domingo, 22 de diciembre de 2013

Maldeojos. Juanra Bonet

Juanra Bonet
(Artículo publicado el sábado, 21 de diciembre, en diarios de Editorial Prensa Ibérica)

      El jueves, Cuatro emitió el último Lo sabe, no lo sabe, que ha estado en antena como el penúltimo bastión de algo que relacionamos con la calidad, con el entretenimiento que no avergüenza en una cadena que lleva tiempo precipitándose a un abismo de locuela y necia sin sustancia. Es verdad que la hora de emisión, a las nueve y media de la noche, se ha puesto en un berrido de competición en el que sólo sobreviven los más fuertes. Y es verdad que ha bajado muchísimo su audiencia, que con mucho esfuerzo apenas llega al 4%, es decir, unos setecientos mil espectadores frente a, por ejemplos, los más de dos millones de El intermedio. Esas cifras duelen en la cartera de resultados de una privada. Y Paolo Vasile no está dispuesto a mantener un programa por muy bueno que sea pero  ya no es lo que era. 

      Lo que tampoco entiendo es que los jefes del negocio crean que quitar Lo sabe, no lo sabe, y poner Natural Frank, ese de animalitos que presenta esa pesadez que dejó de tener gracia hace quinientas temporadas llamada Fran Cuesta les reportará mejores datos. Creo que se estrellará. Se estrelle en audiencia o no, lo de este señor resulta un muermo. Todo lo contrario del alma de Lo sabe, no lo sabe, Juanra Bonet. No sólo no ha sufrido desgaste en el tiempo de emisión sino que ha ido ganando soltura logrando algo muy difícil, hacer que el programa no se conciba sin él. Y por supuesto sin el bien engrasado equipo. Se nota que se lo pasan bien porque el buen rollo salta a este lado de la pantalla. Felicidades a todos. Juanra se queda en Mediaset. ¿Y el equipo? Ojalá. Por ellos, por la cadena, y por la audiencia. 

Foto tomada del ordenador con un momento, idéntico a otros, de Lo sabe, no lo sabe, un formato que ha funcionado muy bien gracias al equipo, gracias al ritmo, al callejeo por centenares de ciudades españolas, y por supuesto gracias al alma del programa, Juanra Bonet. El concurso es de lo poquito que quedaba en Cuatro con cierta dignidad. Pero se lo han cargado.


viernes, 20 de diciembre de 2013

Maldeojos. El tamborilero



El tamborilero
(Artículo publicado el jueves, 19 de diciembre, en periódicos de Editorial Prensa Ibérica)

      Lo de TVE y sus especiales de Navidad es para tomárselo a chiste. Puede pasar que de tan pasados resulten pesados, pero ingeniosos. Acabamos de enterarnos de que el lotero Raphael ha grabado su especial de Nochebuena. Y como novedad hay poca porque lo de ese especial, lo del Niño de Linares, y lo de TVE va resultando una provocación, se ha colado como noticia principal que el cantante volverá a las andadas cantando El tamborilero. ¿Eso es novedad?, dirán los remilgados. Sí, lo es, porque es una versión desconocida del villancico, dice el director de La 1 a coro con el artista, dando un pingo. Decir que Raphael, el especial, El tamborilero, la navidad y el turrón, y la tele son una ñoñería esos días suena a redundancia. Pero así es. Es un trago, malo, que hay que pasar con determinación de sufrido espectador. 

      Lo que sí vale preguntarse es para qué gastar dinero en un programa idéntico al del año anterior. El mismo director de la tele pública podrá decir que no, que cambian las voces que acompañan al Gestitos. Mamandurrias. Raphael, el peor imitador de sí mismo, está incapacitado para el cambio. Lo único que podría animar el inevitable especial es que, bajo juramento, y una vez cantado el ropopompón, el Niño de Linares se comprometa a tararear, pero como lo hizo a las órdenes de Pablo Berger para el Anuncio del Año, el nananananá, nananaaa como un niño de San Ildefonso moviendo las mandíbulas igual que en el anuncio, sonriendo igual igual, y moviendo la mano igual, pero en versión total, extendida. Entonces sí tendría tirón el especial. Si no, bah, otra patochada más. 

Una de las mil interpretaciones de El tamborilero, que Raphael, en connivencia con La 1, volverá a cantar este año en su inevitable especial. No sólo falta imaginación sino respeto a la audiencia, no por nada, que el artista tiene millones de seguidores sino porque visto un especial, vistos todos.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Maldeojos. ¿Así somos?



¿Así somos?
(Artículo publicado el martes, 17 de diciembre, en periódicos de Editorial Prensa Ibérica)

      Echamos pestes hablando de la falta de honestidad, o de la corrupción de los políticos, metiéndolos a todos en un saco que, lo sabemos, es injusto. No todos son corruptos. No todos son deshonestos. No todos son unos sinvergüenzas. Pero lo que trata de saber el programa que La Sexta estrenó la noche del domingo, Lab, tal como somos, después del Salvados dedicado al engaño masivo que urdió la banca con las llamadas preferentes es averiguar, con cámara oculta, o sea, sin mucho aparato científico pero con alto poder de curiosidad social, cómo está nuestra honradez, nuestra tolerancia, nuestro sentido del humor, nuestra necesidad de trabajo, nuestras tragaderas para soportar lo que nos echen con tal de tener un salario.  

      El programa lo narra una voz en off, y el resto lo hacen las cámaras, los ganchos, el montaje trepidante, los subrayados musicales , y una infografía explicativa. Y el espectador. La tendencia es preguntarte qué harías en esa situación. ¿Dejarías que te tocaran el culo por conseguir el trabajo? ¿Le dirías al ciego que esa señora le está robando, o mirarías para otro lado por no meterte en líos? ¿Te enfrentarías al camarero homófobo para que dejara de decir tonterías sobre las chicas que se besan en aquella mesa? Según el programa somos honrados, tolerantes, y educados con el otro. Pero no hagan mucho caso. Esto es un programa de televisión, un divertimento, una curiosidad sociológica. Seguro que en otro Lab, tal como somos nos sacan la cara más sucia. Pero sigan sin hacerle mucho caso. ¿Quieren datos? Hizo más audiencia que El Objetivo de Ana Pastor.

Un momento de Lab, tal como somos.  Aquí es una jefa la que acosa al trabajador tocándole el culo para asombro del aspirante al puesto. ¿Qué harías tú? Todo es un divertimento, pero el programa lo deja claro, la reacción de los hombres no es la misma que la de las mujeres. ¿Quién no traga, y quién sí está dispuesto a echar una noche loca con el jefe si con ello se consigue trabajo? Hay otros test sobre honradez, tolerancia, mentalidad abierta... No hay presentador. La voz del narrador es Iñaki López -La Sexta Noche, en La Sexta, claro-.




lunes, 16 de diciembre de 2013

Maldeojos. Las razones del otro



Las razones del otro
(Artículo publicado el domingo, 15 de diciembre, en diarios de Editorial Prensa Ibérica)


      Ha actuado de mala fe, ha sido mala persona, me siento dolido y traicionado. Habla Josep Pedrerol, que seguro que usted conoce si lo sigue en Punto pelota, quizá el único buque que flotaba en el turbio y oscuro mar de Intereconomía, que sigue cayéndose a jirones cada semana un poco más, y ya sin desconsuelo de su audiencia, que al ver el desastre ha huido al refugio seguro de 13tv, y además con bendiciones clericales, es decir, de las buenas, con control de calidad, no las que manda el charcutero de la videncia Sandro Rey, un árbol caído que apenas sirve para parodiarlo de cualquier modo. Quien, según el presentador del programa deportivo actuó de mala fue el Paolo Vasile del chiringuito mediático de extremo cachondeo, Julio Ariza. El tipo le debe seis meses, pero aún le quedan fuerzas y mañas de empresario cutre, de mafioso de la amistad, para despedirlo aduciendo que Pedrerol ha incumplido con reiteración su contrato porque se saltaba los tiempos de publicidad como le salía del punto pelota. Eso es aplicar con convicción la reforma laboral del gran visionario Rajoy, que aunque no ha dado el paso definitivo está en ello, es decir, lograr que los trabajadores curremos cobrando lo mínimo para no caer al suelo desmayados, que entonces ya no serviríamos ni para mantener a tanto chorizo. A Pedrerol muerto por expulsado, aunque convertido en un Cid de la pantalla –en estos días ha pasado como invitado por 13tv, por algunas radios, y charló con Buenafuente En el aire de La Sexta-, Carlos García Hirschfeld puesto pero hundido. El Punto pelota con el nuevo –pobre Carlos, le deseo lo mejor, le decía Josep, si cobra se puede sentir contento- es un fracaso de audiencia. Al pobre hombre, dueño de productora -¿queda alguien en España que no tenga una productora?- le han llovido sapos, escupitajos y malas bendiciones. Vamos, las velas negras de toda la vida, las de la bruja Lola.

Un momento de la visita de Josep Pedrerol a En el aire, el programa nocturno de Andréu Buenafuente en La Sexta.


 Pagar las facturas

      ¿A qué viene tanto detalle para un programa de deportes que ni fue ni es plato que me coma? ¿A qué viene contar las minucias de una historia que podría resumirse en un parpadeo, algo así como despido de un presentador y contrato de otro en su lugar? ¿A qué viene extrañarse de los tejemanejes de un bluf como Intereconomía, de la que, como decía Andréu en su entrevista con Pedrerol, qué podría esperarse de una cadena así? Pues viene a cuento de Carlos, el de apellido casi tan extravagante como el de la señora Schlichting, doña Cristina, asidua de tertulias como integrante del ala derecha. Carlos García Hirschfeld es un borroso personaje televisivo cuya obra cumbre, por ahora, es Impacto TV, un programa basura que emitió Antena 3 de 1996 a 1999, y que seguro recuerdan porque iba de caídas, resbalones, incendios, niños tocapelotas, accidentes, e imágenes de sucesos montadas con perversa música descacharrante que convertía la muerte del piloto del helicóptero precipitado al vacío en una divertidísima anécdota, despojada de la realidad al descontextualizarla. Luego hizo otras cosas, pero de menos “impacto”. Y se perdió. Hasta que el gran Julio Ariza, el encantador de perros, yo creo que canes desesperados, lo llamó con cuatro horas de antelación para sustituir a Josep Pedrerol. Y el hombre, corajudo, dijo sí. He dicho que le ha caído el cielo encima, que si esquirol, que si pardillo, que si inocente, que si lo van a engañar. ¿Qué tiene que pasar para que un hombre, en su sano juicio, diga sí a una empresa tan descolocada, a la deriva, desconchándose a ojos vista y sin pudor, una piltrafa que ya ni sirve a la ideología por cuya defensa nació y montó noches de altísimo espectáculo, dentro del género del estrambote?  Necesidad. Ganar algo de dinero. Sacar a la familia adelante. El propio Carlos lo ha explicado. Llevo años, dice el presentador en su blog, que no cobro un sueldo, tengo tres hijos, y las paso canutas con mi empresa para llegar a fin de mes.

A Carlos García lo llamaron con unas horas de antelación para que presentara Punto pelota en Intereconomía.Y aceptó. Todo el mundo ve que se ha metido en la boca de un lobo traicionero, fanfarrón, que no paga a sus trabajadores, y que ha hundido su negocio por creerse que sólo con purita metralla de derecha ultramontana se comería al mundo, pero él, Carlos, desesperado, entró en la cueva. Ahora está a merced de Julio Ariza, el ruinas.


Del hábito al tanga
     
      El razonamiento es impecable. ¿Qué haría usted? Dice más. Dice Carlos que prefiere que desconocidos lo llamen hijo de puta a que su mujer e hijos le digan que es tonto del culo por rechazar el trabajo. Yo creo que haría lo mismo. Claro que como nos está oyendo la ex concejala del vídeo del dedo erótico, la barbie piscinas, la de Los Yébenes, la enemiga de Jorge Javier, y ahora de todo un poco Olvido Hormigos, quiere dejar claro que ella no se ha puesto en bolas en la portada de una revista por necesidad del mendicante, qué horterada, sino porque le sale del merengue. Vale, le perdona el cura Apeles dibujando en el aire la cruz antes de volver a la vida gracias a su resurrección en Supervivientes. O sea, lo que se dice arrumbar el hábito para ponerse el tanga. ¿No recuerdan al Apeles éste? Sí, tuvo su gloria en la época de los primeros friquis, codeándose con lo más selecto de ese universo, ya fuese Leonardo Dantés, Tamara, el delirante Paco Porras, aquel que creó su personaje con una ramita de perejil, las tetas ignorantes de Yola Berrocal, o el culo fofo de Boris Izaguirre, antes de la liposucción de su panceta. Una época de gloria televisiva que creó Javier Sardá, hoy también en franco declive aunque con el beicon de su costado protegido por lo que ganó en Crónicas marcianas, que los amamantó a todos. El cura Apeles, un ejemplar empleado de la factoría católica, que por defender las ideas de su club fue mal mirado por sus jefes, estaba en el cielo de la fama y cayó al infierno del olvido, incluso fue de plató en plató, por supuesto sin salir de Telecinco, mendigando no un plato de lentejas –esta casta religiosa lo tiene asegurado in aeternum pagado por todos, creyentes o ateos- sino un poquito de atención, de vuelta a la fama, que es durísimo el olvido catódico. Lo de Apeles y lo de Hirschfeld es una vuelta al mismo ruedo, y cada uno con sus razones. Por más que lo intento, las del fantoche con alzacuellos me traen sin cuidado. Las de Carlos me conmueven más. ¿Y a usted?


Este fantoche se hizo conocido diciendo verdades que están en el ADN de su empresa, la católica, aunque mucha gente las tomaba por provocaciones. No era así. El cura Apeles sólo hablaba de dogmas, de no al aborto, de no al matrimonio entre personas del mismo sexo, de no dar la comunión a hijos de padres separados, de no a la educación sexual, de los privilegios de su iglesia... es decir, de lo que la factoría católica defiende entre murmullos -e impone en los despachos- pero no quiere que se diga con tanta alegría en una tele. De la gloria de la fama pasó al olvido de lo trasnochado. Ha pedido un poquito de cariño catódico para que lo rescaten de su no existencia como anónimo. Dentro de unos meses colgará la sotana y se pondrá el tanga para irse a la isla de los Supervivientes. Tened al lado el cubo para vomitar.



La guinda        
El intérprete
En mi pueblo, como en todas partes, en momentos de gravedad como un velatorio o un funeral, siempre puede surgir la situación delirante que no encaja con el momento. Esta semana está claro que, a pesar de Ana Botella, que ha subido al estrado de la revista Time por su “relaxing cup”, el personaje que dio la vuelta al mundo es Thamsanga Jantjie, el intérprete de signos en el funeral de Nelson Mandela. Qué grande el tipo.