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viernes, 3 de agosto de 2018

Maldeojos. Sabuesos


Sabuesos
(Artículo publicado el jueves, 2 de agosto, de 2018 en diarios del grupo EPI PRESS)

     Me pregunto si Miguel Ángel Revilla es un sabueso que olfatea como nadie dónde puede brillar, y sobre todo a qué programa le falta ir para tirarse en plancha y decirle sí a la productora y dejarse caer como el que quiere la cosa. Ansia viva de fama, diría el personaje de José Mota. No hay plató que se le resista. No hay formato que ignore. ¿Se imaginan a un presidente autonómico en Ven a cenar conmigo? Si el presidente o la presidenta no son Revilla, no, pero si son Revilla, ahí está él anchoa en mano, verbo florido, y receta económica, social, política y mediopensionista repartida para todo. Y así es. Don Miguel Ángel Revilla el televisivo parece que dirige Cantabria bajo los focos de un plató de televisión. No le va mal. Empezó en la tele, en el mundo del espectáculo, yendo a Madrid en taxi y regalando sardinas. Hoy es una estrella.

     Otros sabuesos, los Sabuesos de La 1, serie que la televisión pública estrenó el martes, también tienen gana de fama. Por si no lo saben, la serie cuenta la bonita historia de un aspirante a detective, el actor Salva Reina, que tiene un aliado, digamos, raro, un poco marciano. Seamos claros, un perro que habla. Eso sí, el perro es la leche. No sólo le da a la lengua sino que tiene un olfato detectivesco la mar de acentuado. La parte del amor y el deseo no resuelto la suple Sabuesos con María Esteve, cuñada del protagonista. No hay que buscarle cinco patas al perro, no, ni mucho menos. Y así me dispuse a verla en la calurosa noche de verano. Pero se ve que la inoportuna llamada de teléfono me paró en seco. Cuando a los pocos minutos volví a Sabuesos sólo veía a un chucho haciendo el canelo y a unos humanos que actuaban muy pasados de rosca. Y me fui a la cama.


viernes, 13 de julio de 2018

Maldeojos. El Agustín


El Agustín
(Artículo publicado el domingo, 8 de julio, en diarios del grupo EPI PRESS)

     El que naciera Agustín y luego se hiciera los retoques en su cuerpo para adaptarse a su cabeza, a su manera de sentir la sexualidad sin tormentos, se tiró a Paquirrín, aunque ya crecidito y en versión Kiko Rivera, el DJ por el que algunos ayuntamientos pagan un porrón de euros sin que al concejal responsable se le caiga la cara de vergüenza. O sea, que el hijo de la Pantoja ha fornicado con un hombre que luego fue mujer. Un sindiós que podría haber evitado pecado tan mayúsculo y monstruoso si el mundo se guiara por los consejos que un tipo de verdad sensato, modelo de prudencia, un experto en carne y pescado, en dioses y diablos, en premios y castigos, un hombre del show que no soporta que los medios no hablen de él en unas horas. Hablo, como usted quizá haya pensado, del clérigo radical de alto copete Juan Antonio Reig Pla, un alicantino al que su empresa lo ha llevado por diferentes plazas, ahora en la de Alcalá de Henares, para torear el mismo toro, el de la mendaz ridiculez amparada por un verbo solemne y huero.

     Baste decirles que he tenido que sujetarme el esturreo de la risa cuando escuché en La Sexta Noticias, con una Helena Resano a punto de desternille, que el obrero católico a destajo ha puesto en marcha “Sexólicos anónimos”, la delirante propuesta en su web para liberarse de la lujuria, ay, omá, qué rico. A lo nuestro, a los polvos sin descanso de Kiko, agujero veo, agujero quiero. Que se acostó con la Pepi que antes era el Agustín lo soltó la otra noche en la nueva temporada de Ven a cenar conmigo, gourmet edition que emite Cuatro. ¿Gourmet? Pero si dicen que Julio Iglesias, el junior, puso de cenar unas hamburguesas de segundo y unos donuts de postre. De aquellos polvos nacieron estos…



domingo, 18 de febrero de 2018

Maldeojos. En casa ajena



En casa ajena
(Artículo publicado el martes, 13 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

     Tenía una idea, o mejor, tenía un prejuicio, o todos los prejuicios, sobre los programas de Cuatro, sobre algunos programas de Cuatro, pero es verdad que nunca, nunca jamás, me había detenido más de la cuenta, es decir, nunca había visto arrancar dicho espacio, desde la cabecera hasta el final, con los créditos y todo, con la musiquilla última, con el sabor de la mierda pegado aún a los labios, y lo he hecho. Lo digo así, como un valiente al que no le importa nada. He visto desde el principio hasta el final programas tan tontos como Ven a cenar conmigo, y programas tan tontos como First dates. Lo mejor de Ven a cenar conmigo son los comentarios del narrador, la voz cachonda de Luis Larrodera, que pone pimienta y cayena y orégano, y mucha ironía, vamos, una especie de lavativa que te entra por el oído para que entre por la vista lo demás, un disparate que a mí no me interesa.

     He salpicado estas piezas con la idea de que Cuatro se ha especializado en friquis de diverso pelaje del mismo modo que La Sexta se ha puesto la corona de la credibilidad informativa, y en Ven a cenar conmigo no falla. Incluso aunque los concursantes que hacen las cenas en casa no sean friquis, acaban siéndolo en esta cadena del mismo modo que el escorpión, que con tal de picar es capaz de picarse a sí mismo. Cuatro hace de Ven a cenar conmigo no un canto a la buena mesa, a las recetas de la abuela o de la tía del pueblo sino que mete el dedo en el guión para escarbar en el altivo, la maleducada, el fatuo, la petarda, o el berzas. Todo resulta fingido, dirigido, lejano. El programa allí, y yo, como espectador, contando moscas en casa ajena, sin mando en el mando.

martes, 26 de septiembre de 2017

Maldeojos. Comparativa



Comparativa
(Artículo publicado el jueves, 21 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)
      Menos mal que yo no soy así. Es una de las conclusiones maravillosas a las que llego, del tipo que te ayuda a dormir a pata suelta, cuando veo ciertos programas de televisión. Es verdad que la pantalla está llena, repleta, hasta el culo de monstruos, unos creados por la propia pantalla de los señores oscuros de carteras luminosas y opulentas, y otros creados por los propios aspirantes a monstruo, a carne de burdel, a estofado de discoteca entre guarra, palurda y hortera, y aún otros porque la vida, sin saberlo, les reservaba un dulce envenenado. Menos mal que yo, ni la mayoría de mi círculo de personas queridas, somos así. Esta semana de estrenos en tropel, a uno o varios por noche y cadena –ya me fijaré en Tiempos de guerra, que anoche pasó Antena 3 con el sello de Bambú-, Cuatro ha tenido a bien recuperar un formato que en su día emitió la grande de Atresmedia.
     Hablo de Ven a cenar conmigo. La puesta de largo fue el lunes pasado y en hora de lujo. Desde el martes, a las 8’30 de la noche, dejando el informativo de Miguel Ángel Oliver en apenas quince minutos, el concurso de ¿humor? se emite a diario hasta enlazarlo con First dates, otra cosa que también te hace decir menos mal que yo no soy así. Es verdad que Cuatro se ha especializado en productos donde el personal de calle se ha escogido a conciencia –véanse también los extraterrestres de ¿Quién quiere casarse con mu hijo?-. En Ven a cenar conmigo unos anónimos organizan cenas en casa para que los invitados, que más tarde cocinarán en las suyas, se sometan a juicio. Sin presentador, la voz cantante es la del narrador, que no podía ser otro que el chispeante Luis Larrodera, que añade hilaridad e ironía a unas situaciones y protagonistas que no, no son como yo.