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miércoles, 24 de mayo de 2017

Maldeojos. El clásico



El clásico
(Artículo publicado el jueves, 11 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

     Se habla de clásico, de “el clásico”, y la mayoría piensa en el fútbol, en el encuentro entre dos grandes, Real Madrid y Barcelona. Lo digo porque cada equis tiempo, no sé con qué frecuencia, pero más de una vez al año, quizá más veces, escucho por la tele que “hoy se celebra el clásico entre…” Pero hoy no me refiero a algo que no veo pase lo que pase y juegue quien juegue. No entiendo de fútbol, no me gusta el fútbol, procuro no hablar de fútbol. Hoy me refiero a otro clásico. Ya ha empezado la campaña. Como cada año, ha vuelto. Es decir, un clásico de la publicidad. Y un clásico, perdónenme el atrevimiento, de esta columna. Hablo de los anuncios que ya han iniciado los obispos a través de la Conferencia Episcopal. No falla. En cuanto en España se empieza a hablar de dinero, en una u otra dirección, de tu bolsillo al de Hacienda, o al revés, la iglesia se moviliza a ver qué pilla, y sí, siempre pilla cacho, mucho.

     Pilla cacho de todos nosotros. De creyentes, de ateos, de otras religiones, de todos. La campaña Por tantos de este año se llama Desmontando mitos. La defiende una señora con pinta de Rottenmeier que se esfuerza, mal, en no parecerlo. Hace esfuerzos para que la sonrisa forzada no se le desdibuje de una cara muy mal maquillada, pero el resultado es raro, falso, no creíble. Eso sí, cachonda es un rato. Casi me descojono al final cuando al terminar su perorata, desmontando falsos mitos –que no recibe 11.000 millones al año, que no paga el IBI, que no tiene ningún régimen especial, que apenas destina un poco de dinero a Cáritas- dice que la iglesia católica no tiene ningún privilegio. Juas, juas. Por cierto, no olvides marcar la casilla del ático de Rouco Varela, pobre de solemnidad.

martes, 31 de enero de 2017

Maldeojos. Dios y la tele



Dios y la tele
(Artículo publicado el sábado, 28 de enero, en diarios de EPI PRESS)
      El papa de Roma no ve la tele. Pero no porque en Roma el imperio de Silvio Berlusconi lo atormente, le denigre como denigra aquí a la audiencia española que se deja denigrar, o porque el jefe de un Estado tan rarito no tenga tiempo que perder en baratijas sociales que podía dedicar para seguir rezando por los pecados del mundo, o para perseguir a los pecadores de alto voltaje de su club, y el propio Francisco sabe que en España queda un nido que ni frotando con lejía aclarará su cara oscura, turbia y demoníaca que actúa en nombre de un dios bala, de verbena y trabuco. Nada de eso. El buen Francisco no ve la tele justo desde el 16 de julio de 1990 porque se lo pidió su dios. Sentí que Dios me lo pedía, dijo a los periodistas de El País que lo entrevistaron hace unos días. Mola. No sé qué hubiera sido de mí si un día, como el que no quiere la cosa, siento que la voz de alguien, por dentro o por fuera, me dice que no viera la tele nunca más.
     Jorge Mario Bergoglio, su nombre entonces, cura llano, cumplió el deseo de ese ser. Y hasta hoy. Ha llegado alto en la escala espiritual. En España, al contrario, los jefes de su club apuestan por la televisión como arma de adoctrinamiento ideológico masivo, siempre a la derecha, muy a la derecha del padre y de la madre, incluido Francisco, un radical extremista. Y peligroso. 13tv lo tiene tan claro, y la Conferencia Episcopal que la sustenta tan decidido, que de los dineros que le damos, creyentes o no, anteponen la tele a Cáritas. 13tv se chupa más de 10 millones, un agujero que aloja al periodismo cavernario –faltaba Carlos Herrera, y ya lo han llamado-, frente a los 6 para Cáritas. Un sindiós. Si es que hay que querer a Francisco. El tío es un revolucionario total.

miércoles, 25 de junio de 2014

Maldeojos. No con mi X



No con mi X
(Artículo publicado el sábado,  21 de junio, en diarios de EPI PRESS)

Advertencia. Prometo desde lo más profundo de mis convicciones que cuando aquí se habla de católicos en ningún momento se habla de la gente de fe, del creyente raso, de los hombres y mujeres que comulgan con el ideario de esa iglesia. Dicho queda. Cuando aquí se habla de católicos siempre, siempre, me refiero a la organización, al emporio, a la jefatura de esa empresa que para mí es sólo de ambición y poder, y bajando a los detalles, bajo a la sucursal española, a la Conferencia Episcopal patria, al núcleo duro del que emanan las estrategias, como si la nueva de Cristo tuviera que ver con la factoría que hoy conocemos. ¿Es otro arrebato de este columnista contra la institución? Lo es. Y lo es porque estamos en tiempo de recaudación fiscal. ¿Lo habían olvidado?

       La iglesia católica no. Y como cada año, vuelve a la carga con su Por tantos, es decir, por tantos motivos que, según ella, tiene la gente para apoquinar, más, a sus arcas. ¿De verdad a la cabeza visible de este organismo no se le cae de vergüenza esa cabeza por pedir dinero? ¿Cuántas veces hemos escuchado a sus dirigentes, más allá de cuatro y hueras palabras, hablar de desahucios, de bancos avaros y pecadores, de familias que no tienen para comer, del desmantelamiento de la sanidad y educación públicas, de la planificada senda hacia algo parecido a la esclavitud laboral ejecutada por un Gobierno bribón al servicio de un poder al que también aspira, y sirve, la propia iglesia? ¿Sigo? Así es que cuando escucho el dichoso anuncio pidiendo la equis para esa jauría de lobos sin alma me enciendo. Ahora piden ayuda al pueblo, pero al pueblo, que le den.     

Es la cara amable, la que usan como reclamo para llenar la bolsa. Desde que se iniciaron estas campañas jamás se ha visto en la tele a energúmenos como Rouco Varela el inquisidor pidiendo dinero, que para eso está la monjita buena, la que cuida de enfermos, o el seglar que ayuda a las personas mayores. Es decir, la cara vendible del negocio. Pero yo no participo en esa farsa. No con mi X.