jueves, 4 de enero de 2018

Maldeojos. Más comer... sin pasarse



Más vale comer… sin pasarse
(Artículo publicado el domingo, 31 de diciembre, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Los de Más vale tarde tienen cada semana una sección sobre cómo comer bien mirando de frente al exceso, a las terribles calorías que se alojan en el riñón y no hay forma de eliminarlas. Con la tele igual. Hay que verla con moderación, aunque en estas fechas se nos va la olla, y a muchos chiquillos se les aparca ante Clan TV, Disney Channel, Baby TV u, ojalá no sea su caso, Telecinco, que el Niño Dios le perdone. Se nos va la olla con la comida y con la tele. El nutricionista de Más vale tarde, Alberto Zamora, preparado, joven pero estricto como una gobernanta que baja la palmeta para darte en los dedos apiñados si te pasas, te recuerda que un simple mazapán tiene más energía calórica que un codillo, y es más intenso y apretado que una entradilla de Gloria Serra en Equipo de investigación, y mira que la paya le echa tanto drama a sus sermoncillos que bien podría darle un empujón al jefe Antonio García Ferreras, el Anapurna del drama periodístico, y ocupar su mesa. ¿Más vale comer sin pasarse? Ja. Hablando de Ferreras esto no vale. En sentido figurado y en sentido literal. ¿Más vale salir en la tele sin pasarse? A mí con esas, dice don Antonio, que es un cachondo aunque lleve su mono de trabajo, o sea, chaqueta y camisetas negras, y ponga caras circunspectas y tal y tal. Hace unos días, cuando Ana Pastor, su esposa, pasaba el día yendo de programa en programa de La Sexta vendiendo 17D-El Debat, y entró en directo en Zapeando, coño, no puede ser, por detrás se coló su marido haciendo bromas con Quique Peinado, que puso cara de no puede ser, esto no nos está pasando, pero sí, era ÉL. Hasta Ana, tapándose la cara y bajando la cabeza dijo “esto es un escrache”. Oye, y echaron unas risas la mar de distendidas, como en las buenas familias, a costa del ¿no quieres verme en la tele?, pues  toma cinco tazas. La tele para Ferreras es como el morcón para Terelu Campos.

Sexo tántrico
     Por decreto, ya no hay crisis. Eso lo sabe muy bien, di-vi-na-men-te, diría la divina Carmina Ordóñez, hasta el ujier que le abre la puerta a nuestro líder, el gran braceador, un Mariano Rajoy que nos deja imágenes entre aterradoras, loquísimas, descojonantes y de paródica marcialidad cada vez que sale del palacio y visita lugares en donde da sus caminatas ante las cámaras que lo siguen cuando ni siquiera han puesto las calles. Ya no hay crisis, y por eso nos han concedido llegar a los 735 euracos para el salario mínimo, coño, tiremos la casa por la ventana, invitemos a Fátima Báñez, la señora de Empleo, a una ronda de velas con las que iluminar a sus vírgenes, que tanto hacen por el bien de los trabajadores, pongámosle un belén con bombillas caras. Pues bien, como ya no hay crisis –si el año pasado eran unos 400 euros lo que se gastaba un español en navidad, este año serán unos 600, los más gastosos de Europa, y la comida es la que se lleva un riñón-, ¿quién no puede comprar un jamón de bellota para combinar con el marisco más selecto? Pues todo el mundo. Y para no despistarnos y echar por alto los sabores del buen jamón a Más vale tarde llevan al cortador Ramón González, que asegura que lo ideal para conservar bien lo sobrante sería meterlo en nuestra bodega, a unos 15 grados. ¿En nuestra bodega? Que levante la mano quien no tenga una bodega. Por lo pronto, un tal Sigi, humilde, sólo tiene la patata bien puesta para encandilar a las aspirantes a liarse con él. Patata ecológica, eso sí, patata sin venenos, patata amorosa que hay que arrancar con mimo antes de llevarla a la mesa. Hablo de Granjero busca esposa, en caída libre por mucho que Carlos Lozano y Cuatro se inventen tramas y giros de guión. A sus 25 años, Sigi ha aprendido que “el tantra es como el sexo pero sin meterla”. O sea, querido granjero, más vale follar… sin pasarse. Lolita no llega a ni a eso, así que sin cortarse un pelo cuando el tiazo David Amor termina su actuación en Tu cara me suena le dice por lo bajini que tiene un culo estupendo, pero que cantando “siempre te quedas a medias”.

El PP y el 2018
     El jueves 28 regresó Ella es tu padre –Sergio se hace pasar por mujer cuando el juez decide apartarlo de sus hijos al separarse de su esposa- con Carlos Santos, que vuelve como Avelina, una señora Doubtfire criada con paparajotes murcianos. Se fue por baja audiencia, y volvió el día de los Inocentes igual. Ante su regreso, servidor, que no ha variado un milímetro en relación a sus aversiones, lo tiene claro. Más vale no ver la serie que ver a Mario Vaquerizo haciendo de Mario Vaquerizo, qué disparate. Y ya que hablo de cagadas también ha regresado Las Campos. El miércoles, para caldear el ambiente, escupieron Tengo una pregunta para las Campos, un mojón como la copa de un pino, un alarde de mal gusto y lujo cutre, un trío de damas que riega con ahínco y sin el más mínimo pudor una decadencia luminosa liderada por la capitana Maritere. El productor ejecutivo de la mamarrachada, Óscar Cornejo, advierte de que en el futuro, después de ver esta temporada –las señoras visitan Nueva York, Dubái o Tokio- las niñas no querrán ser princesas sino, oh, maldición, las Campos. Vamos, el apocalipsis. A mí me dice mi hija que quiere ser una Campos y le estoy pasando vídeos de Raphael en casa de Bertín hasta el día del juicio final. Apártate de la luz, hijita, quítate de ahí y no caigas en la red de ese veneno. Ni en el de Little big show, otra de niños prodigio con Carlos Sobera, que al regentar con éxito el restaurante de First dates se puede ausentar por unas horas para presentar esta nueva barraca donde de nuevo los niños son los monstruos del espectáculo, la mujer barbuda para entretener al pueblo. Moraleja. Más vale no ver televisión que ver esta televisión. Incluso prefiero ver a Alberto Chicote enseñando en las campanadas su jamón, su morcón, y su tocino, y hasta su pepinillo, que a Carmen Borrego Campos y a Terelu como estrellas de saldo por mucha risa que a algunos les provoquen las payasadas de estas maris cutres. Que la capa de Ramonchu nos proteja, y el 2018 que ya llega trastorne a los del PP y nos devuelvan la tele pública como la encontraron, plural, independiente y con crédito. La tele de todos tiene que ser jamón de bellota para comerlo sin control, pasándose. Viva el vino.

La guinda
Otra etcétera
He dejado unos días para ver si la fama le llegaba como una ola y la sacaba de su olvido anunciado. Hace unos segundos acabó la quinta temporada de La voz. ¿Se han removido los cimientos del mundo, el mundo de la música se ha puesto a tocar la pandereta con el anuncio de la nueva estrella? Dice la chica, porque es chica, que su estilo musical es muy americano. ¿Les suena Alba Gil? Pues eso.

Maldeojos. Trasvases



Trasvases
(Artículo publicado el sábado, 30 de diciembre, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Hasta no hace tanto había actores y actrices, grandes actores y grandes actrices, que en sus entretelas, en la masa de su sangre, en la forma de entender su arte, hablaban como si miraran por encima del hombro a aquel o aquella que hiciera televisión –yo he tenido que hacer de todo, malo, bueno, y regular, y cuando me llegaba un guión soñaba con que fuese bueno, porque si hubiera sido malo también lo hubiera aceptado, me decía una tarde la gran Pilar Bardem cuando preparábamos su libro biográfico-. Esa especie de altivo desprecio por la tele de la gente del cine o el teatro no sólo ha pasado sino que ya no hay actores y actrices que compartimenten su arte en función del medio. Es más, hoy lo normal es saltar de un escenario al set de grabación de una serie o al plató de una peli. Y da mucho gusto. Da mucho gusto ver un día en la pantalla chica a Eusebio Poncela –el capo Joao Ferreira de El accidente, Telecinco- y al siguiente como la Bernarda Alba de Federico –versión dirigida por Carlota Ferrer-.

     Da mucho gusto ver hoy en casa al joven y más que prometedor actor murciano Jaime Lorente –el Denver de la impresionante La casa de papel, que acaba de emitir Antena 3- y al siguiente subido al escenario como Adela, una de las hijas de Bernarda. No hace mucho vi en Loja –ha muerto el poeta de allí Juan de Loxa, con quien tanto quería- la obra El plan, de Ignasi Vidal, a teatro lleno-. Uno de sus protagonistas hace cada día de camarero en el El asturiano de Amar en tiempos revueltos, Manuel Baqueiro. La avispa Anna Castillo, eléctrica y tierna, es la Susana de Estoy vivo, La 1, pero también está en el teatro, en el cine. Son trasvases saludables, necesarios. Importa cómo, no dónde.

Maldeojos. ¡Wow!



¡Wow!
(Artículo publicado el jueves, 28 de diciembre, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Dan ganas de estrujarlos o de escupirles de tan patéticos. Los vemos en un bloque para la publicidad en Espejo público. De repente el debate en la mesa política –esto no es un colegio, es una guardería, se quejaba el otro día con amargo cachondeo, entre risas y ese humor contagioso que tiene la premiada con un Ondas Sussana Griso-, pues eso, que el debate se detiene para ir a publicidad, y ahí están ellos, que se levantan de sus asientos y se dirigen a una esquina del plató para vendernos la burra de una compañía telefónica. Son Albert Castillón y Cristina Fernández, unos cachondos que se montan el teatrillo de la fibra óptica y las ventajas de pasarse al enemigo de tu compañía de toda la vida con un entusiasmo rácano, mecánico, de media solvencia, vamos, que les importa un espárrago verde el mensaje.

     Otras estrellas de más alta responsabilidad, véase la propia Griso, venden pasta para ensalada que se convierte en pasta para su cuenta bancaria, incluso Pablo Motos, que no lo necesita porque él sabrá el jornal que lleva a casa, se baja de la moto para, como un simple mortal, o unas simples hormigas, anunciar lo que le pongan por delante, que suele ser un contrato de publicidad muy apetecible. Hasta la chabacana Paz Padilla se tira al colchón de látex para llevarse unas perrillas extra a casa. Al final, como dicen en su teatrillo Albert y Cristina, todos dicen ¡wow!, que es lo que le hacen decir a esta pareja de periodistas que deberían de haber pasado por una escuela de interpretación porque, la verdad sea dicha, esos ¡wow! que deberían ser de euforia llegan al oído del espectador más desganados que la audiencia de la misa del domingo. Todo por la pasta.

Maldeojos. El discurso



El discurso
(Artículo publicado el martes, 26 de diciembre, en diarios del grupo EPI PRESS)

No puedo estar pelando gambas y escuchando al marido de Letizia Ortiz, no puedo. Yo sabía que en la pantalla estaba Felipe VI, y que el hombre se esforzaba para llamar nuestra atención, pero lo siento, entre gamba y Rey, gamba. Mi familia no perdona. Oveja que bala, gamba que pierdes. Ni me preocupé porque el jefe de Estado no habla para las familias en Nochebuena. Lo sabemos. Habla para los expertos áulicos, para los medios escritos y hablados, esos que recogerán al día siguiente sus palabras, esos que interpretan lo que el señor dice como se interpreta un manuscrito hallado de la niñez de la historia. Es al día siguiente cuando el discurso real adquiere su auténtica dimensión porque es cuando de verdad se ve al buen hombre abriendo los informativos, que trocean el sermón a cachos de interés, que si economía, que si sociedad, que si Cataluña.

     Alucino con lo que ven los expertos, alucino viendo cómo sacan punta del lugar que ocupan las banderas, española y europea, y de su tamaño, de las fotos desperdigadas encima de los muebles, del tipo de planos, que si corto, que si medio, nunca primer plano, que si plano general, que si un busto de Carlos III, que si un par de libros del patrimonio o dos cuadros del XVIII. A todo le sacan punta. En todo ven mensajes más allá del mensaje. Menos mal que no han sacado al botarate Josie para analizar el color de la corbata, el tono de la camisa y el empaque del traje de su majestad. Total, que temprano, para escribir esta pieza con propiedad, encendí la tele ayer por la mañana a ver si repetían los 12 minutos. Tú vales mucho para Dios, amén, me dijo un evangélico en La 2. Y apagué el chisme. Y esto es lo que me ha salido.

Maldeojos. Nena, tú vales mucho



Nena, tú vales mucho
(Artículo publicado el domingo, 24 de diciembre, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Recuerdan que un día les hablé de la palabra “emperrinar”, inventada por un amigo, y que mezcla con acierto términos codificados como emperrarse y empecinarse? Pues la vuelvo a traer porque estoy seguro de que en Cuatro hay alguien emperrinado en mantener a Dani Martínez y Florentino Fernández en su estúpido programa, por casi nadie conocido, llamado Dani&Flo, y que otra decisión pensada con el cerebro en estado de laxitud los ha hundido aún más hasta ser, como casi toda la tarde de la cadena, irrelevante. Hablo del fracaso, avistado el primer día de emisión desde esta columna –sí, soy un lince olfateando inventos sin recorrido- llamado Singles XD que le ha servido a Nùria Roca para volver a la órbita de Mediaset, decía ella con orgullo de trabajadora en paro –la echaron de TV3 con lo del lío catalán- que vuelve a tener un currillo. Aseguro que por poco tiempo, colega, y lo siento porque, como decía el programa de Fernando García Tola en la tele de los 80 sobre Carmen Maura, “nena, tú vales mucho” –tanto que ahora Carmen es la doctora del anuncio de Campofrío, que habla del “amodio” que nos define, o sea, amar y odiar como huracanes-. Así es. Nùria Roca ilumina lo que toca. Aunque lo que toque, como el caso de este viejo busca amores con altisonantes referencias a redes sociales tratando de modernizar la Celestina, sea una torpe pamema. Nùria Roca forma parte de un ramillete de excelentes señoras de la tele que ennoblecen la pantalla y los programas aunque sean abyectos o estúpidos, y a pesar de no ser muy, muy populares, digo populares tipo Belén Esteban, tipo Chenoa, o tipo Ana Pastor –no la irónica presidenta del Congreso, estrella anual que brilla en la cena de políticos y periodistas parlamentarios para dar los premios de su asociación-, tienen un lugar destacado en el panal de rica miel de la parrilla.

Hablo de…
     Hablo, por ejemplo, de Anna Simón. Es conocida, pero no arrasa, para entendernos, no para el tráfico como una diva. Hace bien, muy bien, su trabajo leyendo el guión que le dan en Zapeando,  pero también se mueve como una gata elástica cuando participa en Tu cara me suena.  Hablo de Ana Morgade, irónica, despierta, una señora que tiene recursos, que dice con naturalidad y brío el guión que, como a Simón, le ponen delante en Zapeando o sentada junto a Pablo Motos en El hormiguero. Hablo de Raquel Sánchez Silva, extremeña como Isabel Gemio –esta sí que vale porque “yo lo valgo”, como sabemos quienes la recordamos en la pantalla prehistórica exhibiendo su ego como se pasea a la santa del pueblo-, que lo mismo te hace un Pekín Exprés que un Supervivientes que un recordado Perdidos en la ciudad o un dulce regalito como Likes, en 0#, un programa sin mucha ambición pero de un rollito amoroso. Hablo de Eva Hache, ahora en el rincón de pensar, arrumbada por la industria televisiva como se sube el sillón de la abuela al altillo esperando que alguien lo rescate algún día. Hablo de Mamen Mendizábal –periodista de las buenas que sólo ¿sólo? hace bien, muy bien, su trabajo, una mujer que presenta con fresca seguridad, pero sin decir todo el rato que hace periodismo, otra que tiene el ego domesticado porque no necesita demostrar nada, Más vale tarde, vespertino de La Sexta que ha convertido en clásicos los encontronazos con el petulante Gabriel Rufián, a quien le para en un santiamén la testuz de torito bravo si el muchacho tiene tarde de andarse por las ramas y evadir las claras preguntas de la presentadora. Hablo de la gran Sandra Sabatés, que cada noche se sienta con desparpajo, seguridad, y talento al lado del desparramado y brillante Wyoming, otra que vale mucho, qué puñeta. Hablo de Thais Villas, que hace unos reportajes callejeros en el barrio pobre y en el barrio rico que sólo ella, con su elegante naturalidad, es capaz de servirlos con pícara brillantez. Y hablo, por ejemplo, de Marta Nebot, Telecinco –soy roja, dice, pero no podemita-, que sirve también al programa de Ana Rosa reportajes de alta calidad. Son mujeres que valen mucho, todas, y muchas más, claro, y que se mantienen en un destacadísimo y, quizá, querido segundo plano pero a las que hay que decirles que sí, nena, tú vales mucho.

Otras
     Y lo siento, lo siento de veras, en el alma, lo siento como una ola, lo siento como una carretera sin final, lo siento como un precipicio cargado de peligros, siento muchísimo hablar en el mismo hueco de mujeres como las mentadas y de aguachirles como, hala, lo digo rápido, Chayo Mohedano, hija de la absurda Rosa Benito, sobrina de Rocío Jurado. ¿Quién conocería a esta paleta si no fuera porque está subida a la parra de la tía? Pues bien, esta cantante de terrones sin regar, este cacahuete vacío, se sienta nada menos que en un sofá no de Telecinco, donde estaría en su salsa, no, se sienta en La mañana, que presenta María Casado en La 1, la tele pública, como experta musical de Operación triunfo. Un sindiós. Sus comentarios son tan profundos como un río seco. Y hablando de mentes reflexivas, ha vuelto por navidad la autora de “nunca se sabe si el alma está trasplantada también en el órgano trasplantado” y “quienes más sufren acoso homófobo en España es la comunidad de gais, lesbianas, transexuales y bisexuales”.  Qué falta hacían las reflexiones de Mariló Montero, coño. La última, con el pie aún oliendo a asfalto neoyorquino, no la supera ni Trancas y Barrancas. Que tenemos que defender el machismo desde un buen punto de vista, dice, y remata, en el sentido de que los hombres nos defiendan a nosotras. Tómate algo, nena, tú sí que vales, y llama a Samanta Villar, que en sus programas suelta lo primero que se le ocurre –se lo dijo a Risto Mejide en el Chester- aunque con palabras que hagan “boom”. Pues andando, que los langostinos de La Grande Bouffe del 24 vengan sin urea. Y el mensaje del Rey, español y muy español. Chin, chin.

La guinda
El evento
Lleva razón Cristina Pedroche, que esta semana pasó por El hormiguero para seguir echando leña al fuego anual de las campanadas de fin de año.  Este año también estará en el balcón de Antena 3 junto a Alberto Chicote. La cosa viene de atrás, de cuando hace tres años su vestido ¿o desvestido? dejaba al aire su carne con unas transparencias de infarto. Hoy “el vestido de la Pedroche” es un evento televisivo. O sea, un triunfo.