lunes, 26 de octubre de 2015

Maldeojos. Minuto a minuto



Minuto a minuto
(Artículo publicado el domingo, 18 de octubre, en periódicos de EPI PRESS)


      No soy muy de fútbol. Más. No soy nada de fútbol. A veces, para saber algo sobre la materia leo a colegas que están más puestos que yo, incluso en el trato que algunos programas de fútbol, que me pierdo, dan a las noticias. Por eso siempre estoy al tanto de lo que escribe en su muro de Facebook Antonio López, un ojo y oído privilegiados para detectar gazapos, incongruencias, faltas, titulares imposibles en periódicos, o crónicas de reporteros que hablan y hablan sin darse cuenta de sus errores fruto de la ignorancia, impericia, desgana, o trabajar sometido a una presión inmanejable de quien él llama en la prensa escrita, con atinada ironía, “el juntaletras”. Es un corrector nato, figura que ya no existe en las redacciones, con la falta que hace para enmendarnos la plana cuando erramos al juntar las letras. En una de sus observaciones escuchaba a una reportera de 7TV, la autonómica de Murcia, que hablaba desde Madrid… “es posible que hoy se apruebe el plan favorablemente”. Lo difícil sería, apunta Antonio, que lo aprobaran desfavorablemente. En otra observación destaca que “mientras toda la prensa, radio y televisión extranjera y española habla y debate esta noche de los resultados en Cataluña, la televisión murciana emite un programa ¡para analizar las elecciones en Grecia!, con un par, sí señor”. Por ahí van sus gazapos, erratas, incongruencias, algunas de verdad hilarantes. Es el poli bueno de la prensa. Lo que quiero decir es que aunque uno no sea muy de fútbol hay expresiones que enseguida dirigen tu pensamiento al fútbol, y como Antonio lee, ve y escucha de otra manera, y de forma natural, gracias a él supe que en los programas deportivos, incluidos los de TVE, usan técnicas rastreras, contrarias al buen periodismo, para mantener la atención del espectador. Minuto y resultado era un programa sobre fútbol que emitía La Sexta la tarde del domingo para hablar de la jornada futbolera y presentaba Patxi Alonso y luego Miguel Serrano.

Asunta Basterra

      El término se hizo fuerte, y hoy minuto y resultado se asocia con el fútbol. Pero en este instante es cuando el juntaletras pega la vuelta –ay, Pimpinella- y viaja al saco de los horrores de las cadenas de televisión porque desde el día 1 de este mes a todas se les ve un hocico como de animal hambriento con gana de sangre. Ese día acudían al juzgado de Santiago de Compostela Rosario Porto y Alfonso Basterra, los padres de Asunta, la niña que fue asesinada por, esa es la acusación, sus propios padres. No sé si siguen este circo, pero es de las cosas más indecentes de los últimos tiempos, de los tratamientos informativos en televisión más barriobajeros. El infanticidio es uno de los crímenes más horrendos y atroces que podamos digerir. Si además en el punto de la sospecha están los padres, da igual que sean biológicos o adoptivos, como el caso de Asunta, el hervidero emocional se desmadra. Las televisiones también. Aún está fresco el olor de la pólvora festejando las audiencias con el caso de los niños Ruth y José. El día 1 de octubre, a las puertas del juzgado en Santiago de Compostela, un puñado de carroñeros se disputaba la crónica más puntillosa, el comentario más morboso, el detalle más sutil. Nacho Abad entraba en directo en Espejo público y contaba el minuto a minuto del juicio. La débil voz de la madre, cabizbaja, el lenguaje corporal del padre, los problemas de aquélla con el lupus, las medicinas que toma, el estado somnoliento de la cría, el gesto ausente del padre, el truculento análisis de un tipo sin escrúpulos, un timador, que aseguró al ver unas imágenes de Asunta tocando el piano que la niña ya barruntaba que iba a ser asesinada. Más bajo no se puede caer. Las crónicas se han sucedido y suceden como si jamás hubiera habido en España un caso que hoy es ejemplo de hedor informativo y gangrena televisiva, el de las niñas de Alcàsser. 

De lado, de perfil, de arriba, de abajo, si callan, murmuran, lloran, titubean.. Todo se analizó en este juicio narrado minuto a minuto. Sus componentes -niña adoptada, barbitúricos, muerte, padres sospechosos- han sido un pastel al que ninguna televisión ha querido dejar pasar...


El gran “reallity”
      
       Llama la atención el paralelismo entre el exhaustivo análisis que los especialistas hacen de lo que concierne al fútbol y el minuto a minuto del juicio por la muerte de Asunta. Esta semana veía en el matinal de Antena 3 cómo en la sección de deportes analizaban, con meticulosidad de cirujano, las reacciones de Cristiano Ronaldo al recibir, creo, su cuarta bota  de oro, supongo que algo preciadísimo en su mundo.  Contaba el narrador que el premiado recibía las alabanzas de los oradores, desde el presentador, que se lio con la lengua y no atinaba a decir bota sin pasar antes por botella, al presidente del club, Florentino Pérez, con cara de palo, adusta y seria, como una estatua, impasible, como el que piensa que aún es poco, que son migajas para su estima. El narrador del reportaje analizó segundo a segundo la reacción del astro, su dorada piel curtida bajo el sol de Marruecos, sus ojos fijos, sus labios apretados, su inexpresiva mueca, sólo un poquito animada con las palabras del embajador portugués. También aquí había niño por medio, el hijo del luso, un Cristiano Jr. que, “está contando con sus deditos los premios del padre, pero la abuela le dice que es mejor empezar a contar con el dedo índice y no con el corazón”. Seguí arrobado y en suspenso una crónica plagada de imbecilidades, de cursiladas, un relleno periodístico. Igual que el tratamiento informativo del juicio por el crimen de la niña Asunta Basterra. Todas las cadenas, desde una TVE que abre sus telediarios con detalles escabrosos, a las privadas, han convertido este juicio en un tablero de juego donde todas gritan el minuto y resultado, el minuto a minuto, y donde todas, a una, parecen coaligadas para convertirlo en un programa apestoso y ruin de telerrealidad –género basado en la presentación de casos, vivencias o conflictos, reales o inducidos, dice la RAE-. El caso Asunta es el gran “reallity” que sueñan las cadenas. Aúna niños, adopciones, adultos separados, padres sospechosos, somníferos, un bosque, y la muerte de una criatura inocente. ¿Quién da? Véanlo, está en todas las emisoras, no se pierda ni un detalle.


La guinda
Menos el PP
Los partidos políticos han alcanzado un acuerdo para que el presidente de RTVE sea elegido por dos tercios del Congreso, es decir, para que de nuevo la independencia vuelva a la tele y radio públicas que se consiguió con los gobiernos socialistas de José Luis Rodríguez Zapatero –la mejor época, sin duda-. ¿Todos los partidos se han sumado al acuerdo? No. Ni PP ni Unió. Y todos sabemos por qué. El PP también.

sábado, 24 de octubre de 2015

Maldeojos. Patriotas



Patriotas
(Artículo publicado el sábado, 17 de octubre, en periódicos de EPI PRESS)

      Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron, cierren los ojos y recen. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros la Biblia. No sé si es o no una cita del escritor uruguayo Eduardo Galeano, pero con diferentes autores ha saltado de nuevo a Internet a raíz del 12 de octubre, ya saben, el Día de la Hispanidad o de la Raza –qué término más sucio-, o el de la Fiesta Nacional, que por La 1 sabemos que es un programa donde los militares exhiben su poderío ante el Jefe del Estado y por La Sexta, según el análisis de Thais Villas en El intermedio, un desfile de tiazos que si no marcan tendencia, sí marcan paquete, como los legionarios, o el cuerpo de la guardia real y sus detalles gay “friendly”. Este año no podía ser menos, y de nuevo se armó el guirigay con el 12 de octubre.

      Willy Toledo desbarra y se caga en la Virgen del Pilar, el follonero Frank Cuesta, ese que va por la jungla haciendo el chorra con los animales, le contesta invitándolo a que se cague en el Corán al grito de ¡Viva España!, el actor norteamericano Aaron Paul, el Jessi de la extraordinaria serie Breaking Bad, tercia preguntándose cómo se celebra el pillaje y las violaciones de los conquistadores, y La 1, que no pierde una, va y pone una mosca con los colores de la bandera en la esquina superior derecha de la pantalla en todas las emisoras públicas. El lío está servido. Lo malo, lo peor de todo este circo, no es que se exhiba la bandera de España sino que se lance contra otros. Eso es lo que da canguelo. Me considero patriota no por agachar la cabeza ante un trapo simbólico sino por levantarla ante quienes se la envuelven como un arma espuria.  
Llámame loco, anti patriota, yo qué se, llámame hispter o incluso cosas peores, pero tiene cojones que el jefe de estado se cuadre ante el paso de una chota. No sé.



jueves, 22 de octubre de 2015

Maldeojos. Camilo Sesto



Camilo Sesto
Artículo publicado el jueves, 15 de octubre, en periódicos de EPI PRESS)

      Antes, hace unos años, había un cantante muy conocido que se llamaba Camilo Sesto. Ahora hay un cantante que se llama Camilo Sesto y no conoce nadie. Pobre Camilo. Camilo dejó de ser Camilo el día que fue abducido por la atracción fatídica, irreversible y adictiva del bisturí. Pobre. Él, coaligado con cirujanos con alma fría de chacal, acabó convirtiéndose en un monstruo. Eso es lo que yo siento cuando lo veo. Estoy seguro al cien por mil de que no es su opinión. Es más, estoy convencido de que cuando este hombre se mira al espejo no ve lo que yo veo, no ve lo que ve la gente. Camilo Sesto no ve al tipo patético que hoy es. De verse como lo cuento, de saberse deforme, sin expresión, convertido en el muñeco de cera que nadie quisiera ser, no acudiría a la tele. Si lo hace es para exhibirse como la que desea que le alaben sus nuevas tetas.

     La imagen de Camilo Sesto cuando irrumpió en el plató de ¡Qué tiempo tan feliz! fue de las que dejan sin palabras a la más dicharachera. Qué bien te veo, dijo María Teresa Campos, palabras que sonaron a chufla, a ironía refinada de anfitriona un poco lagarta. Mientras, el artista, antes de sentarse, se pavoneó ante el público, se quitó la chaqueta con estudiada desgana, se dejó caer, y dejó que la otra le soplara al oído mentiras sobre su inmarchitable belleza. Cuando el realizador escogió un plano corto del invitado, la audiencia, yo, dio un respingo como el que escucha a Julio Iglesias, atirantado con más tacto, diciendo que lo que diga el ministro de economía, Cristóbal Montoro, le importa tres cojones. Un primer plano de Camilo Sesto es lo peor que se le puede hacer a Camilo Sesto. Lo que dijera o dejara de decir desde ese momento ya no importaba nada. 
No creo que hagan falta comentarios.





martes, 20 de octubre de 2015

Maldeojos. Magacín científico



Magacín científico
(Artículo publicado el martes, 13 de octubre, en periódicos de EPI PRESS)

      Vale, con humor, la ciencia entra. Es la teoría de Órbita Laika, que ahora emite La 2 los miércoles por la noche, cambio de día que molestó a su presentador, Ángel Martín, que dejó constancia de su malestar donde hoy se dicen las cosas, en su cuenta de Twitter. El programa se presenta con esquema de magacín. Arranca como podría arrancar cualquier espacio de variedades nocturno, es decir, con la cámara sobrevolando el plató con el público debajo, que a la orden del regidor empieza a aplaudir para recibir a la estrella, a su presentador, a Ángel Martín, que aparece con un vaso en la mano, el famoso vaso que popularizó Pepe Navarro, copiado a su vez de las grandes estrellas de la televisión norteamericana, el vaso de Andréu Buenafuente, el vaso matinal de Antonio García Ferreras. ¿Qué viene después de eso?
  
      No hace falta ser un experto en tele para saberlo. En efecto, el monólogo. Es decir, ante el público, de pie, frente al autocue con el guión, el presentador dice sus gags, chistes del tipo, hola, buenas noches, bienvenidos al fenómeno, al fenómeno televisivo más inexplicable de los últimos tiempos, es un programa de ciencia, por la noche, y en La 2, no suena a exitazo así a primera vista, y en efecto, no lo es, pero sabéis qué, que a nadie le importa un carajo, eso es, muchas gracias. Y la gente, de nuevo atendiendo la orden del regidor, aplaude mientras el presentador se dirige a su mesa, el otro elemento, junto con el sofá de los invitados, que componen el atrezo fundamental del programa. ¿Hay magacín sin colaboradores? No. Así que Órbita Laika también los tiene, y en la misma onda, tirando de humor. Y son muy, muy buenos. 
Parte del equipo de Órbita Laika, que emite La 2 los miércoles por la noche. Ángel Martín, su presentador, en medio del grupo.


domingo, 18 de octubre de 2015

Maldeojos. Perfectas cabezas sometidas



Perfectas cabezas sometidas
(Artículo publicado el domingo, 11 de octubre, en diarios de EPI PRESS)


      Recuerdo el tiempo en que la consulta del médico, la sala donde espera la gente su turno para ser atendida, era un guirigay de verbena. Recuerdo una vez que el médico tuvo que salir, mirando a los enfermos por encima de sus gafas de presbicia, y pedir por favor un poquito de silencio porque dentro era muy molesto el zumbido de las conversaciones. Y funcionaba. La gente enmudecía al instante, pillada en un requiebro como se pilla a un chiquillo haciendo travesuras. Pero a los pocos minutos el gallinero volvía a revivir. Como saben, eso es historia. Vayas donde vayas reina un silencio de cementerio, quizá roto a veces por una risita, acompañada de una mueca loca, de alguien ensimismado con la cabeza gacha mirando la pantalla de su móvil. Así está la mayoría, muda, mirando la pantalla azulada de su teléfono celular. A la consulta de los médicos de cabecera aún no han llegado las pantallas, pero en los medianos y grandes hospitales no hay rincón que no tenga su enorme pantalla. Lo curioso es que son trastos absurdos porque no sirven para dar información fiable, así que la gente mira la pantalla por si aparece su nombre pero pendiente de la megafonía de barraca por si te llaman y no te enteras. Las pantallas que pululan por los hospitales son pantallas informativas, no para ver a Ana Rosa Quintana. Pero siempre me he preguntado qué empresas, y qué políticos, se lo han llevado crudo con las concesiones de semejante truño plantado en las paredes. En la misma línea de agarra el dinero y corre meto a las otras pantallas, estas sí de televisión pura y dura. Tan dura como limpiarte el bolsillo si quieres ver un informativo o tu serie favorita o tu tertulia, sabiendo, como todos sabemos, que el aparato no funciona si no es alimentándolo con monedas. Menudo negocio.


Pantallas abductoras

      La otra cara de la moneda, palabra que encaja aquí de maravilla, es que compartas tu enfermedad, es decir, habitación, con criaturas cuyos gustos televisivos no sólo no son los tuyos sino que están en la otra parte del mundo. El castigo es de una perversión refinada. También puede ocurrir que haya un enfermo, y su cohorte de familiares, que se hacen dueños de la tele, y entonces estás perdido. Ni lo intentes. Antes de que se agote el tiempo ya tiene alguien en la mano otro chorro de monedas para echar la tarde, la noche, y hasta la teletienda. Lo he visto, nadie me lo ha contado.  Cuando pasa esto te dices, hala, me centro en otras cosas. Imposible. La tele está pensada para que no dejes de mirarla, para que no puedas dejar de mirarla. Las pantallas están pensadas para que no puedas dejar de mirarlas. Y te ves mirando las espantadas de Terelu del plató, ofendida esta vez por algo que le ha dicho Kiko Hernández. Cuando he ido a mi dentista sé que en la minúscula salita de espera hay una tele siempre encendida. No hay mando a mano. Sólo está encendida. Nadie puede desconectarla, nadie puede cambiar de canal, nadie puede subir o bajar el volumen. Y todos la miran. Echen lo que echen. Un día toca el matinal de Canal Sur que presenta Fernando de la Guardia, donde se mezcla denuncia ciudadana con caridad televisiva al estilo del Entre todos de Toñi Moreno para La 1, otro día La ruleta de la suerte y un Jorge Fernández desmelenado que baila como Miquel Iceta, mal, pero con muchas ganas, y otro, alguna ración de los cerebros plastificados de Mujeres y hombres y viceversa con los que Emma García se gana la vida, pobre. He dicho que todos miran a la tele. No es así. Todos la miran de soslayo, de refilón, sólo cuando levantan la cabeza de su propia pantalla, la del móvil, la que de verdad subyuga, domina y abduce.


Invasión de imbéciles

      Visto así vivimos en una sociedad de cabezas gachas, de testas sometidas. Mucha gente camina por la calle no mirando al frente sino mirando al móvil, es decir, rendido, como el que capitula y se entrega, como el que claudica y manifiesta su sumisión. Es el ideal. Una sociedad enganchada al móvil es una sociedad que mantiene su cabeza en posición entregada, servil, gacha, en estado de acatamiento permanente. Se ha conseguido. Y sin mucho esfuerzo. Se ha puesto en circulación una herramienta magnífica que a su vez lleva el veneno dentro. Y por eso vemos a piaras de jóvenes y no tanto sentados en los parques con sus cabecitas domadas y sus ágiles deditos enviando comunicación basura, viendo vídeos de gatitos, reverenciando a cursis cantantes, consumiendo mensajes que agrandan la brecha entre su satisfecha ignorancia y su capacidad ciudadana. Viene muy bien ahora traer aquí a Umberto Eco, al que ni siquiera hace falta leer para poder citar porque en cuanto abre la boca, teclea el ordenador, o publica algo, al segundo ya lo podemos tener en casa, como sabemos. El drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad, dice el semiólogo italiano, y también “que las redes sociales han generado una invasión de imbéciles”. Yo lo había pensado, y tal vez esté escrito en algún comentario, pero no es lo mismo que lo diga uno a que lo diga Umberto Eco, así que sí, lo traigo aquí, queda fino, y además estoy de acuerdo. Esto de los imbéciles consumiendo cosas de imbéciles en pantallas que te ponen imbécil si no levantas la cabeza de vez en cuando, es la técnica de Telecinco. Saca a gente “del pueblo” para que cuente sus cosas a “gente del pueblo”, no a la élite ni a los críticos, dice con cinismo y tocándose el paquete Paolo Vasile. El batallón de imbéciles va por la calle, se sienta en las terrazas, está en el médico, o se repantinga en casa con la testuz bajada leyendo, mirando, tocando la pantalla, consumiendo basurilla, conformando la imagen de la desolación y la derrota de una sociedad sometida con sus cabezas gachas. Miguel Hernández cantó a los aceituneros altivos para que, bravos, se levantaran ante los señoritos. ¿Quién será el poeta hoy que escriba rimas que consigan que la gente se interese por la gente mirando a los ojos, no a la pantalla, y levantando la cabeza?


La guinda
Rabia
Se han emitido dos capítulos de Rabia, ficción nacional en Cuatro para el lunes. Es agridulce el resultado. No es lo peor que esta historia de contagios te recuerde a Perdidos o a The walking dead, dicho con la boca apretada, para no dar mucha rabia a los fans. Es irregular, no siempre verosímil. Buenos actores –Adriana Ozores, Malena Alterio, otros- frente al poli guapo Diego Martínez –descacharrante, vergonzoso-.