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lunes, 12 de diciembre de 2016

Maldeojos. Malas energías



Malas energías
(Artículo publicado el sábado, 10 de diciembre, en diarios de EPI PRESS)
      Mira, de verdad, que ya está bien, hombre, vamos, vamos. ¿Habla Paco Marhuenda si se siente acorralado y trata de escaparse con su ya conocido latiguillo, mira, de verdad, ya está bien, por favor? No, habla un servidor. Mira, de verdad, que ya está bien, vamos, hombre, por favor. La otra noche creo que la audiencia de Sálvame de Luxe tuvo claro, igual que el programa, que mientas Tu cara me suena siga en Antena 3, el declive de la gorrinada aún no conoce fondo. Han tratado de combatir el gran espectáculo de Manuel Fuentes con estrellas potentes de su hábitat, y han fracasado por mucha carnaza que les echaran a los leones en la pista. La cosa está tan mala, tan decadente, que me entero de que el último viernes llevaron a la última mona de la barraca a que contara, otra vez, su mala situación económica, a que llorara mucho, y a ver si levantaba los audímetros.
     Ni caso. La audiencia pasa porque como ella, millones. Que una tal Chiqui Fernández, la señora que ha sabido sacarle partido a su baja estatura mientras le ha durado el cuento y ha pasado por brillantes lodazales de Telecinco como Gran Hermano, Supervivientes, y hasta hizo de reportera para Sálvame, se puso a lagrimear en el plató diciendo que no quiere caridad sino un trabajo. Como millones de españoles. ¿Qué solución le dio lo de Jorge Javier y su cuadro de actores? Que Aramís Fuster, la bruja, le hiciera a la pareja una limpieza de energías para quitarles la mala suerte a ella y a su marido, un tal Borja, y de paso a la hijita de ambos, Alma, que creo que nació ante una cámara de televisión como una “exclusiva” vendida de los padres a la factoría de purines. La tal Aramís dijo hace unos meses que ni era bruja ni nada. Da igual. Entre estafadores se entienden.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Maldeojos. Tu cara me suena 5



Tu cara me suena 5
(Artículo publicado el domingo, 23 de octubre, en diarios de EPI PRESS)

     Lo han vuelto a lograr. Los viernes ganan por goleada. No hay “belenazo” ni tontadas parecidas que puedan con el bien hacer de un espectáculo que te soluciona el viernes por la noche si te quedas en casa y eliges ver la tele en vez de ponerte a leer el quinto tomo de las obras completas de Inmanuel Kant o te aventuras, en serio, lápiz en mano, cabeza despejada y lanza bien cogida para entrar en batalla en un bando o en otro, hasta dilucidar si Bob Dylan es poeta poeta, cantante de letras más o menos apañadas, o un impostor que se ha hecho con el Nobel de Literatura dándole a la guitarra. En lo del Nobel, no entro. Ese negocio tiene sus reglas. Lo que sí sé es que me chifla la música de Dylan, pero no me gusta como cantante. Nada. O casi nada. Me pone nervioso, muy nervioso, esa forma de cantar desganada, gangosa, arrastrada. Pues eso, que la noche del viernes puedes revisar la obra completa del reciente Nobel o te pones delante del muy verbenero Manel Fuentes, que habla como si trabajara vendiendo números para la rifa de una tómbola, y te tragas sin rechistar Tu cara me suena, edición número cinco para mejor honrar al dios del espectáculo, para aumentar el negocio de Antena 3, y para irte a la cama con buenas vibras, término tonto que usan mucho los jurados de los concursos más lerdos para no decir nada, salir medio airoso, y seguir con el culo pegado al sillón una semana más. Los de Sálvame, la competencia de enfrente, se creían a salvo, como imbatibles, yo creo que partiéndose las costillas de tanto reír, como alucinados de ver que semana tras semana, con el sumario más infame y nauseabundo, arrastraban a una audiencia alelada, entregada, firme, enrocada y abducida por las chorradas ya de la cuentista Aramís Fuster, ya de la última majada de Kiko Matamoros o la alucinante Raquel Boyo, hasta que hace un par de semanas llega la tropa de Tu cara me suena, monta el circo de las maravillas, y se lleva a su era el bocado gordo de la audiencia.

Talento y dignidad
     ¿Qué tiene Tu cara me suena para que guste tanto, para que triunfe la noche del viernes? Ingredientes infalibles. Caras conocidas, voces asentadas, o no, como la de la actriz Yolanda Ramos, que ocupa el papel que el año pasado tenía Silvia Abril, es decir, poner mucho humor en escena, hacer de sus actuaciones un número deseado porque el espectador sabe que no juega en la liga de los líricos sino en la del gag, del chiste, de la broma, y eso se agradece, sentido del ritmo televisivo, levantar cada semana un túmulo al divertimento familiar sin connotaciones peyorativas, disfrutar del magisterio de un equipo de maquilladores de primer nivel, esos que consiguen que de verdad te quedes lelo viendo la transformación de una Ester Arroyo que entra en la máquina del milagro y sale hecha una Grace Jones apabullante, elección de canciones y artistas a imitar muy populares, muy tarareadas, y en una banda ancha de gustos para que nadie se sienta en el olvido, por eso vemos a Rosa López como Marisol o a Lorena Gómez cantando el Sax de Fleur East, e incluso va resultando un acierto contar con el histriónico Ángel Llácer como profesor y jurado, y hasta sus caras de asombro, más que estudiadas, son parte del paisaje, como lo es la presencia de Lolita y sus batallitas, o de la imponente Chenoa, una chica que ha ido madurando ante nuestros ojos en la pantalla, una chica que cae bien, incluso cuando se pone intensa y un poco repipi. En fin, un acierto general este Tu cara me suena que mide sus fuerzas desde el talento y el respeto a la audiencia frente a una propuesta de entretenimiento más chabacano, yo creo que denigrante, y sin duda en las antípodas de la calidad y la dignidad.

Micropene
     Sigamos con el juego de Tu cara me suena pero sin referirnos al programa de los viernes de Antena 3. Su cara me suena, pero no estoy seguro si sí o si no. Quizá ustedes me puedan ayudar. Hablo de la corresponsal de TVE que se llamaba Almudena Ariza. De pronto, a raíz de la devastación del huracán Matthew, me la encuentro en Haití cuando la esfinge doméstica Ana Blanco le da paso en una crónica que creo recordar era grabada. La corresponsal cuenta desde el terreno los desastres que el huracán ha causado a un país ya devastado tras el terremoto que sufrió en 2010, es decir, horror sobre horror. Pero me veo que en vez de estar pendiente de lo que dice la periodista estoy pendiente de su cara. ¿Es o no es Almudena Ariza? Sí, porque ha respondido a la conexión. Sí, porque su cara me suena un poco. Pero no y no porque esta Almudena Ariza tiene las mejillas infladas de silicona, o lo que sea, y se ha quedado en pepona de verbena con un micrófono en sus manecitas. Ay, qué cosa, con su naricilla allí, lejana, detrás de los mofletes gordos y brillosos. ¿Será o no será? Ahí lo dejo. Sí estoy seguro de que Donald Trump es el mismo. Su cara me sigue sonando igual. Y provocándome el mismo terror y el mismo asco de siempre. Su cara me suena al matón acomplejado y furioso, envalentonado por su cartera de billetes, al chulo que acosa desde su pedestal económico pero sabe que no se comería una rosca ni por lo que se ve, el anti morbo, ni por el micropene que le supongo, falo de bebé para un canalla que ve a la mujer como una gran vagina de usar y tirar, así que sí, su cara me suena a cara de cerdo con piel de cerdo. Y de pronto, iluminando la pantalla, aparece David Leo, poeta millonario, el malagueño que ha hecho de los concursos de televisión su forma de vida. El joven de 27 años se embolsó casi dos millones de euros al completar el rosco de Pasapalabra un día en que, casualidades, su madrina era Paz Padilla, taruga de mucha ordinariez, simpleza y mala hostia, dicen quienes la conocen detrás de las cámaras. Por cierto, este domingo se ven las caras los mandones del PSOE. ¿Le dirán, mirándole a los ojos a Pedro Sánchez, tu cara me suena?

La guinda
En seco
De la búsqueda del manantial lacrimógeno al que aspira cada semana El amor está en el aire, que presenta con su habitual desparpajo y sin que se le despeine el bigote Juan y Medio en Antena 3, se ha pasado al parón, al corte de las grabaciones, al dique seco, a la lágrima cortada de raíz. Se acabó, parece decir la cadena. No ha colado esta reedición de Sorpresa, sorpresa, y eso que sin Isabel Gemio todo parece más digestivo.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Maldeojos. Aparta de mí ese "selfie"



Aparta de mí ese “selfie”
(Artículo publicado el domingo, 11 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)

     En este río revuelto de la política, oxidado, cansino como una digestión de carnes empapadas en salsas de alto voltaje, en este hazmerreir y hazmellorar de sus señorías, que siguen cobrando como si el mundo alrededor no viviera con estupefacción lo que son capaces de hacer para no hablar de esa ofensa y agravio públicos al ciudadano, atónito, a punto de ser abatido, en este chape chape de diputados escondidos detrás de una nómina que no deberían de cobrar por ley, igual que no cobra el albañil que no hace nada en el tajo, no cobra el enfermero que no acude al hospital, no cobro yo si no mando mis artículos, en esa burla en la que, oh, milagro, todos participan como una Aramís Fuster que reconoce que ni es bruja ni es nada con tal de apurar sus últimos coletazos como farsante, en este abrevadero en el que un ministro dimite por mentiroso, pero al siguiente minuto, el Cid braceador Mariano Rajoy, el líder dispuesto a regenerar la política con un par de cojones, va y envía a José Manuel Soria al Banco Mundial para ganar 18.000 euros limpios de lodo, pero enfangados de vergüenza y adornados por el desprecio con que el Rajoy más emputecido y cínico retuerce la realidad, las palabras, y sus promesas. De nuevo, un engaño. Otro. Con la nómina entre las patas, antes de llegar a cobrarla, acosado por el escándalo de su nombramiento, Soria no ha dimitido.  Lo ha echado la hartura de la gente, y Rajoy, de vuelta de China, en el avión, dicen que se hizo unos largos dando trabancadas de rabia porque no entiende a este país. De este mar de ofensa TVE se ha visto en la tesitura desquiciante de tener que hablar de la dimisión del cargo de un tipo del que, para proteger al PP y al Gobierno, ni siquiera hablaron de su nombramiento en el Telediario. TVE se autorretrata en cada informativo.

Rojo y Echenique
     En este río nauseabundo de la política, de patos satisfechos y acobijados en el silencio cómplice, las teles se ponen flamencas y tratan de convertir el aparente rifirrafe en combustible del espectáculo. Estaba la otra mañana Pablo Echenique, secretario de organización de Podemos, hablando en directo para Espejo público con Susana Griso, y se refería al escándalo de ese nombramiento, al triunfo ciudadano por no aceptarlo, a la nueva burla de Rajoy, a su desprecio por la verdad y a su amor por el truco, hasta que la presentadora dio paso a sus colaboradores. Adelante, dijo. Me quedé de piedra. Allí estaba Alfonso Rojo. Periodismo y Alfonso Rojo es como unir Rajoy y regeneración, salvo que la traiga, aprovechando su visita relámpago, comprada en un bazar chino. Que si tienes dado de alta a tu asistente –que trabajaba en casa del político-, quiso saber el intrépido cantamañanas. Desde el principio di explicaciones, contestó Echenique, y no sólo eso sino que no cometí irregularidad alguna, según la asesoría jurídica del caso. Eso sí, le soltó en toda la cara a Rojo, aquí tendría que venir con su trabajo hecho, y saber que esa persona hace meses que ya no trabaja conmigo. Rojo no se puso rojo. Se ponen rojos, cuando los pillan en estos tropezones, quienes tienen algo de decencia. Menos mal que esta semana, que he pasado en Vitoria yendo de estreno en estreno –octava edición del FesTVal, como miembro del jurado en nombre de este periódico y del grupo al que pertenece-, ha vuelto para explicar con humor, quizá la única forma de acercarte a ese fuego fatuo sin que te queme ni aniquile demasiado, el Gran Wyoming y su equipo. Ya era hora. En paralelo, un tal Suso Álvarez, cuadra Telecinco, saca mucho la lengua creyendo que saca el calabacín, y quizá por eso lo han sentado en el trono de Mujeres y hombres, sueño húmedo de miles de jóvenes. Supera eso, tito Wyo.

El diario de Uri
      Como de Wyoming seguro que hablaré más de un día, ahí lo dejo, citado, emplazado, tranquilo de tenerlo a mano cada noche como espectador. Como Suso, con calabacín o sin él, me da igual lo que haga, diga, calle, piense o excrete, corro corriendo antes de que Cuatro –si no lo ha hecho ya- retire Hazte un selfi, que pretendía hacerle cosquillas a Zapeando. Lo presenta Uri Sabat, un guapo de revista de los años 60, un joven que se esfuerza por ser uno más de la tribu de la generación nacida a finales del siglo pasado, a las puertas del nuevo milenio, y que se pone en mitad del plató dando paso, como hace la televisión de siempre, a los invitados, jóvenes que se distinguen de sus padres en que, digo yo, todo lo que hacen lo retratan y lo suben a las redes. Me puse a ver Hazte un selfi y lo tuve claro. Uri Sabat, que pone el dedo tieso, como si disparara, tic de muchos monitos de feria que se imitan unos a otros cuando se hacen la foto en el móvil, es la Patricia Gaztañaga de este principio de siglo, y Hazte un selfi el Diario de Patricia del siglo pasado enharinado en las redes, en las nuevas tecnologías, y por muy plagado de “youtubers”, “influencers” y otros artistas del nuevo tiempo, no deja de ser un programa rancio de testimonios que aburre a las amapolas. Cada día un tema, unos testimonios de invitados que hablan sobre ese tema, y el presentador, como hacía Patricia, en mitad del plató leyendo las fichas para dar pie al invitado a que cuenta su historia. O sea, el Diario de Uri. Esta gente se hace fotos sin cesar, de forma compulsiva, o sube vídeos a Internet con sus historias. No hay que animarlos a hacerse un autorretrato. No hacen otra cosa. Sin embargo, don Mariano, por si le faltara algo, hasta en eso es de otro tiempo. Le hablan de “selfie” y se le tiñe el pelo sin pasar por la peluquería, ve una cámara y se da la vuelta. Un objetivo es su peor enemigo. Ese ojo escruta, vigila, desenmascara. Y él vive en su mundo de tinieblas. Que no lo saquen de ahí. Que nadie le enseñe el palo para hacerse el autorretrato. Que nadie me ponga la tele para ver la antigualla de Uri Sabat en Cuatro. Así que, cada uno con sus razones, yo, igual que Rajoy, también digo aparta de mí ese “selfie”.

La guinda
Tu tiempo
Esta semana se han cumplido cinco años de Tu tiempo, el espacio que presenta a diario Roberto Brasero en Antena 3. Ha hecho de ese espacio de información meteorológica algo más que un simple tiempo para el tiempo. Ha hecho un espacio de entretenimiento. Él mismo se mueve por el plató con ese espíritu, con su forma de decir las cosas, con sus gestos, sus ojos, los reportajes, con las fotos que envía la gente. Enhorabuena.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Maldeojos. Mierdaset



Mierdaset
(Artículo publicado el martes, 6 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)

     Es verdad, suena fuerte, es un término grueso, incluso puede molestar a algún lector, lo sé. Llamar “mierdaset” al emporio mediático Mediaset suena mal, cierto, pero aunque llegue al límite del buen gusto, les aseguro que la realidad de lo que ese grupo entiende por entretenimiento supera con creces no sólo el buen gusto sino que ataca sin fisuras la dignidad y la inteligencia, y hasta la sensibilidad de los asnos. Que el grupo liderado por Paolo Vasile no tiene escrúpulos es sabido. Sólo hay que husmear su programación, aunque tapándose la napia para comprobarlo. Claro que es legítimo apostar por espacios que apelan a los instintos primarios más que a los de la inteligencia, que requieren un poquito más de esfuerzo, tanto de quien los emite como de quien los consume. Pero incluso desde esa premisa tendría que haber una línea roja. 

     Mediaset es “mierdaset” cada vez que la traspasa. Y la traspasa con una alegría y énfasis que a fuerza de costumbre se ha convertido en marca. Escribí aquí hace unos días la desdichada situación, real o imaginaria, por la que atraviesa, o dice atravesar, la farsante Aramís Fuster, aquella señora que movía su cuento por los platós de, sobre todo, Telecinco. Como miles de españoles, la brujita entró en una crisis económica de consecuencias dramáticas. Y trabajó como chapera en servicios sexuales extremos. Un dolor. Se la encontraron en un hotel hecha un guiñapo. Desorientada, a los pocos días, merodeó por Telecinco. Su desorientación no la llevó a La 2, fíjate. La recogió el camión de la basura de Sálvame y le ofreció un De Luxe. El show de la bruja contando su mal fue insultante. La cadena carroñera, emitiendo el esperpento, coronándose.