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domingo, 12 de enero de 2020

Maldeojos. Manotazo papal


Manotazo papal
(Artículo publicado el sábado, 4 de enero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Una escena de apenas cuatro segundos da la vuelta al mundo y se forma la de dios, que en este caso tiene mucho que ver aquí. La formación de Gobierno, la España que se está rompiendo a cachos –yo oigo ya los temblores, el bramido de sus costuras, el dolor en el corazón-, las manidas tonterías que dicen algunos y algunas –les pido por favor que no se rían mucho de Inés Arrimadas, que la pobrecilla hace lo que puede-, la vuelta de los nenes al cole, nada, estos primeros días de año pasarán a la historia como la otra vez que al papa se le fue la mano en Roma. Pero yo me pregunto, ¿fue el papa, el jefe religioso el que golpeó la mano de la creyente asiática que lo atrajo hacia ella cuando el sumo se paseaba entre fieles en la plaza del Vaticano o fue el hombre, Jorge Mario Bergoglio? Vamos a ver, los atributos papales tendrá que soltarlos el infalible algún momento, ¿no?

     Sigo con la reflexión. ¿Orina el papa o Jorge Mario? ¿Ronca el papa o Jorge? ¿Se lava los dientes el pontífice o Bergoglio? ¿Las flatulencias son expelidas por el vicario de los cielos católicos o por el ciudadano argentino? ¿Le dio encorajinado dos manotazos a la peregrina el divino o el humano? Desde luego, la cara que puso Francisco, porque en el momento comentado ejercía de Francisco, no era muy divino. Era la cara de enfado de un hombre que se sintió agredido, digamos una agresión laboral porque sucedió en hora de trabajo. ¿Qué ha pasado entonces, por qué el revuelo, por qué la imagen del clérigo dando hostias ¿consagradas? ha saltado a las teles del mundo? Pues por eso, porque si los papeles –divino, humano- entran en colisión, saltan las alarmas. El propio Francisco ha pedido perdón por lo que hizo Jorge Mario. Nota. No se rían de Inés, por favor.

martes, 31 de enero de 2017

Maldeojos. Dios y la tele



Dios y la tele
(Artículo publicado el sábado, 28 de enero, en diarios de EPI PRESS)
      El papa de Roma no ve la tele. Pero no porque en Roma el imperio de Silvio Berlusconi lo atormente, le denigre como denigra aquí a la audiencia española que se deja denigrar, o porque el jefe de un Estado tan rarito no tenga tiempo que perder en baratijas sociales que podía dedicar para seguir rezando por los pecados del mundo, o para perseguir a los pecadores de alto voltaje de su club, y el propio Francisco sabe que en España queda un nido que ni frotando con lejía aclarará su cara oscura, turbia y demoníaca que actúa en nombre de un dios bala, de verbena y trabuco. Nada de eso. El buen Francisco no ve la tele justo desde el 16 de julio de 1990 porque se lo pidió su dios. Sentí que Dios me lo pedía, dijo a los periodistas de El País que lo entrevistaron hace unos días. Mola. No sé qué hubiera sido de mí si un día, como el que no quiere la cosa, siento que la voz de alguien, por dentro o por fuera, me dice que no viera la tele nunca más.
     Jorge Mario Bergoglio, su nombre entonces, cura llano, cumplió el deseo de ese ser. Y hasta hoy. Ha llegado alto en la escala espiritual. En España, al contrario, los jefes de su club apuestan por la televisión como arma de adoctrinamiento ideológico masivo, siempre a la derecha, muy a la derecha del padre y de la madre, incluido Francisco, un radical extremista. Y peligroso. 13tv lo tiene tan claro, y la Conferencia Episcopal que la sustenta tan decidido, que de los dineros que le damos, creyentes o no, anteponen la tele a Cáritas. 13tv se chupa más de 10 millones, un agujero que aloja al periodismo cavernario –faltaba Carlos Herrera, y ya lo han llamado-, frente a los 6 para Cáritas. Un sindiós. Si es que hay que querer a Francisco. El tío es un revolucionario total.

miércoles, 18 de junio de 2014

Maldeojos. Paco, en la tele



Paco, en la tele
(Artículo publicado el martes, 17 de junio, en diarios de EPI PRESS)

      Es la primera vez que un papa concede una entrevista, eso de ponerte frente a un periodista y, sin mucha cocina, responder a lo que se le pregunta, a una televisión española. El papa Francisco lo ha hecho en Cuatro, aunque más que a Cuatro se la dio a Henrique Cymerman. Verán. Antes, la mayoría de periodistas, al preguntarles por su personaje favorito para hacerle una entrevista, respondían que el papa, es decir, algo inalcanzable, un tipo que se comunica urbi et orbe desde lo alto del balcón pero que nadie ose hurgar entre sus sayones, que el papa no desciende tan bajo como para dar cuenta de asuntos terrenales, que son los que interesan a los pecadores. La entrevista al papa era como la entrevista soñada al rey, hasta que llegó Jesús Hermida y la cagó.

       Detrás de la entrevista que Cuatro emitió el domingo hay mucho tomate.  Cymerman es judío, corresponsal de algunos medios españoles, y gracias a él el jefe católico viajó hace poco a Tierra Santa y luego, en el Vaticano, abrazó a Simon Peres y a Mahmud Abas. Alta política. Creo que la entrevista papal es el pago al buen hacer del periodista. Lo que me extraña es que no se haya emitido en Antena 3, donde Cymerman era -¿aún es?- corresponsal en Oriente Medio. Ya digo, alta política. ¿Fue la entrevista al papa la entrevista que uno imaginaba que podría hacerse a un papa? Ni de lejos. Cymerman fue al argentino lo que Hermida al rey. Sólo le faltó decir, en vez de papa Francisco, papa Francisco, papa Francisco, para iniciar la pregunta, majestad, majestad, y doblar la cabeza. El papa no tuvo la culpa. Respondió a lo preguntado. 
 
Este el arranque de la entrevista -lo he tomado de la emisión en una televisión italiana- que le hizo Henrique Cymerman al papa Francisco. Desde el punto de vista televisivo fue una chapuza, una realización plana, obstusa, simplona, sin medios, como de aquí te pillo aquí te pregunto. Y desde el punto de vista periodístico, superable, muy superable. Al periodista sólo le faltó cabecear como hizo Jesús Hermida ante el rey Juan Carlos y decirle, en vez de papa Francisco, papa Francisco, papa Francisco, cada vez que le hacía una nueva pregunta, su majestad, su majestad. O, ya puesto a babear, preguntarle si quería que le bajara la bragueta o algo...