy conservadora. El único programa de entrevistas de la tele pública en horario estelar no tendría que estar en manos de un pésimo cantante de rancheras que habla con sus amigotes. Aunque tenga los huevos de oro. 

Esta señora no ha dado un puto palo al agua, pero la tele pública le dedica más de dos horas de promoción para que la nieta hable de las bondades de su abuelito, el caudillo, el victorioso, el criminal Francisco Franco.


La guinda
La tronista
Supongo que conocen a la monja Lucía Caram, de la órbita de Mediaset. Es opinadora de Las mañanas de Cuatro. Se hizo muy conocida por sus opiniones sin filtro, por sus posturas reivindicativas, y por su oposición a Rajoy. Ahora, junto a nombres conocidos, apoya una campaña para ayudar a niños en situación de exclusión social. Y se presentó en Mujeres y hombres y viceversa. ¿Va con segundas? Esta monja es una cachonda.