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lunes, 7 de enero de 2019

Maldeojos. 30% en GH VIP


30% en GH VIP
(Artículo publicado el martes, 25 de diciembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Vaya tela. Un 30% de audiencia, es decir, más de tres millones y medio de espectadores son muchos, muchísimos espectadores. Y más en este tiempo de audiencias fracturadas y de consumo de televisión distinto a como hasta ahora se entendía. La final de la sucia basura, pestosa, aburrida, y de una ordinariez atronadora, la misma que rodea al resto de ediciones de Gran hermano, consiguió esos datos en su versión VIP, palabro que en la cadena de Paolo Vasile no es sinónimo de prestigio sino de todo lo contrario. Pero eso da igual. El problema lo tenemos, si es que alguien ha de tenerlo, quienes no seguimos esa vaharada tóxica que entiende el entrenamiento a años luz de lo que uno entiende por entretenerse. El jueves pasado, ante una audiencia seguro que entregada, se alzó con el premio de la sexta edición de Gran hermano VIP una señora faltona, es decir, lo que se espera de esta chusma, llamada Miriam Saavedra.

     Leo que la chabacana mentada es peruana, que enseña carne como modelo de bragas y sujetadores, y que se metió en el catre con el donjuán perdulario Carlos Lozano, tipo que fue perdiendo brillo y respeto conforme se iba acercando a las brasas fatuas y vivas de Telecinco, y poco más, suficiente para entronizar a una señora de 24 años no como modelo de lencería sino como modelo social, como ejemplo a seguir. He visto algunas veces a esta petarda en la casa de Guadalix, y siempre con maneras de actriz de quinta de telenovela, o sea, insisto, el perfil que encaja en Mediaset como un neumático suelto en manos de un chiflado que corta carreteras en Cataluña. La pájara esta se ha llevado a casa, gritando como una mona, 100.000 euros ante un 30% de la audiencia. Flipo.

domingo, 18 de febrero de 2018

Maldeojos. En casa ajena



En casa ajena
(Artículo publicado el martes, 13 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

     Tenía una idea, o mejor, tenía un prejuicio, o todos los prejuicios, sobre los programas de Cuatro, sobre algunos programas de Cuatro, pero es verdad que nunca, nunca jamás, me había detenido más de la cuenta, es decir, nunca había visto arrancar dicho espacio, desde la cabecera hasta el final, con los créditos y todo, con la musiquilla última, con el sabor de la mierda pegado aún a los labios, y lo he hecho. Lo digo así, como un valiente al que no le importa nada. He visto desde el principio hasta el final programas tan tontos como Ven a cenar conmigo, y programas tan tontos como First dates. Lo mejor de Ven a cenar conmigo son los comentarios del narrador, la voz cachonda de Luis Larrodera, que pone pimienta y cayena y orégano, y mucha ironía, vamos, una especie de lavativa que te entra por el oído para que entre por la vista lo demás, un disparate que a mí no me interesa.

     He salpicado estas piezas con la idea de que Cuatro se ha especializado en friquis de diverso pelaje del mismo modo que La Sexta se ha puesto la corona de la credibilidad informativa, y en Ven a cenar conmigo no falla. Incluso aunque los concursantes que hacen las cenas en casa no sean friquis, acaban siéndolo en esta cadena del mismo modo que el escorpión, que con tal de picar es capaz de picarse a sí mismo. Cuatro hace de Ven a cenar conmigo no un canto a la buena mesa, a las recetas de la abuela o de la tía del pueblo sino que mete el dedo en el guión para escarbar en el altivo, la maleducada, el fatuo, la petarda, o el berzas. Todo resulta fingido, dirigido, lejano. El programa allí, y yo, como espectador, contando moscas en casa ajena, sin mando en el mando.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Maldeojos. El camión de la basura



El camión de la basura
(Artículoo publicado el domingo, 17 de diciembre, en diarios de EPI PRESS)

     Ya saben, después de la fiesta del pueblo, del barrio, llega estruendoso o en silencio al lugar el camión de la basura y un equipo de limpiadores que se afanan en dejar limpio el parque, la calle, la plaza donde hace unas horas había cristales rotos, botellas, bolsas de plástico, restos de comida, colillas, o charcos de meados. La faena se hace sin testigos, y desde luego sin los responsables del basurero, que a esa hora duermen la mona. En la tele también existe el camión de la basura, y en unas cadenas más que en otras. Lo que pasa es que funciona al revés. Si te descuidas, coño, en vez de quitártela de la vista van y te la meten en casa. En vez de dejar en paz a los muertos en descomposición van y te los reviven para ponértelos frente al sofá. En vez de dejar que tu memoria triture caras, hechos, y el olvido haga el efecto deseado, van y te los maquillan, te los visten como de boda cara y te la meten doblada. Cuatro, que no para de darle vueltas a la pelota para sacarle la pringue al mismo tema, tiene sin remedio el virus de Mediaset y a esta altura de curso ya no hay vuelta atrás. Verán. En Cuatro hay un programa llamado Ven a cenar conmigo. Basurilla. Juntan a cinco lagartas, sean tíos o tías son lagartas de libro, que cada noche cenan en casa de otro. Parece que la comida es la protagonista, pero qué va. Allí se juntan para despotricar unos de otros cuando unos y otros no están delante. Bien. Pues Cuatro, que gira en su parrilla sobre el mismo tema –le pirra el papel de Celestina, y le pirran los raros en general-, ha puesto en marcha un Ven a cenar conmigo VIP, es decir, los olvidados en la cuneta de la tele maqueados para la ocasión. ¿Pero Rappel aún vive? ¿A Ana Obregón le quedan trolas que contar? ¿Lucía Etxebarría puede organizar todavía algún pifostio –no está en la RAE, pero todos sabemos qué es- para seguir arañando algún mendrugo de fama cutre? ¿Quién es Víctor Janeiro?

La Bollo
     Sin salir de la charca, que dice una tipa llamada Raquel Bollo, repito, Raquel Bollo, que no le importa volver a televisión. Y que, atención, está abierta a propuestas. Lo vuelvo a escribir, que dice Raquel Bollo que está abierta a propuestas para volver a televisión. Muero. Muero de verdad. Que haya alguien en este país que se tome en serio la vuelta o no a la televisión de una señora cuyo mérito es haber sido esposa de Chiquetete es de pegarte un tiro y largarte del planeta sin saber si ganará en unos días Puigdemont y los rufianes, o Iceta y su cuerpo de baile, por resumir posturas, digo. Por cierto, que dice el cachondo ciudadano Arturo Pérez Reverte que nos merecemos a Gabriel Rufián, y que tiene la teoría de que le pegaron en el cole, o temía que le pegaran y que de esa cuna salen sus actuaciones posteriores tan epatantes, altisonantes, cargantes y rufianescas. Se lo dijo la semana pasada a Iñaki López en La Sexta Noche, un espectáculo estupendo que acaba como los basureros, a las claras del alba, dios, que hay que ver cómo estiran el chicle de Cataluña, asunto al que sólo le falta un polígrafo dirigido por Conchita. Pues ni aun así, ni yéndome al otro barrio sin saber lo que pasará el día 21, la vuelta o no de Raquel Bollo a la tele debería de ser tomada en serio tal como hizo, yo creo que con su poquito de mala baba, Toñi Moreno, que cuando se pone estupenda es como una Ana Belén, la de Traición de La 1, pero sin su cara apretada de mala víbora. Y para desengrasar y que se no oiga mucho el infernal traqueteo del vehículo detenido debajo de nuestra ventana en la madrugada llega Eva González, la de Masterchef y el anuncio, diciendo que está orgullosa de su pelo. De verdad, que me maten. Ole a mi pelo, remata la  presentadora. También en mitad de la noche, como se peca y se borran las huellas del crimen, Paolo Vasile ha decidido, ya que esta edición de Gran Hermano es un fracaso, asear un poco los respiraderos de Telecinco suprimiendo la edición VIP de ese mojón del que, creo, el canallita Jorge Javier Vázquez, líder en llevar a casa de quien se lo permita montones de caca, está hasta el cogote de codearse con tanta carne que, a pesar de su juventud, ya huele a cosa putrefacta, a basura de días sin sacar, a saco de boñigas.

Terroristas
     ¿Boñigas? Lo tiran al camión de la basura, y el camión vomita. Yo soy el camión, abro la boca para que me metan toda clase de desechos, toda clase de desperdicios, y veo que entre el detrito van cachitos picados de Donald Trump y echo la pota. A este terrorista no lo quiere ni la mierda, que tiene su corazoncito y su dignidad. El hijo del diablo sabía lo que armaría entre palestinos e israelíes con solo abrir la boca y decir que cambiaba la embajada de EEUU de Tel Aviv a Jerusalén, y lo hizo, y la ha liado. Sólo alguien que va por la vida forrado de bombas como un pistolero para ser reventadas a placer actúa como este sujeto que agravia al mismo estiércol y que aparece en los noticiarios como el cretino más poderoso del planeta, un canalla que se le pone dura viendo arder el mundo. ¿Se le puso dura al director del Instituto de Nanotecnología, Jordi Borrell, cuando dijo en Twitter que Miquel Iceta es un ser repugnante y que tiene los esfínteres dilatados –por ser homosexual, claro-? En paralelo, esta semana, un chico de la actual edición de Operación Triunfo, todo un éxito en audiencia y en redes, donde se parte un bacalao de patio vecinal, grasiento, chispeante a veces, con olor a faca de jamones o gargantas, se ha besado con otro por mor del guión, del consejo de los profesores Javier Ambrosi y Javier Calvo, sin que a ninguno les gusten los chicos. Son Agoney y Raoul. Parece que en el llamado pase de micros, es decir, ensayos, el beso fue con lengua, y el aplauso general. En el directo fue un beso mecánico, sin lengua ni emoción, pero también causó impacto. Ohh, se dijo, viva la libertad, viva la tele pública, que permite esto. ¿Cómo? Hasta la jurada Mónica Naranjo dio gritos en las redes al sentirse orgullosa “porque TVE ha normalizado libertades”. ¿De verdad? No soy de este planeta. Eso sí, mientras me voy a otro veo cómo el camión de la basura me pone la casa hasta arriba de mierda.

La guinda
Están vivos
Pues sí, así es, están vivos los de Estoy vivo, cuta primera temporada acabó el jueves con gloria pública para la tele pública. Gran serie, sin matices. La idea de Daniel Écija se ha plasmado con grandeza de ejecución, de actores –sorpresa, excelente, la de Alejo Sauras como El Enlace-, de brillante guión con idas y venidas del drama a la comedia y sin despeinarse. Sin duda Estoy vivo es una de las series del año.